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Luis Montero y los Funerales de Atahualpa

DOMINGO, 21 DE NOVIEMBRE DE 2010

Para don Pedro José Abad

 

Los Funerales de Atahualpa. Luis Montero

 Interesante trayectoria de un cuadro itinerante

El paso fugaz por la vida y la construcción de una celebridad, son las dos características de don Luis Montero Cáceres, pintor piurano, hijo de un comerciante de San Miguel de Piura, quien solicitó al quiteño José Anselmo Yáñez impartirle sus primeras lecciones de pintura. A los once años, en 1837, las recibe también del dibujante Robert Tiller, francés que purgaba delito por falsificación de moneda en la cárcel local.

Nuestro biografiado, aficionado temprano a las bellas artes, llegó al mundo en 1826 y lo dejaría 43 años después, una temprana partida en 1869 que si bien truncó para las artes nacionales la tarea de un productor excelso, no fue óbice para que legara aquella importante obra que ahora nos ocupa.

Es para 1843 cuando ingresa en la Academia de Dibujo y Pintura que regentaba en Lima desde fines de 1840 su paisano y notable maestro, don Ignacio Merino tan solo durante un semestre; Merino fue su primer maestro de pintura, lo fue también de Ipinza, Laso, Masías y Torrico. Pero la necesidad de recursos hace que Montero se dedique al comercio; es así que torna dependiente de una tienda de Lima y para 1847 dirigía un negocio en Ica.

Resulta anecdótico, cuando no verosímil, que aquel retrato que hizo en miniatura del general Ramón Castilla Marquesado, en 1848, entonces elevado como jefe de la junta de gobierno en 1844, fuera el origen de una beca para Montero. Mostrada, la diminuta pieza causó sensación por la precocidad artística de su autor y la fidelidad.

Se dispuso el monto de cuatrocientos soles mensuales y su partida a Italia para estudiar en firme las bellas artes. En Florencia, la medieval y legendaria ciudad toscana, ingresó en la academia de los maestros Guiseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini.

En 1852, el Presidente José Rufino Echenique, sucesor de Castilla, posó para sus bastidores, esto es durante el gobierno que inició en 1851 y entonces renovó la pensión del artista. De esta forma Montero regresa por segunda vez a Europa, nuevamente a Florencia y pasa después a Francia; pero aquel beneficio culminó abruptamente con la batalla de La Palma (5 enero, 1855) la derrota de Echenique y su inmediata deposición por el victorioso jefe de la Restauración, el mismo general Castilla. Montero queda entonces sin recursos y retorna a Lima en 1856.

Su fama acreció en la capital peruana con la factura de retratos de personajes de la sociedad y temas de extracción clásica. No fue vasta la producción de Montero, por el contrario resultó escasa. En 1860 se realizó en Lima la primera exposición de pintura, y el artista participó presentando 19 cuadros que le valió una nueva beca del gobierno para que continuara sus estudios en Italia y Francia; radicó en Florencia, después viajó a Cuba, donde estableció un concurrido estudio en La Habana. Había vuelto por tercera vez a Europa.

Los Funerales de Atahualpa

En Florencia emprende su famosa obra, es allí donde con tesón y acusado acento academicista se ocupó de trasladar al lienzo y al óleo, en proporciones generosas, (350 x 430 cm) uno de los momentos dramáticos de la conquista del Perú: aquél cuando habrían tenido lugar las exequias del emperador inca para quien Pizarro ordenó vil garrote, pese haber obtenido el codicioso conquistador extremeño cuantioso rescate en oro, impresionante recaudo, posiblemente uno de los mayores que haya pagado cautivo alguno desde la más remota antigüedad.

El cuadro de proporciones generosas, hermosamente enmarcado, decorado en pan de oro lleva el nombre del acontecimiento histórico: Los Funerales de Atahualpa.

Ejecutado con factura académica de marcado dramatismo, conforme lo aseguran los expertos, efecto que tampoco pasa desapercibido para los profanos, resulta la versión histórica dada a conocer por cronistas de la conquista y explicados literariamente por Guillermo Prescott; pero usando, con libertad o licencia, de los cánones de la historia del arte elementos no correspondientes a la cultura inca ni ajustados a la raza cobriza del pueblo conquistado.

Con relación a estos mortales despojos imperiales, describe el hecho el historiador norteamericano Prescott en La Conquista del Perú:

[…] “indígenas” lloran y tratan de acercarse al cadáver del Hijo del Sol. Los soldados contienen al desordenado tropel de mujeres que interrumpen la ceremonia religiosa. Se celebraron sus exequias con gran solemnidad. Pizarro y los principales caballeros asistieron de luto, y las tropas escucharon con devota atención el oficio de difuntos, que celebró el padre Valverde. Interrumpieron la ceremonia muchos gritos y sollozos que se oyeron a las puertas de la iglesia, las cuales abriéndose de repente, dieron entrada a gran número de indias esposas y hermanas del difunto, que invadiendo la gran nave, rodearon el cuerpo diciendo que no era aquél el modo de celebrar los funerales de un inca y declarando su intención de sacrificarse sobre su tumba… Después las intimaron que se saliesen de la iglesia, y muchas de ellas al retirarse se suicidaron con la vana esperanza de acompañar a su amado señor en las brillantes mansiones del sol […]

De ello habría resultado esta versión pictórica que presentamos en dos partes, para ensayar alguna descripción por separado:

Las concubinas de Atahualpa

  LAS CONCUBINAS, MUJERES Y HERMANAS DE ATAHUALPA

Con excepción del monarca, exangüe en su litera con ropajes ajustados al atuendo inca, con grilletes, aherrojado a su lecho mortuorio posiblemente para mantenerlo a salvo, las mujeres que plañen con desesperación son modelos latinas con atuendos latinos tomadas de la pintura en boga del siglo XVI. También las columnas, de forzada hechura contrastadas con los muros de clásicas hornacinas trapezoidales incásicas, son producto de imaginación y composición venidas en socorro.

Resulta justificada la necesidad de improvisar que tuvo Montero, dado que el conocimiento de la cultura inca no había alcanzado por entonces los niveles que hoy son de dominio general. Destacan otros aspectos sin embargo: Soberbio el porte de Pizarro, caballero de larga y canosa barba, que acusa la gravedad del momento vestido de oscuro, sombrero en mano; mientras activos y expresivos tonsurados dominicos rezan el responso; tan elocuente el gesto del prior Valverde que trata de convencer a una aflictiva concubina como enérgico el de los alabarderos para contener el tumulto que pugna por llegar al catafalco.

Pizarro y Aahualpa

PIZARRO Y ATAHUALPA

Deseoso de exponer su obra, posiblemente bien calificada por la exigente y entendida critica florentina, Montero decide llevarla al Perú en 1867. Emprendió el largo recorrido desde tierra toscana por el Mediterráneo, con posible partida, lo decimos usando imaginativamente de algún lógico itinerario que tiene por partida Génova y escalas en Marsella, Barcelona y Cádiz para cruzar luego el proceloso Atlántico y tocar en Río de Janeiro donde, precedido de la fama, hubo de exponerla en el Teatro San Pedro con gran suceso y homenaje ofrecido por la colonia italiana. En Buenos Aires se exhibe el lienzo desde octubre de 1847 hasta febrero del siguiente año, allí se mantuvo el mayor espacio de tiempo registrado de ese lado de América del Sur; pasa luego a Montevideo. La recaudación ayudó en mucho a la transportación hasta el Pacífico y el puerto del Callao, donde arriba en septiembre de 1868.

La muestra en Lima tiene lugar en la Escuela Normal que registra la vista poco frecuente de 15 000 personas en muy corto tiempo.

Montero retribuyó la beca concedida por el Congreso de la República obsequiando el cuadro a esa corporación parlamentaria. Le fue otorgada una medalla, el premio de veinticinco mil soles y la pensión vitalicia de dos mil anuales.

Se dispone entonces la exhibición permanente de Los Funerales de Atahualpa en uno de los impresionantes espacios del Palacio de la Exposición. Allí, en ese recinto expresamente diseñado en Francia para la Exposición de Balta que tuvo lugar en Lima en 1872, quedaría fincada desde entonces su remota sede y registrado su detalle en inventarios.

En 1869, nuestro pintor preparaba su cuarto viaje a Europa; tenía en mente otro gran lienzo sobre otro tema de historia, La Rendición de Rodil, dramático episodio que tuvo como actor principal al brigadier español José Ramón Rodil y Gayoso en los albores de la independencia -militar que mantuvo firme la bandera española en los Castillos del Real Felipe dos años más allá de la batalla de Ayacucho- es en tales circunstancias de su partida cuando el artista es contagiado de la peligrosa y letal fiebre amarilla que azotó la costa peruana y el puerto del Callao.

Don Luis Montero Cáceres fallece produciendo consternación.

Pero aquel lienzo nacido en talleres florentinos por hábiles manos peruanas estaba destinado a otro viaje, esta vez uno forzado en hora aciaga para el país. En 1881, durante la ocupación de Lima, que habría de durar, desde el 17 de enero de 1881 hasta el 20 de octubre de 1883, la ciudad se vería despojada de importante acerbo patrimonial, entre ello el famoso cuadro que toma rumbo hasta Santiago del Nuevo Extremo, que es el nombre con que bautizó Valdivia a la capital de Chile.

