Harun al-Rashid

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Por los Barrios Altos de Lima

SÁBADO, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2011

Para mi hijo Luis Adolfo, con especial afecto

Descalzas y Las Cruces.

 Convento de Las Descalzas e inicio de la calle de Las Cruces
En horas de la tarde, cualquier día al final de los años cuarenta

Esquina de Las Cruces con subida de Santa Clara. El olor de la tienda de chino era peculiar para una pituitaria con escasos doce años entre los mortales de este antiguo barrio limeño: era uno cargado -el que provenía de la exótica especería oriental- que difería de los olores de pulpería de italiano o de las panaderías, por entonces a cargo de japoneses.

La tienda de chino, aledaña a la esquina de mi casa, sumaba al olor añejo algo del penetrante aguardiente de caña o de uva, que se expendía en la discreta trastienda donde no faltaban furtivos y constantes parroquianos. El oriental vendía de todo, generalmente al menudeo y eran moneda corriente las pesetas, los chicos y los gordos, cobres subsidiarios del Sol de Oro.

En diagonal, esquina de Rufas con Buena Muerte abría por entonces una panadería que horneaba, entre otras masas, un pan francés de a medio real (0.05 de sol) que era una delicia. El tradicional lunch o lonche, ese merendar antes de la cena de antaño, necesitaba de buen pan francés todavía caliente y dorada corteza, mantequilla cremosa para acompañar una taza de café con leche. Era lo tradicional en casa.

Los olores de Lima en aquel lugar de los Barrios Altos, a partir de las cuatro de la tarde se cargaban del picante aroma que traía el viento directamente de la anticuchera que sentaba plaza en la esquina cercana. De ese carretón donde una hornilla de hierro fundido alimentado con carbón avivado con abanico de mimbre, daba fuego a una extendida parrilla en la que se asaban trepidantes, entre chispas y humo, los trozos ensartados de anticucho, la pancita o los choncholíes (argentinismo que los limeños han trocado del porteño chinchulines) Todo amorosamente adobado, untado mediante unas brochas vegetales con los jugos mágicos y olorosos de fuerte especiería donde resalta el comino; las papas, generalmente arenosas y camote amarillo doraban en otra sartén en su baño de aceite borboteante; y, por separado, en una gran olla con la tapa cubierta con tela blanca para evitar perder el vapor, los robustos choclos que sirven de guarnición.

Próximo a salir la nueva hornada de pan francés, pues era obligado el pan caliente, los parroquianos aguardábamos y, entretanto, la avecindada anticuchera vendía que daba gusto a su numerosa clientela harto conocida.

Había de los que se servían sentados en las cortas bancas que ofrecía la simpática mujer -una robusta mulata- o en su caso el viandante se llevaba en pancas de choclo, luego de pagar unos pocos centavos, colocar ritual y diligente algo del sabroso ají para enrostrar entonces con fruición ese apetitoso anticucho, la fina pancita o los deliciosos choncholíes. Tampoco faltaban los dorados y crocantes picarones con aquella miel de caña que les hace tan particulares y limeños.

Dos horas después quedaba solitaria nuestra vivandera, aquella negra, con los últimos rezagos de sus delicias entre las chispas que alumbraban su moreno rostro donde destacaban por contraste unos blanquísimos dientes, a la mortecina luz de un elevado poste del que pendía un foco que tenía por guarda un disco de metal aporcelanado.

Espectar la noche desde una de las ventanas de la casa en Las Cruces, era no menos interesante: por la izquierda, esto es el Sur, la alumbrada Plazuela de Santa Ana y la torre de la Iglesia de las Descalzas al final de la larguísima calle. En aquella amplia y larga plazuela se acomodaban por entonces los cine-teatro Mazzi, que ofrecía generalmente a la numerosa colonia china películas y, al frente, Francisco Pizarro de moderno corte con frescos laterales al relieve del pintor y escultor Rossi en la amplia sala; la Dirección General de Gobierno y Policía con aquel imponente techo versallesco y el referido convento de las Descalzas, en diagonal con la igualmente imponente Iglesia de Santa Ana. En el extremo se levanta la estatua del sabio Antonio Raymondi con su lupa examinando alguna exótica especie.

 Las Cruces que dan nombre a la cuarta cuadra del Jr. Huanta

 Las cruces que dan nombre a esta antigua calle de los Barrios Altos

A la calle Las Cruces seguían en numeración ascendente, Plazuela de Santa Ana, Sacristía de Santa Ana, Plazuela de San Bartolomé, Mestas y finalmente Doña Elvira, las seis calles que forman el Jirón Huanta.

