Harun al-Rashid

Espacio para el Ensayo, la Historia y el Arte

Mal de Hansen y Shushupe

 A don Pablo Livia Robles.
A los ingenieros, don Carlos Urquizo Bolaños, y don Jaime Sandoval Espinoza.

(Relato y testimonio de un caso de ciencia nativa y singular cura de la lepra)

 
Yarinacocha
Laguna de Yarinacocha, Pucallpa-Perú

Nota introductoria

Pucallpa, (Collaría), febrero de 1945.- Una pequeña aldea de tierra roja arcillosa, de allí su nombre tomado del quechua; predominaba en el ambiente el penetrante y sostenido ruido de afilados dientes de cintas y discos de los aserraderos.

Con la toma del tronco, en cuyo grueso cuerpo se clavaban aquellos agudos filos de acero, se iniciaba el monótono sonido que empezaba agudo, finamente agudo, alargándose in crescendo hasta alcanzar elevadas notas para silenciar en seco, por un instante, con el reacomodo de la pieza o el seccionamiento de otra nueva… y así, hasta finalizar la jornada reglamentaria… desesperante actividad sonora la que sufríamos bajo el calor húmedo y la picadura de insectos, aunque de esto último ya teníamos experiencia, adquirida durante dos años en la selva y sabíamos paliar, mas no aquel ruido que dominaba el sofocante ambiente que impotentes terminábamos por aceptar.

El Ucayali, gran barco de la compañía Morey, que hacía la carrera Iquitos-Pucallpa, nos había conducido de surcada desde la ciudad de Iquitos a este pequeñísimo puerto fluvial ubicado en una planicie algo elevada con relación al caudaloso río; esperaríamos aquí los transportes para la primera jornada por senda de tierra virgen que nos llevaría hasta Aguaytía, de allí a Huánuco y Cerro de Pasco, para el último tramo en el FF. CC del Centro, hasta Lima.

Los enormes troncos que formaban balsas se acumulaban a la orilla del río y eran subidos por rampas, halados por cadenas que tiraban malacates o grúas, hasta la plataforma de corte de aquellos devoradores de madera… para formarlos en tablas. Un fuerte olor a viruta predomina en el ambiente. Completo de esta forma la descripción de aquella fabril actividad en ese embarcadero del distrito de Collaría, posteriormente Pucallpa, que hacía de puerto en la provincia de Coronel Portillo, por entonces de reciente fundación, hacía algo más de año y medio, en julio de 1943.

Ahora, la ciudad de Pucallpa, con una elevada población de 180,000 habitantes (2015) y comercio pujante es la capital del departamento de Ucayali, por entonces una lejana provincia de Loreto. Es la segunda ciudad más importante de la Amazonía peruana, después de Iquitos. Algunas de las principales actividades económicas de los pobladores son la pesca, la agricultura, la ganadería y la extracción maderera; posee, además, una pequeña refinería de petróleo y otra de gas, ubicado en el distrito de Curimana.

Regresábamos, decía, después de dos años; mi padre, oficial de la Guardia Civil, con esposa e hijo de vuelta a Lima; dos años de dura, exótica e inolvidable vida en Iquitos, la capital de la provincia de Maynas y del departamento de Loreto –con naturales privaciones en cuanto a los alimentos, el habla y las costumbres- que así de diferente era la vida en la selva amazónica. Había empezado mis estudios primarios en el colegio San Agustín y llevaba el eco de aquellas lecciones aprendidas coercitivamente de memoria, al más puro estilo de aquella orden de sacerdotes españoles, método de vieja escolástica que jamás pude asimilar.

Para conocer la región mi padre decidió, en lugar de la vía aérea, el viaje mixto de navegación por río y carretera. Se acababa de terminar la ruta o trocha que unía Pucallpa con Aguaytía y de allí con Huánuco. Deberíamos aguardar unos días la llegada de dos vehículos de la Fuerza Aérea para transportarnos a quienes por entonces ya formábamos pasaje algo numeroso.

