Harun al-Rashid

Espacio para el Ensayo, la Historia y el Arte

El día que se enfrió el planeta

domingo, 25 de mayo de 2008

Volcàn Huaynaputina

VOLCÁN HUAYNAPUTINA
Fuente: La Opinión de Tenerife. 24 de abril, 2008. Dice esta crónica:
Una gran erupción volcánica en Perú en 1600 provocó una bajada de temperaturas en todo el mundo
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La otra cara de Hawai. Ciencia y Tecnología La histórica erupción que en el año 1600 se produjo en el volcán Huaynaputina, en el entonces virreinato del Perú, provocó un impacto global en la civilización, con una alteración temporal del clima que ocasionó retrasos y mermas en las cosechas en Asia, Europa y América, además de una gran hambruna en Rusia. Así lo considera un nuevo estudio realizado por expertos de la UC Davis, uno de los diez campus que integran la Universidad de California. OTR/PRESS Esta erupción es conocida por los científicos por haber eyectado gran cantidad de sulfuro a la atmósfera. Paralelamente, tres estudios diferentes han mostrado que el año inmediatamente posterior, 1601, fue excepcionalmente frío, pero no se habían documentado hasta ahora sus efectos. “Sabíamos que hubo una gran erupción, que fue un año frío, pero eso era todo”, declaró Ken Verosub, profesor de Geología de esta universidad.

El sulfuro reacciona con el agua en el aire formando gotitas de ácido sulfúrico, que en grandes cantidades provocan en la atmósfera un enfriamiento al reducir la cantidad de luz solar que alcanza la superficie. Pero estas gotitas terminan disipándose y su efecto sólo se prolonga durante alrededor de un año.

Verosub y su equipo combinaron registros históricos de la época tanto de Europa, como de China y Japón, axial como de las colonias americanas de España y Portugal y de Filipinas, para buscar información sobre cambios en agricultura, el clima y también hallar consecuencias sociopolíticas.

LA HAMBRUNA QUE DERROCO AL ZAR BORIS I

Pues bien. En Rusia, el bienio 1601-1603 provocó la peor hambruna en la historia del país, hasta el punto de que el zar reinante, Boris I, terminó siendo derrocado. Los registros en Suiza, Lituania y Estonia inician inviernos excepcionalmente fríos entre 1600 y 1602; en Francia la cosecha de vino de 1601 se retrasó, y la producción en Alemania se vino abajo, al igual que en el Perú. En China, los árboles florecieron demasiado tarde, y en Japón el Lago Suwa se heló en invierno antes que nunca en un periodo de 500 años.

Hasta cierto punto, no podemos probar que el volcán fuese responsable de todo esto. Pero sí hemos constatado que 1601 fue un año llamativamente frío en conexión con ese evento”, según declaraciones de este científico recogidas por otr/press en la Web de la UC Davis.

Entre otras erupciones similares que podrían haber afectado de forma a la vida humana en todo el planeta destacan la del Tambora en Indonesia en 1815, cuya secuela en la agricultura europea ha quedado muy documentada. Verosub estima que una erupción volcánica de esta magnitud puede producirse cada 200 años aproximadamente, lo que aumenta la posibilidad de pueda reproducirse en la primera mitad de este siglo.

Hasta aquí la crónica española

Cruz de Calatrava

UBICACIÓN Y DATOS HISTÓRICOS DEL VOLCÁN

Perú, Departamento de Moquegua, provincia de General Sánchez Cerro, Cap. Omate.

Durante la colonia fue un partido o subdelegación de la Intendencia de Arequipa que comprendía en su integridad el Cercado de Arequipa, Arica, Moquegua, Camaná, Collaguas o Caylloma, Condesuyos de Arequipa, Tarapacá e Iquique-Pisagua.

Departamento de Moquegua, 1865

MAPA DE MOQUEGUA EN 1865
OTRA FUENTE

A 30 km. al sur del volcán Ubinas se encuentra el Huaynaputina -llamado también Omate, Quinistaquillas, Chiquimote, Chequepuquina o Morro Putina (anotación esta última del compilador).

Se ubica a 16º 35′ de latitud Sur y 70º 52′ de longitud Oeste. Su altitud actual es de 4,800 msnm, con un semicono de 200 a 500 metros de elevación.

Ambos volcanes están a la margen derecha del curso alto del río Tambo (cuya cuenca cubre territorios del Oeste de Puno, el Norte de Moquegua, y el Sur de Arequipa), y forman parte de la cadena de “Volcanes de los Andes Centrales” (El segmento de la Cordillera de los Andes entre los 14º y 28º de latitud Sur, que corresponde a la Cordillera Occidental del Sur del Perú y a la zona fronteriza de Bolivia, Norte de Chile y Noroeste de Argentina)

Entre geólogos y vulcanólogos la erupción del Huaynaputina, ocurrida a lo largo de casi dos semanas entre el sábado 19 de febrero y el jueves 2 de marzo del año 1600, es considerada la más violenta que haya sido registrada en el área andina desde el siglo XVI. Ya que la zona -entonces como ahora era relativamente aislada, la información histórica disponible proviene de la ciudad española más cercana al volcán: Arequipa.

El proceso comenzó con una serie de temblores previos, progresivamente más fuertes, iniciados hacia el lunes 14 de febrero y, luego de la primera erupción, percibida no sólo por la formación de nubes de humo volcánico, que oscurecieron la atmósfera e impidieron ver el sol en las horas diurnas por dos semanas y la abundante caída de ceniza que cubrió la ciudad y los campos, sino por el estremecedor ruido de las explosiones volcánicas; los últimos remezones y caídas de cenizas habrían llegado hasta el miércoles 15 de marzo siguiente.

La erupción del 19 de febrero debió romper la cúspide, mientras que la del 2 de marzo debió ser una erupción lateral, que dejó el cráter del volcán en su estado actual: un semicírculo al Oeste y una zona abierta el Este, que cae casi perpendicularmente a un cañón que baja unos 2,000 metros hasta el río Tambo. Fue aproximadamente un mes de intensa actividad volcánica en el Sur Andino, incluyendo el Altiplano del Titicaca.

Un sacerdote jesuita, escribiendo desde Arequipa el viernes 3 de marzo, informaba:

“La causa de tan grande tribulación a sido aver rebentado un bolcán del pueblo de Omate que dista de aquí diez y ocho leguas; sábese que a sido de grandíssimos fuegos y piedras con lo qual se an undido y asolado cinco o seis pueblos que están en su cirqüito. Ase dicho por cosa cierta que en doze días y más a sido siempre en aquel paraje noche obscuríssima (…); dízese que en el pueblo de Omate, que es junto al mismo bolcán quatro leguas distante, an caído piedras de cinco y siete libras y que an perecido asta sesenta personas del dicho pueblo, quedando las cassas dél sepultadas en la arena y ceniza. De los demás pueblos comarcanos al dicho bolcán no se sabe cosa cierta”.

Y, sobre el alcance de los efectos de la erupción, añadía:

nueva a llegado que cunde la ceniza por la parte del Collao asta Chungara [La Raya-Santa Rosa] y Chuqüito, y por la parte de la costa donde mayores daños a hecho entre más de quarenta leguas (…). Después de todo esto huvo nueva cierta que la ceniza avía llegado asta la ciudad de Chuquisaca [hoy Sucre, Bolivia], que está de Arequipa hazia el otro polo, más de ciento y treinta leguas, y que allá se havían oído también aquellos temerosos sonidos (…); en Juli y Chuquiabo [La Paz] y la demás tierra intermedia cayó también la ceniza y se oyeron los sonidos a manera de piezas gruesas de hartillería“.

El Virrey don Luis de Velasco, escribiendo del Callao el lunes 8 de mayo, decía:

A los 19, 20, 21 de Hebrero [= febrero] se oyeron disparar por la costa arriva [al Sur] donde estava la armada esperando los enemigos [corsarios holandeses] y todos afirmaron que heran [disparos] de artillería y que devían de estar peleando con ellos, que causó mucho contento, (…) y a los 5 de Marzo tuve aviso de cómo en las provincias de Camaná y sus valles havía caído y llovido tanta ceniza que casi cegava la gente y que no se v[e]ían unos a otros con la oscuridad grande que hacía y se oyeron tantos tiros en distancia de 90 y 100 leguas de costa arriva [al Sur] y abajo [al Norte] en mismo tiempo, que ha causado mucha admiración”.

El fraile carmelita Vázquez de Espinosa, quien visitó la región en 1618, escribió:

cuando reventó el volcán que estaba en la provincia de los Ubinas 12 leguas de la mar río arriba, que era un cerro pequeño que estaba en medio de una sierra el año de 1600 arrojó de sí tanto fuego y ceniza que alcanzó la ceniza más de 200 leguas por todas partes, y cayó en los navíos que navegaban por la mar; al presente hay mucha ceniza a cabo de tanto tiempo por espacio de más de 150 leguas como la vi cuando caminé por aquellos llanos”.

Cuenta que en Arequipa, en 1615 el cronista indio Guamán Poma afirmaba:

Le fue castigado por Dios cómo rreuentó el bolcán y sallió fuego y se asomó los malos espíritus y salió una llamarada y humo de senisa y arena y cubrió toda la ciudad [de Arequipa] y su comarca adonde se murieron mucha gente y se perdió todas las uiñas y agiales y sementeras. Escurició treynta días y treynta noches. Y ubo proceción y penitencia y salió la Uirgen María todo cubierto de luto y ancí estancó y fue seruido Dios y su madre la Uirgen María. Aplacó y [a]pareció el sol pero se perdió todas las haziendas de los ualles de Maxi [Majes]. Con la senisa y pistelencial de ella se murieron bestias y ganados”.

Al dibujar Guamán Poma la ciudad de Arequipa y la villa de Arica, ambas aparecen cubiertas de nubes, con lluvia de cenizas y una procesión en la plaza principal.

El jesuita Cobo, escribiendo en 1653, indica:

no se cogió en los seis años siguientes gota de vino”, el principal producto comercial arequipeño de la época. Sin embargo, ya para 1618 el carmelita Vázquez de Espinosa vio una recuperación de la economía agrícola regional: “ya ha vuelto sobre sí y está tan pingüe y gruesa, como antes”.

El agustino Calancha explicaba en 1638:

abrasó la ceniça las raízes de las cepas [de vid]; pero si antes davan las sementeras ocho [f]anegas por una, dieron con la ceniça treynta por dos, piedad del castigo, multiplicando el pan lo que quemava al vino la fertilidad de la tierra; fue cobrando fuerças aunque la sugetavan en partes las ceniças, pero poco a poco recobró su fecundidad”.

El ciclo natural se había cumplido y, tras una década, la actividad humana se había más que recuperado luego de la catástrofe del año 1600.

Lima, domingo 25 de marzo de 2007

ÉPOCA DEL VIRREINATO

10virreydelPerí.DonGaspardeZúñigaAcevedoyFigueroa,condedeMonterrey.(1604-1606)

Gobernaba, Don Gaspar de Zúñiga Acevedo y Fonseca, Quinto conde de Monterrey. (1604-1606)

Encontramos interesante el terrible acontecimiento de la naturaleza, que hemos glosado de dos principales fuentes, y oportuna la ocasión, además, para narrar algunos hechos del señor conde de Monterrey, X virrey del Perú, en cuyo breve ejercicio tuvo lugar este notable hecho.

Nació en Monterrey, Galicia. Se educó con los padres jesuitas.

Felipe II lo nombró virrey de la Nueva España, 1595. Sucedió a don Luis de Velasco quien había sido promovido al virreinato del Perú. En setiembre de 1603 quedó enterado de su nombramiento al virreinato del Perú.

Su viaje desde Veracruz hasta el puerto de Paita se hizo en tranquilidad. Permaneció por razones de su precaria salud en dicho puerto del cual zarpó, con rumbo al Callao pero por efectos de un temporal la nave retornó al punto de zarpe donde se dispuso, una veintena de días después hacer el viaje por tierra, recorrido largo y bastante penoso dado lo quebrantado de la salud que traía el regio funcionario gallego.

Finalmente, hizo su tan esperada entrada en Lima, el 28 de noviembre de 1604 después de más de cinco meses de viaje con descansos prolongados.

Su relación con los naturales, de la muy varia del virreinato de Nueva España, fue ejemplo de prudencia y caridad al extremo que su retiro hizo motivo de congoja muy sentida.

Esta singular conducta la repitió en el Perú donde, desgraciadamente, su permanencia fue breve pues falleció antes de cumplir el tercer año de su gobierno.

• En su ejercicio, se levantó la iglesia de la Soledad, primera sede de los padres franciscanos en Lima quienes posteriormente erigirían la contigua y monumental Iglesia de San Francisco, cuya portada en piedra gris, se reputa como la mejor de estilo barroco de América.

• Diego de Padilla, fundó en 1604 la ciudad de Oruro.

• Se erigen los obispados de Santa Cruz de la Sierra y de la Paz, en el Alto Perú.

• El arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, funda, en 1605, el monasterio de Santa Clara en Lima.

• Como consecuencia de su decisión se organiza en 1607 el Tribunal y Audiencia Real de Cuentas y Particiones, también conocido como Tribunal Mayor de Cuentas.

• El crecimiento de las ciudades de Lima, Cusco y Potosí dieron preponderancia a las artes manuales que empezaron ha producir mayor mercadería para la vida ordinaria y también fina artesanía como objetos de lujo, por todo lo cual los gremios adquieren importancia; se organizan aprendices a la cabeza de un experto o maestro artesano. Asocian su organización a determinada iglesia o capilla y de allí aparecen muchas de las cofradías, que han llegado hasta nuestros días.

Para el ejercicio del conde de Monterrey, se legisla respecto a los espaderos, zurrado-res y zapateros, sumándose a lo que habían hecho sus antecesores, en 1594 Dn. García Hurtado de Mendoza, con carniceros, menuderos, pasteleros, mesoneros, cereros, confiteros; en 1604, Dn. Luis de Velasco, que se ocupó de los sederos, entre otros.

• Aún predomina el recuerdo de la violentísima erupción del volcán Huaynaputina, también llamado Omate, o Morro Putina, en febrero de 1600, en plena administración del virrey, Luis de Velasco y Castilla y Mendoza, Marqués de Salinas, cuyos efectos se hicieron conocer en el planeta. Tuvo, entonces, lugar la destrucción de la ciudad de Arequipa en gran proporción.

• En Lima se le conocía al Conde de Monterrey por el Virrey de los milagros (Ricardo Palma) por los muchos y notables que se produjeron durante su presencia en la capital del virreinato.

Al terminar con el producto de sus haberes, destinado invariablemente a obra pía y para socorro de los necesitados, quedó pobre, por lo que a su muerte el 16 de febrero de 1606, se hubieron de procurar los dineros sufragándolos la Audiencia.

La caja mortuoria y ornamentos fueron colocados al lado del altar mayor de la iglesia de San Pedro donde permanecieron hasta mayo de 1607, fecha en que subrepticia-mente sus huesos fueron pasados a una pequeña urna de madera cuidándose devolver a su anterior lugar del altar el primer catafalco y así, en secreto, partieron a España portándolos el padre Messía, designado procurador a Roma y Madrid.

Posteriormente encontró sepultura en la iglesia del colegio de Monterrey, su natal Galicia, institución fundada por él.

PuertaprincipaldelaBasílicadeSanFranciscodeLima

FUENTES

Historia General del Perú. Virreinato R. P. Rubén Vargas Ugarte. S. J

INTERNET

http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008042400_18_142395__Ciencia-y-Tecnologia-gran-erupcion-volcanica-Peru-1600-provoco-bajada-temperaturas-todo-mundo

http://lsiabala-almanzur.blogspot.com/2006/12/virreyes-del-per.html

http://laicacota.blogspot.com/2007/03/huaynaputina-1600.html

Efigie del Virrey, Wikipedia.

Portada de San Francisco de Lima, foto del autor.

Publicado por Luis Siabala Valer en 22:20
Etiquetas: erupción, frío, Moquegua, Ubinas, volcán

4 COMENTARIOS

Rafael Córdoba Rivera dijo…
QUERIDO HERMANO
COMO SIEMPRE TU INFORMACIÓN ES EXCELENTE Y NOVEDOSA
UN ABRAZO
RAFAEL
27 de mayo de 2008, 10:17

José Huerto Rojo dijo…
Mi querido Lucho, como siempre tu narración es impecable, gracias muchas gracias por haberme dado en la yema del gusto, un fuerte abrazo
Pepe
28 de mayo de 2008, 23:16

Luis Adolfo Siabala dijo…
Impresionante. Este informe demuestra el valor de la crónica escrita, el testimonio recogido cuidadosamente para procurar -quizás- con las generaciones venideras las precauciones del caso con hechos que podrán repetirse. Al margen de esto, nos queda la crónica que hace historia y explica el presente de manera irrefutable.
Narrativa impecable, como siempre.
8 de junio de 2008, 13:09

Arturo Aburto dijo…
Estimado Dr. Luis Siabala:

Estimado amigo:

Mil disculpas por no haber contestado su atento email con tan valiosa información pero quería contactar a mi amigo Randy White del Servicio Geológico de los Estados Unidos quien es el científico que ha investigado los volcanes y terremotos históricos de Latino América. Randy White estaba en Chile solicitado por el Gobierno para estudiar el volcán en erupción al sur y sus consecuencias, el volcán Chaiten. Aprovecho darle a Randy una copia de tan interesante acontecimiento y pueda compartir con nosotros de este fenómeno terráqueo acontecido en tiempos coloniales y que fueron narrados por las personas de la época tal y como lo observaron el acontecimiento en ese momento.

Agradeciéndole su gentileza de habernos hecho participe de tan valioso acontecimiento histórico, reciba un abrazo de su amigo,

Arturo Aburto

Por los Barrios Altos de Lima

SÁBADO, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2011

Para mi hijo Luis Adolfo, con especial afecto

Descalzas y Las Cruces.

 Convento de Las Descalzas e inicio de la calle de Las Cruces
En horas de la tarde, cualquier día al final de los años cuarenta

Esquina de Las Cruces con subida de Santa Clara. El olor de la tienda de chino era peculiar para una pituitaria con escasos doce años entre los mortales de este antiguo barrio limeño: era uno cargado -el que provenía de la exótica especería oriental- que difería de los olores de pulpería de italiano o de las panaderías, por entonces a cargo de japoneses.

La tienda de chino, aledaña a la esquina de mi casa, sumaba al olor añejo algo del penetrante aguardiente de caña o de uva, que se expendía en la discreta trastienda donde no faltaban furtivos y constantes parroquianos. El oriental vendía de todo, generalmente al menudeo y eran moneda corriente las pesetas, los chicos y los gordos, cobres subsidiarios del Sol de Oro.

En diagonal, esquina de Rufas con Buena Muerte abría por entonces una panadería que horneaba, entre otras masas, un pan francés de a medio real (0.05 de sol) que era una delicia. El tradicional lunch o lonche, ese merendar antes de la cena de antaño, necesitaba de buen pan francés todavía caliente y dorada corteza, mantequilla cremosa para acompañar una taza de café con leche. Era lo tradicional en casa.

Los olores de Lima en aquel lugar de los Barrios Altos, a partir de las cuatro de la tarde se cargaban del picante aroma que traía el viento directamente de la anticuchera que sentaba plaza en la esquina cercana. De ese carretón donde una hornilla de hierro fundido alimentado con carbón avivado con abanico de mimbre, daba fuego a una extendida parrilla en la que se asaban trepidantes, entre chispas y humo, los trozos ensartados de anticucho, la pancita o los choncholíes (argentinismo que los limeños han trocado del porteño chinchulines) Todo amorosamente adobado, untado mediante unas brochas vegetales con los jugos mágicos y olorosos de fuerte especiería donde resalta el comino; las papas, generalmente arenosas y camote amarillo doraban en otra sartén en su baño de aceite borboteante; y, por separado, en una gran olla con la tapa cubierta con tela blanca para evitar perder el vapor, los robustos choclos que sirven de guarnición.

Próximo a salir la nueva hornada de pan francés, pues era obligado el pan caliente, los parroquianos aguardábamos y, entretanto, la avecindada anticuchera vendía que daba gusto a su numerosa clientela harto conocida.

Había de los que se servían sentados en las cortas bancas que ofrecía la simpática mujer -una robusta mulata- o en su caso el viandante se llevaba en pancas de choclo, luego de pagar unos pocos centavos, colocar ritual y diligente algo del sabroso ají para enrostrar entonces con fruición ese apetitoso anticucho, la fina pancita o los deliciosos choncholíes. Tampoco faltaban los dorados y crocantes picarones con aquella miel de caña que les hace tan particulares y limeños.

Dos horas después quedaba solitaria nuestra vivandera, aquella negra, con los últimos rezagos de sus delicias entre las chispas que alumbraban su moreno rostro donde destacaban por contraste unos blanquísimos dientes, a la mortecina luz de un elevado poste del que pendía un foco que tenía por guarda un disco de metal aporcelanado.

Espectar la noche desde una de las ventanas de la casa en Las Cruces, era no menos interesante: por la izquierda, esto es el Sur, la alumbrada Plazuela de Santa Ana y la torre de la Iglesia de las Descalzas al final de la larguísima calle. En aquella amplia y larga plazuela se acomodaban por entonces los cine-teatro Mazzi, que ofrecía generalmente a la numerosa colonia china películas y, al frente, Francisco Pizarro de moderno corte con frescos laterales al relieve del pintor y escultor Rossi en la amplia sala; la Dirección General de Gobierno y Policía con aquel imponente techo versallesco y el referido convento de las Descalzas, en diagonal con la igualmente imponente Iglesia de Santa Ana. En el extremo se levanta la estatua del sabio Antonio Raymondi con su lupa examinando alguna exótica especie.

 Las Cruces que dan nombre a la cuarta cuadra del Jr. Huanta

 Las cruces que dan nombre a esta antigua calle de los Barrios Altos

A la calle Las Cruces seguían en numeración ascendente, Plazuela de Santa Ana, Sacristía de Santa Ana, Plazuela de San Bartolomé, Mestas y finalmente Doña Elvira, las seis calles que forman el Jirón Huanta.

  Grabado de Sta. Ana

 Angrand,  Leonce. Apunte a lápiz. Calle Sacristía de Santa Ana, hacia Las Cruces y el cerro San Cristóbal. S XIX

Por la derecha, el Norte, la primera cuadra de aquel jirón, la muy larga calle Rufas con el fondo del San Cristóbal y su gran cruz; en la vereda subiendo hacia Viterbo se puede ver, algo oculta, la puerta de la Logia Cordano que luce en su frontis greco-romano el curioso cuando no paradójico lema: La más honrada de las logias de Lima (Consecuencia de algún cisma masónico de vieja data)

Al frente, por encima de los techos planos, las torres de las iglesias Trinitarias y las de la Buena Muerte con su hospital de los padres de la Orden de los Betlemitas o San Camilo, sacerdotes destinados al bien morir o para asistir a los moribundos en sus postreros momentos. Por entonces tañían las campanas en la ciudad con sones peculiares y regulares.

Raras veces se daba plenilunio o algún cielo estrellado, lo común era el característico color del cielo de Lima, blanco panza’e burro como solía escuchar de algunos criollos del barrio y, en el largo invierno, la fina garúa o remedo de lluvia que no llega a ser.

Lima, sábado, 17 de septiembre de 2011.

 ¨lazuela de Santa Ana o Plaza Italia

 Antigua Plazuela Italia, foto de comienzos del SXX

Anticuchera limeña

Anticuchera limeña

Publicado por Luis Siabala Valer

Fotos de INTERNET

Foto, las tres cruces de Las Descalzas, del autor

4 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO HERMANO LUCHO

AUN RECUERDO LOS SABORES DEL CUTE, DULCE CHINO, LAS HUEVERAS Y EL PESCADO FRITO DE SAN ILDEFONSO, LA FOTOGRAFÍA TOYOFUKU, EL CINE AMÉRICA Y EL CINE BOLÍVAR…LA QUINTA SAUX-LA CIUDAD ESCONDIDA- LA GRUTA DE LOURDES Y EL ASILO DE SANTA TERESA.. LO MEJOR, EL JIRÓN ABANCAY Y SUS 5 METROS DE ANCHO.

GRACIAS LUCHO

19 de septiembre de 2011, 1:27

Jorge Bejar A. dijo…

Estimado Lucho, celebro que ya estés completamente recuperado de tu reciente cirugía. Tu magnifica crónica me ha hecho recordar a otro gran colorista de de aquella Lima que se fue, Adán Felipe Mejía “El Corregidor” cuyas sabrosas notas (“Ayer y Hoy”) en La Prensa alcance a leer todavía. Por mi parte, recuerdo también la Plaza Italia porque cerca vivía mi abuela Asunta, a quien visitaba trepando al tranvía que cruzaba este limeñismo barrio, hoy lamentablemente en completo abandono, teniendo tantos tesoros de recuerdos que las generaciones presentes ignoran por completo.

Un fuerte abrazo, UV

Jorge Bejar

20 de septiembre de 2011, 16:53

Luis Adolfo Siabala dijo…

¡Hermoso y nostálgico! El valor de tu relato es esa evocación a un pasado vivido, pictórico y fúlgido en la mente de un cronista que no esconde el detalle. Y es el poder del olor, de la imagen guardada en la infancia, los sonidos impregnados en recuerdo los que permiten preservarnos aquellos instantes que sólo el poder de la palabra puede capturar. Con generosidad logra transportar a otras generaciones hasta un barrio que hoy desluce penosamente.

El mismo encanto de Rafael de la Fuente Benavides (Martín Adán), que cito para analogar la misma intención en su barrio de infancia, Barranco:

Más allá de la ciudad, la sima clara y tierna del mar. Al mar se le ve desde arriba, con peligro de caer por la pendiente. Los acantilados tienen arrugas y tersuras impolutas, y livideces y manchas amarillas de frente geológica, de académica. Ahí están, en miniatura, las cuatro épocas del mundo, las cuatro dimensiones de las cosas, los cuatro puntos cardinales, todo, todo. Un viejo… Dos viejos… Tres viejos… Tres pierolistas.

La palabra es como la acuarela que inmortaliza un instante de antaño como un vislumbre sempiterno.

¡Felicitaciones!

21 de septiembre de 2011, 14:07

Jorge Molina Herrera dijo…

Estimado Luis:

Mientras quemo mis últimos días de vacaciones (mañana viajo al complejo minero en donde trabajo), hago un recuento pormenorizado de ellas, por lo que puedo decir con toda propiedad que Septiembre fue un mes “redondo”, luminoso, bueno.

Cuando recibí sus saludos por este mes, junto a mi familia llegamos a una conclusión unánime y categórica: Luis Siabala Valer es todo un caballero, con un cálido corazón palpitando en aquel pecho de hombre de bien. Sin embargo, cuando leí el material expuesto en su blog, pude darme cuenta de que este caballero también ha sido tocado por las musas de la literatura al hacer gala de una prosa llena de vibrante enjundia en la que apreciamos un vigoroso y vivaz talento.

Créame que me devoré -literalmente- la crónica en la que usted nos lleva de paseo por la Lima de antaño, evocando no solo imágenes y sonidos, sino también, olores y aromas…(!)

Frente a todo esto, no puedo menos que decir ¡gracias!

Mis cordiales saludos desde La Serena en Chile.

3 de octubre de 2011, 18:58

Variaciones sobre un tema de Valery Vasilevskiy

 Velero en el Antártico

¡Ohh…! ¿Qué belleza exótica tengo a la vista? la producen esos témpanos y montañas gélidas de la Antártida; más aun, ha sido registrada desde un bote que se alejó intrépido desde su nave nodriza, la brick barca holandesa Europa, para retratarla a la distancia, conforme ya se suponía aparecería: una impresionante expectación y se la quería incluir -al pairo- en aquella ensenada.

Hay, sin embargo, en esa belleza de magistral panorama mucho de sobrecogedor; ¿Será acaso por la desértica expresión que la vida estaría yerma y oculta en esa desoladora exposición de los hielos eternos?, ¿Tal vez por el sentimiento de orfandad que me aflige, acostumbrado como estoy a climas más bien templados?, ¿O, quizás, a la incierta situación de lo que pudiese sobrevenir tal un enigma o, quién sabe, el fatal letargo tan propio de los intensos fríos…? como quiera ser, mi apabullada imaginación asocia mil y una situaciones ante aquella hipnótica escena.

La tonalidad, propia de la lejanía y persistencia del sol en esas latitudes, donde atardece en horas insólitas, cuando en otras la noche está avanzada, descansa el cuerpo y la mente tiene visiones de ensueño… en éstas la luz es diáfana, constante y pintada de matices suaves del asalmonado.

Los intrépidos y rudos capitanes de veleros que se aventuraron por estos páramos, tengo la persuasión, que rompiendo la rutina asentaron en sus bitácoras más de un expresión poética junto a su pragmática, objetiva y seca anotación de reglamento…

Es entonces que el adagio para cuerdas de Barber, viene a mi mente y cobra importancia…

Dramatis personae

Valery Vasilevskiy
Valery VasilevskyEstupendo fotógrafo, autor del registro motivo de este artículo. Uno de los tripulantes de la brick barca Europa, velero-escuela mercante de bandera holandesa que hace su prolongado recorrido de instrucción por el mundo. Es natural el grado de inspiración del señor Vasilevskiy con los hielos de la Antártida. Foto tomada de la página del señor Valery Vasilevskiy en Facebook.
Samuel Osmond Barber
Samuel O. BarberNació en West Chester, Pensilvania, en 1910. Considerado como un niño prodigio, comenzó a tocar el piano a los seis años y a componer a los siete. Cursó estudios en el Curtis Institute of Music de Filadelfia. Algunos compañeros destacados en Curtis fueron Leonard Bernstein y Gian Carlo Menotti, siendo Menotti quien realizó el libreto de la ópera más famosa de Barber, Vanessa, la cual fue estrenada en 1958 en la Metropolitan Opera House de Nueva York. Foto de Wikipedia
Su Adagio para cuerdas (1936) se ha ganado un lugar permanente en el repertorio de conciertos de las orquestas. Fue galardonado con el Premio Pulitzer de Música en dos ocasiones: por su ópera Vanessa (1956-1957) y para el Concierto para piano y orquesta (1962). Datos de Wikipedia.
Nota sobre la Orquesta Sinfónica de Detroit:
Leonard StatkinLeonard Slatkin conduce el Adagio de Barber para cuerdas, en memoria del fallecido James DePreist, gran director norteamericano y viejo amigo de la Detroit Symphony Orchestra. YouTube

 

Brick barca Europa
Veleros, uno de ellos Juan Sebastían ElcanoAcoderada a un molón de la Base Naval del Callao con ocasión de la arribada por la regata internacional de grandes veleros “Velas Sudamérica 2010″, en mayo del año 2010. Uno nuevo se produjo en el 2014 y se espera repita en el año 2021. Foto del autor, publicada en mi blog Harun-al Rashid y en mi página de Flickr.

 

Lima, 20 de junio, 2015

Ancla Navío

Grabado tomado de la galería Facebook, del señor José González Spaudo. Su autor, señor Valery Vasilevskiy.

Las Memorias Grabadas

PERÚ
EL BORROSO RASTRO DE LA NAVEGACIÓN HISTÓRICA 

少年心に焼きついた帆印)

Exp. KonTiki

Escribe Tetsuji IDA, del Kyodo News, Tokyo, Japan

La imagen de la vela que se quedó grabada en el corazón del niño…

Por entonces, yo tenía 8 años. Apoyándome en la baranda que existía aquí, me quedé durante horas observando la pequeña balsa remolcada lentamente por un buque de la Armada, hasta que desapareció en el horizonte.”

Callao, ciudad naviera adyacente a la capital del Perú, Lima.

En la playa donde vuelan las gaviotas, Luis Siabala Valer (76 años) entrecierra los ojos por la nostalgia.

El 28 de abril del 1947, el niño Luis, quien adoraba los barcos, había pedido a su madre para levantarse temprano e ir de Lima al puerto del Callao. Ese día, una balsa zarpó de esas playas al Océano Pacífico, junto con sus seis tripulantes.

El líder de los tripulantes era Thor Heyerdahl (1914-2002) reconstruyó la balsa de los antiguos habitantes de Sudamérica, basándose en los registros de antiguos libros y utilizando únicamente los materiales que podía conseguirse en la época antigua, como la madera de balsa cuya característica es su liviandad y las sogas de fuerte cáñamo. La embarcación fue bautizada con el nombre Kon-Tiki, por el dios Sol del Imperio Incaico.

Hasta ahora, Luis recuerda claramente la imagen de aquel dios Sol dibujada en la gran vela.

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Luis cuenta lo que recuerda sobre la balsa Kon-Tiki, en el mismo puerto y punto de partida, en 1947

El antropólogo noruego Heyerdahl y su esposa, recién casados, visitaron una pequeña isla del Océano Pacífico. En la isla, el científico se dio cuenta que el idioma y la cultura de los habitantes de la zona tenía mucho en común con la de los indígenas de Sudamérica. Por esta razón, Heyerdahl dedujo que los antiguos sudamericanos navegaron el océano, aprovechando la corriente, hasta la lejana Polinesia. Él sostenía que, como los sudamericanos de esa época no contaban con grandes embarcaciones, navegaron en balsas de madera. Esta teoría, que para muchos era demasiado extravagante, apenas fue tomada con seriedad. Sin embargo, Heyerdahl logró convencer y conseguir el apoyo a través del ejército estadounidense y el gobierno peruano; trasladar la madera de balsa, talada en la selva ecuatoriana, hasta el Callao; y, por último, reconstruirla en los astilleros de la Marina de Guerra, sin usar un solo clavo ni alambre, fiel a la crónica antigua.

Luis apunta una dirección y comienza a rememorar:

La balsa zarpó más o menos, por aquella zona…

Me acuerdo que la pequeña embarcación se veía tan frágil cuando era tirada por un gran remolcador de la Armada; que muchas personas se reían diciendo “la soga se romperá y la balsa se desarmará… que aquello era un reto imposible”. Pero, yo tenía la certeza de que zarparía con éxito…

Luego de 101 días de navegación, la Kon-Tiki, tal como previó Heyderdahl, llegó a una pequeña isla de la Polinesia distante 8,000 kilómetros del Callao.

Aun así, la teoría de Heyerdahl es negada por la mayoría de las investigaciones posteriores.

Sin embargo, el libro “La Expedición Kon-Tiki” ha sido un best-seller que fue traducido en 70 idiomas, y la película documental “Kon-Tiki” ganó el premio Oscar.

La idea de que los indígenas de Sudamérica hubiesen poseído gran capacidad de navegación y llegaran hasta el sur de Océano Pacífico, fascinó a mucha gente. Hasta el Presidente de la República ordenó a la Armada dar pleno apoyo al emprendimiento de    Heyerdahl”. Cuenta el director del Museo Naval, Contralmirante Fernando Casaretto (75 años), mientras muestra la foto que se tomó con el mismo Heyerdahl, posteriormente, con ocasión de otra expedición.

P1020943

Sin embargo, actualmente, no hay nada que conmemore el zarpe de la Kon-Tiki en el puerto de Callao. Además, quedan pocas personas que vivieron aquel acontecimiento. El semblante de Luis, quien narraba entusiasta aquella historia de hace aproximadamente 70 años, de repente mostró algo de tristeza.

La verdad es que en esta playa no hay a la vista panel alguno, o una placa conmemorativa en aquel muelle, que mencione los detalles y fecha del zarpe de la frágil nave. Ha pasado tanto tiempo y los intereses de las personas han cambiado. Así, aquella histórica partida está condenada al olvido…

La edición del libro “La Expedición Kon-Tiki”, que había sido best seller en el Perú, también se agotó hace mucho tiempo.

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La balsa en plena construcción, en el puerto de Callao (Fotografía del Instituto de Estudios Marítimos del Perú, ofrecido por el comandante Fernando Rubio)

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Itinerario y derrota de la balsa publicadas en Japón

Actualmente, aquella balsa que realizó la histórica navegación, se encuentra en el “Museo Kon-Tiki” situado en un suburbio de la ciudad de Oslo, la capital de Noruega, país natal de Heyerdahl. El Dios Sol, dibujado en la gran vela, mantiene una mirada serena en la sala de exposición, con iluminación de baja intensidad que crea un ambiente misterioso.

El ex director del museo Thor Heyerdahl (76 años) quien es el primogénito del antropólogo Heyerdahl, tenía 8 años de edad, cuando zarpó la Kon-Tiki. La misma edad que tenía Luis, el testigo del zarpe.

Como mi madre estaba tan convencida de que mi padre nunca perdería su vida en el mar, yo también no dudaba que la expedición se llevaría cabo con éxito.” comenta, con el mismo tono que Luis.

Según Thor, lo que su padre más detestaba era ser considerado como “explorador”. Recuerda que cada vez que finalizaba una navegación, su padre siempre se sentaba a escribir un gran volumen de textos.

Mi padre era verdadero hombre de ciencia. Hoy en día, hay pocos científicos como él que tienen el coraje de comprobar sus teorías a costa de todo. Percibo que, en medio de la abundancia de Internet, de las películas de ciencia ficción y los aparatos electrónicos, etc, la gente está perdiendo interés hacia el mundo real.

 Thor Heyerdahl jr.

                 Thor Heyerdahl Jr. En Oslo

Desde el año pasado, conmemorando los 100 años del nacimiento de su padre, Thor empezó a visitar varios países para trasmitir a los niños y jóvenes del mundo el pensamiento de su padre y el legado de Kon-Tiki.

Apaguemos los televisores y las computadoras. Miremos la naturaleza de nuestro alrededor y el mundo exterior. Allí, aun hay mucho que no conocemos y tantas fronteras por descubrir.

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La balsa Kon Tiki en el Museo Kon Tiki en Oslo. Aun conserva su vela con la imagen del Dios Sol

Nota del autor (señor Tetsuji Ida)

P1020948El amante del mar, Thor Heyerdahl, escribe en su libro que el mar no separa sino traslada y une a la gente. Luego de Kon-Tiki, él emprendió otras expediciones en los botes Rá y Tigris en los océanos Atlántico e Índico, y se dio cuenta de la contaminación ambiental que genera el petróleo que flota, formando pequeñas manchas en medio del mar, por derrame de los buques petroleros. En el Museo Kon-Tiki, Thor dijo estar orgulloso de los logros y las actividades de su padre, quien trabajó en los proyectos internacionales para remediar la contaminación petrolera en el océano, y clamó la importancia del mar como el patrimonio de toda la humanidad, izando la bandera de la ONU en su embarcación. Me quedo pensando, qué diría y qué acción tomaría Thor Heyerdahl, si viese la situación actual del mar, tan maltratado por la pesca abusiva, la contaminación marina y el calentamiento global.

Siabara san 1

  Siabara san 2

Página de un par de los diarios que reprodujeron el artículo del señor Tetsuji Ida
 Taller de investigación en el Museo Naval del Perú

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   Traductora señora Yuko Murai, y señor Tetsuji Ida con documentos históricos

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            Comandante BAP (R) Fernando Rubio lee un diario de la época
                                                  

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Dios Tiki

 

La Biblioteca Nacional del Perú y la tesis del botín justificado

Lunes 9 de abril de 2007

José Toribio Medina, Chile

Don José Toribio Medina Zavala, bibliotecario chileno
Este artículo, otro, La protesta de un bibliotecario y uno más se vinculan con la política devolutiva de libros de Chile al Perú que se promovió al comenzar está primera década, tarea que se cumplió posteriormente y que los ajustes por saldos pendientes, sean por búsqueda en ejecución o por no haberlos habido, dado el considerable tiempo, son asuntos de reparación que dice bastante del nivel con que trataron el asunto las partes que atendieron este laudable propósito.

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En octubre de 1996, visité el local la Biblioteca Nacional en Santiago de Chile; me proponía leer determinado manuscrito virreinal en los altos del espacioso edificio de la Alameda O’Higgins, allí se ubica la Biblioteca Americana José Toribio Medina, y en él se guardaba aquel documento perteneciente a la Biblioteca Pública  de Lima, como se llamó en un tiempo la Biblioteca Nacional del Perú.

Mi llamada a la puerta de cristales con visillos de esta estupenda edificación, antigua pero muy bien conservada, fue atendida por el bibliotecario de turno, vestido con un sencillo guardapolvo color celeste. Era un empleado ya mayor que peinaba canas.