  Grabado de Sta. Ana

 Angrand,  Leonce. Apunte a lápiz. Calle Sacristía de Santa Ana, hacia Las Cruces y el cerro San Cristóbal. S XIX

Por la derecha, el Norte, la primera cuadra de aquel jirón, la muy larga calle Rufas con el fondo del San Cristóbal y su gran cruz; en la vereda subiendo hacia Viterbo se puede ver, algo oculta, la puerta de la Logia Cordano que luce en su frontis greco-romano el curioso cuando no paradójico lema: La más honrada de las logias de Lima (Consecuencia de algún cisma masónico de vieja data)

Al frente, por encima de los techos planos, las torres de las iglesias Trinitarias y las de la Buena Muerte con su hospital de los padres de la Orden de los Betlemitas o San Camilo, sacerdotes destinados al bien morir o para asistir a los moribundos en sus postreros momentos. Por entonces tañían las campanas en la ciudad con sones peculiares y regulares.

Raras veces se daba plenilunio o algún cielo estrellado, lo común era el característico color del cielo de Lima, blanco panza’e burro como solía escuchar de algunos criollos del barrio y, en el largo invierno, la fina garúa o remedo de lluvia que no llega a ser.

Lima, sábado, 17 de septiembre de 2011.

 ¨lazuela de Santa Ana o Plaza Italia

 Antigua Plazuela Italia, foto de comienzos del SXX

Anticuchera limeña

Anticuchera limeña

Publicado por Luis Siabala Valer

Fotos de INTERNET

Foto, las tres cruces de Las Descalzas, del autor

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Los silencios de la plaza

A la memoria de don Fernando Marcet Salazar;  y dedicado con especial afecto para don José Ruiz Ramos, estupendo amigo cordobés

 

Por todo lo alto

Cuando los terrenos del toro se mezclan con los del torero, ronda la muerte. Gregorio Corrochano

Séame permitido ensayar sobre este puntual asunto, lo recogí de un entrañable amigo que ya no está entre nosotros, que había comparado en iguales situaciones, aquello de los silencios que no lo eran del todo ni en la maravillosa Real Plaza de la Maestranza de Sevilla ni tampoco en la matritense de Las Ventas, pero si en Lima; el me contó y yo quisiera interpretarlo.

El arte del toreo es asunto de pocos, pero tema de muchos. Es conciencia cargada de sangre, miedo, fuerza, olor, color, ovación y música… pero también de silencio… uno sepulcral como el que suele producirse en notables tardes en la longeva de la ducentésima cuadragésima octava de existente Plaza de Acho, nuestra vieja y querida Plaza firme del otero de Acho; silencio premonitorio de pinturera suerte o en fatal extremo, violenta muerte.

Es producto de la cita del destino de la pareja singular que hacen hombre y bestia con la compañera muerte, la infaltable chaperona que simboliza el luto, por muerte forzosa del toro o en ocasiones la del torero, que también la hubo de ambos, entonces se dijo que se murió matando, he aquí lo épico del drama.

Correr los toros lleva inmersa estas potenciales condiciones. Así fue siempre y así lo seguirá siendo. El primitivo ser que mora dentro del aficionado de todos los tiempos y latitudes lo sabe y así lo espera. Se dice que el arte de la lidia resulta de la mezcla de los miedos del toro y los del torero; sumados a los del expectante público, añadimos.

Es muy cierto aquello que se murmura o dice quedo: Cuando los terrenos del toro se mezclan con los del torero, ronda la muerte. Esas son las ocasiones que se hacen los silencios…

Los terrenos del toro son defendidos por el burel que no tolera invasión alguna, asunto que conoce el matador. Será necesario en ocasiones, empero, tentar al destino y para lucir aquella suerte habrá de invadir esas áreas que le son vedadas: entonces dentro, en terreno ajeno… paso a paso, medio paso, tendida y templada la muleta citará y cargará la suerte; se hará entonces aquel silencio, luego el astado instintivo y bravo, arrancará para hacer la historia y cumplir el destino.

