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La Biblioteca Nacional del Perú y la tesis del botín justificado

Lunes 9 de abril de 2007

José Toribio Medina, Chile

Don José Toribio Medina Zavala, bibliotecario chileno
Este artículo, otro, La protesta de un bibliotecario y uno más se vinculan con la política devolutiva de libros de Chile al Perú que se promovió al comenzar está primera década, tarea que se cumplió posteriormente y que los ajustes por saldos pendientes, sean por búsqueda en ejecución o por no haberlos habido, dado el considerable tiempo, son asuntos de reparación que dice bastante del nivel con que trataron el asunto las partes que atendieron este laudable propósito.

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En octubre de 1996, visité el local la Biblioteca Nacional en Santiago de Chile; me proponía leer determinado manuscrito virreinal en los altos del espacioso edificio de la Alameda O’Higgins, allí se ubica la Biblioteca Americana José Toribio Medina, y en él se guardaba aquel documento perteneciente a la Biblioteca Pública  de Lima, como se llamó en un tiempo la Biblioteca Nacional del Perú.

Mi llamada a la puerta de cristales con visillos de esta estupenda edificación, antigua pero muy bien conservada, fue atendida por el bibliotecario de turno, vestido con un sencillo guardapolvo color celeste. Era un empleado ya mayor que peinaba canas.

Al conocer mis señas y que era peruano me franqueó la entrada y me condujo por el largo pasillo de la sala Medina, hasta la oficina principal donde destacaba un escritorio con una carpeta y útiles que acusaban profuso y constante uso. Los libros se mostraban de los costados de las altas paredes en una sala con techo iluminado y pinturas al fresco; amplio ambiente con predominio de la madera, en estantes, paredes y techo. Un precioso ambiente de estudio.

Me invitó a tomar asiento y expresó con amabilidad que lo hiciera en el sillón y al mismo escritorio del señor Toribio Medina, acto simbólico de especial significación. Al inquirir mi deseo de lectura expliqué que me proponía leer las memorias del Virrey Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672), para conocer de su propia pluma el informe que elevó al Rey con los resultados de su incursión en Laycacota para develar el movimiento de José Salcedo levantado contra la persona del virrey del Perú, hecho que el señor de Lemos logró con gran suceso y cuyos detalles me encontraba investigando en la Biblioteca Nacional en Lima, pero que siguiendo la suerte de las fuentes estas me habían traído a Santiago de Chile.

Me alcanzó diligente el Gran Índice, bastante deteriorado y pronto dimos con el documento buscado. Me facilitó de inmediato una copia en microfilm. Poco después obtuve también las ampliaciones en papel del buscado informe que ahora conservo en mi poder. Las memorias constituían uno de los volúmenes de la cuantiosa biblioteca trasladada a Chile consecuencia de la ocupación de Lima, interregno del 17 de enero de 1881 hasta el 20 de octubre de 1883. El libro muestra el sello de la Biblioteca Pública de Lima y el sobresello de la Biblioteca de Chile. (Ver fotocopia la final del artículo)

Respecto a los anuncios tan voceados que se están haciendo en estos días (abril 2005) de la inminente devolución de libros llevados a Chile por acción de aquella ocupación de Lima, es necesario dar a conocer algunos detalles que llenen los vacíos que no se han dicho sobre algunos asuntos.

Antecedentes

En diciembre de 1880, fue editada en París la Historia de la Guerra del Pacífico – 1881, escrita por el historiador chileno Diego Barros Arana, con el propósito de formar la conciencia del lector extranjero distorsionada por la propaganda peruana, según lo expresa el editor, respecto de los abusos y exacciones de las tropas invasoras, amén de aclarar lo concerniente a la verdad de las operaciones militares y desvirtuar o justificar las presas y botín capturados.

En efecto, el señor Barros, en uso de una fácil y clara prosa exhibe toda suerte de pruebas, y para cumplir su cometido, expresa:

Cuando el gobierno de Chile adelantaba los aprestos de que hemos hablado en el Capítulo anterior, no había perdido la esperanza de hacer entender al enemigo que era llegado el caso de poner término a una guerra tan funesta ya para la alianza Perú – boliviana. Creía entonces que todavía era posible demostrar prácticamente al enemigo la imposibilidad en que se hallaba para defender el territorio peruano no ya contra un ejército numeroso sino contra pequeñas divisiones. Este fue el objeto de una expedición que las quejas, los insultos y las lamentaciones de los documentos oficiales del Perú, y los escritos de su prensa, han hecho famosa. Esta misma circunstancia nos obliga a dar algunos pormenores.