Al conocer mis señas y que era peruano me franqueó la entrada y me condujo por el largo pasillo de la sala Medina, hasta la oficina principal donde destacaba un escritorio con una carpeta y útiles que acusaban profuso y constante uso. Los libros se mostraban de los costados de las altas paredes en una sala con techo iluminado y pinturas al fresco; amplio ambiente con predominio de la madera, en estantes, paredes y techo. Un precioso ambiente de estudio.

Me invitó a tomar asiento y expresó con amabilidad que lo hiciera en el sillón y al mismo escritorio del señor Toribio Medina, acto simbólico de especial significación. Al inquirir mi deseo de lectura expliqué que me proponía leer las memorias del Virrey Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672), para conocer de su propia pluma el informe que elevó al Rey con los resultados de su incursión en Laycacota para develar el movimiento de José Salcedo levantado contra la persona del virrey del Perú, hecho que el señor de Lemos logró con gran suceso y cuyos detalles me encontraba investigando en la Biblioteca Nacional en Lima, pero que siguiendo la suerte de las fuentes estas me habían traído a Santiago de Chile.

Me alcanzó diligente el Gran Índice, bastante deteriorado y pronto dimos con el documento buscado. Me facilitó de inmediato una copia en microfilm. Poco después obtuve también las ampliaciones en papel del buscado informe que ahora conservo en mi poder. Las memorias constituían uno de los volúmenes de la cuantiosa biblioteca trasladada a Chile consecuencia de la ocupación de Lima, interregno del 17 de enero de 1881 hasta el 20 de octubre de 1883. El libro muestra el sello de la Biblioteca Pública de Lima y el sobresello de la Biblioteca de Chile. (Ver fotocopia la final del artículo)

Respecto a los anuncios tan voceados que se están haciendo en estos días (abril 2005) de la inminente devolución de libros llevados a Chile por acción de aquella ocupación de Lima, es necesario dar a conocer algunos detalles que llenen los vacíos que no se han dicho sobre algunos asuntos.

Antecedentes

En diciembre de 1880, fue editada en París la Historia de la Guerra del Pacífico – 1881, escrita por el historiador chileno Diego Barros Arana, con el propósito de formar la conciencia del lector extranjero distorsionada por la propaganda peruana, según lo expresa el editor, respecto de los abusos y exacciones de las tropas invasoras, amén de aclarar lo concerniente a la verdad de las operaciones militares y desvirtuar o justificar las presas y botín capturados.

En efecto, el señor Barros, en uso de una fácil y clara prosa exhibe toda suerte de pruebas, y para cumplir su cometido, expresa:

Cuando el gobierno de Chile adelantaba los aprestos de que hemos hablado en el Capítulo anterior, no había perdido la esperanza de hacer entender al enemigo que era llegado el caso de poner término a una guerra tan funesta ya para la alianza Perú – boliviana. Creía entonces que todavía era posible demostrar prácticamente al enemigo la imposibilidad en que se hallaba para defender el territorio peruano no ya contra un ejército numeroso sino contra pequeñas divisiones. Este fue el objeto de una expedición que las quejas, los insultos y las lamentaciones de los documentos oficiales del Perú, y los escritos de su prensa, han hecho famosa. Esta misma circunstancia nos obliga a dar algunos pormenores.

A fines de agosto de 1880 estaban listas en los puertos de Iquique y Arica las fuerzas que debían formar esta división (se refiere a la expedición de Lynch al norte del Perú). Componíanlas 1,900 hombres de infantería, 400 jinetes, 3 cañones Krupp de montaña con su respectiva dotación de soldados y oficiales, una sección del cuerpo de ingenieros militares y una ambulancia completa con sus médicos, cirujanos y sirvientes. Formaba toda la división un total de 2,600 hombres. Dos grandes transportes convoyados por las corbetas de guerra Chacabuco y O´Higgins, debían conducir estas tropas. El mando de ellas fue confiado al capitán de navío Patricio Lynch. Aparte de las indicaciones que se le hicieron sobre los puntos en que convenía operar, el capitán Lynch debía reglar su conducta a las instrucciones generales que constituían el código de guerra del ejército de Chile.

El gobierno de Chile había distribuido desde el principio de la guerra a todos sus oficiales, como dijimos en otra parte, las Instrucciones para ejércitos de Estados Unidos en campaña, a fin de que ajustaran a ella su conducta. Para que se conozca el carácter de estas reglas, nos parece conveniente reproducir aquí el juicio acerca de ellas de Bluntschli en la Introducción de su Derecho internacional codificado. Dice así:

“Aparecieron durante la guerra civil que desoló a Estados Unidos estas instrucciones que se pueden considerar la primera codificación de las leyes de la guerra continental. El proyecto de estas instrucciones fue preparado por el profesor Lieber, uno de los jurisconsultos y filósofos mas respetados de América. Este proyecto fue revisado por una comisión de oficiales y ratificado por el presidente Lincoln. Contiene prescripciones detalladas sobre los derechos del vencedor sobre el país enemigo, sobre los límites de estos derechos, etc., etc., (en una palabra, sobre todo lo concerniente a la guerra…)

Son mucho más completas y desarrolladas que los reglamentos en uso en los ejércitos europeos… (Cita los más importantes artículos):

Art. 1. Una ciudad, un distrito, un país, ocupados por el enemigo, quedan sujetos, por el solo hecho de la ocupación, a la leí (sic) marcial del ejército invasor su ocupante; no es necesario que se le expida proclama o prevención alguna que haga saber a los habitantes que quedan sujetos a la dicha leí

Art. 7. La leí marcial se extiende a las propiedades y a las personas, sin distinción de nacionalidad.

Art. 8. Los cónsules de las naciones americanas y europeas no se consideran como ajentes (sic) diplomáticos; sin embargo, sus personas y cancillerías sólo estarán sujetas a la leí marcial, si la necesidad lo exige; sus propiedades y funciones no quedan exentas de ella. Toda infracción que cometan contra el gobierno militar establecido, puede castigarse como si su autor fuese un simple ciudadano, y tal infracción no puede servir de base a reclamación internacional alguna.

Art.10. La leí marcial da al ocupante el derecho de percibir las rentas públicas y los impuestos, ya sea que éstos hayan sido decretados por el gobierno espulsado (sic) o por el invasor.

Art.13. La guerra autoriza para destruir toda especie de propiedades; para cortar los caminos, canales u otras vías de comunicación; para interceptar los víveres y municiones del enemigo; para apoderarse de todo lo que pueda suministrar el país enemigo para la subsistencia y seguridad del ejército.

Art.21. Todo ciudadano o nativo de un pais (sic) enemigo es, él mismo, un enemigo, por el solo hecho de que es miembro del Estado enemigo; y como tal está sujeto a todas las calamidades de la guerra.

Art.37. El invasor victorioso tiene derecho para imponer contribuciones a los habitantes del territorio invadido o a sus propiedades, para decretar préstamos forzosos, para exijir (sic) alojamientos, para usar temporalmente en el servicio militar las propiedades.

Art. 45. Toda presa o botín pertenecen, según las leyes modernas de la guerra, al gobierno del que ha hecho dicha presa o botín.

Esta notable tesis fue tomada al pie de la letra por la oficialidad del ejercito chileno, de ella los más conspicuos jefes, el comandante Patricio Lynch y el coronel Ambrosio Letelier. Este último, oficial de caballería, formó parte de una de las expediciones a los pueblos del centro, específicamente el valle del Mantaro y también el de Canta.

Su suerte de encontrar únicamente ancianos, mujeres y niños, por haber sido reclutados los varones en los cuerpos de resistencia de Cáceres hizo fácil su presencia de rapiña y muerte. Pero los vengativos guerrilleros, impuestos de estos excesos, fueron a su encuentro y le dieron batalla en Sangrar, jurisdicción de la provincia de Canta (que por error los historiadores chilenos llaman Sangra), dejando a las tropas chilenas en situación bastante socorrida, por lo que Letelier y los que escaparon emprendieron la fuga hacia Lima.

No descuidó llevar consigo el cuantioso botín fruto de latrocinio en personas y propiedades de la Iglesia. Es decir, el oro y plata en especie y dinero colectado fueron motivo de manifiesta codicia y dio lugar para que, llegado a Lima, y al saberse que la caja militar también había sido materia de hurto se le abriera un consejo de guerra, por disposición del propio Patricio Lynch. El consejo falló su culpabilidad y la correspondiente pena. Más tarde el gobierno de su país le exculparía, por consideraciones a sus distinguidos servicios durante la guerra.

Este oficial no hizo honor a su patria, pero como hemos visto de la tesis del profesor Lieber, recogida por Bluntschli en la Introducción de su Derecho Internacional codificado, sus actos estarían revestidos de alguna aunque discutida legalidad que la justificaría a mérito de esta disposición.

Pero corresponde a don José Toribio Medina Zavala (1852-1930) bibliófilo, investigador, coleccionista e impresor y por qué no decirlo notable polígrafo, la suerte de una figuración más importante que las citadas con anterioridad.

Su nombre se encuentra estrechamente vinculado al patrimonio cultural de Chile. No es poco el aporte a la cultura documentaria que hizo a lo largo de su valiosa vida; pues se tradujo en una abundante recopilación de obras, fuentes y documentos para la historia y la literatura colonial hispanoamericana y chilena, y en la publicación de numerosos estudios monográficos donde dio a conocer sus hallazgos. Esta significativa contribución le valió el merecido reconocimiento de sus compatriotas, pero también de todo investigador latinoamericano.

Nota bibliográfica

Don José Toribio Medina Zavala nació en Santiago el 21 de octubre de 1852, y debido a las características del empleo de su padre, durante su infancia vivió en varias ciudades del país. A los trece años se radicó definitivamente en la capital a orillas del Mapocho e ingresó al curso de Humanidades del Instituto Nacional, de donde egresó en 1869 con distinciones en latín y literatura. Luego siguió la carrera de derecho en la Universidad de Chile, se tituló en 1873 y al año siguiente fue nombrado Secretario de la Legación Chilena en Lima.

Durante la ocupación de Lima (Enero de 1881-Octubre 1883) asimilado entonces como oficial al Estado Mayor del Ejército de Ocupación actuó como Auditor de Guerra en su calidad de abogado; pero también tuvo a su cargo, o se dio el tiempo necesario para disponer el destino de la Biblioteca de Lima, que conocía muy bien de sus años de investigador y por ello sabía de las bondades del primer repositorio peruano. Nadie podría haberlo hecho mejor.

A él se debe la cuidadosa escogencia y posterior embalaje de los libros, infolios y toda suerte de documentos de vieja data, muchos de ellos únicos en su género en esta parte del mundo. Formaron, valga la verdad, parte del botín de guerra sobre cuyo derecho hace mención el teórico alemán Bluntschli que cita don Diego Barros Arana, según tenemos informado.

Dice una somera biografía chilena respecto del bibliotecario, durante los seis viajes al Perú, realizados por el erudito, el contacto con el inmenso caudal de archivos coloniales acumulados en la antigua capital del virreinato, habíale despertado la pasión por los impresos antiguos que marcaría la vocación de su vida. Más tarde, los resultados de su infatigable labor de recopilación fueron reunidos en la Biblioteca Americana y son ahora material de consulta indispensable para los estudiosos del pasado colonial hispanoamericano.

Pude leer con vivo interés, en una pequeña vitrina de la oficina de aquella Biblioteca de Santiago de Chile, la carta de ofrecimiento de venta de su colección particular de libros al gobierno chileno; hace presente don José Toribio que aquél es el único patrimonio que dejará a su familia y de no ser aceptada esta oferta se vería en la necesidad de atender la que le había hecho una de las universidades de los Estados Unidos de Norteamérica, para adquirirla. Sobre la misma carta se puede leer el decreto y la autógrafa del presidente de Chile disponiendo su compra.

Es menester expresar que la obra de José Toribio Medina, como compilador, hizo posible los significativos avances registrados por la historiografía chilena a fines del siglo XIX y comienzos del XX, puesto que la publicación, en su propia imprenta, de la Colección de Historiadores de Chile y la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, sirvió de base documental para la obra de destacados historiadores como Diego Barros Arana y Miguel Luis Amunátegui.

La sala Medina, de la Biblioteca Americana que lleva su nombre, siempre ha estado disponible para cualquier investigador, especialmente peruano y no es del todo cierto que los libros hubieran permanecido ocultos a los ojos del lector. Yo he sido testigo de esta realidad.

Bienvenidas sean de vuelta a casa las colecciones que formaron parte de un botín de guerra, las curiosidades bibliográficas, y con ellas las Memorias de los Virreyes del Perú, además de la primera Historia del Perú de que se tiene noticia, sistematizada como tal, escrita por el español don Sebastián Lorente, que migró a nuestra tierra y se confundió con su pueblo, la cultura y su destino.

Archivo Toribio Medina. Sgo. Chile

Archivo Nacional. Biblioteca Americana José Toribio Medina. Sala Medina. Santiago de Chile. Chile

 

 Lemos y Toribio Medina

 Primera página del informe que hace el, Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672) 19. Virrey del Perú, al Rey Don Carlos II

 Créditos

Gráficos:

José Toribio Medina, en uniforme de diplomático. INTERNET

Sala Medina, Biblioteca Americana José Toribio Medina, Biblioteca Nacional. Alameda, Santiago de Chile, Chile. INTERNET

Primera página del informe que hace el, Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos (1666-1672) 19. Virrey del Perú, al Rey Don Carlos II [el Hechizado] sobre los sucesos de Laycacota y la sumaria ejecución de penas a los sublevados encabezados por Joseph de Salcedo. Copia de mi propiedad adquirida en el Archivo Medina.

Bibliografía:

Diego Barros Arana, Historia de la Guerra del Pacífico 1879-1881.- Editorial Andrés Bello; mayo de 1979. Santiago de Chile, Chile.

Don José Toribio Medina Zavala y su presencia en Lima

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Toribio_Medina

Notas biográficas del famoso bibliotecario

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-663.html

Hora 06:48:00 AM Publicado por Luis Siabala Valer

2 Comentarios:

Luis Adolfo Siabala dijo…

Buen aporte acerca de la propiedad peruana en la Biblioteca de santiago de Chile. Es necesario desmitificar a los patrioteros que lanzan infundios sin haber comprobado la realidad de un hecho. Felicito el retorno del patrimonio cultural a la Biblioteca Nacional del Perú. No solo es cívica la acción. La considero propia de una nación madura y civilizada.

9 de abril de 2007 02:20 PM

Carlos Urquizo dijo…

Gracias Dr. L. Siabala por sacar a la luz inconsistencias, tales como: “Art. 45. Toda presa o botín pertenecen, según las leyes modernas de la guerra, al gobierno del que ha hecho dicha presa o botín”.

El Art. 45 permite argumentar lo siguiente: Por codicia económica y/o por razones políticas perversas, un país puede invadir a otro con menor poder bélico; cuando el agresor logre asentar su victoria, “las leyes modernas de la guerra” le otorgan el “derecho legal” de arrebatar parte del territorio invadido, de ultrajar a mujeres, niños y ancianos, de robar reliquias históricas y riquezas materiales, etc.

El argumento anterior resalta una gran inconsistencia, por que el diccionario define a la “Ley” como “Un mandato o prohibición de algo, para establecer justicia”. Por lo tanto el Art. 45 yerra al llamar “Leyes” a unas reglas injustas elaboradas por los victoriosos para justificar sus fechorías. Una Ley debería decir que todo lo ejecutado por el agresor es ilegal.

En conclusión la agresión de Chile al Perú fue injusta, por lo tanto todo lo ejecutado por el agresor es ilegal.

Carlos Urquizo

11 de abril de 2007 01:23 AM

Mal de Hansen y Shushupe

 A don Pablo Livia Robles.
A los ingenieros, don Carlos Urquizo Bolaños, y don Jaime Sandoval Espinoza.

(Relato y testimonio de un caso de ciencia nativa y singular cura de la lepra)

 
Yarinacocha
Laguna de Yarinacocha, Pucallpa-Perú

Nota introductoria

Pucallpa, (Collaría), febrero de 1945.- Una pequeña aldea de tierra roja arcillosa, de allí su nombre tomado del quechua; predominaba en el ambiente el penetrante y sostenido ruido de afilados dientes de cintas y discos de los aserraderos.

Con la toma del tronco, en cuyo grueso cuerpo se clavaban aquellos agudos filos de acero, se iniciaba el monótono sonido que empezaba agudo, finamente agudo, alargándose in crescendo hasta alcanzar elevadas notas para silenciar en seco, por un instante, con el reacomodo de la pieza o el seccionamiento de otra nueva… y así, hasta finalizar la jornada reglamentaria… desesperante actividad sonora la que sufríamos bajo el calor húmedo y la picadura de insectos, aunque de esto último ya teníamos experiencia, adquirida durante dos años en la selva y sabíamos paliar, mas no aquel ruido que dominaba el sofocante ambiente que impotentes terminábamos por aceptar.

El Ucayali, gran barco de la compañía Morey, que hacía la carrera Iquitos-Pucallpa, nos había conducido de surcada desde la ciudad de Iquitos a este pequeñísimo puerto fluvial ubicado en una planicie algo elevada con relación al caudaloso río; esperaríamos aquí los transportes para la primera jornada por senda de tierra virgen que nos llevaría hasta Aguaytía, de allí a Huánuco y Cerro de Pasco, para el último tramo en el FF. CC del Centro, hasta Lima.

Los enormes troncos que formaban balsas se acumulaban a la orilla del río y eran subidos por rampas, halados por cadenas que tiraban malacates o grúas, hasta la plataforma de corte de aquellos devoradores de madera… para formarlos en tablas. Un fuerte olor a viruta predomina en el ambiente. Completo de esta forma la descripción de aquella fabril actividad en ese embarcadero del distrito de Collaría, posteriormente Pucallpa, que hacía de puerto en la provincia de Coronel Portillo, por entonces de reciente fundación, hacía algo más de año y medio, en julio de 1943.

Ahora, la ciudad de Pucallpa, con una elevada población de 180,000 habitantes (2015) y comercio pujante es la capital del departamento de Ucayali, por entonces una lejana provincia de Loreto. Es la segunda ciudad más importante de la Amazonía peruana, después de Iquitos. Algunas de las principales actividades económicas de los pobladores son la pesca, la agricultura, la ganadería y la extracción maderera; posee, además, una pequeña refinería de petróleo y otra de gas, ubicado en el distrito de Curimana.

Regresábamos, decía, después de dos años; mi padre, oficial de la Guardia Civil, con esposa e hijo de vuelta a Lima; dos años de dura, exótica e inolvidable vida en Iquitos, la capital de la provincia de Maynas y del departamento de Loreto –con naturales privaciones en cuanto a los alimentos, el habla y las costumbres- que así de diferente era la vida en la selva amazónica. Había empezado mis estudios primarios en el colegio San Agustín y llevaba el eco de aquellas lecciones aprendidas coercitivamente de memoria, al más puro estilo de aquella orden de sacerdotes españoles, método de vieja escolástica que jamás pude asimilar.

Para conocer la región mi padre decidió, en lugar de la vía aérea, el viaje mixto de navegación por río y carretera. Se acababa de terminar la ruta o trocha que unía Pucallpa con Aguaytía y de allí con Huánuco. Deberíamos aguardar unos días la llegada de dos vehículos de la Fuerza Aérea para transportarnos a quienes por entonces ya formábamos pasaje algo numeroso.

Aquellos transportes, relucientes adquisiciones durante la segunda guerra mundial en sus etapas finales -Alemania se rendiría en mayo de aquel año, pero las acciones de guerra se trasladarían al Pacífico donde Japón se mantenía en activa beligerancia- tenían tracción a las cuatro ruedas y toldo; ofrecían, por todo acomodo, los asientos de la tropa de los lados del barandal y para maletas y bultos el espacio del centro.

Pero las peripecias de aquel viaje a Lima, algo más de 850 kilómetros en cerca de 19 días por sendas sin asfaltar, por tierras de selva aún virgen con largos tramos de lodazales y, en los mejores, un pobrísimo afirmado, pudiera ser materia de otro relato. Me concretaré por ahora al episodio del cual fui testigo privilegiado y que hoy tengo el ánimo de relatar por su singularidad, un hecho que pese a los años he rememorado a uno que otro amigo y que ahora muestro disposición de darlo a conocer.

Al promediar un día en espera de los transportes, salimos a tomar los alimentos al restaurante o cabaña que hacía las veces de tal. Nos acomodamos como siempre de vista al río. Algunos comensales ocupaban, dispersos, algunas mesas. Era esta una cabaña levantada en palafito, es decir sobre postes en seco, en previsión de la inundación que siempre suele ocurrir, con un amplio techo de hojas de palma.

De pronto un hombre relativamente joven, vestido de blanco y sombrero de paja se acercó cuidadoso y decidido a nuestra mesa y en actitud y porte militar se dirigió a mi padre respetuosamente:

El relato

Con su permiso mi teniente, permítame presentarme, soy el guardia NN, no sé si me recuerda…

Mi padre hizo un esfuerzo y de pronto contestó:

Guardia NN, qué hace usted aquí tan lejos de su destino. Claro que lo recuerdo, usted fue dado de baja por haber contraído la lepra y confinado en el lazareto de San Pablo… ¿Se curó o ha desertado…?

-Nunca llegué a ese destino mi teniente. Permítame relatarle los hechos y luego quedaré a su disposición.

-Bien, tome usted asiento, le presento a mi esposa y a mi hijo… cuente su presencia en este lugar.

Ni madre y yo estábamos absortos y extrañados. Trataré de ordenar aquella narración con mejor lenguaje de aquel que mis oídos de niño escucharon en tal ocasión:

Recuerdo –empezó el inesperado interlocutor- aquel día que pasaba la revista médica de rutina y estaba en espera de mi turno; usted, mi teniente observó que la colilla de cigarrillo que estaba fumando me estaba quemando los dedos y yo no lo sentía. Avisado el médico me hizo algunos  hincones en la espalda, hombros y pecho que fueron del todo insensibles para mí. Estaba en una de las fases avanzadas de la temida lepra. Susto y desconsuelo.

Recuerdo también que se dispuso mi baja del cuerpo de policía y otorgarme, en vida, la correspondiente derrama, como si hubiese muerto. Con ello también, la necesidad ineludible de que se me internara en el leprosorio de San Pablo donde debería permanecer por causa de la enfermedad; en esa colonia numerosa de enfermos que allí pasa el resto de sus vidas.

Yo era joven y no me resignaba a semejante situación. Al fin de cuentas era soltero y mis padres, naturales de la región, eran los únicos seres por los que debía velar. Decidí, en la primera oportunidad que se me presentara evadirme de esta pesadilla y la conseguí río abajo de Iquitos. Ensayando la persuasión con mi escolta para dejarme ir, ya fuere por convencimiento o bajo la amenaza de contagiarlo: Así fue; el batel, con motor fuera de borda se acercó a la orilla y salté con mi bolsa de reglamento para internarme de inmediato en la selva, lo más rápido que pude.

Caminé presuroso conforme la naturaleza lo permitía y así, sorteando peligros seguí la vereda de la selva conforme esta se abría a mi paso. Caminé muchas horas y se hizo de noche para lo cual busqué un lugar aparente para dormir. Desperté con los rayos del sol que se filtraban por la espesa arbolada y pude ver a un hombre, un nativo, que me observaba cuidadoso apoyado en una corta lanza que tenía por arma. ¿bora… ? ¿yagua…? ¿campa…? Por allí esas familias nativas son frecuentes. Llegado el momento me hizo señas para que le siguiese y al tener por acompañante un extraño que se mostraba obsecuente o nada belicoso confié en su paso y le seguí.

Poco tiempo de caminata y llegamos a una aldea en un claro del bosque; para entonces una multitud de niños nos hacía compañía en medio de un agudo vocerío. Mi captor me condujo hasta una cabaña solitaria y me ordenó ingresar en ella. Poco después me visitó el hechicero quien después de observarme me dio a beber de un mate una sustancia amarga. Fue aquella bebida mi único alimento durante varios días.

Una mañana, mi captor y amigo me despertó y me dijo que lo acompañase.

Caminamos por algún lado muy espeso y de vez en cuando mi conductor usando su lanza hurgaba entre las hojas. De pronto dio un paso atrás, lo que buscaba lo había encontrado: una gran serpiente de tonos marrones y amarillos en figuras de rombo se había erguido lista para atacar. Un tramo de su enroscado cuerpo se elevaba. Algo aterrador, si se tiene en cuenta todo lo que se dice de la Shushupe, que era una de gran tamaño. Sin perder tiempo mi guía me ordenó que me acercara al animal y lo indujo bajo amenaza de su lanza.

El terror me paralizó, pero un violento empujón me arrojó sobre aquella bestia que mordió mi brazo una y otra vez; fue demasiado para mi… perdí el conocimiento.

Cuando desperté después de algunas horas, o días, no puedo precisarlo, estaba curado y había recuperado la sensibilidad. Mis bienhechores celebraron el acontecimiento, y acogido dentro de aquella buena gente, encontré hogar y ahora vivo con ellos. Vine a Pucallpa donde me desempeño como guía para los buscadores de madera y de ello vivo. Esa es la historia mi teniente”

El informe que mi padre posiblemente pasaría a la superioridad por semejante acontecimiento, ignoro si causó algún efecto; igual suerte habría seguido la recomendación que de seguro incluiría las investigaciones necesarias para conocer aquella singular cura de la enfermedad bíblica, por una no menos eficaz pero terrible forma de administrar veneno, el cual cuidadosamente dosificado y paliadas sus mortales consecuencias, mediante el antídoto que suministró el hechicero a nuestro leproso, contrarrestó la muerte curándole de la lepra por acción de la mordedura de la letal Lachesis Muta, serpiente Bushmaster, o  la muy temida Shushupe como se le conoce en nuestras selvas del Amazonas, una especie de serpiente de la familia Viperidae que resulta ser la víbora más larga del mundo, y posiblemente la segunda serpiente venenosa más grande, tan solo superada por la cobra real, pero que aquella familia tribal sabía administrar maravillosamente.

 Lachesis muta (Shuishupe)

Shushupe (Lachesis Muta)

Antigua embarcación del Amazonas

Barco típico de los ríos amazónicos

La lepra es una enfermedad infecciosa de nula transmisibilidad, producida por la bacteria Mycrobacterium leprae, descubierta por el médico noruego Gergard Henrick Armauer Hansen, (1841-1912) debido a lo cual se denomina enfermedad o mal de Hansen. Fue históricamente incurable, mutilante y vergonzante.

En Lima, la iglesia de San Lázaro, en el Rímac, fue lazareto, y la lejana Isla de Pascua en los mares del Sur, el remoto confín virreinal donde se condujo enfermos del terrible mal. En Iquitos aún existe la colonia de San Pablo.

Han pasado sesenta y nueve años de este singular acontecimiento y todavía, al reproducirlo, siento algún estremecimiento.

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Preciso instante que el guardia civil NN recibe la derrama de la junta correspondiente.  Mi padre, el primero de la izquierda. Foto del archivo paterno

Fuentes anexas:

Fotos de INTERNET

Pucallpa, Wikipedia:

http://wiki.eanswers.com/es/Pucallpa?ext=t&cid=5062

Lepra o Mal de Hansen:

http://wiki.eanswers.com/es/Lepra?ext=t&cid=5062

 

 

El Sol del Perú en el Palacio de Miraflores de Caracas

 A don Jorge Béjar Aybar

Oro del Peru 1 [Máximo Ancho 640 Máxima Altura 480]

Oro del Perú

Notas sobre un obsequio de oro puro en pasta

Exordio

Los detalles que aquí consigno fueron tomados de la información que se nos ofreció en la visita a Palacio de Miraflores en abril de 1974. Tanto el peso en oro puro como los datos precisos de su envío a Venezuela son materia de investigación. Resultará, con toda seguridad para peruanos y venezolanos, un asunto desconocido. Responde a la pregunta sobre la razón de ese nombre a uno de los amplios y suntuosos salones del Palacio de Miraflores, sede del gobierno de Venezuela.

Palacio de Miraflores

En abril de 1974 llegué a la ciudad de Caracas. Formaba parte de la comitiva de graduados en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Federico Villarreal de Lima, portadora de una alfombra de fina artesanía ayacuchana mandada tejer especialmente para obsequiarla al presidente de Venezuela, ciudadano Carlos Andrés Pérez, quien había aceptado ser padrino de aquella promoción. Yo no pertenecía a ella pero la integraba por invitación del catedrático jefe de la delegación.

El alojamiento tuvo lugar en un hotel de la Av. Urdaneta, precisamente al frente del Palacio de Miraflores, sede del gobierno. En la mañana siguiente al arribo y atendiendo la agenda, pasamos al palacio y fuimos recibidos por el edecán del mandatario quien era portador de las disculpas del presidente para recibir a la delegación en audiencia ese día. No se había ajustado con oportunidad este punto en agenda y no fue posible la entrevista.

Se nos invitó a un recorrido por los amplios y antiguos recintos de aquella casa, mientras el coronel que hacía de cicerone explicaba con claro dominio los detalles de la mansión y de cada uno de sus amplios recintos.

Las épocas, desde su erección por el general Joaquín Crespo (1841-1898) que ordenó su levantamiento como casa y posteriormente como sede gubernamental, tienen marcados los hitos históricos de sus moradores. Por ejemplo, resulta admirable y suntuoso el gran comedor de gala donde el presidente, general Juan Vicente Gómez (1857-1936) daba banquetes de lujo. Muebles y jarrones de la más preciada factura italiana, cristalería de Sevres, oleos de marcada belleza lo decoran. Era entonces conocida como La Casona.

Pero el salón Ayacucho, Sol del Perú o también Oro del Perú es el que llamó la atención de los visitantes, especialmente de quien tiene el gusto de narrar este asunto.

 Tito Salas y su Bolivar en el Chimborazo

 El célebre cuadro de don Tito Salas

Un gran asiento colocado dando la espalda al clásico cuadro de Bolívar en el Chimborazo, del estupendo pintor venezolano Británico Antonio Salas Díaz, conocido como Tito Salas (1887-1974) resulta ser el solio del Libertador y que ocupa el mandatario que preside las ceremonias oficiales en los grandes acontecimientos nacionales. Domina el extremo o cabecera de aquel recinto. Al frente hay acomodo para considerable audiencia.

Efectivamente, la riqueza decorativa de aquel recinto para las grandes ocasiones, de ellas la entrega de las insignias del mando al nuevo presidente de la nación, asombra a la par que agrada. Largo y hermoso, decorado con cornisas doradas, luce un techo donde se muestran, al fresco, pinturas alusivas a los hechos históricos de Venezuela. (En este punto resulta igual de admirable el Salón Elíptico del Parlamento o Congreso Nacional en el Parque Bolívar. Un techo que es una joya con los frescos y la policromía, al estilo Imperio, también de los pinceles de don Tito Salas, el pintor de los hechos históricos de Venezuela)

Sol del Perú

 Sol del Perú

Al centro una decoración enmarcada dentro de una estrella muestra un gran sol naciente entre montañas y nubes. Esculpida en oro puro esta joya da el nombre a la más importante sala de palacio. Labor en oro laminado y cincelado. Salón Oro del Perú, también Salón Sol del Perú o Salón Ayacucho. Esta sala forma parte de la obra del arquitecto italiano conde Guissepi Orsi de Mambello que lo inició a pedido de don Joaquín Crespo en 1884. Pero es en 1900 cuando lo inaugura como palacio de la república don Cipriano Castro. Sería en épocas de don Antonio Guzmán Blanco cuando se colocaría aquel oro labrado en el techo.

Durante el segundo gobierno del general Andrés Cáceres (1886-1890) se habría producido el obsequio de este oro en bruto o pasta -unos 25 kilogramos- al mandatario general Antonio Guzmán Blanco por su apoyo moral al Perú durante la Guerra del Salitre (1879-1883). Se le hubo colocado como motivo principal en este techo del salón más importante de palacio de Miraflores. Una joya de altísimo valor intrínseco pero, además, importante valor heurístico.

En su Mensaje presentado al Congreso, correspondiente al año 1881, el general Guzmán Blanco expresó como sigue:

Nada me he atrevido a hacer oficialmente para impedir el escándalo inaudito de la guerra entre Chile, Bolivia y el Perú. He temido un desaire ofensivo a nuestra dignidad, del que no hubiéramos podido vindicarnos por la distancia y las dificultades materiales que nos interceptan. Desgraciadamente Chile ocupa ya Lima, después de una gran batalla, más que grande, sangrienta.

El pueblo peruano ha luchado y lucha todavía heroicamente, con honor para el patriotismo de Sudamérica. Os doy el pésame por la violación del gran principio de la fraternidad americana.

Y como Jefe del Gobierno de Venezuela, denuncio en este documento la reivindicación del derecho de conquista y pido al Congreso, representante directo de la Nación, levante una protesta digna de nuestra historia, de nuestra gloria, y de la memoria de El Libertador.

Aquí en resumen datos biográficos de este ilustre mandatario venezolano.

Guzmán Blanco

Antonio Guzmán-Blanco (1829-1899)

Militar, estadista, caudillo y político venezolano; presidente del país en tres ocasiones (1870-1877; 1879-1884, y 1886-1887).

Liberal a ultranza, Antonio Guzmán Blanco procedía del seno de una familia acomodada con importantes contactos políticos; hijo de Antonio Leocadio Guzmán, fundador del Partido Liberal y de Carlota Blanco Jerez de Aristiguieta, descendiente del libertador Simón Bolívar por parte de sus hermanas era, además, miembro de la aristocracia. Sus padres llevan origen andaluz, vasco y canario.

Licenciado en Derecho por la Universidad Central de Venezuela pasa a ejercer cargos diplomáticos ante los Estados Unidos de Norteamérica y Francia.

Desde el momento en que Venezuela se había separado de la Gran Colombia (1830), el país había sufrido clara discrepancia política determinada por los conservadores, quienes respaldaban mantener el orden colonial; y los liberales, quienes, como lo detalla la historiografía de Hispanoamérica promovieron en común la necesidad de cambios radicales. Este era el bando en el que tenía importante participación don Antonio Guzmán Blanco.

En 1859, las tensiones dieron paso a los conflictos y los irreconciliables rivales se confrontaron en una guerra de guerrillas. Es cuando Guzmán Blanco asumió la responsabilidad de llevar a las tropas liberales a lo largo de una serie de batallas y maniobras exitosas.

Depuesto, en algún tramo de la historia el presiente liberal, Guzmán Blanco en su calidad de vicepresidente se retira a Francia, de donde retornará dos años después a Venezuela, esta vez armado con un importante ejército. Depone al gobierno conservador y como resultado es reconocido supremo líder. Vuelto el liberalismo vuelve Guzmán Blanco como nuevo presidente del país, su hegemonía empieza.

Primer Gobierno (1870-1877)

Segundo Gobierno (1879-1884)

Tercer Gobierno (1886-1888)

En su tercer y último gobierno ganó la presidencia en las elecciones de 1885 para gobernar el bienio de 1886 hasta 1888. En 1887 enferma de gravedad y es llevado a París para ser examinado, queda provisionalmente en el poder al vice presidente Hermógenes López, pero Guzmán Blanco gobierna indirectamente desde París.

De su gobierno resaltan la creación del Bolívar como moneda nacional; la instauración del Himno Nacional; el segundo censo nacional; la creación de la Gaceta Oficial; el ferrocarril entre Caracas y La Guaira; la fundación de la Academia Venezolana de la Lengua; el servicio telefónico entre Caracas y La Guaira; el fomento a la agricultura y a la educación; el estímulo al comercio; importantes obras públicas, entre ellos el Panteón Nacional, el Palacio Federal Legislativo, el Teatro Municipal, el Parque El Calvario, el Templo Masónico de Caracas, la Basílica de Santa Teresa, la Santa Capilla, la estatua ecuestre del Libertador en la Plaza Bolívar, la Plaza El Venezolano así como las fachadas del Palacio de las Academias y el Palacio de la Exhibición, Palacio Arzobispal de Caracas y la Iglesia de San Francisco entre otras edificaciones y obras civiles.

Su respaldo al Perú

Durante su gestión gubernativa expuso con claridad su posición frente a la invasión de Chile al Perú y su renuencia para aceptar la posición diplomática chilena muy en giro por Latinoamérica para la cesión de la provincia peruana de Tarapacá. Fue el único presidente latinoamericano que expresó su rechazo rotundo al llamado “derecho de conquista” que alegaba Chile para anexarse aquel territorio tomado durante la Guerra del Salitre (1879-1883).

El obsequio de pasta de oro durante la presidencia del general Andrés A. Cáceres (1836-1923), quien gobernó el Perú en tres períodos (1884-1885), (1886-1890) y (1894-1895) representa el reconocimiento de aquel amigo del Perú, testigo contemporáneo de la conflagración del Salitre entre 1879 y 1883.

Oro que luce espléndido en el salón que hemos detallado. Una importante avenida de Lima lleva su nombre, Avenida general Guzmán Blanco.

Muere en París en 1899. En agosto de 1999, luego de haberse cumplido un siglo de su fallecimiento, sus restos son llevados al Panteón Nacional de Venezuela.

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Salón Oro del Perú en restauración

La gran sala se muestra, en momentos de su refacción en junio del año 2007, gráfico tomado del Blog CONSTRUARTE 065, que administra don Guillermo Meneses, al igual que los demás grabados que ofrecen al gran salón.

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 Foto reciente

Fuentes y créditos

Notas de Viajes del autor.

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Guzm%C3%A1n_Blanco,_1876.jpg
http://lascosasderosa.blogspot.com/2008/02/tito-salas-pintor-de-la-historia-de.html
http://construarte065rl.blogspot.com/2007_10_01_archive.html

Palabras del general Guzmán Blanco.- Memorias del Cautiverio. Francisco García Calderón. Librería Internacional del Perú. Lima, 1948. pp. 61

General Guzmán Blanco, tomado de Wikipedia.

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Publicado por Blogger para Siabala el 12/12/2010 05:36:00 AM

Don Juan Lepiani, evocador de los grandes sucesos peruanos

Harun al-Rashid

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 La captura de Atahualpa. Juan Lepiani Toledo (Lima, 1864-Roma, 1932)

Resulta al parecer muy natural y espontáneo -y en este parecer nada hay de inédito- que alguna vez los destacados artistas nacionales del pincel, especialmente de nuestro pasado mediato o ya lejano, entregaran su arte como tema de sus entornos personales, que comprende familia, costumbre e historia nacionales, con maestría que enorgullece. Expreso esto para desmarcarlos, en lo posible, de aquella otra función crematística a la cual se debían profesionalmente por razones de oficio.

En este punto tenemos registradas celebradas obras que produjeron, en algún momento de su activa vida los ascetas del pincel, identificándose con temas históricos clásicos, por su significado y trascendencia, aplicado que fuera en ello peculiar arte y cultura, esplendor épico, poético y lírico de que fueron capaces, para lograr que la imaginación y conciencia públicas entendiesen, con especial sentimiento indeleble, aquellos hitos que marcaron…

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La primera lanza de Colombia

MARTES, 10 DE JUNIO DE 2008

 Operaciones militares de la guerra con la Gran Colombia (1828-1829)

Lanceros de la sabana

El llanero grancolombiano José María Camacaro desafía al peruano que se atreviera a tomarle el reto de duelo a lanza en Portete de Tarqui (Cuenca, Ecuador, 27 febrero 1829)

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[…] de esa forma, agrega el oficial de caballería grancolombiano que llegó al campo peruano con bandera de parlamento, si el contendiente peruano resulta vencedor las tropas colombianas, que son en mayoría, dejarán a las peruanas la retirada y podrá evitarse la derrota que de seguro sobrevendrá sino no se acepta el ofrecimiento que hace mi comandante Camacaro, la primera lanza de Colombia, de batirse a caballo y lanza con quien se atreva a aceptar este reto […]

Los llaneros del Apure

Eran los días cuando el gobernador español Domingo de Monteverde se enfrentaba a las tropas de Simón Bolívar, que el criollo y realista José Tomás Boves, en la llamada guerra a muerte, feroz enemigo de los independentistas grancolombianos, tenía reclutados a los peones de las estancias ganaderas de las sabanas a orillas del Apure, en la jurisdicción de San Fernando del Apure, gran río tributario del caudaloso Orinoco, en la actual Venezuela.

Con ellos las victorias sangrientas y sin cuartel se sucedían. La independencia debería esperar hasta la batalla de Carabobo en 1820. Aquel día los llaneros de José Antonio Páez darían cuenta de su ferocidad dentro de las tropas realistas.

