Harun al-Rashid

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El monitor Manco Cápac y su comandante, capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino

LUNES, 1 DE ENERO DE 2007

Capitán de fragata, José Sánchez Lagomarsino

  Comandante José Sánchez Lagomarsino
 Operaciones navales durante la Guerra del Salitre
(Perú-Chile, 1879-1883)
 Arica, viernes 27 de febrero de 1880

Después del bombardeo, desembarco en Pisagua y posterior descalabro de San Francisco, quedó asegurada la plaza de Tarapacá; el ejército chileno tomó entonces previsiones para penetrar en el sur del Perú, donde Tacna y Arica todavía defendidas resultaban de naturaleza estratégica. Libre la costa peruana del peligro que representaba el monitor peruano Huáscar y su comandante Grau, muerto en acción en el combate de Angamos el 8 de octubre de 1879, Chile consideró que había llegado el momento para preparar las operaciones en tierra.

Se dispuso el bloqueo de Arica, para evitar el aprovisionamiento o desplazamiento de la guarnición peruana y para efectuarlo se comisionaron al monitor Huáscar, al mando del capitán de fragata Manuel Tomas Thomson Porto Mariño y a la cañonera Magallanes, con el capitán de fragata Carlos Condell de la Haza. Estas naves arribaron al célebre puerto el 25 de febrero de 1880, para relevar al blindado Cochrane y su escolta la corbeta Covadonga que ya lo bloqueaban y que habían recibido castigo de los fuertes y baterías del morro.

M. Thomson

Además de estos cañones, reforzaba la defensa en la rada de Arica el monitor Manco Cápac, una nave de lento andar, muy fuerte coraza y provista de dos cañones Dalgreen de 15 pulgadas capaces de disparar granadas de 500 libras desde la torre giratoria. Su silueta chata y alargada que dejaba ver torre y chimenea daba a esta unidad una extraña apariencia.

 Monitor Manco Cápac

Esta nave, por su característica concebida para operaciones fluviales más que marítimas había sido destinada a la defensa como pontón. Su obra muerta o superestructura sobresalía del agua unas cuantas pulgadas y ofrecía poco blanco al fuego enemigo. Pero su andar de algo más de 4 nudos, no la hacía aparente para las evoluciones rápidas en el mar. Estaba al mando del capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino.

La lancha torpedera América secundaba al monitor en esta tarea.

El viernes 27, a las 8:30 horas, Thomson, dispuso hacer disparos sobre el puerto con la artillería del Huáscar, al instante las baterías del morro y los fuertes contestaron los fuegos, empeñándose en un duelo que duró cincuenta minutos sin mayores resultados por ambas partes.

El Huáscar, La antigua nave peruana, inmortalizada por Miguel Grau, que había sido capturada en Angamos, venía ahora con distinta bandera, reforzada con artillería de retrocarga con dos cañones de 40 libras, tipo Armstrong cuyo alcance estaba entre 6.000 y 7.000 metros. Estos importantes cambios, dejaban al monitor en excelentes condiciones de batir la artillería de ánima lisa de los fuertes del Callao y Arica, ambas con un alcance de 3.500 metros. Había sido dotado con nuevas calderas y su máquina estaba repasada.

A las 14 horas, despechado por los resultados, Thomson decidió atacar esta vez un convoy de abastecimiento y tropa que se desplazaba en el ferrocarril procedente de Tacna, en el sector de playa Chinchorro y dispuso acercarse con la Magallanes para batir cómodamente al tren.

En este evento, penetró el Huáscar dentro del sector de fuego de las baterías de tierra de 200 libras y las piezas del monitor Manco Cápac con sus cañones de 500 libras, y sin medir consideración táctica alguna disparó sobre el convoy. Entonces, el comandante chileno, habiéndose ubicado temerariamente dentro del campo de tiro de la artillería peruana de inmediato recibió fuego concentrado bien dirigido.

Una granada hizo explosión en el monitor cerca de un cañón hiriendo mortalmente a un aspirante y matando seis hombres de la tripulación e hiriendo a doce. Además, hirió levemente al segundo comandante capitán de corbeta Emilio Valverde Prieto y al teniente 2o. Tomás Segundo Pérez.

En estas circunstancias el comandante peruano, capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino, ordenó que la lancha América, saliera acompañando al monitor Manco Cápac, que estaba bajo su directo mando, para batir al enemigo, maniobra que se efectuó con toda decisión pese al lento andar del ex monitor confederado.

Thomson creyó sencillo atender la invitación a combate que le ofrecía el Manco Cápac y puso rumbo a él usando el rápido andar de la nave a su mando. Hizo maniobras destinadas para embestir con el espolón pero fracasó en su intento. Disuadido de ello habida cuenta del superior blindaje del monitor peruano, ordenó entonces virar y en un momento ofreció la popa a su enemigo. Sánchez Lagomarsino, que tenía dispuesta su torre giratoria con los poderosos Dalgreen, disparó uno de ellos por la aleta de estribor del blindado enemigo, y la granada en su fatídico recorrido, pasó por el alcázar de popa del monitor donde se encontraba el desdichado comandante chileno cuyos restos quedaron esparcidos en cubierta. El proyectil destruyó el palo de mesana, aventó el código de señales y mató un número de tripulantes al hacer finalmente explosión. El Huáscar quedó fuera de combate y los ingenieros, en renovado empeño, pusieron en actividad nuevamente a la nave pero la retiraron de la línea de combate.

Combate de Arica, Manco Cápac contra Magallanes y Huáscar

Combate de Arica del viernes 27 de febrero, 1880

El Manco Cápac y su acompañante la lancha América regresaron a su apostadero con la misma parsimonia y seguridad con que habían levado anclas rumbo al combate. Arica se mantendría otros cinco meses, libre del acoso por mar.

Parte oficial del combate naval de Arica por el capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino

Comandancia del monitor Manco Cápac

Al ancla. Arica, febrero 27 de 1880.

Benemérito señor contralmirante, jeneral (sic) en jefe del primer ejército del sur.

Me es honroso poner en conocimiento de US. los acontecimientos realizados el día de hoi (sic) a bordo de este monitor, con ocasión del combate empeñado entre las baterías de la plaza i el “Huáscar” i la “Magallanes” que bloquean el puerto.

A 7 hs. A. M. se me dió (sic) parte por el oficial de guardia de que el “Huáscar”, en son de combate, avanzaba lentamente por el O., en demanda, al parecer, del fondeadero, i dispuse que en el acto se alistase el monitor para prevenir cualquiera eventualidad, porque personalmente observé que eran sospechosos los movimientos del enemigo.

En efecto, a las 8 hs. 15 ms., encontrándose el “Huáscar” al alcance de los cañones del Morro, rompió sus fuegos esta batería, cuando aquél se hallaba situado de este monitor a una distancia de 4.000 metros, mui (sic) superior al alcance máximo de nuestra artillería, razón por la cual me ví (sic) obligado a esperar que el enemigo, en sus evoluciones, se aproximase, para ofenderlo desde el fondeadero en que estaba obligado a permanecer este buque, por el mal estado de una de sus calderas, cuya compostura, se trabaja activamente.

A las 8 hs. 40 ms., después de apreciar la distancia que nos separaba, rompió sus fuegos este monitor sobre el “Huáscar”, continuándose hasta las 9 hs. 50 minutos, que éste se alejó, gobernando al N. E.

Mientras tanto la corbeta “Magallanes”, que desde mui temprano estaba fondeada por el N. del puerto, a seis millas aproximadamente, a los primeros disparos se puso en movimiento i, lejos del alcance de los cañones de las baterías, hizo algunos tiros sobre la población, uno de los cuales cayó bastante cerca de la popa de este monitor, pero se retiró con el “Huáscar” cuando suspendió éste sus fuegos.