Aquellos transportes, relucientes adquisiciones durante la segunda guerra mundial en sus etapas finales -Alemania se rendiría en mayo de aquel año, pero las acciones de guerra se trasladarían al Pacífico donde Japón se mantenía en activa beligerancia- tenían tracción a las cuatro ruedas y toldo; ofrecían, por todo acomodo, los asientos de la tropa de los lados del barandal y para maletas y bultos el espacio del centro.

Pero las peripecias de aquel viaje a Lima, algo más de 850 kilómetros en cerca de 19 días por sendas sin asfaltar, por tierras de selva aún virgen con largos tramos de lodazales y, en los mejores, un pobrísimo afirmado, pudiera ser materia de otro relato. Me concretaré por ahora al episodio del cual fui testigo privilegiado y que hoy tengo el ánimo de relatar por su singularidad, un hecho que pese a los años he rememorado a uno que otro amigo y que ahora muestro disposición de darlo a conocer.

Al promediar un día en espera de los transportes, salimos a tomar los alimentos al restaurante o cabaña que hacía las veces de tal. Nos acomodamos como siempre de vista al río. Algunos comensales ocupaban, dispersos, algunas mesas. Era esta una cabaña levantada en palafito, es decir sobre postes en seco, en previsión de la inundación que siempre suele ocurrir, con un amplio techo de hojas de palma.

De pronto un hombre relativamente joven, vestido de blanco y sombrero de paja se acercó cuidadoso y decidido a nuestra mesa y en actitud y porte militar se dirigió a mi padre respetuosamente:

El relato

Con su permiso mi teniente, permítame presentarme, soy el guardia NN, no sé si me recuerda…

Mi padre hizo un esfuerzo y de pronto contestó:

Guardia NN, qué hace usted aquí tan lejos de su destino. Claro que lo recuerdo, usted fue dado de baja por haber contraído la lepra y confinado en el lazareto de San Pablo… ¿Se curó o ha desertado…?

-Nunca llegué a ese destino mi teniente. Permítame relatarle los hechos y luego quedaré a su disposición.

-Bien, tome usted asiento, le presento a mi esposa y a mi hijo… cuente su presencia en este lugar.

Ni madre y yo estábamos absortos y extrañados. Trataré de ordenar aquella narración con mejor lenguaje de aquel que mis oídos de niño escucharon en tal ocasión:

Recuerdo –empezó el inesperado interlocutor- aquel día que pasaba la revista médica de rutina y estaba en espera de mi turno; usted, mi teniente observó que la colilla de cigarrillo que estaba fumando me estaba quemando los dedos y yo no lo sentía. Avisado el médico me hizo algunos  hincones en la espalda, hombros y pecho que fueron del todo insensibles para mí. Estaba en una de las fases avanzadas de la temida lepra. Susto y desconsuelo.

Recuerdo también que se dispuso mi baja del cuerpo de policía y otorgarme, en vida, la correspondiente derrama, como si hubiese muerto. Con ello también, la necesidad ineludible de que se me internara en el leprosorio de San Pablo donde debería permanecer por causa de la enfermedad; en esa colonia numerosa de enfermos que allí pasa el resto de sus vidas.

Yo era joven y no me resignaba a semejante situación. Al fin de cuentas era soltero y mis padres, naturales de la región, eran los únicos seres por los que debía velar. Decidí, en la primera oportunidad que se me presentara evadirme de esta pesadilla y la conseguí río abajo de Iquitos. Ensayando la persuasión con mi escolta para dejarme ir, ya fuere por convencimiento o bajo la amenaza de contagiarlo: Así fue; el batel, con motor fuera de borda se acercó a la orilla y salté con mi bolsa de reglamento para internarme de inmediato en la selva, lo más rápido que pude.