Desde las épocas más remotas los españoles habían confiado la crianza de sus preciados bovinos que pacían de los grandes espacios de la cálida llanura a estos habilísimos jinetes vestidos con el blanco liqui-liqui que su nombre proviene del francés liquette que así llamaban en Francia a una guerrera inspirada en la casaca inglesa y que llegó a Venezuela de las manos de unos viajeros caribeños.

Este atuendo es el traje típico nacional venezolano, como que lo habían heredado de los grancolombianos. No olvidar que Ecuador, Colombia y Venezuela vienen a tomar esas denominaciones recién en 1830 después de la revolución de José Antonio Páez, levantado contra Bolívar, cuando se subdivide la Gran Colombia.

Usado por los llaneros gracias a su frescura y duración consiste en un traje completo, generalmente elaborado con lino o dril valenciano, de color claro, beige o blanco, con pantalón y la camisa holgada de cuello redondo que se mantiene cerrada con una yunta o mancuerna. Cuatro bolsillos dispuestos simétricamente completan el conjunto que le da al llanero una discreta elegancia.

Un sombrero de cogollo o de pelo’e guama, identifican al criollo que viste de fresco liqui-liqui con el que mitiga la inclemencia de las llanuras venezolanas.

Jinetes de hermosos caballos de origen andaluz, expertos desde la más tierna infancia en los secretos de la doma y la ganadería no requerían de botas pues confiaban en sus pies descalzos donde una costra poderosa suplía a la mejor suela y desdeñaban las cómodas monturas para realizar su cotidiana faena. Sus largas perchas, garrochas, picas o lanzas, eran su herramienta, con ella azuzaban a las reses la obediencia y el arreo, con ellas estos centauros también zanjaban sus diferencias y acudían al combate.

La guerra los había reclutado de ambos bandos. Pero sin duda, eran el general José Antonio Páez, vencedor de Carabobo y José María Camacaro lo mejor en asuntos de lanza y caballo.

Simón Bolívar Palacios

Simón Bolívar, por José Gil de CastroCon las victorias de Junín y Ayacucho el ex Perú colonial pasaba ahora a confrontar las consecuencias de su independencia. La ocupación del Perú, en su mayoría, de las tropas grancolombianas y la directa injerencia del Libertador en los destinos y determinación territoriales, premunido para esto de poderes suficientes del Congreso nacional, acarreaban problemas.

No se lograba, de un lado, con el escaso –por no decir ningún erario nacional- partida alguna que no fuese la proveniente de empréstitos para solventar el cuantioso mantenimiento de tropas y bestias y, de otro, los asuntos de gobierno no armonizaban entre quienes asumieron el mandato a la salida del Perú del Protector don José de San Martín, con los del Libertador grancolombiano.

La tirantez entre Riva Agüero y Bolívar iba en aumento. El célebre general caraqueño no las tenía todas consigo, su epistolario de aquella época así lo muestra. Además, sumamos lo dicho a las intrigas de quienes habían quedado al mando de Colombia, fueron finalmente estos los motivos principales de la salida de Bolívar del Perú.

Antes, el gobierno peruano votó el pago de una cuantiosa suma en moneda de oro para gratificar los exitosos esfuerzos del encumbrado jefe, de sus comandantes y tropa en general. Asumía entonces el Perú una deuda pactada con la colonia británica que habría de honrarla con dificultad y mucho apremio.

No había gustado a la clase conservadora peruana, la directa decisión de Bolívar, comunicada al mariscal Antonio José de Sucre y Alcalá, a la sazón en el Alto Perú, para que haciendo eco de los movimientos separatistas seccionara el sur peruano con el nombre de República de Bolívar. De esta forma nuestros viejos límites con Chile por la orilla del Paposo o Salado se retraían a las orillas del Loa dando paso de esta mutilante forma a la provincia litoral de Atacama jurisdicción de la naciente república del Ande.

Tampoco su directa intervención para que Guayaquil, que había sido peruana siguiera siéndolo, al igual que Jaén y Maynas. Es decir, las escisiones territoriales no cuadraban, como era natural, a ningún peruano.

Molesto por estas circunstancias y dado el hecho que José Domingo de La Mar, Mariscal Jose de La MarPresidente del Perú había organizado dos ejércitos, el uno para marchar al sur y recuperar el Alto Perú a cargo del general Gamarra y el otro, a las órdenes del general Necochea, partiera al norte para asegurar o evitar la segregación anunciada del territorio nacional, Bolívar optó por la declaratoria de guerra, en julio de 1828.

La Mar, al frente de las tropas, se encaminó entonces con dirección al Ecuador, departamento de Colombia. El 28 de noviembre de 1828 penetró y ocupó Loja y todo el departamento de Azuay; posteriormente también Guayaquil, puerto que fue evacuado por el general colombiano Juan Illingworth a la espera de refuerzos.

Antonio José de Sucre, el mariscal de Ayacucho, entonces de vuelta a Quito tras renunciar a la presidencia de Bolivia, obligado por Santa Cruz, se unió al general Juan José Flores, gobernador del departamento del Ecuador, concentró el ejército del sur de Colombia cerca de Cuenca para presionar a las tropas peruanas, que el 10 de febrero de 1829 la habían ocupado. Dígase de paso que el mariscal La Mar era natural de Cuenca y se sentía peruano sin la menor duda.

Batalla del Portete de Tarqui

El 27 de febrero de 1829 en el llamado Portete de Tarqui, a pocos kilómetros de Cuenca, tropas de la Gran Colombia, comandadas por Antonio José de Sucre y Juan José Flores enfrentan a las peruanas de José de La Mar, presidente del Perú en campaña.

La mañana del día 27 y después de una larga marcha que duró toda la noche anterior, el mariscal Sucre consiguió situar la 1ra División colombiana de 1600 hombres compuesta por tres batallones y un escuadrón al norte de la llanura de Tarqui en posición ventajosa, mientras esperaba la llegada de la segunda división.

Mientras tanto, en cumplimiento de las órdenes de La Mar, la vanguardia peruana del general Plaza fuerte de 900 infantes avanzaba sobre el portete.

La batalla dio inicio cuando la avanzada peruana de reconocimiento del capitán Uria tropezó con la grancolombiana del capitán Piedrahita; trabase entonces un sangriento combate que comprometió al batallón Cedeño, comandado por el célebre y temido lancero, José María Camacaro y al resto de la División peruana de Plaza. El desorden inicial de la batalla y la falta de visibilidad hizo que estos batallones se enfrentaran entre ellos.

El general Juan José Flores, por su lado, consiguió penetrar los bosques que le separaban del enemigo y organizar un ataque conjunto de los diversos batallones.

Superado en número y con las municiones agotadas el general Plaza ordenó el repliegue en busca del grueso del ejército peruano y encargó proteger la retirada al coronel Quiroz quien fue de inmediato acosado por la infantería y caballería grancolombianas.

Cuando a las 7 de la mañana el resto del ejército peruano de La Mar arribó al campo ya la división de Plaza había sido batida y el enemigo ocupaba su posición. El batallón Pichincha que protegía el flanco de La Mar fue obligado a retirarse no sin sufrir fuertes pérdidas mientras que los dispersos de la división Plaza impidieron que el comandante Salaverry se posicionara en el desfiladero.

Viendo que el Portete de Tarqui ya había sido tomado por el ejercito grancolombiano La Mar dispuso la retirada del ejército hacia Girón, posición un tanto a la retaguardia. Entonces la caballería grancolombiana del coronel O’Leary intentó cortar la retirada de la infantería peruana, en vista de ello el general argentino Mariano Necochea al frente de los Húsares de Junín comandó una carga de caballería que consiguió desbaratar a la caballería contraria y detener el avance de su infantería protegiendo de tal manera la retirada de la división peruana.

La historia ha recogido en este momento el célebre duelo a lanza del coronel peruano Domingo Nieto, jefe del primer escuadrón de los Húsares de Junín con su valiente retador comandante Camacaro que mandaba al escuadrón Cedeño.

Duelo a lanza, Camacaro – Nieto

Escuchado el parlamento colombiano, según el exordio con que empezamos este artículo, el coronel Nieto aceptó el desafío confiado que las condiciones eran caballerosas y de esta forma podría evitarse derramar más sangre y una retirada sin mayores consecuencias.

Se hizo la liza en el propio campo; los lanceros de los llanos vivan de anticipado el triunfo de la primera lanza de Colombia, pues bastante muestra de ello había ofrecido Camacaro con los numerosos enemigos que había dejado muertos en todas las batallas, asunto que lo hizo famoso y temido por lo certero de su lanza:

Las tropas contendientes espectaron con subido interés las evoluciones de aquellos caballeros que afianzando sus cabalgaduras y con sus lanzas en ristre se acometieron al galope.

El choque fue contundente, para sorpresa de los más que hicieron sepulcral silencio, Camacaro fue atravesado y levantado en vilo de su silla por la diestra lanza de Domingo Nieto quien de esta forma puso fin a los días del invicto llanero de la sabana. Las condiciones pactadas no se cumplieron y los colombianos con furor vengativo atacaron en masa.

Necochea cargó entonces con sus Húsares de Junín.

El grueso del ejercito grancolombiano consideró prudente conservar su posición mientras que el peruano logró replegarse en orden y formar sus divisiones en la llanura.

Las bajas del Portete de Tarqui fueron considerables para el ejército peruano que dejó 1000 hombres entre muertos y heridos y 300 prisioneros mientras que el grancolombiano confesó 400 bajas en combate, a los que hay que agregar 600 reclutas desertores.

Firmado el Tratado de Girón, La Mar aceptó las condiciones de Sucre. Las fuerzas peruanas se habrían de retirar del departamento de Azuay y abandonar todas las plazas ocupadas. Si bien las fuerzas derrotadas se retiraron, La Mar se negó a entregar Guayaquil y se preparó para iniciar una nueva ofensiva.

Durante cinco meses la guerra se estabilizó pues la armada peruana aún continuaba dueña del mar y bloqueando el principal puerto a orillas del Guayas; el ejército grancolombiano no se hallaba en condiciones de intentar rescatarlo. Finalmente el mismo Bolívar se había desplazado hacia el sur para dirigir la campaña y recuperar Guayaquil.

La guerra acabó con un inesperado golpe de estado en Lima que encabezó el general Agustín Gamarra que de esta forma derrocó al gran mariscal José de La Mar Cortázar y lo deportó, innecesariamente, a Costa Rica donde algún tiempo después murió. El nuevo gobierno de Gamarra cesó las hostilidades y entregó Guayaquil el 20 de julio.

El 22 de septiembre de 1829 se firmó un tratado de paz en Guayaquil y se preparó una comisión mixta para fijar definitivamente los límites entre ambos países.

No obstante la disolución de la Gran Colombia pocos meses después dejó unas conclusiones poco claras, en gran parte por un desacuerdo sobre la cédula real de 1802, que señalaba los obispados de Maynas y Quijos como parte del virreinato de Lima, en lugar de la Real Audiencia de Quito, donde habían pertenecido hasta entonces.

Este fue el origen del largo conflicto fronterizo entre Ecuador y el Perú.

Mariscal Domingo Nieto Marquez

Domingo Nieto y Márquez, prominente hombre de la caballería peruana, había nacido en el puerto de Ilo, Moquegua, el 15 de agosto de 1803. Descendía de los condes de Alastaya. Fue presidente provisorio de la república de 1843 a 1844; falleció en el Cusco, el 27 de febrero de 1844; recibió en vida el seudónimo de El Quijote de la Ley.

El Regimiento de Escolta Mariscal Nieto fue la escolta presidencial hasta el primer gobierno del actual mandatario del Perú quien, relegándolo, lo entregó a los Húsares de Junín. Empero, el actual presidente Ollanta Humala Tasso ha restituido al Regimiento Escolta del Presidente, Mariscal Nieto, a su antigua posición en palacio.

Fuentes

Historia Militar del Perú. Tomo II. Carlos Dellepiane. Teniente coronel de caballería. Lima, 1931

Historia de la República del Perú. Octava edición Jorge Basadre

Formación de la República. Reynaldo Moya Espinoza.

Efigie de Domingo Nieto, de Wikipedia

Llaneros de la sabana Internet

Presidentes del Perú

http://lsiabala-almanzur.blogspot.com/2008/02/presidentes-del-per.html

Publicado por Luis Siabala Valer

Artículo refernte. Wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Camacaro

 

4 comentarios:

Eleuterio Soto Salas dijo…

Apreciado Dr. Luis Siabala:

Sus estudios y experiencias sobre diversos pasajes de nuestra historia amplia la visión de nuestra realidad y nuestra proyección al futuro. Si cada vez más peruanos tuviéramos ese interés, no nos dejaríamos aplastar fácilmente por nadie, menos por los rotos. Bueno, habrá que persistir. Le comento que he escrito un pequeño ensayo denominado “Carta a la Peruanos Americanos”, parafraseando en algo a Vizcardo y Guzmán, él se dirigió a los españoles americanos, yo intento hacerlos a los “peruanos americanos”. Digo peruanos americanos, porque escucho que para muchos peruanos, incluido para muchas altas autoridades, que americano es el estadounidense. Y nosotros qué somos. ¿Latinos? Hasta donde sé Lacio queda en Italia. Ojalá hubiera oportunidad para que lo vea.

Atte.

E Soto Salas.

10 de junio de 2008, 19:04

Rafael Córdova Rivera dijo…

UN LIBRO IMPORTANTE ES ´´CUANDO LOS MARISCALES COMBATIAN´´ CREO QUE DE VEGAS SEMINARIO O JUAN JOSE VEGA QUIEN NARRA ESE COMBATE A LANZA Y DE CÓMO GAMARRA TRAICIONA A LA MAR. ASI CÓMO… EL 2DO ESCALON PERUANO SE ALEJA DE LA VANGUARDIA COMANDADA POR EL BIZARRO GRAL GUAYAQUILEÑO PLAZA Y PERMITE SU DERROTA.´

11 de junio de 2008, 12:09

Alejandro Reyes dijo…

Qué grato leer tus artículos, contenido, fluidez y claridad permiten leerlo con avidez. Respecto a La Mar, tengo en mi archivo registrado a un tío que comerciaba con el Perú a principios del siglo XIX; Uría es un apellido que lo ubico en Ica son de extracción terrateniente; la familia Nieto está emparentada con viñateros de Moquegua, he escrito un artículo hace algún tiempo atrás sobre Viñedos y familias en Moquegua, está inédito, aquí aparece la familia Nieto. Piedrahita es un apellido del Ecuador por allí tengo a un cura. Lo de Camacaro lo he leído pero tú le das el marco general que lo hace más interesante. Lucho, me parece que quien da el golpe militar contra La Mar fue Gutiérrez de la Fuente en Lima por cierto en concierto con Gamarra que se encontraba en Piura. Rectifícame por favor.

Sigo investigando sobre los sobrevivientes de la Guerra del pacífico, con mucha dificultad pero ahí seguimos. Uno de ellos declaró que llevó a prisioneros chilenos al Chanchamayo, ¿Cierto?

Un abrazo y espero verte pronto.

Alejandro

13 de junio de 2008, 2:52

Pablo Alberto Livia Robles dijo…

Mi siempre querido y siempre ponderado Lucho:

La lectura de esta tu reseña y de las otras que he tenido el privilegio de leer anteriormente, creo me permiten manifestar mi complacencia y agrado en la forma tan interesante de ilustrarnos.

Siempre a tus órdenes.

Pablo

 

Los silencios de la plaza

A la memoria de don Fernando Marcet Salazar;  y dedicado con especial afecto para don José Ruiz Ramos, estupendo amigo cordobés

 

Por todo lo alto

Cuando los terrenos del toro se mezclan con los del torero, ronda la muerte. Gregorio Corrochano

Séame permitido ensayar sobre este puntual asunto, lo recogí de un entrañable amigo que ya no está entre nosotros, que había comparado en iguales situaciones, aquello de los silencios que no lo eran del todo ni en la maravillosa Real Plaza de la Maestranza de Sevilla ni tampoco en la matritense de Las Ventas, pero si en Lima; el me contó y yo quisiera interpretarlo.

El arte del toreo es asunto de pocos, pero tema de muchos. Es conciencia cargada de sangre, miedo, fuerza, olor, color, ovación y música… pero también de silencio… uno sepulcral como el que suele producirse en notables tardes en la longeva de la ducentésima cuadragésima octava de existente Plaza de Acho, nuestra vieja y querida Plaza firme del otero de Acho; silencio premonitorio de pinturera suerte o en fatal extremo, violenta muerte.

Es producto de la cita del destino de la pareja singular que hacen hombre y bestia con la compañera muerte, la infaltable chaperona que simboliza el luto, por muerte forzosa del toro o en ocasiones la del torero, que también la hubo de ambos, entonces se dijo que se murió matando, he aquí lo épico del drama.

Correr los toros lleva inmersa estas potenciales condiciones. Así fue siempre y así lo seguirá siendo. El primitivo ser que mora dentro del aficionado de todos los tiempos y latitudes lo sabe y así lo espera. Se dice que el arte de la lidia resulta de la mezcla de los miedos del toro y los del torero; sumados a los del expectante público, añadimos.

Es muy cierto aquello que se murmura o dice quedo: Cuando los terrenos del toro se mezclan con los del torero, ronda la muerte. Esas son las ocasiones que se hacen los silencios…

Los terrenos del toro son defendidos por el burel que no tolera invasión alguna, asunto que conoce el matador. Será necesario en ocasiones, empero, tentar al destino y para lucir aquella suerte habrá de invadir esas áreas que le son vedadas: entonces dentro, en terreno ajeno… paso a paso, medio paso, tendida y templada la muleta citará y cargará la suerte; se hará entonces aquel silencio, luego el astado instintivo y bravo, arrancará para hacer la historia y cumplir el destino.

Los conocedores quedan suspensos en los tendidos y el tiempo parece detenerse durante aquellos instantes… y la muerte, conspicua acechadora de los ruedos, espera su momento, aguarda calculadora; es lívida dama de blancos y largos tules que empuña la guadaña con un negro crespón, la que siempre acompaña a los rivales en la lidia: el uno, pletórico de instinto, poderosa acometida, armada cornamenta y gran musculatura; el otro, debilísimo de estructura, dotado tan solo de su acusado juicio, experta mano y un valor que ya rezó sus oraciones.

Está sonando el clarín señal del cambio de tercio, el último tercio. El sol va picante; aquella mujer del tendido de sombra, la de sedosa cabellera, mordisquea nerviosa el tallo de un clavel…

Ya se dejó la muleta, es el turno del estoque de matar… un extendido rumor recorre la plaza…

Logotoro

 

Publicado originalmente el SÁBADO, 9 DE ABRIL DE 2011 [0:48] por Luis Siabala Valer

3 comentarios:

Luis Adolfo Siabala dijo…

El arte de la lidia con el toro es un verdadero drama. Alguna vez te escuché hablar de este silencio de muerte, de este lapso donde la vida pende de los segundos que avanzan lentos. Alguien en definitiva tendrá que morir. Hay en el hombre todavía este suspenso, este morbo por contemplar cómo otros se la juegan. De ahí que el rugido sea estrepitoso, los ánimos de algarabía sean desbordantes cuando la espada ha llegado a su tope y victorioso, el matador anuncia que su faena ha terminado. Pero cuando éste es alcanzado instintivamente por las astas de la bestia, inunda la plaza el alarido de la empatía por el dolor ajeno y un terror porque ronda la desgracia… paradojal el suceso. Como siempre tu estilo está impecable: el del cronista finisecular que está atento a la forma y utiliza con pulcritud culterana el lenguaje que imprime al momento una acuarela o una fotografía en blanco y negro.

Felicitaciones.

9 de abril de 2011, 7:19

Rafael Córdoba Rivera dijo…

MI HERMANO:

CREO QUE TU ARTICULO PESE A SU BREVEDAD, SUPERA A “”MUERTE EN LA TARDE “” Y “”FIESTA””, DEL INMORTAL HEMINGWAY…FELICITACIONES

 RAFAEL

9 de abril de 2011, 23:48

Marco Ugarte Díaz dijo…

Estimado Lucho:

Buena tu evocación, con arreboles poéticos, del drama de la muerte en la corrida de toros. Una observación, está más escrita para quienes así lo entendemos y convivimos con esa idea, sabiendo que no podemos escapar de ella, que la tenemos presente en nuestra vida y, en medio de esa dialéctica, vamos más por una vida creativa, sin abatirnos. Si no le tuviéramos presente no veríamos la luz. Me parece que en los tiempos actuales, ante el embate de los pacifistas, hay que dedicarle buen tiempo en combatirlos, que están ganando terreno ante generaciones acobardadas ante la vida misma.

Un abrazo,

Marco

El maletilla

LUNES, 30 DE JUNIO DE 2008

A don Fernando Marcet Salazar, don Fernando Díaz Tenorio, y mi amigo de Melilla, España, don Curro Vásquez

Maletilla

Maletilla. (De maleta, mal torero). com. Persona joven que, desasistida de medios y de ayudas, aspira a abrirse camino en el toreo comenzando a practicarlo, a veces, en las ganaderías o procurando intervenir en tientas, capeas, becerradas, etc. (RAE)

Bragado

– ¡Salió la luna! Ahora a lo nuestro… ¡Vamos!, ¡Un momento…!, ¡Alto, aguardad que alguien viene!

Una pareja de guardias civiles se acerca al paso de sus cabalgaduras, los sables colgados del tahalí, las tercerolas en las fundas junto al morral; tocados como siempre de ese castizo sombrero de dos picos que semeja montera de torero; una mano a las riendas y un brazo en jarras… pronto se pierde la ronda en los recodos del camino.

– Me gusta, hombre, algún día me metería a guardia civil… ¡Vamos, seguidme! susurró con mando el oculto mozalbete.

Del matorral cercano, al plenilunio, sigilosos aparecen tres pillastres de formas, hablar y similar aspecto de nuestro amigo. Se le unen y desvisten cuidadosos. Todo un rito, luego con el hatillo de sus pobres ropas en alto ingresa la tropilla a las frías aguas y ensaya el largo vado que aunque de poco caudal presenta considerable fondo…

– ¡Qué hermosa luna y que bellos esos toros, especialmente aquél que está atento de nosotros… !

Quien así divaga entre susurros y pensamientos es un mozalbete algo mayor de diez años, delgado y vivaz, con aquellos ojos y pelo negros como los hay muchos por Andalucía.

De la orilla del frente una cerca deja entrever algunas reses que otean la presencia humana… un mozuelo termina de cruzar el vado y oculta el bulto…, otro también y así, de uno en uno llegan en experta acción encubierta por aquel recodo algo más allá de la orilla; de allí hasta la cerca de espinosa y crecida zarza hay muy corta distancia a los potreros. Del otro lado, se extiende la pastura y las suaves colinas donde se guardan, con celo y cuidado, los valiosos erales para la Feria de Córdoba que se da en mayo, cuando viste de gala el coso de Los Tejares.

Con marcado tino Juanete, como le apodan sus compañeros de aventura, salva con habilidad por el mejor sitio aquella P1030371cerca protegida con el seto de espinos, y luego de salir de esos agudos embarazos escoge un magnífico burel, mejor dicho aquél que receloso permanece atento de la evolución de los intrusos y que ahora, con algún mugido, codicioso escarba el pasto… nuestro furtivo aprendiz se coloca en suerte, extiende el trapo que hace de capote y cita al astado.

Arrancase éste con el estrépito de su gran peso y el niño lo recibe con una navarra de pintura. Un oleé… forzadamente sordo deja escapar el menudo público siempre protegido del otro lado del cerco que improvisa un burladero… un ruido mayor del necesario y acudirían los peones armados con sus trabucos de boca acampanada, gran calibre y con sus perros… la cosa tornaría peligrosa y la vida estaría entonces en juego, sea por el toro bravo, las tarascadas de los fieros canes acostumbrados a saltar a la yugular, o las postas de aquellas armas… pero, ¿Acaso no valieran la pena ¡hombre! todas esas simplezas por unos instantes de toreo? ese afán de lidiar tan marcado, era irresistible. La ocasión se pintaba sola y ahora conjugaban luna, buen ganado y el sabor de la aventura… perder la vida pareciera negocio secundario.

Los toros aprenden rápido y resulta criminal llevar a la plaza toros capeados… de allí que la prohibición de hacerlo apuntaba directamente a los menudos y pobretes hijos del pueblo, a los maletillas que jugándose el pellejo malogran al toro bravo; pues orden había para disparar a matar de saberlos toreando, mejor dicho cuando hurtaban al destino un lindo toro.

Una considerable parte de los peones, como siempre, hacía la guardia y estos mozuelos como en todos los tiempos y ocasiones en la vasta cuenca del Guadalquivir se daban maña para torear en clandestino. ¡Cuántos habían pagado caro su afición! Si esta desdicha sucedía el llanto de las madres en los depósitos de cadáveres y los velorios era conmovedor… Pero la ley establecía con rígida severidad la suerte de los maletillas y nada abogaba en favor de este socorrido oficio que era un paso a la muerte por doble partida… ¡Otra navarra y cambio de capa a muleta; recibe al cárdeno por naturales y remata de pecho! ¡Olés! y aplausos sordos.

La luna brilla por todo lo alto, es la dicha…

De pronto unos ladridos, voces de alarma, un tropel que se acerca y nuestra menuda granujería pone pies en polvorosa buscando el socorro del río cuya orilla está cercana…

Juanete quiere una suerte más y no escucha o no quiere escuchar las voces de los que arrancan y, por el contrario, se prepara para otro lance… los perros ya están cerca, siguen a la jauría un par de peones con sus armas listas…

-¡Que te pillan Juanetillo, salta hermano, salta yaaa … !

Firme el muchachito con galanura tiende la pañosa, tiempla y carga la suerte… se arranca el toro; … ¡fatal resuena un estampido! hay un revuelo de cuervos y lechuzas en el matorral y entre jirones de negros nubarrones la luna al ocultarse, parece que se conduele…

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Logotoro

Los Tejares

Autor: Luis Siabala Valer.- Pando; 29/VI/2008
Publicado originalmente a las 12:27
Grabados
La Fiesta Nacional, El libro de oro de la tauromaquia. Primera Edición. Ejemplar N° 2386  Barcelona MCMLI. (Toros, de D. Perea-Museo de Bellas Artes, Córdoba, España)
Niño maletilla INTERNET
5 comentarios:
Fernando Marcet dijo…
Gracias por la dedicatoria de este bello artículo que me hace rememorar aquella historia atribuida a Juan Belmonte cuando, mozalbete maletilla, a la luz de la luna, desnudo y pañoza en mano, se encontraba robando pases a un bravo ejemplar de vigilada ganadería, en momentos en los que apareció el celoso capataz quien provocó alborotada huída de sus compañeros de aventuras. El valeroso Juan, “patizambo” y defectuoso de remos como era, impedido estaba para unirse a tan presuroso escape y optó por quedarse quieto y esperar erguido la llegada del enfurecido capataz; éste, incapaz de disparar al indefenso como encorajinado muchacho, lo tomó preso y lo entregó a la guardia civil. Se dice que, pasado el tiempo, en relación con este incidente, el ya famoso Pasmo de Triana, comentaba que aquella noche aprendió que: “para torear, es indispensable pararse y dejar muy quietos los pies”.
30 de junio de 2008, 15:22
Jorge Bejar Aybar dijo…
Hombre… sacaste a relucir tus ancestros godos…! Felicitaciones por todo lo alto…!!!
Jorge
1 de julio de 2008, 22:47
Luis Ruiz Santa María dijo…
Estimado Lucho:
Bueno decir de tu vena literaria ágil y entretenida es algo evidente, pero las historias que narras se hacen apetecibles y amenas; a este maletilla le ayudaron a llegar a la gloria rápidamente y se puede sacar como moraleja que la pasión nos lleva hasta la muerte, felicitaciones por el don que tienes, un abrazo y cariños para Dorelly y Faritah; abrazos,
Lucho Ruiz Santa María
4 de julio de 2008, 12:56
Luis Adolfo Siabala dijo…
Trágico relato de esto aventureros anónimos, hijos de la noche. Con un estilo de narrativa localista, muy español, el lector se convierte en testigo presencial de las primeras proezas de estos temerarios capeadores dispuestos a trocar la vida por el sentido del valor y coraje, sin los honores de la muerte en la arena, ni los laureles de la fama.
Como siempre, felicitaciones.
Lucho
13 de julio de 2008, 17:20
Alberto Alcalá Prada dijo…
Estimado Lucho:
Realmente tienes mucha pasta de escritor. Muy bueno el tema y la presentación. No voy a sacar la paleta de calificación como se hace en la TV pero sí te pongo un 10 sobre 10.
Saludos
Alberto
19 de julio de 2008, 11:20

Don Juan Lepiani, evocador de los grandes sucesos peruanos

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 La captura de Atahualpa. Juan Lepiani Toledo (Lima, 1864-Roma, 1932)

Resulta al parecer muy natural y espontáneo -y en este parecer nada hay de inédito- que alguna vez los destacados artistas nacionales del pincel, especialmente de nuestro pasado mediato o ya lejano, entregaran su arte como tema de sus entornos personales, que comprende familia, costumbre e historia nacionales, con maestría que enorgullece. Expreso esto para desmarcarlos, en lo posible, de aquella otra función crematística a la cual se debían profesionalmente por razones de oficio.

En este punto tenemos registradas celebradas obras que produjeron, en algún momento de su activa vida los ascetas del pincel, identificándose con temas históricos clásicos, por su significado y trascendencia, aplicado que fuera en ello peculiar arte y cultura, esplendor épico, poético y lírico de que fueron capaces, para lograr que la imaginación y conciencia públicas entendiesen, con especial sentimiento indeleble, aquellos hitos que marcaron los destinos nacionales de pasadas épocas.

Es el caso de don Teófilo Castillo quien resultó insuperable al dejar en el óleo o en la acuarela estupendas interpretaciones de las Tradiciones Peruanas de don Ricardo Palma Soriano, conforme lo tenemos escrito, en este mismo blog, bajo el título Un pintor para la evocación.

Que, rememorando los cruentos finales días del Imperio Inca y los albores del Reino del Perú, don Luis Montero pintara con dramatismo académico La muerte de Atahualpa; notable suceso el de ese enorme óleo que durante largo tiempo fuera un cuadro itinerante y que ya restaurado, tenemos a la vista en el Museo de Arte del Paseo Colón.

Tampoco puedo dejar de anotar la activa tarea de nuestro pintor mulato, en la transición del virreinato a la república, a quien dediqué el artículo El mulato retratista, de gran aceptación en Chile de la época de don Bernardo O’Higgins.

Omito deliberadamente a los escultores y otro tipo de artista que también han seguido este sendero filosófico, para cuya obra me he permitido escribir Mármol, bronce y cincel, esta ocasión la he reservado para algunos pintores peruanos de marcada tendencia evocadora.

Con relación a nuestro biografiado, sucede que el entusiasmo que despierta el estilo, color, porte y traducción de la narrativa historiográfica con que aborda los temas artísticos don Juan Lepiani Toledo, como ningún otro, afirma el hecho histórico -puesto en el óleo- para ser grabado en el más sólido de los granitos de la mente.

Veamos con algún orden cronológico algunos de sus famosos cuadros:

Lepiani, Los trece de la isla del GalloLos 13 de la Isla del Gallo (1903)

Francisco Pizarro, decide pese a los fracasos y penurias, y fiel a su convicción de que el Sur está la meta para terminar con el infortunio, traza la célebre raya en la arena y luego de cruzarla le siguen doce aventureros del total que habían quedado en esa remota e inhóspita isla de la costa septentrional del Pacífico, el resto habría de retornar a Panamá. Este óleo de generosas proporciones, forma el patrimonio del Museo de Antropología, Arqueología e Historia del Perú, en el apacible distrito de Pueblo Libre, en Lima

El asesinato de Pizarro

 El asesinato de Pizarro (Boceto)

Tremenda la decisión del momento, pero la necesidad suele ser hereje: la pobreza en la que había quedada sumida la derrotada y humillada hueste de Almagro, después de la derrota que sufrieron en la batalla de Salinas (6 de abril de 1538) que puso fin a la guerra civil entre los conquistadores, hizo que los conjurados, cansados de las necesidades de todo orden y también de alternarse la capa, (Ricardo Palma, Los caballeros de la capa) la única con que contaban para salir a la calle (no era posible eludir tan importante prenda de vestir en aquellos siglos) decidiesen, encabezados por Juan de la Rada, viejo maestre de campo almagrista, ir a palacio y terminar con el responsable de tales penurias, acabar con el odiado marqués-gobernador del Perú, hacerse del poder y dárselo a Almagro el Mozo, para luego disfrutar la suerte de los victoriosos. Cumplieron con dar muerte a Pizarro, quien pese a sus años se batió bizarramente aquel domingo 26 de junio de 1541 y fue muerto mediante bajos recursos por feroz estocada al cuello. Aquella victoria, producto de esta suerte de magnicidio, no habría de durar mucho tiempo.

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La proclamación de la Independencia (1904)

El general San Martín, investido de los poderes suficientes proclama la Independencia del Perú en la Plaza Mayor de Lima, el 28 de julio de 1821.

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La entrevista de La Serna y San Martín

Fracasada la entrevista de Miraflores, la primera de las destinadas a evitar la transición cruenta que habría de producirse entre las bien equipadas tropas del virrey La Serna y las patriotas que aguardaban entre Huaura y Ancón, se decide por otra, a cinco leguas al noreste de Lima, en Punchauca, evento al que se presta un hacendado español quien brinda su casa para sede de las entrevistas, que se realizaron entre el 4 de mayo y el 2 de junio de 1821. Las conferencias, donde no faltó el protocolo, la elegancia y la buena mesa, al igual que la anterior de Miraflores terminaría en fracaso: el virrey La Serna sabía que, pese al deseo de San Martín de prolongar la monarquía bajo términos constitucionales para dejar el Perú libre de la tutela española y sin el empleo de las armas, jamás sería aceptado por España. El Perú era, en mucho, la pieza más preciosa del joyel de la Corona. En consecuencia, ambos jefes se prepararían para la lucha.

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La entrada de Cocharcas (1903)

Don Nicolás de Piérola Villena, al frente de la coalición partidaria que se opuso a la continuidad del gobierno del general Andrés A. Cáceres, el célebre Brujo de los Andes, irrumpió en la capital por los Barrios Altos la madrugada del 17 de marzo de 1895, franqueando la puerta de Cocharcas para dar lucha sin cuartel al mandatario que opondría feroz resistencia en las calles de Lima hasta el 19, que tuvo lugar un armisticio. Persuadido Cáceres que estaba en juego el prestigio ganado por sus hazañas con los bravos breñeros, durante la resistencia contra el invasor chileno, accedió poner fin a la pelea y abandonar el País. Lepiani, testigo de aquellos luctuosos hechos tenía por entonces 30 años. Ha hecho célebre el episodio con este cuadro que conserva el Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia.

La Respuesta La respuesta de Bolognesi (1894)

La respuesta de Bolognesi, al parlamentario, mayor Juan de la Cruz Salvo, emisario del general en jefe chileno que tenía rodeada la plaza de Arica, y que en virtud de la superioridad de recursos materiales y humanos ofrecía la honorable rendición del jefe peruano y el de su Estado Mayor a cambio de respetar sus vidas, que tuvo por respuesta, confirmada por cada uno de sus estupendos capitanes, de pelar hasta quemar el último cartucho.

Batalla del Morro de Arica, 07061879

El último cartucho (1894)

 Extraordinario lienzo que lleva la fecha de factura, año de 1894 y la firma Juan Leppiani, que forma el valioso patrimonio de la casa natal del coronel Bolognesi, hoy Museo de los Combatientes del Morro de Arica, cuya descripción la remito al artículo Una casa de la calle de Afligidos.

Alfonso Ugarte

Alfonso Ugarte

El coronel Alfonso Ugarte Vernal, en su salto a la inmortalidad al quedar diezmada la guarnición del Morro y cuya estampa Lepiani ha dejado para eterna memoria.

Miraflores, enero 15, 1881
El tercer reducto (1891)

Uno de los mejores de nuestro artista; dramático el panorama de Miraflores la mañana del 15 de enero de 1881. En primer plano, confundidos con tropas regulares la Reserva se prepara para soportar el asalto de la numerosa hueste enemiga que tiene por fondo al Morro Solar, decisivo ataque para tomar Lima. El detalle casi fotográfico de altísima factura no requiere mayor explicación. Obra maestra de don Juan Lepiani.

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Juan Lepiani Toledo (Lima, 1864, Roma, 1933)

Algo de su biografía

José Juan de Dios Mateo Osbaldo Botaro Lepiani Toledo, nació en Lima, el 20 de septiembre de 1864, hijo de los limeños don Melchor Botaro Lepiani Loyola y doña Manuela Toledo. Casó en 1891 con María Josefina Grossberger, con la que tuvo cinco hijos. Solía firmar sus obras como Leppiani.

Gobernaba por entonces el general Juan Antonio Pezet, etapa en la que se produjeron los luctuosos hechos de Talambo (Piura), que habría de conducir al enfrentamiento del Perú con el gobierno de España, ejercido por Leopoldo O’Donnell y Jorís, presidente del Consejo de Ministros, durante la monarquía de Isabel II y como consecuencia el ominoso Tratado Vivanco-Pareja, la captura de las Islas Chincha, el combate de Abtao, el bombardeo de Valparaíso, y finalmente el célebre combate de 2 de Mayo en la rada del Callao, antecedentes estos que formaban parte de la tierna etapa infantil y muy posible referentes de la juventud y madurez del artista limeño.

También la Guerra del Salitre habría de tenerlo como testigo por lo que sus cuadros de esta etapa son populares por su gran realismo.

Alguna vez ejerció como pagador en la línea del ferrocarril central, pero seducido por su naturaleza observadora y artística, estudió pintura en Lima y al efecto recibió lecciones de los maestros, el español Ramón Muñiz y el peruano Francisco Masías.

Para los años finales del S XIX y principios del S XX realizó sus grandes obras de carácter histórico y patriótico.

En 1903 viajó a Europa, para tomar contacto con museos y exposiciones. Instalado en Roma, ocupó su tiempo a la copia de las pinturas de grandes artistas, de ellos Rafael y Tiziano, reproducciones que le permitió vivir con relativa holgura durante varios años Su trabajo destacaba por la pulcritud y maestría con que estaban ejecutados. Fue testigo de la Primer Guerra Mundial y las tragedias que derivaron de la gran conflagración que acaba de celebrar su primer centenario (2014).

En 1928, ya anciano y casi ciego por el severo y exigente trabajo al que se había sometido, retornó al Perú, pero casi de inmediato decidió regresar a Europa. Allí, le sorprendió la crisis mundial de 1929, que sumada a su precaria economía y quebrada salud le produjo la muerte. Falleció en Roma en 1933. En esta ocasión, entrevistado por la revista Mundial de Lima se registró esta que sería la última fotografía del pintor:

Sin título

Pese a que la crítica especializada peruana le habría sido mezquina o haberlo ignorado, las obras de Lepiani atraen por su realismo y la emoción patriótica con que han sido tratadas, lo que dice bastante de la penetración de los sentimientos que produce contemplar aquello hechos inmortalizados en sus lienzos.

De ellos los inspirados en episodios de la guerra del Pacífico:

También halló su inspiración en otros periodos de la historia peruana, como hemos visto la conquista (Los 13 de la Isla del Gallo, La captura de Atahualpa, El asesinato de Pizarro, en boceto y la emancipación (La entrevista de La Serna y San Martín en Punchauca, La proclamación de la Independencia). Los sucesos contemporáneos no escaparon tampoco a su pincel, tal como lo prueba otra de sus obras maestras, La entrada de Cocharcas, que representa al caudillo Nicolás de Piérola, montado a caballo ingresando a Lima por la portada de Cocharcas, durante la guerra civil de 1894-1895, cuando Lepiani tenía 64 años de edad.

Fuente principal:

https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Lepiani

Grabados, en su mayoría tomados de INTERNET

El Tercer Reducto, tomado de Historia General del Perú, La República (1879-1884). Tomo III. Rubén Vargas Ugarte. S.J. Ed. Milla Batres, Lima, 1971. Primera Edición

Asesinato de Pizarro, en boceto. Museo de Arte de Lima. MALI

Coronel Alfonso Ugarte, La entrada por Cocharcas, fotografías del autor tomadas en el Museo de Combatientes del Morro, 2013, y en el Museo Nacional de Antropología, Arqueología  Historia, 2013.