Los conocedores quedan suspensos en los tendidos y el tiempo parece detenerse durante aquellos instantes… y la muerte, conspicua acechadora de los ruedos, espera su momento, aguarda calculadora; es lívida dama de blancos y largos tules que empuña la guadaña con un negro crespón, la que siempre acompaña a los rivales en la lidia: el uno, pletórico de instinto, poderosa acometida, armada cornamenta y gran musculatura; el otro, debilísimo de estructura, dotado tan solo de su acusado juicio, experta mano y un valor que ya rezó sus oraciones.

Está sonando el clarín señal del cambio de tercio, el último tercio. El sol va picante; aquella mujer del tendido de sombra, la de sedosa cabellera, mordisquea nerviosa el tallo de un clavel…

Ya se dejó la muleta, es el turno del estoque de matar… un extendido rumor recorre la plaza…

Logotoro

Publicado originalmente el SÁBADO, 9 DE ABRIL DE 2011 [0:48] por Luis Siabala Valer

Las Calles de Lima

Calle de la Coca

Calle de Coca

Una visita al pasado de Lima

Fleca 2 

Con ese título se hizo público en 1943 un libro que lleva los auspicios de la firma International Petroleum Co. Ltda. Su autor, el poeta José Gálvez Barrenechea (1885-1957), pasa revista a la nómina de las calles de la ciudad, el origen de los nombres y especialmente quiénes fueron sus primeros y más importantes moradores; conviene, sin embargo, que la tarea, de por sí ardua, pueda sin querer ofrecerlo presuntuoso al criterio de los más entendidos, al hurgar en remotos antecedentes y pretender luego conciliar calles con meses del año, dado que el título completo reza Calles de Lima y meses del año, pues sobre el tema bastante se ha escrito, no por muchos pero abundante si como es el caso de Calles de Lima, dos monumentales volúmenes que dedicó a la ciudad don Luis Antonio Eguiguren (1887-1967); la elegante Lima y lo limeño de don Juan M. Ugarte Elespuru; El Romancero de Lima de Montoya; las propias Tradiciones Peruanas de don 

Calle de Torre Tagle. Lima-001Ricardo Palma Soriano (1833-1919), que, en lo fundamental, presentan a la ciudad, con aquella personalidad que lamentablemente ya está perdiendo y que le dio particular sello en este lado del mundo.

Como quiera que las fuentes de inspiración inviten a la propia investigación, hemos recogido algunos datos cuyo valor histórico y sentimental estimamos de alguna utilidad. La prosa del notable libro, cuyo título hemos glosado para este artículo, goza del elegante estilo del poeta tarmeño, abogado, jurista y doctor en filosofía y letras por la Universidad Mayor de San Marcos; las ilustraciones que contiene pertenecen al célebre artista arequipeño José Málaga Grenet (1886-1963); constituye pues importante documento para quienes tenemos interés porque, de alguna forma, Lima perviva en sus mejores tradiciones incluyendo las urbanas y arquitectónicas traídas de España, a despecho de la severa deformación que so pretexto de modernidad ha devenido modernismo, que como tal resulta irreflexiva, al consentirla los propios limeños, o aquellos arquitectos urbanistas sin visión del pasado y con peor perspectiva del futuro, al maltratarla.

La ciudad, levantada al comenzar el segundo tercio del siglo XVI, es derruida por el sismo de 1746 (28 de octubre); Superunda la reconstruye y en lo colonial o virreinal es más o menos la que llega a 1940 cuando le acomete el terremoto de mayo (día 24).

Con el paso de los años y la necesidad de ajuste en los servicios de sanidad, agua y fuerza eléctrica gozó de relativa estabilidad después de las obras de expansión urbana de Leguía y Benavides; sufre luego, inexorable y paulatinamente por vía de la demolición indiscriminada, la desaparición de valiosos predios, sin que hubiere importado la calidad de aquellos, su peculiar estilo o tan sólo como elementos constitutivos de conjunto; todo ello contribuyó en menoscabo de su originalidad para cederle paso al fierro y al cemento, fríos y vastos elementos de construcción que, si bien es cierto, permitieron elevar las obras por encima de las sobrias casas de piedra, quincha, barro, estuco y madera, rematadas en fino cornisamento, torneada balaustrada y orientadas ventanas teatinas, jamás podrían superar las alturas del prestigio de aquellas venerables moradas de la vieja Lima.

