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La Biblioteca Nacional del Perú y la tesis del botín justificado

Lunes 9 de abril de 2007

José Toribio Medina, Chile

Don José Toribio Medina Zavala, bibliotecario chileno
Este artículo, otro, La protesta de un bibliotecario y uno más se vinculan con la política devolutiva de libros de Chile al Perú que se promovió al comenzar está primera década, tarea que se cumplió posteriormente y que los ajustes por saldos pendientes, sean por búsqueda en ejecución o por no haberlos habido, dado el considerable tiempo, son asuntos de reparación que dice bastante del nivel con que trataron el asunto las partes que atendieron este laudable propósito.

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En octubre de 1996, visité el local la Biblioteca Nacional en Santiago de Chile; me proponía leer determinado manuscrito virreinal en los altos del espacioso edificio de la Alameda O’Higgins, allí se ubica la Biblioteca Americana José Toribio Medina, y en él se guardaba aquel documento perteneciente a la Biblioteca Pública  de Lima, como se llamó en un tiempo la Biblioteca Nacional del Perú.

Mi llamada a la puerta de cristales con visillos de esta estupenda edificación, antigua pero muy bien conservada, fue atendida por el bibliotecario de turno, vestido con un sencillo guardapolvo color celeste. Era un empleado ya mayor que peinaba canas.

Al conocer mis señas y que era peruano me franqueó la entrada y me condujo por el largo pasillo de la sala Medina, hasta la oficina principal donde destacaba un escritorio con una carpeta y útiles que acusaban profuso y constante uso. Los libros se mostraban de los costados de las altas paredes en una sala con techo iluminado y pinturas al fresco; amplio ambiente con predominio de la madera, en estantes, paredes y techo. Un precioso ambiente de estudio.

Me invitó a tomar asiento y expresó con amabilidad que lo hiciera en el sillón y al mismo escritorio del señor Toribio Medina, acto simbólico de especial significación. Al inquirir mi deseo de lectura expliqué que me proponía leer las memorias del Virrey Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672), para conocer de su propia pluma el informe que elevó al Rey con los resultados de su incursión en Laycacota para develar el movimiento de José Salcedo levantado contra la persona del virrey del Perú, hecho que el señor de Lemos logró con gran suceso y cuyos detalles me encontraba investigando en la Biblioteca Nacional en Lima, pero que siguiendo la suerte de las fuentes estas me habían traído a Santiago de Chile.

Me alcanzó diligente el Gran Índice, bastante deteriorado y pronto dimos con el documento buscado. Me facilitó de inmediato una copia en microfilm. Poco después obtuve también las ampliaciones en papel del buscado informe que ahora conservo en mi poder. Las memorias constituían uno de los volúmenes de la cuantiosa biblioteca trasladada a Chile consecuencia de la ocupación de Lima, interregno del 17 de enero de 1881 hasta el 20 de octubre de 1883. El libro muestra el sello de la Biblioteca Pública de Lima y el sobresello de la Biblioteca de Chile. (Ver fotocopia la final del artículo)

Respecto a los anuncios tan voceados que se están haciendo en estos días (abril 2005) de la inminente devolución de libros llevados a Chile por acción de aquella ocupación de Lima, es necesario dar a conocer algunos detalles que llenen los vacíos que no se han dicho sobre algunos asuntos.

Antecedentes

En diciembre de 1880, fue editada en París la Historia de la Guerra del Pacífico – 1881, escrita por el historiador chileno Diego Barros Arana, con el propósito de formar la conciencia del lector extranjero distorsionada por la propaganda peruana, según lo expresa el editor, respecto de los abusos y exacciones de las tropas invasoras, amén de aclarar lo concerniente a la verdad de las operaciones militares y desvirtuar o justificar las presas y botín capturados.

En efecto, el señor Barros, en uso de una fácil y clara prosa exhibe toda suerte de pruebas, y para cumplir su cometido, expresa:

Cuando el gobierno de Chile adelantaba los aprestos de que hemos hablado en el Capítulo anterior, no había perdido la esperanza de hacer entender al enemigo que era llegado el caso de poner término a una guerra tan funesta ya para la alianza Perú – boliviana. Creía entonces que todavía era posible demostrar prácticamente al enemigo la imposibilidad en que se hallaba para defender el territorio peruano no ya contra un ejército numeroso sino contra pequeñas divisiones. Este fue el objeto de una expedición que las quejas, los insultos y las lamentaciones de los documentos oficiales del Perú, y los escritos de su prensa, han hecho famosa. Esta misma circunstancia nos obliga a dar algunos pormenores.

A fines de agosto de 1880 estaban listas en los puertos de Iquique y Arica las fuerzas que debían formar esta división (se refiere a la expedición de Lynch al norte del Perú). Componíanlas 1,900 hombres de infantería, 400 jinetes, 3 cañones Krupp de montaña con su respectiva dotación de soldados y oficiales, una sección del cuerpo de ingenieros militares y una ambulancia completa con sus médicos, cirujanos y sirvientes. Formaba toda la división un total de 2,600 hombres. Dos grandes transportes convoyados por las corbetas de guerra Chacabuco y O´Higgins, debían conducir estas tropas. El mando de ellas fue confiado al capitán de navío Patricio Lynch. Aparte de las indicaciones que se le hicieron sobre los puntos en que convenía operar, el capitán Lynch debía reglar su conducta a las instrucciones generales que constituían el código de guerra del ejército de Chile.

El gobierno de Chile había distribuido desde el principio de la guerra a todos sus oficiales, como dijimos en otra parte, las Instrucciones para ejércitos de Estados Unidos en campaña, a fin de que ajustaran a ella su conducta. Para que se conozca el carácter de estas reglas, nos parece conveniente reproducir aquí el juicio acerca de ellas de Bluntschli en la Introducción de su Derecho internacional codificado. Dice así:

“Aparecieron durante la guerra civil que desoló a Estados Unidos estas instrucciones que se pueden considerar la primera codificación de las leyes de la guerra continental. El proyecto de estas instrucciones fue preparado por el profesor Lieber, uno de los jurisconsultos y filósofos mas respetados de América. Este proyecto fue revisado por una comisión de oficiales y ratificado por el presidente Lincoln. Contiene prescripciones detalladas sobre los derechos del vencedor sobre el país enemigo, sobre los límites de estos derechos, etc., etc., (en una palabra, sobre todo lo concerniente a la guerra…)

Son mucho más completas y desarrolladas que los reglamentos en uso en los ejércitos europeos… (Cita los más importantes artículos):

Art. 1. Una ciudad, un distrito, un país, ocupados por el enemigo, quedan sujetos, por el solo hecho de la ocupación, a la leí (sic) marcial del ejército invasor su ocupante; no es necesario que se le expida proclama o prevención alguna que haga saber a los habitantes que quedan sujetos a la dicha leí

Art. 7. La leí marcial se extiende a las propiedades y a las personas, sin distinción de nacionalidad.

Art. 8. Los cónsules de las naciones americanas y europeas no se consideran como ajentes (sic) diplomáticos; sin embargo, sus personas y cancillerías sólo estarán sujetas a la leí marcial, si la necesidad lo exige; sus propiedades y funciones no quedan exentas de ella. Toda infracción que cometan contra el gobierno militar establecido, puede castigarse como si su autor fuese un simple ciudadano, y tal infracción no puede servir de base a reclamación internacional alguna.

Art.10. La leí marcial da al ocupante el derecho de percibir las rentas públicas y los impuestos, ya sea que éstos hayan sido decretados por el gobierno espulsado (sic) o por el invasor.

Art.13. La guerra autoriza para destruir toda especie de propiedades; para cortar los caminos, canales u otras vías de comunicación; para interceptar los víveres y municiones del enemigo; para apoderarse de todo lo que pueda suministrar el país enemigo para la subsistencia y seguridad del ejército.

Art.21. Todo ciudadano o nativo de un pais (sic) enemigo es, él mismo, un enemigo, por el solo hecho de que es miembro del Estado enemigo; y como tal está sujeto a todas las calamidades de la guerra.

Art.37. El invasor victorioso tiene derecho para imponer contribuciones a los habitantes del territorio invadido o a sus propiedades, para decretar préstamos forzosos, para exijir (sic) alojamientos, para usar temporalmente en el servicio militar las propiedades.

Art. 45. Toda presa o botín pertenecen, según las leyes modernas de la guerra, al gobierno del que ha hecho dicha presa o botín.

Esta notable tesis fue tomada al pie de la letra por la oficialidad del ejercito chileno, de ella los más conspicuos jefes, el comandante Patricio Lynch y el coronel Ambrosio Letelier. Este último, oficial de caballería, formó parte de una de las expediciones a los pueblos del centro, específicamente el valle del Mantaro y también el de Canta.

Su suerte de encontrar únicamente ancianos, mujeres y niños, por haber sido reclutados los varones en los cuerpos de resistencia de Cáceres hizo fácil su presencia de rapiña y muerte. Pero los vengativos guerrilleros, impuestos de estos excesos, fueron a su encuentro y le dieron batalla en Sangrar, jurisdicción de la provincia de Canta (que por error los historiadores chilenos llaman Sangra), dejando a las tropas chilenas en situación bastante socorrida, por lo que Letelier y los que escaparon emprendieron la fuga hacia Lima.

No descuidó llevar consigo el cuantioso botín fruto de latrocinio en personas y propiedades de la Iglesia. Es decir, el oro y plata en especie y dinero colectado fueron motivo de manifiesta codicia y dio lugar para que, llegado a Lima, y al saberse que la caja militar también había sido materia de hurto se le abriera un consejo de guerra, por disposición del propio Patricio Lynch. El consejo falló su culpabilidad y la correspondiente pena. Más tarde el gobierno de su país le exculparía, por consideraciones a sus distinguidos servicios durante la guerra.

Este oficial no hizo honor a su patria, pero como hemos visto de la tesis del profesor Lieber, recogida por Bluntschli en la Introducción de su Derecho Internacional codificado, sus actos estarían revestidos de alguna aunque discutida legalidad que la justificaría a mérito de esta disposición.

Pero corresponde a don José Toribio Medina Zavala (1852-1930) bibliófilo, investigador, coleccionista e impresor y por qué no decirlo notable polígrafo, la suerte de una figuración más importante que las citadas con anterioridad.

Su nombre se encuentra estrechamente vinculado al patrimonio cultural de Chile. No es poco el aporte a la cultura documentaria que hizo a lo largo de su valiosa vida; pues se tradujo en una abundante recopilación de obras, fuentes y documentos para la historia y la literatura colonial hispanoamericana y chilena, y en la publicación de numerosos estudios monográficos donde dio a conocer sus hallazgos. Esta significativa contribución le valió el merecido reconocimiento de sus compatriotas, pero también de todo investigador latinoamericano.

Nota bibliográfica

Don José Toribio Medina Zavala nació en Santiago el 21 de octubre de 1852, y debido a las características del empleo de su padre, durante su infancia vivió en varias ciudades del país. A los trece años se radicó definitivamente en la capital a orillas del Mapocho e ingresó al curso de Humanidades del Instituto Nacional, de donde egresó en 1869 con distinciones en latín y literatura. Luego siguió la carrera de derecho en la Universidad de Chile, se tituló en 1873 y al año siguiente fue nombrado Secretario de la Legación Chilena en Lima.

Durante la ocupación de Lima (Enero de 1881-Octubre 1883) asimilado entonces como oficial al Estado Mayor del Ejército de Ocupación actuó como Auditor de Guerra en su calidad de abogado; pero también tuvo a su cargo, o se dio el tiempo necesario para disponer el destino de la Biblioteca de Lima, que conocía muy bien de sus años de investigador y por ello sabía de las bondades del primer repositorio peruano. Nadie podría haberlo hecho mejor.

A él se debe la cuidadosa escogencia y posterior embalaje de los libros, infolios y toda suerte de documentos de vieja data, muchos de ellos únicos en su género en esta parte del mundo. Formaron, valga la verdad, parte del botín de guerra sobre cuyo derecho hace mención el teórico alemán Bluntschli que cita don Diego Barros Arana, según tenemos informado.

Dice una somera biografía chilena respecto del bibliotecario, durante los seis viajes al Perú, realizados por el erudito, el contacto con el inmenso caudal de archivos coloniales acumulados en la antigua capital del virreinato, habíale despertado la pasión por los impresos antiguos que marcaría la vocación de su vida. Más tarde, los resultados de su infatigable labor de recopilación fueron reunidos en la Biblioteca Americana y son ahora material de consulta indispensable para los estudiosos del pasado colonial hispanoamericano.

Pude leer con vivo interés, en una pequeña vitrina de la oficina de aquella Biblioteca de Santiago de Chile, la carta de ofrecimiento de venta de su colección particular de libros al gobierno chileno; hace presente don José Toribio que aquél es el único patrimonio que dejará a su familia y de no ser aceptada esta oferta se vería en la necesidad de atender la que le había hecho una de las universidades de los Estados Unidos de Norteamérica, para adquirirla. Sobre la misma carta se puede leer el decreto y la autógrafa del presidente de Chile disponiendo su compra.

Es menester expresar que la obra de José Toribio Medina, como compilador, hizo posible los significativos avances registrados por la historiografía chilena a fines del siglo XIX y comienzos del XX, puesto que la publicación, en su propia imprenta, de la Colección de Historiadores de Chile y la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, sirvió de base documental para la obra de destacados historiadores como Diego Barros Arana y Miguel Luis Amunátegui.

La sala Medina, de la Biblioteca Americana que lleva su nombre, siempre ha estado disponible para cualquier investigador, especialmente peruano y no es del todo cierto que los libros hubieran permanecido ocultos a los ojos del lector. Yo he sido testigo de esta realidad.

Bienvenidas sean de vuelta a casa las colecciones que formaron parte de un botín de guerra, las curiosidades bibliográficas, y con ellas las Memorias de los Virreyes del Perú, además de la primera Historia del Perú de que se tiene noticia, sistematizada como tal, escrita por el español don Sebastián Lorente, que migró a nuestra tierra y se confundió con su pueblo, la cultura y su destino.

Archivo Toribio Medina. Sgo. Chile

Archivo Nacional. Biblioteca Americana José Toribio Medina. Sala Medina. Santiago de Chile. Chile

 

 Lemos y Toribio Medina

 Primera página del informe que hace el, Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672) 19. Virrey del Perú, al Rey Don Carlos II

 Créditos

Gráficos:

José Toribio Medina, en uniforme de diplomático. INTERNET

Sala Medina, Biblioteca Americana José Toribio Medina, Biblioteca Nacional. Alameda, Santiago de Chile, Chile. INTERNET

Primera página del informe que hace el, Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672) 19. Virrey del Perú, al Rey Don Carlos II [el Hechizado] sobre los sucesos de Laycacota y la sumaria ejecución de penas a los sublevados encabezados por Joseph de Salcedo. Copia de mi propiedad adquirida en el Archivo Medina.

Bibliografía:

Diego Barros Arana, Historia de la Guerra del Pacífico 1879-1881.- Editorial Andrés Bello; mayo de 1979. Santiago de Chile, Chile.

Don José Toribio Medina Zavala y su presencia en Lima

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Toribio_Medina

Notas biográficas del famoso bibliotecario

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-663.html

Hora 06:48:00 AM Publicado por Luis Siabala Valer

2 Comentarios:

Luis Adolfo Siabala dijo…

Buen aporte acerca de la propiedad peruana en la Biblioteca de santiago de Chile. Es necesario desmitificar a los patrioteros que lanzan infundios sin haber comprobado la realidad de un hecho. Felicito el retorno del patrimonio cultural a la Biblioteca Nacional del Perú. No solo es cívica la acción. La considero propia de una nación madura y civilizada.