Don Ricardo Palma Soriano, convertido en reconstructor por entonces de la Biblioteca de Lima, ahora Biblioteca Nacional, acude al criterio del presidente de Chile, Domingo Santa María con el que guardaba amistad y consigue la devolución del cuadro de Montero cinco años después de aquella forzada partida.

Ahora, 146 (2010) años después del viaje desde la lejana Florencia el óleo sobre lienzo, clasificado dentro del género conocido como pintura de historia, está sometido a una cuidadosa restauración por mano experta con la contribución internacional, en el Museo del Palacio de la Exposición, hoy Museo de Arte de Lima (MALI) que utiliza tecnología del momento y aceptando vistas del público. En mis años escolares aquel cuadro, o la única copia oficial que se ordenó, pendía, si mal no recuerdo, de la pared de la escalera que conducía a la hemeroteca ubicada en el sótano de la anterior sede de la Biblioteca Nacional en la avenida Abancay. Resultaba impresionante.

Notas académicas tomadas del brochure oficial:

* En el siglo XIX la pintura de historia, el género más prestigioso en la jerarquía de las artes plásticas, había ampliado su rango más allá de las tradicionales escenas de la Biblia o de la antigüedad clásica para abarcar episodios de otros períodos y lugares.

* El pintor Luis Montero (San Miguel de Piura, 1826 – Callao, 1869) fue uno de los primeros artistas americanos en intentar representar la historia local en su obra Los funerales de Atahualpa, cuya compleja composición integra de manera eficaz treinta y tres figuras.

* Esta gran pintura es reconocida así como una pieza inaugural de la pintura de historia en América del Sur.

* Por su enorme formato, su inédito tema local y el dramatismo de la escena representada, el cuadro cautivó a la crítica europea y americana. En el largo recorrido que la trajo de Florencia a Lima, dejó una amplia estela de influencia que tendría una importante repercusión en tanto en el desarrollo de la crítica de arte como en la de la pintura de historia de la región. Esta exposición, organizada con el Congreso de la República del Perú, busca conservar esta obra y recuperar su compleja historia. Un equipo internacional de investigadores trabaja ahora en Argentina, Brasil, Italia y Uruguay para dar forma a un libro documentado sobre esta pintura.

* Luis Montero Inspirados por una nueva concepción estética, los artistas nacidos tras la Independencia buscaron marcar una ruptura con la tradición del arte virreinal, para inscribirse en el ámbito cosmopolita de la pintura europea. Al igual que otros pintores de su época, como Francisco Laso o Ignacio Merino, Montero viajó a Europa en busca de la formación profesional que no podía recibir en su propio país, donde no existían entonces ni academias ni museos.

* Con el apoyo del Gobierno, entre 1848 y 1850 realizó sus primeros estudios en Florencia con los maestros Guiseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini. A su retorno al Perú en 1851 presentó El Perú libre, obra que obsequia al gobierno peruano, y La matanza de los inocentes, grandes lienzos que señalaban ya su madurez como pintor. Un segundo viaje lo lleva nuevamente a Italia, de donde pasa luego a La Habana, antes de regresar al Perú en 1859. Hacia 1862 emprende su tercer viaje a Italia. Montero solo volverá a Lima en 1868 para presentar lo que sería su obra maestra, el enorme lienzo de Los funerales de Atahualpa, que le consiguió la consagración definitiva. Poco después fallece en el Callao, víctima de la fiebre amarilla. Estaba por emprender nuevamente viaje a Europa, para realizar otra gran pintura de historia, La rendición de Rodil, una escena emblemática del fin del dominio español en América

* La escena representada La elección del tema es el primer asunto que determina el éxito de un cuadro de historia.

Síntesis de la cronología del viaje del famoso cuadro

 * Abril, 1867.- Los Funerales de Atahualpa se exhibe en el taller del pintor en Florencia. Poco después emprende el viaje a América del Sur.

* Agosto, 1867.- Se exhibe en el salón del teatro San Pedro en Río de Janeiro. La colonia italiana ofrece un banquete al pintor.

* Octubre, 1867.- En Buenos Aires se exhibe en el almacén de Fusoni Hnos. hasta fines de febrero del año siguiente. Pasa entonces a Montevideo.

* Septiembre, 1868.- Montero llega a Lima. Su cuadro se exhibe en la Escuela Normal hasta fines de octubre. Se estima que 15 000 personas visitaron la muestra.

 * Noviembre, 1868.- Montero obsequia su cuadro al Congreso de la República.

* Julio, 1872.- Junto con otras obras procedentes de la Biblioteca Nacional la obra se instala en el Palacio de la Exposición. La imagen del cuadro ilustra el billete de 500 soles emitido por el Banco Nacional.

* 6 de junio, 1881.- El Alcalde de Lima, coronel Rufino Torrico, en oficio expresa: […] Lima, 6 de marzo de 1881.- Señor D. D. Melitón Porras. Director del Hospital de la Exposición. En sesión de la fecha y atendiendo a que la Municipalidad carece de fondos que se requieren para subvenir a los gastos que demanda el Hospital de Sangre de la Exposición; y que es de imperiosa necesidad procurar esos fondos, pues así lo exige un deber humanitario y patriota: se resuelve, acéptese la idea propuesta por el Sr. Dn. Pedro Bartinelli, director de dicho Hospital en el oficio que se acompaña y en consecuencia autorizase la venta del cuadro al óleo que representa la muerte de Atahualpa que existe en el local de la Exposición, para con su producto atender a dichos gastos pagando de preferencia las deudas que existen pendientes. Que me honro comunicar a UD. para su inteligencia y cumplimiento. Dios que a UD. (Firmado Rufino Torrico.) […]

* Julio, 1881.- Lima, ocupada por tropas chilenas. El cuadro, junto a otras obras del Museo Nacional incluyendo El Perú Libre, de Montero, es llevado a Chile.

* Enero, 1885.- Es devuelto al Perú por el presidente Domingo Santa María y la gestiones del jefe de la Biblioteca de Lima, don Ricardo Palma Soriano.

* Junio, 1885.- Se traslada temporalmente a la Biblioteca Nacional para ser copiado a tamaño original por el pintor belga W. Faget. En este lugar lo vería Rubén Darío, durante su visita a Lima en 1888.

* 1906.- Con otras piezas que integran la Galería Municipal de Pintura, se instala en una de las salas del Museo Nacional establecido en el Palacio de la Exposición donde permanece hasta hoy.

* 1935.- Se emite el sello postal con motivo del IV Centenario de la Fundación de la ciudad de Lima (Enero 18 1535 – 1935) con la estampa de los funerales.

* 2010.- MALI, Una Historia Recuperada: Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero. Del 22 de octubre de 20 10 al 1 de mayo de 2011.

Dos muestras de la escasa producción de Montero:

Retaro de Anciano. Luis Montero

 RETRATO DE ANCIANO

 Venus Dormida, L. Merino

VENUS DORMIDA

Créditos y Fuentes

La Conquista del Perú (1851). De Guillermo Hickling Prescott (1796–1859) Historiador norteamericano nacido en Salem, Massachusetts. Su abuelo Guillermo Prescott servido como coronel durante Guerra revolucionaria americana. Con problemas en un ojo por un accidente en la Universidad de Harvard, donde se graduó en 1814. Realizo un extendido viaje por Europa y a su vuelta se casó, abandonó la idea de la carrera legal para dedicarse a la literatura. Después de diez años del estudio, publicó en 1837 su Historia de Ferdinand e Isabella, que lo colocó de inmediato en un alto lugar dentro de los historiadores. En 1843 siguió con la Historia de la conquista de México, y en 1847 por la Conquista de Perú. Su obra en tres tomos sobre Felipe, III volumen apareció 1858, fue dejada inacabada. Un ataque de apología en 1859 fue la causa de su muerte.

Sus severos trabajos de investigación, le caracterizaron por una energía narrativa admirable, basados en sus propias investigaciones sobre documentos inéditos en archivos de España. Prescott era un hombre del carácter amable y benévolo; gozó de la amistad de muchos de los hombres más distinguidos de Europa así como de América. Su biblioteca especializada llegó a sumar millares de libros.

Trabajos publicados

La historia de Ferdinand y de Isabella

La conquista de España

La conquista de México

La conquista de Perú

La historia de Philip II

Diccionario Enciclopédico del Perú. Tomo III, Juan Mejía Baca. Lima, 1966.- Montero, Luis.

Diccionario Histórico Biográfico Peruanos Ilustres, Camila Estremadoyro Robles, Lima, 1987.

Internet

MALI (Museo de Arte de Lima)

http://www.mali.pe/agenda_detalle.php?id=8

http://www.jdiezarnal.com/artepinturafuneralesatahualpa.html

http://www.slideshare.net/ETNILUMIDAD/zz-2-15-luis-montero-caceres-pintor-peruano-n-30

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/alma_mater/2000_n18-19/retrato.htm

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/alma_mater/2000_n18-19/retrato1.htm

http://galeon.com/piuraylaconquista/atahualpa07.htm

http://www.ccsm-unmsm.edu.pe/arte/expo_miguel_garcia.htm

http://blog.pucp.edu.pe/item/115713/la-toma-de-cajamarca-y-la-captura-del-inca

Publicado por Luis Siabala Valer

9 comentarios:

Pablo Alberto Livia Robles dijo…

Mi siempre muy querido Lucho:

Esta es una de las muchas y placenteras tardes que al abrir mis correos me doy con la satisfacción de encontrar y saborear uno de tus simpáticos artículos y que me hacen sentir orgulloso y agradecido a la vida de poder contemplar las maravillas de esta tierra bendita llamada PERÚ y de una pléyade de hombres nacidos en EL.