A fines de agosto de 1880 estaban listas en los puertos de Iquique y Arica las fuerzas que debían formar esta división (se refiere a la expedición de Lynch al norte del Perú). Componíanlas 1,900 hombres de infantería, 400 jinetes, 3 cañones Krupp de montaña con su respectiva dotación de soldados y oficiales, una sección del cuerpo de ingenieros militares y una ambulancia completa con sus médicos, cirujanos y sirvientes. Formaba toda la división un total de 2,600 hombres. Dos grandes transportes convoyados por las corbetas de guerra Chacabuco y O´Higgins, debían conducir estas tropas. El mando de ellas fue confiado al capitán de navío Patricio Lynch. Aparte de las indicaciones que se le hicieron sobre los puntos en que convenía operar, el capitán Lynch debía reglar su conducta a las instrucciones generales que constituían el código de guerra del ejército de Chile.

El gobierno de Chile había distribuido desde el principio de la guerra a todos sus oficiales, como dijimos en otra parte, las Instrucciones para ejércitos de Estados Unidos en campaña, a fin de que ajustaran a ella su conducta. Para que se conozca el carácter de estas reglas, nos parece conveniente reproducir aquí el juicio acerca de ellas de Bluntschli en la Introducción de su Derecho internacional codificado. Dice así:

“Aparecieron durante la guerra civil que desoló a Estados Unidos estas instrucciones que se pueden considerar la primera codificación de las leyes de la guerra continental. El proyecto de estas instrucciones fue preparado por el profesor Lieber, uno de los jurisconsultos y filósofos mas respetados de América. Este proyecto fue revisado por una comisión de oficiales y ratificado por el presidente Lincoln. Contiene prescripciones detalladas sobre los derechos del vencedor sobre el país enemigo, sobre los límites de estos derechos, etc., etc., (en una palabra, sobre todo lo concerniente a la guerra…)

Son mucho más completas y desarrolladas que los reglamentos en uso en los ejércitos europeos… (Cita los más importantes artículos):

Art. 1. Una ciudad, un distrito, un país, ocupados por el enemigo, quedan sujetos, por el solo hecho de la ocupación, a la leí (sic) marcial del ejército invasor su ocupante; no es necesario que se le expida proclama o prevención alguna que haga saber a los habitantes que quedan sujetos a la dicha leí

Art. 7. La leí marcial se extiende a las propiedades y a las personas, sin distinción de nacionalidad.

Art. 8. Los cónsules de las naciones americanas y europeas no se consideran como ajentes (sic) diplomáticos; sin embargo, sus personas y cancillerías sólo estarán sujetas a la leí marcial, si la necesidad lo exige; sus propiedades y funciones no quedan exentas de ella. Toda infracción que cometan contra el gobierno militar establecido, puede castigarse como si su autor fuese un simple ciudadano, y tal infracción no puede servir de base a reclamación internacional alguna.

Art.10. La leí marcial da al ocupante el derecho de percibir las rentas públicas y los impuestos, ya sea que éstos hayan sido decretados por el gobierno espulsado (sic) o por el invasor.

Art.13. La guerra autoriza para destruir toda especie de propiedades; para cortar los caminos, canales u otras vías de comunicación; para interceptar los víveres y municiones del enemigo; para apoderarse de todo lo que pueda suministrar el país enemigo para la subsistencia y seguridad del ejército.

Art.21. Todo ciudadano o nativo de un pais (sic) enemigo es, él mismo, un enemigo, por el solo hecho de que es miembro del Estado enemigo; y como tal está sujeto a todas las calamidades de la guerra.

Art.37. El invasor victorioso tiene derecho para imponer contribuciones a los habitantes del territorio invadido o a sus propiedades, para decretar préstamos forzosos, para exijir (sic) alojamientos, para usar temporalmente en el servicio militar las propiedades.

Art. 45. Toda presa o botín pertenecen, según las leyes modernas de la guerra, al gobierno del que ha hecho dicha presa o botín.

Esta notable tesis fue tomada al pie de la letra por la oficialidad del ejercito chileno, de ella los más conspicuos jefes, el comandante Patricio Lynch y el coronel Ambrosio Letelier. Este último, oficial de caballería, formó parte de una de las expediciones a los pueblos del centro, específicamente el valle del Mantaro y también el de Canta.