A 11 hs. A. M. los dos buques situados al N. del puerto descargaron varios tiros de su artillería sobre el tren de pasajeros que venía de Tacna, e inmediatamente reparé el monitor para salir a batir al enemigo, dando orden de activar la reparación de la caldera de estribor que, como US. tiene conocimiento, se encontraba en mal estado desde días anteriores, i cumplo con el deber de recomendar a US. la actividad i el interés desplegado por el primer maquinista don Tomas Colguhoun para dejar espedita (sic) en el menor tiempo la compostura de esa caldera, obra que a no ser por esta circunstancia, habría demorado un tiempo más dilatado para su terminación.

A la 1 h. 15 ms. P. M. dejé el fondeadero, gobernando sobre el enemigo, que se conservaba a una distancia de cinco millas, más o menos, emprendiendo la marcha hasta tres millas fuera del puerto; i una hora después, estando a 3.500 yardas el “Huáscar”, descargó su artillería de la torre, i sucesivamente hizo otros disparos, hasta que encontrándome a 2.000 yardas hice romper los fuegos de este monitor, a las 2 hs. 10 ms. Se trabó entonces el combate, que por parte del enemigo era sostenido por el “Huáscar”, que acortaba la distancia, i por la corbeta “Magallanes”, que se conservó al mayor alcance de sus cañones; continuó, pues, avanzando hasta estrechar la distancia, haciendo siempre fuego sobre el blindado enemigo. Hubo un momento desgraciado en que se entorpeció uno de los cañones de la torre, por haberse quedado dentro de él la primera sección de la lanada; i fue entonces cuando el “Huáscar” nos ponía su proa, aproximándose rápidamente. En tal situación, gobernó sobre dicho buque, que llegó a pasar por nuestro costado de babor a la distancia de 50 yardas, empeñándose un pequeño tiroteo de ametralladoras i fusilería del enemigo el que era sostenido desde a bordo por la jente (sic) que me acompañaba sobre la torre.

Subsanado con actividad el inconveniente de que acabo de hacer mención, descargué sobre el “Huáscar”, que estaba ya por la aleta de babor, una de las piezas de la torre, cuyo proyectil fué (sic) a herir la popa de ese buque, echándole abajo la (sic) asta en que sostenía su pabellón.

A 3 hs. 30 ms. hice suspender los fuegos porque el “Huáscar”, aprovechando de su andar, se puso fuera de los tiros de este monitor, gobernando hacia afuera, lo mismo que la “Magallanes”.

Once tiros se hicieron con las piezas de la torre, de los cuales dos han ocasionado averías al enemigo; de los disparos de éste i la corbeta, que pasan de cincuenta, i entre los que cayeron sobre nosotros, solo causaron lijeras (sic) averias, (sic) llevándose parte del pasamanos alto i uno de los candeleros de la torre; hemos tenido también despedazada una de nuestras falúas. A las 4 hs. 30 ms. volví a ocupar con el buque de mi mando su antiguo fondeadero.

Antes de terminar, permítame US. hacerle presente que el digno capitán de navío don Juan G. Moore se me presentó voluntario a bordo, en el momento de la salida del monitor, solicitando cualquier puesto; i que tanto él como Leoncio Prado, cuya salud se encuentra notablemente quebrantada, el alférez de fragata don Francisco Forcelledo, ayudante de US, i el subteniente de artillería don Eduardo Lecea, han permanecido durante este corto combate sobre la torre, al lado del que suscribe. Lo que participo a US. conforme a ordenanza.

Dios guarde a US. B. S. C. A.

José Sánchez Lagomarsino.

En cuanto a la historia del monitor Manco Cápac, esta nave formó parte de las adquisiciones navales que hizo el gobierno peruano en 1868. Pertenecía a la clase Canonicus y su nombre USS era Oneota. Una nave blindada de fuerte coraza de hierro, su obra muerta sobresalía a toda carga únicamente 12 pulgadas y, generalmente, embarcaba agua sobre la cubierta. El viaje rumbo al Callao duró 15 meses. Fue remolcado.

Los datos que siguen pertenecen al Libro de Guardias de la nave, fechada el 3 de enero de 1869, al ancla en South West Pass, New Orleans:

 Desplazamiento: 1034 toneladas

 Fuerza de las máquinas: 330 caballos

Eslora: 226 pies

Manga: 43 pies

Calado de popa: 13 pies y 3 pulgadas

Calado en proa: 13 pies

Artillería: Dos cañones de ánima lisa sistema Dahlgren de 15 pulgadas

Blindaje del costado: 5 planchas de una pulgada

De la cubierta: 1 pulgada 7 octavos

De la torre 10 planchas de 1 pulgada.

 Comandante, Capitán de fragata, don Camilo Carrillo

Teniente primero, José María Coronel Zegarra

Teniente graduado, Elías Aguirre

Teniente segundo, Ramón Freire

Teniente segundo graduado, José Rosas

Alférez de fragata, Diego Ferré

Alférez de fragata, Daniel Mac Kay

Tripulación, 64 hombres

El capitán de fragata AP José Sánchez Lagomarsino, tuvo importante y destacada participación en la defensa de Arica el 6 de junio del mismo año; al mando del Manco Cápac se había enfrentado entonces al Almirante Cochrane y a la cañonera Covadonga. Luego vino la acción sobre las naves chilenas bloqueadoras, del 27 de febrero de 1880. Cinco meses después, tras la victoria chilena en tierra, Sánchez Lagomarsino hundió su buque para evitar que cayera en manos enemigas. Fue capturado con su tripulación y enviado en calidad de prisionero de guerra a San Bernardo, en Chile.

Nació en Lima en 1844, murió en Chosica en 1898. Asistió a los combates de Abtao y 2 de Mayo, en el cual resultó herido por el casco de una bomba. “Contribuyó al restablecimiento del orden constitucional cuando los coroneles Gutiérrez se apoderaron del mando, ejerciendo su influencia en las masas populares chalacas, y a la cabeza de ellas” (El Callao, 21 de marzo de 1898).  Sus relaciones con el contralmirante Lizardo Montero fueron tirantes y de profunda desavenencia.

 Manco Cápac navegando con velamen

 Monitor Manco Cápac, al servicio de la Armada Peruana, en plena navegación

USS Ajax

 Vista del USS Ajax acoderado, 1890; de la clase Canonicus. Operó en la guerra Hispano-americana. Nave de la misma categoría del monitor Manco Cápac. Obsérvese la fuerte estructura. Vista de proa.

Créditos:

Foto del comandante Sánchez. Archivo Courret. Biblioteca Nacional del Perú

Foto del comandante Thomson. Historia Ilustrada de la Guerra del Pacífico. (1879-1884) Edit. Universitaria. Sgo. de Chile. Mayo 1879.

http://es.wikipedia.org/wiki/Combate_naval_de_Arica

http://members.tripod.com/~Guerra_del_Pacifico/arica.html

http://www.armada.cl/prontus_armada/site/artic/20090728/pags/20090728124359.html

http://www.armada.cl/site/tradicion_historia/historia/biografias/179egoyc.htm

http://es.wikisource.org/wiki/Parte_oficial_del_combate_naval_de_Arica_por_el_capit%C3%A1n_de_fragata_Jos%C3%A9_S%C3%A1nchez_Lagomarsino

Foto USS Ajax, 1890. Wikipedia Combate de Arica del 27 de febrero de 1880, grabado de Wikipedia.

