Harun al-Rashid

Espacio para el Ensayo, la Historia y el Arte

Pintor para la evocación

Para el heraldista español, don César Marín M.   Gran amigo

Misa de la virreina (Detalle de la Iglesia de la Merced)Teófilo Castillo, 1920

Misa de la virreina. Detalle de la Iglesia de San Agustín de Lima. Teófilo Castillo

Teófilo Castillo

Don Teófilo Castillo Guash (Carhuaz, 1857-Tucumán, 1922)

Confortable resultan al gusto aquellos óleos de don Teófilo Castillo, los pocos pero valiosos que ilustran las más hermosas tradiciones de don Ricardo Palma. Son fieles a la descripción y en muchos casos mejoran aquellas. Después de todo Palma no es más descriptivo que narrador, por el contrario, las pinceladas de personajes y costumbres son bocetos que llegan a la mente del lector tanto más ricos sean sus conocimientos del arte colonial, en especial limeño. En el caso del maestro Castillo este asunto cobra patente.

Los colores resultan del matiz mejor logrado que aún predomina en esos oscuros recintos de La Merced, San Francisco, San Agustín, Santo Domingo o San Pedro: penetrante olor a incienso y cera, en este caso especialmente conseguido por óleo y pinceles de apacibles trazos -me refiero al cuadro que aquí estoy mostrando- uno que tiene por especialísima escena la galana presentación o saludo, dentro de augusto templo, de un caballero que se inclina ante una dama limeña; nótense los ornamentos litúrgicos y demás que adornan la nave. Aquella luminaria de cristales que cuelga delante de un elevado marco guarnecido por columnas y ménsula de predominante barroco, guarda de la imagen de algún santo al que se ofrecen cirios; la verja que resguarda el retablo, con prominentes torneados maderos y el precioso conjunto de mosaicos del amplio zócalo con el menudo detalle de algunos pétalos sobre el lustroso piso que enmarca este magistral asunto.

Escena colonial limeña. T. Castillo_picnik 

Fijada la observación, sin mucho esfuerzo, escoltan a la tapada limeña, el aya o chaperona tocada de manola, algún anciano testigo amén de un fraile entre curioso y solemne; el ceremonioso ujier nos avisa que aquel caballero que toma la delicada mano de la joven es algún título de Castilla, un noble que asiste a misa y busca el momento de besar la mano de esa joven de arrobadora estampa. Viste de librea, calzas altas, zapatos negros enhebillados y una empolvada peluca. Es posible que la coquetísima limeña de saya y manto con bordado de flores y encajes de la amplísima falda, al exhibir esos blancos brazos tan bien formados, con el ademán que asume en el crucial momento, mueva sin remedio la fantasía de más de un admirador enamorado. ¡Qué belleza de cuadro!

Claroscuro de color sublime, apagado por la mortecina luz del recinto, cánticos, incienso, mirra, cera, lujo y boato, apabullante e imborrable escena que he repetido en el recuerdo cuantas veces he ingresado en esos templos limeños evocadores de un pasado espléndido; acaso el maestro Castillo, penetrado de su culta formación del arte sea, a mi modesto juicio, el más autorizado para evocar pintura de costumbres del pasado virreinal.

Si la vanidad y molicie marcaban en la metrópoli asuntos de la aristocracia, pues la peruana no quedaba atrás ni mucho menos, habida cuenta de la importante nobleza de la sociedad conformante de aquellos siglos. Mejor asunto para comprenderla que aquella tradición de un hecho que tornó litigio por asuntos de heráldica, apellido y lustre que resultó de aquellas calesas cuyos látigos, aurigas o palafreneros, confrontados al transportar amos de subido linaje, azuzados por ellos, ninguno se animó a ceder el paso al otro, terminan entonces dividiendo la ciudad en dos bandos que toman partido y acuden al virrey en busca de algún arreglo. Me refiero al pleito de las calesas, o Un litigio original, tradición de Palma llevada a la pintura por Castillo, ambos, maestros eximios del género literario y pictórico, asunto este derivado de la mutua ojeriza que se dispensaban el segundo marqués de Santiago D. Dionisio Pérez Manrique y Villagrán y el primer conde de Sierrabella D. Cristóbal Mesía y Valenzuela, por los tiempos del virrey Melchor Antonio Portocarrero y Laso de la Vega, tercer conde de Monclova (Madrid, 1636; Lima, 1705)  (Ver)

 