Caminé presuroso conforme la naturaleza lo permitía y así, sorteando peligros seguí la vereda de la selva conforme esta se abría a mi paso. Caminé muchas horas y se hizo de noche para lo cual busqué un lugar aparente para dormir. Desperté con los rayos del sol que se filtraban por la espesa arbolada y pude ver a un hombre, un nativo, que me observaba cuidadoso apoyado en una corta lanza que tenía por arma. ¿bora… ? ¿yagua…? ¿campa…? Por allí esas familias nativas son frecuentes. Llegado el momento me hizo señas para que le siguiese y al tener por acompañante un extraño que se mostraba obsecuente o nada belicoso confié en su paso y le seguí.

Poco tiempo de caminata y llegamos a una aldea en un claro del bosque; para entonces una multitud de niños nos hacía compañía en medio de un agudo vocerío. Mi captor me condujo hasta una cabaña solitaria y me ordenó ingresar en ella. Poco después me visitó el hechicero quien después de observarme me dio a beber de un mate una sustancia amarga. Fue aquella bebida mi único alimento durante varios días.

Una mañana, mi captor y amigo me despertó y me dijo que lo acompañase.

Caminamos por algún lado muy espeso y de vez en cuando mi conductor usando su lanza hurgaba entre las hojas. De pronto dio un paso atrás, lo que buscaba lo había encontrado: una gran serpiente de tonos marrones y amarillos en figuras de rombo se había erguido lista para atacar. Un tramo de su enroscado cuerpo se elevaba. Algo aterrador, si se tiene en cuenta todo lo que se dice de la Shushupe, que era una de gran tamaño. Sin perder tiempo mi guía me ordenó que me acercara al animal y lo indujo bajo amenaza de su lanza.

El terror me paralizó, pero un violento empujón me arrojó sobre aquella bestia que mordió mi brazo una y otra vez; fue demasiado para mi… perdí el conocimiento.

Cuando desperté después de algunas horas, o días, no puedo precisarlo, estaba curado y había recuperado la sensibilidad. Mis bienhechores celebraron el acontecimiento, y acogido dentro de aquella buena gente, encontré hogar y ahora vivo con ellos. Vine a Pucallpa donde me desempeño como guía para los buscadores de madera y de ello vivo. Esa es la historia mi teniente”

El informe que mi padre posiblemente pasaría a la superioridad por semejante acontecimiento, ignoro si causó algún efecto; igual suerte habría seguido la recomendación que de seguro incluiría las investigaciones necesarias para conocer aquella singular cura de la enfermedad bíblica, por una no menos eficaz pero terrible forma de administrar veneno, el cual cuidadosamente dosificado y paliadas sus mortales consecuencias, mediante el antídoto que suministró el hechicero a nuestro leproso, contrarrestó la muerte curándole de la lepra por acción de la mordedura de la letal Lachesis Muta, serpiente Bushmaster, o  la muy temida Shushupe como se le conoce en nuestras selvas del Amazonas, una especie de serpiente de la familia Viperidae que resulta ser la víbora más larga del mundo, y posiblemente la segunda serpiente venenosa más grande, tan solo superada por la cobra real, pero que aquella familia tribal sabía administrar maravillosamente.

 Lachesis muta (Shuishupe)

Shushupe (Lachesis Muta)

Antigua embarcación del Amazonas

Barco típico de los ríos amazónicos

La lepra es una enfermedad infecciosa de nula transmisibilidad, producida por la bacteria Mycrobacterium leprae, descubierta por el médico noruego Gergard Henrick Armauer Hansen, (1841-1912) debido a lo cual se denomina enfermedad o mal de Hansen. Fue históricamente incurable, mutilante y vergonzante.

En Lima, la iglesia de San Lázaro, en el Rímac, fue lazareto, y la lejana Isla de Pascua en los mares del Sur, el remoto confín virreinal donde se condujo enfermos del terrible mal. En Iquitos aún existe la colonia de San Pablo.