Fotografía del pintor en 1928, Revista Mundial, Hemeroteca, Biblioteca Nacional del Perú.

Mármol, bronce y cincel

DOMINGO, 3 DE DICIEMBRE DE 2006

 Castilla-3

¿Alguna vez, amable lector, se detuvo usted en la plazoleta donde abre su puerta el templo de La Merced, atraído por el bronce del mariscal Ramón Castilla Marquesado?

Su autor, el escultor peruano David Lozano Lobatón (1865-1936), no sólo captó a golpe de cincel los rasgos mestizos del viejo soldado tarapaqueño, usando la escala natural, sino que en los cincelados ojos quiso expresar el carácter del vencedor de Yungay, al vengador de cerro Barón en Valparaíso; al creador de los ministerios públicos; el archivo y armada nacionales; al magnánimo vencedor de Mapasingue; al autor de las leyes de endeudamiento y presupuesto públicos; del promotor del mercado de abastos; de la penitenciaría de Lima; etc., etc., en suma, al constructor de la moderna República del Perú.

Se muestra en uniforme de gran parada, capote largo, descubierta la cabeza, banda de presidente, bastón de mariscal, sable pendiente del tahalí con dragonas trenzadas, calzando botas granaderas con espolines, que avanza el paso con dirección al templo fronterizo con una velada sonrisa socarrona y algún malvado pensamiento que ya urde para ensayarlo en honor de sus enemigos políticos.

Reconforta su presencia en la estatua, más aún en estos tiempos que la manoseada democracia nos depara cada suerte de mandatario tan distante del viejo mariscal, varias veces presidente de la república (1845/51; 1855/57; 1857/62)

Sin duda, Lima registra esta efigie como ejemplo de arte escultórico sin par; proporcionada en sus formas, ademán natural, expresión legítima y gracia estupenda.

Vale la pena una sostenida mirada; para ello nada mejor que detenerse y contemplarla. Representa también el pundonor, el carácter varonil y la resolución capaz; la sagacidad, la previsión y la oportunidad.

Otro monumento, con la belleza de las proporciones y los nobles rasgos de su dueño, es el de don Manuel de Candamo Iriarte. Presidente de la República (1895, 1903/1904) ahora en su nuevo emplazamiento dentro de los jardines inmediatos al Centro de Estudios Histórico Militares y el Instituto Libertador Ramón Castilla, del paseo Colón. El fundador del Partido Civil que habría de fallecer en los albores de su gobierno, elegante caballero vestido de levita; posiblemente nos siga con la mirada sorprendido de nuestro extraño atuendo.

 Manuel Candamo Iriarte

Lima ha consagrado en el bronce a dos militares extranjeros con las galas de la monumentalidad y el esplendor: al generalísimo José San Martín Matorras cruzando los Andes, jinete del típico criollo cabeza de carnero, tan útil en las pampas y el rodeo, bestia leal y resistente del gaucho y del arriero. Singular conjunto ecuestre que se yergue desde 1921 en un espacio que antes abrigaba la estación de trenes de San Juan de Dios, hoy Plaza San Martín y muy cerca de la desaparecida plaza de Micheo.

El primer Congreso Constituyente convocado en el Perú, contemplaba en su histórica primera agenda -22 de septiembre de 1822- la solicitud de renuncia al cargo de Protector del Perú del General San Martín, tema que debate y aprueba, igualmente, sin mayor oposición, que el Perú sería república. Se habría de contrariar de esta manera el caro deseo del generalísimo quien abogaba, sin dislates, por la monarquía constitucional como el medio apropiado para gobernar el Perú. No en vano se habían sucedido en el mando del imperio y del virreinato, catorce incas y cuarenta virreyes. La república democrática olía a novedad y anarquía. El olor se ha extendido hasta nuestros días, pero algo más cargado de anarquía que de novedad.

Educado desde temprana edad como cadete de las tropas isabelinas en España, San Martín, templado por las luchas contra el yugo de Napoleón, y las permanentes contra las tribus del Marruecos español sumado a su acuartelamiento en Cádiz, pronto sustituyó su acento argentino, para adaptar el contagioso dejo andaluz que mutila la última letra de las palabras y; de paso, arrancar con la guitarra fandangos, rumbas y bulerías. En Lima causó sensación en los círculos sociales el militar argentino, de tez morena y hablar gaditano.

San Marín, Lima

La hermosísima estatua ecuestre, levantada en memoria del mariscal Libertador del Perú, (1824/25) Simón Bolívar Palacios, grancolombiano, nacido en Caracas, actual Venezuela, es un modelo de proporciones. La grandeza pública del marcial jinete sólo fue eclipsada por las ansias de poder vitalicio que le embargaban.

Irónicamente, la erección de este monumento fue aprobada, año después, por quien alguna vez sufrió arresto por directa orden del Libertador al devolverle respuesta digna: el coronel Ramón Castilla. Una reproducción de esta figura ecuestre luce orgullosa en la ciudad de Caracas. El original, notable trabajo de la más fina factura, en bronce y mármol, obra de los escultores, el italiano Adán Tadolini y el alemán Müller, superintendente de la fundición de Münich, y el pedestal del italiano Felipe Guacarini se levanta en la Plaza del Congreso, antaño plazuela del Estanque, de la Caridad, de Rivera el Mozo, de la Recova, de la Universidad, de la Constitución, de la Inquisición y Plaza Bolívar, que predomina.

Bolívar, en Lima

El Libertador había de ser notable con la espada y la pluma, en ambas diestro, su rasgo importante radica empero en su atildada prosa y rico vocabulario. José Antonio de Sucre y Alcalá, el Mariscal de Ayacucho, sería el realizador de la grandeza de Bolívar. Grupo ecuestre que inmortaliza al general cumanano, brazo derecho del Libertador caraqueño, se yergue magnífico dentro de aquella plazoleta del área del Parque de la Exposición. Copia de ese monumento a Sucre luce la Plaza Mayor de la ciudad de Huamanga. Fue asesinado en las montañas de Berruecos, en el Ecuador.

Escondido entre las verjas del Parque de la Exposición, raudo, como si quisiera alcanzar la calzada de la Avenida Arequipa, con su típico caballo de paso peruano, vestido con el poncho, pañuelo al cuello y aprestos costeños, el puertorriqueño don Fermín Tangüis, borincano de nacimiento y peruano de corazón, lleva suave la rienda y la mirada digna y calma mientras su jaca de fina ambladura le transporta en eterna actitud. En su fundo Urrutia, de los campos de Pisco se cultivaba, a salvo de las plagas, el injerto del estupendo algodón peruano que los expertos de Liverpool bautizaron con su apellido germano en 1910.

Fermin Tangüis

Nada más representativo en los barrios altos y la plaza Santa Ana que el milanés Antonio Raimondi Dell’Accua; viajero conspicuo del Perú del ochocientos; no se cansa permanecer de pié -investiga algún espécimen- la mirada fija con la lupa ante los ojos.

 Raymondi

Sus preciosos tomos El Perú y Atlas del Perú, esperan olvidados en busca de algún mecenas para su reproducción y divulgación. ¿Qué nos pasa señores?

Militares, más que civiles tienen asegurada la memoria ciudadana en el mármol y en el bronce, por lo menos en Lima. Pero nadie escatimará que en su tiempo los hechos que produjeron fueron paradigma que les ha reconocido la posteridad de un monumento.

El protomédico ariqueño, don Hipólito Unánue Pavón, editor de El Mercurio Peruano, célebre periódico que llegaba a sus suscriptores por entregas en el formato de cuartilla, fue en los albores coloniales y todavía lo es, fuente de conocimiento del Perú. El mármol que perenniza al sabio lo muestra en actitud sedente en el precioso patio de la Facultad de Medicina San Fernando, a la vera de la remozada Av. Grau.

En bronce y sobrio pedestal de mármol de fina factura, se luce don Bartolomé Herrera, sentado de espaldas al antiguo local de la Universidad Mayor de San Marcos en el Parque Universitario; el eminente e ilustrado clérigo arequipeño nacido en 1808 y fallecido en 1864, con un ademán de la mano expone… educado en el célebre Convictorio de San Carlos, fue esclarecido pensador, conservador ultramontano por esencia, y consecuente antiliberal.

Del lado del Hotel Lima Sheraton, por la Avenida Wilson, el mestizo cusqueño Inca Garcilaso de la Vega contempla la Lima bullanguera, cargada de hollín, tráfago de vehículos y ambulantes. Posiblemente medita este desconcierto en su fresca y acogedora casa en la lejana Córdoba, preocupado por qué el Perú aún no la ha adquirido. Prepara en tanto, subido sobre su pedestal en Lima, algunas notas para sus Comentarios

Garcilaso

Una fontana con el dios Neptuno, tridente, peces y ninfas luce espléndido; es la única muestra de ese tipo a la romana en todo el Perú, se ubica dentro del área cercada del parque Neptuno en la Av. Wilson. ¿Nuestra Fontana Trevi?

Otro, totalmente en mármol, obsequio de la colonia China por el primer centenario de la Independencia del Perú, se levanta a un lado del Palacio de la Exposición o Museo del Arte, en el Paseo Colón. El agua que vierte de un cántaro un niño desnudo puede tener efectos hipnóticos si se sostiene la contemplación.

Entre el bosquecillo de ficus, con borde a la Avenida a la que ha prestado su nombre, la Patria agradecida extiende la mano al almirante Berguesse du Pettit Thouars. Mármol y bronce ricamente trabajados. La decidida conducta del comandante de la escuadrilla francesa, surta en el Callao, desalentó al engreído vencedor de San Juan y Miraflores de la destrucción de Lima después de los luctuosos 13 y 15 de enero de 1881.

El porte militar, jinete de buena monta, del mariscal Andrés Avelino Cáceres Dorregaray es el motivo principal de una plaza en Jesús María. El Brujo de los Andes, dolor de cabeza del invasor chileno, fue admirado -y de hecho se constituyó en constante invitado- en la Prusia del Kaiser Guillermo I. El mariscal quien representó al Perú en Berlín solía acudir con alguna regularidad por invitación del emperador al Schloss aus Charlottenburg, para narrar al monarca episodios de la campaña de la Breña. Servía de intérprete a tan distinguidos personajes el coronel cajamarquino Julio C. Guerrero, ayudante del mariscal. (Ver)

Cáceres

Alegórico más que expresionista, lanzado su caballo hacia el espacio, no permite que la enseña patria sea presa del enemigo quien, por antonomasia, es el portaestandarte del Perú. Muy lejos de su casa solariega de la quebrada de Aroma en Tarapacá, donde transcurrió su infancia, el bizarro coronel Alfonso Ugarte Vernal, ahora cabalga en la limeña Av. Javier Prado. Ese salto del Morro, que inmortalizó en Arica la mañana del 7 de junio de 1880, es tema que no se olvida y su impronta grabada en acero retempla el alma de todo peruano, pero aún más si se trata de cualquier ex alumno del colegio que lleva su nombre.

 

Alfonso-Ugarte

José Santos Chocano, dice de Alfonso Ugarte:

“………………………………………………”

“De pronto en un corcel, entre el tumulto

que arrolla el invasor, rápido avanza

Alfonso Ugarte; esgrime un meteoro.

Tal en las sombras del dolor oculto

brilla, a veces, un rayo de esperanza…

Es blanco su corcel (cascos de oro

y pupilas de Sol). Rasga la bruma

como flecha veloz; y sobre el alta

cumbre, erguido en dos pies, salpica espuma

con relinchos de horror… ¡y luego salta!

Estrellóse, por fin, en la ribera,

y la ola, al besarlo, lastimera,

lo envolvía en la mortaja de su espuma;

mientras un solo instante, uno tan sólo,

detuvo su fragor la lucha fiera;

que todos, todos, con sorpresa suma,

parecían mirar entre la bruma

el rayo aún de esa veloz carrera…

Muy próximo al monumento del coronel Ugarte se alza el de otro distinguido militar en la avenida Javier Prado en el crucero con la avenida Pershing, es la magnífica estatua ecuestre del general argentino Mariano Necochea, tantas veces herido por lanza y sable pero vencedor de la Independencia.

 

Mariano Necochea

Las estatuas de Lima, pálidamente descritas, son trasunto de nuestra historia, algunas de ellas producto del cincel de maestros sin par.

Fuentes gráficas:

Monumento al Generalísimo San Martín.- Fotografía del señor Pedro José Abad.  http://accidentetranvia.blogspot.com/

Bolívar.- Internet

Pando, 19 de abril, año 2004.

Publicado por Luis Siabala Valer Etiquetas: ayudante, Cajamarca, Cáceres, Guillermo, Kaiser, Prusia en 4:39

3 comentarios:

Alejandro Reyes Flores dijo…

He visto y leído tu artículo, siempre provocador y sugerente sobre algunos monumentos de Lima, yo estoy en ello en la zona de los Barrios Altos. Terminé el año 2009 escribiendo y he comenzado el 2010 escribiendo, lo había determinado así, quizás sea una manera de exigirme más. Lo de los Barrios Altos, está resultando un “hueso duro de roer”, me está costando bastante, pero lo estoy haciendo con gusto, voy saliendo de la “maraña” de información, espero terminarlo este año, es el objetivo que me he fijado. Espero conseguirlo para entrar de lleno a los sobrevientas de la Guerra del Pacífico. Lucho, un fuerte abrazo y siempre expedito para vernos y charlar con Jorge, Palacios y otros amigos.

Alejandro

2 de enero de 2010, 13:19

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO LUCHO, COMO SIEMPRE TUS ARTICULOS SON DE GRAN FACTURA HISTORICA Y MONUMENTAL…CREO QUE GUERRERO, SECRETARIO DE CACERES Y EDITOR EN ALEMAN DE LA REVISTA ¨¨DE RE BELLICA¨¨, FUE JULIO C. GUERRERO, CON QUIEN TENEMOS UNA DEUDA MONUMENTARIA Y MONUMENTAL

FELICITACIONES

RAFAEL

3 de enero de 2010, 7:24

José Abad dijo…

La descripción de estas esculturas provoca una gran emoción y nos hace reflexionar sobre la carencia de modelos y líderes en los tiempos actuales.

Bello artículo, don Luis Siabala, ha vuelto a la vida a aquellas estatuas que son referentes de calles, plazas e instituciones.

Quizás Francisco Pizarro le reclame a su pluma y otras también quisieran contarle como han “caminado” por la ciudad ya que no se encuentran en el lugar donde por primera vez se les rindió homenaje.

16 de julio de 2010, 12:07

DOMINGO, 3 DE DICIEMBRE DE 2006

Uno de los capitanes de Bolognesi

JUEVES, 22 DE ABRIL DE 2010

 roque-saenz-pena1

General Roque Sáenz Peña Lahitte (Buenos Aires 1851 – 1914)

 Héroe del Morro de Arica

Presidente de la Argentina

Personajes de la Guerra del Salitre

 Infantería

El monumento que se levanta en Lima en el distrito de San Isidro, muy cerca de la intersección de la avenida Javier Prado con Camino Real, conserva la memoria de un personaje militar atado a la historia nacional con los vínculos de la sangre derramada en Tarapacá y Arica, se trata del capitán argentino, teniente coronel y posteriormente general del ejército peruano, don Roque Sáenz Peña Lahitte, uno de los pocos sobrevivientes del asalto chileno al Morro de Arica el 7 de junio de 1880.

 Asalto al Morro de Arica

El asalto al Morro de Arica. Juan Lepiani (1895) Museo de los Combatientes del Morro. Lima

En la batalla de Tarapacá (27 de noviembre de 1879) sirve bajo el mando del coronel Andrés Avelino Cáceres, cuando se obtiene un triunfo aplastante aunque transitorio sobre las tropas de Chile.

Uno de los lados del pedestal de su monumento en Lima registra el mensaje que expresa la razón por las que nuestro actor hizo las armas por el Perú en horas de guerra:

Palabras de Roque Saenz Peña_picnik

Placa en el monumento al General Roque Sáenz Peña, Lima, Av. Javier Prado

7 de junio de 1880.- Producida la pérdida del Morro después que el puñado de hombres de Bolognesi vendiera caras sus vidas, en medio del tropel y el tráfago de los instantes postreros, Sáenz Peña, herido en el brazo derecho, contempla el tendal de cadáveres entre los que destaca el del anciano jefe de la plaza y sus comandantes; de inmediato el capitán argentino y comandante peruano, segundo jefe del batallón Iquique es tomado prisionero. Su primer jefe, coronel Alfonso Ugarte, pocos instantes atrás se había lanzado del morro bandera en mano jinete de su brioso alazán, para pasmo de propios y extraños (Ver).

Ajeno a cualquier pedido por salvar la vida mantiene el porte militar ante su captor, con la dignidad de un soldado que acaba de ser vencido pero contagiado del valor de subordinados y camaradas que han muerto firmes en el cumplimiento de su deber. Viste levita azul negra, como de marino; el cinturón, los tiros ausentes del sable, encima de la levita; pantalón borlón, de color un poco gris; botas granaderas y gorra. A primera vista se descubre al hombre culto, de mundo. Antes de abrigar la carrera de las armas se había recibido de abogado.

Así, consideraciones de esa naturaleza de dignidad, valor y el de su nacionalidad argentina le alejan del pelotón de fusilamiento y pasa como prisionero, entre los poquísimos que quedaron con vida en aquella valiente jornada en las alturas de la histórica mole al sur de Tacna. Más tarde será entregado a la superioridad militar que lo deposita en la Aduana y después embarca en el vapor Itata.

Roque Sáenz Peña queda sometido a un consejo de guerra y se le confina cerca de Santiago de Chile. Puesto en libertad luego de tres meses, a instancias de su familia y del gobierno argentino, regresa a Buenos Aires en septiembre de 1880. El Congreso de la Nación Argentina, en voto unánime, le devuelve la ciudadanía argentina, que había perdido de jure al incorporarse al ejército peruano.

 Bolognesi y sus comandantes

En la foto (junio 1880), Roque Sáenz Peña (primero de derecha a izquierda) junto a los oficiales del coronel Francisco Bolognesi, previa a la batalla del Morro. Existe duda con relación a que el grupo de los distinguidos jefes del staff que aparecen con el ínclito coronel Bolognesi fuere quienes posaron para esta toma pues su autenticidad no estaría certificada. Como quiera que se trata de la foto que se exhibe en la Casa de la Respuesta en el puerto de Arica la coloco en esta crónica con la recomendación que sea efectuada o expresada tal verificación, pues la verosimilitud merece un estudio de expertos en historia del arte y aquellos que tienen jurisdicción y competencia para ello en materia fotográfica, asunto que me permito recomendar sea atendido por la autoridad competente

Buenos Aires, 19 de marzo de 1851.- Nace Roque Sáenz Peña, hijo de Luis Sáenz Peña, presidente de la nación de 1892 a 1898 y Cipriana Lahitte de Sáenz Peña. Provenía de una familia partidaria de Juan Manuel de Rosas; sus abuelos paterno y materno, Roque Julián Sáenz Peña y Eduardo Lahitte, habían sido diputados de la Legislatura durante el gobierno de aquel. Después de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros, la tradición federal de los abuelos y del padre, que no cambiaron sus convicciones, los mantuvo alejados de la función pública.

Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1875 se graduó de doctor en Derecho.

Durante la Revolución de 1874 defiende a las autoridades de la nación como capitán del regimiento N° 2. Vencida la revolución, es ascendido a Segundo Comandante de Guardias Nacionales, pero solicita ser relevado de filas. Opositor a Mitre, milita en el Partido Autonomista y en 1876 es elegido para una banca de Diputado en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Llegó a desempeñar la presidencia del cuerpo a los 26 años, siendo así uno de los presidentes más jóvenes de la Cámara. En 1878, a raíz de las disidencias producidas dentro del autonomismo con motivo de la política de conciliación iniciada por el presidente Avellaneda a la que Sáenz Peña se oponía, renunció a su cargo y terminó por abandonar transitoriamente la política.

Al declararse la guerra entre Chile y Perú, en 1879, se ausenta silenciosamente de su país y viaja hacia Lima. Ofrece sus servicios al Perú, que le otorga el grado de Teniente Coronel (Comandante). Con este grado pelea en San Francisco, Tarapacá y el Morro de Arica.

23-gral_ roque saenz pena_ inauguracion monumento a bolognesi 1905 copia

 Como Jefe de Línea, en uniforme de general de brigada, desfila por Lima en junio de 1905

Lima, miércoles 7 de junio de 1905.- En esa fecha, veinticinco años después de la famosa gesta, huésped del Perú en reconocimiento a su actuación durante la guerra del Salitre, es invitado oficialmente para inaugurar el monumento al héroe peruano Francisco Bolognesi Cervantes en la amplia plaza de su nombre. Es el primer gobierno del doctor José Pardo y Barreda (1904/08) Pronuncia un encendido discurso, pieza elocuente de épica retórica que ahora reproducimos; recibe la medalla de oro que se le otorga por ley del Congreso y los galones de general de brigada del ejército peruano.

 Bolognesi, por Querol BN

 Detalle del magnífico monumento al Héroe del Morro, del escultor español Agustín Querol y Subirats, ahora en el castillo del Real Felipe, Callao

Su discurso:

Coronel Bolognesi: uno de tus capitanes vuelve de nuevo a sus cuarteles, desde la lejana tierra atlántica, llamado por los clarines que pregonan tus hechos esclarecidos… llegamos a honrar sus actos que te dieron el renombre en la hora justa y en su momento histórico cuando ya no gravitan sobre la tierra sino escasos eslabones de tu generación.

Señores: le conocí batallando sobre el Cerro de Dolores… llegó a Tarapacá y conquistó el laurel marcial… fue en Arica donde me honró con su amistad, en esa relación íntima de una guarnición bloqueada.

Pelearemos hasta quemar el último cartucho, soberbia frase de varón, con digno juramento de soldado… y el juramento se cumplió por el Jefe y por el último de sus soldados.

Coronel Bolognesi: tus sobrevivientes te saludan, todos rodeamos tu monumento, no falta a esta cita ninguno de tus soldados y todos venimos a refrescar en el recuerdo las horas gratas de tu dulce amistad y a sentir las emociones y regocijo de tu pueblo en esta fecha nacional, porque a los muertos ilustres no se lloran: se saludan, se aclaman y se veneran…

En 1906 el gobierno de José Figueroa Alcorta lo designa representante extraordinario para asistir a los actos de la boda de Alfonso XIII de España. Allí es nombrado enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante España, Portugal, Italia y Suiza. De regreso a la Argentina, en 1907 es nombrado para encabezar las misiones diplomáticas en Suiza e Italia. Llegado a Roma, recibe instrucciones de su gobierno para representar al país en la segunda Conferencia de Paz de La Haya; allí sostendrá una posición favorable a la creación de un tribunal internacional de arbitraje.

En 1909 forma parte del tribunal arbitral que lauda las diferencias entre Estados Unidos y Venezuela. Su misión diplomática ante los gobiernos italiano y suizo se prolonga hasta 1910; en Italia se enterará de su proclamación como candidato a Presidente de la República. Su candidatura era apoyada por los partidarios de incluir a las minorías en el sistema político.

Presidente de la Nación.- El comicio electoral de 13 de marzo de 1910, lo elevó a la primera magistratura. Asumió la presidencia el 12 de octubre de 1910.

Bajo su mandato se vota la ley electoral basada en tres elementos clave: el voto secreto, obligatorio y universal, utilizando el padrón militar. La ley fue un gran avance en su tiempo ya que permitía a grandes masas participar del acto electoral, aunque aún distaba de ser completamente universal: las mujeres y los extranjeros (que por entonces eran una gran parte de la sociedad) aún no tenían derecho a voto. Además, aunque los extranjeros no votaban, en cambio eran tenidos en cuenta al determinar la población de los distritos y la cantidad de diputados que podían elegirse por cada uno. Esta sería proclamada el 10 de febrero de 1912 como Ley N° 8871, conocida desde entonces como “Ley Sáenz Peña”.

Fallecimiento.- Desde el momento de su asunción como presidente, su salud no era buena, pero empeoró sensiblemente a partir del año 1913. Finalmente delegó el mando presidencial en su vicepresidente Victorino de la Plaza.

Murió el 9 de agosto de 1914, dos años antes de terminar su mandato. Yace en el cementerio de la Recoleta de la capital bonaerense.

Su figura es recordada en el Perú, algunas ciudades de han dedicado una calle con su nombre o levantado monumento en su memoria. El puerto del Callao tiene por avenida principal la céntrica Sáenz Peña.

General Roque Saenz Peña

Monumento al general Sáenz Peña en la Av. Javier Prado, Distrito de San Isidro, Lima

Fuentes:

Wikipedia, la principal.

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/saenz_pena.htm

Fotos:

Internet

Mármol y monumento en la Av. Javier Prado, del autor.

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 1:33:00

Etiquetas: argentino, Arica, brigada, Buenos Aires, capitán, general, Javier Prado, monumento, Tarapacá

6 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

EXCELENTE ARTÍCULO. HERMANO LUCHO…COMO BIEN SABES EL MONUMENTO DE QUEROL A BOLOGNESI FUE CRITICADO POR MANUEL GONZALEZ PRADA Y POSTERIORMENTE REEMPLAZADO

UN ABRAZO

RAFAEL

22 de abril de 2010, 22:53

Carlos Urquizo dijo…

Está muy generalizada la creencia de que el mundo político corrompe a las personas que viven dentro de dicho ambiente, pero este interesante artículo nos muestra un ejemplo real de que la persona que tiene sólidos principios morales, no será contaminada.

En efecto, Roque Sáenz Peña nació en el seno de una familia eminentemente política, sin angustias económicas y lógicamente sus actividades durante su vida fueron de índole política.

Sin embargo entre los 29 y 30 años de edad, abandonó su hogar y su patria, llegó al Perú donde según reza su mensaje labrado en el pedestal de su monumento, cuya fotografía el Dr. Siabala ha reproducido en este artículo, rechazó a los intereses subalternos, reconoció con impresionante claridad el llamado de la Patria Grande (Sur América) a sus hijos de todas las nacionalidades y con una generosidad saturada de la más pura nobleza, se incorporó al ejército peruano para luchar contra el agresor chileno, acción que casi le costó la vida. Después Sáenz Peña volvió a su país, donde continuó una destacada carrera política.

En nuestro Perú, no exigimos a los políticos que se inmolen por América, pero ¿Sería mucho pedir que rechacen las tentaciones ilícitas y ofrenden lo mejor de sus habilidades para legar a nuestros descendientes un Parú mejor que el actual? ¡Después de todo esa es la obligación principal de su trabajo!

Carlos Urquizo

25 de abril de 2010, 21:57

Marco Antonio dijo…

Estimado Lucho:

Además de muy bien escrita (como ya nos tienes acostumbrados), la nota es muy importante para el momento actual porque la integridad de un hombre como Roque Sáenz Peña se hace extrañar ante los escándalos que genera el comportamiento de algunos políticos así como de algunos hombres de armas.

Es muy importante la reseña que haces de la vida de Sáenz Peña antes de servir en el Ejército Peruano… No es un chispazo. Es toda una trayectoria de vida ejemplar que empieza en el hogar. Me hace pensar que muchos de los hogares Peruanos tienen que estar muy mal para dar tales frutos como los que nos escandalizan hoy.

Muchas gracias por darnos la oportunidad de “respirar aire limpio”.

Marco Campos

30 de abril de 2010, 18:02

José Abad dijo…

Muy buen post en homenaje a un gran personaje de nuestra historia.

Hay una nota sobre la estadía en Lima de Roque Sáenz Peña en:

http://accidentetranvia.blogspot.com/2010/02/presidente-argentino-tuvo-accidente-con.html

19 de mayo de 2010, 18:30

Juan Pablo Vitali dijo…

Estimado amigo:

En nuestra pasada historia, difícil era el combate pero glorioso. La duda y la ideología no emponzoñaban al extremo la política como ahora. Éramos criollos en un sentido amplio e inclusivo, que nos permitía construir patrias como las nuestras, y que fueran también una sola patria.

El ejército peruano ha sido siempre un ejército valiente, sanmartiniano, orgulloso, y sólo la miopía o la mala intención de nuestras dirigencias, ha hecho que nuestra unidad no sea mayor.

He sido educado en una forma de pensar que evita la dialéctica izquierda y derecha, capitalismo y marxismo, explotación y resentimiento, blancos y aborígenes, y tiende a la superación constructiva de las contradicciones, mediante una identidad original y unas respuestas también propias a los problemas.

Creo que esa idea, esa forma de actuar y de pensar fue un el criollismo, y puede que a la luz del iluminismo resulte algo conservador, pero ser conservador contra el sentido del mundo implica también de algún modo ser revolucionario.

En el museo histórico nacional de Argentina está la primera bandera peruana que dibujó San Martín. El museo está prácticamente cerrado como lo está la Argentina. Perú debería reclamar esa bandera que le pertenece por derecho, después de todo, su ejército ha resultado ser más sanmartiniano que el argentino.

Mi más cálido saludo y agradecimiento por haberse acordado de mí y enviarme su bello artículo.

Juan Pablo Vitali.

Buenos Aires, Argentina

10 de septiembre de 2010, 19:53

alegguay dijo…

Excelente la reseña y los comentarios d este héroe de la causa Americana. Si alguno conoce y sabe de algún libro o escritos de Sáenz Peña en la Guerra del Pacifico por favor páseme el dato lo agradeceré. Desde mi querida Patria Argentina un gran abrazo.

Gaston Lombardi Bohowicz

Prof. de Historia

25 de febrero de 2011, 14:02

Baldomero Espartero en el Perú

LUNES, 24 DE MARZO DE 2008

 Baldomero Espartero, Wikipedia

 Notas sobre un militar afortunado

Eran los días cuando la independencia de las lejanas colonias españolas de América meridional germinaba efervescente; las juntas de gobierno, al igual que en la metrópoli, brotaban por doquier en las vastísimas extensiones del dominio español y el virrey Fernando de Abascal, desde el Perú, sofocaba los levantamientos con hábil eficacia y denodado esfuerzo.

La presencia de Napoleón en España, que había colocado en el trono hispano a su hermano José y al legítimo rey Fernando VII al otro lado de la frontera de los Pirineos, mantenía ocupados a los españoles en los esfuerzos de la resistencia.

La historia estaba a punto para decantar a un personaje.

Joaquín Baldomero Fernández Espartero Álvarez de Toro, Conde de Luchana, Duque de la Victoria, Duque de Morella, Vizconde de Banderas y Príncipe de Vergara, nació en Granátula de Calatrava, Ciudad Real, el 27 de febrero de 1793. Así recoge la biografía oficial los títulos nobiliarios y los datos del nacimiento de este personaje.

De humildísimo origen; de joven, fiel a la inveterada costumbre española, se le había destinado para sacerdote, pero bien pronto supo que su vocación por las armas era de mayor fuerza que por la de la sotana. Tomó plaza desde temprano en los regimientos de línea y asistió a todos los combates que libraron la guerra de independencia contra los franceses, de feliz corolario con la victoria de Bailén.

Para reforzar al virrey del Perú, la corte de Fernando VII había conseguido desplazar a ultramar a seis regimientos de infantería y dos de caballería, a las órdenes del general Miguel Tacón y Rosique; entre los oficiales de aquella expedición venía Espartero en septiembre de 1814, con en el grado de teniente del Regimiento Extremadura, embarcando en la fragata Carlota hacia América, el 1 de febrero de 1815, para reprimir la rebelión independentista de las colonias. Así, el joven oficial quedó integrado en una de las divisiones que se dirigieron hacia el Perú desde Panamá.

Llegaron las tropas al puerto de El Callao el 14 de septiembre y se presentaron en Lima; venía con ellos la orden que disponía sustituir al virrey del Perú, Fernando de Abascal, Marqués de la Concordia por el general Joaquín de la Pezuela, flamante Marqués de Viluma.

Bien pronto veremos a Espartero en acción exitosa; forma parte del comando del brigadier Jerónimo Valdez que opera en Torata con base en Moquegua. Su carácter fuerte y templado en el combate le hacía eficaz, astuto y cruel con el vencido. Se trataba de evitar la penetración al Perú de fuerzas hostiles procedentes de Chile y las Provincias Unidas del Plata, al mando del general José de San Martín.

Para obstaculizar aquellos movimientos, se fortificaron Arequipa, Potosí y Charcas, tarea que emprendió Espartero con energía y acierto, gracias a sus dos años de formación en la escuela de ingenieros. Entonces le llegó el ascenso a capitán el 19 de septiembre de 1816 y, antes de cumplir un año en ese servicio, el de segundo comandante. En 1823 era ya coronel de Infantería a cargo del Batallón del Centro del ejército del Alto Perú. El 9 de octubre de 1823 el victorioso comandante fue ascendido a brigadier otorgándosele el mando del Estado Mayor del Ejército del Alto Perú.

Es en Arequipa, bella ciudad del sur en la que el militar español se labraría un afecto reciproco con miembros de la sociedad. Allí encontraría en una bella joven de la aristocracia local espacio para los sentimientos.

Gobernaba ya el Perú, el virrey don Joaquín de la Pezuela, inteligente militar del arma de artillería en quien el virrey Abascal había cifrado su mayor confianza y no se había equivocado. Fue enviado al Alto Perú para contener a los rebeldes bonaerenses que victoriosos en La Plata querían extender sus éxitos por los altos páramos del sur del Perú. De la Pezuela, al mando de las tropas coloniales peruanas, obtuvo sendas victorias sobre Belgrano en Vilcapuquio y Ayohuma, y la más importante en las punas de Sipe Sipe, en Viluma, sobre las fuerzas argentinas de Rondeau. La recomendación de Abascal, por esta meritoria conducta, hizo que se elevase al brigadier al rango nobiliario de marqués de Viluma, como jefe del Ejército del Alto Perú.

Pronto reemplazaría al propio Fernando de Abascal, el marqués de la Concordia, en el elevado cargo de virrey del Perú, conforme los hechos y las circunstancias que hemos narrado.

Pero los jóvenes brigadieres españoles llegados al Perú, sobre los que ejercía predominio don José de La Serna e Hinojosa, veían en el virrey un militar anticuado en sus procedimientos y por demás tolerante con los criollos, política que había heredado del sagaz Abascal, gracias a lo cual se le había conferido el apropiado título de Marqués de la Concordia. Ellos mismos eran de esa nueva casta, que como Espartero habían sido testigos de las bondades del liberalismo constitucional votado en Cádiz y por lo tanto les resultaba el virrey, amén de lo dicho, un conservador a ultranza.

A poco se confabularon para derrocarlo, hecho que siguió del llamado motín de Aznapuquio, que tuvo lugar en una hacienda cercana a Lima, el 29 de enero de 1821.

El depuesto de la Pezuela dejó palacio y marchó con su familia y escolta a su bella residencia de la Magdalena, villorrio al oeste de la capital, de clima benigno, estancia apacible y confortable. Poco después el marqués embarcó para España. Al expresar su informe al rey, de inmediato quedó investido de honores amén de un elevado cargo militar.

Naturalmente, el pronunciamiento de La Serna al deponer al legítimo gobernador, había quedado en cuestión. Para evitar males mayores urgía poner al rey al tanto de las circunstancias que dieron motivo a esta destitución. Se decidió entonces enviar a España a un emisario. No se encontró mejor persona para ello que la de don Baldomero Espartero.

Entonces el joven brigadier dejó Arequipa y embarcó para España desde el puerto de Quilca, el 5 de junio de 1824, en un barco inglés. Llegó a Cádiz el 28 de septiembre y se presentó en Madrid el 12 de octubre. A las calidades de resuelto amador y empedernido jugador, sumaba Espartero un hábil trato; consiguió de Fernando VII el crédito suficiente para que La Serna quedase confirmado en el gobierno del Perú y en posición de tan buenas nuevas inició su retorno. Embarcó en Burdeos camino de América el 9 de diciembre, coincidiendo la fecha con la pérdida del Virreinato del Perú.

Un viaje largo, por supuesto, lo suficiente para que en la vieja colonia ocurriesen hechos notables. Es así, que durante su ausencia se había dado la victoria de Ayacucho y los ejércitos aliados comprometidos en esa justa dominaban el Perú ya independiente.

Pero Espartero no lo sabía y al tocar tierra en Quilca el 5 de mayo de 1825, sin noticias del desastre de Ayacucho, es tomado prisionero por lucir uniforme español y portar armas, hecho proscrito en las Capitulaciones firmadas por Canterac en Ayacucho, que prescribían la pena de pasar por las armas al infractor sorprendido en tal estado. En consecuencia se le condujo prisionero con escolta a la ciudad de Arequipa, lugar de las preferencias sentimentales de tan importante reo, pero donde a la sazón también se encontraba el generalísimo Simón Bolívar Palacios.

Leídos los despachos relativos a la captura de Espartero, Bolívar dispuso su fusilamiento. Pero es aquí donde la suerte, esta vez en forma de bella mujer, abogara por su vida. La joven amante se presentó ante el caraqueño para rogarle redimir semejante pena; el generalísimo tampoco era del todo indiferente con las hijas de Eva.

Muy temprano por la mañana del día siguiente el carcelero recibió una nota con la orden del Libertador para que, en el término de la distancia, embarcara el preso para España, desterrado a perpetuidad. El afortunado, reo en capilla, había pasado la noche jugando en firme y logrado ganar una considerable fortuna, que los perdedores suponían jamás habrían de hacerla efectiva. Veleidades del destino, se equivocaron. Suerte en el amor y en el juego.

Llegado a España, se le consideró a Espartero uno de los ayacuchos, mote con los que el pueblo quería afear a los generales españoles vencidos en la pampa de Quinua y que en puridad de verdad no le correspondía, por cuanto, como hemos puntualizado, había salido del Perú antes de estos trascendentales acontecimientos rumbo a Madrid.

La fortuna seguiría sonriéndole, pues algún tiempo después de su llegada durante la cual optó por esposa a una acaudalada dama que lo convirtió en terrateniente, fue llamado por la regente, doña María Cristina, para colocarle al frente de los ejércitos isabelinos enfrentados en la primera guerra carlista, promovida por don Carlos Isidro de Borbón quien había levantado bandera contra la pequeña Isabel II fundado en consideración a normas sucesorias por las que reclamaba el trono para sí.

Nombrado Comandante General de Vizcaya en 1834, bajo las órdenes de un antiguo jefe suyo, el general Jerónimo Valdés, participó así en el frente norte durante la Primera Guerra Carlista, desempeñando un destacado papel, no sin antes haber puesto en fuga distintas partidas carlistas.

Espartero, retomó a las viejas tácticas de astucia y dureza excesiva contra el nuevo enemigo y con excepción de una batalla perdida consiguió con el Abrazo de Vergara, cerca de la ciudad vascuence de Vitoria, concordada con otro ayacucho el general Rafael Maroto, poner fin a esa primera sangrienta etapa de la guerra secesionista. Reanudada más tarde con mayor vigor, siguió su notable actividad distinguiéndose en esta lucha fratricida. En 1834 ascendió a Mariscal de Campo.

Esto le valió para ser nombrado Duque de la Victoria y luego Regente, en reemplazo de doña María Cristina.

Sin embargo, los vaivenes de la política le llevarían a notables cambios, uno de los cuales fue su alejamiento de la corte y su refugio en Inglaterra, para años después retornar a España y finalmente alejarse a la soledad de su casa en Logroño, localidad de La Rioja.

En esta situación, con ocasión de la revuelta del pueblo contra Isabel II, una comisión de notables se acercó a su retiro para rogarle aceptase el trono de España habida cuenta del gran vacío que había acaecido con el destronamiento de la reina, y de esta forma poner fin a los problemas de sucesión. Peligraba pues la corona. Espartero rechazó la tentadora oferta de ser rey de España, en parte por su avanzada edad y también a consideraciones políticas.

Elevado al trono el príncipe italiano Amadeo de Savoya como rey de España con el nombre de Amadeo I y primer Duque de Aosta, quedó temporalmente resuelto el problema sucesorio y el nuevo monarca concedió a Espartero el título de Príncipe de Vergara, el 2 de enero de 1872, con tratamiento de Alteza Real, un caso sin precedentes en los anales de la monarquía española.

Así, don Joaquín Baldomero Fernández Espartero Álvarez de Toro, Conde de Luchana, Duque de la Victoria, Duque de Morella, Vizconde de Banderas y Príncipe de Vergara, alcanzó la provecta edad de 86 años y falleció en Logroño, el 8 de enero de 1879, en poder de considerable fortuna pero sin sucesor directo pues no había dejado descendencia.