Publicado por Luis Siabala Valer Etiquetas: Callao, Canonicus, Chile, Cápac, Guerra, Huáscar, Manco, monitor, Thomson en 22:13

11 comentarios:

Clayton dijo…

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4 de enero de 2007, 22:15

Clayton dijo…

Vi tu poste en mi blog. ¡Agradece! tus trabajos históricos son muy interesantes también

Clayton

5 de enero de 2007, 9:54

José Briceño dijo…

AGRADEZCO POR LA VALIOSA INFORMACION DETALLADA; SOLICTO SI ME PUEDEN AYUDAR; ESTOY TRATANDO DE RECOPILRA LA MAYOR CANTIDAD DE INFORMACION ACERCA DE JOSE SANCHEZ LAGOMARSINO; SOBRE TODO EL LUGAR DE NACIMIENTO MI E-MAIL ES:

jose_briceño7@hotmail.com

30 de marzo de 2008, 1:56

Rafael Córdova R. dijo…

EXCELENTE ARTICULO, CON DATOS NO CONOCIDOS SINO SUPERFICIALMENTE.

TE FELICITO HERMANO

1 de mayo de 2009, 1:58

Carlos Urquizo Bolaños dijo…

Mi muy estimado Lucho:

Las escenas tan minuciosas y bien relatadas, me permiten apreciar que cada uno de los marinos peruanos que se enfrentaban en la batalla contra los chilenos, pasaban horas de angustia suprema por que no sabían si saldrían vivos o muertos de la contienda. Esas aflicciones tan personalmente íntimas, pasan desapercibidas para los demás que medimos al evento solo por el resultado final, es decir quién ganó y quién perdió. Muchas gracias por permitirme leerlo.

Un abrazo,

Carlos

1 de mayo de 2009, 2:09

José Huerto Rojo dijo…

Hola Lucho, muy ilustrativo el relato, me lleno de mucha emoción, es una narración emocionante, precisa y muy rebuscada, si no fuese por ti jamás hubiera tenido la oportunidad de leer algo así, te lo agradezco de corazón, un fuerte abrazo. Pepe.

4 de mayo de 2009, 10:44

José Abad dijo…

“El Manco Cápac y su acompañante la lancha América regresaron a su apostadero con la misma parsimonia y seguridad con que habían levado anclas rumbo al combate.”

Que buen artículo. El relato y las imágenes hacen vivir el pasado. Lento pero seguro.

José Abad

http://www.accidentetranvia.blogspot.com/

12 de junio de 2010, 9:50

Anónimo dijo…

Soy descendiente del Cmte. JOSE SANCHEZ LAGOMARSINO y estoy muy orgullosa de su historial durante la guerra del Pacifico.

Carmen Rosa Guedes Sánchez Lagomarsino

camo_teixeira@hotmail.com

23 de noviembre de 2010, 13:48

Anónimo dijo…

Grande, he encontrado lo que he estado buscando

17 de febrero de 2011, 14:44

Anónimo dijo…

hi, new to the site, thanks.

21 de febrero de 2011, 15:53

Anónimo dijo…

Es una buena idea

9 de septiembre de 2011, 0:32

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Einen Schwarzen Adler

JUEVES, 7 DE ENERO DE 2010

 

 

A don Jorge Manco Zaconetti y al Coronel EP (r), don Rafael Córdoba Rivera.

 

Coronel César Guerrero 2

 Julio César Guerrero

(Cajamarca 1887-1982)

Teniente coronel del Ejército Peruano

Oberst (Coronel) del Ejército de Alemania

General del Ejército de Bolivia

Águila Negra (Schwarzen Adler) del ejército alemán

 

Majestuosa y legendaria se presenta la figura y carácter de este oficial peruano del arma de artillería, maestro en el arte de la guerra de guerrillas.

 Cuanto más grande resulta el olvido en que la historia nacional le tiene sumido, su fama, ocultada por cortinas de ingratitud, inopia y estulticia, se agiganta con los años dentro de los escasos círculos de quienes le tenemos presente y respetamos su memoria. Hay una deuda con él.

 Ni su estupenda preparación militar, la severa experiencia de combate adquirida en notables campañas internacionales, su dominio del idioma alemán y dotes didácticas le resultarían suficientes para que le fueran reconocidos méritos que jamás buscó; tampoco el hecho poco frecuente, sino único, que durante su estancia en Prusia como ayudante del ministro diplomático del Perú, general Andrés A. Cáceres, tan admirado por el Kaiser Guillermo II y a instancias de este emperador, tomase la dirección de la revista militar alemana De re bellica en tanto que, además, se desempañaba en calidad de coordinador del estado mayor alemán, bajo el mando del general Paul Emil von Lettow-Vorbecken, a quien habían confiado la defensa de las colonias de Alemania en el África central, Camerún y Tanganika, la Tanzania actual, en la Gran Guerra; estos hechos serían insuficientes o la causa, agregamos, para que la posteridad no quiera reconocerle su singular importancia.

 Su experiencia en el ataque y resistencia con guerrillas comprende un vasto escenario de campañas, que por lo apasionante, no hay espacio suficiente para hacerle homenaje; tampoco es necesario pretender hacer historia de todas ellas: Frente ruso de los Lagos Masurianos; su contacto con los generales Hindemburg y Ludendorff y la victoria de Tannenberg; su participación como asesor en la Guerra de Bolivia contra el Paraguay, llamada Guerra del Chaco; Maniobras del ejecito alemán en Europa, en las guerrillas de China; etc.; etc.

 Deseo concretarme a su valiosa actividad en Prusia durante la Gran Guerra.

 Primera Guerra Mundial, África central

El mayor Julio C. Guerrero se agrega a las tropas del Deutsche-Afrika Schutztruppe (Fuerza alemana de protección de África) que en 1914 ya se encontraban en el África oriental alemana a las órdenes del coronel, luego general Paul Emil von Lettow-Vorbeck, quien contaba únicamente con las escasas fuerzas de la zona, unos 3000 soldados apoyados por 12 compañías de nativos guerreros o askaris.

 Las fuerzas británicas coloniales de Rodesia, reforzadas por tropas expedicionarias fuertemente equipadas procedentes de la metrópoli eran una severa amenaza. Alemania se empeñaba en un largo frente en Europa y no era posible distraer elementos; por estas consideraciones y usando el sentido práctico de la economía y eficiencia germanas operaría von Lettow-Vorbecken.

La participación del militar peruano en su calidad de coordinador del estado mayor, resultaba importante entonces, pues llevaba aprendida la escuela adquirida en el Perú y enseñada por el general Andrés A. Cáceres en su resistencia de la Breña durante la Guerra del Salitre (1879-1883), una experiencia rica en organización, concepción logística y golpes de sorpresa que lo hizo célebre contra el invasor chileno en las serranías del Centro del Perú, muy útil por tanto al habilísimo von Lettow, penetrado de las audaces tácticas del general Andrés A. Cáceres, conforme se puede conocer en el siguiente enlace. (Resistencia y asalto a Concepción)

 Von Lettow-Vorbeck, al iniciarse la guerra en Europa, es sordo a los mandatos de Berlín de mantenerse a la defensiva, pues en el terreno de las operaciones militares tenía la convicción que la única posibilidad de victoria consistía en un certero ataque contra el  enemigo que rodeaba las posesiones alemanas, antes de que estuviese preparado para repelerlo, es decir una aplicación de conceptos decisivos de previsión, anticipación y rapidez.

