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Don Juan Lepiani, evocador de los grandes sucesos peruanos

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 La captura de Atahualpa. Juan Lepiani Toledo (Lima, 1864-Roma, 1932)

Resulta al parecer muy natural y espontáneo -y en este parecer nada hay de inédito- que alguna vez los destacados artistas nacionales del pincel, especialmente de nuestro pasado mediato o ya lejano, entregaran su arte como tema de sus entornos personales, que comprende familia, costumbre e historia nacionales, con maestría que enorgullece. Expreso esto para desmarcarlos, en lo posible, de aquella otra función crematística a la cual se debían profesionalmente por razones de oficio.

En este punto tenemos registradas celebradas obras que produjeron, en algún momento de su activa vida los ascetas del pincel, identificándose con temas históricos clásicos, por su significado y trascendencia, aplicado que fuera en ello peculiar arte y cultura, esplendor épico, poético y lírico de que fueron capaces, para lograr que la imaginación y conciencia públicas entendiesen, con especial sentimiento indeleble, aquellos hitos que marcaron los destinos nacionales de pasadas épocas.

Es el caso de don Teófilo Castillo quien resultó insuperable al dejar en el óleo o en la acuarela estupendas interpretaciones de las Tradiciones Peruanas de don Ricardo Palma Soriano, conforme lo tenemos escrito, en este mismo blog, bajo el título Un pintor para la evocación.

Que, rememorando los cruentos finales días del Imperio Inca y los albores del Reino del Perú, don Luis Montero pintara con dramatismo académico La muerte de Atahualpa; notable suceso el de ese enorme óleo que durante largo tiempo fuera un cuadro itinerante y que ya restaurado, tenemos a la vista en el Museo de Arte del Paseo Colón.

Tampoco puedo dejar de anotar la activa tarea de nuestro pintor mulato, en la transición del virreinato a la república, a quien dediqué el artículo El mulato retratista, de gran aceptación en Chile de la época de don Bernardo O’Higgins.

Omito deliberadamente a los escultores y otro tipo de artista que también han seguido este sendero filosófico, para cuya obra me he permitido escribir Mármol, bronce y cincel, esta ocasión la he reservado para algunos pintores peruanos de marcada tendencia evocadora.

Con relación a nuestro biografiado, sucede que el entusiasmo que despierta el estilo, color, porte y traducción de la narrativa historiográfica con que aborda los temas artísticos don Juan Lepiani Toledo, como ningún otro, afirma el hecho histórico -puesto en el óleo- para ser grabado en el más sólido de los granitos de la mente.

Veamos con algún orden cronológico algunos de sus famosos cuadros:

Lepiani, Los trece de la isla del GalloLos 13 de la Isla del Gallo (1903)

Francisco Pizarro, decide pese a los fracasos y penurias, y fiel a su convicción de que el Sur está la meta para terminar con el infortunio, traza la célebre raya en la arena y luego de cruzarla le siguen doce aventureros del total que habían quedado en esa remota e inhóspita isla de la costa septentrional del Pacífico, el resto habría de retornar a Panamá. Este óleo de generosas proporciones, forma el patrimonio del Museo de Antropología, Arqueología e Historia del Perú, en el apacible distrito de Pueblo Libre, en Lima

El asesinato de Pizarro

 El asesinato de Pizarro (Boceto)

Tremenda la decisión del momento, pero la necesidad suele ser hereje: la pobreza en la que había quedada sumida la derrotada y humillada hueste de Almagro, después de la derrota que sufrieron en la batalla de Salinas (6 de abril de 1538) que puso fin a la guerra civil entre los conquistadores, hizo que los conjurados, cansados de las necesidades de todo orden y también de alternarse la capa, (Ricardo Palma, Los caballeros de la capa) la única con que contaban para salir a la calle (no era posible eludir tan importante prenda de vestir en aquellos siglos) decidiesen, encabezados por Juan de la Rada, viejo maestre de campo almagrista, ir a palacio y terminar con el responsable de tales penurias, acabar con el odiado marqués-gobernador del Perú, hacerse del poder y dárselo a Almagro el Mozo, para luego disfrutar la suerte de los victoriosos. Cumplieron con dar muerte a Pizarro, quien pese a sus años se batió bizarramente aquel domingo 26 de junio de 1541 y fue muerto mediante bajos recursos por feroz estocada al cuello. Aquella victoria, producto de esta suerte de magnicidio, no habría de durar mucho tiempo.

