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Los silencios de la plaza

A la memoria de don Fernando Marcet Salazar;  y dedicado con especial afecto para don José Ruiz Ramos, estupendo amigo cordobés

 

Por todo lo alto

Cuando los terrenos del toro se mezclan con los del torero, ronda la muerte. Gregorio Corrochano

Séame permitido ensayar sobre este puntual asunto, lo recogí de un entrañable amigo que ya no está entre nosotros, que había comparado en iguales situaciones, aquello de los silencios que no lo eran del todo ni en la maravillosa Real Plaza de la Maestranza de Sevilla ni tampoco en la matritense de Las Ventas, pero si en Lima; el me contó y yo quisiera interpretarlo.

El arte del toreo es asunto de pocos, pero tema de muchos. Es conciencia cargada de sangre, miedo, fuerza, olor, color, ovación y música… pero también de silencio… uno sepulcral como el que suele producirse en notables tardes en la longeva de la ducentésima cuadragésima octava de existente Plaza de Acho, nuestra vieja y querida Plaza firme del otero de Acho; silencio premonitorio de pinturera suerte o en fatal extremo, violenta muerte.

Es producto de la cita del destino de la pareja singular que hacen hombre y bestia con la compañera muerte, la infaltable chaperona que simboliza el luto, por muerte forzosa del toro o en ocasiones la del torero, que también la hubo de ambos, entonces se dijo que se murió matando, he aquí lo épico del drama.

Correr los toros lleva inmersa estas potenciales condiciones. Así fue siempre y así lo seguirá siendo. El primitivo ser que mora dentro del aficionado de todos los tiempos y latitudes lo sabe y así lo espera. Se dice que el arte de la lidia resulta de la mezcla de los miedos del toro y los del torero; sumados a los del expectante público, añadimos.

Es muy cierto aquello que se murmura o dice quedo: Cuando los terrenos del toro se mezclan con los del torero, ronda la muerte. Esas son las ocasiones que se hacen los silencios…

Los terrenos del toro son defendidos por el burel que no tolera invasión alguna, asunto que conoce el matador. Será necesario en ocasiones, empero, tentar al destino y para lucir aquella suerte habrá de invadir esas áreas que le son vedadas: entonces dentro, en terreno ajeno… paso a paso, medio paso, tendida y templada la muleta citará y cargará la suerte; se hará entonces aquel silencio, luego el astado instintivo y bravo, arrancará para hacer la historia y cumplir el destino.

Los conocedores quedan suspensos en los tendidos y el tiempo parece detenerse durante aquellos instantes… y la muerte, conspicua acechadora de los ruedos, espera su momento, aguarda calculadora; es lívida dama de blancos y largos tules que empuña la guadaña con un negro crespón, la que siempre acompaña a los rivales en la lidia: el uno, pletórico de instinto, poderosa acometida, armada cornamenta y gran musculatura; el otro, debilísimo de estructura, dotado tan solo de su acusado juicio, experta mano y un valor que ya rezó sus oraciones.

Está sonando el clarín señal del cambio de tercio, el último tercio. El sol va picante; aquella mujer del tendido de sombra, la de sedosa cabellera, mordisquea nerviosa el tallo de un clavel…

Ya se dejó la muleta, es el turno del estoque de matar… un extendido rumor recorre la plaza…

Logotoro

Publicado originalmente el SÁBADO, 9 DE ABRIL DE 2011 [0:48] por Luis Siabala Valer

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El maletilla

LUNES, 30 DE JUNIO DE 2008

A don Fernando Marcet Salazar, don Fernando Díaz Tenorio, y mi amigo de Melilla, España, don Curro Vásquez

Maletilla

Maletilla. (De maleta, mal torero). com. Persona joven que, desasistida de medios y de ayudas, aspira a abrirse camino en el toreo comenzando a practicarlo, a veces, en las ganaderías o procurando intervenir en tientas, capeas, becerradas, etc. (RAE)

Bragado

– ¡Salió la luna! Ahora a lo nuestro… ¡Vamos!, ¡Un momento…!, ¡Alto, aguardad que alguien viene!

Una pareja de guardias civiles se acerca al paso de sus cabalgaduras, los sables colgados del tahalí, las tercerolas en las fundas junto al morral; tocados como siempre de ese castizo sombrero de dos picos que semeja montera de torero; una mano a las riendas y un brazo en jarras… pronto se pierde la ronda en los recodos del camino.

– Me gusta, hombre, algún día me metería a guardia civil… ¡Vamos, seguidme! susurró con mando el oculto mozalbete.