 En noviembre de 1914, las tropas coloniales británicas iniciaron un ataque anfibio contra la ciudad de Tanga, a los pies del célebre Kilimanjaro, la montaña más alta del África, que se convertiría en la mayor batalla de la I Guerra Mundial en suelo africano pero fueron derrotadas por aquellas escasas tropas alemanas que victoriosas pasaron al ataque des las líneas del ferrocarril construido por los británicos.

 El 18 de enero de 1915 este cuerpo de ejército, notablemente eficaz, aunque escaso de hombres y pertrechos, volvió a derrotar a los británicos en la batalla de Jassin. Estas victorias iniciales le permitieron capturar nuevas armas y víveres al enemigo con los que pudo suministrarse mejor al pequeño ejército, pero a costa de considerables bajas.

 En la Batalla de Tanga, de 1914 -la mayor victoria de Paul von Lettow-Vorbeck en África- aquel cuerpo germano quedó seriamente disminuido en hombres y equipos lo que le forzó al cambio de estrategia, sustituyendo los combates directos por la guerra de guerrillas contra los británicos procedentes de sus colonias de Kenia y Rodesia. Aquí el mayor Julio Guerrero habría de recomendar, poner en práctica, colaborar con los planes y adquirir, por reciprocidad, mayor experiencia en la ciencia de la guerra de guerrillas conformada además por soldados nativos, tomada, qué duda cabe, de la gran experiencia peruana, escasamente 32 años antes contra el invasor chileno en los breñales de la sierra central.

 Con el claro propósito de dar alivio y facilitar la victoria alemana en el frente de Europa occidental, el exitoso general von Lettow, dispuso múltiples y sorpresivos ataques contra fortificaciones, líneas de ferrocarril y comunicaciones para forzar también a los británicos a enviar más hombres y armas al África a costa de retirarlos de Europa.

 En marzo de 1916, cuando los británicos lanzaron una nueva ofensiva con 45000 hombres, los alemanes nuevamente se aprovecharon de su conocimiento del terreno para emboscar al enemigo, infligiéndole grave derrota en Mahiwa, en octubre de 1917; allí los británicos perdieron 1600 hombres y los alemanes sólo 100, lo que prueba lo eficaz que resulta, pese a las contingencias, un puñado de soldados hábilmente dirigidos con un estupendo soporte de estado mayor.

 El 13 de noviembre de 1918, dos días después de producirse la rendición de Alemania, sin condiciones, vuelven estos veteranos soldados-guerrilleros a derrotar a los británicos en Kasama. Finalmente, enterado Paul Emil von Lettow-Vorbeck que la rendición alemana era un hecho sus tropas entregaron las armas en Abercorn, actualmente Zambia.

Corolario

Su ancianidad transcurrió en su modesto hogar en Cajamarca, rodeado de su familia y considerable biblioteca que comprendía, entre valiosos libros, más de sesenta obras editadas e inéditas, de ellas Guerra de Guerrillas y Belicología que las ofreció al Ejército en calidad de donación, gesto tratado con desdén por quienes en los años 70s tenían a su cargo los asuntos del Ejército, clara muestra de envidia y mezquindad, bajo pretextos intonsos de falta de dinero; finalmente el editor centroamericano Carlos Milla Batres compró los libros y derechos de autor de nuestro biografiado, sin resultado editorial conocido. Estupenda biblioteca que debería pertenecer a la nación.

El mismo sentimiento negativo hizo que al ilustre Guerrero,  autor entre otros obras: Memorias del General Andrés A. Cáceres y La Guerra de las Ocasiones Perdidas, y  celebrado conferencista en materia de resistencia y guerrilla, no se le reconocieran sus grados de coronel del ejército alemán y general del ejército boliviano.

Murió en la modestia de su hogar, dentro de la pobreza, a la edad de 95 años y hasta el último de sus días su pensión de general fue honrada por el Congreso de Bolivia.

Fue, qué duda cabe, un selecto Schwarzen Adler, (Águila Negra) del Kaiser.

Africa Alemana del Sudoeste

Tropas coloniales Alemanas en el África

Fuentes

Wikipedia

Memorias Del General A. A. Cáceres. Ed. Milla Batres, Lima, 1986

Foto, Ídem.

Tropa alemana en África. Tomado, sin confirmar, de Flickr

 

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 11:12:00

Etiquetas: Breña, Cáceres, Guerra, Hindemburg, Kaiser, Ludendorff, Resistencia, Salitre, Tannenberg

6 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO HERMANO

LEI CON MUCHA SATISFACCION LO QUE TU MENCIONAS COMO ´´TIMIDO HOMENAJE´´JULIO C. GUERRERO FUE OLVIDADO EN SU EPOCA POR CELOS EN SU INTERVENCION EN LA GUERRA DEL CHACO, PUES BOLIVIA ERA DIRIGIDA POR UN OSTENTOSO Y LAMENTABLEMENTE MEDIOCRE GRAL KUNDT., VENCIDO POR EL ADMIRABLE ESTRATEGA PARAGUAYO, ESTIGARRIBIA. A GUERRERO LO ACUSARON DE HABER INTEGRADO EN UN COMPLOT APRISTA QUE PARTIA DESDE BOLIVIA CON EL SUPUESTO APOYO DE GUERRERO…CREO QUE FUE PROCESADO POR ELLO Y CONDENADO AL OLVIDO…DEBEMOS AGREGAR QUE ANTES DE LA IGM ASISTIO A VARIAS MANIOBRAS DEL EJERCITO ALEMAN, QUE LAS CONDENSO EN DOS LIBROS MUY VALIOSOS Y, HASTA CREO, QUE PERDIDOS O DESAPARECIDOS.

UN ABRAZO

RAFAEL

8 de enero de 2010, 1:12

Rafael Córdova Rivera dijo…

HERMANO

CREO QUE LA OBRA QUE MENCIONAS ES ´´LA GUERRA DE LAS OCASIONES PERDIDAS´´UNA DE LAS ACCIONES FUE HUAMACHUCO, PERDIDA POR LA IRRESPONSABILIDAD DE RECAVARREN.

RAFAEL

8 de enero de 2010, 1:20

Regis Bastian dijo…

Dr. Siabala, deixo-lhe um grande abraço! Seu blog é maravilhoso. Regis

9 de enero de 2010, 21:12

Luis Adolfo Siabala dijo…

Es un merecido homenaje a un ilustre y anónimo peruano -hasta este artículo-, soldado de la Nación al servicio de la Alemania del Kaiser, del que confieso desconocimiento pleno: don Julio César Guerrero.

Al comandante Von Lettow-Vorbeck se le atribuye las tácticas empleadas durante la II Guerra Mundial, los Brandenburgers, liderado por Theodore von Hippel, a quien, a su vez, se le atribuyen las tácticas de ataque sorpresivo contra las líneas enemigas (se dice que esta experiencia la aprendió de Lawrence de Arabia contra los turcos en Arabia). La historia, como se la ha registrado, ha querido reconocer atribuciones y logros en la iniciativa de personajes -con algunas intenciones entre bastidores- a costa de esfuerzos ajenos, como es el caso de Berner Von Braun- Pedro Paulet, para el caso de los cohetes de propulsión y Otto Mergenthaler – Arnaldo Márquez para la linotipia.

 La pluma de un historiador honesto reivindica y exhuma la verdad, tarde o temprano. Este homenaje así lo ilustra.

 17 de enero de 2010, 7:32

 José Abad dijo…

 Después de leer este artículo, es incomprensible para mí la clamorosa ingratitud de los peruanos que SI conocieron sus acciones militares. Una mezquindad. En especial sus valiosas memorias, traducciones y biblioteca que no fueron debidamente apreciadas por las autoridades.

 Mi felicitación por este homenaje a un peruano de verdad olvidado. Lo tendré presente desde ahora. Muchas gracias don Luis Siabala.