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La proclamación de la Independencia (1904)

El general San Martín, investido de los poderes suficientes proclama la Independencia del Perú en la Plaza Mayor de Lima, el 28 de julio de 1821.

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La entrevista de La Serna y San Martín

Fracasada la entrevista de Miraflores, la primera de las destinadas a evitar la transición cruenta que habría de producirse entre las bien equipadas tropas del virrey La Serna y las patriotas que aguardaban entre Huaura y Ancón, se decide por otra, a cinco leguas al noreste de Lima, en Punchauca, evento al que se presta un hacendado español quien brinda su casa para sede de las entrevistas, que se realizaron entre el 4 de mayo y el 2 de junio de 1821. Las conferencias, donde no faltó el protocolo, la elegancia y la buena mesa, al igual que la anterior de Miraflores terminaría en fracaso: el virrey La Serna sabía que, pese al deseo de San Martín de prolongar la monarquía bajo términos constitucionales para dejar el Perú libre de la tutela española y sin el empleo de las armas, jamás sería aceptado por España. El Perú era, en mucho, la pieza más preciosa del joyel de la Corona. En consecuencia, ambos jefes se prepararían para la lucha.

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La entrada de Cocharcas (1903)

Don Nicolás de Piérola Villena, al frente de la coalición partidaria que se opuso a la continuidad del gobierno del general Andrés A. Cáceres, el célebre Brujo de los Andes, irrumpió en la capital por los Barrios Altos la madrugada del 17 de marzo de 1895, franqueando la puerta de Cocharcas para dar lucha sin cuartel al mandatario que opondría feroz resistencia en las calles de Lima hasta el 19, que tuvo lugar un armisticio. Persuadido Cáceres que estaba en juego el prestigio ganado por sus hazañas con los bravos breñeros, durante la resistencia contra el invasor chileno, accedió poner fin a la pelea y abandonar el País. Lepiani, testigo de aquellos luctuosos hechos tenía por entonces 30 años. Ha hecho célebre el episodio con este cuadro que conserva el Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia.

La Respuesta La respuesta de Bolognesi (1894)

La respuesta de Bolognesi, al parlamentario, mayor Juan de la Cruz Salvo, emisario del general en jefe chileno que tenía rodeada la plaza de Arica, y que en virtud de la superioridad de recursos materiales y humanos ofrecía la honorable rendición del jefe peruano y el de su Estado Mayor a cambio de respetar sus vidas, que tuvo por respuesta, confirmada por cada uno de sus estupendos capitanes, de pelar hasta quemar el último cartucho.

Batalla del Morro de Arica, 07061879

El último cartucho (1894)

 Extraordinario lienzo que lleva la fecha de factura, año de 1894 y la firma Juan Leppiani, que forma el valioso patrimonio de la casa natal del coronel Bolognesi, hoy Museo de los Combatientes del Morro de Arica, cuya descripción la remito al artículo Una casa de la calle de Afligidos.

Alfonso Ugarte

Alfonso Ugarte

El coronel Alfonso Ugarte Vernal, en su salto a la inmortalidad al quedar diezmada la guarnición del Morro y cuya estampa Lepiani ha dejado para eterna memoria.

Miraflores, enero 15, 1881
El tercer reducto (1891)

Uno de los mejores de nuestro artista; dramático el panorama de Miraflores la mañana del 15 de enero de 1881. En primer plano, confundidos con tropas regulares la Reserva se prepara para soportar el asalto de la numerosa hueste enemiga que tiene por fondo al Morro Solar, decisivo ataque para tomar Lima. El detalle casi fotográfico de altísima factura no requiere mayor explicación. Obra maestra de don Juan Lepiani.