 

Borbones, FernandoVII, el Deseado

Publicado por Luis Siabala Valer en 5:56

2 comentarios:

Rafael Córdova dijo…

Excelente artículo, mi hermano… Espartero motivó a que un torero famoso llevase su nombre y una de las 4 sevillanas es Espartero, si seño… en “Los Ayacuchos”, de Benito Pérez Galdós, figura su nombre al igual que el “Godo Maroto”, en una tradición de Ricardo Palma.

Como decía Palma… si los arequipeños fueron patriotas tibios, las arequipeñas fueron más godas que don Pelayo.

Finalmente, me parece que el verdadero nombre es pampa de Quinua, por favor verifica.

Un abrazo

Rafael

26 de marzo de 2008, 18:33

Jorge Bejar A dijo…

Estimado Lucho, te felicito por tu dedicación y empeño en divulgar episodios olvidados o ignorados de nuestra historia. Un pueblo que olvida su pasado está condenado a repetir sus errores. Tu labor es especialmente valiosa para las nuevas generaciones a quienes es imperativo hacer llegar estas patrióticas remembranzas.

Un fuerte abrazo,

Jorge Bejar A

Condiscípulo Ugartino 1956

3 de abril de 2008, 1:09

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Luis Montero y los Funerales de Atahualpa

DOMINGO, 21 DE NOVIEMBRE DE 2010

Para don Pedro José Abad

 

Los Funerales de Atahualpa. Luis Montero

 Interesante trayectoria de un cuadro itinerante

El paso fugaz por la vida y la construcción de una celebridad, son las dos características de don Luis Montero Cáceres, pintor piurano, hijo de un comerciante de San Miguel de Piura, quien solicitó al quiteño José Anselmo Yáñez impartirle sus primeras lecciones de pintura. A los once años, en 1837, las recibe también del dibujante Robert Tiller, francés que purgaba delito por falsificación de moneda en la cárcel local.

Nuestro biografiado, aficionado temprano a las bellas artes, llegó al mundo en 1826 y lo dejaría 43 años después, una temprana partida en 1869 que si bien truncó para las artes nacionales la tarea de un productor excelso, no fue óbice para que legara aquella importante obra que ahora nos ocupa.

Es para 1843 cuando ingresa en la Academia de Dibujo y Pintura que regentaba en Lima desde fines de 1840 su paisano y notable maestro, don Ignacio Merino tan solo durante un semestre; Merino fue su primer maestro de pintura, lo fue también de Ipinza, Laso, Masías y Torrico. Pero la necesidad de recursos hace que Montero se dedique al comercio; es así que torna dependiente de una tienda de Lima y para 1847 dirigía un negocio en Ica.

Resulta anecdótico, cuando no verosímil, que aquel retrato que hizo en miniatura del general Ramón Castilla Marquesado, en 1848, entonces elevado como jefe de la junta de gobierno en 1844, fuera el origen de una beca para Montero. Mostrada, la diminuta pieza causó sensación por la precocidad artística de su autor y la fidelidad.

Se dispuso el monto de cuatrocientos soles mensuales y su partida a Italia para estudiar en firme las bellas artes. En Florencia, la medieval y legendaria ciudad toscana, ingresó en la academia de los maestros Guiseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini.

En 1852, el Presidente José Rufino Echenique, sucesor de Castilla, posó para sus bastidores, esto es durante el gobierno que inició en 1851 y entonces renovó la pensión del artista. De esta forma Montero regresa por segunda vez a Europa, nuevamente a Florencia y pasa después a Francia; pero aquel beneficio culminó abruptamente con la batalla de La Palma (5 enero, 1855) la derrota de Echenique y su inmediata deposición por el victorioso jefe de la Restauración, el mismo general Castilla. Montero queda entonces sin recursos y retorna a Lima en 1856.

Su fama acreció en la capital peruana con la factura de retratos de personajes de la sociedad y temas de extracción clásica. No fue vasta la producción de Montero, por el contrario resultó escasa. En 1860 se realizó en Lima la primera exposición de pintura, y el artista participó presentando 19 cuadros que le valió una nueva beca del gobierno para que continuara sus estudios en Italia y Francia; radicó en Florencia, después viajó a Cuba, donde estableció un concurrido estudio en La Habana. Había vuelto por tercera vez a Europa.

Los Funerales de Atahualpa

En Florencia emprende su famosa obra, es allí donde con tesón y acusado acento academicista se ocupó de trasladar al lienzo y al óleo, en proporciones generosas, (350 x 430 cm) uno de los momentos dramáticos de la conquista del Perú: aquél cuando habrían tenido lugar las exequias del emperador inca para quien Pizarro ordenó vil garrote, pese haber obtenido el codicioso conquistador extremeño cuantioso rescate en oro, impresionante recaudo, posiblemente uno de los mayores que haya pagado cautivo alguno desde la más remota antigüedad.

El cuadro de proporciones generosas, hermosamente enmarcado, decorado en pan de oro lleva el nombre del acontecimiento histórico: Los Funerales de Atahualpa.

Ejecutado con factura académica de marcado dramatismo, conforme lo aseguran los expertos, efecto que tampoco pasa desapercibido para los profanos, resulta la versión histórica dada a conocer por cronistas de la conquista y explicados literariamente por Guillermo Prescott; pero usando, con libertad o licencia, de los cánones de la historia del arte elementos no correspondientes a la cultura inca ni ajustados a la raza cobriza del pueblo conquistado.

Con relación a estos mortales despojos imperiales, describe el hecho el historiador norteamericano Prescott en La Conquista del Perú:

[…] “indígenas” lloran y tratan de acercarse al cadáver del Hijo del Sol. Los soldados contienen al desordenado tropel de mujeres que interrumpen la ceremonia religiosa. Se celebraron sus exequias con gran solemnidad. Pizarro y los principales caballeros asistieron de luto, y las tropas escucharon con devota atención el oficio de difuntos, que celebró el padre Valverde. Interrumpieron la ceremonia muchos gritos y sollozos que se oyeron a las puertas de la iglesia, las cuales abriéndose de repente, dieron entrada a gran número de indias esposas y hermanas del difunto, que invadiendo la gran nave, rodearon el cuerpo diciendo que no era aquél el modo de celebrar los funerales de un inca y declarando su intención de sacrificarse sobre su tumba… Después las intimaron que se saliesen de la iglesia, y muchas de ellas al retirarse se suicidaron con la vana esperanza de acompañar a su amado señor en las brillantes mansiones del sol […]

De ello habría resultado esta versión pictórica que presentamos en dos partes, para ensayar alguna descripción por separado:

Las concubinas de Atahualpa

  LAS CONCUBINAS, MUJERES Y HERMANAS DE ATAHUALPA

Con excepción del monarca, exangüe en su litera con ropajes ajustados al atuendo inca, con grilletes, aherrojado a su lecho mortuorio posiblemente para mantenerlo a salvo, las mujeres que plañen con desesperación son modelos latinas con atuendos latinos tomadas de la pintura en boga del siglo XVI. También las columnas, de forzada hechura contrastadas con los muros de clásicas hornacinas trapezoidales incásicas, son producto de imaginación y composición venidas en socorro.

Resulta justificada la necesidad de improvisar que tuvo Montero, dado que el conocimiento de la cultura inca no había alcanzado por entonces los niveles que hoy son de dominio general. Destacan otros aspectos sin embargo: Soberbio el porte de Pizarro, caballero de larga y canosa barba, que acusa la gravedad del momento vestido de oscuro, sombrero en mano; mientras activos y expresivos tonsurados dominicos rezan el responso; tan elocuente el gesto del prior Valverde que trata de convencer a una aflictiva concubina como enérgico el de los alabarderos para contener el tumulto que pugna por llegar al catafalco.

Pizarro y Aahualpa

PIZARRO Y ATAHUALPA

Deseoso de exponer su obra, posiblemente bien calificada por la exigente y entendida critica florentina, Montero decide llevarla al Perú en 1867. Emprendió el largo recorrido desde tierra toscana por el Mediterráneo, con posible partida, lo decimos usando imaginativamente de algún lógico itinerario que tiene por partida Génova y escalas en Marsella, Barcelona y Cádiz para cruzar luego el proceloso Atlántico y tocar en Río de Janeiro donde, precedido de la fama, hubo de exponerla en el Teatro San Pedro con gran suceso y homenaje ofrecido por la colonia italiana. En Buenos Aires se exhibe el lienzo desde octubre de 1847 hasta febrero del siguiente año, allí se mantuvo el mayor espacio de tiempo registrado de ese lado de América del Sur; pasa luego a Montevideo. La recaudación ayudó en mucho a la transportación hasta el Pacífico y el puerto del Callao, donde arriba en septiembre de 1868.

La muestra en Lima tiene lugar en la Escuela Normal que registra la vista poco frecuente de 15 000 personas en muy corto tiempo.

Montero retribuyó la beca concedida por el Congreso de la República obsequiando el cuadro a esa corporación parlamentaria. Le fue otorgada una medalla, el premio de veinticinco mil soles y la pensión vitalicia de dos mil anuales.

Se dispone entonces la exhibición permanente de Los Funerales de Atahualpa en uno de los impresionantes espacios del Palacio de la Exposición. Allí, en ese recinto expresamente diseñado en Francia para la Exposición de Balta que tuvo lugar en Lima en 1872, quedaría fincada desde entonces su remota sede y registrado su detalle en inventarios.

En 1869, nuestro pintor preparaba su cuarto viaje a Europa; tenía en mente otro gran lienzo sobre otro tema de historia, La Rendición de Rodil, dramático episodio que tuvo como actor principal al brigadier español José Ramón Rodil y Gayoso en los albores de la independencia -militar que mantuvo firme la bandera española en los Castillos del Real Felipe dos años más allá de la batalla de Ayacucho- es en tales circunstancias de su partida cuando el artista es contagiado de la peligrosa y letal fiebre amarilla que azotó la costa peruana y el puerto del Callao.

Don Luis Montero Cáceres fallece produciendo consternación.

Pero aquel lienzo nacido en talleres florentinos por hábiles manos peruanas estaba destinado a otro viaje, esta vez uno forzado en hora aciaga para el país. En 1881, durante la ocupación de Lima, que habría de durar, desde el 17 de enero de 1881 hasta el 20 de octubre de 1883, la ciudad se vería despojada de importante acerbo patrimonial, entre ello el famoso cuadro que toma rumbo hasta Santiago del Nuevo Extremo, que es el nombre con que bautizó Valdivia a la capital de Chile.

Don Ricardo Palma Soriano, convertido en reconstructor por entonces de la Biblioteca de Lima, ahora Biblioteca Nacional, acude al criterio del presidente de Chile, Domingo Santa María con el que guardaba amistad y consigue la devolución del cuadro de Montero cinco años después de aquella forzada partida.

Ahora, 146 (2010) años después del viaje desde la lejana Florencia el óleo sobre lienzo, clasificado dentro del género conocido como pintura de historia, está sometido a una cuidadosa restauración por mano experta con la contribución internacional, en el Museo del Palacio de la Exposición, hoy Museo de Arte de Lima (MALI) que utiliza tecnología del momento y aceptando vistas del público. En mis años escolares aquel cuadro, o la única copia oficial que se ordenó, pendía, si mal no recuerdo, de la pared de la escalera que conducía a la hemeroteca ubicada en el sótano de la anterior sede de la Biblioteca Nacional en la avenida Abancay. Resultaba impresionante.

Notas académicas tomadas del brochure oficial:

* En el siglo XIX la pintura de historia, el género más prestigioso en la jerarquía de las artes plásticas, había ampliado su rango más allá de las tradicionales escenas de la Biblia o de la antigüedad clásica para abarcar episodios de otros períodos y lugares.

* El pintor Luis Montero (San Miguel de Piura, 1826 – Callao, 1869) fue uno de los primeros artistas americanos en intentar representar la historia local en su obra Los funerales de Atahualpa, cuya compleja composición integra de manera eficaz treinta y tres figuras.

* Esta gran pintura es reconocida así como una pieza inaugural de la pintura de historia en América del Sur.

* Por su enorme formato, su inédito tema local y el dramatismo de la escena representada, el cuadro cautivó a la crítica europea y americana. En el largo recorrido que la trajo de Florencia a Lima, dejó una amplia estela de influencia que tendría una importante repercusión en tanto en el desarrollo de la crítica de arte como en la de la pintura de historia de la región. Esta exposición, organizada con el Congreso de la República del Perú, busca conservar esta obra y recuperar su compleja historia. Un equipo internacional de investigadores trabaja ahora en Argentina, Brasil, Italia y Uruguay para dar forma a un libro documentado sobre esta pintura.

* Luis Montero Inspirados por una nueva concepción estética, los artistas nacidos tras la Independencia buscaron marcar una ruptura con la tradición del arte virreinal, para inscribirse en el ámbito cosmopolita de la pintura europea. Al igual que otros pintores de su época, como Francisco Laso o Ignacio Merino, Montero viajó a Europa en busca de la formación profesional que no podía recibir en su propio país, donde no existían entonces ni academias ni museos.

* Con el apoyo del Gobierno, entre 1848 y 1850 realizó sus primeros estudios en Florencia con los maestros Guiseppe Bezzuoli y Benedetto Servolini. A su retorno al Perú en 1851 presentó El Perú libre, obra que obsequia al gobierno peruano, y La matanza de los inocentes, grandes lienzos que señalaban ya su madurez como pintor. Un segundo viaje lo lleva nuevamente a Italia, de donde pasa luego a La Habana, antes de regresar al Perú en 1859. Hacia 1862 emprende su tercer viaje a Italia. Montero solo volverá a Lima en 1868 para presentar lo que sería su obra maestra, el enorme lienzo de Los funerales de Atahualpa, que le consiguió la consagración definitiva. Poco después fallece en el Callao, víctima de la fiebre amarilla. Estaba por emprender nuevamente viaje a Europa, para realizar otra gran pintura de historia, La rendición de Rodil, una escena emblemática del fin del dominio español en América

* La escena representada La elección del tema es el primer asunto que determina el éxito de un cuadro de historia.

Síntesis de la cronología del viaje del famoso cuadro

 * Abril, 1867.- Los Funerales de Atahualpa se exhibe en el taller del pintor en Florencia. Poco después emprende el viaje a América del Sur.

* Agosto, 1867.- Se exhibe en el salón del teatro San Pedro en Río de Janeiro. La colonia italiana ofrece un banquete al pintor.

* Octubre, 1867.- En Buenos Aires se exhibe en el almacén de Fusoni Hnos. hasta fines de febrero del año siguiente. Pasa entonces a Montevideo.

* Septiembre, 1868.- Montero llega a Lima. Su cuadro se exhibe en la Escuela Normal hasta fines de octubre. Se estima que 15 000 personas visitaron la muestra.

 * Noviembre, 1868.- Montero obsequia su cuadro al Congreso de la República.

* Julio, 1872.- Junto con otras obras procedentes de la Biblioteca Nacional la obra se instala en el Palacio de la Exposición. La imagen del cuadro ilustra el billete de 500 soles emitido por el Banco Nacional.

* 6 de junio, 1881.- El Alcalde de Lima, coronel Rufino Torrico, en oficio expresa: […] Lima, 6 de marzo de 1881.- Señor D. D. Melitón Porras. Director del Hospital de la Exposición. En sesión de la fecha y atendiendo a que la Municipalidad carece de fondos que se requieren para subvenir a los gastos que demanda el Hospital de Sangre de la Exposición; y que es de imperiosa necesidad procurar esos fondos, pues así lo exige un deber humanitario y patriota: se resuelve, acéptese la idea propuesta por el Sr. Dn. Pedro Bartinelli, director de dicho Hospital en el oficio que se acompaña y en consecuencia autorizase la venta del cuadro al óleo que representa la muerte de Atahualpa que existe en el local de la Exposición, para con su producto atender a dichos gastos pagando de preferencia las deudas que existen pendientes. Que me honro comunicar a UD. para su inteligencia y cumplimiento. Dios que a UD. (Firmado Rufino Torrico.) […]

* Julio, 1881.- Lima, ocupada por tropas chilenas. El cuadro, junto a otras obras del Museo Nacional incluyendo El Perú Libre, de Montero, es llevado a Chile.

* Enero, 1885.- Es devuelto al Perú por el presidente Domingo Santa María y la gestiones del jefe de la Biblioteca de Lima, don Ricardo Palma Soriano.

* Junio, 1885.- Se traslada temporalmente a la Biblioteca Nacional para ser copiado a tamaño original por el pintor belga W. Faget. En este lugar lo vería Rubén Darío, durante su visita a Lima en 1888.

* 1906.- Con otras piezas que integran la Galería Municipal de Pintura, se instala en una de las salas del Museo Nacional establecido en el Palacio de la Exposición donde permanece hasta hoy.

* 1935.- Se emite el sello postal con motivo del IV Centenario de la Fundación de la ciudad de Lima (Enero 18 1535 – 1935) con la estampa de los funerales.

* 2010.- MALI, Una Historia Recuperada: Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero. Del 22 de octubre de 20 10 al 1 de mayo de 2011.

Dos muestras de la escasa producción de Montero:

Retaro de Anciano. Luis Montero

 RETRATO DE ANCIANO

 Venus Dormida, L. Merino

VENUS DORMIDA

Créditos y Fuentes

La Conquista del Perú (1851). De Guillermo Hickling Prescott (1796–1859) Historiador norteamericano nacido en Salem, Massachusetts. Su abuelo Guillermo Prescott servido como coronel durante Guerra revolucionaria americana. Con problemas en un ojo por un accidente en la Universidad de Harvard, donde se graduó en 1814. Realizo un extendido viaje por Europa y a su vuelta se casó, abandonó la idea de la carrera legal para dedicarse a la literatura. Después de diez años del estudio, publicó en 1837 su Historia de Ferdinand e Isabella, que lo colocó de inmediato en un alto lugar dentro de los historiadores. En 1843 siguió con la Historia de la conquista de México, y en 1847 por la Conquista de Perú. Su obra en tres tomos sobre Felipe, III volumen apareció 1858, fue dejada inacabada. Un ataque de apología en 1859 fue la causa de su muerte.

Sus severos trabajos de investigación, le caracterizaron por una energía narrativa admirable, basados en sus propias investigaciones sobre documentos inéditos en archivos de España. Prescott era un hombre del carácter amable y benévolo; gozó de la amistad de muchos de los hombres más distinguidos de Europa así como de América. Su biblioteca especializada llegó a sumar millares de libros.

Trabajos publicados

La historia de Ferdinand y de Isabella

La conquista de España

La conquista de México

La conquista de Perú

La historia de Philip II

Diccionario Enciclopédico del Perú. Tomo III, Juan Mejía Baca. Lima, 1966.- Montero, Luis.

Diccionario Histórico Biográfico Peruanos Ilustres, Camila Estremadoyro Robles, Lima, 1987.

Internet

MALI (Museo de Arte de Lima)

http://www.mali.pe/agenda_detalle.php?id=8

http://www.jdiezarnal.com/artepinturafuneralesatahualpa.html

http://www.slideshare.net/ETNILUMIDAD/zz-2-15-luis-montero-caceres-pintor-peruano-n-30

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/alma_mater/2000_n18-19/retrato.htm

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/publicaciones/alma_mater/2000_n18-19/retrato1.htm

http://galeon.com/piuraylaconquista/atahualpa07.htm

http://www.ccsm-unmsm.edu.pe/arte/expo_miguel_garcia.htm

http://blog.pucp.edu.pe/item/115713/la-toma-de-cajamarca-y-la-captura-del-inca

Publicado por Luis Siabala Valer

9 comentarios:

Pablo Alberto Livia Robles dijo…

Mi siempre muy querido Lucho:

Esta es una de las muchas y placenteras tardes que al abrir mis correos me doy con la satisfacción de encontrar y saborear uno de tus simpáticos artículos y que me hacen sentir orgulloso y agradecido a la vida de poder contemplar las maravillas de esta tierra bendita llamada PERÚ y de una pléyade de hombres nacidos en EL.

Un abrazo

Pablo

21 de noviembre de 2010, 22:38

José Llatas Román dijo…

LUCHITO:

ESTIMADO MAESTRO, ADEMÁS DE TENER LA ALEGRÍA DE HABERNOS VISTO HACE POCO, EN UN DELICIOSO ALMUERZO, APROVECHO LA PRESENTE PARA AGRADECERTE LA NOTA ADJUNTA, SIEMPRE LLENA DE CULTURA Y DE HISTORIA.

GRACIAS POR ELLO.

SALUDOS.

PEPE.

21 de noviembre de 2010, 22:42

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO LUCHO…SOLO ARTISTAS COMO TU PUEDEN VALORAR JUSTAMENTE EL VALOR HISTORICO Y PICTORICO DE MONTERO…TE FELICITO POR EL ARTICULO

RAFAEL

21 de noviembre de 2010, 23:15

Marco Antonio dijo…

Estimado Lucho:

Un muy bien logrado artículo que despeja las dudas que -algunos- teníamos sobre la autenticidad de la pintura a causa del ropaje de los familiares de Atahualpa. Es difícil encontrar un lapsus calami en tus escritos pero, finalmente, creo que te encontré uno que dice “Es para 1943 cuando ingresa”; posiblemente quisiste mencionar 1843. Mil disculpas por esta osadía que, es una nadería en comparación con la riqueza del artículo. Muchas gracias una vez más.

23 de noviembre de 2010, 17:19

Luis Siabala Valer dijo…

Gracias a ti Marco por advertir esa errata; ya está corregida. Las fechas son siempre importantes.

Un afectuoso abrazo

24 de noviembre de 2010, 4:39

DORELLY dijo…

Quedé gratamente impresionada al apreciar tan de cerca esta obra de arte, en refacción en el Museo de Arte, referida a una época de la historia de nuestra patria y sentir orgullo que sea un peruano de la talla de Montero el autor de esta monumental pintura para la posteridad. Gracias, otra vez, Luchín por compartir tu entusiasmo por la cultura y el arte.

DORELLY

10 de diciembre de 2010, 18:54

José Gonzáles Spaudo dijo…

Impresionante esta pintura, tiene esa cosa sombría del romanticismo (David) o de la pintura flamenca (La Ronda Nocturna),

¡Una obra maestra!

Saludos estimado Luis

22 de febrero de 2011, 3:16

José Abad dijo…

Estimado Luis Siabala:

Recuerdo la primera vez que vi este cuadro en el Museo de Arte, (no se si se trataba de una réplica) quedé impresionado. Yo subía por las escaleras al segundo piso donde se exhibían las mejores pinturas y objetos de la época colonial. El gran cuadro de Luis Montero, “Funerales de Atahualpa” recibía al visitante que casi siempre se detenía para admirarlo.

Muchas gracias Luis Siabala por exhumar a Montero y a su pintura. He leído con mucho placer e interés su artículo. No sabía que los personajes del lienzo estuvieran inspirados en el relato de Guillermo Prescott. Él es uno de mis autores preferidos de historia, un genio de la narrativa que siendo casi invidente logró escribir “La Conquista del Perú”.

Se dice que el modelo que le sirvió a Luis Montero para representar la muerte del inca, fue un trabajador de la Embajada peruana en Italia que justo había fallecido, del cual el pintor captó su rigidez y rasgos andinos. He leído muchas críticas al cuadro, inventar interpretaciones del significado de lo “andino”, el racismo, etc. Lo cierto es que como usted menciona, la sociedad urbana desconocía las características de la cultura inca y Luis Montero sólo usó su imaginación y lo que había aprendido.

Una pintura espectacular, soberbia, admirable, lo es, así no represente la realidad de la época. Lástima que a Montero lo sorprendiera la epidemia y que “La rendición de Rodil” se quedara como proyecto. Ojalá aparecieran sus bosquejos.

Un abrazo y de nuevo gracias amigo.

Josabad

17 de marzo de 2011, 18:17

Marco Ugarte Diaz dijo…

Estimado Lucho:

Como siempre bien documentado tu artículo. En la actual exhibición, después de la restauración, hay una carta del cónsul peruano en Florencia al ministro del ramo en el Perú donde menciona que el rostro del Atahualpa fue tomado por Montero de Palemón Tinajero ¿?, arequipeño, dibujante, que había muerto por esos días en Florencia. También hay una leyenda que menciona que el monto que otorgó el Congreso a Montero fue de 20,000 soles.

Organicemos una visita con los amigos de siempre al museo y luego nos tomamos un par de vinos.

Un abrazo,

Marco

31 de mayo de 2011, 22:35

Crónica de un viaje complicado

MIÉRCOLES, 23 DE JUNIO DE 2010
A don Pedro Li Ormeño

Mariano Ignacio Prado Ochoa

 General Mariano Ignacio Prado Ochoa, Presidente de la República
(Huánuco, 18 julio 1826-París, Francia, 1901)
 Fleca

 Por lo visto el viaje de Prado en momentos cruciales de la guerra del Salitre aún no termina… 131 años después de su partida sigue la discusión (2010)

El diario El Comercio, el día 19 de diciembre de 1879 en su nota editorial, expresó con relación a este famoso viaje ésta que aquí se glosa:

Asombro, por no expresar indignación ha causado en todos los círculos la partida del general Prado, quien con el alba, ocultando los alcances de tan deplorable conducta, en la mañana de ayer y a bordo de una fragata de bandera norteamericana, ha zarpado del puerto de Pisco, con rumbo a Europa. Las circunstancias de este censurable viaje que ha contado con la permisión del congreso no pueden dejar de considerarse en las actuales circunstancias que el país confronta una guerra, un acto de deserción de la primera autoridad nacional. Su condición de militar, además de general en jefe del ejército aliado le obligaban a permanecer al frente de los destinos nacionales y no optar por la dejación de esos sagrados deberes escudándose en el pretexto que su presencia habrá de favorecer los créditos en los Estados Unidos y en Europa, para adquirir las armas necesarias que urge la nación para la consecución de la guerra. Consideramos que para el caso suficiente garantía y solvencia moral la tienen las comisiones Althaus y Canevaro, designadas para atender este servicio y que ya se encuentran operando en esas plazas […]”

¡Qué pasó, por qué razón el decano de la prensa nacional se mostró tan molesto e inquisitivo en aquella oportunidad!

Hoja de vida del general Prado, en síntesis:

1826 18 de julio, Nace en Huánuco, segundo hijo de don Ignacio Prado Marín y de doña Francisca Ochoa Tafur, miembros de una destacada familia criolla de Huánuco.

1837-1845 Estudios de filosofía y matemáticas en Huánuco. En Lima, Convictorio de San Carlos. Interrumpe sus estudios por la muerte de su hermano mayor y se aboca a los asuntos agrícolas de las tierras patrimoniales.

1853 Se traslada a Lima. Cuenta con 27 años de edad.

1854 Capitán de la Guardia Nacional, es apresado el 1 de enero por exponer su crítica de los asuntos hacendarios, especialmente marcados por el pago de la llamada Deuda de la Consolidación, en pleno ejercicio del gobierno de don Rufino Echenique. Es desterrado a Chile el 29 de marzo pero logra desembarcar en Arica y se presenta ante Castilla en Arequipa el 20 de mayo.

Promovida la revolución liberal es enviado a Huancavelica, Acobamba, para hostigar a las tropas del gobierno. Sostiene con valor, el 2 de agosto durante 12 horas, el ataque de las fuerzas del gobierno deseosas de pasar el puente de Izcuchaca, Tayacaja, dando tiempo a que los revolucionarios consoliden sus posiciones y aprovechen de esta coyuntura táctica para tomar rumbo a la capital.

Por esta acción de armas es ascendido a sargento mayor. Tiene 28 años de edad. Luego se bate en Chongos, Chupaca y Llocllapampa; en Yauli captura parque y caballos a las tropas leales al gobierno, el 19 de octubre, acción que le promueve a teniente coronel. Los ascensos vienen rápido.

1855 El 5 de enero toma parte de la batalla de La Palma que pone fin al gobierno del general Rufino Echenique Benavente (1851-54 1854-55) quien busca asilo en la legación de Estados Unidos.

Llamada la Convención Nacional, Prado es elegido diputado por Huánuco.

1856 Se encuentra en el servicio activo al mando del regimiento Lanceros de la Unión.

1857 Contribuye a la reacción de Trujillo contra el movimiento iniciado en Arequipa del general Manuel Ignacio de Vivanco y de esta forma consolida el norte a favor de Castilla.

En Lima protesta por la violenta disolución de la Convención Nacional. Castilla lo envía a romper las defensas que había construido Vivanco en Arequipa.

1858 Participa en decidida acción en el asalto a la ciudad de Arequipa, el 6 de marzo, cuyo pueblo había asumido partido por Vivanco; se pelea calle por calle y casa por casa con gran pérdida material y humana. Tomada la ciudad del Misti Prado asciende a coronel.

1858-1859 Prefecto de Tacna y Prefecto de Arequipa, al restablecerse la categoría de departamento que le había sido suprimida a la Blanca Ciudad por su rebelión contra el régimen constituido.

1859 Toma de Guayaquil, el 29 de diciembre, por la declaratoria de guerra con la Gran Colombia. Manda el regimiento Lanceros de la Unión.

1862 Termina su acantonamiento en Piura y pasa a Chiclayo.

1863 Prefecto de Tacna.

1864 Prefecto de Arequipa.

1865 Encabeza el movimiento Restaurador para poner fin al gobierno del general José Antonio Pezet y el infame Tratado Vivanco-Pareja.

El 25 de junio con el pronunciamiento de Puno adopta el título de Jefe Supremo Provisorio, pero reconoce al general Pedro Diez Canseco sucesor legal del presidente depuesto y coloca a sus órdenes el Ejercito Restaurador en Ayacucho el 24 de junio.

El 6 de noviembre ocupa Lima y apoyado por el ejército asume la dictadura el 28 de noviembre. Abre campaña contra la escuadra española en aguas del Pacífico, enviada por la reina Isabel II con la mal disimulada intención de recuperar sus viejas colonias de América Meridional.

Promueve con este propósito y suscribe la Cuádruple Alianza con Chile (5 de diciembre), Ecuador (30 enero de 1866) y Bolivia y declara la guerra a España el 14 de enero de 1866.

1866 El 2 de mayo, el pueblo del Callao, sólidamente reforzado por peruanos y extranjeros, expulsa a la escuadra española de aguas del Pacífico después de un nutrido y severo duelo de artillería. Prado ya tenía 40 años de edad.

1867 El 28 de agosto convoca al Congreso Constituyente para dar fin a la dictadura.

El 31 de agosto se vota la nueva Constitución y es proclamado Presidente de la República.

El 22 de septiembre estalla la revolución en Arequipa y el 6 de diciembre en Chiclayo. Derrotadas sus fuerzas renuncia el mando por presión del Congreso.

1868 Viaja a Chile.

1872 Al asumir el mando el partido civil con Manuel Pardo Lavalle, nuestro biografiado retorna y alcanza el grado de general de brigada a los 46 años de edad.

1874 Diputado por el Callao. El presidente Pardo lo envía a Europa para negociar con los tenedores de los bonos de la deuda externa.

1875 El 7 de julio queda restablecido el crédito del país.

1876 El 2 de agosto, por elecciones, asume la presidencia de la república.

1877 Mariano Ignacio Prado tenía en arriendo perpetuo una propiedad de Guillermo Gibson Délano. Esta hacienda llamada Maquehua se encontraba en Arauco, en el río Carampangue en Chile.

Prado pagaba 50 centavos por cada tonelada de carbón. Al fallecimiento del propietario, ese año, compra subvaluado el fundo Maquehua a la familia de Guillermo Gibson Délano quien era concuñado y deudor de Agustín Edwards Ossandón político chileno y prominente prestamista “habilitador” de mineros. [1]

1879 El 5 de abril, Chile declara la guerra al Perú.

El 18 de diciembre, perdido el Huáscar en Angamos (8 de octubre) e invadida Tarapacá, luego de la toma de Pisagua (11 de noviembre), con anuencia del Congreso de la República, cuya mayoría civilista le es adicta, viaja a Los Estados Unidos en una fragata de ese país, por el puerto de Pisco.

Sería portador de un importante caudal producto de erogaciones con el propósito de adquirir pertrechos, en especial una nave de reemplazo del glorioso monitor de Grau. Los datos de esta erogación se habían publicado, día a día, con detalle del monto y la especie.

1880 Enterado de lo impopular de su partida lanza una proclama desde Nueva York donde puntualiza las razones de su salida. Depuesto el vicepresidente general Luis La Puerta de Mendoza. Vicepresidente del Consejo, encargado del mando (1879, 1867-68, 1879) por el caudillo Nicolás de Piérola Villena, el nuevo gobierno declara a Prado traidor y le suprime el grado de general y la ciudadanía.

1883 El 20 de octubre se firma, por plenipotenciarios chileno y peruano, en la caleta de Ancón, el tristemente célebre Tratado que lleva el nombre del balneario, mediante el cual se termina la ocupación del Perú y se accede a la cesión de los territorios de Tarapacá hasta Tacna.

El Perú no recibe adquisición o pertrecho alguno proveniente del general Prado.

1887 Luego de permanecer en Guayaquil retorna al Perú y poco después es miembro prominente de la empresa de fuerza eléctrica de Lima y posteriormente la Cia. de Tranvías. [2]

1901 A la edad de 75 años fallece en París, Francia.

Había estado casado con la dama arequipeña doña Magdalena Ugarteche Gutiérrez de Cossío; y mantuvo compromiso con Casilda Lunares y María Avelina Gutiérrez.

Sus tres hijos mayores que tomaron parte activa en el teatro de guerra fallecerían, el capitán Grocio Prado en la batalla de Tacna, Justo Prado, de tuberculosis durante la cruda campaña de la Breña, mientras que Leoncio Prado encontraría gloriosa muerte tras la batalla de Huamachuco al ser fusilado por el ejército chileno a órdenes del coronel Alejandro Gorostiaga; antes de morir escribiría la siguiente carta a su padre:

“Huamachuco, julio 15 de 1883. Señor Mariano Ignacio Prado. Colombia. Queridísimo padre: Estoy herido y prisionero; hoy a las a las 8:30 debo ser fusilado por el delito de haber defendido a mi patria. Lo saluda su hijo que no lo olvida. Leoncio Prado”

Un movimiento, iniciado en 1945 ha tratado, sin éxito, de limpiar las graves dudas que pesan sobre quien habiendo cosechado triunfos militares, al lado de su protector el benemérito Libertador Mariscal Castilla, dejó el país en momentos difíciles, permitiendo de esa forma que el mando de los ejércitos aliados pasare a manos del presidente de Bolivia, conforme se había estipulado en el Tratado defensivo de 1873; las consecuencias de una derrota y el estigma de un acto de corrupción, jamás probado pero tampoco esclarecido en la jurisdicción de los tribunales.

2010 Hasta la fecha, no se conoce, salvo conjeturas, o la propia comunicación del presidente a un amigo en Lima, según se puede ver de uno de los documentos “inéditos” “hallados” y publicados por Luís Humberto Delgado Coloma. (Guerra entre el Perú y Chile – 1879. De la historia del general Mariano Ignacio Prado con documentos originales e inéditos Lima: Editores Ariel S. A. tercera edición, 1965. pp. 335-336) [3] qué suerte habría corrido el monto del caudal que se le habría confiado.

El Perú ha tenido a la vista el caso de una familia que con el tiempo formaría el poderoso Imperio Prado [4] que únicamente declinó con la llegada al poder del general Juan Velasco Alvarado y su frustrada revolución jamás definida ni consolidada.

Historiadores de crédito [5] y algunos que merecen cuestionamiento [6] han tratado, en sendas publicaciones, justificar la ausencia en mala hora del general Prado y el hecho, no probado, que jamás habría dispuesto monto alguno procedente de erogaciones o del erario nacional.

Sin embargo, la condenación pública siempre dispuesta a juzgar prima facies y con ese objetivismo primitivo no exento de certeza (Vox populi, vox Dei), pesaría sobre estos inteligentes intentos de escritores y periodistas.

Es el clásico juicio de la Historia por hechos jamás ventilados en causa pública. Hay otros tristes ejemplos.

 

Fragata Novara, 1850

Creditos y notas

Diccionario Enciclopédico del Perú. Tomo II, Alberto Tauro. Edi. Mejía Baca. Lima, 1966

[1] Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Agust%C3%ADn_Edwards_Ossand%C3%B3n

Mazzei de Grazia, Leonardo (2000). Gestiones empresariales de un norteamericano en Concepción en el siglo XIX: Guillermo Gibson Délano. Santiago de Chile: Universidad de Concepción.

[2] […] Historia de la electricidad en Lima. Internet.

La electricidad llegaría a Lima en la penúltima década del siglo pasado luego de una historia de iluminación en base a hachones de madera untados con grasa, lámparas de aceite, mecheros de kerosene y, a partir de 1857, iluminación a gas. De esto ya hace más de 110 años.

Por concesión municipal, el 15 de mayo de 1886 se inauguró el alumbrado público eléctrico que iluminó la Plaza de Armas, los jirones Unión y Carabaya, el puente, la bajada del puente y la Plaza de la Recoleta. La corriente procedía de una planta a vapor de 500 h.p. instalada frente al Parque Neptuno, hoy Paseo de la República.

Hacia 1895 se instaló la Empresa Transmisora de Fuerza Eléctrica, con planta en Santa Rosa de la Pampa, en la margen izquierda del Río Rímac. La primera transmisión se efectuó el 6 de agosto a las once de la mañana. Posteriormente, la Sociedad Industrial Santa Catalana absorbió los capitales constitutivos de la Empresa Transmisora y la compañía asumió el nombre de Empresa Eléctrica Santa Rosa bajo la dirección de Mariano Ignacio Prado.

En 1899 había formado la Sociedad de Alumbrado Eléctrico y Fuerza Motriz, con la planta y Piedra Lisa a la margen derecha del río Rímac. En abril de 1900, Santa Rosa se comprometió a la instalación de 4,500 lámparas. Para 1901, el alumbrado comprendía 1800 postes y el servicio particular, 8500 luces.

En 1902 su número llegó a 10 mil lámparas destinándose gran parte de la producción hacia Miraflores, Barranco y Chorrillos. En ese mismo año se instaló la Planta Térmica en Lima tambo para el primer ferrocarril eléctrico del Perú, el de Chorrillos inaugurado en 1904. […]

[3] Aquí el tenor del “descubrimiento” de Luis Humberto Delgado: New York, julio 10 de 1880 Sr. Don Manuel Barinaga. Muy señor mío: Por diferentes conductos he sabido, que Ud. y su compañero don Miguel Iglesias, de secreto en secreto van propalando por todas partes que Piérola tiene documentos que prueban haberme valido yo del Gobierno argentino para que mediase con el de Chile a fin de ajustar la paz. Y que lo hice por consideración al Presidente de Chile, que es mi compadre.

Sólo Piérola en su empeño de engañar al pueblo disculpándose conmigo, es capaz de imposturas tan ridículas. Él jamás presentará hechos, ni documentos que obren contra mí, como Director de la Guerra, ni como Presidente de la República. No me he valido de Gobierno alguno para ajustar la paz, ni el Presidente de Chile es mi compadre, ni mi amigo; lejos de eso, en las elecciones para Presidente, mis simpatías manifestadas por la prensa fueron a favor de don Benjamín Vicuña Mackenna.

El tal Piérola y sus secuaces dicen también, que después de haberme locupletado con la Hacienda Pública, me traje del Tesoro £ 180,000. Esta suposición es tan ridícula como las demás. Nunca tomé del Tesoro un peso más de mi sueldo, ni especulé con el destino, ni hice con alguien arreglo, combinación o negocio alguno, por el que reportase yo la más mínima utilidad. Faculto a cualquiera que me afronte lo contrario.

Como todos pueden tener seguridad de que cuanto Piérola diga o haga decir contra mí, es indebido y calumnioso: que en mi vida pública no he hecho otra cosa que servir a mi Patria con absoluta abnegación y pureza, y en fin, que la habría salvado indispensablemente, sin la fatal revolución que ese desgraciado hizo.

No me extraña que por disculparla, recurra a semejantes medios: lo que me extraña es que V. V. de cualquier modo que sea, con inocencia o sin ella, secunden a ese farsante en su ruin intento.

¿Qué dirá V.V. si después de la inculpación que me hace, después de tantos ofrecimientos y bravatas para vencer y acabar con el enemigo, si después de prometer cortarse la mano antes de firmar la paz, resultase firmándola él mismo?

¿Qué dirán todos, si al efecto, se valieron como acostumbra, de una farsa para aparentar que el pueblo le pedía y lo obligaba?