Han pasado sesenta y nueve años de este singular acontecimiento y todavía, al reproducirlo, siento algún estremecimiento.

img007

Preciso instante que el guardia civil NN recibe la derrama de la junta correspondiente.  Mi padre, el primero de la izquierda. Foto del archivo paterno

Fuentes anexas:

Fotos de INTERNET

Pucallpa, Wikipedia:

http://wiki.eanswers.com/es/Pucallpa?ext=t&cid=5062

Lepra o Mal de Hansen:

http://wiki.eanswers.com/es/Lepra?ext=t&cid=5062

 

 

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30 pensamientos en “Mal de Hansen y Shushupe

  1. Lucio en dijo:

    Mi estimado Lucho ,solo me queda decirte , despues de todos los comentarios anteriores ,excelente narrativa !!!!!!! .Saludos .

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  2. RAFAEL CORDOVA en dijo:

    EXCELENTE ARTICULO HERMANO LUCHO, QUE TIENE MAS VALOR CON LA FOTOGRAFIA DE TU SEÑOR PADRE EL INOLVIDABLE VICTOR SIABALA, ARTILLERO DE LOS MEJORES.
    FELICITACIONES..ME HARE TATUAR UNA SHUSHUPE.

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  3. José Alva Ibarburo en dijo:

    Hola Lucho buenas noches, leí tu artículo, con una redacción tan clara que lleva de la mano al lector y cual película se imagina los parajes de la selva y los encuentros (diálogos) de los personajes. Tienes buena memoria al recordar con detalle los hechos ocurridos en aquella fecha.

    Como médico me intereso el tema y revise algo al respecto y veo que al parecer esa medicina tradicional la han llevado al campo de la investigación ( como la mayoría de tratamientos que así se originan) y hay algunas publicaciones sobre lo mismo desde hace algunos años. Incluso en la actualidad están investigando sobre el veneno de serpientes como alternativa para la cura del cáncer. Es increíble como se originan algunos tratamientos verdad ?? … en nuestros ancestros.

    Un abrazo

    Pepe Alva

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  4. Que linda anécdota don Luchito, me hace recordar un caso cuando trabajaba en Iquitos, Chimbote Bajo-Amazonas donde tenemos un Puesto de Control Aduanero, allí había un “mitayero” que cazó una shushupe y guardó la cabeza en un frasco con alcohol y cortezas, decía que le servía de “remedio”, pues antes de salir al monte tomaba una copita de ese macerado y que le servía de antídoto en prevención de una posible mordedura de esa shushupe.
    Como usted dice: Los nativos de la amazonia, son dueños de secretos de siglos de tradición, y dueños de una rica fauna y flora.
    Saludos.
    Jaime Torres M.

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  5. Juan Aponte Zamora en dijo:

    He vivido en selva. He sufrido el “embrujo de la selva”, que es una saudade que se queda impregnada en uno. Tu historia es magnífica, y la había leído, así como la de los torerillos de España. Reitero aquí mi admiración por tu elegante prosa, tu conocimiento profundo del tema y la agilidad de la narración.

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    • Gracias Juan:

      Acabo de leer tu agradable y vivaz narración con respecto al legendario Cusco, de ellos Quillabamba, en La Convención aquel vejo proyecto donde más de un conocido mío hablaba en la década de los años 50 de “el Trazo”, al igual que aquella otra de Kosñipata, en Paucartambo y otros territorios que la política estaba empeñada en explorar.

      Gracias por estos blogs tuyos de estupendas narraciones producto de tu actividad profesional de juventud en exóticas tierras peruanas, al igual que el poemario, trasunto de una sensibilidad propias de quienes cultivan ese maravilloso campo de la literatura. Iré leyendo tus numerosos artículos que también cubre el territorio venezolano.

      Un abrazo Juan, procuraremos vernos en la primera oportunidad que seamos citados a reunión de promoción.