Al dar al traste con la unidad de estilo que alguna vez la tuvo y que aún se puede apreciar, herencia de la antigua Sevilla, pues sus primeros alarifes fueron aquellos venidos de las orillas del Guadalquivir, hemos renunciado conservar para la posteridad una bella ciudad que llamó la atención del viajero de todas las épocas por la peculiar disposición de sus balcones volados en cajonería y los encajes de sus celosías. En ellos había que distinguir la factura virreinal de la republicana; portones claveteados y postigos con aldaba, acceso a zaguanes embaldosados, jardines ornados entre azulejos, rejas forjadas a fuego y martillo, patios andaluces y tantas otras muestras de la cultura cristiano-morisca o mudéjar que heredó Lima y que pese a los irreparables daños aún puede ofrecer con alguna dignidad.

En este puntual aspecto, cualquier estudiante de arquitectura reconocerá la fealdad que ahora se muestra de la desafortunada interpolación, dentro de la línea estética de un claro estilo limeño, del intruso Bauhaus 1, entre otros pelajes; claro intento de remedar acaso las urbes norteamericanas o europeas tocadas de modernidad.

El resultado de todo este inmoderado afán hiere la vista: un conglomerado de formas, acaso único valor, más no el que a su costa se ha sacrificado.Confitería Broggi_picnik1

Don José Gálvez, describe la Lima de los 40 de manera singular y a la limeña, es decir, con humor y como chisme.

Contagiados de este entusiasmo agregamos que, trasunto colonial, Lima cobra vida e historia a la sola mención de alguna de sus calzadas: Trapitos, nido y tumba del ilegal amor del malogrado cuarto virrey don Diego López de Zúñiga y Velasco (1561-1564) 2. Mayúsculo escándalo causó la muerte de su excelencia en aquella recordada calle, hoy tercera cuadra de la Av. Abancay; un celoso marido, cansado de las impunes cuitas del virrey con su joven esposa, arregló para que sus sirvientes acabaran a costalazos con el enamorado funcionario real, justo cuando abandonaba furtivo, al abrigo de la oscuridad nocturna, descendiendo la escala de seda que pendía desde una ventana de la casa del pecado…

La Virreina, cuarta cuadra del jirón Huallaga, en memoria de la condesa de Lemos, doña Ana de Borja y Aragón, sagaz administradora en ausencia de su célebre esposo, don Pedro Fernández Castro, conde de Lemos 3, decimonoveno virrey del Perú (1667-1672), ocupado en la sofocación de los comuneros de Laycacota -alzados contra el rey- y fundador de la ciudad de San Carlos de Puno; Mármol de Carvajal, con referencia a la losa infamante que se colocó en la esquina de las calles La Pelota y Gallos, hoy segunda cuadra del Av. Emancipación -ex Arequipa-, que perduró muchos lustros para advertencia de quienes osaran levantarse contra la corona, tal como lo sentenciaba aquella; a su lado, en una picota, se clavaron las cabezas de Gonzalo Pizarro y su maestre de campo don Francisco de Carvajal, el temido por cruel y sanguinario a la par que valiente “Demonio de los Andes”, ambos derrotados en los llanos de Xaxicahuana en 1548 por el licenciado Pedro de la Gasca.

Lo moderno, dijimos, devora a lo antiguo, así hoy Manita, Mantequería, Comesebos, Pileta de Las Nazarenas y Huevo abren su perspectiva sucia y bulliciosa, cargada de humo y ambulantes con el nombre de Av. Tacna (1992)

El ciudadano de los años 40 evocaría con nostalgia, no cabe duda, cuando subido en un automóvil de alquiler ordenaba, por citar una calle “… a Rastro de San Francisco” el conductor partía raudo de Arrieros (1872), después Pacae (hoy calle del cine Metro), por Encarnación, Pando, Divorciadas, (también General Castilla), Filipinas, Coca, Bodegones, Gradas de la Catedral, Pescadería (Prefectura, en 1858), giraba a la derecha al finalizar el trayecto de lo que conocemos como jirón Carabaya y llegaba a su destino Rastro de San Francisco, segunda cuadra del jirón Ancash, calle de cueros y calzados que desde la colonia albergó en sus inmediaciones un camal, esto es, tarea de matarifes de donde tomó el españolismo nombre de rastro.

La nomenclatura urbana de entonces había seguido el remoto origen de los acontecimientos notables, como es el caso de la calle Huevo, quinta cuadra del Av. Tacna, después que los vecinos atribuyeron a la catástrofe de 1746 un pollo nacido con dos cabezas; Ya parió, tercera cuadra del jirón Cañete; Divorciadas, también llamada General Castilla, o la Calle del General donde, con paciencia franciscana se está reconstruyendo la casa del Gran Mariscal don Ramón Castilla Marquesado (1079-1867) esquina con Higuera, segunda cuadra del ex jirón Cusco.

