Harun al-Rashid

Espacio para el Ensayo, la Historia y el Arte

Ricardo Palma

R. Palma, por T. CastilloRicardo Palma

(1833 – 1919)

(Oleo de Teófilo Castillo)

 Retruécano con el artículo biográfico del tradicionista, publicado en Wikipedia

Con su varita mágica despertó del pasado

oidores y virreyes, tapadas y guerreros,

dando vida a la muerte sus manos milagrosas;

abrió a nuestras miradas un inmenso Dorado,

nuestro sombrío cielo tachonó de luceros

y añadió a la corona de Lima una de rosas…

                                                                                                JOSÉ GALVEZ

Manuel Ricardo Palma Soriano (Lima, 7 de febrero de 1833 – Miraflores, Lima, 6 de octubre de 1919) fue y es por virtual permanencia en el acervo nacional el escritor tradicionista peruano por excelencia, muy en boga en el XIX y cualquier otro siglo; en algún momento se dijo de él haber sido un bibliotecario mendigo.

Las Tradiciones peruanas escritas en su particular estilo y temperamento, que son en lo principal la historia de Lima, fuera de ello y por otras plumas que no sea la de Palma no se dan bien, carecen del perfume de los jazmines, de la travesura y coquetería, del encanto de solares y mansiones; tampoco el diablo es personaje importante ni los mulatos, indios y títulos de Castilla se acomodan al gusto de la época; se muestran ausentes del color nebuloso de la eterna Lima, su garúa mezquina  y el olor a incienso y cera de los numerosos templos, conventos y beaterios…

Es que Palma no ha tenido rival en tales materias.

Biografía

Su nacimiento en Lima viene siendo asunto de alguna aislada polémica, que por lo interesante merece darle espacio; aquí los hechos:

La señora Luz Samanez Paz, fundadora del Movimiento Cultural Ricardo Palma, sostiene que el autor de Un virrey hereje y un campanero bellaco, nació en Talavera de la Reina, Andahuaylas, Apurímac y que no se llamaba ni Ricardo ni Palma, sino Felipe Cusi Mena, hijo de don Manuel Cusi (descendiente que fuera de nobleza Inca por la rama materna e hijo ilegítimo de padre español) con doña Francisca Mena, y finalmente que habría decidido cambiar de nombre y llevar el apellido de su padrastro don Gregorio Palma.

Limeños con la chispa rímense a flor de labios aun los hay, pero cuesta mucho que puedan superar a Palma; de allí que no cuadra con la percepción ni es cómodo imaginarlo provinciano, de tierra tan adentro como resulta ser Andahuaylas, no parece pueda alinearse en ese aspecto con Argüedas cuyo dejo serrano delataba al autor de Todas las Sangres al final de cuentas. Pero, vaya usted a saber cuánto de cierto habrá en todo esto.

Que habría sufrido con severidad en el seno de su familia, y para librarse de los vejámenes su madre tuvo que entregarlo a unos religiosos que lo habrían llevado a Lima, antes de que Felipe cumpliera los 5 años por lo que en su momento, impuesto de estos antecedentes dolorosos de familia decidió cambiarse el nombre, ocultar su origen y la fecha de su nacimiento.

Para demostrar estos asuntos exhibe, la ilustrada dama andahuaylina, documentos con los que fundamenta que la conciencia colectiva y tradición oral de los pueblos de Talavera, Andahuaylas y Abancay, en consenso, dan por cuna de Ricardo Palma el hogar de don Gregorio Palma y doña Francisca Mena en el barrio de Hualalachi.

Que tanto el presidente de Perú, don David Samanez Ocampo como el senador de la república, Leoncio Samanez, conocían de aquella cuna talaverina; que Juan Guillermo Samanez, al leer la placa en la puerta de la casa de la calle Puno 354, en Lima, donde está grabado en el bronce que Palma nació en dicha casa, se indignó y exhortó a los apurimeños aclaren la verdad, asunto que ratificó en su revista Qapaq Llaqtan Karqa, (Toda la gente sucia) asuntos estos que confirmarían las familias Martinelli, Roberti, Almanza, Carrasco, Quintanilla; etc., etc.

El Municipio Distrital de Talavera de la Reina, sin esperar resultado oficial de tan severo asunto de esa flagrante contraversión de onomástica y toponimia, ni mucho menos, impetrado de esta verdad, acordó en 1914 imponer el nombre Ricardo Palma a la calle donde habría nacido nuestro literato.

Resulta también esclarecedor y casi velada confesión autobiográfica, para los investigadores, el hallazgo de una autógrafa de Palma, en una de sus Tradiciones Peruanas, que dedicó a la dama abanquina doña Carolina Segovia de Samanez, con el revelador tratamiento de codepartamentana.