El pleito de las calesa. T. Castillo

Litigio de las carrozas. Oleo, Téofilo Castillo

Oleo de don R. Palma, por T. Castillo

Don Ricardo Palma Soriano, óleo de Téofilo Castillo

Notas biográficas

Teófilo Castillo Guash

Nació en Carhuaz, Ancash, el 2 de octubre de 1857. A los 4 años fue traído a Lima; estudio en el seminario de Santo Toribio. Ya joven sigue sus estudios en Europa, hasta 1885. Así lo había aconsejado su profesor de dibujo, el cubano Boudat, al padre de Castillo. Visita Francia, Italia y Bélgica; hace copias en Museos y bocetos. En 1889 pasa por Buenos Aires donde se casa con la española María Gaubeka y vive allí haciendo pintura y fotografía. Vuelve al Perú en 1905 con prestigio y obra hecha, abre su taller y su academia en la Quinta Heeren. Es el primero en traer al Perú la fotografía iluminada. Todavía va a España en 1908 pues quiere nuevamente ver a Fortuny. De regreso, expone en la Biblioteca Nacional y comienza su actividad de pintor y crítico de arte. Las Tradiciones de Ricardo Palma inspiran su obra y dirige artística mente las revistas Prisma, Ilustración Peruana, Variedades y colabora en Actualidades, resulta singular su papel de crítico severo, recto y de investigador del arte nacional. Promueve entonces la fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Castillo viajo fuera del país (se cree que por diferencias con Daniel Hernández), y se marcha a Tucumán en 1920 y dirigió la revista Sol y Nieve, que fundó en Tucumán, en donde falleció el 7 de Diciembre de 1922.

Sus principales obras son las que se refieren a la vida colonial del Perú: “El pleito de las calesas”, “La Procesión”, “La Visita”, “El Satao”, “La puerta de Torre Tagle”, “La toma del Coricancha” y algunos otros más.

La influencia de Fortuny es visible en su obra, pero lo es más la de Ricardo Palma. Castillo es el pintor de una vida que pasa levemente, como suspendida entre bellas arquitecturas sobre un país que permanece distante y desconocido.

Dibujante de fina percepción y uno de los mejores críticos de arte de su época, es el pintor del pasado limeño por excelencia. Pinto con cariño y con dominio de técnica, de tendencia impresionista, legándonos bellos cuadros evocativos de nuestro pasado incaico y virreinal.

Fuentes:

Grabados tomados de INTERNET

Publicado originalmente  el domingo, 23 de enero de 2011
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4 pensamientos en “Pintor para la evocación

  1. Pedro Encina Fariña en dijo:

    Pedro Encina Fariña dijo…

    El pleito de las calesas de 1698-El 8 de setiembre se produce en Lima el “Pleito de la calesas”, hecho que inspirará una Tradición de don Ricardo Palma y esta pintura de don Teófilo Castillo. Disputa en el cruce de Lártiga y Lescano, entre don Dionisio Pérez Manrique, Marqués de Santiago y el primer Conde de Sierrabella don Cristóbal Mesiá y Valenzuela.Una hermosa pagina al respecto en lsiabala-almanzur.blogspot.com/2011/01/pintor-para-la-evo…

    8 de marzo de 2011 00:09
     

    Me gusta

  2. Rafael Córdoba Rivera en dijo:

    Rafael Córdova Rivera dijo…

    ESTUPENDO LUCHO GRACIAS RAFAEL

    30 de enero de 2011 04:27

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  3. Luis Adolfo Siabala Valer en dijo:

    Luis Adolfo Siabala dijo…

    ¡Qué manera de combinar el arte de la palabra con la imaginación que evocan -los óleos del maestro Castillo- en esta inédita contribución! Obligan al lector a estar bien informado, por no decir empapado con los giros y costumbres sevillanas de aquella ciudad que se eclipsa cada año en el olvido.Si las Tradiciones de Palma son por si mismas un deleitable bocado de estampa, chisme y genio de una Lima pretérita, sin duda las pinturas del maestro Teófilo son el complemento idóneo para degustar la lectura y vida de aquellas tradiciones que aún reviven cuando uno deambula por puro placer alrededor de las viejas calles limeñas.Tu aporte, sin embargo, es el de un cicerone convocado del siglo XVIII, oportuno y necesario para corresponder al deleite antiguo la comprensión de los nuevos visionarios de una sociedad de modernidad decadente.

    Un gran abrazo,Lucho

    24 de enero de 2011 17:40

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  4. Alejandro Reyes Flores en dijo:

    Alejandro Reyes dijo…

    Estimado Lucho he leído con sumo placer el art. sobre T. Castillo, vivió en los Barrios Altos, en la famosa Quinta Heeren. Ha sido un placer saber que el centro de estudiantes lleva su nombre.

    Un abrazo, está pendiente lo acordado para “modernizarme”.

    Alejandro

    24 de enero de 2011 01:43

    Me gusta

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