Del matorral cercano, al plenilunio, sigilosos aparecen tres pillastres de formas, hablar y similar aspecto de nuestro amigo. Se le unen y desvisten cuidadosos. Todo un rito, luego con el hatillo de sus pobres ropas en alto ingresa la tropilla a las frías aguas y ensaya el largo vado que aunque de poco caudal presenta considerable fondo…

– ¡Qué hermosa luna y que bellos esos toros, especialmente aquél que está atento de nosotros… !

Quien así divaga entre susurros y pensamientos es un mozalbete algo mayor de diez años, delgado y vivaz, con aquellos ojos y pelo negros como los hay muchos por Andalucía.

De la orilla del frente una cerca deja entrever algunas reses que otean la presencia humana… un mozuelo termina de cruzar el vado y oculta el bulto…, otro también y así, de uno en uno llegan en experta acción encubierta por aquel recodo algo más allá de la orilla; de allí hasta la cerca de espinosa y crecida zarza hay muy corta distancia a los potreros. Del otro lado, se extiende la pastura y las suaves colinas donde se guardan, con celo y cuidado, los valiosos erales para la Feria de Córdoba que se da en mayo, cuando viste de gala el coso de Los Tejares.

Con marcado tino Juanete, como le apodan sus compañeros de aventura, salva con habilidad por el mejor sitio aquella P1030371cerca protegida con el seto de espinos, y luego de salir de esos agudos embarazos escoge un magnífico burel, mejor dicho aquél que receloso permanece atento de la evolución de los intrusos y que ahora, con algún mugido, codicioso escarba el pasto… nuestro furtivo aprendiz se coloca en suerte, extiende el trapo que hace de capote y cita al astado.

Arrancase éste con el estrépito de su gran peso y el niño lo recibe con una navarra de pintura. Un oleé… forzadamente sordo deja escapar el menudo público siempre protegido del otro lado del cerco que improvisa un burladero… un ruido mayor del necesario y acudirían los peones armados con sus trabucos de boca acampanada, gran calibre y con sus perros… la cosa tornaría peligrosa y la vida estaría entonces en juego, sea por el toro bravo, las tarascadas de los fieros canes acostumbrados a saltar a la yugular, o las postas de aquellas armas… pero, ¿Acaso no valieran la pena ¡hombre! todas esas simplezas por unos instantes de toreo? ese afán de lidiar tan marcado, era irresistible. La ocasión se pintaba sola y ahora conjugaban luna, buen ganado y el sabor de la aventura… perder la vida pareciera negocio secundario.

Los toros aprenden rápido y resulta criminal llevar a la plaza toros capeados… de allí que la prohibición de hacerlo apuntaba directamente a los menudos y pobretes hijos del pueblo, a los maletillas que jugándose el pellejo malogran al toro bravo; pues orden había para disparar a matar de saberlos toreando, mejor dicho cuando hurtaban al destino un lindo toro.

Una considerable parte de los peones, como siempre, hacía la guardia y estos mozuelos como en todos los tiempos y ocasiones en la vasta cuenca del Guadalquivir se daban maña para torear en clandestino. ¡Cuántos habían pagado caro su afición! Si esta desdicha sucedía el llanto de las madres en los depósitos de cadáveres y los velorios era conmovedor… Pero la ley establecía con rígida severidad la suerte de los maletillas y nada abogaba en favor de este socorrido oficio que era un paso a la muerte por doble partida… ¡Otra navarra y cambio de capa a muleta; recibe al cárdeno por naturales y remata de pecho! ¡Olés! y aplausos sordos.

La luna brilla por todo lo alto, es la dicha…

De pronto unos ladridos, voces de alarma, un tropel que se acerca y nuestra menuda granujería pone pies en polvorosa buscando el socorro del río cuya orilla está cercana…

Juanete quiere una suerte más y no escucha o no quiere escuchar las voces de los que arrancan y, por el contrario, se prepara para otro lance… los perros ya están cerca, siguen a la jauría un par de peones con sus armas listas…

-¡Que te pillan Juanetillo, salta hermano, salta yaaa … !

Firme el muchachito con galanura tiende la pañosa, tiempla y carga la suerte… se arranca el toro; … ¡fatal resuena un estampido! hay un revuelo de cuervos y lechuzas en el matorral y entre jirones de negros nubarrones la luna al ocultarse, parece que se conduele…

Pleniluniojpg

Logotoro

Los Tejares

Autor: Luis Siabala Valer.- Pando; 29/VI/2008
Publicado originalmente a las 12:27
Grabados
La Fiesta Nacional, El libro de oro de la tauromaquia. Primera Edición. Ejemplar N° 2386  Barcelona MCMLI. (Toros, de D. Perea-Museo de Bellas Artes, Córdoba, España)
Niño maletilla INTERNET

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