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  6. Carlos Urquizo en dijo:

    Estimado gran amigo Luis:
    Me honra y a la vez sorprende la dedicación a mi persona, de tu excelente relato: “Mal de Hansen y Shushupe”. Esta expresión me agradaría tomarlo como tu tributo y a la vez mío también, a la amistad transparente y duradera que hemos establecido.
    Leer la exquisita redacción de tus artículos es un deleite. En el presente me parece sentir que al describir el escenario, has reproducido verbalmente una realidad, vista por la fantasía infantil de tu edad de entonces.
    En cuanto al relato del ex guardia NN, la primera reacción del lector es preguntarse ¿Es esto posible? Empezaré con uno de los casos que en internet se encuentra, como el de una señora en Taiwán que según el diagnóstico médico, falleció por envenenamiento con arsénico. Como explicación de este caso informan que en algunas regiones contaminadas, los crustáceos, entre ellos el camarón pueden tener hasta 5 compuestos químicos de potasio con arsénico que no son letales para las personas; dicen que la señora fallecida había almorzado camarones, pero también tomaba rutinariamente una alta dosis de vitamina C. La noticia añade que la vitamina C concentrada reaccionó químicamente con los contaminantes de potasio y arsénico, produciendo el veneno de arsénico que causó la muerte.
    El caso anterior resalta lo ya sabido, es decir, el organismo humano es un laboratorio muy completo, sofisticado, que transforma sin cesar todo lo que penetra en nuestro cuerpo, en sustancias necesarias para vivir. Algunas pocas veces como en el caso descrito del arsénico la sustancia producida es nociva para la persona, pero diría que el 99 %, este benigno laboratorio nos produce sustancias para una vida saludable y la evolución de la especie.
    Creo que una explicación posible sobre el cáncer curado del ex guardia NN sería que el asombroso laboratorio que es el organismo, combina ambos elementos mortíferos de tal modo que el veneno shushupe y la bacteria de la lepra, son transformados en otras sustancias inofensivas.
    Carlos Urquizo

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    • Querido Carlos:

      En primer lugar, reitero lo grato que resulta tenerte en esta tu patria y suelo. Pues muchas gracias por tu expresión respecto a la duradera amistad que mantenemos. Es totalmente cierta.

      Lo sorprendente es que la lepra, que no tiene cura conocida y entiendo se mantiene en esta situación, claro está erradicada de muchos otros lugares, tendría su contradictorio correlato en el caso de aquel guardia civil de mi narración.
      Recuerdo casos de toxemia por camarones y el de aquella señora de Indochina –rica en la pesca de ese crustáceo- la vitamina C fue el detonante y causa de su penosos deceso. Potasio y arsénico catalizadores fatales.

      Gracia por tu importante comentario y me preparo para la próxima entrevista que tenemos concertada.

      Un abrazo,

      Lucho

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  7. José Abad en dijo:

    Estimado Luis:

    Muy buena narración de tus vivencias de niño. Es muy interesante la historia del guardia y sobretodo su misteriosa cura. Falta mucho por explorar e investigar sobre los métodos curativos de las comunidades nativas y este relato es prueba de ello.
    Los comentarios de tus lectores son también muy interesantes. De la lepra, sólo escuché anécdotas de quienes ocuparon los edificios del Barrio Obrero de Caquetá, vecino del Lazareto de Guia. De como salían por el enmallado que los separaba, los afectados por el mal, que hasta dejaban expuestos restos de sus carnes.

    Un abrazo y gracias por narrar sus vivencias.

    José Abad

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    • Dilecto amigo José: Primera noticia del lazareto de Guía, es posible que los internos de San Lázaro pasaran allí en alguna época. Terrible drama aquello de la exposición con los enfermos de aquél nosocomio. Gracias por el comentario. Me resulta muy grato saludarlo. Un abrazo

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  8. Fernando Díaz Tenorio en dijo:

    QUERIDO LUCHO:

    FASCINADO CON TU HERMOSO E IMPACTANTE RELATO, POR EL QUE NOS CONDUCES DIESTRAMENTE AL ESCENARIO DE UN PECULIAR TESTIMONIO OCURRIDO EN LOS CUARENTA.