Un abrazo

Pablo

21 de noviembre de 2010, 22:38

José Llatas Román dijo…

LUCHITO:

ESTIMADO MAESTRO, ADEMÁS DE TENER LA ALEGRÍA DE HABERNOS VISTO HACE POCO, EN UN DELICIOSO ALMUERZO, APROVECHO LA PRESENTE PARA AGRADECERTE LA NOTA ADJUNTA, SIEMPRE LLENA DE CULTURA Y DE HISTORIA.

GRACIAS POR ELLO.

SALUDOS.

PEPE.

21 de noviembre de 2010, 22:42

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO LUCHO…SOLO ARTISTAS COMO TU PUEDEN VALORAR JUSTAMENTE EL VALOR HISTORICO Y PICTORICO DE MONTERO…TE FELICITO POR EL ARTICULO

RAFAEL

21 de noviembre de 2010, 23:15

Marco Antonio dijo…

Estimado Lucho:

Un muy bien logrado artículo que despeja las dudas que -algunos- teníamos sobre la autenticidad de la pintura a causa del ropaje de los familiares de Atahualpa. Es difícil encontrar un lapsus calami en tus escritos pero, finalmente, creo que te encontré uno que dice “Es para 1943 cuando ingresa”; posiblemente quisiste mencionar 1843. Mil disculpas por esta osadía que, es una nadería en comparación con la riqueza del artículo. Muchas gracias una vez más.

23 de noviembre de 2010, 17:19

Luis Siabala Valer dijo…

Gracias a ti Marco por advertir esa errata; ya está corregida. Las fechas son siempre importantes.

Un afectuoso abrazo

24 de noviembre de 2010, 4:39

DORELLY dijo…

Quedé gratamente impresionada al apreciar tan de cerca esta obra de arte, en refacción en el Museo de Arte, referida a una época de la historia de nuestra patria y sentir orgullo que sea un peruano de la talla de Montero el autor de esta monumental pintura para la posteridad. Gracias, otra vez, Luchín por compartir tu entusiasmo por la cultura y el arte.

DORELLY

10 de diciembre de 2010, 18:54

José Gonzáles Spaudo dijo…

Impresionante esta pintura, tiene esa cosa sombría del romanticismo (David) o de la pintura flamenca (La Ronda Nocturna),

¡Una obra maestra!

Saludos estimado Luis

22 de febrero de 2011, 3:16

José Abad dijo…

Estimado Luis Siabala:

Recuerdo la primera vez que vi este cuadro en el Museo de Arte, (no se si se trataba de una réplica) quedé impresionado. Yo subía por las escaleras al segundo piso donde se exhibían las mejores pinturas y objetos de la época colonial. El gran cuadro de Luis Montero, “Funerales de Atahualpa” recibía al visitante que casi siempre se detenía para admirarlo.

Muchas gracias Luis Siabala por exhumar a Montero y a su pintura. He leído con mucho placer e interés su artículo. No sabía que los personajes del lienzo estuvieran inspirados en el relato de Guillermo Prescott. Él es uno de mis autores preferidos de historia, un genio de la narrativa que siendo casi invidente logró escribir “La Conquista del Perú”.

Se dice que el modelo que le sirvió a Luis Montero para representar la muerte del inca, fue un trabajador de la Embajada peruana en Italia que justo había fallecido, del cual el pintor captó su rigidez y rasgos andinos. He leído muchas críticas al cuadro, inventar interpretaciones del significado de lo “andino”, el racismo, etc. Lo cierto es que como usted menciona, la sociedad urbana desconocía las características de la cultura inca y Luis Montero sólo usó su imaginación y lo que había aprendido.

Una pintura espectacular, soberbia, admirable, lo es, así no represente la realidad de la época. Lástima que a Montero lo sorprendiera la epidemia y que “La rendición de Rodil” se quedara como proyecto. Ojalá aparecieran sus bosquejos.

Un abrazo y de nuevo gracias amigo.

Josabad

17 de marzo de 2011, 18:17

Marco Ugarte Diaz dijo…

Estimado Lucho:

Como siempre bien documentado tu artículo. En la actual exhibición, después de la restauración, hay una carta del cónsul peruano en Florencia al ministro del ramo en el Perú donde menciona que el rostro del Atahualpa fue tomado por Montero de Palemón Tinajero ¿?, arequipeño, dibujante, que había muerto por esos días en Florencia. También hay una leyenda que menciona que el monto que otorgó el Congreso a Montero fue de 20,000 soles.

Organicemos una visita con los amigos de siempre al museo y luego nos tomamos un par de vinos.

Un abrazo,

Marco

31 de mayo de 2011, 22:35

La Batalla de Tacna

Paint, CáceresCoronel Andrés A. Cáceres D. (Ayacucho, 1836-Ancón, Lima, 1923)

Operaciones militares de la Guerra del Salitre

Intiorco, miércoles 26 de mayo de 1880

Fue la de Tacna, salvando las distancias y las proporciones de los beligerantes, una de las batallas modernas del S. XIX libradas en América; su antecedente inmediato nueve años atrás la encontramos en la guerra franco-prusiana (1870-1871) cuando los ejércitos del Kaiser Guillermo I, conducidos con habilidad por el mariscal de campo Helmuth von Moltke, derrotaron en la batalla de Sedán a las tropas francesas y a su general en jefe el emperador Napoleón III.

El antecedente remoto se ubica dieciséis años antes con la batalla de Gettysburg, una de las más encarnizadas de la guerra civil de los Estados Unidos (1861-1865), que movilizó enormes contingentes de tropas y pertrechos. Ninguna otra tendría después de aquéllas esa importancia en América por los intereses en juego, la disposición de los ejércitos y el armamento empleado, hasta que se produjo la batalla del 26 de mayo de 1880, peleada en las cálidas pampas de Intiorco en Tacna.

Es claro que la experiencia europea como la americana habían aportado factores importantes a la ciencia militar y a la de los armamentos. Los militares mejor instruidos de Chile, Perú y Bolivia tenían en cuenta aquellos referentes. A saber: Los fusiles y carabinas habían abandonado los sistemas de chispa y posta por los de cápsula formada por casquillo, fulminante, pólvora y bala todo en uno y con sus particularidades así lo ofrecían algunos de los sistemas imperantes en la época, Comblain, Chassepot, Remington, Piebody, Spencer, Winchester, Grass, Minnie, Martín Evans; etc, etc.

ComblainFusil Comblain

La artillería de campaña formada por piezas de gran alcance y la de montaña, tan buscada por el Perú y Bolivia en función a lo complicado de sus territorios, habían sido probadas durante las últimas operaciones en Europa. Alfried Krupp fabricaba cañones de acero en sus fundiciones de Essen y su demanda era considerable: el eficiente sistema de cierre de la culata dejó obsoletos los mejores cañones de bronce alimentados por la boca, llamados también de avancarga, por la velocidad con que se podían efectuar los tiros y la consecuente cadencia del fuego en batería. Chilenos y bolivianos los tenían de estos tipos. El Perú piezas Blackley y Armstrong, de ánima rayada pero de avancarga, o de menor calibre como las piezas Vavasseur traídas de Inglaterra por el coronel Bolognesi durante el gobierno del General Ramón Castilla.

Krupp 1879Krupp 1879

El invento de la ametralladora con el sistema del norteamericano Gatling, que consistía en un haz variable de tubos a manivela montado sobre chasis ligero con ruedas, para disparar fuego permanente y concentrado, alimentado por balas alojadas en almacenes adosados, resultó un arma que por su cadencia de fuego se prestaba eficaz para el fuego de cobertura como para detener asaltos masivos.

 Ametralladora Gatling

Ametralladora Gatling modelo 1865

Los servicios de comunicaciones abastecidos por el telégrafo a pila emitían su señal por Morse por rutilantes cables de cobre con sus manipuladores que se operaban desde una pequeña mesa o desde el muslo gracias a un arco rígido de ajuste; la intendencia con el transporte de los bagajes en carros uncidos a troncos de caballos o mulos; ambulancia y maestranza también modernizados; la cocina de campaña con marmitas y

calderos, salvo la inveterada costumbre quechua y colla de las rabonas o mujeres que seguían a los ejércitos de origen andino para atender a sus enrolados maridos con alimentos, agua, lavado de ropa, carga y afecto; y las cantineras del ejercito de Chile asimiladas a las ambulancias para el cuidado de los heridos.

Tacna era el punto táctico para finalizar o continuar la guerra. Fuera de estas tropas comprometidas quedaban en Tarapacá fuerzas de reserva chilenas y en Arequipa se había formado el llamado Segundo Ejército peruano.