Su suerte de encontrar únicamente ancianos, mujeres y niños, por haber sido reclutados los varones en los cuerpos de resistencia de Cáceres hizo fácil su presencia de rapiña y muerte. Pero los vengativos guerrilleros, impuestos de estos excesos, fueron a su encuentro y le dieron batalla en Sangrar, jurisdicción de la provincia de Canta (que por error los historiadores chilenos llaman Sangra), dejando a las tropas chilenas en situación bastante socorrida, por lo que Letelier y los que escaparon emprendieron la fuga hacia Lima.

No descuidó llevar consigo el cuantioso botín fruto de latrocinio en personas y propiedades de la Iglesia. Es decir, el oro y plata en especie y dinero colectado fueron motivo de manifiesta codicia y dio lugar para que, llegado a Lima, y al saberse que la caja militar también había sido materia de hurto se le abriera un consejo de guerra, por disposición del propio Patricio Lynch. El consejo falló su culpabilidad y la correspondiente pena. Más tarde el gobierno de su país le exculparía, por consideraciones a sus distinguidos servicios durante la guerra.

Este oficial no hizo honor a su patria, pero como hemos visto de la tesis del profesor Lieber, recogida por Bluntschli en la Introducción de su Derecho Internacional codificado, sus actos estarían revestidos de alguna aunque discutida legalidad que la justificaría a mérito de esta disposición.

Pero corresponde a don José Toribio Medina Zavala (1852-1930) bibliófilo, investigador, coleccionista e impresor y por qué no decirlo notable polígrafo, la suerte de una figuración más importante que las citadas con anterioridad.

Su nombre se encuentra estrechamente vinculado al patrimonio cultural de Chile. No es poco el aporte a la cultura documentaria que hizo a lo largo de su valiosa vida; pues se tradujo en una abundante recopilación de obras, fuentes y documentos para la historia y la literatura colonial hispanoamericana y chilena, y en la publicación de numerosos estudios monográficos donde dio a conocer sus hallazgos. Esta significativa contribución le valió el merecido reconocimiento de sus compatriotas, pero también de todo investigador latinoamericano.

Nota bibliográfica

Don José Toribio Medina Zavala nació en Santiago el 21 de octubre de 1852, y debido a las características del empleo de su padre, durante su infancia vivió en varias ciudades del país. A los trece años se radicó definitivamente en la capital a orillas del Mapocho e ingresó al curso de Humanidades del Instituto Nacional, de donde egresó en 1869 con distinciones en latín y literatura. Luego siguió la carrera de derecho en la Universidad de Chile, se tituló en 1873 y al año siguiente fue nombrado Secretario de la Legación Chilena en Lima.

Durante la ocupación de Lima (Enero de 1881-Octubre 1883) asimilado entonces como oficial al Estado Mayor del Ejército de Ocupación actuó como Auditor de Guerra en su calidad de abogado; pero también tuvo a su cargo, o se dio el tiempo necesario para disponer el destino de la Biblioteca de Lima, que conocía muy bien de sus años de investigador y por ello sabía de las bondades del primer repositorio peruano. Nadie podría haberlo hecho mejor.

A él se debe la cuidadosa escogencia y posterior embalaje de los libros, infolios y toda suerte de documentos de vieja data, muchos de ellos únicos en su género en esta parte del mundo. Formaron, valga la verdad, parte del botín de guerra sobre cuyo derecho hace mención el teórico alemán Bluntschli que cita don Diego Barros Arana, según tenemos informado.

Dice una somera biografía chilena respecto del bibliotecario, durante los seis viajes al Perú, realizados por el erudito, el contacto con el inmenso caudal de archivos coloniales acumulados en la antigua capital del virreinato, habíale despertado la pasión por los impresos antiguos que marcaría la vocación de su vida. Más tarde, los resultados de su infatigable labor de recopilación fueron reunidos en la Biblioteca Americana y son ahora material de consulta indispensable para los estudiosos del pasado colonial hispanoamericano.

Pude leer con vivo interés, en una pequeña vitrina de la oficina de aquella Biblioteca de Santiago de Chile, la carta de ofrecimiento de venta de su colección particular de libros al gobierno chileno; hace presente don José Toribio que aquél es el único patrimonio que dejará a su familia y de no ser aceptada esta oferta se vería en la necesidad de atender la que le había hecho una de las universidades de los Estados Unidos de Norteamérica, para adquirirla. Sobre la misma carta se puede leer el decreto y la autógrafa del presidente de Chile disponiendo su compra.