 14 de julio de 2010, 11:01

 Nelson dijo…

 Nelson – EL LEGADO DE CACERES |2010-02-23 05:47:12

 Un sentido homenaje a los verdaderos guerreros del Perú y a sus discípulos… Solo mencionare que la preparación y doctrina bélica de nuestro Ejercito después de la guerra con Chile, debió ser en los parámetros de la Doctrina militar alemana…pero la ineptitud aposto por la mediocridad francesa. Otra hubiera sido nuestra realidad militar (empezando por los uniformes)

 19 de julio de 2010, 1:26

Las brigadas Arrate y Camús

 Junta de Iquique, 1891

Junta de Gobierno con sede en Iquique

Episodios de la guerra civil de 1891 en Chile y sus repercusiones en el Perú

La conflagración que azotó Chile, entre enero de 1891 y septiembre del mismo, provocada por la sublevación de la Armada al mando del capitán Jorge Montt y el Congreso Nacional en contra del presidente José Manuel Balmaceda Fernández, cuyas causas las hemos expresado en John North, el Rey del Salitre (Ver), tuvo dramáticas consecuencias por la severidad y encono con que los contendientes la pelearon, procurándose un mutuo exterminio. Tres de estas consecuencias o implicancias fueron internacionales.

Los extremos de crueldad, por ambas partes, hicieron que dos brigadas constitucionalistas, la una con un efectivo algo mayor a quinientos hombres, de las tres armas, al mando del coronel Miguel Arrate, jefe político-militar de la provincia peruana de Tacna bajo ocupación, buscara urgente socorro peruano cruzando la frontera de Sama, donde esta brigada se entregó. Desarmadas, las tropas chilenas fueron conducidas a la ciudad de Arequipa, allí quedaron internadas para ser devueltas a Chile finalizada la contienda, en octubre de 1891.

La otra, al mando del coronel Hermógenes Camus, jefe de los regimientos Buín, o primero de línea, Arica o cuarto de línea y los batallones Andes, Linares y Mulchén, bajo pena de exterminio después de la batalla de Pozo Almonte, se vio precisada también a salvar la vida internándose en las alturas del territorio boliviano por los salares de Uyuni y de allí ingresó en el argentino donde marchó, en franca violación territorial, con sus armas y banderas sin ser molestada por las estupefactas autoridades argentinas, desde Salta hasta San Juan y repasando la cordillera por San Francisco, antes de lo cual fue desarmada pero el coronel Camus se negó a ser internado; continuó su larga pero ordenada marcha, llegó a Santiago y se puso nuevamente a disposición del presidente Balmaceda.

Posteriormente el gobierno de Buenos Aires levantó una ruidosa protesta que terminó con la promesa de Balmaceda que el regimiento de Hermógenes Camus ya no participaría de la contienda civil. Pero este esforzado refuerzo militar, pese a todo, llegó en hora menguada para la suerte del infortunado mandatario quien, poco después y como resultado de las batallas de Concón y Placilla, tomó asilo en la legación argentina de Santiago y después de escribir su célebre Testamento Político, puso fin a sus días con un disparo en la cabeza, el 19 de septiembre de 1891, fecha que finalizaba también su mandato constitucional.

Las violaciones territoriales de las fronteras del Perú, Bolivia y Argentina, resultan hechos notables,  de alguna manera contempladas por el derecho internacional público, marcadas por un estado imperioso de necesidad, dada la naturaleza de la pugna, las naciones de soslayo involucradas y las condiciones vertiginosas de los acontecimientos; recrean también el sentimiento en boga por aquellos días.

Debido a la implicancia que tuvo con el Perú, la suerte de la brigada Arrate es la que historiamos de manera breve, no sin antes ilustrar sobre los motivos y algunos hechos de aquella guerra civil -en cierta forma corolario de la llamada Guerra del Pacífico cuyo apropiado nombre debe ser Guerra del Salitre- revolución institucional que tanto daño causó a la nación vecina.

Antecedentes premonitorios de la contienda

La calidad de nuevo rico que habría asumido Chile, inmediatamente de la captura del litoral boliviano de Antofagasta y consecuentemente la provincia litoral peruana de Tarapacá; el usufructo del salitre y las pingües ganancias por la venta del mineral, complemento básico para la fabricación de la pólvora y por aquellos tiempos muy demandado como eficaz abono para las empobrecidas tierras europeas, no necesariamente había enriquecido a Chile que empeñoso de poseer la riqueza de sus vecinos gastó en armas, derramó sangre propia y ajena y se apropió de un territorio en el norte con lo que hizo cambiar su propio mapa desde 1879, arrastrando un estado de permanente intranquilidad, pese a los tratados, que le impone la necesidad, hasta la fecha de esta crónica, de preservar aquellos territorios manteniendo tropa y costoso equipo militar.

Por entonces el gobierno del Perú lo ejercía el general Remigio Morales Bermúdez, quien había sucedido en el mando de la república al general Andrés A. Cáceres, el brillante soldado de la resistencia de la sierra. La nueva frontera con Chile, con arreglo a los ajustes, se ubicaba en el valle del río Sama, al norte de Tacna. El Perú se reconstituía paulatinamente, con serena firmeza.

Pero en Chile se confrontaba un estado de tensión política por el usufructo real del rico salitre llamado también oro blanco, pues con la guerra y como consecuencia de ella habían pasado las oficinas salitreras altamente productivas a manos del hábil especulador inglés John North, apodado por ello el Rey del Salitre no así para el novísimo y victorioso poseedor por conquista, mercantilmente hablando, para quien le quedaban únicamente las empobrecidas, caducas o nada importantes usinas dejadas abandonadas por el magnate inglés.

Esta situación sumada a la generada por la gran corruptela que sembró North, dentro de las autoridades y los políticos, llegó al extremo asombroso que en aquellas provincias capturadas, allí donde ejercía poder comercial el intruso inglés como detentador soberano, se había establecido un bien demarcado coto de caza privado. No se objetaba esta anómala situación y el astuto británico sabía recompensar con largueza tamaña tolerancia.

Nada, absolutamente nada, se podía hacer sin su aquiescencia. Las autoridades políticas y administrativas debían contar con la venia del gerente señor Dawnson, y la santificación del imprescindible abogado de North, Julio Zagers, importantísimos apoderados del magnate, por entonces cómodo residente en su mansión de Avery Hill, Eltham, Kent, cerca a Londres.

Para colocar un nuevo jefe de aduana, un supervisor, o simple jefe de ferrocarriles; etc, etc, así lo ha reconocido la propia historiografía chilena, debían ser consultados estos omnímodos mandatarios. Un interesante caso donde se conjugan derechos reales, tenencia privada, soberanía nacional y moral pública.

Refiriéndose a Dawnson, insertamos la cruda expresión de los hechos, de don Mario Barros van Buren, del servicio diplomático de Chile, tomada en glosa de su libro Historia Diplomática de Chile, que nos releva de mayores comentarios:

“Para mover un empleado público, para empedrar una calle, para decir un discurso, para dictar un reglamento de aduanas, había que consultarle. Los grandes magnates chilenos lo elevaron a su nivel sin la menor dificultad. North se siguió encumbrando por encima de esa aristocracia monetizada que tan humillada se le ofrecía. Su abogado en Santiago, don Julio Zagers, se convirtió en el árbitro de la política chilena. De su “carta blanca” salían los fondos para las elecciones, las coimas para los empleados difíciles, los regalos para los incorruptibles, los grandes bailes para la sociedad. Las listas de diputados y senadores solían pasar por sus manos, porque los partidarios requerían el “consejo y la colaboración” del gran hombre de la City. Los documentos han echado luz sobre la enorme corrupción que North sembró sobre una clase social que, cegada por el oro, torció una de las tradiciones más nobles de la historia chilena: Su austeridad. Si bien la profecía de don Manuel Montt de que el salitre pudriría las riquezas morales del pueblo chileno no se cumplió en toda su extensión, podemos decir que engendró a una capa social sobre la que descansaba, precisamente, la estabilidad institucional de un régimen y una tradición de mando.”