Planes de ataque y defensa

Habiendo sido ocupada Tarapacá, Chile estimó que el Perú cejaría en su empeño de continuar la guerra; entonces la conservaría como garantía para cobrarle una fuerte indemnización; pero, luego les pareció a los políticos, que en su gran mayoría eran financistas y mercaderes conocidos de La Moneda, que mejor que la indemnización era la garantía y deberían quedarse con ella, pero como quiera que no se expresó ningún ánimo de rendición y por el contrario se hicieron esfuerzos para continuar la resistencia, se dispuso llegar a Lima y tomar la capital para conseguir aquella esperada rendición.

Pero las necesidades logísticas del invasor hacían necesaria la captura de Tacna y la del magnífico puerto de Arica que sería el lugar de embarque para el norte. El ministro Sotomayor, jefe de la logística chilena, decidió que la artillería de campaña y su parque en Ilo fueran llevadas en transportes navales hasta la caleta de Ite más al sur. Además, que la caballería y la artillería de montaña partieran por tierra hasta alcanzar el valle de Sama y coincidir allí con las procedentes de Ite.

El Perú, en la contingencia de prevenir que aquello pudiera suceder reforzó sus tropas del sur, artilló el morro de Arica y los fuertes que guarnecían aquel puerto y con su aliada Bolivia concertó mantenerse en guerra. Las tropas aliadas quedaron en su cuartel general de Tacna.

Para el coronel boliviano Eliodoro Camacho el plan de defensa sería aguardar a los chilenos en el valle de Sama, bien provisto de recursos, y batir al detalle a las tropas sedientas y cansadas que por secciones se irían acercando al feraz valle. Plan contrario al defensivo y sedentario que propugnaba Montero propuesto a defender Tacna haciendo que el gasto del viaje fuera para el enemigo.

Entonces el coronel Camacho recurrió al Presidente de la República de Bolivia, general Narciso Campero a la sazón en La Paz, urgiéndole se hiciera cargo de la situación.

Las pampas de Intiorco

Al noroeste de Tacna sobre la seca meseta que corre al frente y por lo alto de la bella ciudad del río Caplina -un curso de agua de poco caudal que se pierde en los arenales antes de desaguar al Pacífico- el desierto es implacable, lo era más en 1880 por la modalidad de transporte a lomo de bestia.

Pese a la dureza de los elementos únicamente el recio tamarugo crece allí a expensas de los humedales que destilan de las camanchacas o neblinas tempranas. Cuando éstas se disipan abre el sol e inexorable abraza la pampa conforme transcurre hacia su cenit. La ausencia de agua y sombra son factores mortales para los imprevisores o aventureros.

Aquella meseta presenta un ligero declive al oeste hacia el distante océano y su suelo no siempre es plano, algunas depresiones, de ellas Quebrada Honda, algo más de una legua de Tacna hacen las dificultades del camino; mide de este a oeste entre 400 a 600 metros y unos 10 metros de terreno en depresión y 100 metros de norte a sur. La parte sur del lado de Tacna presenta una pampa con una ceja que es el borde norte de Quebrada Honda. Se trata de la pampa donde está el cerro Intiorco que le da su nombre.

Los arrieros que se arriesgaban por esa zona lo hacían para acortar en algo la ruta desde Ilo con una necesaria parada o pascana en el valle de Sama, de allí por Intiorco hasta Tacna el asunto era severo. Los había quienes venían de lejanos pueblos de las orillas del Locumba, de las poblaciones de Ilabaya, Candarave o más arriba en la cordillera.

En fin, por la zona nada es fácil salvo perecer de sed o de hambre si por negligencia se ha descuidado la provisión suficiente de agua y las raciones de boca para hombres y bestias que deben seguir el camino de huella algo endurecido por las carretas y las acémilas. Al occidente de ese camino, el terreno, por las dificultades que presenta es impracticable. Hacerlo por el oriente, por Quebrada del Diablo, producía superstición y los conocedores lo evitaban.

Desembarco chileno en Ite, de reconocimiento y sorpresa

A mediados de mayo tropas chilenas procedentes de Ilo desembarcaron en la caleta de Ite, conforme hemos expresado. Se acarreó bagajes, artillería y su parque en lanchones desde los buques hasta la playa; a la caballada le tomó mayor tiempo desembarcar, en su mayoría ganado mular necesario para tirar de los pesados cañones, 17 piezas Krupp que comprendían calibre de campaña y un número considerable de ametralladoras de tubos del sistema Gatling. Se despacharon algunas compañías sobre Moquegua usando el ferrocarril desde el puerto. Pese a los embarazos que ofreció la resistencia el valle fue dominado. Una columna peruana se hizo fuerte en las alturas del cerro Los Ángeles, al este de la ciudad y de allí pasó a Tarata.

El ministro de guerra chileno, en campaña, Rafael Sotomayor Baeza, que contaba con el apoyo de su amigo el presidente Pinto que lo había nombrado en el cargo, era, a despecho de los mandos militares, el director logístico, estratégico y supervisor de las operaciones de guerra. Una verdadera imposición civil en asuntos militares. A él se debía que la artillería de campaña, en vez del largo recorrido de las rutas regulares hasta el próximo valle de Sama, imposible de conducirse por su peso por esos caminos, fuera izada por las escarpaduras hasta las elevaciones de la caleta de Ite, para lo cual el cuerpo de zapadores practicó plataformas de tramo en tramo cuesta arriba, construyó los aparejos para elevar las onerosas piezas con sogas tiradas por mulas y a brazo de hombre para luego proseguir rumbo a Sama, estas operaciones duraron cuatro días. Sama sería entonces el punto de reunión para formar el ejército y el de partida del ataque a Tacna distante 38 kilómetros.

Llegados a la cima, de por sí una hazaña, la numerosa hueste continuó trepando los faldeos interiores y alcanzada que fue con esfuerzo la llanura, puso rumbo sureste hacia Buena Vista – Las Yaras, poblados sobre el río Sama donde se había ordenado la concentración de todas las divisiones chilenas; allí repondrán fuerzas gracias a la abundancia de elementos y pastos de aquel valle para después, descansadas convenientemente que fueran y previo reconocimiento de las posesiones enemigas, seguir rumbo a Tacna.

Se pensaba continuar la marcha al menguar el sol y luego de los altos horarios caer sobre los ejércitos aliados. Frente a Buena Vista, el 18 de abril, una avanzada de 20 cazadores que destacó Vergara sobre esa localidad había sido destrozada por los Flanqueadores de Tacna que operaba por la zona a las órdenes del coronel tacneño Gregorio Albarracín Lanchipa. Tomada la población, cuarenta aldeanos que habían defendido sus propiedades fueron pasados a cuchillo por los chilenos de Vergara, en abierta y cobarde represalia.

Sotomayor, investido de la cartera de ministro en campaña, pertenecía a la casta de accionistas de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, al igual que otros asimilados al ejército chileno, como José Francisco Vergara Echevers, que comandaba la caballería, un acaudalado cívico que también formaba dentro de los mandos del ejército de 13,500 hombres que marchaba sobre Tacna.

Este Vergara, comerciante con propiedades en Viña del Mar, donde se conserva su famosa Quinta destinada a festivales de verano, se distinguió por su crueldad y abuso.

A él se debe la masacre de los jinetes peruanos en la oficina salitrera de Germania. Una acción excesiva e innecesaria. Como él una suerte de supervisores chilenos, desde el Congreso de la República o desde el Gobierno se movían vivamente interesados en el éxito personal de la guerra y mandaban tropas de línea (Sotomayor, Vergara), o las mantenían con sus aportes dinerarios en fábricas de armamento, material ferroviario, bagajes, vestuario; etc, etc. que para el efecto de la guerra se habían montado en Valparaíso y Santiago. Capitalistas ingleses de la banca y el comercio formaban un núcleo importante en esta lucrativa aventura de conquista de los territorios del desierto.

Era la euforia por el salitre y la demanda mundial para fabricar pólvora que los empeñaba en la lucrativa tarea con el pretexto de la defensa patria.

Para el veterano general Erasmo Escala, jefe del ejército chileno, resultaba intolerable la intrusión civil en asuntos militares y más de una discusión había ocasionado su pedido de relevo y renuncia al cargo. El presidente Pinto, haciendo eco en la solicitud de Sotomayor, aceptó por fin aquella reiterada renuncia y para proveer su reemplazo se tuvo que escoger un jefe aparente a la conducción civil. Le fue necesario entonces decidirse entre el general Villagrán que era capaz e inteligente, condiciones no aparentes a la tutela civil que ejercía Rafael Sotomayor, y el general Manuel Baquedano González, de 60 años, que más bien
pasaba por obediente, escasamente instruido, sin valor intelectual y algo tonto (Bulnes)Manuel Baquedano Gonzalez

Se decidió por Baquedano que tenía, además, el antecedente de haber desalojado a las fuerzas de peruanos que se refugiaron y resistieron en las alturas de Los Ángeles en Moquegua al frente de los cuales estaba el coronel Andrés Gamarra, el 22 de marzo de ese año de 1880, quien, después de una pertinaz resistencia contra la numerosa tropa chilena se retiró con los restos de su efectivo a Tarata.