9 de abril de 2007 02:20 PM

Carlos Urquizo dijo…

Gracias Dr. L. Siabala por sacar a la luz inconsistencias, tales como: “Art. 45. Toda presa o botín pertenecen, según las leyes modernas de la guerra, al gobierno del que ha hecho dicha presa o botín”.

El Art. 45 permite argumentar lo siguiente: Por codicia económica y/o por razones políticas perversas, un país puede invadir a otro con menor poder bélico; cuando el agresor logre asentar su victoria, “las leyes modernas de la guerra” le otorgan el “derecho legal” de arrebatar parte del territorio invadido, de ultrajar a mujeres, niños y ancianos, de robar reliquias históricas y riquezas materiales, etc.

El argumento anterior resalta una gran inconsistencia, por que el diccionario define a la “Ley” como “Un mandato o prohibición de algo, para establecer justicia”. Por lo tanto el Art. 45 yerra al llamar “Leyes” a unas reglas injustas elaboradas por los victoriosos para justificar sus fechorías. Una Ley debería decir que todo lo ejecutado por el agresor es ilegal.

En conclusión la agresión de Chile al Perú fue injusta, por lo tanto todo lo ejecutado por el agresor es ilegal.

Carlos Urquizo

11 de abril de 2007 01:23 AM

Luis Montero y los Funerales de Atahualpa

DOMINGO, 21 DE NOVIEMBRE DE 2010

Para don Pedro José Abad

 

Los Funerales de Atahualpa. Luis Montero

 Interesante trayectoria de un cuadro itinerante

El paso fugaz por la vida y la construcción de una celebridad, son las dos características de don Luis Montero Cáceres, pintor piurano, hijo de un comerciante de San Miguel de Piura, quien solicitó al quiteño José Anselmo Yáñez impartirle sus primeras lecciones de pintura. A los once años, en 1837, las recibe también del dibujante Robert Tiller, francés que purgaba delito por falsificación de moneda en la cárcel local.

Nuestro biografiado, aficionado temprano a las bellas artes, llegó al mundo en 1826 y lo dejaría 43 años después, una temprana partida en 1869 que si bien truncó para las artes nacionales la tarea de un productor excelso, no fue óbice para que legara aquella importante obra que ahora nos ocupa.

Es para 1843 cuando ingresa en la Academia de Dibujo y Pintura que regentaba en Lima desde fines de 1840 su paisano y notable maestro, don Ignacio Merino tan solo durante un semestre; Merino fue su primer maestro de pintura, lo fue también de Ipinza, Laso, Masías y Torrico. Pero la necesidad de recursos hace que Montero se dedique al comercio; es así que torna dependiente de una tienda de Lima y para 1847 dirigía un negocio en Ica.

Resulta anecdótico, cuando no verosímil, que aquel retrato que hizo en miniatura del general Ramón Castilla Marquesado, en 1848, entonces elevado como jefe de la junta de gobierno en 1844, fuera el origen de una beca para Montero. Mostrada, la diminuta pieza causó sensación por la precocidad artística de su autor y la fidelidad.

Se dispuso el monto de cuatrocientos soles mensuales y su partida a Italia para estudiar en firme las bellas artes. En Florencia, la medieval y legendaria ciudad toscana, ingresó en la academia de los maestros Guiseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini.

En 1852, el Presidente José Rufino Echenique, sucesor de Castilla, posó para sus bastidores, esto es durante el gobierno que inició en 1851 y entonces renovó la pensión del artista. De esta forma Montero regresa por segunda vez a Europa, nuevamente a Florencia y pasa después a Francia; pero aquel beneficio culminó abruptamente con la batalla de La Palma (5 enero, 1855) la derrota de Echenique y su inmediata deposición por el victorioso jefe de la Restauración, el mismo general Castilla. Montero queda entonces sin recursos y retorna a Lima en 1856.

Su fama acreció en la capital peruana con la factura de retratos de personajes de la sociedad y temas de extracción clásica. No fue vasta la producción de Montero, por el contrario resultó escasa. En 1860 se realizó en Lima la primera exposición de pintura, y el artista participó presentando 19 cuadros que le valió una nueva beca del gobierno para que continuara sus estudios en Italia y Francia; radicó en Florencia, después viajó a Cuba, donde estableció un concurrido estudio en La Habana. Había vuelto por tercera vez a Europa.

Los Funerales de Atahualpa

En Florencia emprende su famosa obra, es allí donde con tesón y acusado acento academicista se ocupó de trasladar al lienzo y al óleo, en proporciones generosas, (350 x 430 cm) uno de los momentos dramáticos de la conquista del Perú: aquél cuando habrían tenido lugar las exequias del emperador inca para quien Pizarro ordenó vil garrote, pese haber obtenido el codicioso conquistador extremeño cuantioso rescate en oro, impresionante recaudo, posiblemente uno de los mayores que haya pagado cautivo alguno desde la más remota antigüedad.

El cuadro de proporciones generosas, hermosamente enmarcado, decorado en pan de oro lleva el nombre del acontecimiento histórico: Los Funerales de Atahualpa.

Ejecutado con factura académica de marcado dramatismo, conforme lo aseguran los expertos, efecto que tampoco pasa desapercibido para los profanos, resulta la versión histórica dada a conocer por cronistas de la conquista y explicados literariamente por Guillermo Prescott; pero usando, con libertad o licencia, de los cánones de la historia del arte elementos no correspondientes a la cultura inca ni ajustados a la raza cobriza del pueblo conquistado.

Con relación a estos mortales despojos imperiales, describe el hecho el historiador norteamericano Prescott en La Conquista del Perú:

[…] “indígenas” lloran y tratan de acercarse al cadáver del Hijo del Sol. Los soldados contienen al desordenado tropel de mujeres que interrumpen la ceremonia religiosa. Se celebraron sus exequias con gran solemnidad. Pizarro y los principales caballeros asistieron de luto, y las tropas escucharon con devota atención el oficio de difuntos, que celebró el padre Valverde. Interrumpieron la ceremonia muchos gritos y sollozos que se oyeron a las puertas de la iglesia, las cuales abriéndose de repente, dieron entrada a gran número de indias esposas y hermanas del difunto, que invadiendo la gran nave, rodearon el cuerpo diciendo que no era aquél el modo de celebrar los funerales de un inca y declarando su intención de sacrificarse sobre su tumba… Después las intimaron que se saliesen de la iglesia, y muchas de ellas al retirarse se suicidaron con la vana esperanza de acompañar a su amado señor en las brillantes mansiones del sol […]

De ello habría resultado esta versión pictórica que presentamos en dos partes, para ensayar alguna descripción por separado:

Las concubinas de Atahualpa

  LAS CONCUBINAS, MUJERES Y HERMANAS DE ATAHUALPA

Con excepción del monarca, exangüe en su litera con ropajes ajustados al atuendo inca, con grilletes, aherrojado a su lecho mortuorio posiblemente para mantenerlo a salvo, las mujeres que plañen con desesperación son modelos latinas con atuendos latinos tomadas de la pintura en boga del siglo XVI. También las columnas, de forzada hechura contrastadas con los muros de clásicas hornacinas trapezoidales incásicas, son producto de imaginación y composición venidas en socorro.

Resulta justificada la necesidad de improvisar que tuvo Montero, dado que el conocimiento de la cultura inca no había alcanzado por entonces los niveles que hoy son de dominio general. Destacan otros aspectos sin embargo: Soberbio el porte de Pizarro, caballero de larga y canosa barba, que acusa la gravedad del momento vestido de oscuro, sombrero en mano; mientras activos y expresivos tonsurados dominicos rezan el responso; tan elocuente el gesto del prior Valverde que trata de convencer a una aflictiva concubina como enérgico el de los alabarderos para contener el tumulto que pugna por llegar al catafalco.

Pizarro y Aahualpa

PIZARRO Y ATAHUALPA

Deseoso de exponer su obra, posiblemente bien calificada por la exigente y entendida critica florentina, Montero decide llevarla al Perú en 1867. Emprendió el largo recorrido desde tierra toscana por el Mediterráneo, con posible partida, lo decimos usando imaginativamente de algún lógico itinerario que tiene por partida Génova y escalas en Marsella, Barcelona y Cádiz para cruzar luego el proceloso Atlántico y tocar en Río de Janeiro donde, precedido de la fama, hubo de exponerla en el Teatro San Pedro con gran suceso y homenaje ofrecido por la colonia italiana. En Buenos Aires se exhibe el lienzo desde octubre de 1847 hasta febrero del siguiente año, allí se mantuvo el mayor espacio de tiempo registrado de ese lado de América del Sur; pasa luego a Montevideo. La recaudación ayudó en mucho a la transportación hasta el Pacífico y el puerto del Callao, donde arriba en septiembre de 1868.

La muestra en Lima tiene lugar en la Escuela Normal que registra la vista poco frecuente de 15 000 personas en muy corto tiempo.

Montero retribuyó la beca concedida por el Congreso de la República obsequiando el cuadro a esa corporación parlamentaria. Le fue otorgada una medalla, el premio de veinticinco mil soles y la pensión vitalicia de dos mil anuales.

Se dispone entonces la exhibición permanente de Los Funerales de Atahualpa en uno de los impresionantes espacios del Palacio de la Exposición. Allí, en ese recinto expresamente diseñado en Francia para la Exposición de Balta que tuvo lugar en Lima en 1872, quedaría fincada desde entonces su remota sede y registrado su detalle en inventarios.

En 1869, nuestro pintor preparaba su cuarto viaje a Europa; tenía en mente otro gran lienzo sobre otro tema de historia, La Rendición de Rodil, dramático episodio que tuvo como actor principal al brigadier español José Ramón Rodil y Gayoso en los albores de la independencia -militar que mantuvo firme la bandera española en los Castillos del Real Felipe dos años más allá de la batalla de Ayacucho- es en tales circunstancias de su partida cuando el artista es contagiado de la peligrosa y letal fiebre amarilla que azotó la costa peruana y el puerto del Callao.

Don Luis Montero Cáceres fallece produciendo consternación.

Pero aquel lienzo nacido en talleres florentinos por hábiles manos peruanas estaba destinado a otro viaje, esta vez uno forzado en hora aciaga para el país. En 1881, durante la ocupación de Lima, que habría de durar, desde el 17 de enero de 1881 hasta el 20 de octubre de 1883, la ciudad se vería despojada de importante acerbo patrimonial, entre ello el famoso cuadro que toma rumbo hasta Santiago del Nuevo Extremo, que es el nombre con que bautizó Valdivia a la capital de Chile.

Don Ricardo Palma Soriano, convertido en reconstructor por entonces de la Biblioteca de Lima, ahora Biblioteca Nacional, acude al criterio del presidente de Chile, Domingo Santa María con el que guardaba amistad y consigue la devolución del cuadro de Montero cinco años después de aquella forzada partida.

Ahora, 146 (2010) años después del viaje desde la lejana Florencia el óleo sobre lienzo, clasificado dentro del género conocido como pintura de historia, está sometido a una cuidadosa restauración por mano experta con la contribución internacional, en el Museo del Palacio de la Exposición, hoy Museo de Arte de Lima (MALI) que utiliza tecnología del momento y aceptando vistas del público. En mis años escolares aquel cuadro, o la única copia oficial que se ordenó, pendía, si mal no recuerdo, de la pared de la escalera que conducía a la hemeroteca ubicada en el sótano de la anterior sede de la Biblioteca Nacional en la avenida Abancay. Resultaba impresionante.

Notas académicas tomadas del brochure oficial:

* En el siglo XIX la pintura de historia, el género más prestigioso en la jerarquía de las artes plásticas, había ampliado su rango más allá de las tradicionales escenas de la Biblia o de la antigüedad clásica para abarcar episodios de otros períodos y lugares.

* El pintor Luis Montero (San Miguel de Piura, 1826 – Callao, 1869) fue uno de los primeros artistas americanos en intentar representar la historia local en su obra Los funerales de Atahualpa, cuya compleja composición integra de manera eficaz treinta y tres figuras.

* Esta gran pintura es reconocida así como una pieza inaugural de la pintura de historia en América del Sur.

* Por su enorme formato, su inédito tema local y el dramatismo de la escena representada, el cuadro cautivó a la crítica europea y americana. En el largo recorrido que la trajo de Florencia a Lima, dejó una amplia estela de influencia que tendría una importante repercusión en tanto en el desarrollo de la crítica de arte como en la de la pintura de historia de la región. Esta exposición, organizada con el Congreso de la República del Perú, busca conservar esta obra y recuperar su compleja historia. Un equipo internacional de investigadores trabaja ahora en Argentina, Brasil, Italia y Uruguay para dar forma a un libro documentado sobre esta pintura.

* Luis Montero Inspirados por una nueva concepción estética, los artistas nacidos tras la Independencia buscaron marcar una ruptura con la tradición del arte virreinal, para inscribirse en el ámbito cosmopolita de la pintura europea. Al igual que otros pintores de su época, como Francisco Laso o Ignacio Merino, Montero viajó a Europa en busca de la formación profesional que no podía recibir en su propio país, donde no existían entonces ni academias ni museos.

* Con el apoyo del Gobierno, entre 1848 y 1850 realizó sus primeros estudios en Florencia con los maestros Guiseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini. A su retorno al Perú en 1851 presentó El Perú libre, obra que obsequia al gobierno peruano, y La matanza de los inocentes, grandes lienzos que señalaban ya su madurez como pintor. Un segundo viaje lo lleva nuevamente a Italia, de donde pasa luego a La Habana, antes de regresar al Perú en 1859. Hacia 1862 emprende su tercer viaje a Italia. Montero solo volverá a Lima en 1868 para presentar lo que sería su obra maestra, el enorme lienzo de Los funerales de Atahualpa, que le consiguió la consagración definitiva. Poco después fallece en el Callao, víctima de la fiebre amarilla. Estaba por emprender nuevamente viaje a Europa, para realizar otra gran pintura de historia, La rendición de Rodil, una escena emblemática del fin del dominio español en América

* La escena representada La elección del tema es el primer asunto que determina el éxito de un cuadro de historia.

Síntesis de la cronología del viaje del famoso cuadro

 * Abril, 1867.- Los Funerales de Atahualpa se exhibe en el taller del pintor en Florencia. Poco después emprende el viaje a América del Sur.

* Agosto, 1867.- Se exhibe en el salón del teatro San Pedro en Río de Janeiro. La colonia italiana ofrece un banquete al pintor.

* Octubre, 1867.- En Buenos Aires se exhibe en el almacén de Fusoni Hnos. hasta fines de febrero del año siguiente. Pasa entonces a Montevideo.

* Septiembre, 1868.- Montero llega a Lima. Su cuadro se exhibe en la Escuela Normal hasta fines de octubre. Se estima que 15 000 personas visitaron la muestra.

 * Noviembre, 1868.- Montero obsequia su cuadro al Congreso de la República.

* Julio, 1872.- Junto con otras obras procedentes de la Biblioteca Nacional la obra se instala en el Palacio de la Exposición. La imagen del cuadro ilustra el billete de 500 soles emitido por el Banco Nacional.