Es menester expresar que la obra de José Toribio Medina, como compilador, hizo posible los significativos avances registrados por la historiografía chilena a fines del siglo XIX y comienzos del XX, puesto que la publicación, en su propia imprenta, de la Colección de Historiadores de Chile y la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, sirvió de base documental para la obra de destacados historiadores como Diego Barros Arana y Miguel Luis Amunátegui.

La sala Medina, de la Biblioteca Americana que lleva su nombre, siempre ha estado disponible para cualquier investigador, especialmente peruano y no es del todo cierto que los libros hubieran permanecido ocultos a los ojos del lector. Yo he sido testigo de esta realidad.

Bienvenidas sean de vuelta a casa las colecciones que formaron parte de un botín de guerra, las curiosidades bibliográficas, y con ellas las Memorias de los Virreyes del Perú, además de la primera Historia del Perú de que se tiene noticia, sistematizada como tal, escrita por el español don Sebastián Lorente, que migró a nuestra tierra y se confundió con su pueblo, la cultura y su destino.

Archivo Toribio Medina. Sgo. Chile

Archivo Nacional. Biblioteca Americana José Toribio Medina. Sala Medina. Santiago de Chile. Chile

 

 Lemos y Toribio Medina

 Primera página del informe que hace el, Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672) 19. Virrey del Perú, al Rey Don Carlos II

 Créditos

Gráficos:

José Toribio Medina, en uniforme de diplomático. INTERNET

Sala Medina, Biblioteca Americana José Toribio Medina, Biblioteca Nacional. Alameda, Santiago de Chile, Chile. INTERNET

Primera página del informe que hace el, Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672) 19. Virrey del Perú, al Rey Don Carlos II [el Hechizado] sobre los sucesos de Laycacota y la sumaria ejecución de penas a los sublevados encabezados por Joseph de Salcedo. Copia de mi propiedad adquirida en el Archivo Medina.

Bibliografía:

Diego Barros Arana, Historia de la Guerra del Pacífico 1879-1881.- Editorial Andrés Bello; mayo de 1979. Santiago de Chile, Chile.

Don José Toribio Medina Zavala y su presencia en Lima

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Toribio_Medina

Notas biográficas del famoso bibliotecario

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-663.html

Hora 06:48:00 AM Publicado por Luis Siabala Valer

2 Comentarios:

Luis Adolfo Siabala dijo…

Buen aporte acerca de la propiedad peruana en la Biblioteca de santiago de Chile. Es necesario desmitificar a los patrioteros que lanzan infundios sin haber comprobado la realidad de un hecho. Felicito el retorno del patrimonio cultural a la Biblioteca Nacional del Perú. No solo es cívica la acción. La considero propia de una nación madura y civilizada.

9 de abril de 2007 02:20 PM

Carlos Urquizo dijo…

Gracias Dr. L. Siabala por sacar a la luz inconsistencias, tales como: “Art. 45. Toda presa o botín pertenecen, según las leyes modernas de la guerra, al gobierno del que ha hecho dicha presa o botín”.

El Art. 45 permite argumentar lo siguiente: Por codicia económica y/o por razones políticas perversas, un país puede invadir a otro con menor poder bélico; cuando el agresor logre asentar su victoria, “las leyes modernas de la guerra” le otorgan el “derecho legal” de arrebatar parte del territorio invadido, de ultrajar a mujeres, niños y ancianos, de robar reliquias históricas y riquezas materiales, etc.

El argumento anterior resalta una gran inconsistencia, por que el diccionario define a la “Ley” como “Un mandato o prohibición de algo, para establecer justicia”. Por lo tanto el Art. 45 yerra al llamar “Leyes” a unas reglas injustas elaboradas por los victoriosos para justificar sus fechorías. Una Ley debería decir que todo lo ejecutado por el agresor es ilegal.

En conclusión la agresión de Chile al Perú fue injusta, por lo tanto todo lo ejecutado por el agresor es ilegal.