El durísimo esfuerzo de la subida de Ite había fatigado a la tropa y muchos hombres se abatieron extenuados. Las ambulancias estaban muy activas. El 20 de mayo, de pronto cundió la noticia, el ministro Sotomayor, víctima del tremendo esfuerzo y la responsabilidad que llevaba empeñados le produjeron un fulminante ataque de apoplejía que lo mató de inmediato en su campamento de Las Yaras. La noticia se propagó como áurea supersticiosa por doquier, no poca cosa era la muerte de un mando superior, en este caso un ministro de estado. La batalla por Tacna cobraba la vida de un importante enemigo.

Baquedano, pese al deceso producido y por la confusión del relevo en la conducción de las operaciones, se hizo el desentendido, no reconoció el mando del civil José Francisco Vergara, a quien días antes el ministro Sotomayor lo nombrara su reemplazo en caso que fuera necesario, actitud aprobada por la Moneda; por el contrario Baquedano lo relevó del mando de la caballería por un miembro nato de esa arma, el teniente coronel Tomás Yabar. De esta forma Baquedano, el tenido por tonto, se mantuvo al frente del ejército y sus planes fueron cumplidos.

Para conocer el emplazamiento de los aliados envió tropas de caballería, el 10 de mayo, con dirección al sur al frente de Intiorco. Estas estuvieron a la vista de los emplazamientos aliados y retornaron con su informe. Pero aquellos datos necesitaba confirmarlos.

Dispuso entonces la salida de un escuadrón de caballería de 700 jinetes a cuyas grupas deberían ir unos 300 soldados de infantería, además de llevar dos piezas Krupp. Este partió el 13 de mayo. Oficiales en gran número incluido Vergara, fueron de esa partida de reconocimiento que llegó frente a las tropas aliadas y después de hacer observaciones de los emplazamientos y disparar sus cañones y recibir la contestación, quedó claro que la izquierda aliada era en proporción la más débil y que las piezas chilenas alcanzaban los 4,000 metros y las aliadas 3,000. Luego retornaron a su base en Buena Vista ese mismo día para confirmar los datos de la expedición anterior.

Con un plan mejor estructurado, Baquedano, después de dejar la caballería, excepto el primer escuadrón de Carabineros de Yungay, ahorrándose así el necesario acarreo de agua y forraje para la caballada, partió de sus campamentos en Buena Vista – Las Yaras, el 25 de mayo rumbo a las pampas de Intiorco.

El general Campero llega a Tacna

Como hemos dicho, los jefes aliados sabedores de los esfuerzos del enemigo para desembarcar y trepar por Ite habían ensayado teóricos planes de defensa. El coronel boliviano Eliodoro Camacho en quien recaía la responsabilidad del mando de sus propias tropas traía abierta discrepancia con el contralmirante peruano Lizardo Montero respecto de cuál debería ser la línea de defensa aliada; para Camacho era importante avanzar las tropas hasta el valle de Sama y mantenerse de los recursos naturales que ofrecía, de ellos el agua. Esperarían al enemigo que de seguro llegaría por secciones y lo batirían al detalle. En caso de algún revés tenían disponible el camino hacia Bolivia. Es decir, se sugería pasar de la perniciosa espera defensiva a la acción del ataque. El plan estaba basado en una línea bien provista de recursos y la ventaja de recibir al enemigo cansado por las marchas en terreno difícil. Correspondería la decisión al general boliviano Narciso Campero.

El contalmirante peruano, Lizardo Montero Flores, en cambio, decía haber recibido instrucciones del dictador Piérola para mantener una línea defensiva y que había que prepararla en las cercanías de la propia Tacna, fuente básica de subsistencias, de la forma más adecuada, dejando al enemigo hacer el desgaste por secos arenales y con la posibilidad, en caso de un revés, de las rutas a Bolivia por Pachía. Pero Montero tenía el plan de que esa retirada sería sobre Arica que presentaba una mejor línea defensiva a la que podría llegarse por ferrocarril.

De alguna forma sería necesario zanjar esta discrepancia. Hacía poco tiempo que el presidente de Bolivia, general Hilarión Daza Groselle, depuesto por el coronel boliviano Eliodoro Camacho en Tacna, por su inexplicable y vergonzosa defección en Camarones, había sido reemplazado en el cargo de la primera magistratura de su país por el general Narciso Campero a quien adornaban cualidades distintas y que gozaba de gran aceptación. Sabedor de las disputas en Tacna y en su calidad de general en jefe de las tropas aliadas, por así consignarlo el respectivo tratado defensivo de 1873, hizo caso a las reiteradas instancias de Camacho y con un par de ayudantes marchó de La Paz a Tacna donde llegó de improviso.

Al mando ya de las tropas, como quiera que los partidarios de la táctica de Camacho fueran sus paisanos de igual manera que para los peruanos lo era la de Montero, el Presidente de Bolivia, ahora en su calidad de Jefe del ejército aliado decidió con la práctica asegurar la teoría de Camacho. Dispuso la salida de las tropas con toda su impedimenta y bagajes rumbo a Sama.

La ausencia de suficientes bestias para la conducción del material de guerra fue el primer inconveniente que se encontró; tampoco existían las acémilas y odres requeridos para el acarreo del agua; de esta forma al llegar a Intiorco, aproximadamente siete kilómetros al noreste de Tacna, la fatiga hizo los primeros estragos en este ejército. Narciso Campero Leyes decidió entonces retornar a la ciudad y el plan de Camacho quedó desechado.

Más tarde, sin embargo, un espía italiano que había seguido la ruta de Intiorco aseguró haber visto al numeroso ejército chileno que se acercaba desde Sama. Alarmado por esta noticia Campero ordenó apresuradamente que nuevamente las tropas se pusiesen en marcha y por consenso se acordó como el mejor lugar para esperar al enemigo las estribaciones inmediatas a Quebrada Honda, justamente hasta donde habían llegado en su expedición anterior, la pampa de Intiorco.

Se colocaron los batallones en una línea de defensa en forma de media luna con vista noroeste, para que los rayos del sol no pudieran herir los ojos; escogieron el lado sur y de espaldas a Tacna un poco más al borde de la elevada pampa y cuyo glacis baja hasta los arenales inmediatos al valle del Caplina donde se yergue Tacna. Ese lugar fue denominado Alto de la Alianza, en virtud del compromiso de peruanos y bolivianos en la defensa territorial.

Más tarde una avanzada chilena de 60 mulos con odres y su escolta de caballería fue interceptada y hecha prisionera por un destacamento de caballería de los Húsares de Junín que se encontraba de vigilancia en las avanzadas de Quebrada Honda que los condujo al cuartel general aliado donde fueron interrogados.

Los prisioneros declararon que efectivamente el ejército chileno marchaba sobre Quebrada Honda y tenía una fuerza de 22,000 hombres. Campero alarmado por el número de enemigos quedó persuadido que la única manera de reducir las fuerzas enemigas era un ataque por sorpresa durante la noche cuando estuvieran descansando en la depresión. Este plan lo comunicó a Camacho y a Montero que aceptaron de inmediato y con entusiasmo. Entonces se hicieron los preparativos y sin un plan claro y en franca improvisación Campero se puso a la cabeza de las tropas que dividió en tres secciones que marcharían paralelas, lo suficientemente espaciadas y precedidas por guías; dejó una reserva en Intiorco y marchó a la media noche del 25 al 26 para sorprender y batir a los chilenos donde pernoctaban.

Dos horas después de la marcha se presentó la niebla o camanchaca y en medio de la oscuridad el coronel peruano Cáceres, conocedor de la zona, advirtió que oblicuaban un tanto hacia la derecha de tal forma que podría haberse sobrepasado al ejército enemigo. Noticiado de esto Campero ordenó corregir el rumbo sobre la izquierda y pronto chocó con las tropas bolivianas del centro que continuaban al norte, entonces cundió la confusión, el extravío era un hecho.

Se dieron órdenes de inmediato para que los ayudantes del comandante en jefe regresaran a Intiorco para alimentar hogueras y a esa señal retornar a su base las cansadas tropas, frustradas en su pretendida sorpresa al enemigo.

Pero la división del coronel Herrera que marchaba a retaguardia ignorante de estas disposiciones pasó sin ser visto entre las columnas de los que retornaban a sus bases y de pronto se encontró a inmediaciones de las avanzadas del ejército chileno cuyos centinelas al divisar su presencia hicieron disparos que fueron contestados por las tropas de Herrera. Una gran alarma cundió entre el ejército enemigo que apresurado disparó una pieza Krupp en la oscuridad, al tanteo, hiriendo a su propia gente. Herrera entonces, fracasada la sorpresa en sus propósitos finales y luego de advertir que se encontraba solo, regresó a Intiorco. Así de aventurado e improvisto resultó el plan de sorpresa al enemigo que pernoctaba.

Poco después del amanecer retornaron a sus bases las tropas aliadas, donde los esperaba un ejército de rabonas bolivianas y la cocina de la intendencia peruana. Los batallones que habían incursionado en Quebrada Honda llegaron a las seis. Herrera recién apareció al frente a las siete.

Armados los fusiles en pabellones los soldados se línea se preparaban a tomar desayuno, cuando de pronto los vigías de avanzada tocaron a generala con lo que la tropa acudió a las armas; se ordenó a las rabonas retornar de inmediato a Tacna. El ejército chileno hacia su aparición dejando una gran polvareda; los contundentes cuerpos de infantería se presentaban a lo lejos en sus uniformes característicos.