* 6 de junio, 1881.- El Alcalde de Lima, coronel Rufino Torrico, en oficio expresa: […] Lima, 6 de marzo de 1881.- Señor D. D. Melitón Porras. Director del Hospital de la Exposición. En sesión de la fecha y atendiendo a que la Municipalidad carece de fondos que se requieren para subvenir a los gastos que demanda el Hospital de Sangre de la Exposición; y que es de imperiosa necesidad procurar esos fondos, pues así lo exige un deber humanitario y patriota: se resuelve, acéptese la idea propuesta por el Sr. Dn. Pedro Bartinelli, director de dicho Hospital en el oficio que se acompaña y en consecuencia autorizase la venta del cuadro al óleo que representa la muerte de Atahualpa que existe en el local de la Exposición, para con su producto atender a dichos gastos pagando de preferencia las deudas que existen pendientes. Que me honro comunicar a UD. para su inteligencia y cumplimiento. Dios que a UD. (Firmado Rufino Torrico.) […]

* Julio, 1881.- Lima, ocupada por tropas chilenas. El cuadro, junto a otras obras del Museo Nacional incluyendo El Perú Libre, de Montero, es llevado a Chile.

* Enero, 1885.- Es devuelto al Perú por el presidente Domingo Santa María y la gestiones del jefe de la Biblioteca de Lima, don Ricardo Palma Soriano.

* Junio, 1885.- Se traslada temporalmente a la Biblioteca Nacional para ser copiado a tamaño original por el pintor belga W. Faget. En este lugar lo vería Rubén Darío, durante su visita a Lima en 1888.

* 1906.- Con otras piezas que integran la Galería Municipal de Pintura, se instala en una de las salas del Museo Nacional establecido en el Palacio de la Exposición donde permanece hasta hoy.

* 1935.- Se emite el sello postal con motivo del IV Centenario de la Fundación de la ciudad de Lima (Enero 18 1535 – 1935) con la estampa de los funerales.

* 2010.- MALI, Una Historia Recuperada: Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero. Del 22 de octubre de 20 10 al 1 de mayo de 2011.

Dos muestras de la escasa producción de Montero:

Retaro de Anciano. Luis Montero

 RETRATO DE ANCIANO

 Venus Dormida, L. Merino

VENUS DORMIDA

Créditos y Fuentes

La Conquista del Perú (1851). De Guillermo Hickling Prescott (1796–1859) Historiador norteamericano nacido en Salem, Massachusetts. Su abuelo Guillermo Prescott servido como coronel durante Guerra revolucionaria americana. Con problemas en un ojo por un accidente en la Universidad de Harvard, donde se graduó en 1814. Realizo un extendido viaje por Europa y a su vuelta se casó, abandonó la idea de la carrera legal para dedicarse a la literatura. Después de diez años del estudio, publicó en 1837 su Historia de Ferdinand e Isabella, que lo colocó de inmediato en un alto lugar dentro de los historiadores. En 1843 siguió con la Historia de la conquista de México, y en 1847 por la Conquista de Perú. Su obra en tres tomos sobre Felipe, III volumen apareció 1858, fue dejada inacabada. Un ataque de apología en 1859 fue la causa de su muerte.

Sus severos trabajos de investigación, le caracterizaron por una energía narrativa admirable, basados en sus propias investigaciones sobre documentos inéditos en archivos de España. Prescott era un hombre del carácter amable y benévolo; gozó de la amistad de muchos de los hombres más distinguidos de Europa así como de América. Su biblioteca especializada llegó a sumar millares de libros.

Trabajos publicados

La historia de Ferdinand y de Isabella

La conquista de España

La conquista de México

La conquista de Perú

La historia de Philip II

Diccionario Enciclopédico del Perú. Tomo III, Juan Mejía Baca. Lima, 1966.- Montero, Luis.

Diccionario Histórico Biográfico Peruanos Ilustres, Camila Estremadoyro Robles, Lima, 1987.

Internet

MALI (Museo de Arte de Lima)

http://www.mali.pe/agenda_detalle.php?id=8

http://www.jdiezarnal.com/artepinturafuneralesatahualpa.html

http://www.slideshare.net/ETNILUMIDAD/zz-2-15-luis-montero-caceres-pintor-peruano-n-30

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/alma_mater/2000_n18-19/retrato.htm

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/alma_mater/2000_n18-19/retrato1.htm

http://galeon.com/piuraylaconquista/atahualpa07.htm

http://www.ccsm-unmsm.edu.pe/arte/expo_miguel_garcia.htm

http://blog.pucp.edu.pe/item/115713/la-toma-de-cajamarca-y-la-captura-del-inca

Publicado por Luis Siabala Valer

9 comentarios:

Pablo Alberto Livia Robles dijo…

Mi siempre muy querido Lucho:

Esta es una de las muchas y placenteras tardes que al abrir mis correos me doy con la satisfacción de encontrar y saborear uno de tus simpáticos artículos y que me hacen sentir orgulloso y agradecido a la vida de poder contemplar las maravillas de esta tierra bendita llamada PERÚ y de una pléyade de hombres nacidos en EL.

Un abrazo

Pablo

21 de noviembre de 2010, 22:38

José Llatas Román dijo…

LUCHITO:

ESTIMADO MAESTRO, ADEMÁS DE TENER LA ALEGRÍA DE HABERNOS VISTO HACE POCO, EN UN DELICIOSO ALMUERZO, APROVECHO LA PRESENTE PARA AGRADECERTE LA NOTA ADJUNTA, SIEMPRE LLENA DE CULTURA Y DE HISTORIA.

GRACIAS POR ELLO.

SALUDOS.

PEPE.

21 de noviembre de 2010, 22:42

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO LUCHO…SOLO ARTISTAS COMO TU PUEDEN VALORAR JUSTAMENTE EL VALOR HISTORICO Y PICTORICO DE MONTERO…TE FELICITO POR EL ARTICULO

RAFAEL

21 de noviembre de 2010, 23:15

Marco Antonio dijo…

Estimado Lucho:

Un muy bien logrado artículo que despeja las dudas que -algunos- teníamos sobre la autenticidad de la pintura a causa del ropaje de los familiares de Atahualpa. Es difícil encontrar un lapsus calami en tus escritos pero, finalmente, creo que te encontré uno que dice “Es para 1943 cuando ingresa”; posiblemente quisiste mencionar 1843. Mil disculpas por esta osadía que, es una nadería en comparación con la riqueza del artículo. Muchas gracias una vez más.

23 de noviembre de 2010, 17:19

Luis Siabala Valer dijo…

Gracias a ti Marco por advertir esa errata; ya está corregida. Las fechas son siempre importantes.

Un afectuoso abrazo

24 de noviembre de 2010, 4:39

DORELLY dijo…

Quedé gratamente impresionada al apreciar tan de cerca esta obra de arte, en refacción en el Museo de Arte, referida a una época de la historia de nuestra patria y sentir orgullo que sea un peruano de la talla de Montero el autor de esta monumental pintura para la posteridad. Gracias, otra vez, Luchín por compartir tu entusiasmo por la cultura y el arte.

DORELLY

10 de diciembre de 2010, 18:54

José Gonzáles Spaudo dijo…

Impresionante esta pintura, tiene esa cosa sombría del romanticismo (David) o de la pintura flamenca (La Ronda Nocturna),

¡Una obra maestra!

Saludos estimado Luis

22 de febrero de 2011, 3:16

José Abad dijo…

Estimado Luis Siabala:

Recuerdo la primera vez que vi este cuadro en el Museo de Arte, (no se si se trataba de una réplica) quedé impresionado. Yo subía por las escaleras al segundo piso donde se exhibían las mejores pinturas y objetos de la época colonial. El gran cuadro de Luis Montero, “Funerales de Atahualpa” recibía al visitante que casi siempre se detenía para admirarlo.

Muchas gracias Luis Siabala por exhumar a Montero y a su pintura. He leído con mucho placer e interés su artículo. No sabía que los personajes del lienzo estuvieran inspirados en el relato de Guillermo Prescott. Él es uno de mis autores preferidos de historia, un genio de la narrativa que siendo casi invidente logró escribir “La Conquista del Perú”.

Se dice que el modelo que le sirvió a Luis Montero para representar la muerte del inca, fue un trabajador de la Embajada peruana en Italia que justo había fallecido, del cual el pintor captó su rigidez y rasgos andinos. He leído muchas críticas al cuadro, inventar interpretaciones del significado de lo “andino”, el racismo, etc. Lo cierto es que como usted menciona, la sociedad urbana desconocía las características de la cultura inca y Luis Montero sólo usó su imaginación y lo que había aprendido.

Una pintura espectacular, soberbia, admirable, lo es, así no represente la realidad de la época. Lástima que a Montero lo sorprendiera la epidemia y que “La rendición de Rodil” se quedara como proyecto. Ojalá aparecieran sus bosquejos.

Un abrazo y de nuevo gracias amigo.

Josabad

17 de marzo de 2011, 18:17

Marco Ugarte Diaz dijo…

Estimado Lucho:

Como siempre bien documentado tu artículo. En la actual exhibición, después de la restauración, hay una carta del cónsul peruano en Florencia al ministro del ramo en el Perú donde menciona que el rostro del Atahualpa fue tomado por Montero de Palemón Tinajero ¿?, arequipeño, dibujante, que había muerto por esos días en Florencia. También hay una leyenda que menciona que el monto que otorgó el Congreso a Montero fue de 20,000 soles.

Organicemos una visita con los amigos de siempre al museo y luego nos tomamos un par de vinos.

Un abrazo,

Marco

31 de mayo de 2011, 22:35

El mulato retratista

A don Andrés Merino Espiñeira; Santiago de Chile

José Gil de Castro

(Lima 1785; Lima, 1850)
Entre la colonia y la república
Infante José Nepomucemo Figueroa Araoz
Infante José Raimundo Nepomuceno Figueroa Araoz

Profusa la historiografía de este maestro de singularísimo estilo en el óleo, retratista contemporáneo de personajes notables; engreído de las damas de la sociedad virreinal y republicana a orillas del Rímac y del Mapocho; creador de ese estilo hierático con que quiso mostrar a libertadores generalísimos, mariscales encumbrados, encopetadas damas y grandes señores; delicado pincel de madonas santas de conventos, monasterios e iglesias. El peruano del barrio santiaguino de Lastarria, pintor con establecimiento a inmediaciones del Cerro de Santa Lucía, el limeño don José Gil de Castro y Morales, también conocido en su época como el Mulato Gil.

Simón Bolívar, por José Gil de Castro

Difícil no reconocer de primera vista su Simón Bolívar, rostro de pardo de largas patillas y negro bigote, con esa levita de tieso y elevado cuello en color punzó sobre paño negro con dorados y charreteras bordadas a profusión del estilo en boga, de simétrica abotonadura, retrato que le tomó en directo en 1822; o su San Martín, con el corvo sable dorado, tahalí y correaje blancos investido de la banda con los colores isabelinos, conforme posaría para sus bastidores en 1818, antes de traer sus ejércitos al Perú.

San Martín por José Gil y Castro

Imposible pasar por alto los colores de su paleta en el rostro de mejillas ajamonadas del general Bernardo O’Higgins Riquelme, vencedor de Chacabuco, padre chileno de la Patria Nueva, posteriormente el asilado voluntario de Montalbán en Cañete, Perú; célebre vástago de Ño Ambrosio, el irlandés (Don Ambrosio O’Higgins, Marqués de Osorno, trigésimo sexto Virrey del Perú; (1796-1801)

Bernardo O'Higgins Riquelme

Es a este encumbrado militar que Gil de Castro debe la fama. Amigo del pintor, que le retrató con mucho acierto, O’Higgins le otorgó la condecoración Al Mérito, en el grado de legionario.

Y si de madonas santas se trata, aquí dos muestras de sus pinceles en la virgen de las Mercedes y de Santa Isabel, reina de Portugal:

  Virgen de las Mercedes, José Gil y Castro

NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES
Santa Isabel reyna de Portuga, José Gil de Castro
SANTA ISABEL, REINA DE PORTUGAL

Personajes coloniales como el que muestra el grabado;

 Cnel. Judas Tadeo de los Reyes y Borda

 CORONEL JUDAS TADEO DE LOS REYES Y BORDA

O también, en la baja escala social pero elevada del patriotismo, la modesta del pescador chorrillano don José Olaya Balandra, mensajero por antonomasia de la independencia del Perú.

José Olaya y Balandra

JOSÉ OLAYA BALANDRA

Iconografía toda esta muy familiar a nuestros ojos que la hemos visto en museos y reproducidas en libros de la infancia y juventud; sin embargo, carecemos de su efigie pues tampoco se conoce de algún autorretrato y nos contentamos con imaginarlo como se muestra el mulato, hijo de blanco con negra, mestizaje que lleva confundidos la vitalidad serena y la sensibilidad aguda de sus progenitores.

Datos biográficos

Las fechas de su estada en Chile, su retorno al Perú y deceso en Lima no son claras ni coincidentes, excepto la de su nacimiento que se conoce por su fe de bautismo que expresa que nació en Lima, el 1° de septiembre de 1785, que fue pardo libre, hijo legítimo de José Mariano Carvajal Castro y María Leocadia Morales.

Su formación artística la habría seguido en la escuela pública de dibujo y pintura, creada por José del Pozo y su maestro habría sido el español avecindado en Trujillo, Julián Payo.

En 1805 o 1810 se habría trasladado a Chile, radicándose en Santiago. Su presencia en Chile sería para cumplir con deberes castrenses. Encontró allí ambiente propicio para la pintura religiosa, los retratos militares y los personajes de las clases adineradas, de gran demanda en la naciente república.

Por su destacada labor como retratista y pintor recibe, en 1816, el nombramiento de Maestro Mayor del gremio de pintores por el Cabildo de Santiago.

Casó en Santiago en 1817 con doña María Concepción Martínez y aprovechando su experiencia militar y su alto conocimiento de dibujo, cartografía y cosmografía, obtuvo diversos nombramientos militares, entre ellos el de capitán de ingenieros de Chile y Perú, capitán de fusileros del batallón de Infantes de la Patria y la Orden al Mérito de Chile.

Mantuvo, como hemos dicho, gran amistad con el general Bernardo O’Higgins, debiéndose a él los más logrados retratos del prócer. Gil de Castro se convirtió en el gran retratista de las campañas de los ejércitos libertadores de Sudamérica y en consecuencia, su pintura representa el paso de la colonia al período de la república. En 1820 O’Higgins lo nombró segundo cosmógrafo, miembro de la mesa topográfica y proto-antigrafista del Supremo Director.

Instaló su taller en la actual calle Victoria Subercaseaux de Santiago, a inmediaciones del cerro Huelén (Voz mapuche) llamado Santa Lucía, donde recibía a numerosos clientes que posaban para él en largas sesiones.

Dicen los estudiosos del artista que de acuerdo a las fechas de sus cuadros, el pintor permaneció en Chile hasta 1825. A partir de ese año, solo se conocen obras firmadas en Lima que corresponden a retratos de las damas más importantes y elegantes de la sociedad peruana.

Se puede ver de sus pinturas al óleo las características imperantes del arte pictórico de la época colonial. Un estudiado dibujo y el paulatino uso de colores luminosos y simbólicos como el rojo. Demostró una particular sensibilidad para captar los rasgos fisonómicos de sus modelos incluyendo todo tipo de detalles y elementos escenográficos con realce de la alcurnia y dignidad de los retratados, ahora, muy de su estilo, algo acartonados dado el hieratismo de que solía revestirlos.

De esta forma sus pinturas adquieren no solo un valor artístico, sino también valioso testimonio histórico. Su presencia en Chile, resultó de mayor significación cuantitativa que en la del Perú, por la demanda de sus servicios que, además, le produjo las distinciones que le fueron concedidas y la memoria con que se le recuerda en el vecino país.

Nadie es profeta en su tierra. Veamos:

Premios y distinciones

1816 Es nombrado Maestro Mayor del Gremio de Pintores.
1820 O’Higgins lo nombró Segundo Cosmógrafo y miembro de la mesa topográfica y Proto-Antigrafista del Supremo Director.