    CREO QUE LA NATURALEZA NOS OFRECE SOLUCIONES PARA TODO, Y NADIE MEJOR QUE LAS PERSONAS QUE VIVEN EN CONTACTO PERMANENTE CON ELLA, PARA CONOCERLAS. SI NO, ¿CÓMO SE EXPLICA QUE SE MANTENGAN SANAS SIN TENER CONTACTO CON MÉDICOS Y MEDICAMENTOS DE LABORATORIO? Y ADEMÁS, ¿ACASO NO ES CIERTO QUE GRAN PARTE DE ESOS MEDICAMENTOS ES DE ORIGEN NATURAL?

    GRACIAS LUCHO POR REGALARME LA LECTURA DE TU INTERESANTE Y MAGNÍFICO TRABAJO.

    UN FUERTE ABRAZO;

    FERNANDO

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    • Luis Siabala Valer en dijo:

      Gracias Fernando:

      Celebro haya sido de tu gusto este hecho que ya lleva considerables años, pero pese a lo singular había quedado almacenado en el gran compartimento de los recuerdos y ahora es público.

      Coincido con tu parecer. La herbolaria peruana nativa, destinada a la cura de enfermedades es amplísima, de ella destaca la histórica Chinchona o quinina que don Ricardo Palma narra en una bonita tradición bajo el nombre de “Los polvos de la condesa” con relación a la cura que se aplicó contra las fiebres palúdicas que atacaron a la condesa de Chinchón, doña Francisca Henríquez de Ribera, esposa de don Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, cuarto conde de Chinchón y virrey del Peru (1629-1639) mediante la corteza de la quina, árbol que el escudo nacional luce en uno de sus campos como símbolo de su representada importancia.

      Recibe un afectuoso abrazo,

      Lucho

      Me gusta

  9. Miquel Gonzalez Page en dijo:

    Querido Luis:

    Qué maravillosos ratos nos haces pasar a todos los que tenemos el privilegio de leer tu a veces centelleante, a veces reposada y reflexiva prosa.Me haces partícipe hoy de un doblemente magnífico texto. Por un lado, una descripción en el más puro estilo narrativo que siempre nace de tu pluma. Por otro, un curioso fenómeno curativo, preñado de mágica aureola pero no exento de una posible base científica.

    Es cierto, no se puede negar que, por alguna circunstancia, el veneno de las serpientes puede tener elementos bioquímicos capaces de matar, pero también capaces de estimular el sistema inmunitario de tal manera que activen mecanismos que de otra forma permanecerían inactivos. No puedo ofrecer una explicación concreta de este hecho pseudomilagroso, pero seguramente nadie puede negar su posibilidad. En cualquier caso, aúnas en este escrito con soberbio estilo literario, un vibrante relato puesto en boca del ex-enfermo, con una hermosa descripción del viaje por la siempre mágica y fascinante selva amazónica.

    Un abrazo desde Catalunya, amigo.

    Miquel González

    Le gusta a 1 persona

    • Luis Siabala Valer en dijo:

      Miquel:

      Gracias por tu generoso comentario; los asuntos de la selva del Amazonas y su cuantiosa fauna suelen poseer un nato atractivo. Los días de mi infancia en la ciudad-puerto de Iquitos quedaron imborrables, claro, fue por lo exótico, la inexperta infancia, y lo diferente en todo orden de cosas.

      Cada vez que de alguna forma recordaba esos hechos de la cura de la lepra, que se sabe no conoce cura, esta paradoja me llevaba al hecho, de aquella pócima que además de antídoto contra el poderoso veneno de la Shushupe, su dosis era capaz de controlar los efectos tóxicos a la par que dejaba activa, alguna porción, lo suficiente para producir la reacción positiva, que como dices, activaba el sistema inmunitario y aquellos otros mecanismos que de otra forma permanecerían inactivos. Siglos de experiencia nativa no divulgada, pero tampoco investigada.