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Juan Lepiani Toledo (Lima, 1864, Roma, 1933)

Algo de su biografía

José Juan de Dios Mateo Osbaldo Botaro Lepiani Toledo, nació en Lima, el 20 de septiembre de 1864, hijo de los limeños don Melchor Botaro Lepiani Loyola y doña Manuela Toledo. Casó en 1891 con María Josefina Grossberger, con la que tuvo cinco hijos. Solía firmar sus obras como Leppiani.

Gobernaba por entonces el general Juan Antonio Pezet, etapa en la que se produjeron los luctuosos hechos de Talambo (Piura), que habría de conducir al enfrentamiento del Perú con el gobierno de España, ejercido por Leopoldo O’Donnell y Jorís, presidente del Consejo de Ministros, durante la monarquía de Isabel II y como consecuencia el ominoso Tratado Vivanco-Pareja, la captura de las Islas Chincha, el combate de Abtao, el bombardeo de Valparaíso, y finalmente el célebre combate de 2 de Mayo en la rada del Callao, antecedentes estos que formaban parte de la tierna etapa infantil y muy posible referentes de la juventud y madurez del artista limeño.

También la Guerra del Salitre habría de tenerlo como testigo por lo que sus cuadros de esta etapa son populares por su gran realismo.

Alguna vez ejerció como pagador en la línea del ferrocarril central, pero seducido por su naturaleza observadora y artística, estudió pintura en Lima y al efecto recibió lecciones de los maestros, el español Ramón Muñiz y el peruano Francisco Masías.

Para los años finales del S XIX y principios del S XX realizó sus grandes obras de carácter histórico y patriótico.

En 1903 viajó a Europa, para tomar contacto con museos y exposiciones. Instalado en Roma, ocupó su tiempo a la copia de las pinturas de grandes artistas, de ellos Rafael y Tiziano, reproducciones que le permitió vivir con relativa holgura durante varios años Su trabajo destacaba por la pulcritud y maestría con que estaban ejecutados. Fue testigo de la Primer Guerra Mundial y las tragedias que derivaron de la gran conflagración que acaba de celebrar su primer centenario (2014).

En 1928, ya anciano y casi ciego por el severo y exigente trabajo al que se había sometido, retornó al Perú, pero casi de inmediato decidió regresar a Europa. Allí, le sorprendió la crisis mundial de 1929, que sumada a su precaria economía y quebrada salud le produjo la muerte. Falleció en Roma en 1933. En esta ocasión, entrevistado por la revista Mundial de Lima se registró esta que sería la última fotografía del pintor:

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Pese a que la crítica especializada peruana le habría sido mezquina o haberlo ignorado, las obras de Lepiani atraen por su realismo y la emoción patriótica con que han sido tratadas, lo que dice bastante de la penetración de los sentimientos que produce contemplar aquello hechos inmortalizados en sus lienzos.

De ellos los inspirados en episodios de la guerra del Pacífico:

También halló su inspiración en otros periodos de la historia peruana, como hemos visto la conquista (Los 13 de la Isla del Gallo, La captura de Atahualpa, El asesinato de Pizarro, en boceto y la emancipación (La entrevista de La Serna y San Martín en Punchauca, La proclamación de la Independencia). Los sucesos contemporáneos no escaparon tampoco a su pincel, tal como lo prueba otra de sus obras maestras, La entrada de Cocharcas, que representa al caudillo Nicolás de Piérola, montado a caballo ingresando a Lima por la portada de Cocharcas, durante la guerra civil de 1894-1895, cuando Lepiani tenía 64 años de edad.

Fuente principal:

https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Lepiani

Grabados, en su mayoría tomados de INTERNET

El Tercer Reducto, tomado de Historia General del Perú, La República (1879-1884). Tomo III. Rubén Vargas Ugarte. S.J. Ed. Milla Batres, Lima, 1971. Primera Edición

Asesinato de Pizarro, en boceto. Museo de Arte de Lima. MALI

Coronel Alfonso Ugarte, La entrada por Cocharcas, fotografías del autor tomadas en el Museo de Combatientes del Morro, 2013, y en el Museo Nacional de Antropología, Arqueología  Historia, 2013.

Fotografía del pintor en 1928, Revista Mundial, Hemeroteca, Biblioteca Nacional del Perú.

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