Exposiciones individuales posteriores

1993 Retrato de Don José Raymundo Juan Nepomuseno de Figueroa y Araoz. Casa de Remates Jorge Carroza. Santiago, Chile.
1994 José Gil de Castro en Chile, Reactivando la Memoria. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

Exposiciones colectivas

1940 Exposición de Arte Chileno, Buenos Aires, Argentina.
1942 Chilean Contemporary Art, The Toledo Museum of Art, Estados Unidos.
1962 Retratos Chilenos por Artistas Extranjeros, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1972 150 Años de Pintura Chilena, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina.
1974 Precursores Extranjeros de la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1975 El Eterno Femenino, Instituto Cultural de Providencia, Santiago, Chile.
1975 La Modelo y el Pintor, Sala Forestal, Santiago, Chile.
1976 Siglo y Medio de Pintura Chilena: Desde Gil de Castro al Presente, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1977 200 Años de Pintura Chilena: Primera Exposición Itinerante, Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación, Santiago, Chile.
1978 Colección Guzmán Ponce, Instituto Cultural de San Miguel, Santiago, Chile.
1980 El Arte y la Banca, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1981 La Historia de Chile en la Pintura. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1982 Recorriendo el pasado de la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1984 15 Elegidos en la Pintura Chilena: Exposición Retrospectiva, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1984 Pinacoteca de la Universidad de Concepción en Homenaje a Claudio Arrau, Centro Histórico de la I. Municipalidad de Chillán, Chillán, Chile.
1987 Panorama de la Pintura Chilena desde los Precursores hasta Montparnasse, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1991 Siglo y Medio de Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1994 Pinacoteca de la Universidad de Concepción, Corporación Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1995 Retratos en la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Providencia, Santiago, Chile.
1998 La Región del Maule y sus Pintores, Museo O’Higginiano y Bellas Artes de Talca, Talca, Chile.
2004 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, El Museo del Barrio, New York, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, San Diego Museum of Art, California, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, Bass Museum of Art, Miami Beach, Florida, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, National Portrait Gallery at the S. Dillon Ripley Center, Smithsonian Institution, Washington D.C., Estados Unidos.
2006 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, San Antonio Museum of Art, Texas, Estados Unidos.
2009 Chile Mestizo, Centro Cultural Palacio La Moneda, Santiago, Chile.

La plaza Mulato Gil de Castro en Santiago de Chile

Dice la nota que glosamos de INTERNET: Interesante y novedoso centro cultural, ubicado cerca del hermoso Parque Forestal. Motivados por la actividad artística y bohemia que ya se había ido instalando en el sector, los arquitectos Ignacio Cruz y Walter Biggeman diseñaron este armónico conjunto de casas con una plaza central, con el objeto de acoger talleres, cafés y salas de exposición que convocaran al público interesado. Pronto ese espacio se convirtió en lugar de visita obligado para todo el que quisiera pasar por bohemio o intelectual, lo que de algún modo también le dio cierta artificialidad.

En definitiva, la Plaza Mulato Gil de Castro es sin duda un lugar turístico y en su interior el visitante puede encontrar tiendas de artesanía y libros, un pequeño Museo Arqueológico y una amplia oferta de restaurantes y cafés de gran calidad.

Datos de investigación

Finalizamos esta reseña con una crónica que comprende las épocas de la colonia y de la república, en el Perú y Chile, que a nuestro bueno de Gil de Castro le tocó vivir, de 1785-1850, sus sesenta y cinco años.

Bajo los Borbones:

34. Virrey Teodoro de Croix; 1784-1790
35. Virrey Frei Francisco Gil de Taboada y Lemus; 1790-1796
36. Virrey Ambrosio O’Higgins; 1796-1801
37. Virrey Gabriel de Avilés; 1801-1806
38. Virrey Fernando de Abascal y Souza; 1806-1816
39. Virrey Joaquín de la Pezuela; 1816-1821
40. Virrey José de la Serna; 1821-1824

En la república:

1821-1822 José de San Martín Matorras
1823-1824; José Bernardo de Tagle y Portocarrero
1822-1823; 1827-1828; José de la Mar Cortázar
1823; 1838-1839; José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete
1823; José Antonio de Sucre de Alcalá
1824-1825; Simón Bolívar Palacios
1825-1826; Hipólito Unánue Pavón
1826/27; 1836-37; Andrés Santa Cruz Calahumana
1827; 1828-1829; 1834-1835; Manuel Salazar y Baquíjano
1829; 1839; 1829; 1830-1831; Antonio Gutiérrez de La Fuente
1829-1833; 1838-1840; 1840-1841; Agustín Gamarra Petrona
1831; Andrés Reyes y Buitrón
1832; Manuel Tellería Vicuña
1833; José Braulio del Campo-Redondo Cisneros
1834-1836; 1837-1838; Luis José de Orbegoso y Moncada
1834; Pedro Bermúdez Ascarta
1835; Felipe Santiago Salaverry del Solar
1835 Juan Bautista de Lavalle y Zugasti
1826-1827; 1836-1837; Andrés de Santa Cruz Calahumana
1837 Pío Tristán y Moscoso
1838 José; María Galdeano de Mendoza
1829-1833; 1838-1840; 1840-1841; Agustín Gamarra Petrona
1840-1841-1842; 1844-1845; Manuel Menéndez
1842; Juan Crisóstomo Torrico González
1842-1843; Francisco Vidal La Hoz
1843; Justo Figuerola de Estrada
1843; Manuel Ignacio Vivanco de Iturralde
1843-1844; Domingo Nieto Márquez
1843-1844; Domingo Elías Carbajo
1845-1851; Ramón Castilla Marquesado

Chile

Gobernantes y presidentes

1810-1811 Mateo de Toro y Zambrano
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 Fernando Márquez de la Plata
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 Juan Antonio Ovalle
1811-1811 Martín Calvo Encalada
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 José Miguel Carrera Verdugo
1811-1812 José Santiago Portales
1812-1812 José Miguel Carrera Verdugo
1812 1812 Pedro José Prado Jaraquemada
1812 1813 José Miguel Carrera Verdugo
1813 1813 Francisco Antonio Pérez
1813 1814 José Miguel Infante
1814 1814 Agustín de Eyzaguirre
1814 1814 Antonio José de Irisarri Alonso
1814 1814 Francisco de la Lastra de la Sotta
1814 1814 José Miguel Carrera Verdugo
Mariano Osorio
Casimiro Marcó del Pont
Casimiro Marcó del Pont Ángel Díaz y Méndez
1817- 1823 Bernardo O’Higgins Riquelme
1823- 1823 Agustín Manuel de Eyzaguirre
1823-1823 Congreso de Plenipotenciarios
1823-1823 Ramón Freire Serrano
1823-1826 Ramón Freire Serrano
1823-1823 Diego José Benavente
1823-Ramón Freire Serrano
1826-1827 Agustín Eyzaguirre y Arechavala
1827-1827 Ramón Freire Serrano
1827-1827 Ramón Freire Serrano
1827-1829 Francisco Antonio Pinto Díaz
1829-1829 Francisco Ramón Vicuña
1829-1829 Francisco Antonio Pinto Díaz
1829-1929 Francisco Ramón Vicuña
1829-1830 José Tomás Ovalle Bezanilla
1830-1830 Francisco Ruiz-Tagle Portales
1830-1831 José Tomás Ovalle Bezanilla
1831-1831 Fernando Errázuriz Aldunate
1831-1831 Fernando Errázuriz Aldunate Vicepresidente
1831-1836 José Joaquín Prieto Vial
1831-1836 José Joaquín Prieto Vial
1841-1846 Manuel Bulnes Prieto
1846-1851 Manuel Bulnes Prieto

Fuentes

INTERNET

Pontificia Universidad Católica del Perú
http://www.uc.cl/faba/ARTE/AUTORES/GilObrasT.html

Wikipedia

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Gil_de_Castro

Portal de Arte
http://www.portaldearte.cl/autores/gildecastro.htm

Artistas plásticos chilenos
http://www.artistasplasticoschilenos.cl/biografia.aspx?itmid=300

mavCanal Cultural
http://www.mav.cl/expo/gil_de_castro

http://es.viajes.yahoo.com/p-guia_viaje-830472-plaza_mulato_gil_de_castro_santiago-i

Gobernantes y presidentes de Chile

http://www.arabe.cl/chile/presidentes.html

Museo del Banco Central de Reserva del Perú

http://museobcr.perucultural.org.pe/interior.htm

Publicado por Luis Siabala Valer en 21:39
Etiquetas: Gil, Huelén, Lastarria, Lucía, retratista, Santiago

5 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…
EXTRAORDINARIO, MI HERMANO, ME APRESURO A DIFUNDIRLO

UN ABRAZO

RAFAEL

14 de septiembre de 2009, 19:12

Marco Antonio dijo…
Una vez más, felicitaciones Lucho. Una excelente semblanza de este pintor, tan familiar para muchos, pues sus cuadros nos son conocidos. Pero, la verdad, ignorabamos su vida. Ahora, con tu aporte, disfrutaremos mas de “El Mulato Retratista”.
Muchas gracias,
Marco

18 de septiembre de 2009, 18:21

Regis Bastian dijo…
Caro Dr. Siabala Valer:
Visitei há pouco um de seus blogs — belíssimo. Além de muito bem elaborado, mostra seu talento, um pouco de sua vida. Gostei muito — minhas homenagens! Tenho-o em elevada estima e trato-o com distinta consideração.
Saludos!

19 de septiembre de 2009, 0:56

pedroencina@gmail.com dijo…
Maestro y amigo Luis, que bonito homenaje a este artista y actor del siglo de las luces. El retrato que nos muestras de Bernardo O’Higgins pintado en 1820 se ha convertido en el retrato oficial del procer para los chilenos. De el se han hecho cantidades de copias y replicas que nos transmiten la imagen del libertador. Reciba usted mis mas sinceros agradecimientos por compartir sus conocimientos y sentimientos por America. Desde Talca, Chile. Pedro

4 de septiembre de 2010, 21:33

José Abad dijo…
Ignoraba completamente la existencia de este gran artista peruano, hasta que ingresé a leer este artículo.

Muchas gracias don Luis Siabala, su estilo y las imágenes que cuidadosamente selecciona, le dan a su artículo un carácter ameno, histórico, que causa interés y asombro. Que ingratitud del Perú, ni una sola exposición en su tierra. Esto va a cambiar con su artículo, lo presiento.

Los retratos de Gil de Castro son conocidos, ¿quién no los ha visto alguna vez en un libro de historia o museo? La pintura de José Olaya es una prueba de su popularidad.

Gracias de nuevo, por presentarnos a un peruano de gran talento y de significación histórica.
16 de septiembre de 2010, 15:28

Las Calles de Lima

Calle de la Coca

Calle de Coca

Una visita al pasado de Lima

Fleca 2 

Con ese título se hizo público en 1943 un libro que lleva los auspicios de la firma International Petroleum Co. Ltda. Su autor, el poeta José Gálvez Barrenechea (1885-1957), pasa revista a la nómina de las calles de la ciudad, el origen de los nombres y especialmente quiénes fueron sus primeros y más importantes moradores; conviene, sin embargo, que la tarea, de por sí ardua, pueda sin querer ofrecerlo presuntuoso al criterio de los más entendidos, al hurgar en remotos antecedentes y pretender luego conciliar calles con meses del año, dado que el título completo reza Calles de Lima y meses del año, pues sobre el tema bastante se ha escrito, no por muchos pero abundante si como es el caso de Calles de Lima, dos monumentales volúmenes que dedicó a la ciudad don Luis Antonio Eguiguren (1887-1967); la elegante Lima y lo limeño de don Juan M. Ugarte Elespuru; El Romancero de Lima de Montoya; las propias Tradiciones Peruanas de don 

Calle de Torre Tagle. Lima-001Ricardo Palma Soriano (1833-1919), que, en lo fundamental, presentan a la ciudad, con aquella personalidad que lamentablemente ya está perdiendo y que le dio particular sello en este lado del mundo.

Como quiera que las fuentes de inspiración inviten a la propia investigación, hemos recogido algunos datos cuyo valor histórico y sentimental estimamos de alguna utilidad. La prosa del notable libro, cuyo título hemos glosado para este artículo, goza del elegante estilo del poeta tarmeño, abogado, jurista y doctor en filosofía y letras por la Universidad Mayor de San Marcos; las ilustraciones que contiene pertenecen al célebre artista arequipeño José Málaga Grenet (1886-1963); constituye pues importante documento para quienes tenemos interés porque, de alguna forma, Lima perviva en sus mejores tradiciones incluyendo las urbanas y arquitectónicas traídas de España, a despecho de la severa deformación que so pretexto de modernidad ha devenido modernismo, que como tal resulta irreflexiva, al consentirla los propios limeños, o aquellos arquitectos urbanistas sin visión del pasado y con peor perspectiva del futuro, al maltratarla.

La ciudad, levantada al comenzar el segundo tercio del siglo XVI, es derruida por el sismo de 1746 (28 de octubre); Superunda la reconstruye y en lo colonial o virreinal es más o menos la que llega a 1940 cuando le acomete el terremoto de mayo (día 24).

Con el paso de los años y la necesidad de ajuste en los servicios de sanidad, agua y fuerza eléctrica gozó de relativa estabilidad después de las obras de expansión urbana de Leguía y Benavides; sufre luego, inexorable y paulatinamente por vía de la demolición indiscriminada, la desaparición de valiosos predios, sin que hubiere importado la calidad de aquellos, su peculiar estilo o tan sólo como elementos constitutivos de conjunto; todo ello contribuyó en menoscabo de su originalidad para cederle paso al fierro y al cemento, fríos y vastos elementos de construcción que, si bien es cierto, permitieron elevar las obras por encima de las sobrias casas de piedra, quincha, barro, estuco y madera, rematadas en fino cornisamento, torneada balaustrada y orientadas ventanas teatinas, jamás podrían superar las alturas del prestigio de aquellas venerables moradas de la vieja Lima.

Al dar al traste con la unidad de estilo que alguna vez la tuvo y que aún se puede apreciar, herencia de la antigua Sevilla, pues sus primeros alarifes fueron aquellos venidos de las orillas del Guadalquivir, hemos renunciado conservar para la posteridad una bella ciudad que llamó la atención del viajero de todas las épocas por la peculiar disposición de sus balcones volados en cajonería y los encajes de sus celosías. En ellos había que distinguir la factura virreinal de la republicana; portones claveteados y postigos con aldaba, acceso a zaguanes embaldosados, jardines ornados entre azulejos, rejas forjadas a fuego y martillo, patios andaluces y tantas otras muestras de la cultura cristiano-morisca o mudéjar que heredó Lima y que pese a los irreparables daños aún puede ofrecer con alguna dignidad.

En este puntual aspecto, cualquier estudiante de arquitectura reconocerá la fealdad que ahora se muestra de la desafortunada interpolación, dentro de la línea estética de un claro estilo limeño, del intruso Bauhaus 1, entre otros pelajes; claro intento de remedar acaso las urbes norteamericanas o europeas tocadas de modernidad.

El resultado de todo este inmoderado afán hiere la vista: un conglomerado de formas, acaso único valor, más no el que a su costa se ha sacrificado.Confitería Broggi_picnik1

Don José Gálvez, describe la Lima de los 40 de manera singular y a la limeña, es decir, con humor y como chisme.