Ya lo veremos… Mientras tanto me suscribo a Ud.

Atento S. S.

MARIANO I. PRADO

[4] Felipe Portocarrero S. “El imperio Prado”, 1890-1970

[5] Jorge Basadre, Mariano Paz Soldán y Sir Clement Markham, consideran estas acusaciones como calumniosas aunque critican el actuar de Prado al decidir ausentarse del país en un momento tan sensible para la opinión pública por muy nobles que fueran sus objetivos.

La defección de Hilarión Daza, presidente de Bolivia, por la cañada de Camarones que dejó sin refuerzos a los aliados en San Francisco (Noviembre de 1879), le costó el mando y pagaría años después esa traición con la vida, a su retorno de Europa a manos de un sicario boliviano en las frías punas de Uyuni, al intentar retornar a su patria de incógnito.

[6] Luis Humberto Delgado Coloma. Historiador y periodista nacido en Sullana 1899. Fallecido en Lima. Empleado del Congreso de la República; de fecunda imaginación y recursos; en 1946, lo designan delegado del Perú ante la UNESCO. Autor de más de veinte obras. Hábil para escribir a solicitud, de ellas para el alcalde don Isaías Garrido Ugarte al conmemorar la provincia de Sullana 25 años de creación política, “El Terruño, historia de Sullana”, con un apéndice sobre la ciudad de Piura (1936). “Fuego y sangre” (novela). “Vida de José Enrique Rodó”. “América trágica”. “Historia Republicana del Perú.” “La obra de Francisco García Calderón”. “Historia de Grau”. “Visión del Cuzco y canto a Lima”. “Poema triunfal”. “El suplicio de Ariel”. “La vida de Víctor Hugo” publicada en El Comercio, mayo de 1935. “Italia en África”. “Símbolo de la muerte”. “Fin de la guerra en África”. “Las guerras del Perú”. “El drama del matrimonio”. “Historia del Senado del Perú 1829 a 1929”. “Ella y yo”. “La cama 19”. “Mi divorcio y mis hijos”. “El hombre de dos caras”. “Vida de Jesucristo”, Guerra entre el Perú y Chile- 1978. De la Historia del General Mariano Ignacio Prado, con documentos auténticos e inéditos producto de una intensa búsqueda a tenor de su prologo; es uno de los demitificadores de Mariano Ignacio Prado.

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 18:02:00

5 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

EXCELENTE ARTICULO, LUCHO, PERO AUN CONTINUA EL DEBATE SOBRE LA FORTUNA PRADO…GUILLERMO THORNDIKE, VENDIENDO SU PLUMA COMO FUE SU COSTUMBRE, EDITO UNA SERIE DE LIBROS EXCULPATORIOS NO HACE MUCHO. SIEMPRE QUEDARA LA DUDA Y ELJUICIO, INVISIBLE, DE LA HISTORIA SOBRE PRADO Y SUS DESCENDIENTES, ENTRE OTROS, MANUEL PADRO, LEONCIO PRADO, MARIANITO PRADO Y JPC.

 UN ABRAZO

23 de junio de 2010, 22:57

Luis Adolfo Siabala dijo…

Muy buena la hoja de vida. Las intenciones del presidente Prado pudieran haber sido las mejores al momento de zarpar de Lima. Hay otros factores que siempre desconoceremos, porque no hay noticias de la prensa europea al respecto: presión familiar, consejo de asesores, cálculo político, usw. Los juicios a estas alturas son inútiles, porque no añaden nada al hecho histórico.

Felicito el artículo y la vastedad de sus citas.

24 de junio de 2010, 13:11

Marco Antonio dijo…

Estimado Lucho:

“El infierno está lleno de buenas intenciones” dice el refrán. Si Mariano Ignacio Prado tenía la intención de adquirir pertrechos, no tenía por qué hacerlo él mismo. Bien podía haber enviado a algún funcionario del Gobierno, debidamente designado. O ¿es que no habían funcionarios que podrían haber hecho la gestión de compra de pertrechos? Una vez más, felicitaciones por ayudarnos a reflexionar.

Un abrazo,

Marco Campos

25 de junio de 2010, 17:41

José Abad dijo…

No hay duda que fue un error decidir partir a Europa, en eso todos estamos de acuerdo, pero no solo suyo, el Congreso lo aprobó. Un episodio infeliz para nuestra historia. En momentos que debimos unirnos se aprovechó el desconcierto. Una tragedia nacional fue la consecuencia de muchas “decisiones de las autoridades” en ese tiempo.

 Muchas gracias Luis Siabala Valer, siempre impecables tus artículos.

 José Abad

http://www.accidentetranvia.blogspot.com/

6 de julio de 2010, 10:16

Anónimo dijo…

Muy buen post, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

8 de diciembre de 2010, 9:

Tienta de utreras

 

Armas de los Borbones

 

Carta, de los días de  la invasión de Napoleón a España; respuesta a Los del Jaral, escrita para quienes gustan de la tauromaquia y también, con todo respeto, para los que la repudian o la desconocen

Toro bragado

Señor de Noblecilla, entrañable marqués y amigo:

Que placer leeros y saber de vuestras peripecias en Madrid.

Por estos días de luto y congoja noticias como la vuestra son linimento y cura para los males. Vaya yo a saberlo y sentirlo. No tengo en mi haber mejores informes que aquellos de la valiente prueba de los jiennenses de nuestra amada Andalucía dando muestras de su coraje sobre los franceses; siempre lo fueron, tanto osados como valientes, no en vano reza el refrán: “Para los toros del Jaral, los caballos de allí mismo” si de alguna forma debemos entender a nuestro pueblo será respetando sus tradiciones. ¿Que no se les permita un encierro?, ¿Que quiera limitárseles a esos duros aldeanos de las Alpujarras la dicha de los capotes? ¡Inconcebible señor mío!

Una avanzadilla del general Jean de Dieu Soult, que es la que me aseguran se aventuró por Jaén y alrededores, se hizo presente por Badajoz con dirección a tierras lusitanas, va ya para un mes y ahora me explico la cautela con que lo hizo. Se tiene conocimiento que guerrilleros a las órdenes del tan buscado Juan Martín a quién apodan El empecinado le habían tendido una emboscada por los desfiladeros de Despeñaperros en Sierra Morena con fuertes bajas para ese invasor. – Mon Dieu, ces paysans terribles!

Por noticias de los sucesos de Bayona, traídas entre tropezones y ocultamientos, he podido conocer que su majestad Fernando, ahora prisionero en Valençy, pasa sus larguísimos días ocupado como siempre con las agujas del crochet dándole a la calceta. ¡Regia ocupación! Que si alguien lo hace mejor, nadie como él. No creo que sea desconocido para Vd. que las cartas de don Manuel Godoy, el defenestrado favorito del rey Carlos IV, son las que me tienen al tanto de estos detalles, gracias a la vieja amistad que nos acerca.

También tengo por conocido que no deja de preocupar a su majestad menudo asunto, aquel de los movimientos del pueblo en su ausencia. Me lo han asegurado, y claro que el motivo de preocupación para tan excelsa persona lo tiene que ser también para nosotros, como que los grandes de España y los primos del rey, sentimos igual desasosiego, no tanto por la presencia francesa, que sí por las llamadas juntas generales, que a la sola insinuación de algún alzado se están formando en todos los pueblos. ¡Pretextos, amigo mío, únicamente pretextos! Pero también por la de aquellos diputados a las Cortes de Cádiz, venidos desde las provincias de ultramar, que los hay del Perú, de Nueva Granada, de Charcas, de La Plata, de Nueva España, con propósitos que para nuestros caros intereses nada bueno habrán de aportar, téngalo Vd. por seguro.

Pero es que el desgobierno y la anarquía, con las que el cielo ha querido castigarnos, no pueden ni podrán evitar al usurpador José I, por más bandos y fusilamientos que se proponga disponer desde Madrid, la justa reacción del pueblo. Este Bonaparte, no sólo es un intruso en nuestra tierra donde con desenfado apoya socarronamente las libertades constitucionales de los reformistas y que algunos aprovechan, sino, que los viejos y bien surtidos lagares de palacio corren peligro de secarse por el inmoderado gasto que hace del buen vino que allí se almacena; amén, como si fuera poco, por pretender secularizar aquella novedad que se la ha inventado de los tendidos de sombra, que por contraparte se deduce haberlos de sol, y este mandato para todas las plazas del reino. ¡Qué desfachatez!

Los liberales, sobre todo los que vienen de ultramar, han terminado por acaparar los principales cargos en las asambleas gaditanas, apoyadas, claro está, por los afrancesados sin disimulo alguno; se asegura que aquella chusma está dispuesta a votar una Constitución tan libérrima como le cuadra a los tiempos. Libertades e igualdades, ¡Qué va! ¡Váyase a saber el esperpento que de allí saldrá!. El cautiverio de sus majestades en tierras vascas, allende los Pirineos, muchas calamidades puede acaecer para España si se prolonga en demasía.

Pero permitidme, muy querido marqués, daros buenas noticias, que también las hay en medio de este embrollo. Preparándonos a la feria del veinticuatro de junio, como acostumbramos los pacenses, he podido, gracias a Dios, reunir las mejores utreras de mi dehesa y llevarlas al tentadero; pues recuerdo que hace algunos años tuve la fortuna de teneros como invitado, entonces pudimos alternar con muleta y capote durante toda una semana, y apuramos los tintos jerezanos que tanto gustan a Vd.

Por las restricciones habidas con los pastos, ocupados por las caballadas de las tropas gabachas, bastante estropicio y escasez estamos pasando, pero no lo suficiente para no atender con la pastura necesaria para nuestras reses bravas y cumplir los cometidos legados de nuestros mayores, que fama les asiste habernos formado entre los buenos ganaderos de estas tierras extremeñas. Mi anciano padre aún se da maña para dejar menuda protesta por asunto que no le cuadra en materia de crianza de reses que ataña a la defensa de su divisa. Severo censor el mío que no abandona las faenas del campo, y como cualquier mozalbete cabalga desde temprano arreando reses, con sus peones, desde los pastos a los abrevaderos. Bueno, Vd. lo conoce.

Algunos importantes invitados, de ellos los señores de Villanueva, vuestros parientes y vecinos de Cáceres, deseaban espectar, notablemente nerviosos, a su hijo, vuestro sobrino, el gallardo condesito Ramiro, quien, como cuadra a los novilleros tuvo su oportunidad con el capote, la muleta y una vaquilla. Notables comarcanos asistieron a la consabida tienta. ¡Qué va! El sol, el buen vino y la campiña saben disimular la guerra y todas las calamidades. Bendito sea nuestro suelo.

El joven Ramiro, quien apenas supera los dieciocho abriles, me había solicitado la primera utrera, para el día inaugural. Se la concedí gustoso, dado que a su natural compostura, desenvuelta y segura, se le agrega al mozuelo un talento especial para descubrir la nobleza, bravura y aquellas virtudes que buscamos los ganaderos en las novillas, especialmente utreras, futuras vacas madres con miras a nuestros sementales. Los lances que supo aplicar y su particular destreza nos han permitido observar las condiciones valiosas que anhelamos en nuestro ganado.

La primera que le salió de corrales, una bragada astifina, bellamente armada, buscó alegre los medios a la cita del mozuelo, quien, usando de algunos sencillos lances la llevó al picador. Había que probar su bravura. Percibido jinete y caballo, acudió la hembra arrancándose en largo, y así lo hizo una y otra vez, ausente a los puyazos o pese a ellos; ignoraba la garrocha que la hería sin amenguar su embestida; certificando con esto la casta firme de que estaba dotada, condición importante para engendrar becerros. ¡Bravura amigo, bravura!

gaonera_blogdetoros_comYa colocada en suerte la novilla, nuestro futuro espada fue a su encuentro muy quedo… paso a paso, luciendo un novísimo lance, tan elegante como temerario y que algunos suelen llamarle “de frente, por detrás”, que tiene de expectante como de pinturero, aprecie Vd.: Con la capa a la espalda le presentó el vuelo por un lado, estando la novilla frente al novillero, luego le cargó la suerte llegado a su jurisdicción para entonces embarcarla en la capa y llevarla toreando con remate hacia fuera, al tiempo que se dio vuelta para, de nuevo, presentarle la tela por el otro lado; así, repitió la suerte las veces que consideró oportuno. Aquí, un desplante. Nuevamente, esta vez con la muleta, en los límites del terreno de la hembra, nuestro jovenzuelo esperó y se dispuso por naturales… estoy seguro que los señores de Villanueva, pese a que quisieran alejar a su hijo de estos afanes, tendrán que habituarse más tarde con un futuro torero que tiene para famoso con mucha facilidad. La condesa mordiscando un pañuelo mal disimulaba su angustia de madre; el conde, atildado y sereno no perdía el trasteo de su hijo.

El condesito quiso ahondar aún más y a las veces que citó acudió pronta la bragada, todo esto en medio del obligado silencio del tentadero, pues sabido es que así lo tengo dispuesto por experiencia de ganadero, con lo fácil que cualquier ruido distrae a las novillas. En esto hay rigor y mucho cuidado. Hasta aquí puedo informaros que tratándose de acometida, búsqueda del engaño, ausencia de brusquedad y marcada codicia, fueron anotados por atributos notables los de aquella hembra, -en registros con el 97- Beltranita. Del lote aquél pocas novillas fueron descartadas, el resto pasó la estima.

Con este breve anuncio tenga Vd. conocimiento, apreciado marqués, de las calidades con que se estrenó, en la tienta de utreras, aquel joven sobrino suyo.

La familia estuvo alojada con nosotros hasta fines de mes. Con algo de cuidado por la situación nos dimos tiempo y, como es tradición, fuimos de montería en busca de perdices y ciervos de los que dimos cuenta.

Hasta aquí llego, amigo mío, me alegra reiterar que durante las festividades pude escoger para madres valiosas hembras que en su momento, de seguro, habrán de parir tan bravos ejemplares como aquellos del Jaral de tan grata recordación y que han dado que hablar por la región. Por estos tiempos el postillón no viene con la regularidad de antes, es posible que esta carta llegue a Vd. con notable retraso, añadido al que me ha tomado contestaros.

Salúdalo afectuosísimo, vuestro amigo y seguro servidor.

En Badajoz, a los 16 días de agosto del año de 1809.

(Fdo. -) El conde de la Montería

Al señor marqués de Noblecilla y Villanueva, don Felipe Baldetaro e Hinojosa.

Jaén

Fleca

Algo del vocabulario taurino, allegado y también histórico

Astifino, la cuerna con puntas agudas. Toro cuyas astas son finas desde la mazorca, continúan finas en su trayecto y termina en pitones afilados.

Bragado, aquella res que muestra alguna mancha blanca en el vientre, con relación a bragas o calzones. En Andalucía es común Abragado, desde antiguo.

Brega, la lucha o afán de habérselas con el toro bravo y en general todo lo que esta actitud representa de arrojo y también belleza.

Faena, en la plaza, las que efectúa el diestro durante la lidia, y principalmente la brega con la muleta, preliminar de la estocada.

Gaonera, lance llamado en la antigüedad, “por delante, desde atrás”, puesto en uso con notable habilidad por el diestro mexicano Rodolfo Gaona, con gran suceso. Lance en el que de frente al toro y con el capote a la espalda se le cita por uno de los dos lados y se interpreta como si de un natural o un derechazo se tratara. Ya citado por “Paquiro”, es un lance que popularizó el mexicano Rodolfo Gaona, y que, al parecer, aprendió del banderillero Saturnino Frutos “Ojitos”.

Juan Martín Díez, llamado “el Empecinado”, militar español, héroe de la Guerra de la Independencia española en la que participó como jefe de una de las guerrillas legendarias que derrotaron repetidas veces al ejército napoleónico.

Nicolas Jean de Dieu Soult, general del los ejércitos napoleónicos presente en España.

Utrera, novilla desde los dos años hasta cumplir los tres.

Por naturales, dicho de un pase de muleta que se hace con la mano izquierda y sin el estoque.

Tentadero, corral o sitio cerrado en que se hace la tienta, actividad está última para probar la bravura o condiciones de vaquillas y becerros, con fines de reproducción.

Publicado inicialmente el MARTES, 17 DE OCTUBRE DE 2006

Imágenes tomadas de INTERNET

Real Orden de Santiago

El Toisón de Oro

José de Armendariz
Don José de Armendáriz, marqués de Castelfuerte
(1724-1736) Vigésimo octavo virrey del Perú

El gran collar que luce, el señor de Castelfuerte, es nada menos que el Toisón de Oro, una de las más antiguas preseas de España y posiblemente la más importante entre las europeas. Los reyes de España lo llevan. La orden de este nombre estaba instituida desde antiguo. El único Virrey del Perú que lo poseyó.  Aquí una imagen:

Insigne Orden del Toison de Oro

Insigne Orden del Toisón de Oro

De la más fina joyería y valor intrínseco, también constituye preciado símbolo; lo son cada uno de sus hermosos y bien labrados eslabones. Lleva pendiente un cordero, fina representación del vellocino de oro, aquél sueño o quimera de Odiseo más conocido por Ulises, el legendario argonauta, héroe de Homero, vencedor de Troya, marido de la fiel Penélope, padre de Telémaco y dueño de Argos, el viejo y ciego can, único ser que lo reconoció a su vuelta a Itaca.

Había emprendido Ulises la búsqueda de aquel vellocino por el mundo de la antigüedad griega con notable suceso y cuya apasionante narración ha llegado a nuestros días.

No poca cosa podría acaecer para cualquier poseedor un cordero cuya lana de oro creciera conforme se la esquilmara… acaso fuera fiel símbolo del ideal español.

En España, las noticias de la insurrección en el Paraguay, que terminaría con la captura y ejecución en Lima de su líder don José de Antequera caló hondo en la corte y se dispuso que para virrey era necesario enviar a un militar, en reemplazo del prelado virrey que tenía el virreinato del Perú hasta entones, Fray Diego Morcillo, arzobispo de Charcas.

Este había de ser, el marqués de Castelfuerte, don José de Armendáriz, natural de Ribagorza, Navarra, el más notable militar que vino a América del Sur (Mendiburu) y el único entre los virreyes que fue Capitán General, actor, en su época de las más importantes campañas militares del reino. Condecorado por sus hechos de armas con la Cruz de Santiago.

Era el marqués de un temple y carácter notables.

Recibió su nombramiento para el virreinato del Perú, se embarcó para su destino el 31 de diciembre de 1723 y entró en Lima el 14 de mayo de 1724. Gobernó con mano firme hasta el 4 de enero de 1736 fecha que le sucedió el marqués de Villagarcía. A su paso por Panamá tomó severas acciones para desposeer a los ingleses de cualquier pretensión. Desarmó a un navío de aquella nacionalidad que potencialmente se le reputaba corsario. Nada de ingleses con él.

En este preciso punto conviene exponer que la nobleza española, en época de los Habsburgos o Austrias menores (dinastía que empezó en el S XVI con Carlos I, quien pasó luego como emperador de Alemania, como Carlos V, hasta el desafortunado Carlos II, apodado el Hechizado, al finalizar el SXVIII que se prolongó con los borbones) en lo fundamental, estaba compuesta de la siguiente forma:

Los primos del rey

Los parientes del rey

Los grandes de España

A ninguna de ellas pertenecía, sin embargo, el marqués.

Bien, luego de esta parrafada de mito, leyenda e historia veamos de repaso la importancia que tuvo el citado representante de la corona en el virreinato del Perú y su dilatada jurisdicción civil, militar y eclesiástica:

Hechos notables:

• Fueron ejecutados en Lima el oidor de la Real Audiencia de Charcas don José de Antequera, y el alguacil Mayor de Asunción don Juan de Mena, lo que había de causar un sonado tumulto en la plaza mayor con los padres franciscanos que abogaban por el perdón del reo condenado a degüello, que el severo militar sofocó con el resultado, además de las ejecuciones anunciadas, de la desgraciada muerte de dos patrocinadores de las víctimas, ambos sacerdotes franciscanos.

• Se abren las dos portadas posteriores de la Catedral, que dan a la calle de Santa Apolonia, patrona de los sacamuelas, ergo dentistas de la época, de allí las tenazas que se muestran amenazantes hasta la fecha en el arco de esa puerta. San Cristóbal lo era la otra.

• Felipe V, después de los 11 años, 7 meses y 21 días de gobierno en el Perú le condecoró con el Toisón de Oro, a su retorno a España.

Las que siguen son las sabrosas notas tomadas de La tradición peruana, Pepe Bandos, de don Ricardo Palma Soriano, por José el nombre de pila del virrey y su profusa emisión de mandatos, órdenes y demás disposiciones que se publicaban en las esquinas de viva voz o en carteles.

• D. José de Armendáriz, natural de Ribagorza en Navarra, marqués de Castelfuerte, comendador de Montizón y Chiclana en la orden de Santiago, comandante general del reino de Cerdeña, y ex virrey de Granada en España, reemplazó como virrey del Perú al arzobispo fray Diego Morcillo. Refieren que el mismo día en que tenían lugar las fiestas de la proclamación del hijo de Felipe V, fundador de la dinastía borbónica, una vieja dijo en el atrio de la catedral: «A este que hoy celebran en Lima le están haciendo el entierro en Madrid». El dicho de la vieja cundió rápidamente, y sin que acertemos a explicarnos el porqué, produjo mucha alarma. ¡Embelecos y novelerías populares! o positivo es que seis meses más tarde llegó un navío de Cádiz, confirmando que los funerales de Luis I se habían celebrado el mismo día en que fue proclamado en Lima. ¡Y dirán que no hay brujas!

• Como sucesos notables de la época de este virrey, apuntaremos el desplome de un cerro y una inundación en la provincia de Huaylas, catástrofe que ocasionó más de mil víctimas.

• Un aguacero tan copioso que arruinó la población de Paita.

• La aparición por primera vez del vómito prieto o fiebre amarilla (1730) en la costa del Perú, a bordo del navío que mandaba el general D. Domingo Justiniani.

• La ruina de Concepción de Chile, salvando milagrosamente el obispo Escandón, que después fue arzobispo de Lima.

• La institución llamada de las tres horas y que se ha generalizado ya en el orbe católico.

• La llegada a Lima en 1738 de ejemplares del primer Diccionario de la Academia Española. (Anoto aquí, de colada, que las primeras reglas de ortografía compiladas en el Diccionario de Autoridades se publicaron en 1879)

• La víspera de la ejecución de Antequera y de su alguacil mayor don Juan de Mena hizo publicar su excelencia un bando terrorífico, imponiendo pena de muerte a los que intentasen detener en su camino a la justicia humana. Los más notables personajes de Lima y las comunidades religiosas habían estérilmente intercedido por Antequera. Nuestro virrey era duro de cocer.

• A las diez de la mañana del 8 de julio de 1731, Antequera sobre una mula negra y escoltado por cien soldados de caballería penetró en la plaza Mayor. Hallábase cerca del patíbulo cuando un fraile exclamó: «¡Perdón!», grito que fue repetido por el pueblo. -¿Perdón dijiste? Pues habrá la de Dios es Cristo. Mi bando es bando y no papel de Cataluña que se vende en el estanco -pensó el de Castelfuerte-. ¡Santiago y cierra España! La infantería hizo fuego en todas direcciones. El mismo virrey, con un piquete de caballería, dio una vigorosa carga por la calle del Arzobispo, sin parar mientes en el guardián y comunidad de franciscanos que por ella venían. El pueblo se defendió lanzando sobre la tropa lágrimas de San Pedro, vulgo piedras. Hubo frailes muertos, muchachos ahogados, mujeres con soponcio, populacho aporreado, perros despanzurrados y, en fin, todos los accidentes fatales anexos al desbarajuste tal. Pero el bando fue bando. ¡O somos o no somos! Siga su curso la procesión, y vamos con otros bandos.

• Los frailes agustinos se dividieron en dos partidos para la elección de prior. El primer día de capítulo ocurrieron graves desórdenes en el convento, con no poca alarma del vecindario. Al siguiente se publicó un bando aconsejando a los vecinos que desechasen todo recelo, pues vivo y sano estaba su excelencia para hacer entrar en vereda a los reverendos. Los agustinos no se dieron por notificados, y el escándalo se repitió. Diríase que la cosa pasaba en estos asendereados tiempos, y que se trataba de la elección de presidente de la república en los tabladillos de las parroquias. Véase, pues, que también en la época colonial se aderezaban pasteles eleccionarios. Pido que conste el hecho (estilo parlamentario) y adelante con la cruz. Su excelencia, con buena escolta, penetró en el convento. Los frailes se encerraron en la sala capitular. El virrey hizo echar por tierra la puerta, obligó a los religiosos a elegir un tercero, y tomando presos a los dos pretendientes, promovedores del tumulto, los remitió a España sin más fórmula ni proceso.

• Escenas casi idénticas tuvieron lugar, a poco, en el monasterio de la Encarnación. La madre Nieves y la madre Cuevas se disputaban el cetro abacial. Si los frailes se habían tirado los trastos a la cabeza, las aristocráticas canonesas no anduvieron mezquinas en araños. En la calle, el pueblo se arremolinaba, y las mulatas del convento, que podían no tener voto, pero que probaban tener voz, se desgañitaban desde la portería, gritando según sus afecciones: «¡Víctor la madre Cuevas!» o «¡Víctor la madre Nieves!». Este barrullópolis reclamaba bando. Era imposible pasarse sin él. Repitiéndose el bochinche, entró tropa en el convento, y la madre Nieves y sus principales secuaces fueron trasladadas a otros monasterios. Esto se llama cortar por lo sano y ahogar en germen la guerra civil.

Resulta importante añadir que la provincia del Paraguay que respondía a la Audiencia de Charcas y consecuentemente al Virreinato de Lima, por su lejanía, la riqueza de su suelo, especialmente hierba mate y el hecho que las autoridades bastante relajadas en su imperio de tales, había criado hombres de libre albedrío y costumbre lejanos a la aceptación de cualquier autoridad. En semejantes condiciones el caldo de cultivo frente al primer atisbo de sujeción produjo movimientos armados en dos momentos importantes, que la historia denomina revoluciones.

Una de ellas, la primera, fue la que asoló la región y por largos años con Antequera a la cabeza.

Los jesuitas quienes habían logrado, para envidia de propios y extraños, una convivencia pacífica e industriosa con los naturales, colocándose al servicio de aquellos -todo lo contrario a lo acostumbrado, gracias a su fructífera tarea en las misiones- fueron blanco directo de Antequera. En este asunto los frailes franciscanos de la comarca habían prestado su apoyo al insurrecto, claro está que formando parte de los muchos que veían a los padres jesuitas con malos ojos.

A esto súmense las pretensiones territoriales de los portugueses del Brasil y las de conquista de la taimada Inglaterra.

Igualmente, movimientos armados de indígenas y mestizos en gran número se levantaron en Cochabamba, en el Alto Perú, movidos por el abuso de los corregidores y por asuntos de paga a los mitayos que extraían las riquezas que los virreyes cuidaban llegasen a España en la cantidad y con las seguridades del caso. Menuda tarea.

Castelfuerte, adecuadamente escogido cumplió su papel, puso celo y bastante orden en el vasto reino. En 1736 Armendáriz entregó la oficina a su sucesor, José Antonio de Mendoza, marqués de Villagarcía tercero . El ex-virrey regresó a España, se convirtió en capitán de la guardia del rey, y fue elegido Caballero de la Orden del Toisón de Oro en 1737.

Falleció en Madrid en 1740.

Fuentes

Historia General del Perú. Virreinato

RP Rubén Vargas Ugarte S.J.

Sobre los Grandes de España

http://www.blasoneshispanos.com/ROrdenesCiviles/01-El_Toison_de_Oro/OmToisonDeOro.htm

http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/00363818779947406317857/027931_000

 http://grandesp.org.uk/historia/historia.htm

Sobre el Toisón de Oro

http://es.wikipedia.org/wiki/Tois%C3%B3n_de_Oro

http://www.escriptorium.com/articulos/el-toison-de-oro/

Sobre Virreyes del Perú

http://lsiabala-almanzur.blogspot.com/2006/12/virreyes-del-per.html

Efigie del marqués, Wikipedia

INTERNET

 Publicado originalmente  por Luis Siabala Valer en VIERNES, 30 DE MAYO DE 2008 16:44

3 comentarios:

Fernando Marcet dijo…

En ligera y amena prosa, riguroso retrato de un singular personaje de nuestra historia que no andaba con medias tintas al momento de sofocar reclamos y protestas de su pueblo.

31 de mayo de 2008, 9:11

Rafael Córdova Rivera dijo…

EXCELENTE BLOG MI HERMANO, COMO TODO LO QUE EDITAS

1 de junio de 2008, 0:08

José Huerto Rojo dijo…

Mi querido Lucho, gracias por hacerme conocer algo más del mencionado personaje, que como tú dices muy necesario en esta época donde el orden no es precisamente el que predomina, un fuerte abrazo Pepe.//

3 de junio de 2008, 4:00

La protesta de un bibliotecario

DOMINGO, 27 DE MAYO DE 2007

 

Ejercito de Chile entra a Lima

 Tropas chilenas ingresan por el jirón de La Unión
 Cómo se produjo el despojo de la Biblioteca Pública de Lima

 

Cañon rayado La Hitte 1

Enero 17 de 1881, es miércoles, al día siguiente Lima estará de aniversario, 346 años de su fundación española pero es probable que no haya celebración. El jirón de La Unión, aquella serie de calles que resumía en dos palabras el atildado buen gusto de sus numerosas tiendas de moda, la confitería de Broggi & Dorca y las tertulias musicales en el Palais Concert que sabían de la bohemia y elegancia, ofrecía aquel día por la tarde un sombrío y triste espectáculo: tropas chilenas desfilan por su calzada rumbo a la Plaza Mayor para alcanzar su objetivo en el Palacio de Gobierno.

Eugenio Courret, el fotógrafo francés, tocado con su clásica gorra asoma al retorcido balcón de su estudio al estilo Art Noveau; había dejado de imprimir hacía varios días en placas de vidrio los retratos de la selecta concurrencia que solía acudir a su estudio de la calle de Mercaderes; la gente no está para fotos, el cierrapuertas es general y cientos de banderas extranjeras se muestran en las puertas de los establecimientos y en los balcones.

Tropas de élite en correcta formación marchan acompasadas por los redobles. El rítmico golpe de los calamorros de la infantería sobre el empedrado de la calzada repercute multiplicado como otros tantos dolorosos golpes en el pecho de madres, ancianos y niños. La juventud de Lima y del Perú entero, lo mejor de su patrimonio, yace en los cálidos y lejanos arenales de San Juan y Miraflores. Hay luto por doquier.

En la mirada de los vencedores se muestra la expectación por las horas venideras; en sus rostros, donde se refleja la huella de la cruenta pero cara victoria que acaban de conseguir se deja traslucir, sin embargo, el asombro que les produce penetrar en una ciudad exótica, silente como un sepulcro, ornada de balcones y celosías a las que sin ser vistos asoman miles de ojos. Ojos acostumbrados, otrora, al fasto de los virreyes y a sus triunfales ingresos.

De muchas casas penden banderas y escudos de las más diversas nacionalidades. Se presenta Lima a los ojos de los soldados del sur como una ciudad de embajadores. Flaqueza del momento: a la raza le acometen grados de exultación pero también le sacuden temblores. En un intento de escudar la nacionalidad humillada y en peligro, bajo el subterfugio de la renuncia de su identidad, muchos buscan amparo en ese recurso. En el local del diario El Comercio se ha izado la bandera de Colombia para significar que sus dueños se amparan por la nación de origen de uno de sus propietarios, el señor Aurelio Miro Quesada procedente de la provincia de Panamá.

El cierrapuertas tradicional es completo; portones y postigos asegurados, las calles solitarias. Solamente algunos perros acompañan jadeantes y animosos a la hueste guerrera que después de salvar las cuadras del céntrico jirón de La Unión hace su aparición en la plaza principal para detener su marcha en la calzada, frente a la Casa de Pizarro, en Cajones de Ribera, como se llama la calle donde abre su puerta Palacio de Gobierno. Separada la tropa para guarnecer la vieja sede, el resto se dirige sobre los locales que la inteligencia chilena ha determinado para acomodo del grueso del ejército de ocupación, que llega paulatinamente.

La Universidad Mayor de San Marcos, la Escuela de Artes y Oficios, la Municipalidad, el cuartel de Santa Catalina, el de Barbones, la Pólvora, antiguos predios del ejército; casas y cuadras de particulares, de ellos la fábrica de sodas La Pureza, de R. J. Barton y otros muchos imprevistos hospedajes dan cupo a la mayor concentración de tropas, equipo y acémilas que hasta entonces había soportado Lima.

La Exposición, el vasto edificio inaugurado por el presidente José Balta para la Muestra Americana de 1872, queda convertida en un inmenso hospital. Muchos batallones íntegros levantan sus tiendas de campaña en espacios abiertos o en medio de los jardines. Lima de pronto se ha transformado: piezas de artillería con sus armones y todo el aparato de guerra que acompaña al invasor se muestra ahora en calles y parques; acémilas de tiro, de carga, de montura; carros con el bagaje y las ambulancias de campaña.

En la plaza mayor, unos cuantos cuerpos de esas unidades hacen su entrada en Palacio de Gobierno, el resto se reparte como tenemos dicho y también una compañía ingresa en la Biblioteca Pública de Lima, como entonces se llamaba cuyo Director, desde 1875 era el coronel don Manuel de Odriozola.

Pocas semanas después el señor de Odriozola recibe la visita del coronel Pedro Lagos Marchant, el fiero y envanecido combatiente de la nación mapuche en Malleco; el jefe del asalto al Morro de Arica y ahora comandante en jefe del ejército de ocupación de Lima. Pide al director de la biblioteca visitar el local, a lo cual accede el director llevándole por salas, oficinas y depósitos. Al finalizar el meticuloso recorrido, el militar pide las llaves al bibliotecario quien es reacio a dárselas; finalmente no le queda otro recurso que ceder a esto que se convierte en requerimiento y apremio.

El destino de los libros de la biblioteca que ya lo hemos descrito en sendos artículos: La Biblioteca Nacional y la tesis del botín justificado  y La Lista de Domeyko, siguió la suerte del saqueo, por lo que Odriozola se dirigió al cónsul norteamericano, en carta datada el 10 de marzo de 1881 dirigida a mister Christiancy, ministro de los Estados Unidos en el Perú, en la esperanza que en algo pudiera intervenir, pero sabemos que fue inútil aquel propósito.

Este es el tenor de la célebre carta que releva de mayores comentarios:

Lima, marzo 10 de 1881

El infrascrito, director de la Biblioteca Nacional del Perú, tiene el honor de dirigirse a V. E. pidiéndole haga llegar a conocimiento de su gobierno la noticia del crimen de lesa civilización cometido por la autoridad chilena en Lima.

Apropiarse de bibliotecas, archivos, gabinetes de física y anatómicos, obras de arte, instrumentos o aparatos científicos, y de todo aquello que es indispensable para el progreso intelectual, es revestir la guerra con un carácter e barbarie ajeno a las luces del siglo, a las prácticas del beligerante honrado, y a los principios universalmente acatados del derecho.

La biblioteca de Lima fue fundada en 1822, poco después de proclamada la independencia del Perú, y se la consideró, por los hombres de letras y viajeros ilustres que la han visitado como la primera entre las bibliotecas de la América Latina. Enriquecida por la protección de los gobiernos y por obsequio de los particulares, contaba, a fines de 1880, muy cerca de cincuenta mil volúmenes impresos, y más de ochocientos manuscritos. Verdaderas joyas bibliográficas, entre las que no escaseaban incunables o libros impresos durante el primer medio siglo posterior a la invención de la imprenta, y que como v. E. sabe son de inestimable valor -obras rarísimas hoy, especialmente en los ramos de historia y literatura. Las curiosísimas producciones de casi todos los cronistas de la América española, y libros regalados por los gobiernos extranjeros, entre los que figuraba el de V. E. con no despreciable contingente; tal era señor ministro, la biblioteca de Lima, biblioteca de que con justo título estábamos orgullosos los hijos del Perú.

Rendida la capital el 17 de enero a las fuerzas chilenas, transcurrió más de un mes respetando el invasor los establecimientos de instrucción. Nadie podía recelar, sin inferir gratuito agravio al gobierno de Chile, gobierno que decanta civilización y cultura, que para él serían considerados como botín de guerra los útiles de la universidad, el gabinete anatómico de la escuela de medicina, los instrumentos de las escuelas de artes y de minas, los códices del archivo nacional, ni los objetos pertenecientes a otras instituciones de carácter puramente científico, literario o artístico.

El 26 de febrero se me exigió la entrega de las llaves de la biblioteca, dándose principio al más escandaloso y arbitrario despojo. Los libros son llevados en carretas, y entiendo que se les embarca ron destino a Santiago. La biblioteca, para decirlo todo, ha sido entrada a saco, como si los libros representaran material de guerra.

Al dirigirme a V. E. hágole para que ante su ilustrado gobierno, ante la América, y ante la humanidad entera, conste la protesta que, en nombre de la civilización, de la moral y del derecho, formulo.

Con sentimientos de alta consideración y respeto tengo el honor de ofrecerme de V. E. muy atento servidor.

Manuel de Odriozola

 Coronel Manuel de Odriozola

Coronel don Manuel de Odriozola (1804-1889)

Nuestro biografiado, señor Manuel T. de Odriozola de Herrera, nació en Lima, el 11 de agosto de 1804 y falleció en el Callao el 12 de agosto de 1889; militar y publicista; fue el primer patriota que se incorporó en Pisco al ejército libertador. Tomó parte en la Segunda Campaña a Intermedios y en la guerra contra Bolivia y la Gran Colombia y alcanzó el grado de coronel. Fue nombrado Director de la Biblioteca Nacional del Perú y ocupó el cargo de 1875 a 1881, año que este repositorio fue tomado por las tropas de ocupación y despojado de sus libros y documentos.

Al señor de Odriozola se debe Documentos Históricos del Perú, obra en diez volúmenes publicada en 1863, que compendia documentación de la colonia; la revolución de Túpac Amaru, la de Pumacahua; las conspiraciones y luchas por la emancipación; los documentos oficiales de la guerra de la independencia, principalmente los relativos a San Martín y Bolívar. Continúa con una serie importante de documentos republicanos hasta 1830. Los Documentos Literarios del Perú, en once volúmenes; en esta destacan las Actas de la Sociedad Patriótica con las deliberaciones y discusiones respecto de la monarquía y de la república; los artículos de don Ricardo Palma; el problema surgido por el asesinato del ministro Monteagudo; allí también se publica el Compendio de Geografía de Larriva y otros muchos más de singular valor.

Las fichas bibliográficas que se pueden ver en los registros de la Oficina de Investigaciones de la Biblioteca Nacional consignan Los cuadernos de Odriozola, un compendio de notas curiosas y profusa información de la colonia y la república sistemáticamente anotadas por el señor de Odriozola y a la que se remite Palma con frecuencia cuando trata de ejemplares de libros raros. Recuerdo haber leído de su puño y letra una sentida dedicatoria a uno de sus hijos.

Es sustituido en la dirección por don Ricardo Palma Soriano, quien es nombrado el 2 de noviembre de 1883 y como subdirector al señor Toribio Polo. El tercer nombramiento de aquella fecha es para el coronel don Manuel de Odriozola, en el cargo de Director Honorario con derecho a seguir habitando el departamento que ocupaba y a considerársele para el percibo de su haber en el cuaderno de Fundadores de la Independencia.

La Biblioteca Nacional resurge como Ave Fénix de sus cenizas gracias al esfuerzo de don Ricardo Palma. Desafortunadamente el 10 de mayo de 1943 un incendio la destruye por completo; el agua de los bomberos se encarga del resto. Sobre este siniestro se levantaron las más severas conjeturas, era el gobierno del presidente Manuel Prado Ugarteche. El Dr. Jorge Basadre Grohmann es llamado para su restauración. De sus esfuerzos tenemos el local de la Av. Abancay.

Paradójicamente los libros cautivos en Santiago de Chile son los únicos que salvaron del incendio y constituyen patrimonio invaluable de las primeras épocas cuando por el cuidado de los jesuitas, y la disposición del general San Martín se instituyó esta casa de cultura nacional, en 1822.

El ilustre Director falleció el 12 de agosto de 1889 a la avanzada edad de 85 años.