      Gracias querido Miquel. Un fuerte abrazo,

      Luis

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  10. Mario Morón Aguila en dijo:

    Querido Luis:
    Como siempre, tus relatos excelentemente redactados, muestran tu dominio del lenguaje, elegante y descriptivo, que captan la atención precisa del lector y lo deleitan, a la vez que lo ilustran de una nueva e inesperada noticia.
    Te felicito Luis. Sigue encantándonos con tus sabias notas.

    Mario Morón

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    • Luis Siabala Valer en dijo:

      Siempre querido y distinguido Mario:

      Resulta un verdadero privilegio saber de tu generoso comentario y me siento gratificado por esas palabras. Estamos en una etapa de la existencia que bien vale la pena anotar aquellas experiencias –que siempre las tenemos guardadas, ignoro para qué- y colocarlas para que se produzca algo. Muchas gracias Mario, es posible que pronto tengamos una interesante reunión de la promoción. Un fuerte abrazo,

      Lucho

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  11. Leopoldo en dijo:

    Amigo Luis, acabo de leer detenidamente tu relato sobre la curación de la LEPRA.

    Cuando menos me parece asombroso y no estoy en disposición de opinar sobre el método aplicado. Sin embargo si se que en la naturaleza, ya sea en las plantas o en determinados animales está la solución a muchos de nuestros problemas de salud.

    Si nos fijamos, incluso el descubrimiento accidental de la penicilina por el Doctor Fleming tiene origen natural: es un hongo. En consecuencia no puedo dudar de la veracidad de tu relato. Además ¿que ganarías tu con esa invención? Antes bien debo creer que desconocemos demasiadas cosas a pesar de nuestra petulancia y absoluta devoción ante la ciencia. Y no deseo que me interpretes mal. La ciencia es IMPRESCINDIBLE y debe, debería, ser potenciada por todos los gobiernos del mundo en beneficio de TODOS nosotros, pero con demasiada frecuencia nos obcecamos en seguir caminos mas complejos y caros. Vamos que los árboles no nos dejan ver el bosque…

    Y hablando de la lepra, debo decirte que en mi aldea natal, en Galicia, había un foco de lepra perfectamente localizado y que mi padre, médico allí hasta su fallecimiento lucho contra él con los medios a su alcance, que no eran muchos, hasta lograr su erradicación. Hoy no existe ya ningún caso de lepra. Y debo añadir que en su momento hizo un estudio sobre el tema que fue publicado y del que guardo algunos ejemplares realmente interesantes. Los tengo guardados con mucho cariño y voy a intentar localizar un ejemplar. Tan pronto como lo encuentre intentaré escanear al menos algunas páginas (no es muy extenso) y te las enviaré.

    Dicho esto mi enhorabuena por tu asombroso relato, por lo que de él se desprende por tu exquisita redacción y sobre todo por tu cultura y amistad.
    Un saludo desde Granada.
    Leopoldo

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    • Luis Siabala Valer en dijo:

      Gracias querido Leopoldo:

      Muy cierto lo que expresas con relación a los recursos medicinales de la naturaleza, aquella famosa insignia, ese bastón con alas donde trepa envuelta una sierpe (Esculapio) -paráfrasis emblemática de la ciencia de los remedios- nos dice que el veneno, de alguna forma administrado, ha sido elemento bienhechor de la humanidad.

      Tuve reservas para contar esa experiencia de infancia, precisamente por temor a pasar por embustero, pero como bien lo expresas no ganaría nada con semejante majadería. El Guardia Civil aquél no presentaba cicatriz o menoscabo físico en cara y brazos, y alguna cura debió haber conseguido, pues no existe remedio para ese mutilante azote; era indudablemente un hecho extraordinario aquel relato y que lo acabo de reproducir. Pienso como tú que es posible que nuestro escepticismo nos prive de algunas sorpresas. Europa sufrió por siglos ese azote bíblico; el mal ha sido erradicado de muchos lugares.

      Los nativos de la amazonia, reservados y tímidos por naturaleza, son dueños de secretos de siglos de tradición, dudo que alguno de ellos hubiese sido alguna vez interno del lazareto de San Pablo. De otro lado son dueños y señores de una rica fauna y flora que me atrevo a decir permanece aún inexplorada.