Contagiados de este entusiasmo agregamos que, trasunto colonial, Lima cobra vida e historia a la sola mención de alguna de sus calzadas: Trapitos, nido y tumba del ilegal amor del malogrado cuarto virrey don Diego López de Zúñiga y Velasco (1561-1564) 2. Mayúsculo escándalo causó la muerte de su excelencia en aquella recordada calle, hoy tercera cuadra de la Av. Abancay; un celoso marido, cansado de las impunes cuitas del virrey con su joven esposa, arregló para que sus sirvientes acabaran a costalazos con el enamorado funcionario real, justo cuando abandonaba furtivo, al abrigo de la oscuridad nocturna, descendiendo la escala de seda que pendía desde una ventana de la casa del pecado…

La Virreina, cuarta cuadra del jirón Huallaga, en memoria de la condesa de Lemos, doña Ana de Borja y Aragón, sagaz administradora en ausencia de su célebre esposo, don Pedro Fernández Castro, conde de Lemos 3, decimonoveno virrey del Perú (1667-1672), ocupado en la sofocación de los comuneros de Laycacota -alzados contra el rey- y fundador de la ciudad de San Carlos de Puno; Mármol de Carvajal, con referencia a la losa infamante que se colocó en la esquina de las calles La Pelota y Gallos, hoy segunda cuadra del Av. Emancipación -ex Arequipa-, que perduró muchos lustros para advertencia de quienes osaran levantarse contra la corona, tal como lo sentenciaba aquella; a su lado, en una picota, se clavaron las cabezas de Gonzalo Pizarro y su maestre de campo don Francisco de Carvajal, el temido por cruel y sanguinario a la par que valiente “Demonio de los Andes”, ambos derrotados en los llanos de Xaxicahuana en 1548 por el licenciado Pedro de la Gasca.

Lo moderno, dijimos, devora a lo antiguo, así hoy Manita, Mantequería, Comesebos, Pileta de Las Nazarenas y Huevo abren su perspectiva sucia y bulliciosa, cargada de humo y ambulantes con el nombre de Av. Tacna (1992)

El ciudadano de los años 40 evocaría con nostalgia, no cabe duda, cuando subido en un automóvil de alquiler ordenaba, por citar una calle “… a Rastro de San Francisco” el conductor partía raudo de Arrieros (1872), después Pacae (hoy calle del cine Metro), por Encarnación, Pando, Divorciadas, (también General Castilla), Filipinas, Coca, Bodegones, Gradas de la Catedral, Pescadería (Prefectura, en 1858), giraba a la derecha al finalizar el trayecto de lo que conocemos como jirón Carabaya y llegaba a su destino Rastro de San Francisco, segunda cuadra del jirón Ancash, calle de cueros y calzados que desde la colonia albergó en sus inmediaciones un camal, esto es, tarea de matarifes de donde tomó el españolismo nombre de rastro.

La nomenclatura urbana de entonces había seguido el remoto origen de los acontecimientos notables, como es el caso de la calle Huevo, quinta cuadra del Av. Tacna, después que los vecinos atribuyeron a la catástrofe de 1746 un pollo nacido con dos cabezas; Ya parió, tercera cuadra del jirón Cañete; Divorciadas, también llamada General Castilla, o la Calle del General donde, con paciencia franciscana se está reconstruyendo la casa del Gran Mariscal don Ramón Castilla Marquesado (1079-1867) esquina con Higuera, segunda cuadra del ex jirón Cusco.

Es en la calle de las Divorciadas donde se fundó, posiblemente por obra pía, un establecimiento para recoger y dar vida ordenada y cristiana a las prostitutas y por eso se le bautizó, recatadamente, con ese eufemismo.

Calle del Gato, antiguamente callejón del GatoLa fauna también ha prestado nombres a numerosas calles, de ellas Pericotes, segunda cuadra del Av. Arequipa (hoy Emancipación); Gato 4, el antiguo Callejón de Gato, cuarta cuadra del jirón Azángaro, famoso por el hospital y casa de retiro de los frailes jesuitas -contiguo al majestuoso templo de San Pedro- cuando aquellos sacerdotes, llegada la ancianidad valetudinaria, eran retirados allí en sus meditaciones en tránsito a la otra vida. El dicho limeño “Está para el gato” es que adquiere significación desde entonces; Pejerrey la segunda cuadra del jirón Jauja, calleja de sabor andaluz, otrora, en tiempos de don Ambrosio O’ Higgins, Marqués de Osorno, trigésimo sexto virrey del Perú (1796-1801), punto de reunión de artesanos de bellas monturas, jaeces, reatas y aperos de mulas tucumanas y de cuanta acémila trotaba por los barrios altos; Borricas, segunda de Cajamarca; Caballos, sexta de Huancavelica.

No menos eufónicos y sonoros resultaban Bodegones, Escribanos, Espaderos, Botoneros, pues anunciaban los gremios, aquellas instituciones de raigambre y presencia en esos tiempos; Mantas, Coca, Filipinas, Banco del Herrador, Carrera, Beytía, Zúñiga; Padre Jerónimo, allí, en la esquina con Huérfanos (hoy Azángaro y Puno) precaria levanta aún la casa natal del General Felipe Santiago Salaverry (1806-1836), el vencedor de Uchumayo y vencido de Socabaya; Pando, séptima de Carabaya, en la que hoy funge de galería tuvo su residencia don Augusto Bernardino Leguía y Salcedo (1863-1932), recordado por su largo gobierno, la expansión de Lima hacia Miraflores, la construcción del camino que conduce a ella (entonces Av. Leguía, hoy Arequipa, después de la revolución de Sánchez Cerro) su inclinación por el nepotismo y paradigma también de los males que pueden corromper a quienes toman gusto por el poder.

Corcovado, cuarta de Emancipación donde todavía está la mansión colonial, que destaca por las bellas ventanas con flores de rosal forjadas delicadamente en hierro, propiedad del General Mariano Ignacio Prado Ochoa (1826-1901) vencedor el Dos de Mayo de 1866 y ausente voluntario en horas difíciles para el Perú (1879); Milagro, cuarta del jirón Ancash, morador de esa calle donde vivió hasta 1903 el fundador del movimiento demócrata, conductor de la hacienda pública en tiempos de Pardo, el protagonista del Combate de Pacocha contra los ingleses, y dos veces Presidente la República, sobre cuyos hombros descansó la responsabilidad de la desafortunada pero valiente defensa de Lima (13 y 15 de enero de 1881), don Nicolás de Piérola Villena (1839-1913); Lezcano, allí convertida en museo se ubica, restaurada, la vivienda del Gran Almirante Miguel Grau Seminario (1840-1879), ejemplo del honor y la vergüenza militares; Afligidos, primera de Camaná, allí está el Museo de los Combatientes de Arica; es la restaurada casa natal del Héroe del Morro, quien convencido de su muerte en vísperas del asalto chileno, en breve pero elocuente carta instruye a su esposa para que rechace todo intento para su posible ascenso póstumo, por considerarlo impropio de la conducta del soldado que muere por la Patria, y al despedirse reitera que se respete su grado de coronel. El que le ha conferido un pasado gobierno es producto de la contrariedad y luce forzado cuando no irrespetuoso “Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, Gran Mariscal del Perú“.

Hay en las calles de Lima mucho de tradición, un pasado romántico y un hálito de nostalgia.5

San Francisco. M. A. Fuentes. Lioma, 1867 (1)-001

Iglesia de San Francisco. Manuel A. Fuentes, Lima, 1867

 

 Cruz de Calatrava

Aquí, en este espacio, gloso un interesante artículo sobre Lima y una histórica calle o callejón. Lleva el título de Cruz y ficción 6

Antes no existía la calle que une la Plaza Elguera con la Iglesia La Recoleta, tampoco la que está al costado del Hotel Riviera. Todo esto se llamaba el Callejón Largo: un pasaje ancho y oscuro en donde la gente formaba la resistencia, se agrupaba. Lo que hacía era simplemente esperar a que algún soldado chileno pasara por ahí, le tendían una emboscada entre varios hasta acabarlo a golpes. Recordemos que esa esquina de la ciudad era entonces los extramuros de la ciudad de Lima. Allí acababa todo. Era tierra de nadie.” “Habiéndose repetido los asesinatos, dice el escritor Carlos Benvenuto, en 1932, el gobernador militar Patricio Lynch quiso suprimir estas manifestaciones de la indignación popular contra los invasores de una manera radical. Para eso se apresó a varios sospechosos de esos barrios que fueron fusilados unos junto a la tornería de don Carlos, el alemán y otros en la pared fronteriza ya para entrar en la calle de Bravo. Clavadas en lo alto de la pared, dos cruces que empéñanse los pintores ramplones en cubrir con pintura al temple, recuerdan tan luctuosos sucesos. La palabra linchar nació allí (Inexacto. Nota del compilador). El dictador chileno quinteó, es decir, fusiló uno de cada cinco, a los poblad ores de los alrededores durante tres eternos días. La protesta del cuerpo diplomático, por supuesto, no se hizo esperar. Pero Lynch no se detuvo. Solo lo hizo cuando entendió que nadie se iba a presentar a confesar: leyes de la resistencia, que les llaman.”

 Calle de Aldabas. L. Angrand0001-001

Calle de Aldabas. Lápiz de Leonce Angrand, Lima, 1832

Notas al Final

De los grabados:

Calles de la Coca y Bodegones. S. XIX. Lima.- Manuel Atanasio Fuentes.- Bco. Industrial del Perú. 1966.

Palacio de Torre Tagle. Foto. S. XIX. Lima. – Manuel Atanasio Fuentes.- Bco. Industrial del Perú. 1966.

Templo de San Francisco. SXIX. Manuel Atanacio Fuentes. Obra citada.

Calle de las Aldabas. Apunte a lápiz de Leonce Angrand. 1832

Llamadas de página

1 Estilo de marcada tendencia funcional, inspiración del arquitecto alemán Walter Gropius (1883-1969). El estilo de la Bauhaus se caracterizó por la ausencia de ornamentación en los diseños, incluso en las fachadas, así como por la armonía entre la función y los medios artísticos y técnicos de elaboración. Fachadas largas, armónicas en sus pisos, con profusión de cristales en amplios ventanales.

2 Fundador del célebre pueblo de Zaña, en Lambayeque.

3 Se conoce de este virrey su natural piadoso, escuchaba todas las misas incluyendo la del amanecer llamada misa parva. Barría la iglesia de Los Desamparados, contigua al palacio. Sus haberes iban a las casas de hospicio y a los asilos. Su corazón está guardado en un cofre en la Iglesia de San Pedro.

4 Por el oidor de la Real Audiencia D. Francisco Álvarez del Gato.

5 El artículo original fue publicado en Ultima Hora, en febrero de 1992. Posteriormente ha recibido enmiendas y añadidos, proceso que por lo visto no acaba.

6 El Dominical.- El Comercio.- 9/6/02. Pág. 13.

Publicado originalmente en Blogger el 13 de enero del año 2006

Armas de la ciudad de LIma, po Carlos V. Pila de la Plaza Mayor

Armas de la ciudad, por Caros V, en uno de las caras de la columna de la Pileta de la Plaza Mayor de Lima

6 comentarios:

Anónimo dijo…

Genial … !!!

Luis ha sabido describir la crónica con mucho detalle y nos ha ilustrado en historia. Eres un ganador !!!

Tessy

sy.

29 de septiembre de 2006 16:04

Franco dijo…

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17 de octubre de 2006 07:12

Marco Campos dijo…

Very interesting work. Undoubtely Luis Siabala has a very deep knowledge of Latin America history to develop such an important piece of literature. I have enjoyed very much this reading. Please Lucho, continue writing..

25 de octubre de 2006 09:11

Guillermo Lam Almonacid dijo…

Recibimos de nuestro compañero Luis Siabala Valer AU55-Diurna, un interesante artículo sobre las calles de Lima. En un recorrido urbano imaginario, el autor hace gala de su conocimiento sobre nuestra vieja Lima. Cuando se refiere a una calle y narra una breve historia de sucesos y personajes notables y notorios de la Colonia y de la República, y otorgando de esta manera un “expediente” de origen del nombre de dicha calle. Durante su periplo por las calles describe también la arquitectura de las viejas calles con una asombrosa riqueza en detalles inéditos, luego va captando el alma de cada calle a la manera del poeta José Gálvez, a quién menciona y cita. Luego va señalando la invasión de los edificios modernos que van devorando nuestra ciudad, estos intrusos aparecen allá por los años cuarenta, y van configurando la Lima ecléctica de nuestros días, y es aquí donde el autor sale a la palestra como el patricio de la Ciudad de los Reyes, en defensa de las viejas calles de Lima, y porque no decirlo en defensa de nuestra tradición limeña y nuestra manera de ser peruanos, es decir nuestra identidad, muchas veces cuestionada por tirios y troyanos. Don Lucho, agradecemos tu colaboración, la gente culta espera tus crónicas.

30 de mayo de 2008 23:40

Castro Zapata, Héctor Manuel dijo…

Saludos:

¿Sabes de algúna otra fuente para sacar información sobre la evolución en las calles de Lima? Gracias.

25 de octubre de 2009 17:57

José Abad dijo…

Excelente artículo sobre las calles de Lima, llenas de tradición e historia. Muchas gracias Don Luis Siabala. Esa frase “Esta para el gato” la había escuchado y hasta yo mismo la mencionaba sin conocer su verdadero origen. Espero todavía no estar para el gato.

Un abrazo

José Abad
http://www.accidentetranvia.blogspot.com/

7 de junio de 2010 00:56

Una casa de la calle de Afligidos


Lima. Calle de Afligidos, boceto de L. Angrand, 1838

Calle de Afligidos. Leonce Angrand; lápiz; mayo 1838

Batalla del Morro de Arica, 07061879

Juan Lepiani, Asalto al Morro. Primera cuadra del Jirón Cailloma

A pocos metros de la esquina que forma la calle de la Veracruz con la de Afligidos, una de las del antiguo Jirón Lima, ahora Conde de Superunda, se yergue una casa de dos plantas y líneas sencillas, acaso producto de la influencia italiana del s. XVIII de las escasas que aún se pueden ver en Lima. El clásico portón abre a un zaguán con patio embaldosado.

La placa de bronce nos dice que se trata del Museo de los Combatientes del Morro.

El Morro, un sencillo sustantivo que es una oración. Para los peruanos cuyo largo litoral patrio presenta notables accidentes geográficos, no dudamos a su sola mención no pueda ser otra que la del Morro de Arica, célebre por la resistencia y holocausto de un pequeño contingente de soldados peruanos que lo defendió con denuedo hasta sucumbir del abrumador asalto de los regimientos chilenos, la mañana del lunes 7 de junio de 1880.

La tropa hambrienta, pero siempre erguida,

no implora una limosna de la Suerte;

es como una avanzada de la Vida

que presenta sus armas a la Muerte… [1]

Entremos:

Restaurada la vieja morada, destina ahora sus habitaciones para museo, fue el lugar del nacimiento y vivienda del coronel Francisco Bolognesi Cervantes y la de su familia. [2]

En el patio, bastante bien cuidado presenta su robusta mole un cañón Voruz, modelo de 1866, como los usados en la defensa del Morro y volados por sus sirvientes en momentos decisivos de la pelea. También otro pequeño de bronce y de avancarga de la fundición nacional de Morales Alpaca. Oleos de militares en hierática actitud, uniformes de fino paño, con los vivos del arma a los lados del pantalón; documentos impresos y hojas a pluma y tinta, objetos de uso personal y menudos otros efectos del dueño de casa…  un libro de esgrima, otro de vieja factura sobre asuntos militares…

Alfonso Ugarte

Una sala lleva el nombre del coronel Alfonso Ugarte Vernal. Allí se puede apreciar el magnífico óleo, en toda su magnitud. Visión tremenda la de ese jinete ya en su salto inmortal; es el jefe del batallón Iquique No. 1, lanzado al abismo en su caballo, en una mano empuña con seguridad y confianza la bandera nacional; pero en la diestra, todavía amenazante, alza su sable roto. La hueste contempla asombrada a ese centauro en trance de héroe.