Dala de la Biblioteca Pública de Lima.1881-1941

Biblioteca Pública de Lima

Fuentes

INTERNET

Fotografía de don Manuel de Odriozola,  Biblioteca Nacional del Perú

Biblioteca+Pública+de+Lima%2C+1836

 Primer sello de la Biblioteca Nacional. D. 13 de junio de 1836, tomado del tríptico Fondo Antiguo y Colecciones Peruanas. Año MMIX

Fotografía de una sala de la Biblioteca Pública de Lima, como se llamaba entonces.

 Carta que aparece en la obra de don Mariano Felipe Paz Soldán, Narración Histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Campaña de Lima; Lima, Editor Milla Batres; 1979. Tomo 3

Diccionario Histórico Biográfico, Peruanos Ilustres; Camila Estremadoyro Robles; Lima – Perú, 1987. Instituto Cultural Ancashino (INCA)

Anécdotas Históricas en la Bibliotecología (2); Susana Roxana Gamboa

Fuentes INTERNET

Diario La República:

http://www.larepublica.com.pe/component/option,com_contentant/task,view/id,108672/Itemid,0/

La Biblioteca Nacional: Aportes para su Historia; Biblioteca Nacional del Perú:

http://www.comunidadandina.org/bda/docs/PE-CA-0015.pdf

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 12:11:00

5 comentarios:

sandovalesp dijo…

Una imagen vale más que mil palabras, dice el viejo proverbio chino; pero a veces, como en este caso, se necesitarían decenas de imágenes o tal vez una película entera para describir las escenas y trasmitir las emociones que los vecinos limeños vivieron en esos aciagos días de pesar y de impotencia viendo desfilar por sus calles al ejército invasor, y presagiando lo que vendría después. La hábil, sobria y elocuente pluma del Dr. Siabala nos traslada a esa época y nos hace partícipes de esos momentos de infortunio, a la vez que nos da a conocer algunas reacciones y actitudes de personas e instituciones que la historia oficial no registra o que las tiene relegadas en el olvido. La carta del Director de la Biblioteca Nacional, Don Manuel de Odriozola, al representante de los Estados Unidos en el Perú, es una de esas expresiones que debe ser conocida y divulgada entre los peruanos, porque muestra entre otras cosas, que al lado de nuestros queridos héroes y mártires en el campo militar hubo también exponentes señeros y dignos de ser admirados y recordados en el campo de la civilidad; en este caso de la cultura.

Gracias y felicitaciones Dr. Siabala, por este esfuerzo permanente en recopilar y rescatar del olvido algunos hechos no muy conocidos de nuestra historia y que contribuyen a afirmar nuestra nacionalidad, más allá de las simples reacciones viscerales o patrioteras que a menudo solemos leer o escuchar.

27 de mayo de 2007, 21:26

Dorelly E. Ruiz Barraza dijo…

Magnífico artículo que nos lleva con la imaginación a vivir lo acontecido en nuestra historia de aquella época, muy especialmente lo relacionado con la reacción de uno de los exponentes en el campo de la cultura, don Manuel de Odriozola, quien dejó un maravilloso ejemplo de patriotismo con su carta de protesta dirigida al representante de los Estados Unidos de Norteamérica. La forma en que el Dr. Siabala relata los hechos parece que él hubiera estado presente en los acontecimientos de 1881, que talento!!!. Lo que esperamos los peruanos es que los vecinos del sur nos devuelvan todo lo que se llevaron vinculados con nuestra ciencia y cultura, que los trámites empezados tengan un final exitoso y de alegría para el Perú.

Que el Dr. Siabala nos siga deleitando con sus amenos artículos.

28 de mayo de 2007, 20:07

José Abad dijo…

Conmovedora la desolación de Lima ante la entrada de la tropa chilena. Este artículo me ha llevado al pasado, ¡qué manera de escribir!.

Imagino el dolor e impotencia que habrá sentido Manuel de Odriozola ante el salvaje despojo de la Biblioteca y que importante es la carta que escribe al diplomático norteamericano, pues constituye una prueba más de esos terribles acontecimientos.

20 de julio de 2010, 19:03

Rafael Córdova Rivera dijo…

QUERIDO HERMANO

NO RECIBI ESTE ARTICULO Y ME APRESURO A FELICITARTE POR LA EXACTITUD HISTORICA DEL MISMO, ADEMAS DE SU BELLEZA LITERARIA…ODRIOZOLA MERECE MAS DE UN MONUMENTO…PARADOJICAMENTE, NUESTROS LIBROS FUERON SALVADOS POR CHILE…EL PORVENIR NOS DEBE UNA VICTORIA, COMO EXPRESO GONZALEZ PRADA… TAMBIEN LA RECUPERACION DE TODO LO ROBADO POR EL PREDADOR CHILENO, DESTACANDOSE NUESTROS LIBROS.

10 de agosto de 2010, 3:33

Luis Adolfo Siabala dijo…

Dramático el relato que aquí se nos presenta. La narrativa propia de la historia novelada, con la que el Dr. Siabala nos ha venido acostumbrando, nos transporta a los instantes de la toma de Palacio y recrea la psicología tensa de una población sometida al invasor, como fue el caso de la llegada del ejercito del Führer sobre las plazas de París el 14 de junio de 1940, ante un impotente Petain. Rostros llorosos y sometidos, resignados a una derrota inefable, a las consecuencias desastrosas de las guerras y las malas decisiones políticas que mellan a tantos inocentes: nos lo refieren las fotos de la época.

La pluma ha vuelto a reemplazar el daguerrotipo. El estilo, como lo referí en otro comentario, quiere llevarnos al instante mismo de los hechos con referencias y detalles –salvando inteligentemente de cualquier anacronismo- que solo un cronista enterado puede hurgar en los recónditos anales de la prensa de la época, para mí, de gran valor a los intereses de la investigación objetiva. Felicitaciones.

1 de octubre de 2011, 18:17

El monitor Manco Cápac y su comandante, capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino

LUNES, 1 DE ENERO DE 2007

Capitán de fragata, José Sánchez Lagomarsino

  Comandante José Sánchez Lagomarsino
 Operaciones navales durante la Guerra del Salitre
(Perú-Chile, 1879-1883)
 Arica, viernes 27 de febrero de 1880

Después del bombardeo, desembarco en Pisagua y posterior descalabro de San Francisco, quedó asegurada la plaza de Tarapacá; el ejército chileno tomó entonces previsiones para penetrar en el sur del Perú, donde Tacna y Arica todavía defendidas resultaban de naturaleza estratégica. Libre la costa peruana del peligro que representaba el monitor peruano Huáscar y su comandante Grau, muerto en acción en el combate de Angamos el 8 de octubre de 1879, Chile consideró que había llegado el momento para preparar las operaciones en tierra.

Se dispuso el bloqueo de Arica, para evitar el aprovisionamiento o desplazamiento de la guarnición peruana y para efectuarlo se comisionaron al monitor Huáscar, al mando del capitán de fragata Manuel Tomas Thomson Porto Mariño y a la cañonera Magallanes, con el capitán de fragata Carlos Condell de la Haza. Estas naves arribaron al célebre puerto el 25 de febrero de 1880, para relevar al blindado Cochrane y su escolta la corbeta Covadonga que ya lo bloqueaban y que habían recibido castigo de los fuertes y baterías del morro.

M. Thomson

Además de estos cañones, reforzaba la defensa en la rada de Arica el monitor Manco Cápac, una nave de lento andar, muy fuerte coraza y provista de dos cañones Dalgreen de 15 pulgadas capaces de disparar granadas de 500 libras desde la torre giratoria. Su silueta chata y alargada que dejaba ver torre y chimenea daba a esta unidad una extraña apariencia.

 Monitor Manco Cápac

Esta nave, por su característica concebida para operaciones fluviales más que marítimas había sido destinada a la defensa como pontón. Su obra muerta o superestructura sobresalía del agua unas cuantas pulgadas y ofrecía poco blanco al fuego enemigo. Pero su andar de algo más de 4 nudos, no la hacía aparente para las evoluciones rápidas en el mar. Estaba al mando del capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino.

La lancha torpedera América secundaba al monitor en esta tarea.

El viernes 27, a las 8:30 horas, Thomson, dispuso hacer disparos sobre el puerto con la artillería del Huáscar, al instante las baterías del morro y los fuertes contestaron los fuegos, empeñándose en un duelo que duró cincuenta minutos sin mayores resultados por ambas partes.

El Huáscar, La antigua nave peruana, inmortalizada por Miguel Grau, que había sido capturada en Angamos, venía ahora con distinta bandera, reforzada con artillería de retrocarga con dos cañones de 40 libras, tipo Armstrong cuyo alcance estaba entre 6.000 y 7.000 metros. Estos importantes cambios, dejaban al monitor en excelentes condiciones de batir la artillería de ánima lisa de los fuertes del Callao y Arica, ambas con un alcance de 3.500 metros. Había sido dotado con nuevas calderas y su máquina estaba repasada.

A las 14 horas, despechado por los resultados, Thomson decidió atacar esta vez un convoy de abastecimiento y tropa que se desplazaba en el ferrocarril procedente de Tacna, en el sector de playa Chinchorro y dispuso acercarse con la Magallanes para batir cómodamente al tren.

En este evento, penetró el Huáscar dentro del sector de fuego de las baterías de tierra de 200 libras y las piezas del monitor Manco Cápac con sus cañones de 500 libras, y sin medir consideración táctica alguna disparó sobre el convoy. Entonces, el comandante chileno, habiéndose ubicado temerariamente dentro del campo de tiro de la artillería peruana de inmediato recibió fuego concentrado bien dirigido.

Una granada hizo explosión en el monitor cerca de un cañón hiriendo mortalmente a un aspirante y matando seis hombres de la tripulación e hiriendo a doce. Además, hirió levemente al segundo comandante capitán de corbeta Emilio Valverde Prieto y al teniente 2o. Tomás Segundo Pérez.

En estas circunstancias el comandante peruano, capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino, ordenó que la lancha América, saliera acompañando al monitor Manco Cápac, que estaba bajo su directo mando, para batir al enemigo, maniobra que se efectuó con toda decisión pese al lento andar del ex monitor confederado.

Thomson creyó sencillo atender la invitación a combate que le ofrecía el Manco Cápac y puso rumbo a él usando el rápido andar de la nave a su mando. Hizo maniobras destinadas para embestir con el espolón pero fracasó en su intento. Disuadido de ello habida cuenta del superior blindaje del monitor peruano, ordenó entonces virar y en un momento ofreció la popa a su enemigo. Sánchez Lagomarsino, que tenía dispuesta su torre giratoria con los poderosos Dalgreen, disparó uno de ellos por la aleta de estribor del blindado enemigo, y la granada en su fatídico recorrido, pasó por el alcázar de popa del monitor donde se encontraba el desdichado comandante chileno cuyos restos quedaron esparcidos en cubierta. El proyectil destruyó el palo de mesana, aventó el código de señales y mató un número de tripulantes al hacer finalmente explosión. El Huáscar quedó fuera de combate y los ingenieros, en renovado empeño, pusieron en actividad nuevamente a la nave pero la retiraron de la línea de combate.

Combate de Arica, Manco Cápac contra Magallanes y Huáscar

Combate de Arica del viernes 27 de febrero, 1880

El Manco Cápac y su acompañante la lancha América regresaron a su apostadero con la misma parsimonia y seguridad con que habían levado anclas rumbo al combate. Arica se mantendría otros cinco meses, libre del acoso por mar.

Parte oficial del combate naval de Arica por el capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino

Comandancia del monitor Manco Cápac

Al ancla. Arica, febrero 27 de 1880.

Benemérito señor contralmirante, jeneral (sic) en jefe del primer ejército del sur.

Me es honroso poner en conocimiento de US. los acontecimientos realizados el día de hoi (sic) a bordo de este monitor, con ocasión del combate empeñado entre las baterías de la plaza i el “Huáscar” i la “Magallanes” que bloquean el puerto.

A 7 hs. A. M. se me dió (sic) parte por el oficial de guardia de que el “Huáscar”, en son de combate, avanzaba lentamente por el O., en demanda, al parecer, del fondeadero, i dispuse que en el acto se alistase el monitor para prevenir cualquiera eventualidad, porque personalmente observé que eran sospechosos los movimientos del enemigo.

En efecto, a las 8 hs. 15 ms., encontrándose el “Huáscar” al alcance de los cañones del Morro, rompió sus fuegos esta batería, cuando aquél se hallaba situado de este monitor a una distancia de 4.000 metros, mui (sic) superior al alcance máximo de nuestra artillería, razón por la cual me ví (sic) obligado a esperar que el enemigo, en sus evoluciones, se aproximase, para ofenderlo desde el fondeadero en que estaba obligado a permanecer este buque, por el mal estado de una de sus calderas, cuya compostura, se trabaja activamente.

A las 8 hs. 40 ms., después de apreciar la distancia que nos separaba, rompió sus fuegos este monitor sobre el “Huáscar”, continuándose hasta las 9 hs. 50 minutos, que éste se alejó, gobernando al N. E.

Mientras tanto la corbeta “Magallanes”, que desde mui temprano estaba fondeada por el N. del puerto, a seis millas aproximadamente, a los primeros disparos se puso en movimiento i, lejos del alcance de los cañones de las baterías, hizo algunos tiros sobre la población, uno de los cuales cayó bastante cerca de la popa de este monitor, pero se retiró con el “Huáscar” cuando suspendió éste sus fuegos.

A 11 hs. A. M. los dos buques situados al N. del puerto descargaron varios tiros de su artillería sobre el tren de pasajeros que venía de Tacna, e inmediatamente reparé el monitor para salir a batir al enemigo, dando orden de activar la reparación de la caldera de estribor que, como US. tiene conocimiento, se encontraba en mal estado desde días anteriores, i cumplo con el deber de recomendar a US. la actividad i el interés desplegado por el primer maquinista don Tomas Colguhoun para dejar espedita (sic) en el menor tiempo la compostura de esa caldera, obra que a no ser por esta circunstancia, habría demorado un tiempo más dilatado para su terminación.

A la 1 h. 15 ms. P. M. dejé el fondeadero, gobernando sobre el enemigo, que se conservaba a una distancia de cinco millas, más o menos, emprendiendo la marcha hasta tres millas fuera del puerto; i una hora después, estando a 3.500 yardas el “Huáscar”, descargó su artillería de la torre, i sucesivamente hizo otros disparos, hasta que encontrándome a 2.000 yardas hice romper los fuegos de este monitor, a las 2 hs. 10 ms. Se trabó entonces el combate, que por parte del enemigo era sostenido por el “Huáscar”, que acortaba la distancia, i por la corbeta “Magallanes”, que se conservó al mayor alcance de sus cañones; continuó, pues, avanzando hasta estrechar la distancia, haciendo siempre fuego sobre el blindado enemigo. Hubo un momento desgraciado en que se entorpeció uno de los cañones de la torre, por haberse quedado dentro de él la primera sección de la lanada; i fue entonces cuando el “Huáscar” nos ponía su proa, aproximándose rápidamente. En tal situación, gobernó sobre dicho buque, que llegó a pasar por nuestro costado de babor a la distancia de 50 yardas, empeñándose un pequeño tiroteo de ametralladoras i fusilería del enemigo el que era sostenido desde a bordo por la jente (sic) que me acompañaba sobre la torre.

Subsanado con actividad el inconveniente de que acabo de hacer mención, descargué sobre el “Huáscar”, que estaba ya por la aleta de babor, una de las piezas de la torre, cuyo proyectil fué (sic) a herir la popa de ese buque, echándole abajo la (sic) asta en que sostenía su pabellón.

A 3 hs. 30 ms. hice suspender los fuegos porque el “Huáscar”, aprovechando de su andar, se puso fuera de los tiros de este monitor, gobernando hacia afuera, lo mismo que la “Magallanes”.

Once tiros se hicieron con las piezas de la torre, de los cuales dos han ocasionado averías al enemigo; de los disparos de éste i la corbeta, que pasan de cincuenta, i entre los que cayeron sobre nosotros, solo causaron lijeras (sic) averias, (sic) llevándose parte del pasamanos alto i uno de los candeleros de la torre; hemos tenido también despedazada una de nuestras falúas. A las 4 hs. 30 ms. volví a ocupar con el buque de mi mando su antiguo fondeadero.

Antes de terminar, permítame US. hacerle presente que el digno capitán de navío don Juan G. Moore se me presentó voluntario a bordo, en el momento de la salida del monitor, solicitando cualquier puesto; i que tanto él como Leoncio Prado, cuya salud se encuentra notablemente quebrantada, el alférez de fragata don Francisco Forcelledo, ayudante de US, i el subteniente de artillería don Eduardo Lecea, han permanecido durante este corto combate sobre la torre, al lado del que suscribe. Lo que participo a US. conforme a ordenanza.

Dios guarde a US. B. S. C. A.

José Sánchez Lagomarsino.

En cuanto a la historia del monitor Manco Cápac, esta nave formó parte de las adquisiciones navales que hizo el gobierno peruano en 1868. Pertenecía a la clase Canonicus y su nombre USS era Oneota. Una nave blindada de fuerte coraza de hierro, su obra muerta sobresalía a toda carga únicamente 12 pulgadas y, generalmente, embarcaba agua sobre la cubierta. El viaje rumbo al Callao duró 15 meses. Fue remolcado.

Los datos que siguen pertenecen al Libro de Guardias de la nave, fechada el 3 de enero de 1869, al ancla en South West Pass, New Orleans:

 Desplazamiento: 1034 toneladas

 Fuerza de las máquinas: 330 caballos

Eslora: 226 pies

Manga: 43 pies

Calado de popa: 13 pies y 3 pulgadas

Calado en proa: 13 pies

Artillería: Dos cañones de ánima lisa sistema Dahlgren de 15 pulgadas

Blindaje del costado: 5 planchas de una pulgada

De la cubierta: 1 pulgada 7 octavos

De la torre 10 planchas de 1 pulgada.

 Comandante, Capitán de fragata, don Camilo Carrillo

Teniente primero, José María Coronel Zegarra

Teniente graduado, Elías Aguirre

Teniente segundo, Ramón Freire

Teniente segundo graduado, José Rosas

Alférez de fragata, Diego Ferré

Alférez de fragata, Daniel Mac Kay

Tripulación, 64 hombres

El capitán de fragata AP José Sánchez Lagomarsino, tuvo importante y destacada participación en la defensa de Arica el 6 de junio del mismo año; al mando del Manco Cápac se había enfrentado entonces al Almirante Cochrane y a la cañonera Covadonga. Luego vino la acción sobre las naves chilenas bloqueadoras, del 27 de febrero de 1880. Cinco meses después, tras la victoria chilena en tierra, Sánchez Lagomarsino hundió su buque para evitar que cayera en manos enemigas. Fue capturado con su tripulación y enviado en calidad de prisionero de guerra a San Bernardo, en Chile.

Nació en Lima en 1844, murió en Chosica en 1898. Asistió a los combates de Abtao y 2 de Mayo, en el cual resultó herido por el casco de una bomba. “Contribuyó al restablecimiento del orden constitucional cuando los coroneles Gutiérrez se apoderaron del mando, ejerciendo su influencia en las masas populares chalacas, y a la cabeza de ellas” (El Callao, 21 de marzo de 1898).  Sus relaciones con el contralmirante Lizardo Montero fueron tirantes y de profunda desavenencia.

 Manco Cápac navegando con velamen

 Monitor Manco Cápac, al servicio de la Armada Peruana, en plena navegación

USS Ajax

 Vista del USS Ajax acoderado, 1890; de la clase Canonicus. Operó en la guerra Hispano-americana. Nave de la misma categoría del monitor Manco Cápac. Obsérvese la fuerte estructura. Vista de proa.

Créditos:

Foto del comandante Sánchez. Archivo Courret. Biblioteca Nacional del Perú

Foto del comandante Thomson. Historia Ilustrada de la Guerra del Pacífico. (1879-1884) Edit. Universitaria. Sgo. de Chile. Mayo 1879.

http://es.wikipedia.org/wiki/Combate_naval_de_Arica

http://members.tripod.com/~Guerra_del_Pacifico/arica.html

http://www.armada.cl/prontus_armada/site/artic/20090728/pags/20090728124359.html

http://www.armada.cl/site/tradicion_historia/historia/biografias/179egoyc.htm

http://es.wikisource.org/wiki/Parte_oficial_del_combate_naval_de_Arica_por_el_capit%C3%A1n_de_fragata_Jos%C3%A9_S%C3%A1nchez_Lagomarsino

Foto USS Ajax, 1890. Wikipedia Combate de Arica del 27 de febrero de 1880, grabado de Wikipedia.

Publicado por Luis Siabala Valer Etiquetas: Callao, Canonicus, Chile, Cápac, Guerra, Huáscar, Manco, monitor, Thomson en 22:13

11 comentarios:

Clayton dijo…

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4 de enero de 2007, 22:15

Clayton dijo…

Vi tu poste en mi blog. ¡Agradece! tus trabajos históricos son muy interesantes también

Clayton

5 de enero de 2007, 9:54

José Briceño dijo…

AGRADEZCO POR LA VALIOSA INFORMACION DETALLADA; SOLICTO SI ME PUEDEN AYUDAR; ESTOY TRATANDO DE RECOPILRA LA MAYOR CANTIDAD DE INFORMACION ACERCA DE JOSE SANCHEZ LAGOMARSINO; SOBRE TODO EL LUGAR DE NACIMIENTO MI E-MAIL ES:

jose_briceño7@hotmail.com

30 de marzo de 2008, 1:56

Rafael Córdova R. dijo…

EXCELENTE ARTICULO, CON DATOS NO CONOCIDOS SINO SUPERFICIALMENTE.

TE FELICITO HERMANO

1 de mayo de 2009, 1:58

Carlos Urquizo Bolaños dijo…

Mi muy estimado Lucho:

Las escenas tan minuciosas y bien relatadas, me permiten apreciar que cada uno de los marinos peruanos que se enfrentaban en la batalla contra los chilenos, pasaban horas de angustia suprema por que no sabían si saldrían vivos o muertos de la contienda. Esas aflicciones tan personalmente íntimas, pasan desapercibidas para los demás que medimos al evento solo por el resultado final, es decir quién ganó y quién perdió. Muchas gracias por permitirme leerlo.

Un abrazo,

Carlos

1 de mayo de 2009, 2:09

José Huerto Rojo dijo…

Hola Lucho, muy ilustrativo el relato, me lleno de mucha emoción, es una narración emocionante, precisa y muy rebuscada, si no fuese por ti jamás hubiera tenido la oportunidad de leer algo así, te lo agradezco de corazón, un fuerte abrazo. Pepe.

4 de mayo de 2009, 10:44

José Abad dijo…

“El Manco Cápac y su acompañante la lancha América regresaron a su apostadero con la misma parsimonia y seguridad con que habían levado anclas rumbo al combate.”

Que buen artículo. El relato y las imágenes hacen vivir el pasado. Lento pero seguro.

José Abad

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12 de junio de 2010, 9:50

Anónimo dijo…

Soy descendiente del Cmte. JOSE SANCHEZ LAGOMARSINO y estoy muy orgullosa de su historial durante la guerra del Pacifico.

Carmen Rosa Guedes Sánchez Lagomarsino

camo_teixeira@hotmail.com

23 de noviembre de 2010, 13:48

Anónimo dijo…

Grande, he encontrado lo que he estado buscando

17 de febrero de 2011, 14:44

Anónimo dijo…

hi, new to the site, thanks.

21 de febrero de 2011, 15:53

Anónimo dijo…

Es una buena idea

9 de septiembre de 2011, 0:32

La Batalla de Tacna

Paint, CáceresCoronel Andrés A. Cáceres D. (Ayacucho, 1836-Ancón, Lima, 1923)

Operaciones militares de la Guerra del Salitre

Intiorco, miércoles 26 de mayo de 1880

Fue la de Tacna, salvando las distancias y las proporciones de los beligerantes, una de las batallas modernas del S. XIX libradas en América; su antecedente inmediato nueve años atrás la encontramos en la guerra franco-prusiana (1870-1871) cuando los ejércitos del Kaiser Guillermo I, conducidos con habilidad por el mariscal de campo Helmuth von Moltke, derrotaron en la batalla de Sedán a las tropas francesas y a su general en jefe el emperador Napoleón III.

El antecedente remoto se ubica dieciséis años antes con la batalla de Gettysburg, una de las más encarnizadas de la guerra civil de los Estados Unidos (1861-1865), que movilizó enormes contingentes de tropas y pertrechos. Ninguna otra tendría después de aquéllas esa importancia en América por los intereses en juego, la disposición de los ejércitos y el armamento empleado, hasta que se produjo la batalla del 26 de mayo de 1880, peleada en las cálidas pampas de Intiorco en Tacna.

Es claro que la experiencia europea como la americana habían aportado factores importantes a la ciencia militar y a la de los armamentos. Los militares mejor instruidos de Chile, Perú y Bolivia tenían en cuenta aquellos referentes. A saber: Los fusiles y carabinas habían abandonado los sistemas de chispa y posta por los de cápsula formada por casquillo, fulminante, pólvora y bala todo en uno y con sus particularidades así lo ofrecían algunos de los sistemas imperantes en la época, Comblain, Chassepot, Remington, Piebody, Spencer, Winchester, Grass, Minnie, Martín Evans; etc, etc.

ComblainFusil Comblain

La artillería de campaña formada por piezas de gran alcance y la de montaña, tan buscada por el Perú y Bolivia en función a lo complicado de sus territorios, habían sido probadas durante las últimas operaciones en Europa. Alfried Krupp fabricaba cañones de acero en sus fundiciones de Essen y su demanda era considerable: el eficiente sistema de cierre de la culata dejó obsoletos los mejores cañones de bronce alimentados por la boca, llamados también de avancarga, por la velocidad con que se podían efectuar los tiros y la consecuente cadencia del fuego en batería. Chilenos y bolivianos los tenían de estos tipos. El Perú piezas Blackley y Armstrong, de ánima rayada pero de avancarga, o de menor calibre como las piezas Vavasseur traídas de Inglaterra por el coronel Bolognesi durante el gobierno del General Ramón Castilla.

Krupp 1879Krupp 1879

El invento de la ametralladora con el sistema del norteamericano Gatling, que consistía en un haz variable de tubos a manivela montado sobre chasis ligero con ruedas, para disparar fuego permanente y concentrado, alimentado por balas alojadas en almacenes adosados, resultó un arma que por su cadencia de fuego se prestaba eficaz para el fuego de cobertura como para detener asaltos masivos.

 Ametralladora Gatling

Ametralladora Gatling modelo 1865

Los servicios de comunicaciones abastecidos por el telégrafo a pila emitían su señal por Morse por rutilantes cables de cobre con sus manipuladores que se operaban desde una pequeña mesa o desde el muslo gracias a un arco rígido de ajuste; la intendencia con el transporte de los bagajes en carros uncidos a troncos de caballos o mulos; ambulancia y maestranza también modernizados; la cocina de campaña con marmitas y

calderos, salvo la inveterada costumbre quechua y colla de las rabonas o mujeres que seguían a los ejércitos de origen andino para atender a sus enrolados maridos con alimentos, agua, lavado de ropa, carga y afecto; y las cantineras del ejercito de Chile asimiladas a las ambulancias para el cuidado de los heridos.

Tacna era el punto táctico para finalizar o continuar la guerra. Fuera de estas tropas comprometidas quedaban en Tarapacá fuerzas de reserva chilenas y en Arequipa se había formado el llamado Segundo Ejército peruano.

Planes de ataque y defensa

Habiendo sido ocupada Tarapacá, Chile estimó que el Perú cejaría en su empeño de continuar la guerra; entonces la conservaría como garantía para cobrarle una fuerte indemnización; pero, luego les pareció a los políticos, que en su gran mayoría eran financistas y mercaderes conocidos de La Moneda, que mejor que la indemnización era la garantía y deberían quedarse con ella, pero como quiera que no se expresó ningún ánimo de rendición y por el contrario se hicieron esfuerzos para continuar la resistencia, se dispuso llegar a Lima y tomar la capital para conseguir aquella esperada rendición.

Pero las necesidades logísticas del invasor hacían necesaria la captura de Tacna y la del magnífico puerto de Arica que sería el lugar de embarque para el norte. El ministro Sotomayor, jefe de la logística chilena, decidió que la artillería de campaña y su parque en Ilo fueran llevadas en transportes navales hasta la caleta de Ite más al sur. Además, que la caballería y la artillería de montaña partieran por tierra hasta alcanzar el valle de Sama y coincidir allí con las procedentes de Ite.

El Perú, en la contingencia de prevenir que aquello pudiera suceder reforzó sus tropas del sur, artilló el morro de Arica y los fuertes que guarnecían aquel puerto y con su aliada Bolivia concertó mantenerse en guerra. Las tropas aliadas quedaron en su cuartel general de Tacna.

Para el coronel boliviano Eliodoro Camacho el plan de defensa sería aguardar a los chilenos en el valle de Sama, bien provisto de recursos, y batir al detalle a las tropas sedientas y cansadas que por secciones se irían acercando al feraz valle. Plan contrario al defensivo y sedentario que propugnaba Montero propuesto a defender Tacna haciendo que el gasto del viaje fuera para el enemigo.

Entonces el coronel Camacho recurrió al Presidente de la República de Bolivia, general Narciso Campero a la sazón en La Paz, urgiéndole se hiciera cargo de la situación.

Las pampas de Intiorco

Al noroeste de Tacna sobre la seca meseta que corre al frente y por lo alto de la bella ciudad del río Caplina -un curso de agua de poco caudal que se pierde en los arenales antes de desaguar al Pacífico- el desierto es implacable, lo era más en 1880 por la modalidad de transporte a lomo de bestia.

Pese a la dureza de los elementos únicamente el recio tamarugo crece allí a expensas de los humedales que destilan de las camanchacas o neblinas tempranas. Cuando éstas se disipan abre el sol e inexorable abraza la pampa conforme transcurre hacia su cenit. La ausencia de agua y sombra son factores mortales para los imprevisores o aventureros.

Aquella meseta presenta un ligero declive al oeste hacia el distante océano y su suelo no siempre es plano, algunas depresiones, de ellas Quebrada Honda, algo más de una legua de Tacna hacen las dificultades del camino; mide de este a oeste entre 400 a 600 metros y unos 10 metros de terreno en depresión y 100 metros de norte a sur. La parte sur del lado de Tacna presenta una pampa con una ceja que es el borde norte de Quebrada Honda. Se trata de la pampa donde está el cerro Intiorco que le da su nombre.

Los arrieros que se arriesgaban por esa zona lo hacían para acortar en algo la ruta desde Ilo con una necesaria parada o pascana en el valle de Sama, de allí por Intiorco hasta Tacna el asunto era severo. Los había quienes venían de lejanos pueblos de las orillas del Locumba, de las poblaciones de Ilabaya, Candarave o más arriba en la cordillera.

En fin, por la zona nada es fácil salvo perecer de sed o de hambre si por negligencia se ha descuidado la provisión suficiente de agua y las raciones de boca para hombres y bestias que deben seguir el camino de huella algo endurecido por las carretas y las acémilas. Al occidente de ese camino, el terreno, por las dificultades que presenta es impracticable. Hacerlo por el oriente, por Quebrada del Diablo, producía superstición y los conocedores lo evitaban.

Desembarco chileno en Ite, de reconocimiento y sorpresa

A mediados de mayo tropas chilenas procedentes de Ilo desembarcaron en la caleta de Ite, conforme hemos expresado. Se acarreó bagajes, artillería y su parque en lanchones desde los buques hasta la playa; a la caballada le tomó mayor tiempo desembarcar, en su mayoría ganado mular necesario para tirar de los pesados cañones, 17 piezas Krupp que comprendían calibre de campaña y un número considerable de ametralladoras de tubos del sistema Gatling. Se despacharon algunas compañías sobre Moquegua usando el ferrocarril desde el puerto. Pese a los embarazos que ofreció la resistencia el valle fue dominado. Una columna peruana se hizo fuerte en las alturas del cerro Los Ángeles, al este de la ciudad y de allí pasó a Tarata.

El ministro de guerra chileno, en campaña, Rafael Sotomayor Baeza, que contaba con el apoyo de su amigo el presidente Pinto que lo había nombrado en el cargo, era, a despecho de los mandos militares, el director logístico, estratégico y supervisor de las operaciones de guerra. Una verdadera imposición civil en asuntos militares. A él se debía que la artillería de campaña, en vez del largo recorrido de las rutas regulares hasta el próximo valle de Sama, imposible de conducirse por su peso por esos caminos, fuera izada por las escarpaduras hasta las elevaciones de la caleta de Ite, para lo cual el cuerpo de zapadores practicó plataformas de tramo en tramo cuesta arriba, construyó los aparejos para elevar las onerosas piezas con sogas tiradas por mulas y a brazo de hombre para luego proseguir rumbo a Sama, estas operaciones duraron cuatro días. Sama sería entonces el punto de reunión para formar el ejército y el de partida del ataque a Tacna distante 38 kilómetros.

Llegados a la cima, de por sí una hazaña, la numerosa hueste continuó trepando los faldeos interiores y alcanzada que fue con esfuerzo la llanura, puso rumbo sureste hacia Buena Vista – Las Yaras, poblados sobre el río Sama donde se había ordenado la concentración de todas las divisiones chilenas; allí repondrán fuerzas gracias a la abundancia de elementos y pastos de aquel valle para después, descansadas convenientemente que fueran y previo reconocimiento de las posesiones enemigas, seguir rumbo a Tacna.

Se pensaba continuar la marcha al menguar el sol y luego de los altos horarios caer sobre los ejércitos aliados. Frente a Buena Vista, el 18 de abril, una avanzada de 20 cazadores que destacó Vergara sobre esa localidad había sido destrozada por los Flanqueadores de Tacna que operaba por la zona a las órdenes del coronel tacneño Gregorio Albarracín Lanchipa. Tomada la población, cuarenta aldeanos que habían defendido sus propiedades fueron pasados a cuchillo por los chilenos de Vergara, en abierta y cobarde represalia.

Sotomayor, investido de la cartera de ministro en campaña, pertenecía a la casta de accionistas de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, al igual que otros asimilados al ejército chileno, como José Francisco Vergara Echevers, que comandaba la caballería, un acaudalado cívico que también formaba dentro de los mandos del ejército de 13,500 hombres que marchaba sobre Tacna.

Este Vergara, comerciante con propiedades en Viña del Mar, donde se conserva su famosa Quinta destinada a festivales de verano, se distinguió por su crueldad y abuso.

A él se debe la masacre de los jinetes peruanos en la oficina salitrera de Germania. Una acción excesiva e innecesaria. Como él una suerte de supervisores chilenos, desde el Congreso de la República o desde el Gobierno se movían vivamente interesados en el éxito personal de la guerra y mandaban tropas de línea (Sotomayor, Vergara), o las mantenían con sus aportes dinerarios en fábricas de armamento, material ferroviario, bagajes, vestuario; etc, etc. que para el efecto de la guerra se habían montado en Valparaíso y Santiago. Capitalistas ingleses de la banca y el comercio formaban un núcleo importante en esta lucrativa aventura de conquista de los territorios del desierto.

Era la euforia por el salitre y la demanda mundial para fabricar pólvora que los empeñaba en la lucrativa tarea con el pretexto de la defensa patria.

Para el veterano general Erasmo Escala, jefe del ejército chileno, resultaba intolerable la intrusión civil en asuntos militares y más de una discusión había ocasionado su pedido de relevo y renuncia al cargo. El presidente Pinto, haciendo eco en la solicitud de Sotomayor, aceptó por fin aquella reiterada renuncia y para proveer su reemplazo se tuvo que escoger un jefe aparente a la conducción civil. Le fue necesario entonces decidirse entre el general Villagrán que era capaz e inteligente, condiciones no aparentes a la tutela civil que ejercía Rafael Sotomayor, y el general Manuel Baquedano González, de 60 años, que más bien
pasaba por obediente, escasamente instruido, sin valor intelectual y algo tonto (Bulnes)Manuel Baquedano Gonzalez

Se decidió por Baquedano que tenía, además, el antecedente de haber desalojado a las fuerzas de peruanos que se refugiaron y resistieron en las alturas de Los Ángeles en Moquegua al frente de los cuales estaba el coronel Andrés Gamarra, el 22 de marzo de ese año de 1880, quien, después de una pertinaz resistencia contra la numerosa tropa chilena se retiró con los restos de su efectivo a Tarata.

El durísimo esfuerzo de la subida de Ite había fatigado a la tropa y muchos hombres se abatieron extenuados. Las ambulancias estaban muy activas. El 20 de mayo, de pronto cundió la noticia, el ministro Sotomayor, víctima del tremendo esfuerzo y la responsabilidad que llevaba empeñados le produjeron un fulminante ataque de apoplejía que lo mató de inmediato en su campamento de Las Yaras. La noticia se propagó como áurea supersticiosa por doquier, no poca cosa era la muerte de un mando superior, en este caso un ministro de estado. La batalla por Tacna cobraba la vida de un importante enemigo.

Baquedano, pese al deceso producido y por la confusión del relevo en la conducción de las operaciones, se hizo el desentendido, no reconoció el mando del civil José Francisco Vergara, a quien días antes el ministro Sotomayor lo nombrara su reemplazo en caso que fuera necesario, actitud aprobada por la Moneda; por el contrario Baquedano lo relevó del mando de la caballería por un miembro nato de esa arma, el teniente coronel Tomás Yabar. De esta forma Baquedano, el tenido por tonto, se mantuvo al frente del ejército y sus planes fueron cumplidos.

Para conocer el emplazamiento de los aliados envió tropas de caballería, el 10 de mayo, con dirección al sur al frente de Intiorco. Estas estuvieron a la vista de los emplazamientos aliados y retornaron con su informe. Pero aquellos datos necesitaba confirmarlos.

Dispuso entonces la salida de un escuadrón de caballería de 700 jinetes a cuyas grupas deberían ir unos 300 soldados de infantería, además de llevar dos piezas Krupp. Este partió el 13 de mayo. Oficiales en gran número incluido Vergara, fueron de esa partida de reconocimiento que llegó frente a las tropas aliadas y después de hacer observaciones de los emplazamientos y disparar sus cañones y recibir la contestación, quedó claro que la izquierda aliada era en proporción la más débil y que las piezas chilenas alcanzaban los 4,000 metros y las aliadas 3,000. Luego retornaron a su base en Buena Vista ese mismo día para confirmar los datos de la expedición anterior.

Con un plan mejor estructurado, Baquedano, después de dejar la caballería, excepto el primer escuadrón de Carabineros de Yungay, ahorrándose así el necesario acarreo de agua y forraje para la caballada, partió de sus campamentos en Buena Vista – Las Yaras, el 25 de mayo rumbo a las pampas de Intiorco.

El general Campero llega a Tacna

Como hemos dicho, los jefes aliados sabedores de los esfuerzos del enemigo para desembarcar y trepar por Ite habían ensayado teóricos planes de defensa. El coronel boliviano Eliodoro Camacho en quien recaía la responsabilidad del mando de sus propias tropas traía abierta discrepancia con el contralmirante peruano Lizardo Montero respecto de cuál debería ser la línea de defensa aliada; para Camacho era importante avanzar las tropas hasta el valle de Sama y mantenerse de los recursos naturales que ofrecía, de ellos el agua. Esperarían al enemigo que de seguro llegaría por secciones y lo batirían al detalle. En caso de algún revés tenían disponible el camino hacia Bolivia. Es decir, se sugería pasar de la perniciosa espera defensiva a la acción del ataque. El plan estaba basado en una línea bien provista de recursos y la ventaja de recibir al enemigo cansado por las marchas en terreno difícil. Correspondería la decisión al general boliviano Narciso Campero.

El contalmirante peruano, Lizardo Montero Flores, en cambio, decía haber recibido instrucciones del dictador Piérola para mantener una línea defensiva y que había que prepararla en las cercanías de la propia Tacna, fuente básica de subsistencias, de la forma más adecuada, dejando al enemigo hacer el desgaste por secos arenales y con la posibilidad, en caso de un revés, de las rutas a Bolivia por Pachía. Pero Montero tenía el plan de que esa retirada sería sobre Arica que presentaba una mejor línea defensiva a la que podría llegarse por ferrocarril.