Carlos Urquizo

11 de abril de 2007 01:23 AM

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El mulato retratista

A don Andrés Merino Espiñeira; Santiago de Chile

José Gil de Castro

(Lima 1785; Lima, 1850)
Entre la colonia y la república
Infante José Nepomucemo Figueroa Araoz
Infante José Raimundo Nepomuceno Figueroa Araoz

Profusa la historiografía de este maestro de singularísimo estilo en el óleo, retratista contemporáneo de personajes notables; engreído de las damas de la sociedad virreinal y republicana a orillas del Rímac y del Mapocho; creador de ese estilo hierático con que quiso mostrar a libertadores generalísimos, mariscales encumbrados, encopetadas damas y grandes señores; delicado pincel de madonas santas de conventos, monasterios e iglesias. El peruano del barrio santiaguino de Lastarria, pintor con establecimiento a inmediaciones del Cerro de Santa Lucía, el limeño don José Gil de Castro y Morales, también conocido en su época como el Mulato Gil.

Simón Bolívar, por José Gil de Castro

Difícil no reconocer de primera vista su Simón Bolívar, rostro de pardo de largas patillas y negro bigote, con esa levita de tieso y elevado cuello en color punzó sobre paño negro con dorados y charreteras bordadas a profusión del estilo en boga, de simétrica abotonadura, retrato que le tomó en directo en 1822; o su San Martín, con el corvo sable dorado, tahalí y correaje blancos investido de la banda con los colores isabelinos, conforme posaría para sus bastidores en 1818, antes de traer sus ejércitos al Perú.

San Martín por José Gil y Castro

Imposible pasar por alto los colores de su paleta en el rostro de mejillas ajamonadas del general Bernardo O’Higgins Riquelme, vencedor de Chacabuco, padre chileno de la Patria Nueva, posteriormente el asilado voluntario de Montalbán en Cañete, Perú; célebre vástago de Ño Ambrosio, el irlandés (Don Ambrosio O’Higgins, Marqués de Osorno, trigésimo sexto Virrey del Perú; (1796-1801)

Bernardo O'Higgins Riquelme

Es a este encumbrado militar que Gil de Castro debe la fama. Amigo del pintor, que le retrató con mucho acierto, O’Higgins le otorgó la condecoración Al Mérito, en el grado de legionario.

Y si de madonas santas se trata, aquí dos muestras de sus pinceles en la virgen de las Mercedes y de Santa Isabel, reina de Portugal:

  Virgen de las Mercedes, José Gil y Castro

NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES
Santa Isabel reyna de Portuga, José Gil de Castro
SANTA ISABEL, REINA DE PORTUGAL

Personajes coloniales como el que muestra el grabado;

 Cnel. Judas Tadeo de los Reyes y Borda

 CORONEL JUDAS TADEO DE LOS REYES Y BORDA

O también, en la baja escala social pero elevada del patriotismo, la modesta del pescador chorrillano don José Olaya Balandra, mensajero por antonomasia de la independencia del Perú.

José Olaya y Balandra

JOSÉ OLAYA BALANDRA

Iconografía toda esta muy familiar a nuestros ojos que la hemos visto en museos y reproducidas en libros de la infancia y juventud; sin embargo, carecemos de su efigie pues tampoco se conoce de algún autorretrato y nos contentamos con imaginarlo como se muestra el mulato, hijo de blanco con negra, mestizaje que lleva confundidos la vitalidad serena y la sensibilidad aguda de sus progenitores.

Datos biográficos

Las fechas de su estada en Chile, su retorno al Perú y deceso en Lima no son claras ni coincidentes, excepto la de su nacimiento que se conoce por su fe de bautismo que expresa que nació en Lima, el 1° de septiembre de 1785, que fue pardo libre, hijo legítimo de José Mariano Carvajal Castro y María Leocadia Morales.

Su formación artística la habría seguido en la escuela pública de dibujo y pintura, creada por José del Pozo y su maestro habría sido el español avecindado en Trujillo, Julián Payo.

En 1805 o 1810 se habría trasladado a Chile, radicándose en Santiago. Su presencia en Chile sería para cumplir con deberes castrenses. Encontró allí ambiente propicio para la pintura religiosa, los retratos militares y los personajes de las clases adineradas, de gran demanda en la naciente república.

Por su destacada labor como retratista y pintor recibe, en 1816, el nombramiento de Maestro Mayor del gremio de pintores por el Cabildo de Santiago.

Casó en Santiago en 1817 con doña María Concepción Martínez y aprovechando su experiencia militar y su alto conocimiento de dibujo, cartografía y cosmografía, obtuvo diversos nombramientos militares, entre ellos el de capitán de ingenieros de Chile y Perú, capitán de fusileros del batallón de Infantes de la Patria y la Orden al Mérito de Chile.