De pronto en un corcel, entre el tumulto

que arrolla el invasor, rápido avanza

Afonso Ugarte; esgrime un meteoro.

Tal en las sombras del dolor oculto

brilla, a veces, un rayo de esperanza…

Es blanco su corcel (cascos de oro y pupilas de Sol).

Rasga la bruma como flecha veloz; y sobre el alta

cumbre, erguido en dos pies, salpica espuma

con relinchos de horror… ¡y luego salta!

B14

Otra sala es dedicada al teniente coronel, Roque Sáenz Peña Lahitte, primer jefe del Batallón Iquique Nº 33. Se ve, entre los reflejos de luz en los cristales de la vitrina, aquél uniforme de general peruano que lució como jefe de línea, en 1905, cuando llegó de la Argentina, su tierra natal, con motivo de la invitación que le hizo el gobierno para la inauguración del monumento al Héroe del Morro, en su condición de ilustre superviviente.

Salas contiguas exponen bustos, uniformes, cuadros, relación de tropas, los amarillentos planos en pergamino de los cañones Vavasseaur de campaña, traídos de Inglaterra por Bolognesi durante el gobierno de Castilla y otros valiosos documentos de aquella acción y sus protagonistas.[4]

Los auténticos sanitarios de la casa, en el último recinto de ese lado, son de loza, propios del siglo XIX, lucen en ellos el monograma con la marca del fabricante. En la sala contigua, de por medio un pasadizo, se exhiben muebles de la época colonial con las armas del halcón bicéfalo de los Habsburgo, los Austrias Menores; en una vitrina finos cubiertos y loza de la casa. Al fondo un pequeño patio y la cocina con una hermosa y robusta estufa de hierro admirablemente conservada con sus hornillos, marmitas, ollas de hierro, depósito de carbón y cenicero; la negra enhiesta y larga chimenea  perfora el segundo piso rumbo al techo.

En la segunda planta, un cristal protege el diorama a escala del Morro con las señales del desplazamiento de los atacantes, posiciones de los defensores y el relieve del campo de operaciones el día de su épica defensa. En la sala inmediata aparecen fusiles Comblain, arma oficial de los chilenos; también Chassepot, Minnie, Winchester, Remington y otras de la varia colección que usaron los peruanos, amén de la munición para servirlos. Bayonetas, espadas, sables, yataganes.

El recinto contiguo, posiblemente el dormitorio principal, alberga, a mi juicio, el alma evocadora de la casa convertida en museo: pende de una de las paredes el celebrado cuadro, obra del pintor Juan Lepiani, El Asalto del Morro.

Describe con épico dramatismo el momento culminante de la batalla y la muerte del anciano defensor de la plaza. Este valioso óleo produce la necesidad de alguna, aunque pálida, somera mención:

Entre marcos de madera en pan de oro, ocupa gran parte de la pared; es la visión panorámica de la numerosa hueste atacante en su uniforme azul y rojo. En primer plano se lucha cuerpo a cuerpo a la bayoneta. Un puñado de marinos peruanos, de azul oscuro, con su clásica gorra con la pretina bordada donde se lee Independencia, pelea obstinado y confundido, codo a codo, al lado de soldados de línea peruanos en uniforme blanco; se trata de los supervivientes del naufragio de la fragata Independencia en la escollera de Punta Gruesa la mañana del 21 de mayo de 1879.

Ese resuelto grupo, entonces indefenso por el estado de naufragio en que se hallaba, busca ahora la muerte en tierra. Es un simple puñado de marinos convertido en infantes en su hora postrera  subido en la cima de ese peñasco cargado de arena salitrosa y sangre.

Un soldado chileno blande un fusil tomado por el cañón y se dispone a descargar, resuelto y fiero, el violento peso de su culata sobre la blanca cabeza del anciano jefe de la plaza, quien caído se acomoda en actitud de disparar su revólver, para entonces ya habría quemado el último cartucho, así lo tenía prometido. A su lado y en su torno un tendal de muertos, entre ellos el teniente de navío, don Guillermo More, yace exangüe libre ya de los pesares del inesperado naufragio y la pérdida de su nave, había entregado la vida en tierra como un simple soldado, viste el uniforme de los jefes de la armada nacional, al lado su espada con la dorada dragona.

Un soldado peruano tiene pasado con su bayoneta a un infante del Rancagua, quien mortalmente herido acusa el terrible trance. Cerca, un grupo de enemigos rodea al coronel argentino Roque Sáenz Peña, adherido a la causa nacional, hermanado al grupo de resueltos capitanes que secundaron a Bolognesi en su deseo de defender el Morro. Respetan y protegen la vida del jefe aliado por haberlo ordenado así uno de sus oficiales.

El fin está próximo…

Llueve el plomo, se rasga la bandera,

se destempla el clarín; y roncamente,

la invasión adelanta y adelanta;

y caen los soldados, a la manera de las espigas

cuya altiva frente el granizo quebranta…

La visión de conjunto que se muestra del cuadro, somete el alma, pero más aún el marcial detalle: Vivos colores de soldados enconados en lucha fiera, fornituras de cuero y lona al cinto, correajes enhebillados, cantinas, yataganes, sables dispersos por doquier… esgrima a la bayoneta; por el fondo y de los lados, entre volados cañones, nuevo refuerzo del enemigo sube y flanquea a los escasos defensores; el duro suelo de aquel magnífico peñón se empeña en beber sangre destinada a la inmortalidad.

Coronel Francisco Bolognesi Cervantes

Al retirarme de esa morada, convertida en museo, hay una impresión en el alma, es la impronta del pasado estampada en la matriz del recuerdo. La casa de la calle de Afligidos.

El largo Jirón Cailloma termina en la cuadra que lleva el curioso nombre de Monopinta. Las intermedias son Argandoña, Calonge, Puerta Falsa del Teatro, Acequia Alta, Villegas.

Calle abajo, el invisible vate me susurra al oído…

El desgarrado grito

del vibrante clarín pregona al viento que la silente paz del infinito

ha bajado también al Camposanto… [6]

[Ver]

Lima, 7 de junio; 2007.

Notas al final de página

Grabados:

El Asalto del Morro. Juan Lepiani. Museo de los Combatientes del Morro de Arica, Lima – Perú

Calle de Afligidos, apunte a lápiz de Leonce Angrand. 1838. Ed. Milla Batres. 1972

[1] José Santos Chocano, La Epopeya del Morro, I, En Espera. Poema Americano. (Premiado con medalla de oro por el Ateneo de Lima. Lima 1899)

[2] Durante el gobierno que presidió el general Juan Velasco Alvarado.

[3] Obra citada. VI Fin del Asalto.

[4] Con el sello: London Ordnance Works – J. Vavasseaur – South Work St. London S. E.

[5] Obra citada. IV El Asalto.

[6] Obra Citada III Antes del Asalto.

Fotos:

Friso del monumento al coronel Bolognesi en la plaza de su nombre en Lima. El autor

Coronel Bolognesi, INTERNET

AD Majorem Dei Gloriam

Orden JesuíticaNotas sobre la expulsión de los jesuitas del Perú

Lima, septiembre 8 de 1767.- Una columna de alguaciles tea en mano, dos compañías de granaderos y ocho soldados de caballería de la guardia del virrey, dirigen sus pasos por Aldabas, continúan por Beytía con dirección al templo de San Pablo, actual iglesia de San Pedro. Ha quedado roto el sueño de los vecinos por la sorda marcha de corchetes o ministriles de justicia con escolta y aparato; entonces algunos curiosos asoman para ver el extraño desfile aquella fría madrugada.

La ciudad duerme hace mucho y aún los gallos no anuncian el nuevo día cuando suenan huecos, extraños y desacostumbrados los golpes del aldabón en la maciza puerta que da a la plazoleta del cementerio del Callejón de Gato; cosa curiosa: la contigua y monumental iglesia tiene tres puertas en lugar de las dos que habrían de corresponderle por su categoría, prerrogativa únicamente reservada a los templos catedralicios.

Las bocacalles han sido cerradas y los contornos de la manzana guarnecidos. Se abre el postigo y el hachón alumbra la barbada faz de un monje alto y compuesto:

– La paz sea con vosotros hermanos, adelanta con tranquila voz el jesuita, pasad, por favor.

Don Domingo de Orrantia, caballero que presidía la comitiva, queda desconcertado. No era para menos. Cúanto sigilo y secreta consigna para la sorpresa que esperaban producir y que ahora la recibían tornada. Al hacer su ingreso en tropel en el zaguán e inmediato patio se deja ver en la semioscuridad una larga columna de frailes breviario en mano y el zurrón a sus pies con sus magras pertenencias.

Indudablemente, esperaban preparados aquella incursión (1)

Los Jesuitas son expulsados de San Pablo de Lima

El padre provincial José Pérez de Vargas y el último rector, fray Antonio Claramunt fueron compelidos a entregar llaves y hacer que la comunidad se concentrara en el amplio refectorio, que se dispuso a campana tañida; allí se les leyó la orden de extrañamiento del reino; además, que la detenida grey del Colegio Máximo de San Pablo de Lima, seminario y colegio católico, sería sacada de sus domicilios, que en Lima eran cuatro, a saber: el Colegio Máximo de San Pablo, la Casa Profesa de Desamparados, el Colegio San Martín y el Noviciado de San Antonio Abad.

Era la ocasión de hacerla desfilar en el mayor sigilo por calles y plazas en hora temprana y expulsarla fuera del reino del Perú, lejos, muy lejos tanto donde no pudiera saberse más de ella. Había empezado la tristemente célebre cuanto injusta purga de los padres jesuitas. En todo el reino se llevaban en horas similares estas diligencias. Allí donde existía una comunidad jesuítica igual ocurría.

Disciplinados y serenos están ya formados aquellos soldados de la Compañía de Jesús (Societatis Jesu, SJ) selecta Orden llegada al Perú en 1568. Forjados en los ejercicios espirituales legados por su fundador y primer Prepósito General San Ignacio de Loyola suman, a la proverbial disciplina -magredad de costumbres, sólida instrucción y sereno juicio- un hálito de clara inteligencia que los había hecho temidos, cuando no envidiados en todo tiempo y circunstancia. La Orden de los jesuitas se había incorporado, en 1540, a instancias del emperador Carlos V ante el Papa Paulo III y a resultas del larguísimo Concilio de Trento por obra de la Contrarreforma.

Pero era claro que las reales disposiciones tenidas por secretas, compulsivas y precisas, despachadas con toda anticipación desde el palacio real de El Prado al virrey del Perú y reenviadas a todas las gobernaciones del vasto virreinato habían sido, en algún tramo, conocidas por estos religiosos. El trigésimo primer virrey del Perú, don Manuel Amat y Juniet (1761-1776) estaba al mando en ocasión de estos sucesos.

Anciano y gotoso cuando no enamoradizo, el catalán renegaba de los deslices de su amante Micaela Villegas, La Perricholi, pero estaba en inteligencia con Madrid en asuntos de esta expulsión que la tenía por secreta y sobre la que se había asegurado que así lo fuera.

Más tarde, en orden y con dignidad, murmurando algún rezo la columna de reos abandona su amada casa, algunos vuelven la mirada al hermoso y elevado frontis renacentista donde se inscribe misterioso el anagrama JHS; los más viejos con los ojos empañados y los más jóvenes encadenadas sus emociones. Larga va la columna de frailes que encamina hacia la portada del Callao donde colocada en carretones enrumba al puerto; allí les aguarda la primera prisión, el navío de guerra San José Peruano destinado para su largo viaje y deportación. Allí también se darán encuentro con otros hermanos exiliados, procedentes del Alto Perú, la Capitanía General de Chile y demás confines de la jurisdicción virreinal.

Es septiembre y la húmeda neblina con la garúa temprana azuza el frío.

Consciente Amat que muchos de los novicios y frailes eran limeños por lo que la población podría reaccionar en favor de ellos, aceleró el zarpe y es así que el 29 de octubre 180 jesuitas marchan al destierro; al dar fondo en Valparaíso, esperaban ya 200 jesuitas, pero dado el escaso espacio que les quedaba a los embarcados en el Callao únicamente pudieron dar autorización a 21 sacerdotes chilenos. El 1 de enero de 1768 se hicieron nuevamente a la vela para arribar a Cádiz después de cuatro penosos meses de navegación. El total del secuestrado, según documentos estudiados, expresa que llegó a 499, de los cuales 429 embarcaron para España.

Quienes habían corrido la voz de la fortuna descomunal que los jesuitas habrían dejado enterrada en sus casas y templos, dieron lugar a una mal disimulada búsqueda, especialmente en San Pablo, pero jamás se pudo encontrar otra cosa que los ornamentos sagrados y obras de arte de gran valor producto de las donaciones. Es así que la tan cantada riqueza de la Orden jamás apareció; por el contrario, se pudo comprobar por los documentos incautados que los frailes habían vivido al día y si de algún dinero se tuvo noticia, era el proveniente de las cofradías que lo habían confiado.

La masiva defenestración, entre posibles otras causas, tendría origen en estos hechos:

En la metrópoli, don Pedro Pablo Abarca de Bolea, IX conde de Aranda, valido de Carlos III, el Déspota Ilustrado, había convencido al Consejo Real y con ello al mismo rey sobre la necesidad de terminar de una vez con la clara hegemonía de los discípulos de Loyola en las provincias de ultramar y en la propia España. Razones sobraban.

Había suficiente queja contenida en los reales despachos por la forma como administraban los jesuitas las misiones o reducciones del Paraguay asiento de los nativos calchaquíes y guaraníes y la prosperidad que habían logrado en comunidad. Situación que de otro lado habría puesto en bancarrota a los encomenderos, que si bien era cierto se les sabía abusivos e indolentes, al fin de cuentas también eran tributarios del rey.

Que no era poco que aquellos jesuitas, la última Orden clerical arribada al Perú doscientos años antes, hubiera tornado en su favor, hegemónico y exclusivo, la instrucción de los hijos de las clases más encumbradas, dejando a los franciscanos, mercedarios, dominicos y agustinos en planos inferiores en materia de impartir la instrucción.

Además, muchos legados de agradecidos pudientes testaban en favor de la Orden y con ello habíanles procurado un patrimonio en hacienda y propiedad inmueble sobre las que ejercían labor tesonera de producción e industria que los hacía prósperos a la vista de cualquier feligrés y muy al pesar de no pocos.

Y en materia de conocimiento y cultura, los ilustrados hermanos poseían una biblioteca rica en volúmenes de los más variados títulos, en su mayoría tratados de ciencia y teología, ¿No constituía esto un poder de primer orden? Con la expulsión y el tiempo esa colección pasó a formar la Biblioteca de Lima, asolada por la soldadesca chilena en 1881 y devorada por el incendio de 1943.

Tampoco podía dejarse caer en saco roto las intrigas vengativas de don Pablo de Olavide, el limeño quien sufriera prisión dispuesta por la Inquisición sobre la base de la denuncia de los jesuitas de haber empleado parte de los dineros que le confiara el virrey, para obra pía y el levantamiento de templos y casas religiosas destruidos por el sismo de 28 de octubre de 1746 y con esa dolosa sisa haber empezado la fábrica del Teatro de Lima, obra del todo impía, según criterio de sus acusadores.

En el Perú, el virrey don José Antonio Manso de Velasco, conde de Superunda, había conseguido con mucho esfuerzo trocarle a Olavide el auto de fe inquisitorial de la hoguera por el de expulsión perpetua y ahora, en la hora suprema, se encontraba don Pablo en España protegido del Conde de Aranda mascullando su desquite. La expulsión de los jesuitas de todos los reinos de España sería el colofón y para ello pondría algo de su empeño de masón y enemigo natural de la Orden ignaciana.