Ejército aliado

Primera Línea
De acuerdo con los planes, el general Narciso Campero, presidente de Bolivia y general en jefe del ejército aliado, dispuso la siguiente conformación:

Extrema derecha, contralmirante Lizardo Montero
Primera y Sexta divisiones peruanas
Batallón peruano Lima Nº 11
Primera División Peruana, coronel Justo Pastor Dávila
Batallón peruano Cusco
Batallón boliviano Murillo
Primera mitad del Primer batallón de la Tercera División Boliviana
Batallón Peruano Lima Nº 21
Sexta División Peruana, coronel César Canevaro
Batallón peruano Rímac
Segunda mitad del Primer batallón de la Tercera División Boliviana
6 cañones Krupp y 2 ametralladoras, en el reducto de la derecha, coronel boliviano Flores.

Centro, coronel Castro Pinto
Segunda División Boliviana, coronel Acosta
Batallón boliviano Loa, coronel Castro Pinto
Batallón boliviano Grau
Batallón boliviano Chorolque
Batallón boliviano Padilla
1 cañón rayado, en reducto 2 ametralladoras 2 cañones rayados La Hite 4 ametralladoras, en reducto

Extrema Izquierda, coronel Eliodoro Camacho
Tercera División Peruana, coronel Suárez
Batallón peruano Pisagua
Batallón peruano Arica
Segunda División Peruana, coronel Andrés A. Cáceres
Batallón peruano Misti
Batallón peruano Zepita
7 cañones de a 4 y 2 Blackley de a 12, en el reducto de la izquierda, coronel Arnaldo Panizo

Segunda Línea
Reserva del ala derecha Batallón peruano Nacionales, formados por ciudadanos de Tacna, profesionales, empleados públicos, obreros, gendarmes de policía y otros cívicos, al mando del prefecto Pedro Alejandrino del Solar
Batallón boliviano Colorados, coronel Idelfonso Murguía
Batallón boliviano Alianza
Batallón boliviano Aroma (Amarillos)
Cuarta División Boliviana, coronel Gonzáles
Batallón boliviano Zapadores

Reserva del Centro
Batallón peruano Arequipa
Quinta División Peruana, coronel Herrera
Batallón peruano Ayacucho
Columna Sama, de la División Solar

Reserva del ala Izquierda
Batallón Huáscar
Cuarta División Peruana, coronel Mendoza
Batallón Victoria
Batallón Viedma
Primera División Boliviana, coronel Zapata
Batallón Tarija
Batallón Sucre

Detrás del ala derecha
Escuadrón peruano Húsares de Junín
Escuadrón peruano Flanqueadores de Tacna,
coronel Gregorio Albarracín Lanchipa.
Escuadrón peruano Guías
Escuadrón boliviano Coraceros
Escuadrón boliviano Vanguardia de Cochabamba
Escuadrón boliviano Libres del Sur
Escuadrón boliviano Escolta

Los 6 cañones Krupp de la brigada de artillería boliviana y 1 pieza peruana de bronce, más 2 ametralladoras del ala derecha aliada estaban encerrados dentro de un parapeto protegido por sacos de arena que habían sido construidos con el auxilio de un español.

Parapetos aliados almenados

Total del Ejército Aliado: 9,500 hombres (5,500 peruanos, 4,000 bolivianos)

Ejército chileno

Extrema derecha:
Primera división, coronel Santiago Amengual
Regimientos Chillán (600)
Navales (600)
Esmeralda (1,200)
Valparaíso (1,200)
Ocho piezas Krupp
Ametralladoras

Centro:
Segunda División, coronel Francisco Barceló
Regimientos Santiago (1,200)
2. de Línea (1,200)
Atacama (1,200)
Ocho piezas Krupp
Ametralladoras

Extrema Izquierda:
Tercera División, coronel Domingo Amunátegui
Regimientos Lautaro (1,200)
Zapadores (600)
Coraceros (600)
Ocho piezas Krupp
Ametralladoras

Entre la Derecha y el Centro:
Cuarta División, coronel Orozimbo Barboza
Regimientos Chacabuco (600)
Coquimbo (600)
Granaderos (600)

Comandante en jefe chileno, general Manuel Baquedano González, al mando de la reserva conformada por los regimientos:
Buin (1,200)
3. de Línea (1,200)
4. de Línea (1,200)
Carabineros (700)
Cazadores (500)
Coraceros (500)
Pontoneros (250)

Artillería chilena Krupp de campaña

Total: 13,500 hombres

La Batalla

Plano general de las operaciones de Intiorco

En virtud al reconocimiento chileno, del 13 de mayo, Baquedano había calculado que la izquierda aliada era la más débil por tanto dispuso que la derecha avanzara su infantería con aquella dirección, a la par que la artillería rompió los fuegos para cubrir el ataque.

Eran las 10 de la mañana, apuntaba el sol y la claridad era espléndida.

Proyectiles de los cañones de campaña en su comienzo se introducen en la arena sin estallar. Camacho adelanta sus tropas que dispararan a su vez sobre el enemigo que se aproxima formado en guerrilla, sus cañones rayados hacen efecto en los asaltantes que para evitar mayores estragos se lanzaron a la carrera de frente y por el flanco. En esta situación las tropas de Cáceres del Zepita van al encuentro de los chilenos con decidido ímpetu disparando sus rifles para frenar el asalto. La lucha es porfiada en este punto al extremo que Baquedano dispone el refuerzo inmediato con el apoyo del regimiento Cazadores. La fuerza defensiva aliada es recia y los batallones chilenos son destrozados y van cediendo terreno.

Campero al observar ese movimiento ordena reforzar el contraataque de la izquierda con el batallón los Colorados que acude al trote y se une al Zepita para resistir los esfuerzos de la caballería enemiga para desmembrarlos; cada vez que se produce una carga, colorados y zepitas forman en cuadro y rechazan las cargas a nutrido fuego de fusil. Un movimiento probado con éxito por Wellington en Waterloo contra la poderosa caballería de Ney. La derecha chilena del coronel Amengual cede y empieza el repliegue. Pero Baquedano atento a esta circunstancia emplea a la reserva. Se lanza entonces aquella.

El escenario de gran confusión, estruendo y humo tiene por fondo el griterío enardecido de las tropas en pugna. En este punto ya generalizada la batalla en toda su línea es preciso conocer, en glosa, del informe del coronel Andrés A. Cáceres Dorregaray, detalles de esta acción:

[…] el (Contraataque) se inició, saliendo fuera de la línea, con el avance de mi división, la de Suárez y la de Castro Pinto. Apenas había adelantado yo unos cien metros a la cabeza de mis batallones Zepita y Misti, cuando perdí el caballo. Mi ayudante, Capitán Lazútegui, me dio el suyo, que quedó pronto inutilizado. Mi segundo jefe, comandante Llosa, al avanzar sobre el enemigo, recibió un balazo en el pecho, que le mató instantáneamente; su caballo, sintiéndose sin jinete, partió a la carrera, pero fue alcanzado por uno de los oficiales; al tiempo de poner el pié en el estribo, fue arrancado éste por una bala y hube de montar por el lado opuesto. De los ayudantes, que me acompañaban cayeron los capitanes Chacón y Cabello. El abanderado, teniente Padilla, cayó haciendo flamear la bandera en medio de la lucha, y ordené al teniente Castellanos que recogiera la insignia del Zepita.

Nuestro contraataque seguía, en tanto, pertinaz. Los Colorados rivalizaban con nuestros bravos del Zepita, y la refriega tornábase cada vez más enconada. Aliados y chilenos acometíanse furiosamente, haciendo extraordinarias proezas. Con todo, nuestro decidido empuje adelantaba, pero nos faltaron refuerzos para cubrir las bajas y sostener la impulsión del contraataque, refuerzo que ya no era posible obtener porque todas las reservas estaban empeñadas en la línea de combate.