Monseñor Salvador Herrera Pinto en La Cuna de Ricardo Palma (1966) se suma a esta cruzada; también el doctor David I. Samanez Flórez, con Ricardo Palma, (1996) exhibe documentos del lugar de nacimiento, como resultaría ser la partida de bautizo, las cartas, encuestas, entrevistas, fotografías; etc. que claman con pruebas contundentes e inapelables que don Ricardo Palma fue apurimeño.

Por si fuera poco, se revela la confidencial afirmación de doña Justa Palma, que Ricardo su hermano y ella mostraban la elocuencia física del gran parecido entrambos y de estos con la madre común; por todo ello quedaría descartada la hipótesis de haber sido limeño, ni tampoco cierto el registro del Sagrario de Lima de haber sido inscrito como Manuel, hijo natural de los mulatos Pedro Palma y Dominga Soriano, tal y conforme lo sostuvieron sus biógrafos Porras Barrenechea y César Miró, ya fallecidos y continúa sosteniéndolo el doctor Oswaldo Holguín, en su libro Tiempos de Infancia y Bohemia.

Doña Luz Samanez, manifiesta que cada día alcanza mayor asidero el planteamiento expresado por su señor padre, el maestro, investigador y escritor, doctor David I. Samanez Flórez, con su libro Ricardo Palma donde refiere al lugar de aquel disputado nacimiento, en uso de recursos de investigación científica. Asume con firmeza, que la cuna del ilustre tradicionista no sea la bohemia, casquivana, coqueta y hermosa Lima, sino un paisaje bucólico de las quebradas andinas de Talavera de la Reina, ubicada en la provincia apurimeña de Andahuaylas, allende Apurímac; afirma, además, que Ricardo Palma, decidió borrar de su memoria los azarosos episodios de su nacimiento y niñez, para entregarse con fervor y pasión a la descripción de una Lima que finalmente, lo acogió con calor y cariño.

De esta manera se coloca Talavera de la Reina en lugar privilegiado por ser la cuna de Argüedas y Palma, personajes literarios de la historia peruana que han alcanzado el prestigio universal del que gozan.

Para mi modesto concepto, nada original por cierto, pese a lo investigado y teniendo aún la certeza de su descubrimiento natal, el talaverano, andahuaylino y apurimeño Felipe Cusi Mena, seguirá siendo don Ricardo Palma Soriano, el limeño mazamorrero de toda la vida, decidor como pocos de la Lima colonial y republicana contagiada de lo antiguo y reputado escritor del habla castellana; y que me perdonen la herejía sus acuciosos investigadores y biógrafos, pues es demasiado tarde para aceptar ese nuevo nombre y origen, e inútil para que la conciencia colectiva pueda dejar de llamarlo como viene haciéndolo hasta la fecha, que nominado así conecta con las tradiciones peruanas de inmediato. Es tarde para reivindicaciones sustantivas.

Presencia política y literaria en el escenario limeño

Cuando joven, las inquietudes políticas llevaron a Palma a tomar parte en un improvisado intento que resultó fallido en su propósito para derrocar al presidente, general Ramón Castilla, por lo que recibió carcelería y posterior destierro a Chile por tres años. Empero, fue pública la defensa que hizo de su enemigo político cuando en un auditorio de Santiago de Chile un orador extranjero se expresó de mala forma y manera respecto de Castilla; Palma, de pie y con ademán resuelto enrostró al ofensor a quien requirió y obtuvo las disculpas del caso.

Sus estudios enmarcaron entre el liberalismo predominante del Convictorio de San Carlos, donde se graduó en letras y jurisprudencia y los del cálculo matemático de la reciente fundada Escuela de Ingenieros.

Incursionó exitosamente, sobre la base de su agudo humor hecho sátira en política, por lo que le fueron deparados, como resultado, los cargos de cónsul en Chile, senador por Loreto y funcionario del Ministerio de Guerra y Marina (ocupó el cargo de contador a bordo del buque de la armada peruana Rímac) pero, sería la literatura y lingüística razón y prez de su verdadera vocación, en las que destacó con éxito.

Desde temprana edad, escribió poesía, piezas teatrales, incursionó en las páginas de los periódicos y en la prensa satírica, en la que destacó como prolífico columnista y baluarte de la sátira política peruana del siglo XXI. Allí están para acreditarlo sus artículos en El Burro y La Campana. Fue también colaborador asiduo de publicaciones serias, El Liberal, Revista del Pacífico y Revista de Sud América. Igualmente, actuó como corresponsal de periódicos extranjeros.

En 1872, ve publicada la primera serie de su obra capital, las Tradiciones Peruanas.