También se tenía en cuenta la fundada sospecha que el reciente motín llamado de Esquilache, en Madrid, los jesuitas habíanla propiciado o apoyado.

Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, persona de absoluta confianza del rey, firme en su decisión se había propuesto erradicar en la Villa de Madrid el uso de la capa larga y el sombrero de ala ancha llamado chambergo con el pretexto de que, embozados, los madrileños podían darse anónimamente a todo tipo de atropellos y esconder armas entre la amplitud del ropaje.

La medida propugnaba el uso de la capa corta y el tricornio o sombrero de tres picos de procedencia extranjera. La multa en caso de desobediencia ascendía a seis ducados y doce días de cárcel para la primera infracción y el doble para la segunda. A este italiano debía Madrid las obras de saneamiento y limpieza, que tanta falta le habían hecho. A él también la pavimentación e iluminación de calles y la creación de paseos y jardines.

El edicto de marras dio origen a un levantamiento en la vieja capital a orillas del Manzanares y otras partes de España, pero es posible que la manifiesta escasez, pobreza y hambruna que de verdad la asolaban hubieran sido la verdadera causa que había puesto en riesgo la estabilidad del propio rey. Esquilache fue forzado al exilio y de esta forma terminado el motín. (Ver)

¿Cuán lejanos pudieran haber estado los jesuitas de estos sucesos?

Había mucho de encono contra la famosa Orden en el Paraguay y su revolucionaria obra. Claro, resultaba intolerable la competencia de los buenos géneros de tela confeccionados en las reducciones nativas vendidas a precio de coste y de calidades superiores a los burdos que traían los mercaderes de Asunción desde la lejana España para imponerlos bajo grosera exacción a los nativos; ese abuso había terminado. Los jesuitas igual que pronunciaban elocuentes la palabra misionera, enseñaban la ciencia de la manufactura en los telares; el arte del cultivo y la administración de la granja, el uso de las herramientas de todo tipo y su forja; el cuidado de la salud y la preparación de medicamentos. El valor del esfuerzo constante aunado a la virtud cristiana por la buena obra había despertado en los sencillos naturales un orgullo redivivo.

Allí estaba para probarlo también la factura sólida y equilibrada de piedra y ladrillo de sus construcciones, en sus volúmenes generosos, correcta orientación y barroco impresionante; allí también la cadena inigualable de templos que desde Puno, pasando Juli sigue las estribaciones de Humahuaca en Jujuy, hasta Misiones en Yapeyú. Singulares obras maestras, cuyos abandonados vestigios aún son motivo de admiración.

Acaso no fueran notables los alcances de la cultura occidental implantados con paciencia y amor por esos laboriosos frailes. Así, en las espesuras de la cercana Iguazú, una orquesta de cámara formada por jóvenes guaraníes lanzaba a los vientos la Sonata en trío para violines y violonchelo, opus 1, de Arcangelo Coreli, como si lo fuera la más conspicua y afiatada orquesta de Cremona o de Mantua provista de violines tan buenos como los afamados Guarneri o Stradivari, que también los fabricaban en aquellas exóticas latitudes tan lejanas.

Pues no, ya era suficiente; Carlos III, decreta la expulsión de la Compañía de Jesús mediante la Pragmática Sanción, cuya glosa reza:

[…]Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real y de lo que me han expuesto personas del más elevado carácter, estimulado de gravísimas causas relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias que reservo en mi real ánimo; usando de la suprema autoridad económica que el Todopoderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto de mi corona, he venido a mandar se extrañen de todos mis dominios de España e Indias, Islas Filipinas y demás adyacentes, a los religiosos de la Compañía, así sacerdotes, como coadjutores y legos que hayan hecho la primera profesión, y a los novicios que quisieren seguirles, y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía de mis dominios. Y para su ejecución uniforme en todos ellos os doy plena y privativa autoridad, y para que forméis las instrucciones y órdenes necesarias, según lo tenéis entendido y estimareis para el más efectivo, pronto y tranquilo cumplimiento. Y quiero que no sólo las justicias y tribunales superiores de estos reinos ejecuten puntualmente vuestros mandatos, sino que lo mismo se entienda con los que dirigiereis a los virreyes, presidentes, audiencias, gobernadores, corregidores, alcaldes mayores y otras cualesquiera justicias de aquellos reinos y provincias, y que, en virtud de sus respectivos requerimientos, cualesquiera tropas, milicias o paisanaje den el auxilio necesario sin retardo ni tergiversación alguna, so pena de caer, el que fuere omiso, en mi real indignación. Yo, el Rey, 27 de febrero de 1767.[…]

Mucho hay registrado de la pena, privación y desdén que los miembros de la Orden habrían de sufrir, numerosos de ellos abandonados a su suerte en los Estados Pontificios, hoy Italia. Abandonados también sus templos y casas de retiro, mal administrados por las temporalidades, es decir, ocasionales entes encargados del cuidado de ese patrimonio celosamente construido y atesorado que finalmente quedó disperso, hurtado o desaparecido (2).

La expulsión trajo consigo un retroceso en la producción del campo y la industria donde había sido motivo la tarea jesuítica. Se dejó sentir también en la calidad de la instrucción y mucha gente acusó recibo de las deficiencias, de tal suerte que pasados pocos años se gestó la idea de hacer retornar a los extrañados. El daño ya estaba hecho.

Se tuvo empero, para castigo o recompensa, que un jesuita arequipeño, pampacolqueño de origen, don Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, víctima de esta expulsión produjera en su tiempo el más subversivo libro que habría de apuntalar los deseos inocultos de independencia, con anterioridad a la emancipación de Iberoamérica desde los albores del siglo XIX.

La Carta a los españoles americanos del jesuita peruano galvanizó las conciencias de los pueblos y les indujo a la separación de España, acaso para La mayor gloria de Dios.

Reducción de San Miguel, actual territorio del Brasil

Reducciones del Paraguay; reducción de San Miguel, actual Brasil, fundada por el jesuita limeño P. Antonio Ruiz de Montoya

(1) Invitamos en este punto a leer la tradición El Nazareno, de don Ricardo Palma, quien era masón y tampoco comulgaba con los jesuitas, respecto a cómo no fue secreto para ellos la real orden de extrañamiento. El historiador R. P. Rubén Vargas Ugarte, S. J. niega versiones de este jaez y por el contrario explica el gran pesar y sorpresa que produjo entre los hermanos jesuitas semejante disposición cuando les fue leída aquella Pragmática Sanción.

(2) Y esto sólo fue uno de los episodios de la tremenda campaña antijesuítica que se desató en Europa. Fueron expulsados de Portugal (1761), Francia (1764), España (1767), Sicilia (1765) y Parma (1768) y la supresión por vía administrativa decretada por el Papa Clemente XIV en 1773. La restauración, impulsada por José Pignateli, tomando como base los grupos de jesuitas que habían permanecido en la Rusia Blanca, fue sancionada por Pío VII (1814) pero no todo resultaría fácil. El afianzamiento y la difusión fueron dificultados por las persecuciones en muchos países.

Fuentes:

Historia General del Perú. Tomo IV (Virreinato 1689, 1776) R. P. Rubén Vargas Ugarte S. J. Ed. Carlos Milla Batres, 1981; Lima-Perú.

Tradiciones Peruanas Completas. El Nazareno, (1774), Ricardo Palma. Aguilar – Madrid 1964.

Internet

Artículo migrado de Blogger donde fue alojado originalmente

http://www.sanpedrodelima.org/historiacont.html#arribahist

http://es.wikipedia.org/wiki/Mot%C3%ADn_de_Esquilache

http://es.wikipedia.org/wiki/Compa%C3%B1%C3%ADa_de_Jes%C3%BAs

Grabados de Internet

Incursión en San Pablo. Del blog ESEJOTAS del Perú
Emblema de la Compañía de Jesús.

Reducciones del Paraguay, Reducción de San Miguel, en territorio actual del Brasil

 

25 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

MI QUERIDO HERMANO:

EXCELENTE TU BLOG SOBRE LA EXPULSION DE LOS JESUITAS. LAS AVENTURAS DE DON ALONSO DE ARELLANO “EL NAZARENO” ES UNA DE MIS TRADICIONES FAVORITAS; LA OBRA “GOYA” DE LEON DE FEUCHTWANGER, JUDIO TAMBIEN, AUTOR DE “GLORIOSO DESTINO” BIOGRAFIA DE PIERRE DE BEAUMARCHAIS, ESPIA FRANCES, DETALLA LA CAUSA CONTRA PABLO DE OLAVIDE.

MUCHAS GRACIAS

UN ABRAZO

1 de noviembre de 2008 22:56

Jorge Bejar A. dijo…

Luis:

Gracias por tu envió. Interesante y revelador, acerca de la expulsión de los jesuitas. Como siempre, las cosas prosaicas se imponen a las espirituales. Es justo también juzgar los hechos en las circunstancias en que ocurrieron, sin pretender aplicarles los conceptos modernos de la ética. Los jesuitas siguen teniendo enemigos poderosos, su obra a través del Opus Dei, sin embargo, deja una herencia muy rica en todo sentido para el juicio final de la posteridad.

Felicitaciones por tu labor divulgadora de nuestra historia.

Un abrazo,

Jorge Bejar A.

1 de noviembre de 2008 23:03

Carlos Urquizo Bolaños dijo…

Estimado compadre:

Muchas gracias por ilustrarme con un capítulo de los Jesuitas en su faceta buena.

Indudablemente en sus conventos ha habido muchísimos hombres con admirable abnegación por hacer el bien y también es explicable que en ese quehacer, los monjes hayan frustrado las intenciones rapaces de algunos adinerados explotadores, quienes se convirtieron en vengativos antagonistas de la Orden Jesuita.

Tan bien queda en mis recuerdos algo de varios pasajes que en mi juventud leía, donde monjes “militantes” (para denominarles con algún nombre) de la Orden Jesuita, durante siglos desde su fundación, persiguieron implacablemente hasta destruirlos a enemigos (auténticos unos y supuestos otros) del Papado y la Fe Cristiana según su interpretación de entonces. Esta última actividad debe haberles ganado enemigos mucho más formidables, quienes unidos a los demás antagonistas, en su empeño de arruinar a los militantes Jesuitas, destruyeron también su disciplinada organización benéfica (por lo menos temporalmente).

Abrazos

Carlos Urquizo

2 de noviembre de 2008 22:03

Eleuterio Soto dijo…

Apreciado Dr. Siabala:

Elegante e ilustrativo su blog sobre la expulsión de los jesuitas. Los “encomenderos” de hoy también quisieran expulsar a Bambarén.

5 de noviembre de 2008 05:34

José Huerto Rojo dijo…

Hola Lucho, gracias por el envío como siempre he disfrutado con la lectura ese tipo de historias son las que más me fascina y hacen que me transporte a aquellos tiempos, aunque no sé si me hubiera gustado vivirlos. Un fuerte abrazo y saludos por casa, nuevamente muy agradecido por la historia y te felicito por el Blog está de maravilla. Pepe//

6 de noviembre de 2008 11:21

Marco Campos dijo…

Mi estimado Lucho:

Un artículo por demás interesante -que conocí en la película “La Misión”- pero que en tu monografía, la historia resulta enriquecida con detalles que -reconozco- desconocía.

Muchas gracias de este fanático lector tuyo

7 de noviembre de 2008 16:04

Anónimo dijo…

Dr. buenas noches, felicitaciones!!!!! y gracias por ilustrarme, es maravilloso.

Mari.

7 de noviembre de 2008 22:04

Fernando Díaz Tenorio dijo…

Estimado Luis:

Nuevamente gracias por el envío de un trabajo no solo enriquecedor desde el punto de vista histórico, sino también exquisito en su narrativa.

He podido ser testigo de las grandes virtudes de los jesuitas nada menos que en el campo de la educación, cuando Leo (mi hijo) estudió durante 11 años en el colegio de La Inmaculada. Son verdaderamente extraordinarios, porque no solo son profesores sino también maestros (forjadores de la personalidad y los principios morales, sin dogmas ni prejuicios y adecuándose a los tiempos).

Un fuerte abrazo,

Fernando

8 de noviembre de 2008 00:40

Luis Adolfo dijo…

Como en un anterior comentario, insisto en creer que todo el estilo de narrativa, aquí expuesto, obedece a un pleno conocimiento de hechos y costumbres, de dominio de datos y pluma prolija, ajenos a nuestros días.

El estilo pulcro y dramático me evoca las páginas más emocionantes del gran costumbrista Benito Pérez Galdós.

Cito: (La Corte de Carlos IV, Episodios Nacionales):

“Sin oficio ni beneficio, sin parientes ni habientes, vagaba por Madrid un servidor de ustedes, maldiciendo la hora menguada en que dejó su ciudad natal por esta inhospitalaria Corte, cuando acudió a las páginas del Diario para buscar ocupación honrosa. La imprenta fue mano de santo para la desnudez, hambre, soledad y abatimiento del pobre Gabriel, pues a los tres días de haber entregado a la publicidad en letras de molde las altas cualidades con que se creía favorecido por la Naturaleza le tomó a su servicio una cómica del teatro del Príncipe, llamada Pepita González o la González. Esto pasaba a fines de 1805; pero lo que voy a contar ocurrió dos años después, en 1807, y cuando yo tenía, si mis cuentas son exactas, diez y seis años, lindando ya con los diez y siete”.

“Ir a la calle del Desengaño en busca del Blanco de perla, del Elixir de Circasia, de la Pomada a la Sultana, o de los Polvos a la Marechala, drogas muy ponderadas que vendía un monsieur Gastan, el cual recibiera el secreto de confeccionarlas del propio alquimista de María Antonieta.

Ir a la calle de la Reina, número 21, cuarto bajo, donde existía un taller de estampación para pintar telas, pues en aquel tiempo los vestidos de seda, generalmente de color claro, se pintaban según la moda, y cuando ésta pasaba, se volvía a pintar con distintos ramos y dibujos, realizando así una alianza feliz entre la moda y la economía, para enseñanza de los venideros tiempos”.

Tocante a los hechos expuestos, me cautiva la forma dinámica y acuciosa de datos con los que se narra el hecho histórico, en el marco del hecho ficticio: Cito de

“Notas sobre la expulsión de los jesuitas en el Perú”:

… “Más tarde, en orden y con dignidad, murmurando algún rezo, la columna de reos abandona su amada casa, algunos vuelven la mirada al hermoso y elevado frontis renacentista donde se inscribe misterioso el anagrama IHS; los más viejos con los ojos empañados y los más jóvenes encadenadas sus emociones. Larga va la columna de frailes que encamina hacia la portada del Callao donde colocada en carretones enrumba al puerto, allí les aguarda la primera prisión, el navío de guerra San José Peruano destinado para su largo viaje y deportación. Allí también se darán encuentro con otros hermanos exiliados, procedentes del Alto Perú, la Capitanía General de Chile y demás confines de la jurisdicción virreinal”.

Estamos ante un testigo presencial de la historia. Muchos entusiastas directores de cine podrían inspirarse en este guión que los salvaría de anacronismo y de las sutilezas fáciles en las páginas de esta crónica que marcó para siempre la historia del Perú moderno.

Abrazos,

Luis Adolfo

14 de noviembre de 2008 13:03

Enrique Rodríguez dijo…

El antiguo colegio de San Pablo sigue teniendo historia viva, por ejemplo la toma frecuente del atrio. El blog padreenrique.blogspot.com trae datos cotidianos desde el otrora corazón de Lima.