Balmaceda

Pero don José Manuel Balmaceda Fernández, miembro de la aristocracia del latifundio agrícola, había accedido al poder con las elecciones de 1886 y tenía muy claro y presente aquel poder que ejercía North en el norte salitrero que se toleraba por acción de la corruptela que había sembrado el inglés que ponía en entredicho las viejas y sobrias virtudes nacionales y enfrentaba la eclosión de una riqueza ganada por la fuerza de las armas, pero de cuyo usufructo resultaba una nula actividad, por decir lo menos, en favor de la arcas fiscales chilenas. Se empeñó entonces con energía en una campaña para revertir de alguna forma esta situación dándole frente al estado anómalo de cosas, sin apartarse de su política liberal, pero teniendo presente el espíritu portaliano que lo embargaba.

La campaña que asumió Balmaceda para restaurar la dignidad nacional con ejecución de importantes obras de elevado gasto público, jamás emprendidas en Chile, su marcada y recíproca oposición con la mayoría parlamentaria, sumada a la fría y cortante entrevista que concedió al magnate North quien había viajado exclusivamente para tal efecto desde Inglaterra, termina enemistándolo con el Congreso Nacional, en cuyo seno el abogado Zagers ejercía importante dominio.

Se produjo entonces el hecho histórico –sospechosamente coincidente por supuesto- que al retiro de North, después de su fracasada entrevista para no regresar jamás, el jefe de la Armada, comandante Jorge Montt Álvarez, embarcara a los miembros del Parlamento, zarpara a Iquique y en ese antiguo puerto peruano formara cabeza del gobierno revolucionario contra el presidente en ejercicio constitucional. El comunicado revolucionario se expresó de esta manera:

Acta suscrita por la mayoría de ambas cámaras del Congreso Nacional

Nosotros, los representantes del pueblo chileno en el Congreso Nacional, teniendo en consideración:

1. Que los numerosos delitos cometidos por las autoridades administrativas contra el poder electoral de la República, para falsear la espresión (sic) de la voluntad soberana del pueblo en las elecciones, han sido amparados y protejidos (sic) por el Presidente de la República y sus ministros, desoyendo las representaciones de la Comisión Conservadora y haciendo por lo tanto suya la responsabilidad de los funcionarios culpables, conforme al precepto contenido en el número 2.° del artículo 49 de la Constitución del Estado;

2. Que las policías de seguridad, confiadas al Presidente de la República para custodiar el orden y resguardar los derechos de los ciudadanos, han sido empleadas en organizar y dirijir (sic) turbas asalariadas del populacho, para promover los más vergonzosos y criminales atentados contra el orden público y para atropellar los más fundamentales derechos de los ciudadanos, llegando á ser dicha fuerza una constante amenaza para ellos y desapareciendo así el fin primordial del establecimiento de la autoridad; que el Presidente de la República y sus ministros se han hechos sordos á los gritos de la indignación pública y á las constantes reclamaciones del Congreso y la Comisión Conservadora por aquellos actos, que las autoridades han dejado impunes, asumiendo así su responsabilidad;

3. Que la única reparación de los últimos y dolorosos atentados contra la libertad de reunión ha sido la promulgación de la ordenanza de 20 de Diciembre último, que es una nueva y audaz violación de los derechos de reunión y petición, garantidos por el inciso 6.° del artículo 10.° y por el inciso 6.° del artículo 27 de la Constitución, incurriendo al mismo tiempo con ella el Presidente de la República y sus cómplices en una usurpación flagrante de una atribución esclusiva (sic) del Congreso, consignada en dicho inciso 6.° de artículo 27, y que es el único que puede dictar estas leyes escepcionales (sic) pero de duración transitoria, que no puede exceder de un año;

4. ° Que el Presidente de la República ha violado constantemente la fe pública, oficial y solemnemente empeñada varias veces ante el Congreso, por medio de sus ministros;

5.° Que el mismo funcionario ha dilapidado los caudales públicos, disponiendo de ellos fuera de presupuestos, creando empleos y comisiones remuneradas, con fondos nacionales, sin intervención del Congreso, y usurpando así una atribución esclusiva (sic) del Poder Lijislativo (sic), consignada en el inciso 10.° de artículo 28 de la Constitución; 6.° Que el mismo funcionario ha desconocido y violado las atribuciones fiscalizadoras del Congreso y de la Comisión Conservadora, haciendo caso omiso de ellas y burlándolas en lo absoluto con abierta infracción del inciso 1.° del Art. 49 y demás artículos de la Constitución que constituyen al Congreso fiscal y juez de los altos funcionarios administrativos;

7. ° Que por causa del desconocimiento de estas atribuciones, el Presidente de la República intentó, no mucho, cambiar la forma consagrada de nuestro Gobierno, manteniendo un gabinete censurado por las dos ramas del Congreso y á quien éste había negado las contribuciones y llegó hasta gobernar sin ellas, causando al fisco pérdidas injentes (sic) y á la Nación las perturbaciones más graves;

8. ° Que clausurando el Congreso, porque se oponía con varonil firmeza á la invasión de los derechos más preciados del pueblo, faltaban á su palabra empeñada para sancionar leyes pendientes y necesarias para garantir aquellos derechos;

9.° Que sin hacer mención de muchas otras violaciones de las leyes y garantía individuales, el Presidente de la República ha llevado últimamente este sistema de desgobierno y de ruina legal y social hasta el punto de disponer de los caudales públicos y mantener la fuerza de mar y tierra, sin autorización alguna del Congreso, usurpando abierta y escandalosamente las atribuciones esclusivas (sic) del Poder Lejislativo (sic) de la Nación, único á quien confieren estas facultades los inciso 2.° y 3.° del art. 28 de la Constitución, los cuales establecen “que solo en virtud de una ley se puede: fijar anualmente los gastos de la administración pública y fijar igualmente en cada año las fuerzas de mar y tierra que han de mantenerse en tiempo de paz y de guerra”;

10. Que todos estos actos han venido produciendo una alarma profunda en la sociedad, una completa desmoralización administrativa y una perturbación desastrosa en los negocios económicos, comprometiendo gravemente el honor de la Nación;

11.° Que todos estos actos y las declaraciones del Diario Oficial vienen comprobando de una manera evidente la maquinación fraguada y consumada por el Presidente de la República, contra las instituciones fundamentales del Estado; que estos actos revelan el plan proditorio (sic) de minar el edificio político levantado por los esfuerzos y sacrificios de varias jeneraciones (sic), para alzar sobre las ruinas de la soberanía del pueblo los caprichos de un señor absoluto; para desquiciar y anarquizar así una sociedad constituida, un pueblo sumiso y tranquilo, que solo reclama la paz y el orden legal, constituyen no un crimen cualquiera, sino el mayor de todos los crímenes que puede cometer un mandatario;

12. ° Que poniéndose con estos atentados en abierta rebelión con el orden constitucional, el Presidente de la República ha incurrido en el crimen de alta traición contra el Estado, y queda fuera de la ley, que ha jurado solemnemente guardar y hacer guardar;

13. ° Que si los majistrados (sic) violan abiertamente la majestad de las leyes, que constituyen la base necesaria del orden social, sus mandatos son nulos y de ningún valor, como espresamente (sic) lo establece el articulo 151 de la Constitución, y en tal caso no solamente existe el derecho, sino el deber de resistir, en defensa del orden público, deber que incumbe á todos los ciudadanos, y muy especialmente á los poderes constituidos;

14. ° Que es atribución esclusiva del Congreso establecido en el inciso 4. ° Del artículo 27 y en el artículo 65 de la Constitución, declarar cuándo por enfermedad, ausencia ú otro motivo grave, y cuándo por muerte renuncia ú otro clase de imposibilidad absoluta el Presidente de la República no pudiese ejercer su cargo;

15. ° Que los crímenes mencionados y de que se ha hecho reo el actual Presidente de la República no pueden constituir un motivo más grave, ni una imposibilidad más indigna é incapaz de continuar en el ejercicio de su cargo.