Se empeña en una abierta y larga campaña con los miembros de la Real Academia de la Lengua con sus célebres Papeletas Lexicográficas, [VER] se esfuerza en introducir en el diccionario de la docta academia buen número de peruanismos, americanismos y quechuanismos, con la consecuente polémica literaria que tiene lugar con la celosa institución cuyo caro propósito es  «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza», de allí su lema  Limpia, fija y da esplendor, que orla un crisol al fuego, obediente al propósito enunciado de combatir cuanto alterara la elegancia y pureza del idioma, y de fijarlo en el estado de plenitud alcanzado en el siglo XVI, conforme rezan sus reglamentos. Pocos están enterados que voces como amordazar, aplomo, burocrático, desprecio, estibar, personalidad, entre otras muchas son introducciones gloriosas de Palma al Diccionario oficial de nuestra lengua.

Su viaje a España en 1892, formando la delegación peruana al Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, lo conecta con los académicos de la adusta y severa Real Academia Española en Madrid;  más de un miembro de la honorable estrechó su mano o quiso hacerlo con vehemencia como lo confesara el autor de los Episodios Nacionales, don Benito Pérez Galdós. Es posible que don Benito, miembro de número, hubiese sonreído en más de una oportunidad cuando en la respectiva sesión de censura y escogencia de vocablos, leía el Secretario Perpetuo aquellas Papeletas Lexicográficas con peruanismos recogidos del habla cotidiana a orillas del Rímac por el agudo Palma, dueño de un humor que podría doler a sátira y que sostenía, con firmeza, la necesidad de incorporarlos al acervo castellano, conforme consiguió para muchos de aquellos vocablos que incluyen el quechua.

El éxito cosechado por sus volúmenes de Cuentos Malévolos y su incansable quehacer intelectual lo convierten en una figura reconocida en vida, en su país y en todo el mundo de habla hispana. Se lo acoge como uno de los escritores clásicos de poesía excepcional del continente americano. Además de hacer sentir su influencia en España e Hispanoamérica, resultó miembro importante de la propia Real Academia Española, que tanto combatió; la Real Academia de la Historia y de la Academia Peruana de la Lengua; también miembro honorífico de la Hispanic Society de Nueva York amén de otras organizaciones de literatura e historia de América y Europa.

A los 43 años vistió el uniforme de la Reserva y participó en la defensa de Miraflores, el 15 de enero de 1881, en aquella mortal liza del Reducto Nº 2, donde se batió al mando directo del coronel Ramón Ribeyro conformante de la Primera División, comandada en jefe por el coronel don José Unánue, formada de los señores vocales y jueces, abogados y bachilleres; empleados judiciales, procuradores y escribanos y amanuenses de abogados y de escribanos de Lima.

Las tropas invasoras incendiaron la capilla incluyendo su casa y biblioteca personal; allí también se esfumó su obre inédita Los Marañones. Después del desastre, para renovar su vasta biblioteca fue pidiendo libros, con lo que se ganó el mote el bibliotecario mendigo. En 1883, fue nombrado restaurador de la Biblioteca de Lima, hecho del todo notable pues levantó aquella institución saqueada por el invasor.

Casó con Cristina Román Olivier y fue padre de varios hijos. Su vástago Clemente Palma destacó como escritor de cuentos de terror; aquel solía comentar que se sentía influido por Edgar Allan Poe. Su hija Angélica Palma fue de las fundadoras descollantes del movimiento feminista peruano.

Nuestro tradicionista estuvo en dos ocasiones en trance de perder la vida; en 1854 a bordo del Rímac, donde tenía el cargo de contador de la Armada Peruana por el naufragio de aquella nave; salvó la vida gracias a un tripulante; y, en el combate del 2 de mayo de 1866 cuando aún servía en el ejército, en el torreón de La Merced, bajo el mando de José Gálvez que le había dado instrucciones de mensajero por lo que tuvo que abandonar el torreón que hizo explosión por impacto directo de fuego enemigo, pocos minutos después que se alejó de su puesto.

Producción literaria

De su obra literaria convencional -poesía principalmente- no queda nada, desde sus primeras colaboraciones en la prensa, fue desplazada por relatos cortos que narran, en forma satírica y rica en giros castizos, las costumbres de Lima [Demonio de los Andes, sobre el lugarteniente de Gonzalo Pizarro, Francisco de Carvajal), o La bohemia de mi tiempo]

Cartas personales

En 1997 una conocida firma de remates de Londres puso a la venta un lote de 50 cartas que Ricardo Palma había enviado a un amigo argentino. El Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú convenció a la Biblioteca Nacional de ese país para que participase en la subasta. Habían pasado más de cincuenta años desde que el Perú no compraba patrimonio en el extranjero. Hoy estas cartas se encuentran en custodia en la Biblioteca Nacional de Lima. Recientemente (2005-2007), la Universidad Ricardo Palma ha editado, en tres volúmenes, el Epistolario de Palma. Sin embargo, existe convencimiento de que aún hay muchas cartas por hallarse.