21 de noviembre de 2008 07:07

esejotas dijo…

Estimado Dr. Siabala:

Le agradecemos a usted por ofrecernos su texto sobre la expulsión de la Compañía de Jesús. No podíamos dejar de enlazarlo en nuestra revista virtual, dirigida a los jóvenes de las obras jesuitas.

Fraternalmente,

Esejotas del Perú

22 de noviembre de 2008 18:46

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO HERMANO TU EXCELENTE ARTICULO SIGUE CONCITANDO BELLOS COMENTARIOS…TE FELICITO.UN ABRAZO, RAFAEL

23 de noviembre de 2008 11:06

Eleuterio Soto dijo…

Estimado Dr. Siabala:

Dei Gloriam, Gloria a Dios:

Es Usted un hombre que trata de iluminar el camino hacia la verdad. Una comunidad tan importante, no por su número, sino por su calidad, como los SJ, ha tenido el acierto de colgar en su Blog su ilustrativa narración sobre esas tensas y dramáticas horas que vivieron los jesuitas durante su injusta expulsión de América.

Mis felicitaciones Dr. Siabala.

23 de noviembre de 2008 15:44

Carlos Urquizo Bolaños dijo…

Estimado Lucho:

Considerando que la redacción de hechos ocurridos en el pasado es tu actividad favorita, me imagino que la aceptación de tus artículos debe colmarte de orgullosa satisfacción.

Te felicito por la merecida recompensa a tu esfuerzo, dedicación, etc, etc.

Carlos.

24 de noviembre de 2008 01:59

JORGE dijo…

Excelente post,

Muy bien logrado.

Gracias y bendiciones

4 de diciembre de 2008 10:29

Jaime dijo…

Estimado Lucho:

Acabo de leer por segunda vez tu artículo sobre la expulsión de los jesuitas y me auno a los elogiosos comentarios de tus lectores que ya son muchos y que están esparcidos en varios continentes.

Al margen de las opiniones y prejuicios que puedan existir sobre los jesuitas, sobre todo relacionadas con el real o supuesto poder que ejercieron a lo largo de la historia, no se puede negar su notable y benéfica influencia en el campo de la educación, hasta nuestros días. Mérito que no se les puede escatimar y que los justificaría largamente en todo caso frente a cargos o cuestionamientos de otra índole. Por desgracia la historia universal está plagada de injusticias iguales o peores que esta y, para vergüenza nuestra, siguen ocurriendo en nuestra época.

Los motivos profundos que dieron lugar a su expulsión, no sólo del Perú sino de otros continentes, sólo pueden desentrañarse gracias a estudios rigurosos de los documentos existentes y a la interpretación de los mismos por historiadores profesionales y a los aportes de gente como tú poseedoras de esas raras virtudes de acuciosidad, objetividad y manejo del idioma que logran cautivar al lector en temas que de otro modo resultarían tediosos y aburridos. Felicitaciones.

No deja de llamarme la atención el hecho que algunos comentarios a tu presente trabajo descubran algunas cualidades específicas tuyas, que yo conozco de primera mano a través de las largas tertulias con que a veces nos regalamos. La referencia a Benito Pérez Galdós y la facilidad con que a través de tu prosa se te puede confundir fácilmente con un ciudadano de otra época o aún de otro continente me son familiares y me divierten. Prueba de ello es que por mucho tiempo estuve persuadido que una de tus primeras producciones que tuviste a bien darme a conocer, titulada Los del Jaral, era la trascripción de un documento inédito original de la España de Pepe Botella.

Nuevamente, te felicito por este trabajo y los otros que vendrán.

Jaime Sandoval

7 de diciembre de 2008 22:57

Txemita dijo…

Hola!!

Interesante el blog con mucha literatura. Nunca es lo mismo leer por la pantalla del PC que con el libro en la mano, pero de vez en cuando me paso por blogs de este tipo para disfrutar de un ratito de lectura.

Si os parece os dejo una web donde podréis comprar libros. Es una web con un largo catalogo con bastantes temáticas. Creo que puede ser de vuestro interés.

Un saludo y hasta pronto.

2 de febrero de 2009 04:42

BOIRA_A dijo…

Excelente blog y muy interesante lo que expone

Sobre el Conde de Aranda no está demostrado que fuera Mason, los propios Jesuitas lo desmienten categóricamente Juan Antonio Ferrer, máximo especialista en el tema dice que no lo fue, el tenia un hermano que era Jesuita y sí, está demostrado que los ayudó mucho, pero tuvo que dar cumplimiento a la orden del rey que a su vez la había preparado Manuel Rodas, que también era aragonés.

Ramón y Cajal sí que está demostrado que lo fue, aunque su familia lo niega categóricamente

Gracias y un saludo

11 de abril de 2009 14:58

Andrés Merino Espiñeira dijo…

Santiago, Julio 21 de 2009.

Amigo:

Con cuanto agrado he recibido tu interesantísimo artículo sobre el inicuo sistema utilizado para expulsar a los jesuitas desde la ciudad virreinal, bajo el nefasto reinado de Carlos III. Realmente la concisión y el estilo merecen todo el aplauso de este lejano lector.

Como viejo alumno jesuita (1945-1954), el tema me apasiona, puesto que hasta ciertos historiadores anticlericales han coincidido en señalar que el gobierno colonial, al menos en esta pérdida capitanía denominada “Reyno de Chile”, sufrió su mayor golpe en cuanto a progreso económico y social cuando se dio cumplimiento a tamaña atrocidad.

Más adelante te enviaré testimonios de obras de jesuitas chilenos (Hanisch y Campos Menchaca) sobre el tema, incluyendo, además, los casos de martirologio de miembros de la orden tanto en la Araucanía chilena como en la de allende los Andes, siempre que el asunto fuera de “vueso” interés, como hubieran pronunciado nuestros antepasados.

Pero, como adelanto, valga mi opinión poco original en todo caso, en el sentido que la eliminación de la orden se fraguaba desde muchos años antes, y como muestra te envío copia de parte del libro “Ensayo de la Historia Civil del Paraguay, Buenos-Ayres y Tucumán”, editada en la capital del Plata en el 1816, imprenta de M.J. Gandarillas y socios, texto valiosísimo que casualmente cayó en mis manos por generosidad precaria de su propietario. El autor es don Gregario Funes, cura nacido en Córdoba allá por el 1750 y muerto en Buenos Aires ochenta años después, el que además de su gran papel como rector de la Universidad cordobesa tuvo más de alguna función en el proceso de la independencia de las llamadas provincias Unidas del Plata.

El texto ha sido transcrito con su ortografía original, llamando la atención el abundante uso del acento “grave”, como se llama en la Francia eterna, que mi máquina se negó a copiar por carecer de él.

En la confianza que el azar (y el fin de la crisis) permita el acercarme a la hermosa Lima o que los vientos del norte te arrojen por estas playas, para dar debido cumplimiento a los brindis prometidos, recibe el saludo para ti y tu distinguida esposa, de este aspirante al mínimo conocimiento histórico que a cualquier hombre que aspira ser de bien, corresponde poseer.

Andrés Merino Espiñeira

31 de julio de 2009 14:42

José Abad dijo…

Me aúno con especial entusiasmo y afecto, a las felicitaciones y elogios a este brillante artículo acerca del atropello y expulsión que sufrió la Orden jesuita en el siglo XVIII.

Muchas gracias don Luis Siabala por este rescate de la historia que usted narra con pulcritud, claridad, elegancia y objetividad. Es conmovedora esta lectura y algo que siempre me extrañó fue la pasividad con la que fue aceptada la expulsión por estas tierras. Se que se trataba de una comunidad de religiosos, pero no hay que olvidar que el deseo de justicia muchas veces sobrepasa cualquier ideología, reglamento o ley. En Paraguay tengo entendido que la expulsión costo vidas.

En una época en que los países europeos mercantilistas, tenían como objetivo el comercio exterior y explotación de sus colonias para la mayor acumulación de oro y plata, que representaba la riqueza y poder, España perdía lo acumulado sin saber cómo detener su salida (de metales preciosos) hacia Inglaterra, Holanda, etc. a través de la importación de productos. Y es que la gran inflación que se dio en su economía, así como la mala calidad de sus manufacturas, hicieron que ni los propios españoles quisieran comprar los textiles que se producían en su tierra. La salvación entonces era colocar esta mercancía en la América española.

Me alegra el epílogo de su artículo, donde se demuestra como la expulsión marcó el inicio de la debacle del reino de España en América, con la figura de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, que propició la independencia con su “subversiva” Carta, que sería el respaldo teórico de los independentistas.

Una vez más, un gusto leer sus notas, docto amigo. Disfruté también volver a leer al “Nazareno”, una de las tradiciones más bonitas de Ricardo Palma.

Un abrazo.

12 de agosto de 2010 18:24

Mariana Aguilar Garrido dijo…

Profesor Siabala:

Acabo de terminar de leer su nota acera de los Jesuitas. He quedado conmovida y además admirada con su investigación acuciosa.

Mientras leía, debo admitir que lo entendí a una sola lectura, fue gratificante saber que hubo personas que trabajan simplemente por el hecho de transmitir su conocimiento a personas menos afortunadas como los indígenas a quienes les enseñaron de telares para que ya no tuvieran que comprar telas importadas.

Soy una persona que no soporta ver y saber que haya seres humanos que quieran sacar provecho de los menos afortunados es algo que me sacará de mis casillas. Y fue algo que me sucedió mientras leía, en ese momento vivía la lectura, al saber que personas de jerarquía mayor podían mover influencias para extraditar y hacer pasar miserias a personas que no le habían hecho daño a nadie.

Bueno profesor, le reitero que ha sido maravilloso leer su nota acerca de los Jesuitas y espero ansiosa poder escribirle la carta en el examen final acerca de la Biblia de Donoso Cortéz.

Saludos,

5 de noviembre de 2010 14:35

Luigui Viera Pachas dijo…

Este texto hace que mi mente comience a crear imágenes de cómo se dio este evento histórico en el Perú; el estilo es sencillo pero muy rico en vocabulario, puedo encontrar palabras curiosas pero no muy complicadas de entender ya que el contexto ayuda a descifrarlas.

El texto evoca un hecho histórico muy penoso para el Perú pero que además nos incita a pensar de cómo eran las reglas en ese entonces o quiénes las podían poner a su favor; creo que algunas cosas no han cambiado mucho en la actualidad, ya que en Europa han ocurrido hechos similares con un grupo étnico llamado gitanos que ha sido desterrado de los lugares en los que se ha ubicado.

En este texto me he podido dar cuenta que el vocabulario es muy propio de la época, por ello encuentro algunas palabras nuevas como:

• Aldabón.- asa grande de un cofre, arca, etc. En este caso es el asa con la que se toca la puerta

• Gotoso.- que padece de gota, reumatismo.

• Azuza.-verbo. Incitar, estimular

• Defenestración.- arrojo o expulsión drástica de una persona.

• Sisa.- pequeña cantidad de dinero que se defrauda ó se hurta, especialmente en la compra diaria

Aun así ha sido fácil encontrar significado o un concepto de estas, ya que el contexto en la que se encuentran ayudan a darle un significado de manera rápida. La lectura ha sido fácil y ligera, no encuentro un texto recargado.

A mi parecer el autor expresa con un texto fácil de entender su apego por la lectura sencilla, cautivante, histórica y reflexiva.

9 de noviembre de 2010 22:56

Pedro Cuenca Espinoza dijo…

Ha sido muy interesante y enriquecedor leer este artículo; amplió mi conocimiento ya que sólo pensaba que los jesuitas eran una orden religiosa.

Era una Orden como varias que habían en ese tiempo; este grupo de intelectuales que tiene como fundador a San Ignacio de Loyola era una orden religiosa masculina católica cuya presencia se extendía a diversos países y reinos de ese entonces: Francia, Portugal (primer país en expulsarlos), Canadá, Italia, España y sus colonias principalmente.

El conocimiento y la formación intelectual, estaban al servicio de los demás a tal punto que sus escuelas eran consideradas como las mejores de esa época, sus enseñanzas tenían mucha demanda.

Ante tanto conocimiento que manejaban era lógico pensar que contaban con libros, para mi sorpresa, eran dueños de una biblioteca variada y numerosa que después de su expulsión pasó a ser parte de nuestra biblioteca nacional.

Con tanto conocimiento, eficiencia y cultura era de esperarse que despertaran la envidia de muchas personas a quienes les sería difícil comprender cómo era posible que este grupo de humanos tuviesen juntas tantas virtudes. Considerando su numerosa presencia en las colonias de España la cantidad de enemigos y detractores que se ganaron en base a sus buenos logros era considerable, por lo que resultaba previsible su pronta caída.

Los resultados de esta gestión lamentablemente se hicieron realidad un 27 de febrero de 1767 cuando se dictó la sanción que ordenaba expulsarlos de todo el reino y colonias de España. Esta orden se manejaba como secreto de Estado, sin embargo, de alguna manera logró filtrarse la información de tal forma que cuando en la madrugada del 8 de setiembre de 1767 una columna de soldados se dirige al templo de San Pedro (el más representativo templo de los jesuitas en el Virreinato del Perú) para cumplir con el mandato, fueron recibidos con amabilidad y se dieron con la sorpresa de encontrarlos formados y listos para partir, demostrando que hasta en los peores momentos eran organizados.

10 de noviembre de 2010 00:10

Wilson Domínguez Vilela dijo…

Excelente, apasionante, como para seguir leyendo e investigar más del tema, sobre este impactante hecho como lo fue la expulsión de los jesuitas del Perú.

Puedo rescatar que los jesuitas eran frailes, profesores, con un nivel muy alto de cultura, conocimientos de ciencia y teología.

Rescato en la primera parte del relato, la tranquilidad con que estos frailes atienden a las tropas invitándolos a pasar al convento. Me imagino todo lo que deben haber sufrido al ser expulsados de todos los dominios españoles.

Definitivamente injusto tremenda campaña anti jesuita y el atropello con se expulsa a la compañía de jesuitas. Expulsados en horas de la madrugada para no hacer públicas las rozones de la su expulsión. Dejándose un vacío en colegios, conventos.

10 de noviembre de 2010 03:07

Pirucca Brummell Aro dijo…

Estimado Profesor:

Usted no sabe el encuentro de emociones que he tenido leyendo su historia. La encontré apasionante, inspiradora, sentimental, educativa y mucho mas. Es el tipo de lectura que enriquece la mente y el alma. Es impresionante el tipo de redacción que usted utiliza tan cuidadosa y esmerada. Siempre he tenido una admiración particular por las personas bien habladas y cultas como usted; con respecto a su relato los jesuitas son la clase de personas que ayudaron en la educación de muchos pueblos sin ningún interés de por medio, con el afán de instruir de una manera muy elocuente a los ciudadanos necesitados, aunados a sus creencias. Muy triste lo que les pasó y cuando se dieron cuenta aquellas personas que realizaron tan cruel hecho, del error cometido o aquellas personas que sí valoraron la labor de estos personajes y trataron de trocar la nefasta equivocación, resultó demasiado tarde porque el daño ya estaba hecho.

En esta lectura no solo pude adquirir palabras nuevas para enriquecer mi dialogo sino también aprendí un poquito de la historia de San Ignacio de Loyola, don Manuel Amat y Juniet, Micaela Villegas, sobre el motín de Esquilache y muchos personajes inéditos para mí. Le agradezco por su interés no solo de enseñarnos una simple clase sino también de ampliar nuestra cultura y sensibilizarnos ante sucesos que fueron transcendentales para nuestro país.

Su alumna Pirucca Brummell

10 de noviembre de 2010 23:02

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