Es en la calle de las Divorciadas donde se fundó, posiblemente por obra pía, un establecimiento para recoger y dar vida ordenada y cristiana a las prostitutas y por eso se le bautizó, recatadamente, con ese eufemismo.

Calle del Gato, antiguamente callejón del GatoLa fauna también ha prestado nombres a numerosas calles, de ellas Pericotes, segunda cuadra del Av. Arequipa (hoy Emancipación); Gato 4, el antiguo Callejón de Gato, cuarta cuadra del jirón Azángaro, famoso por el hospital y casa de retiro de los frailes jesuitas -contiguo al majestuoso templo de San Pedro- cuando aquellos sacerdotes, llegada la ancianidad valetudinaria, eran retirados allí en sus meditaciones en tránsito a la otra vida. El dicho limeño “Está para el gato” es que adquiere significación desde entonces; Pejerrey la segunda cuadra del jirón Jauja, calleja de sabor andaluz, otrora, en tiempos de don Ambrosio O’ Higgins, Marqués de Osorno, trigésimo sexto virrey del Perú (1796-1801), punto de reunión de artesanos de bellas monturas, jaeces, reatas y aperos de mulas tucumanas y de cuanta acémila trotaba por los barrios altos; Borricas, segunda de Cajamarca; Caballos, sexta de Huancavelica.

No menos eufónicos y sonoros resultaban Bodegones, Escribanos, Espaderos, Botoneros, pues anunciaban los gremios, aquellas instituciones de raigambre y presencia en esos tiempos; Mantas, Coca, Filipinas, Banco del Herrador, Carrera, Beytía, Zúñiga; Padre Jerónimo, allí, en la esquina con Huérfanos (hoy Azángaro y Puno) precaria levanta aún la casa natal del General Felipe Santiago Salaverry (1806-1836), el vencedor de Uchumayo y vencido de Socabaya; Pando, séptima de Carabaya, en la que hoy funge de galería tuvo su residencia don Augusto Bernardino Leguía y Salcedo (1863-1932), recordado por su largo gobierno, la expansión de Lima hacia Miraflores, la construcción del camino que conduce a ella (entonces Av. Leguía, hoy Arequipa, después de la revolución de Sánchez Cerro) su inclinación por el nepotismo y paradigma también de los males que pueden corromper a quienes toman gusto por el poder.

Corcovado, cuarta de Emancipación donde todavía está la mansión colonial, que destaca por las bellas ventanas con flores de rosal forjadas delicadamente en hierro, propiedad del General Mariano Ignacio Prado Ochoa (1826-1901) vencedor el Dos de Mayo de 1866 y ausente voluntario en horas difíciles para el Perú (1879); Milagro, cuarta del jirón Ancash, morador de esa calle donde vivió hasta 1903 el fundador del movimiento demócrata, conductor de la hacienda pública en tiempos de Pardo, el protagonista del Combate de Pacocha contra los ingleses, y dos veces Presidente la República, sobre cuyos hombros descansó la responsabilidad de la desafortunada pero valiente defensa de Lima (13 y 15 de enero de 1881), don Nicolás de Piérola Villena (1839-1913); Lezcano, allí convertida en museo se ubica, restaurada, la vivienda del Gran Almirante Miguel Grau Seminario (1840-1879), ejemplo del honor y la vergüenza militares; Afligidos, primera de Camaná, allí está el Museo de los Combatientes de Arica; es la restaurada casa natal del Héroe del Morro, quien convencido de su muerte en vísperas del asalto chileno, en breve pero elocuente carta instruye a su esposa para que rechace todo intento para su posible ascenso póstumo, por considerarlo impropio de la conducta del soldado que muere por la Patria, y al despedirse reitera que se respete su grado de coronel. El que le ha conferido un pasado gobierno es producto de la contrariedad y luce forzado cuando no irrespetuoso “Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, Gran Mariscal del Perú“.