Añadidos

Según Marco Aurelio Denegri conductor del programa La función de la palabra, Palma habría nacido ocho años antes de la fecha tenida por oficial y en el departamento de Apurímac.

Fuente principal:

http://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Palma

Otra fuente:

Ricardo Palma. Tradiciones Peruanas completas. Edición y prólogo de Edith Palma (Nieta del autor) Aguilar. Madrid – 1964.

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7 pensamientos en “Ricardo Palma

  1. rafael cordova en dijo:

    LUCHITO DE ACUERDO A LA TESIS DOCTORAL “ARISTOCRACIA Y  PLEBE”DEL DESTACADO SOCIOLOGO E HISTORIADOR, FALLECIDO, ALBERTO FLORES GALINDO…SU PARTIDA DE BAUTIZO EN UNA IGLESIA DE LIMA,  LO SEÑALA COMO NACIDO EN LIMA, PARDO,HIJO DE PARDOS RAFAEL

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  2. El aporte de don Ricardo Palma y la crónica pictórica de Juan Mauricio Rugendas tienen el mismo sentido y valor: preservar el hechos y la tradición de una sociedad casi extinta en la memoria contemporánea y en el devenir de los tiempos. Así se otorga generosa comprensión al pasado de una sociedad, a personajes y costumbres que vivirán en tanto se siga leyendo, discutiendo y gozando su producción literaria. El estilo del Dr. Siabala en este artículo añade ese ingrediente que reivindica el esfuerzo de un verdadero espíritu limeño en aras de preservar el legado tradicional que no muere con la ausencia de sus protagonistas.

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  3. Lucho, si hay dudas acerca del lugar de nacimiento de Ricardo Palma, no las hay en absoluto acerca de otra personalidad “limeña” como Chabuca Granda nada menos, que nacio en Cotabambas, Apurimac. Es decir, tendriamos dos grandes serranos como arquetipos de lo limeño.

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  4. RAFAEL CORDOVA en dijo:

    Estimado Lucho:

    Si don Ricardo no fue limeño, debio serlo….gracias por sembrar dudas
    ya empezaba a extrañar tu blog.

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    • Elio Soto en dijo:

      Dr. Siabala, para mí, en particular, su comentario resulta emocionante, me ha llevado a lugares comunes como Talavera y Hualalachi y a apellidos otrora reputados como rancios en mi provincia. Lo que afirma la señora Luz Samanez Paz es verosímil, desde tiempos coloniales nuestra sociedad se caracterizó, y se caracteriza aún, por mostrarse, cada quién, más noble que el otro.

      Don Felipe Cusi, o Ricardo Palma, pudo haber pasado por esos mismos trances, tratando de mostrarse “limeño mazamorrero” en vez “cholo serrano”, como era costumbre motejarse.

      Sea cual sea la razón, o la identidad de Don Ricardo, lo importante es que hizo importantes aportes a la Sociología, describiendo con realismo las costumbres de la desubicada criollada de aquellos tiempos que, dicho sea de paso, era aplastada sin miramientos de ninguna clase por la soldadesca chilena.

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  5. Carlos en dijo:

    Para mí la información contenida en este elocuente, ameno e informativo artículo, de que Ricardo Palma nació como Felipe Cusi es novedosa, es muy interesante. En particular:
    Es justificado que los Andahuaylinos documenten y difundan con orgullo lo que ellos creen o saben cuál es el verdadero terruño y herencia sanguínea de su ilustre paisano Ricardo Palma. En mi opinión personal, si el celebrado tradicionista tuviera sangre de la familia Cusi (noble o plebeya carece de importancia), lo sentiría como un Peruano más puro que si fuera Palma Soriano, porque parte de sus ancestros directos serían nativos del Perú milenario.
    Creo también que el Dr. Luis Siabala autor del presente artículo acierta al decir que el mundo, seguirá conociendo a Felipe Cusi como Ricardo Palma. Me parece que así debería ser, porque no se debe ignorar el derecho que Manuel Cusi (o cualquier otra persona) tienen para elegir su propia identidad personal.
    Carlos Urquizo

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  6. Estimado Don Luis:
    Siempre interesantes sus notas y comentarios. Debe saber que uno de mis escritores favoritos es Ricardo Palma, siempre he disfrutado y me he divertido con sus famosas tradiciones, muy originales que es una combinación de cuento, novela e historia, impregnada de romanticismo, misterio y humor.
    Coincido con usted, “es tarde para reivindicaciones sustantivas”, Ricardo Palma fue, es y será el maestro limeño de la narrativa que nos traslada a otras épocas impregnándonos el amor a ese pasado virreynal y republicano.

    Muchas gracias, es un gusto volver a encontrar sus artículos.

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