Mantuvo, como hemos dicho, gran amistad con el general Bernardo O’Higgins, debiéndose a él los más logrados retratos del prócer. Gil de Castro se convirtió en el gran retratista de las campañas de los ejércitos libertadores de Sudamérica y en consecuencia, su pintura representa el paso de la colonia al período de la república. En 1820 O’Higgins lo nombró segundo cosmógrafo, miembro de la mesa topográfica y proto-antigrafista del Supremo Director.

Instaló su taller en la actual calle Victoria Subercaseaux de Santiago, a inmediaciones del cerro Huelén (Voz mapuche) llamado Santa Lucía, donde recibía a numerosos clientes que posaban para él en largas sesiones.

Dicen los estudiosos del artista que de acuerdo a las fechas de sus cuadros, el pintor permaneció en Chile hasta 1825. A partir de ese año, solo se conocen obras firmadas en Lima que corresponden a retratos de las damas más importantes y elegantes de la sociedad peruana.

Se puede ver de sus pinturas al óleo las características imperantes del arte pictórico de la época colonial. Un estudiado dibujo y el paulatino uso de colores luminosos y simbólicos como el rojo. Demostró una particular sensibilidad para captar los rasgos fisonómicos de sus modelos incluyendo todo tipo de detalles y elementos escenográficos con realce de la alcurnia y dignidad de los retratados, ahora, muy de su estilo, algo acartonados dado el hieratismo de que solía revestirlos.

De esta forma sus pinturas adquieren no solo un valor artístico, sino también valioso testimonio histórico. Su presencia en Chile, resultó de mayor significación cuantitativa que en la del Perú, por la demanda de sus servicios que, además, le produjo las distinciones que le fueron concedidas y la memoria con que se le recuerda en el vecino país.

Nadie es profeta en su tierra. Veamos:

Premios y distinciones

1816 Es nombrado Maestro Mayor del Gremio de Pintores.
1820 O’Higgins lo nombró Segundo Cosmógrafo y miembro de la mesa topográfica y Proto-Antigrafista del Supremo Director.

Exposiciones individuales posteriores

1993 Retrato de Don José Raymundo Juan Nepomuseno de Figueroa y Araoz. Casa de Remates Jorge Carroza. Santiago, Chile.
1994 José Gil de Castro en Chile, Reactivando la Memoria. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

Exposiciones colectivas

1940 Exposición de Arte Chileno, Buenos Aires, Argentina.
1942 Chilean Contemporary Art, The Toledo Museum of Art, Estados Unidos.
1962 Retratos Chilenos por Artistas Extranjeros, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1972 150 Años de Pintura Chilena, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina.
1974 Precursores Extranjeros de la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1975 El Eterno Femenino, Instituto Cultural de Providencia, Santiago, Chile.
1975 La Modelo y el Pintor, Sala Forestal, Santiago, Chile.
1976 Siglo y Medio de Pintura Chilena: Desde Gil de Castro al Presente, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1977 200 Años de Pintura Chilena: Primera Exposición Itinerante, Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación, Santiago, Chile.
1978 Colección Guzmán Ponce, Instituto Cultural de San Miguel, Santiago, Chile.
1980 El Arte y la Banca, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1981 La Historia de Chile en la Pintura. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1982 Recorriendo el pasado de la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1984 15 Elegidos en la Pintura Chilena: Exposición Retrospectiva, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1984 Pinacoteca de la Universidad de Concepción en Homenaje a Claudio Arrau, Centro Histórico de la I. Municipalidad de Chillán, Chillán, Chile.
1987 Panorama de la Pintura Chilena desde los Precursores hasta Montparnasse, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1991 Siglo y Medio de Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1994 Pinacoteca de la Universidad de Concepción, Corporación Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1995 Retratos en la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Providencia, Santiago, Chile.
1998 La Región del Maule y sus Pintores, Museo O’Higginiano y Bellas Artes de Talca, Talca, Chile.
2004 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, El Museo del Barrio, New York, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, San Diego Museum of Art, California, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, Bass Museum of Art, Miami Beach, Florida, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, National Portrait Gallery at the S. Dillon Ripley Center, Smithsonian Institution, Washington D.C., Estados Unidos.
2006 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, San Antonio Museum of Art, Texas, Estados Unidos.
2009 Chile Mestizo, Centro Cultural Palacio La Moneda, Santiago, Chile.