En mérito de las consideraciones precedentes, nosotros, miembros del Senado y de la Cámara de Diputados de Chile, invocando al Supremo Juez del Universo en testimonio de la rectitud de nuestras intenciones con el objeto de restablecer el régimen constitucional, asegurar la tranquilidad interior, atender á la común defensa y afirmar los beneficios de libertad y las leyes en nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, solemnemente declaramos:

1. Que el Presidente de la República, don José Manuel Balmaceda, está absolutamente imposibilitado para continuar en el ejercicio de su cargo, y en consecuencia que cesa en él desde este día.

2. Que están igualmente imposibilitados para reemplazarlo en su cargo sus Ministros del despacho y los Consejeros de Estado que han sido sus cómplices en los atentados contra orden constitucional.

Y en consecuencia designamos á don Jorge Montt para que coadyuve á la acción del Congreso, á fin de restablecer el imperio de la Constitución.

Santiago, Enero 1. ° De 1891.

(Siguen las firmas de la mayoría del Congreso)

Se desata la contienda civil

Veteranos de la guerra contra el Perú, los mismos que llegaron a Lima y quienes por entonces ocupaban Tacna en la integridad de esa provincia, divididos en dos bandos irreconciliables: el uno del lado de los intereses del Congreso, el otro del lado de la Constitución defendiendo al presidente, se habían de enfrentar con notable encono y destrucción. Para los primeros el comando estaba centrado en Iquique y para los rivales lo era Santiago. Cabe anotar que el ejército, en su gran mayoría estuvo del lado del presidente y que menudearon traiciones y aquellas otras desgracias propias de las guerras intestinas apremiadas de rencor, ambición material y política de momento, conforme la coyuntura.

Por ambas partes se movieron recursos considerables y con ello se produjeron algunos incidentes internacionales con relación a la adquisición de material de guerra. Tal el caso de la compra subrepticia de armas en California, hecha con dinero revolucionario, sobre el cual el gobierno de Balmaceda dio aviso y como consecuencia del cual dos naves de guerra estadounidenses persiguieron al fugado vapor Itata que las portaba y que fue dramáticamente hecho presa cuando ingresaba a la bahía de Iquique donde se le abordó por marinería estadounidense, violentando también de esta forma regulaciones internacionales. O los tres mil fusiles, transportados a bordo del buque chileno Maipo, denunciados por EEUU y que fueron decomisados por la aduana peruana, bajo cargo de contrabando de guerra, cuando llegaron de arribada al Callao.

 Vapor Itata

Vapor Itata

El gobierno de Iquique en poder como estaba del primer puerto salitrero y las fuentes inagotables por la saca y venta del salitre, dispuso la recluta de gente de la pampa para reforzar o formar nuevos contingentes militares, adquirir armas, equipos y naves. Contaba con el grueso de la Armada y el glorioso monitor Huáscar estaba entre las naves amotinadas.

De otro lado, el gobierno legítimo, carente de flota dada las circunstancias, adquiere el mercante Imperial y lo improvisa como buque de guerra dotándole de cañones y demás equipo a la par que ordena la construcción en Europa de blindados y rápidas torpederas, además del material de guerra necesario.

Vienen luego las batallas de Iquique, Pisagua, Zapiga, Dolores (en esta última había tenido lugar doce años atrás el inesperado desastre aliado de San Francisco) entonces, Arrate y sus tropas constitucionalistas quedan arrinconados en Tacna y en situación harto socorrida. No se sienten capaces de afrontar la pelea. Han quedado solos y aislados. La innecesaria matanza y los actos de repase y toda suerte de exceso experimentados en la reciente guerra con el Perú se repiten multiplicados, pero la pérdida de vidas en esta ocasión es cuantiosa.

Cruce de la frontera peruana

Es así, como decíamos, que aquel coronel chileno al mando de un efectivo de algo más de quinientos hombres hace su aparición por Sama, consigue luego de un precario descanso enrumbar a Mollendo, es decir dentro de territorio extranjero naturalmente hostil y se entrega a la autoridad militar peruana que desarma a la brigada.

Obtenido el internamiento oficial, el efectivo chileno fue conducido a la ciudad de Arequipa donde en la rica vega  se improvisó un campo de concentración en las inmediaciones al cuartel de Tingo, el bello y apacible distrito a las márgenes del Chili, y quedó internado en atención a su especial condición, bajo custodia y protección peruana.

El pueblo arequipeño, resentido y claramente molesto por la presencia en sus tierras de aquellos enemigos de la reciente pasada guerra, mostró de alguna forma su indignación pero sin llegar a mayor hostilidad.

Conviene recordar que en 1883, esto es ocho años antes, Arequipa había mantenido un fuerte contingente militar al mando del contralmirante Montero que esperaba ser movido contra el invasor que acababa de conseguir una apretada victoria contra las tropas de resistencia de Cáceres en Huamachuco; pero al revés de lo que ordena la razón y dispone la dignidad, con alegaciones y razones que la historia jamás aprobará Lizardo Montero las licenció quedando la orgullosa ciudad a merced del ejército chileno que entró, al mando del coronel José Velásquez [1], no sin sufrir algunos ataques aislados del pueblo arequipeño que de alguna forma se hizo fuerte, con la consecuente y  conocida represión del fusilamiento por quinteo [2].

El gobierno revolucionario exigió diplomáticamente la entrega de Arrate, equipo y hombres, pero el Perú se negó.

La suerte de este destacamento en tierras arequipeñas no habría de serle del todo mala, pues el insuperable clima y la abundancia del hermoso y fértil valle no le fueron ajenos ni negados.

Con los acontecimientos revolucionarios cada vez triunfantes, era claro que se avecinaba la victoria y con ello el fin de la guerra civil y sus cuantiosos daños. El coronel Arrate, envió una nota con fecha 16 de septiembre al representante de Chile, explicando su angustiosa situación y solicitando pasajes para regresar con la división. El 22 le fue notificado por el prefecto Salvador Cavero, que el gobierno peruano había dispuesto el traslado de las tropas chilenas a Mollendo para repatriarlas.

En las primeras horas del 24 llegaron al puerto, entre oficiales, clases y soldados 522 hombres, además de 23 mujeres (cantineras) que acompañaban a la pequeña fuerza divisionaria, para embarcar en el vapor Limarí, rumbo a Valparaíso. Estas tropas que habían sido fieles a Balmaceda, a su arribo hubieron de  sufrir los duros e inapelables dictados del vencedor.