El enemigo, fuertemente reforzado, volvía, en tanto, al ataque. La lucha era tremenda. El fuego que nos dirigía de todas partes diezmaba mi división y la de Suárez, y hubo momentos que estuvimos en un tris de ser completamente envueltos, pues el resto de la línea no había acompañado nuestro avance, por hallarse combatiendo duramente en sus propias posiciones. Varios jefes habían ya caído en la porfiada lid, muertos o heridos; y a poco fue también herido el valeroso coronel Camacho, comandante general del Centro. El general en jefe, que no perdía detalle en la conducción de la batalla, ordenó al instante al coronel Ramón Gonzáles sustituirle […]

El coronel boliviano, Idelfonso Murguía, jefe del batallón Los Colorados, cuando se refiere al empuje que conjuntamente el batallón peruano Zepita contuvo e hizo retroceder a las maltrechas tropas del Santiago y el Atacama que asaltaron la izquierda aliada, explica el uso táctico de una bien probada organización para contener la carga de los Coraceros que venía en socorro de los batallones en fuga, al mando del coronel Vergara:

[…] Presentóse la caballería enemiga en veloz carrera y por escuadrones, pretendiendo flanquear nuestro costado izquierdo y envolvernos. Vi entonces ocasión de cumplir mis previsiones de los días de instrucción: los brillantes cuadros de infantería, que para algunos estaban proscritos de la táctica moderna. Nos sirvieron allí para mostrar al enemigo la destreza y pujanza de nuestros soldados. Ante la carga de la caballería chilena, ordené formar cuadrilongos. Se formaron en número de seis. Al centro tres dirigidos por los intrépidos mayor José María Yáñez, capitán Gumercindo Bustillo y capitán Juan S. González. A mi izquierda otro, por el jefe del tercer batallón, teniente coronel Zenón Ramírez, que a mil metros a retaguardia había perdido su caballo. Por último, otros dos cuadrilongos a mi derecha bajo el mando del teniente coronel Felipe Ravelo. La rapidez de su formación correspondió a la rapidez del avance del enemigo. Una inmensa nube de polvo y el estruendo de sus armas acompañaban a los corceles. Llegó el enemigo hasta 15 metros de nosotros. Una descarga que parecía hecha por un solo hombre lo recibió, y después otra y otra. La caballada dio vuelta en menos tiempo del que basta para decirlo. Ordené dispersión en guerrilla para seguir con el avance. Se me obedeció con pasmosa serenidad. Los bravos del batallón se lanzaron en persecución del agresor. […]

La artillería peruana, dotada de piezas de menor factura que las chilenas mostró en un primer momento su eficacia. Escuchemos al coronel Arnaldo Panizo Abasolo, comandante general

de la artillería de campaña, en una glosa de su parte fechado en Tarata el 30 de mayo de 1880:

[…] a las 7 de la mañana, se presentó, a la vista, el enemigo, manifestando por su orden de marcha y formación, pronunciar su ataque por el ala izquierda de nuestra línea, lugar que yo ocupaba con la Brigada de Campaña a retaguardia de nuestra infantería.

A las 8.45 a.m. recibí orden verbal de S. E. el Superior Director de la Guerra, para avanzar y romper los fuegos sobre el enemigo, tan pronto que estuviera al alcance de nuestros cañones; en efecto, a las 9 a.m. ordené al comandante de la Brigada Tnte. Cnel. Don Domingo Barboza, hiciera avanzar la 2. batería, comandada por su capitán don Eduardo Águila, con el 3. Jefe de la Brigada, Sargento Mayor don José Manuel Ordóñez, sobre la ceja delantera del campamento que ocupábamos, y que a su derecha, se colocara la sección de a 12, comandada por el Capitán don Ricardo Ugarte, con el 2. Jefe de la Brigada Sargento Mayor don Pedro Ugarteche, quedando de reserva, a retaguardia, la 1. batería comandada por el Sargento Mayor Graduado don Manuel Carrera, lo que fue ejecutado inmediatamente, hice romper los fuegos con magníficos resultados sobre la línea enemiga, cuyos fuegos fueron contestados por su artillería, hasta las 10 a.m. en que haciéndonos esta, por demás más (sic) descargas por baterías, ordené al Comandante de Brigada, aumentara las distancias entre las piezas e hiciera venir a la línea, la 1. batería que se hallaba de reserva; ejecutado lo cual, ordené nuevamente, romper los fuegos hasta las 11 a.m., que recibí orden del Sr. Cnel. Comandante en Jefe del ala Izquierda del Ejército, Dn. Eleodoro Camacho para cesar los fuegos, y ocultar las baterías de la vista del enemigo, colocándolas a la izquierda, de la línea de infantería, en un bajo pliegue del terreno; mientras tanto, el enemigo avanzaba sobre nuestras posiciones, y los tres batallones bolivianos Tarija, Viedma y 2. de Línea se hallaban a la vanguardia de muestras baterías, desplegados en guerrillas y esperando al momento del ataque.

A las 11.3 a.m. dichos batallones recibieron orden de romper los fuegos, y como ocupasen las posiciones que yo había dejado, avanzando al mismo tiempo sobre el enemigo, que venía haciendo fuego y ocultándose por momentos en los repliegues delanteros y perfectamente pronunciados del terreno, era absolutamente imposible, a la artillería que estaba bajo mis órdenes, hacer fuego en la posición que había dejado, so pena de herir a nuestros propios soldados, que con un arrojo digno de alabanza, se lanzaban valerosos sobre el enemigo. Ante tal situación, y cuando los batallones Victoria y Huáscar, que se hallaban a retaguardia, a pocos metros de distancia, avanzaban también hacia la línea, ordené que la 1. y 2. baterías cargaran su material y desfilando por la izquierda al trote pasaran a ocupar una lomada que se hallaba a retaguardia y a la izquierda del puesto que ocupaba el batallón Victoria; en cuyo punto un tanto elevado sobre el terreno de vanguardia, podíamos dominar al enemigo que avanzaba, sin ofender a nuestras tropas.

La 2. batería ejecutó su movimiento de cargar su material y desfilar inmediatamente sin ser ofendida por los fuegos enemigos, por hallarse en la parte más baja del repliegue citado, pero en su tránsito, el nutrido fuego del enemigo, que había pronunciado su ataque por ese lado y que avanzaba arrollando nuestra izquierda, había muerto y herido la mitad de su gente, entre ellos, herido su capitán don Eduardo Águila, matando al mismo tiempo seis mulos conductores, cuyas cargas quedaron en el campo. Una vez en la altura, soportando un vivísimo fuego de fusilería y ametralladora, nos fue imposible hacer fuego, pues ya nuestras tropas estaban confundidas con las del enemigo. Mientras esto pasaba con la 2. batería; la 1. que había quedado a la retaguardia, y en terreno más elevado, al cargar su material para seguir a la 2., fue víctima, así su tropa como sus acémilas, de nutrido fuego enemigo, a pesar de la serenidad y empeñoso interés del Jefe de la Brigada, Mayor Graduado don Manuel Carrera y demás oficiales de la batería, para salvar sus piezas, todo empaño fue imposible, quedando heridos el Capitán Graduado don Elías Bodero y Teniente don Eduardo del Castillo.

La sección de a 12, que ocupaba el centro de las baterías ya citadas, por su naturaleza pesada, para seguir con la regularidad debida al movimiento de las anteriores, y hallándose más cerca de la ceja predominante de nuestras posiciones, a las órdenes del 2. Jefe Sargento Mayor Graduado don Pedro Ugarteche, hicieron seis disparos, hasta que encontrándose acribillado por el fuego enemigo, y sin poder retirarse por las razones ya expuestas, perdiendo toda su gente, y, al Maestro Mayor de obreros Pedro Sánchez, que con sus subordinados, se ofrecieron a servir dichas piezas, a pesar de los heroicos esfuerzos de este Jefe, de su Capitán don Ricardo Ugarte y los de igual clase graduados don Eloy Caballero y don Pedro Odriozola, y después de quedar contusos el 2. y 3., viendo imposible todo esfuerzo de salvar esta sección, se replegaron a la 2. batería.

El que suscribe, con sus tres piezas de la 2. batería y 18 hombres, los tres jefes de la Brigada y los oficiales que se habían replegado, viendo pronunciado el triunfo a favor del enemigo trató de salvar las piezas mandándole orden con el Alférez Pedro Carlín al Capitán Don Félix del Piélago, que se hallaba encargado del parque, se replegase hacia nosotros que nos dirigíamos siguiendo la oleada de dispersos, que cubría la entrada a Tacna, hacia el Alto de Lima, eran las 3 p.m. […]

La sangrienta batalla costó a los ejércitos aliados de 2,500 a 3,000 soldados, lo que dice de la resistencia que opusieron al enemigo que dejó en el campo 2,200 hombres. Los batallones chilenos que perdieron el 50% de su efectivo fueron el Regimiento de Infantería Santiago y el Batallón de Infantería Atacama No. 1, ambos pertenecientes a la 2. División.

Corresponde un alto precio el pagado por el arrojado batallón de los Colorados de Bolivia que fue exterminado. Numerosos y distinguidos jefes y oficiales aliados rindieron la vida aquel memorable día.

Las tropas sobrevivientes bolivianas pusieron rumbo al altiplano. Montero con el parque que se pudo salvar hacia Arequipa. La débil resistencia de Tacna, emprendida por sus autoridades, fue acallada por una descarga de artillería.

Por la tarde el coronel Santiago Amengual hacía su entrada en la vieja ciudad del Caplina; quedaría cautiva hasta 1929.

Museo de Sitio en Intiorco

Próximo al cementerio militar y la cruz monumental que se levanta en la pampa de Intiorco, en Tacna. Conserva documentos, uniformes, armas y municiones de aquella batalla que convocó a tres ejércitos. Fue erigido en la década de los años ochenta.

Pueden verse algunos emplazamientos y las demarcaciones en el terreno de las tropas aliadas, practicadas en los lugares que ocuparon.

Así informó The New York Times, entre otros hechos, la acción de Tacna:

http://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=9C07EEDB173EE733A25755C2A96E9C946797D6CF

Fuentes:

Historia Militar del Perú, 2. Tomo; Teniente Coronel de Caballería, Carlos Dellepiane, 1931, Lima-Perú

Guano, Salitre y Sangre, Ricardo Querejazu Calvo. Cochabamba, Bolivia, 1979

Historia General de Bolivia, Alcides Argüedas. Librería Editorial Juventud. La Paz-Bolivia, 1994 Historia de la Guerra del Pacífico (1879 – 1881); Diego Barros Arana, Ed. Andrés Bello. Santiago de Chile, 1979

Narración Histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia; La campaña del sur. Tomo II. Mariano Felipe Paz Soldán. Ed- Milla Batres. Edición conmemorativa del Primer Centenario de la Guerra del 79.