La plaza Mulato Gil de Castro en Santiago de Chile

Dice la nota que glosamos de INTERNET: Interesante y novedoso centro cultural, ubicado cerca del hermoso Parque Forestal. Motivados por la actividad artística y bohemia que ya se había ido instalando en el sector, los arquitectos Ignacio Cruz y Walter Biggeman diseñaron este armónico conjunto de casas con una plaza central, con el objeto de acoger talleres, cafés y salas de exposición que convocaran al público interesado. Pronto ese espacio se convirtió en lugar de visita obligado para todo el que quisiera pasar por bohemio o intelectual, lo que de algún modo también le dio cierta artificialidad.

En definitiva, la Plaza Mulato Gil de Castro es sin duda un lugar turístico y en su interior el visitante puede encontrar tiendas de artesanía y libros, un pequeño Museo Arqueológico y una amplia oferta de restaurantes y cafés de gran calidad.

Datos de investigación

Finalizamos esta reseña con una crónica que comprende las épocas de la colonia y de la república, en el Perú y Chile, que a nuestro bueno de Gil de Castro le tocó vivir, de 1785-1850, sus sesenta y cinco años.

Bajo los Borbones:

34. Virrey Teodoro de Croix; 1784-1790
35. Virrey Frei Francisco Gil de Taboada y Lemus; 1790-1796
36. Virrey Ambrosio O’Higgins; 1796-1801
37. Virrey Gabriel de Avilés; 1801-1806
38. Virrey Fernando de Abascal y Souza; 1806-1816
39. Virrey Joaquín de la Pezuela; 1816-1821
40. Virrey José de la Serna; 1821-1824

En la república:

1821-1822 José de San Martín Matorras
1823-1824; José Bernardo de Tagle y Portocarrero
1822-1823; 1827-1828; José de la Mar Cortázar
1823; 1838-1839; José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete
1823; José Antonio de Sucre de Alcalá
1824-1825; Simón Bolívar Palacios
1825-1826; Hipólito Unánue Pavón
1826/27; 1836-37; Andrés Santa Cruz Calahumana
1827; 1828-1829; 1834-1835; Manuel Salazar y Baquíjano
1829; 1839; 1829; 1830-1831; Antonio Gutiérrez de La Fuente
1829-1833; 1838-1840; 1840-1841; Agustín Gamarra Petrona
1831; Andrés Reyes y Buitrón
1832; Manuel Tellería Vicuña
1833; José Braulio del Campo-Redondo Cisneros
1834-1836; 1837-1838; Luis José de Orbegoso y Moncada
1834; Pedro Bermúdez Ascarta
1835; Felipe Santiago Salaverry del Solar
1835 Juan Bautista de Lavalle y Zugasti
1826-1827; 1836-1837; Andrés de Santa Cruz Calahumana
1837 Pío Tristán y Moscoso
1838 José; María Galdeano de Mendoza
1829-1833; 1838-1840; 1840-1841; Agustín Gamarra Petrona
1840-1841-1842; 1844-1845; Manuel Menéndez
1842; Juan Crisóstomo Torrico González
1842-1843; Francisco Vidal La Hoz
1843; Justo Figuerola de Estrada
1843; Manuel Ignacio Vivanco de Iturralde
1843-1844; Domingo Nieto Márquez
1843-1844; Domingo Elías Carbajo
1845-1851; Ramón Castilla Marquesado