      Es también cierto que la tremenda carga de farmacopea de nuestros días, comparada con el mayor privilegio de la herbolaria medicinal de antaño, en todas las latitudes del orbe, es clara prueba de la bondad de la naturaleza y su aceptación pero que nuestra miopía, de no escudriñar el árbol por que nos gana el bosque, conforme tan bien apuntas, ha dado lugar a uno de los negocios más lucrativos de hogaño. El de la salud.

      Impresionante aquello de tu padre abocado a la medicina en lucha contra ese azote en tu aldea gallega. Gracias por tan gentil ofrecimiento, pues nada me será tan gratificante, cuando des con esos valiosos documentos y me hagas llegar algún ejemplar, no importa la cantidad de páginas, que para mi constituirá un tesoro semejante obsequio apreciado Leopoldo.

      Con el firme afecto de siempre reitero mi gratitud por tu generoso comentario; recibe un fuerte abrazo,

      Luis

      Me gusta

  12. Qué vivo relato de la infancia; recrearlo como lo has hecho trae a la vida a los seres queridos que inspiran estas imágenes, arraigadas en el vivo recuerdo. Los olores y el sopor de la selva acompañan tu relato que agradezco hagas de dominio público, porque las vivencias no deben quedar en la soledad de una anécdota personal. Y es que el antídoto convive con el malestar en la espesura de la selva. De allí el afán de herbolarios y estudiosos de dedicarle sendas obras a la medicina natural como ha sido el caso de las primeras misiones franciscanas por la selva y sierra peruana hasta la república.
    Un fuerte abrazo.

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    • Luis Siabala Valer en dijo:

      Gracias hijo mío:

      Muy cierto. He visto con nostalgia las fotografías de aquella lancha “El Refugio” nave entregada a tu conducción y pilotaje de una larga y exitosa expedición. Gracias por tu comentario y por esas estupendas fotos del recuerdo que me has enviado.

      Un abrazo de tu padre.

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  13. Manuel Pueyo en dijo:

    El relato ha hecho en mí unas encontradas situaciones, ya que mi padre era farmacéutico y en casa estas cosas se hablaban de vez en cuando. Resulta algo conmovedor todo el relato pormenorizado, es muy agradable y entretenida su lectura, no menos interesante por los datos que aportas sobre cosas que se desconocen en estas latitudes, me guardo el enlace por dar a conocer el mismo entre algún amigo amante de la buena pluma. Un abrazo. desde Galicia Ares, muy fuerte

    Le gusta a 1 persona

    • Luis Siabala Valer en dijo:

      Gracias Manuel;

      Me place saber que este tema haya sido materia de conversaciones de las que fuiste testigo en tu infancia. Muchas gracias por tu comentario; un fuerte abrazo,

      Luis

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  14. Fernando en dijo:

    Asunto: Re: Cura nativa de la lepra
    Fecha: April 30th, 2015

    Querido amigo Luis.
    Antes de nada, desearte un pronto restablecimiento Cuídate mucho esa salud, por favor.

    Me ha fascinado el relato de aquel viaje casi heroico con tu padre y otros familiares. El encuentro del guardia con el nativo y la forma en la que el hechicero lo sanó de la lepra me parece realmente maravilloso.
    Ha sido una delicia leerlo y un honor que te acordaras de mi para compartir este texto.
    Muchas gracias
    Que Dios te bendiga
    Fernando

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    • Fernando en dijo:

      Gracias querido Fernando, los asuntos de salud son una tarea. Gracias por tus deseos y muchas gracias por tu comentario. Un fuerte abrazo,

      Luis

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      • Marciano en dijo:

        Gracias por tan importante relato querido vecino. Realmente es fascinante leer su artículo por la sencillez y lo importante del caso. Ojalá que el veneno de esta serpiente sirviera para curar la clase política en el Perú. Un abrazo Marciano Fonseca. A.

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