 Batalla de Concón

Batalla de Concón

Fin de la guerra civil y la suerte de las tropas, buques y equipos chilenos en el exterior

Para fines de 1891, los restos de la fuerza armada balmacedista estaban en territorio peruano. El 2 de septiembre anclaron en el Callao, el transporte Imperial y la torpedera Condell, nave que en compañía de su gemela Lynch había consiguió hundir con un torpedo y  considerable pérdida material y humana, en el puerto de Calera, al blindado Blanco, una de las naves de la flota que libró combate con el solitario Huáscar en aguas de Angamos, el 8 de octubre de 1879.

Ambas naves quedaron a disposición del agente que debía nombrar el nuevo gobierno, Ángel Custodio Vicuña, ministro plenipotenciario en Lima, antes de dar por finalizada su misión, con el triunfo del movimiento revolucionario del Congreso.

En cuanto a las adquisiciones de naves de guerra por parte de Balmaceda se consiguieron algunos blindados que fueron ansiosamente esperados por el gobierno durante ocho meses pero, dada la victoria revolucionaria, continuaron éstos su navegación en aguas europeas.

El Presidente Pinto entró al puerto alemán de Kiel el 25 de agosto para embarcar el material de artillería que debía enviar la empresa Armstrong. El capitán Recaredo Amengual solicitó permiso para contratar operarios y embarcar provisiones, agua y carbón. La hostilidad del gobierno imperial fue manifiesta y las autoridades portuarias alemanas limitaron al mínimo la entrega de combustible y vituallas. El 17 de septiembre el crucero zarpó con destino al puerto francés de El Havre.

Por las circunstancias y los hechos analizados parecería que, históricamente, las potencias europeas estuvieron en favor de los revolucionarios, y los EEUU de Norteamérica, de lado del malogrado Balmaceda; esto último es una apreciación personal.

Batalla de Placilla, 1891

La Placilla

Notas

[1] Coronel José Velásquez Bórquez. Culminada la guerra civil, dentro de la dura e implacable represalia dirigida contra los balmacedistas, de todo orden y género, se registra, entre muchos otros, el de su ajusticiamiento por sentencia del tribunal que se hizo con este veterano en su grado de general, sin ser oído ni representado, a quien se le recordaba por su desempeño en la campaña y toma de Arequipa, en octubre de 1883.

Aquí la suerte de algunos otros  importantes protagonistas de la pasada guerra contra el Perú:

General Orozimbo Barbosa Puga, veterano de las jornadas de Tacna, Arica, Chorrillos y Miraflores; posteriormente general balmacedista, quien ordenó la matanza de 84 jóvenes rebeldes, hijos y familiares de la mayoría de miembros reaccionarios de la clase conservadora o pelucona, acto  que produjo indignación tanto en revolucionarios como en partidarios del gobierno; esa criminal acción se produjo en el fundo Lo Cañas, de propiedad de Carlos Walker Martínez. El citado general dirigió al ejército en la batalla de Concón el 21 de agosto de 1891, y el 28 de agosto de 1891 en la de Placilla. En esta última fue herido y viéndolo todo perdido trató de escapar, pero acorralado por un grupo de caballería en el camino a Valparaíso fue bárbaramente asesinado. Su cadáver atado por un lazo a los aperos de un caballo fue arrastrado por las calles de Santiago.

Personajes como el almirante Juan Williams Rebolledo, quien pese a su larga y experimentada carrera naval no pudo poner fin a la campaña del Huáscar por lo que tuvo que renunciar al mando de la escuadra; o la del contralmirante Juan José de la Torre, comandante de la flota que capturó al célebre monitor peruano en Angamos, por entonces ambos en misiones oficiales en el exterior al momento del zarpe de la escuadra revolucionaria rumbo a Iquique, no fueron llamados al servicio.

El general Manuel Baquedano González, presente desde Tacna hasta la batalla por Lima en calidad de general en jefe admirado y respetado,  convocado por Balmaceda, en hora fatal, para dimitir y hacerle entrega del gobierno ya  en franca derrota y con los revolucionarios a la puerta, nada pudo hacer: el vencedor de Chorrillos y Miraflores, indeciso y tibio, frente a una dura realidad  se vio compelido a entregar el gobierno a los triunfantes miembros  de la revolución, para luego retirarse rumbo al olvido y la maledicencia de sus enemigos políticos.

En el lado vencedor, la Junta de Gobierno tenía como  sus principales jefes al general Estanislao del Canto y al coronel Adolfo Holley, veteranos de la guerra contra el Perú.

El general prusiano Emil Körner, contratado por Balmaceda para reformar el ejército de Chile, le dio la espalda, se puso del lado de la revolución y participó en los grandes planes tácticos. Por sus servicios distinguidos sería condecorado por el Káiser.

En la revolución de 1891, Inglaterra, la Rubia Albión, la misma que armó a quienes asaltaron Bolivia y Perú, habría jugado un pérfido doble papel, uno de ellos dicotómico, el de Némesis, la diosa griega de la venganza, al participar con su espíritu mercantil y decidida influencia en una guerra internacional y alentar luego una revolución intestina que causó  severos daños a sus protagonistas.

300px-Soldados_chile_1891

 Tropa revolucionaria

 [2] Cada quinto hombre de una columna es pasado por las armas.

Concón

Masacre de La Placilla

 Balmaceda Película de educarchile que describe los dramáticos momentos del malogrado presidente

Fuentes

Historia Diplomática de Chile, 1541-1938, Mario Barros van Buren. Ediciones Ariel. Espulgues de Llobregat. Barcelona, España, 1970

Fotos diversas de Internet

Publicadas por Luis Siabala Valer originalmente en Blogger el viernes, 2 de octubre de 2009, Hora 17:07:00 

3 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

HERMANO LUCHO

NUEVAMENTE NOS INFORMAS SOBRE ALGO NUEVO PARA LOS PERUANOS, QUIENES ESTUVIMOS DE NUEVO COMPLICADOS HISTORICAMENTE CON NUESTROS INVASORES Y SAQUEADORES

3 de octubre de 2009 12:57

Alberto Alcalá Prada dijo…

Estimado amigo:

Muy interesantes los episodios de la guerra civil ocurrida en Chile en el año 1891. Seguiré leyendo con mucha atención el material que me envías.

Con un fuerte abrazo.

Alberto.

4 de octubre de 2009 12:25

 Luis Adolfo Siabala dijo…

Estoy admirado por este estudio minucioso sobre un hecho poco divulgado en nuestro medio. Asistimos a un acontecimiento ocultado en el tiempo, cuyo origen fue el vergonzoso caso North y todas esas ambiciones británicas sobre el recurso preciado durante la llamada Guerra del Salitre: los detonantes para esta tragedia chilena que decantó en guerra civil. La presencia en territorio peruano del coronel Miguel Arrate y sus hombres ha pasado desapercibida por nosotros hasta la fecha, salvo por historiadores como el autor de este artículo y por algunos ilustres ciudadanos tacneños y chilenos que conservan quizás, en la memoria colectiva, los recuerdos de este episodio.

Felicito la agudeza de datos y análisis aquí presentados. La conclusión me parece acertada y la comparto: por aquellos años América del Sur estaba en la palestra de los intereses imperiales británicos en oposición a un sistema de economía política iniciado por Franklin, H. Carey y Hamilton en los Estados Unidos, que ya influían en un proyecto de desarrollo a partir de una red ferrocarrilera sudamericana: un sistema mercantilista enfrentado a otro de Economía Física pro – tecnología.

Para los iberoamericanos, estas lecciones de historia explican en muchos casos la razón de ser de ciertas políticas de Estado y múltiples tendencias que están a favor de la perpetua guerra, del terror, del caos, alejando del interés social el criterio constructivo del desarrollo y bienestar colectivo. ¡Felicitaciones por el estupendo artículo!

8 de octubre de 2009 23:50

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