Chile

Gobernantes y presidentes

1810-1811 Mateo de Toro y Zambrano
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 Fernando Márquez de la Plata
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 Juan Antonio Ovalle
1811-1811 Martín Calvo Encalada
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 José Miguel Carrera Verdugo
1811-1812 José Santiago Portales
1812-1812 José Miguel Carrera Verdugo
1812 1812 Pedro José Prado Jaraquemada
1812 1813 José Miguel Carrera Verdugo
1813 1813 Francisco Antonio Pérez
1813 1814 José Miguel Infante
1814 1814 Agustín de Eyzaguirre
1814 1814 Antonio José de Irisarri Alonso
1814 1814 Francisco de la Lastra de la Sotta
1814 1814 José Miguel Carrera Verdugo
Mariano Osorio
Casimiro Marcó del Pont
Casimiro Marcó del Pont Ángel Díaz y Méndez
1817- 1823 Bernardo O’Higgins Riquelme
1823- 1823 Agustín Manuel de Eyzaguirre
1823-1823 Congreso de Plenipotenciarios
1823-1823 Ramón Freire Serrano
1823-1826 Ramón Freire Serrano
1823-1823 Diego José Benavente
1823-Ramón Freire Serrano
1826-1827 Agustín Eyzaguirre y Arechavala
1827-1827 Ramón Freire Serrano
1827-1827 Ramón Freire Serrano
1827-1829 Francisco Antonio Pinto Díaz
1829-1829 Francisco Ramón Vicuña
1829-1829 Francisco Antonio Pinto Díaz
1829-1929 Francisco Ramón Vicuña
1829-1830 José Tomás Ovalle Bezanilla
1830-1830 Francisco Ruiz-Tagle Portales
1830-1831 José Tomás Ovalle Bezanilla
1831-1831 Fernando Errázuriz Aldunate
1831-1831 Fernando Errázuriz Aldunate Vicepresidente
1831-1836 José Joaquín Prieto Vial
1831-1836 José Joaquín Prieto Vial
1841-1846 Manuel Bulnes Prieto
1846-1851 Manuel Bulnes Prieto

Fuentes

INTERNET

Pontificia Universidad Católica del Perú
http://www.uc.cl/faba/ARTE/AUTORES/GilObrasT.html

Wikipedia

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Gil_de_Castro

Portal de Arte
http://www.portaldearte.cl/autores/gildecastro.htm

Artistas plásticos chilenos
http://www.artistasplasticoschilenos.cl/biografia.aspx?itmid=300

mavCanal Cultural
http://www.mav.cl/expo/gil_de_castro

http://es.viajes.yahoo.com/p-guia_viaje-830472-plaza_mulato_gil_de_castro_santiago-i

Gobernantes y presidentes de Chile

http://www.arabe.cl/chile/presidentes.html

Museo del Banco Central de Reserva del Perú

http://museobcr.perucultural.org.pe/interior.htm

Publicado por Luis Siabala Valer en 21:39
Etiquetas: Gil, Huelén, Lastarria, Lucía, retratista, Santiago

5 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…
EXTRAORDINARIO, MI HERMANO, ME APRESURO A DIFUNDIRLO

UN ABRAZO

RAFAEL

14 de septiembre de 2009, 19:12

Marco Antonio dijo…
Una vez más, felicitaciones Lucho. Una excelente semblanza de este pintor, tan familiar para muchos, pues sus cuadros nos son conocidos. Pero, la verdad, ignorabamos su vida. Ahora, con tu aporte, disfrutaremos mas de “El Mulato Retratista”.
Muchas gracias,
Marco

18 de septiembre de 2009, 18:21

Regis Bastian dijo…
Caro Dr. Siabala Valer:
Visitei há pouco um de seus blogs — belíssimo. Além de muito bem elaborado, mostra seu talento, um pouco de sua vida. Gostei muito — minhas homenagens! Tenho-o em elevada estima e trato-o com distinta consideração.
Saludos!

19 de septiembre de 2009, 0:56

pedroencina@gmail.com dijo…
Maestro y amigo Luis, que bonito homenaje a este artista y actor del siglo de las luces. El retrato que nos muestras de Bernardo O’Higgins pintado en 1820 se ha convertido en el retrato oficial del procer para los chilenos. De el se han hecho cantidades de copias y replicas que nos transmiten la imagen del libertador. Reciba usted mis mas sinceros agradecimientos por compartir sus conocimientos y sentimientos por America. Desde Talca, Chile. Pedro

4 de septiembre de 2010, 21:33

José Abad dijo…
Ignoraba completamente la existencia de este gran artista peruano, hasta que ingresé a leer este artículo.

Muchas gracias don Luis Siabala, su estilo y las imágenes que cuidadosamente selecciona, le dan a su artículo un carácter ameno, histórico, que causa interés y asombro. Que ingratitud del Perú, ni una sola exposición en su tierra. Esto va a cambiar con su artículo, lo presiento.

Los retratos de Gil de Castro son conocidos, ¿quién no los ha visto alguna vez en un libro de historia o museo? La pintura de José Olaya es una prueba de su popularidad.

Gracias de nuevo, por presentarnos a un peruano de gran talento y de significación histórica.
16 de septiembre de 2010, 15:28

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