Internet

En el Alto de la Alianza, Luis Guzmán Palomino

La Batalla de Tacna, Jorge Ojeda Frex

Parte peruano del coronel Andrés Cáceres

Parte boliviano del coronel Idelfonso Murguía

Parte peruano de la batalla por el coronel Arnaldo Panizo

La batalla de Tacna, de Wikipedia que cita este artículo,

http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Tacna

Diversos gráficos de procedencia peruana y chilena

Monumento del Alto de la Alianza, en Intiorco, Tacna

Fanfarria militar Cavalery Trumpet calls.- Roland Kiper. Belgian Military Marches. Conductor: Norbert Nozy /CD87 040 DDD/ NOBLESSE -1993 Drummers Lilt.- Te Corps of Drums. Royal Marines. Hellmark 303782 – 1996

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 11:24:00

Etiquetas: Colorados, Cáceres, Intiorco, Panizo, Tacna

9 comentarios:

Alejandro Reyes dijo…
Qué tal Lucho, sinceramente muy bueno el artículo sobre la batalla en la pampa del Intiorco, con ntecedentes universales, información de material bélico, etc. Te felicito.

Estimado Lucho voy a embarcarme académicamente, en recuperar algunos cientos de expedientes de sobrevivientes de la guerra del Pacífico, espero rescatar la voz
“de los de abajo”. Tengo todo este año y lo haré con un amigo que lo noto muy serio, espero tu opinión sobre este tema en un futuro cercano lo mismo lo haré con
Jorge.

Un abrazo y te reitero un mejor año 2008
4 de enero de 2008, 8:23

Nemesio Canelo dijo…
Apreciado amigo Siabala:

Muchas gracias por su saludo y buenos deseos para el 2008 que también le retorno y deseo para usted y los suyos; y muchas gracias por la valiosa información con que me ha ilustrado su importante trabajo sobre la batalla de Tacna. Lo he leído con sumo interés y lo felicito por el valioso resultado de su esfuerzo. Soy de los que piensan que en el Perú no sufrimos de crisis de identidad, sino de crisis en la percepción de la misma. Por el desconocimiento de la historia que ha gestado nuestra patria y porque quienes ganaron las guerras la escribieron con pasión para justificar sus actos, ocultando y distorsionando la verdad objetiva que es la que nos permitiría identificar toda la riqueza de nuestras raíces fundacionales y el proceso de gestación que han hecho del Perú una nación mestiza con vigorosa identidad propia, cuya realidad es imposible ya desconocer y detener, pero un estado que sigue siendo “una bella promesa aún incumplida” como lo señala Basadre y los peruanos, “un puñado de desconcertadas gentes en un inmenso (y difícil) territorio por laborar” como lo dijo Piérola. Felizmente se sienten aires de esfuerzo serio por esclarecer la verdad histórica y desmistificar falsas glorificaciones y fáciles justificaciones. Le felicito por su esfuerzo y le saluda igualmente afectuoso, Nemesio Canelo.
12 de enero de 2008, 2:02

José Huerto Rojo dijo…
Hola Lucho, excelente el trabajo de investigación que has realizado, lo leí de un solo tirón lo encontré tan interesante que no me pude despegar, es increíble como pueden haber cambiado tanto las tácticas de guerra con la tecnología actual, pero el problema es que la desventaja se presenta ahora igual o peor que en aquella época, no puede ser que no hayamos aprendido la lección.

Gracias por el envío, una buena manera de actualizar mis conocimientos, saludos por casa y un fuerte abrazo Pepe.
16 de febrero de 2008, 20:07

Jamil Siabala Valer dijo…
Felicitaciones Luchito…muy minucioso relato.. como siempre tu eres un buen referente para temas historicos y demás.

Un abrazo

Jamil

6 de enero de 2008 06:17 PM

30 de marzo de 2008, 0:49
Fernando Marcet Salazar dijo…
Admirable y meticuloso trabajo de investigación que tiene la virtud de hacer ligero y ameno un tema que, por su naturaleza, está plagado de la necesaria, como árida información de personajes y material bélico que intervinieron en el suceso.

Insertar fotos y testimonios de los protagonistas es, sin
duda, factor importante para hacer grata y fluida la narrativa que mantiene “capturado” al lector hasta llegar al punto final del brillante trabajo.

Felicitaciones.

Fernando Marcet

8 de enero de 2008

30 de marzo de 2008, 1:12
Rafel Córdova Rivera dijo…
Evidentemente, la inferioridad técnica de los cañones peruanos impedía el tiro de sumersión, a diferencia de los Krupp chilenos que si lo hacían…

Como yo serví en Tacna en 1980, construimos el museo de sitio… en la batalla destacó el batallón boliviano ¨Colorados¨ que al toque de retirada de su trompeta no acudió ningún efectivo, todos habían muerto combatiendo… tuve la ocasión, en dos años de servicio en Tacna, efectuar 18 ejercicios de campaña en la zona, pero con mis cañones apuntando hacia el Sur.

Excelente tu descripción… un abrazo,

Rafael Córdova
30 de marzo de 2008, 1:17

Alberto Alcalá Prada dijo…
Estimado Lucho:

Muy bueno tu artículo e interesante la descripción minuciosa de las armas utilizadas.

Si puedes envíame más artículos.

Saludos

Alberto
1 de abril de 2008, 18:30

Ernesto Linares dijo…
El ejército peruano no usaba cañones de bronce, sino la artillería eran 6 cañones Blakely de 4 libras y 2 cañones Blakely de 12 libras. Los de 4 libras fueron llevados por la Pilcomayo a Arica el 9 de noviembre de 1879 y los de 12 libras, eran de la artillería del transporte Chalaco, que el Presidente Prado ordenó que se desembarcara el 17 de noviembre de 1879.

El ejército boliviano tenía 6 Krupp de 60 mm de montaña y 2 Blakely de 4 libras. Los chilenos capturaron 4 Krupp bolivianos que luego fueron usados en la campaña de Lima
24 de agosto de 2010, 13:53

El autor del artículo dijo…
Apreciado señor Linares:

El coronel Carlos Dellepiani autor de la Historia Militar del Perú, Tomo 2, Lima, 1931, refiriéndose a la artillería del ala izquierda del coronel Panizo, dispuesta en reducto, y a las 7 piezas Blakely de a 4; y las 2 de a 12, expresa: “Por razones que ignoramos no tomó parte en la batalla una pieza peruana de a 4, de las 8 que existían”.

Tanto el ejército chileno que concurrió a Tacna con baterías Krupp, como el peruano tuvieron cañones de bronce de montaña del calibre 86 de procedencia francesa. Esos son los del sistema La Hitte con seis profundas hendiduras en el ánima. En el caso peruano, formaron el parque de Tacna para apoyar el fuego de las ametralladoras Gatling. Una adquisición que hizo la antigua intendencia peruana alrededor de 1858.

A este respecto dice el citado historiador militar, que en la Primera Línea, Centro, formaba en reducto 1 cañón rayado y 2 ametralladoras, al mando del coronel boliviano Castro Pinto y agrega: “Estos cañones rayados, sistema francés La Hitte, partieron de Bolivia formando una sección de artillería llamada “Los Rayados”. Según el parte del Estado Mayor boliviano, redactado bajo la dirección de Campero después de la batalla, se emplazaron en la forma que indicamos”

Con referencia al sistema francés La Hitte, en Wikipedia se expresa:

[…]El gobierno de Francia acordó con Blakely utilizar su patente en 1860 y desarrolló el famoso rayé de a trente de la marina francesa, así como muchas piezas navales, de costa y del ejército.

El rayado no estaba incluido en la patente Blakely así que los franceses utilizaban el sistema de sus cañones de campaña. Este sistema creado por el coronel Treuille de Beaulieu, que fue rechazada hasta en dos oportunidades por el Comité de Artillería de Francia, fue finalmente adoptado con el nombre La Hitte por el apellido del general que presidía el comité. Este rayado era del sistema de centrado: rectángulo inclinado, ancho, profundo y con 6 rayas para ser usado con proyectiles con tetones de zinc en dos filas. […]

http://es.wikipedia.org/wiki/Ca%C3%B1%C3%B3n_Blakely

[…]En 1868, Chile adquirió cañones rayados de bronce franceses sistema La Hitte modelo 1858. Había de campaña de 12 Kg y de 4 Kg, y de montaña de 4 Kg. Se fabricaron varias copias de estos en la fundición de Limache. Su alcance era de 4.700 m para el de 12 Kg, 4.000 m para el de campaña de 4 Kg y 2.500 m para el de montaña. […]

http://es.wikipedia.org/wiki/Campa%C3%B1a_terrestre_de_la_Guerra_del_Pac%C3%ADfico

Con relación a los datos técnicos del suprema La Hitte:

http://fr.wikipedia.org/wiki/Syst%C3%A8me_Lahitte

Gracias por sus valiosos comentarios señor Linares y también por visitar esta página.

Cordiales saludos,

Luis Siabala
27 de agosto de 2010, 6:38

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