Hay en las calles de Lima mucho de tradición, un pasado romántico y un hálito de nostalgia.5

San Francisco. M. A. Fuentes. Lioma, 1867 (1)-001

Iglesia de San Francisco. Manuel A. Fuentes, Lima, 1867

 

 Cruz de Calatrava

Aquí, en este espacio, gloso un interesante artículo sobre Lima y una histórica calle o callejón. Lleva el título de Cruz y ficción 6

Antes no existía la calle que une la Plaza Elguera con la Iglesia La Recoleta, tampoco la que está al costado del Hotel Riviera. Todo esto se llamaba el Callejón Largo: un pasaje ancho y oscuro en donde la gente formaba la resistencia, se agrupaba. Lo que hacía era simplemente esperar a que algún soldado chileno pasara por ahí, le tendían una emboscada entre varios hasta acabarlo a golpes. Recordemos que esa esquina de la ciudad era entonces los extramuros de la ciudad de Lima. Allí acababa todo. Era tierra de nadie.” “Habiéndose repetido los asesinatos, dice el escritor Carlos Benvenuto, en 1932, el gobernador militar Patricio Lynch quiso suprimir estas manifestaciones de la indignación popular contra los invasores de una manera radical. Para eso se apresó a varios sospechosos de esos barrios que fueron fusilados unos junto a la tornería de don Carlos, el alemán y otros en la pared fronteriza ya para entrar en la calle de Bravo. Clavadas en lo alto de la pared, dos cruces que empéñanse los pintores ramplones en cubrir con pintura al temple, recuerdan tan luctuosos sucesos. La palabra linchar nació allí (Inexacto. Nota del compilador). El dictador chileno quinteó, es decir, fusiló uno de cada cinco, a los poblad ores de los alrededores durante tres eternos días. La protesta del cuerpo diplomático, por supuesto, no se hizo esperar. Pero Lynch no se detuvo. Solo lo hizo cuando entendió que nadie se iba a presentar a confesar: leyes de la resistencia, que les llaman.”

 Calle de Aldabas. L. Angrand0001-001

Calle de Aldabas. Lápiz de Leonce Angrand, Lima, 1832

Notas al Final

De los grabados:

Calles de la Coca y Bodegones. S. XIX. Lima.- Manuel Atanasio Fuentes.- Bco. Industrial del Perú. 1966.

Palacio de Torre Tagle. Foto. S. XIX. Lima. – Manuel Atanasio Fuentes.- Bco. Industrial del Perú. 1966.

Templo de San Francisco. SXIX. Manuel Atanacio Fuentes. Obra citada.

Calle de las Aldabas. Apunte a lápiz de Leonce Angrand. 1832

Llamadas de página

1 Estilo de marcada tendencia funcional, inspiración del arquitecto alemán Walter Gropius (1883-1969). El estilo de la Bauhaus se caracterizó por la ausencia de ornamentación en los diseños, incluso en las fachadas, así como por la armonía entre la función y los medios artísticos y técnicos de elaboración. Fachadas largas, armónicas en sus pisos, con profusión de cristales en amplios ventanales.

2 Fundador del célebre pueblo de Zaña, en Lambayeque.

3 Se conoce de este virrey su natural piadoso, escuchaba todas las misas incluyendo la del amanecer llamada misa parva. Barría la iglesia de Los Desamparados, contigua al palacio. Sus haberes iban a las casas de hospicio y a los asilos. Su corazón está guardado en un cofre en la Iglesia de San Pedro.

4 Por el oidor de la Real Audiencia D. Francisco Álvarez del Gato.

5 El artículo original fue publicado en Ultima Hora, en febrero de 1992. Posteriormente ha recibido enmiendas y añadidos, proceso que por lo visto no acaba.

6 El Dominical.- El Comercio.- 9/6/02. Pág. 13.

Publicado originalmente en Blogger el 13 de enero del año 2006

Armas de la ciudad de LIma, po Carlos V. Pila de la Plaza Mayor

Armas de la ciudad, por Caros V, en uno de las caras de la columna de la Pileta de la Plaza Mayor de Lima

Castro Zapata, Héctor Manuel dijo…

Saludos:

¿Sabes de algúna otra fuente para sacar información sobre la evolución en las calles de Lima? Gracias.

25 de octubre de 2009 17:57

José Abad dijo…

Excelente artículo sobre las calles de Lima, llenas de tradición e historia. Muchas gracias Don Luis Siabala. Esa frase “Esta para el gato” la había escuchado y hasta yo mismo la mencionaba sin conocer su verdadero origen. Espero todavía no estar para el gato.

Un abrazo

José Abad
http://www.accidentetranvia.blogspot.com/

7 de junio de 2010 00:56

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