De alguna forma sería necesario zanjar esta discrepancia. Hacía poco tiempo que el presidente de Bolivia, general Hilarión Daza Groselle, depuesto por el coronel boliviano Eliodoro Camacho en Tacna, por su inexplicable y vergonzosa defección en Camarones, había sido reemplazado en el cargo de la primera magistratura de su país por el general Narciso Campero a quien adornaban cualidades distintas y que gozaba de gran aceptación. Sabedor de las disputas en Tacna y en su calidad de general en jefe de las tropas aliadas, por así consignarlo el respectivo tratado defensivo de 1873, hizo caso a las reiteradas instancias de Camacho y con un par de ayudantes marchó de La Paz a Tacna donde llegó de improviso.

Al mando ya de las tropas, como quiera que los partidarios de la táctica de Camacho fueran sus paisanos de igual manera que para los peruanos lo era la de Montero, el Presidente de Bolivia, ahora en su calidad de Jefe del ejército aliado decidió con la práctica asegurar la teoría de Camacho. Dispuso la salida de las tropas con toda su impedimenta y bagajes rumbo a Sama.

La ausencia de suficientes bestias para la conducción del material de guerra fue el primer inconveniente que se encontró; tampoco existían las acémilas y odres requeridos para el acarreo del agua; de esta forma al llegar a Intiorco, aproximadamente siete kilómetros al noreste de Tacna, la fatiga hizo los primeros estragos en este ejército. Narciso Campero Leyes decidió entonces retornar a la ciudad y el plan de Camacho quedó desechado.

Más tarde, sin embargo, un espía italiano que había seguido la ruta de Intiorco aseguró haber visto al numeroso ejército chileno que se acercaba desde Sama. Alarmado por esta noticia Campero ordenó apresuradamente que nuevamente las tropas se pusiesen en marcha y por consenso se acordó como el mejor lugar para esperar al enemigo las estribaciones inmediatas a Quebrada Honda, justamente hasta donde habían llegado en su expedición anterior, la pampa de Intiorco.

Se colocaron los batallones en una línea de defensa en forma de media luna con vista noroeste, para que los rayos del sol no pudieran herir los ojos; escogieron el lado sur y de espaldas a Tacna un poco más al borde de la elevada pampa y cuyo glacis baja hasta los arenales inmediatos al valle del Caplina donde se yergue Tacna. Ese lugar fue denominado Alto de la Alianza, en virtud del compromiso de peruanos y bolivianos en la defensa territorial.

Más tarde una avanzada chilena de 60 mulos con odres y su escolta de caballería fue interceptada y hecha prisionera por un destacamento de caballería de los Húsares de Junín que se encontraba de vigilancia en las avanzadas de Quebrada Honda que los condujo al cuartel general aliado donde fueron interrogados.

Los prisioneros declararon que efectivamente el ejército chileno marchaba sobre Quebrada Honda y tenía una fuerza de 22,000 hombres. Campero alarmado por el número de enemigos quedó persuadido que la única manera de reducir las fuerzas enemigas era un ataque por sorpresa durante la noche cuando estuvieran descansando en la depresión. Este plan lo comunicó a Camacho y a Montero que aceptaron de inmediato y con entusiasmo. Entonces se hicieron los preparativos y sin un plan claro y en franca improvisación Campero se puso a la cabeza de las tropas que dividió en tres secciones que marcharían paralelas, lo suficientemente espaciadas y precedidas por guías; dejó una reserva en Intiorco y marchó a la media noche del 25 al 26 para sorprender y batir a los chilenos donde pernoctaban.

Dos horas después de la marcha se presentó la niebla o camanchaca y en medio de la oscuridad el coronel peruano Cáceres, conocedor de la zona, advirtió que oblicuaban un tanto hacia la derecha de tal forma que podría haberse sobrepasado al ejército enemigo. Noticiado de esto Campero ordenó corregir el rumbo sobre la izquierda y pronto chocó con las tropas bolivianas del centro que continuaban al norte, entonces cundió la confusión, el extravío era un hecho.

Se dieron órdenes de inmediato para que los ayudantes del comandante en jefe regresaran a Intiorco para alimentar hogueras y a esa señal retornar a su base las cansadas tropas, frustradas en su pretendida sorpresa al enemigo.

Pero la división del coronel Herrera que marchaba a retaguardia ignorante de estas disposiciones pasó sin ser visto entre las columnas de los que retornaban a sus bases y de pronto se encontró a inmediaciones de las avanzadas del ejército chileno cuyos centinelas al divisar su presencia hicieron disparos que fueron contestados por las tropas de Herrera. Una gran alarma cundió entre el ejército enemigo que apresurado disparó una pieza Krupp en la oscuridad, al tanteo, hiriendo a su propia gente. Herrera entonces, fracasada la sorpresa en sus propósitos finales y luego de advertir que se encontraba solo, regresó a Intiorco. Así de aventurado e improvisto resultó el plan de sorpresa al enemigo que pernoctaba.

Poco después del amanecer retornaron a sus bases las tropas aliadas, donde los esperaba un ejército de rabonas bolivianas y la cocina de la intendencia peruana. Los batallones que habían incursionado en Quebrada Honda llegaron a las seis. Herrera recién apareció al frente a las siete.

Armados los fusiles en pabellones los soldados se línea se preparaban a tomar desayuno, cuando de pronto los vigías de avanzada tocaron a generala con lo que la tropa acudió a las armas; se ordenó a las rabonas retornar de inmediato a Tacna. El ejército chileno hacia su aparición dejando una gran polvareda; los contundentes cuerpos de infantería se presentaban a lo lejos en sus uniformes característicos.

Ejército aliado

Primera Línea
De acuerdo con los planes, el general Narciso Campero, presidente de Bolivia y general en jefe del ejército aliado, dispuso la siguiente conformación:

Extrema derecha, contralmirante Lizardo Montero
Primera y Sexta divisiones peruanas
Batallón peruano Lima Nº 11
Primera División Peruana, coronel Justo Pastor Dávila
Batallón peruano Cusco
Batallón boliviano Murillo
Primera mitad del Primer batallón de la Tercera División Boliviana
Batallón Peruano Lima Nº 21
Sexta División Peruana, coronel César Canevaro
Batallón peruano Rímac
Segunda mitad del Primer batallón de la Tercera División Boliviana
6 cañones Krupp y 2 ametralladoras, en el reducto de la derecha, coronel boliviano Flores.

Centro, coronel Castro Pinto
Segunda División Boliviana, coronel Acosta
Batallón boliviano Loa, coronel Castro Pinto
Batallón boliviano Grau
Batallón boliviano Chorolque
Batallón boliviano Padilla
1 cañón rayado, en reducto 2 ametralladoras 2 cañones rayados La Hite 4 ametralladoras, en reducto

Extrema Izquierda, coronel Eliodoro Camacho
Tercera División Peruana, coronel Suárez
Batallón peruano Pisagua
Batallón peruano Arica
Segunda División Peruana, coronel Andrés A. Cáceres
Batallón peruano Misti
Batallón peruano Zepita
7 cañones de a 4 y 2 Blackley de a 12, en el reducto de la izquierda, coronel Arnaldo Panizo

Segunda Línea
Reserva del ala derecha Batallón peruano Nacionales, formados por ciudadanos de Tacna, profesionales, empleados públicos, obreros, gendarmes de policía y otros cívicos, al mando del prefecto Pedro Alejandrino del Solar
Batallón boliviano Colorados, coronel Idelfonso Murguía
Batallón boliviano Alianza
Batallón boliviano Aroma (Amarillos)
Cuarta División Boliviana, coronel Gonzáles
Batallón boliviano Zapadores

Reserva del Centro
Batallón peruano Arequipa
Quinta División Peruana, coronel Herrera
Batallón peruano Ayacucho
Columna Sama, de la División Solar

Reserva del ala Izquierda
Batallón Huáscar
Cuarta División Peruana, coronel Mendoza
Batallón Victoria
Batallón Viedma
Primera División Boliviana, coronel Zapata
Batallón Tarija
Batallón Sucre

Detrás del ala derecha
Escuadrón peruano Húsares de Junín
Escuadrón peruano Flanqueadores de Tacna,
coronel Gregorio Albarracín Lanchipa.
Escuadrón peruano Guías
Escuadrón boliviano Coraceros
Escuadrón boliviano Vanguardia de Cochabamba
Escuadrón boliviano Libres del Sur
Escuadrón boliviano Escolta

Los 6 cañones Krupp de la brigada de artillería boliviana y 1 pieza peruana de bronce, más 2 ametralladoras del ala derecha aliada estaban encerrados dentro de un parapeto protegido por sacos de arena que habían sido construidos con el auxilio de un español.

Parapetos aliados almenados

Total del Ejército Aliado: 9,500 hombres (5,500 peruanos, 4,000 bolivianos)

Ejército chileno

Extrema derecha:
Primera división, coronel Santiago Amengual
Regimientos Chillán (600)
Navales (600)
Esmeralda (1,200)
Valparaíso (1,200)
Ocho piezas Krupp
Ametralladoras

Centro:
Segunda División, coronel Francisco Barceló
Regimientos Santiago (1,200)
2. de Línea (1,200)
Atacama (1,200)
Ocho piezas Krupp
Ametralladoras

Extrema Izquierda:
Tercera División, coronel Domingo Amunátegui
Regimientos Lautaro (1,200)
Zapadores (600)
Coraceros (600)
Ocho piezas Krupp
Ametralladoras

Entre la Derecha y el Centro:
Cuarta División, coronel Orozimbo Barboza
Regimientos Chacabuco (600)
Coquimbo (600)
Granaderos (600)

Comandante en jefe chileno, general Manuel Baquedano González, al mando de la reserva conformada por los regimientos:
Buin (1,200)
3. de Línea (1,200)
4. de Línea (1,200)
Carabineros (700)
Cazadores (500)
Coraceros (500)
Pontoneros (250)

Artillería chilena Krupp de campaña

Total: 13,500 hombres

La Batalla

Plano general de las operaciones de Intiorco

En virtud al reconocimiento chileno, del 13 de mayo, Baquedano había calculado que la izquierda aliada era la más débil por tanto dispuso que la derecha avanzara su infantería con aquella dirección, a la par que la artillería rompió los fuegos para cubrir el ataque.

Eran las 10 de la mañana, apuntaba el sol y la claridad era espléndida.

Proyectiles de los cañones de campaña en su comienzo se introducen en la arena sin estallar. Camacho adelanta sus tropas que dispararan a su vez sobre el enemigo que se aproxima formado en guerrilla, sus cañones rayados hacen efecto en los asaltantes que para evitar mayores estragos se lanzaron a la carrera de frente y por el flanco. En esta situación las tropas de Cáceres del Zepita van al encuentro de los chilenos con decidido ímpetu disparando sus rifles para frenar el asalto. La lucha es porfiada en este punto al extremo que Baquedano dispone el refuerzo inmediato con el apoyo del regimiento Cazadores. La fuerza defensiva aliada es recia y los batallones chilenos son destrozados y van cediendo terreno.

Campero al observar ese movimiento ordena reforzar el contraataque de la izquierda con el batallón los Colorados que acude al trote y se une al Zepita para resistir los esfuerzos de la caballería enemiga para desmembrarlos; cada vez que se produce una carga, colorados y zepitas forman en cuadro y rechazan las cargas a nutrido fuego de fusil. Un movimiento probado con éxito por Wellington en Waterloo contra la poderosa caballería de Ney. La derecha chilena del coronel Amengual cede y empieza el repliegue. Pero Baquedano atento a esta circunstancia emplea a la reserva. Se lanza entonces aquella.

El escenario de gran confusión, estruendo y humo tiene por fondo el griterío enardecido de las tropas en pugna. En este punto ya generalizada la batalla en toda su línea es preciso conocer, en glosa, del informe del coronel Andrés A. Cáceres Dorregaray, detalles de esta acción:

[…] el (Contraataque) se inició, saliendo fuera de la línea, con el avance de mi división, la de Suárez y la de Castro Pinto. Apenas había adelantado yo unos cien metros a la cabeza de mis batallones Zepita y Misti, cuando perdí el caballo. Mi ayudante, Capitán Lazútegui, me dio el suyo, que quedó pronto inutilizado. Mi segundo jefe, comandante Llosa, al avanzar sobre el enemigo, recibió un balazo en el pecho, que le mató instantáneamente; su caballo, sintiéndose sin jinete, partió a la carrera, pero fue alcanzado por uno de los oficiales; al tiempo de poner el pié en el estribo, fue arrancado éste por una bala y hube de montar por el lado opuesto. De los ayudantes, que me acompañaban cayeron los capitanes Chacón y Cabello. El abanderado, teniente Padilla, cayó haciendo flamear la bandera en medio de la lucha, y ordené al teniente Castellanos que recogiera la insignia del Zepita.

Nuestro contraataque seguía, en tanto, pertinaz. Los Colorados rivalizaban con nuestros bravos del Zepita, y la refriega tornábase cada vez más enconada. Aliados y chilenos acometíanse furiosamente, haciendo extraordinarias proezas. Con todo, nuestro decidido empuje adelantaba, pero nos faltaron refuerzos para cubrir las bajas y sostener la impulsión del contraataque, refuerzo que ya no era posible obtener porque todas las reservas estaban empeñadas en la línea de combate.

El enemigo, fuertemente reforzado, volvía, en tanto, al ataque. La lucha era tremenda. El fuego que nos dirigía de todas partes diezmaba mi división y la de Suárez, y hubo momentos que estuvimos en un tris de ser completamente envueltos, pues el resto de la línea no había acompañado nuestro avance, por hallarse combatiendo duramente en sus propias posiciones. Varios jefes habían ya caído en la porfiada lid, muertos o heridos; y a poco fue también herido el valeroso coronel Camacho, comandante general del Centro. El general en jefe, que no perdía detalle en la conducción de la batalla, ordenó al instante al coronel Ramón Gonzáles sustituirle […]

El coronel boliviano, Idelfonso Murguía, jefe del batallón Los Colorados, cuando se refiere al empuje que conjuntamente el batallón peruano Zepita contuvo e hizo retroceder a las maltrechas tropas del Santiago y el Atacama que asaltaron la izquierda aliada, explica el uso táctico de una bien probada organización para contener la carga de los Coraceros que venía en socorro de los batallones en fuga, al mando del coronel Vergara:

[…] Presentóse la caballería enemiga en veloz carrera y por escuadrones, pretendiendo flanquear nuestro costado izquierdo y envolvernos. Vi entonces ocasión de cumplir mis previsiones de los días de instrucción: los brillantes cuadros de infantería, que para algunos estaban proscritos de la táctica moderna. Nos sirvieron allí para mostrar al enemigo la destreza y pujanza de nuestros soldados. Ante la carga de la caballería chilena, ordené formar cuadrilongos. Se formaron en número de seis. Al centro tres dirigidos por los intrépidos mayor José María Yáñez, capitán Gumercindo Bustillo y capitán Juan S. González. A mi izquierda otro, por el jefe del tercer batallón, teniente coronel Zenón Ramírez, que a mil metros a retaguardia había perdido su caballo. Por último, otros dos cuadrilongos a mi derecha bajo el mando del teniente coronel Felipe Ravelo. La rapidez de su formación correspondió a la rapidez del avance del enemigo. Una inmensa nube de polvo y el estruendo de sus armas acompañaban a los corceles. Llegó el enemigo hasta 15 metros de nosotros. Una descarga que parecía hecha por un solo hombre lo recibió, y después otra y otra. La caballada dio vuelta en menos tiempo del que basta para decirlo. Ordené dispersión en guerrilla para seguir con el avance. Se me obedeció con pasmosa serenidad. Los bravos del batallón se lanzaron en persecución del agresor. […]

La artillería peruana, dotada de piezas de menor factura que las chilenas mostró en un primer momento su eficacia. Escuchemos al coronel Arnaldo Panizo Abasolo, comandante general

de la artillería de campaña, en una glosa de su parte fechado en Tarata el 30 de mayo de 1880:

[…] a las 7 de la mañana, se presentó, a la vista, el enemigo, manifestando por su orden de marcha y formación, pronunciar su ataque por el ala izquierda de nuestra línea, lugar que yo ocupaba con la Brigada de Campaña a retaguardia de nuestra infantería.

A las 8.45 a.m. recibí orden verbal de S. E. el Superior Director de la Guerra, para avanzar y romper los fuegos sobre el enemigo, tan pronto que estuviera al alcance de nuestros cañones; en efecto, a las 9 a.m. ordené al comandante de la Brigada Tnte. Cnel. Don Domingo Barboza, hiciera avanzar la 2. batería, comandada por su capitán don Eduardo Águila, con el 3. Jefe de la Brigada, Sargento Mayor don José Manuel Ordóñez, sobre la ceja delantera del campamento que ocupábamos, y que a su derecha, se colocara la sección de a 12, comandada por el Capitán don Ricardo Ugarte, con el 2. Jefe de la Brigada Sargento Mayor don Pedro Ugarteche, quedando de reserva, a retaguardia, la 1. batería comandada por el Sargento Mayor Graduado don Manuel Carrera, lo que fue ejecutado inmediatamente, hice romper los fuegos con magníficos resultados sobre la línea enemiga, cuyos fuegos fueron contestados por su artillería, hasta las 10 a.m. en que haciéndonos esta, por demás más (sic) descargas por baterías, ordené al Comandante de Brigada, aumentara las distancias entre las piezas e hiciera venir a la línea, la 1. batería que se hallaba de reserva; ejecutado lo cual, ordené nuevamente, romper los fuegos hasta las 11 a.m., que recibí orden del Sr. Cnel. Comandante en Jefe del ala Izquierda del Ejército, Dn. Eleodoro Camacho para cesar los fuegos, y ocultar las baterías de la vista del enemigo, colocándolas a la izquierda, de la línea de infantería, en un bajo pliegue del terreno; mientras tanto, el enemigo avanzaba sobre nuestras posiciones, y los tres batallones bolivianos Tarija, Viedma y 2. de Línea se hallaban a la vanguardia de muestras baterías, desplegados en guerrillas y esperando al momento del ataque.

A las 11.3 a.m. dichos batallones recibieron orden de romper los fuegos, y como ocupasen las posiciones que yo había dejado, avanzando al mismo tiempo sobre el enemigo, que venía haciendo fuego y ocultándose por momentos en los repliegues delanteros y perfectamente pronunciados del terreno, era absolutamente imposible, a la artillería que estaba bajo mis órdenes, hacer fuego en la posición que había dejado, so pena de herir a nuestros propios soldados, que con un arrojo digno de alabanza, se lanzaban valerosos sobre el enemigo. Ante tal situación, y cuando los batallones Victoria y Huáscar, que se hallaban a retaguardia, a pocos metros de distancia, avanzaban también hacia la línea, ordené que la 1. y 2. baterías cargaran su material y desfilando por la izquierda al trote pasaran a ocupar una lomada que se hallaba a retaguardia y a la izquierda del puesto que ocupaba el batallón Victoria; en cuyo punto un tanto elevado sobre el terreno de vanguardia, podíamos dominar al enemigo que avanzaba, sin ofender a nuestras tropas.

La 2. batería ejecutó su movimiento de cargar su material y desfilar inmediatamente sin ser ofendida por los fuegos enemigos, por hallarse en la parte más baja del repliegue citado, pero en su tránsito, el nutrido fuego del enemigo, que había pronunciado su ataque por ese lado y que avanzaba arrollando nuestra izquierda, había muerto y herido la mitad de su gente, entre ellos, herido su capitán don Eduardo Águila, matando al mismo tiempo seis mulos conductores, cuyas cargas quedaron en el campo. Una vez en la altura, soportando un vivísimo fuego de fusilería y ametralladora, nos fue imposible hacer fuego, pues ya nuestras tropas estaban confundidas con las del enemigo. Mientras esto pasaba con la 2. batería; la 1. que había quedado a la retaguardia, y en terreno más elevado, al cargar su material para seguir a la 2., fue víctima, así su tropa como sus acémilas, de nutrido fuego enemigo, a pesar de la serenidad y empeñoso interés del Jefe de la Brigada, Mayor Graduado don Manuel Carrera y demás oficiales de la batería, para salvar sus piezas, todo empaño fue imposible, quedando heridos el Capitán Graduado don Elías Bodero y Teniente don Eduardo del Castillo.

La sección de a 12, que ocupaba el centro de las baterías ya citadas, por su naturaleza pesada, para seguir con la regularidad debida al movimiento de las anteriores, y hallándose más cerca de la ceja predominante de nuestras posiciones, a las órdenes del 2. Jefe Sargento Mayor Graduado don Pedro Ugarteche, hicieron seis disparos, hasta que encontrándose acribillado por el fuego enemigo, y sin poder retirarse por las razones ya expuestas, perdiendo toda su gente, y, al Maestro Mayor de obreros Pedro Sánchez, que con sus subordinados, se ofrecieron a servir dichas piezas, a pesar de los heroicos esfuerzos de este Jefe, de su Capitán don Ricardo Ugarte y los de igual clase graduados don Eloy Caballero y don Pedro Odriozola, y después de quedar contusos el 2. y 3., viendo imposible todo esfuerzo de salvar esta sección, se replegaron a la 2. batería.

El que suscribe, con sus tres piezas de la 2. batería y 18 hombres, los tres jefes de la Brigada y los oficiales que se habían replegado, viendo pronunciado el triunfo a favor del enemigo trató de salvar las piezas mandándole orden con el Alférez Pedro Carlín al Capitán Don Félix del Piélago, que se hallaba encargado del parque, se replegase hacia nosotros que nos dirigíamos siguiendo la oleada de dispersos, que cubría la entrada a Tacna, hacia el Alto de Lima, eran las 3 p.m. […]

La sangrienta batalla costó a los ejércitos aliados de 2,500 a 3,000 soldados, lo que dice de la resistencia que opusieron al enemigo que dejó en el campo 2,200 hombres. Los batallones chilenos que perdieron el 50% de su efectivo fueron el Regimiento de Infantería Santiago y el Batallón de Infantería Atacama No. 1, ambos pertenecientes a la 2. División.

Corresponde un alto precio el pagado por el arrojado batallón de los Colorados de Bolivia que fue exterminado. Numerosos y distinguidos jefes y oficiales aliados rindieron la vida aquel memorable día.

Las tropas sobrevivientes bolivianas pusieron rumbo al altiplano. Montero con el parque que se pudo salvar hacia Arequipa. La débil resistencia de Tacna, emprendida por sus autoridades, fue acallada por una descarga de artillería.

Por la tarde el coronel Santiago Amengual hacía su entrada en la vieja ciudad del Caplina; quedaría cautiva hasta 1929.

Museo de Sitio en Intiorco

Próximo al cementerio militar y la cruz monumental que se levanta en la pampa de Intiorco, en Tacna. Conserva documentos, uniformes, armas y municiones de aquella batalla que convocó a tres ejércitos. Fue erigido en la década de los años ochenta.

Pueden verse algunos emplazamientos y las demarcaciones en el terreno de las tropas aliadas, practicadas en los lugares que ocuparon.

Así informó The New York Times, entre otros hechos, la acción de Tacna:

http://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=9C07EEDB173EE733A25755C2A96E9C946797D6CF

Fuentes:

Historia Militar del Perú, 2. Tomo; Teniente Coronel de Caballería, Carlos Dellepiane, 1931, Lima-Perú

Guano, Salitre y Sangre, Ricardo Querejazu Calvo. Cochabamba, Bolivia, 1979

Historia General de Bolivia, Alcides Argüedas. Librería Editorial Juventud. La Paz-Bolivia, 1994 Historia de la Guerra del Pacífico (1879 – 1881); Diego Barros Arana, Ed. Andrés Bello. Santiago de Chile, 1979

Narración Histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia; La campaña del sur. Tomo II. Mariano Felipe Paz Soldán. Ed- Milla Batres. Edición conmemorativa del Primer Centenario de la Guerra del 79.

Internet

En el Alto de la Alianza, Luis Guzmán Palomino

La Batalla de Tacna, Jorge Ojeda Frex

Parte peruano del coronel Andrés Cáceres

Parte boliviano del coronel Idelfonso Murguía

Parte peruano de la batalla por el coronel Arnaldo Panizo

La batalla de Tacna, de Wikipedia que cita este artículo,

http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Tacna

Diversos gráficos de procedencia peruana y chilena

Monumento del Alto de la Alianza, en Intiorco, Tacna

Fanfarria militar Cavalery Trumpet calls.- Roland Kiper. Belgian Military Marches. Conductor: Norbert Nozy /CD87 040 DDD/ NOBLESSE -1993 Drummers Lilt.- Te Corps of Drums. Royal Marines. Hellmark 303782 – 1996

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 11:24:00

Etiquetas: Colorados, Cáceres, Intiorco, Panizo, Tacna

9 comentarios:

Alejandro Reyes dijo…
Qué tal Lucho, sinceramente muy bueno el artículo sobre la batalla en la pampa del Intiorco, con ntecedentes universales, información de material bélico, etc. Te felicito.

Estimado Lucho voy a embarcarme académicamente, en recuperar algunos cientos de expedientes de sobrevivientes de la guerra del Pacífico, espero rescatar la voz
“de los de abajo”. Tengo todo este año y lo haré con un amigo que lo noto muy serio, espero tu opinión sobre este tema en un futuro cercano lo mismo lo haré con
Jorge.

Un abrazo y te reitero un mejor año 2008
4 de enero de 2008, 8:23

Nemesio Canelo dijo…
Apreciado amigo Siabala:

Muchas gracias por su saludo y buenos deseos para el 2008 que también le retorno y deseo para usted y los suyos; y muchas gracias por la valiosa información con que me ha ilustrado su importante trabajo sobre la batalla de Tacna. Lo he leído con sumo interés y lo felicito por el valioso resultado de su esfuerzo. Soy de los que piensan que en el Perú no sufrimos de crisis de identidad, sino de crisis en la percepción de la misma. Por el desconocimiento de la historia que ha gestado nuestra patria y porque quienes ganaron las guerras la escribieron con pasión para justificar sus actos, ocultando y distorsionando la verdad objetiva que es la que nos permitiría identificar toda la riqueza de nuestras raíces fundacionales y el proceso de gestación que han hecho del Perú una nación mestiza con vigorosa identidad propia, cuya realidad es imposible ya desconocer y detener, pero un estado que sigue siendo “una bella promesa aún incumplida” como lo señala Basadre y los peruanos, “un puñado de desconcertadas gentes en un inmenso (y difícil) territorio por laborar” como lo dijo Piérola. Felizmente se sienten aires de esfuerzo serio por esclarecer la verdad histórica y desmistificar falsas glorificaciones y fáciles justificaciones. Le felicito por su esfuerzo y le saluda igualmente afectuoso, Nemesio Canelo.
12 de enero de 2008, 2:02

José Huerto Rojo dijo…
Hola Lucho, excelente el trabajo de investigación que has realizado, lo leí de un solo tirón lo encontré tan interesante que no me pude despegar, es increíble como pueden haber cambiado tanto las tácticas de guerra con la tecnología actual, pero el problema es que la desventaja se presenta ahora igual o peor que en aquella época, no puede ser que no hayamos aprendido la lección.

Gracias por el envío, una buena manera de actualizar mis conocimientos, saludos por casa y un fuerte abrazo Pepe.
16 de febrero de 2008, 20:07

Jamil Siabala Valer dijo…
Felicitaciones Luchito…muy minucioso relato.. como siempre tu eres un buen referente para temas historicos y demás.

Un abrazo

Jamil

6 de enero de 2008 06:17 PM

30 de marzo de 2008, 0:49
Fernando Marcet Salazar dijo…
Admirable y meticuloso trabajo de investigación que tiene la virtud de hacer ligero y ameno un tema que, por su naturaleza, está plagado de la necesaria, como árida información de personajes y material bélico que intervinieron en el suceso.

Insertar fotos y testimonios de los protagonistas es, sin
duda, factor importante para hacer grata y fluida la narrativa que mantiene “capturado” al lector hasta llegar al punto final del brillante trabajo.

Felicitaciones.

Fernando Marcet

8 de enero de 2008

30 de marzo de 2008, 1:12
Rafel Córdova Rivera dijo…
Evidentemente, la inferioridad técnica de los cañones peruanos impedía el tiro de sumersión, a diferencia de los Krupp chilenos que si lo hacían…

Como yo serví en Tacna en 1980, construimos el museo de sitio… en la batalla destacó el batallón boliviano ¨Colorados¨ que al toque de retirada de su trompeta no acudió ningún efectivo, todos habían muerto combatiendo… tuve la ocasión, en dos años de servicio en Tacna, efectuar 18 ejercicios de campaña en la zona, pero con mis cañones apuntando hacia el Sur.

Excelente tu descripción… un abrazo,

Rafael Córdova
30 de marzo de 2008, 1:17

Alberto Alcalá Prada dijo…
Estimado Lucho:

Muy bueno tu artículo e interesante la descripción minuciosa de las armas utilizadas.

Si puedes envíame más artículos.

Saludos

Alberto
1 de abril de 2008, 18:30

Ernesto Linares dijo…
El ejército peruano no usaba cañones de bronce, sino la artillería eran 6 cañones Blakely de 4 libras y 2 cañones Blakely de 12 libras. Los de 4 libras fueron llevados por la Pilcomayo a Arica el 9 de noviembre de 1879 y los de 12 libras, eran de la artillería del transporte Chalaco, que el Presidente Prado ordenó que se desembarcara el 17 de noviembre de 1879.

El ejército boliviano tenía 6 Krupp de 60 mm de montaña y 2 Blakely de 4 libras. Los chilenos capturaron 4 Krupp bolivianos que luego fueron usados en la campaña de Lima
24 de agosto de 2010, 13:53

El autor del artículo dijo…
Apreciado señor Linares:

El coronel Carlos Dellepiani autor de la Historia Militar del Perú, Tomo 2, Lima, 1931, refiriéndose a la artillería del ala izquierda del coronel Panizo, dispuesta en reducto, y a las 7 piezas Blakely de a 4; y las 2 de a 12, expresa: “Por razones que ignoramos no tomó parte en la batalla una pieza peruana de a 4, de las 8 que existían”.

Tanto el ejército chileno que concurrió a Tacna con baterías Krupp, como el peruano tuvieron cañones de bronce de montaña del calibre 86 de procedencia francesa. Esos son los del sistema La Hitte con seis profundas hendiduras en el ánima. En el caso peruano, formaron el parque de Tacna para apoyar el fuego de las ametralladoras Gatling. Una adquisición que hizo la antigua intendencia peruana alrededor de 1858.

A este respecto dice el citado historiador militar, que en la Primera Línea, Centro, formaba en reducto 1 cañón rayado y 2 ametralladoras, al mando del coronel boliviano Castro Pinto y agrega: “Estos cañones rayados, sistema francés La Hitte, partieron de Bolivia formando una sección de artillería llamada “Los Rayados”. Según el parte del Estado Mayor boliviano, redactado bajo la dirección de Campero después de la batalla, se emplazaron en la forma que indicamos”

Con referencia al sistema francés La Hitte, en Wikipedia se expresa:

[…]El gobierno de Francia acordó con Blakely utilizar su patente en 1860 y desarrolló el famoso rayé de a trente de la marina francesa, así como muchas piezas navales, de costa y del ejército.

El rayado no estaba incluido en la patente Blakely así que los franceses utilizaban el sistema de sus cañones de campaña. Este sistema creado por el coronel Treuille de Beaulieu, que fue rechazada hasta en dos oportunidades por el Comité de Artillería de Francia, fue finalmente adoptado con el nombre La Hitte por el apellido del general que presidía el comité. Este rayado era del sistema de centrado: rectángulo inclinado, ancho, profundo y con 6 rayas para ser usado con proyectiles con tetones de zinc en dos filas. […]

http://es.wikipedia.org/wiki/Ca%C3%B1%C3%B3n_Blakely

[…]En 1868, Chile adquirió cañones rayados de bronce franceses sistema La Hitte modelo 1858. Había de campaña de 12 Kg y de 4 Kg, y de montaña de 4 Kg. Se fabricaron varias copias de estos en la fundición de Limache. Su alcance era de 4.700 m para el de 12 Kg, 4.000 m para el de campaña de 4 Kg y 2.500 m para el de montaña. […]

http://es.wikipedia.org/wiki/Campa%C3%B1a_terrestre_de_la_Guerra_del_Pac%C3%ADfico

Con relación a los datos técnicos del suprema La Hitte:

http://fr.wikipedia.org/wiki/Syst%C3%A8me_Lahitte

Gracias por sus valiosos comentarios señor Linares y también por visitar esta página.

Cordiales saludos,

Luis Siabala
27 de agosto de 2010, 6:38

Regata Velas Latinoamérica 2014

Al señor José González Spaudo, de Concepción, Chile, invaluable amigo, gran aficionado a la fotografía y a la náutica

Afiche

ITIN

Nota: Lamento no haber podido acudir a este importante y bello evento internacional. He reunido, sin embargo, material oficial y periodístico para conformar algo de historia.

El 24 del corriente mes de abril, 2014 ha recalado al puerto del Callao la  Regata Velas Latinoamérica 2014, con una derrota similar a la de 2010. Esta vez con menor número de unidades que aquella, y dos de ellas incorporadas, el barco Dr. Bernardo Houssay y el catamarán de aluminio Ice Lady Patagonia II de Argentina.

Auspicia esta Regata la Armada Argentina con el propósito de celebrar el Bicentenario de las acciones navales de Montevideo de 1814.

Sigue siendo apasionante contemplar estas naves movidas por el viento y la pericia marinera de sus tripulaciones.

Notas y grabados oficiales

imagen-velero-callao

A la cuadra del Callao

Naves participantes

Libertad

Fragata Esmeralda

Cisne Branco

Cuauthémoc

Guayas

Simón Bolívar

Velero Gloria

Catamarán Dr. Bernardo Houssay

Catamarán Ici Lady

Galería del arribo al Callao

Proa y bauprésProa al puerto
AcoderandoAcoderando
A bordo del ARA LibertadOficiales peruanos a bordo
Marinera limeñaMarinera limeña
Bnada ARA LibertadBanda del ARA Libertad
Empavezado nocturnoEmpavesado nocturno

El artículo que sigue a continuación, reprise de la anterior recalada en el Callao, es un homenaje a la presente 7. Regata Velas Latinoamérica, 2014.

Dijimos entonces:

MIÉRCOLES, 12 DE MAYO DE 2010

Rendezvous en el Callao

 Veleros, uno de ellos Juan Sebastían Elcano

BAP Escuela Unión; bric-barca Europa, Holanda y fragata Esmeralda, Chile

Remolcadores SIMA-Callao

 Remolcadores de maniobra en bahía, fabricados en los astilleros SIMA-Callao

Esmeralda, Chile; ARA Libertad, Argentina; Guayas, Ecuador

Esmeralda, Chile; ARA Libertad, Argentina, Guayas, Ecuador

Bauprés, Gloria, Colombia

Bauprés del velero escuela Gloria, Colombia

Gloria; Cuautémoch; Cisne Blanco; Sagres; Capitán Miranda

En fila, Gloria, Colombia; Cuauhtémoc, México; Cisne Blanco, Brasil; Sagres, Portugal, Capitán Miranda, Uruguay

Esmeral, Libertad, Guayas

Esmeralda, Libertad, Guayas

Un regalo para la vista en día excepcionalmente claro

La cita en el Callao de once veleros, en su mayoría buques-escuela de otros tantos países, se cumplió según derrota de largo itinerario empezada el 2 de febrero de 2009 en Río de Janeiro, Brasil y que tiene final el 28 de junio 2010, en Veracruz, México; regata que busca celebrar el bicentenario de la independencia de las repúblicas sudamericanas que empezó en 1810, con excepción del Perú, el último país que consiguió su independencia en 1821, por lo que las celebraciones de este baluarte español de América meridional tendrá que esperar hasta el año 2021.

Denominada Bicentenario, repetimos, es una regata internacional de grandes veleros “Velas Sudamérica 2010”, para celebrar el centésimo segundo aniversario de independencia del dominio de España.

Día agradable aquel del sábado 1. de mayo que dio comienzo a la jornada de visita a las nueve de la mañana, tiempo escaso por lo que únicamente fue posible abordar hasta las quince horas, cuatro de las más importantes naves acoderadas a los molones del Arsenal Naval del Callao o Base Naval, apostadero de la armada peruana cuyas principales unidades habían salido a la bahía para dar cabida a la flota de veleros jamás reunida desde el siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Curiosos, aficionados y marinos frustrados -como el autor de estas notas- debemos haber vivido, qué duda cabe, la fantasía del pasado en un anacrónico viaje. Inolvidable experiencia que esta bitácora se propone que así sea.

Aquí detalles de esta singular recalada en el Callao:

Derrota de Velas Sudamérica 2010

Itinerario:

1. Río de Janeiro (Brasil) 02 – 07 febrero

2. Mar del Plata (Argentina) 22 – 26 febrero

3. Montevideo (Uruguay) 28 febrero – 02 marzo

4. Buenos Aires (Argentina) 04 – 09 marzo

5. (*) Isla de los Estados (Arg.) 18 marzo

6. Ushuaia (Argentina) 20 – 23 marzo

7. (*) Cabo de Hornos (Chile) 24 marzo

8. Punta Arenas (Chile) 27 – 31 marzo

9. Valparaíso (Chile) 13 – 18 abril

10. Antofagasta (Chile) 21 – 23 abril

11. Callao (Perú) 28 abril – 02 mayo

12. Guayaquil (Ecuador) 07 – 11 mayo

13. Cartagena de Indias (Colombia) 19 – 23 mayo

14. La Guaira (Venezuela) 29 Muy – 02 junio

15. Santo Domingo (Rep. Dom.) 06 – 09 junio

16. Veracruz (México) 23 – 28 junio

Veleros participantes:

Capitán Miranda-Uruguay (1930)

Cisne Blanco-Brasil (1999)

Cuauhtémoc-México (1982)

Esmeralda-Chile (1954)

Europa-Holanda (1911)

Gloria-Colombia (1967)

Guayas-Ecuador (1976)

Juan Sebastián Elcano-España (1927)

Libertad-Argentina (1960)

Sagres-Portugal (1937)

Simón Bolívar- Venezuela (1979)

USGC Eagle-USA (1946)

La afluencia de público aumentó conforme transcurrió el día. La visita a cada nave toma considerable tiempo y en consecuencia no era posible abordar todas, pero con cuatro de las más significativas nos bastó para preparar algún material fotográfico que ahora entregamos y tenemos la sensación, color, olor y sonido de ese entorno aún presentes.

Veleros escuela visitados

ARA Libertad (Argentina)

 

Cabillería de babor

Cabillería de babor

ARA Libertad, puente de mando

Puente de mando de la fragata ARA Libertad

La fragata Q2 ARA Libertad, construida en el Astillero Río Santiago, es una fragata con gavias dobles (cinco vergas por palo que puede bracearse hasta 45°) y cuatro palos cruzados (bauprés, trinquete, mayor y mesana). La altura máxima del palo mayor es de 49,8 m y tiene seis guinches eléctricos para maniobra de velas. Tiene 27 velas de Dacron, son 15 cuadras, 5 foques, 6 cuchillas y una cangreja, con una superficie total de 2.652 m2, siendo éste un buque escuela. Tiene como misión completar la formación profesional de los guardiamarinas de la Armada Argentina.

La construcción del buque escuela a vela, encarada en el Astillero Río Santiago del AFNE (Astilleros y Fábricas Navales del Estado), llegó a su fin el 28 de mayo de 1963 con la entrega oficial a la Armada Argentina de la fragata ARA Libertad (Q-2), que relevó de su tarea al crucero ARA La Argentina y a la legendaria fragata ARA Presidente Sarmiento.

El primer remache de su quilla fue puesto el 11 de diciembre de 1953. Botado su casco el 30 de mayo de 1956, su construcción y alistamiento sufrieron los avatares de la situación política argentina, comenzando las pruebas de mar recién a fines de 1961.

En el año 1963 zarpó del puerto de de Buenos Aires en su primer viaje de instrucción.

En el año 2004 se inició, nuevamente en el mismo astillero que la vio nacer, un completo proceso de modernización de media vida, que finalizó el 2 de marzo de 2007. La remodelación del buque escuela incluyó el reemplazo del sistema propulsor, la planta eléctrica, el sistema central de aire acondicionado, el cambio de la cubierta y la reparación integral de toda la estructura. También incluyó una reforma en los sollados de los guardiamarinas para poder incluir comodidades para las nuevas generaciones de mujeres que cursan en la Escuela Naval.

Velero Escuela Libertad

Foto INTERNET, ARA Libertad entrando a puerto

Buque Escuela Esmeralda Chile)

Datos técnicos:

 Desplazamiento 3.673 t APC

2.900 t en rosca

Eslora 113,1 m

94,13 m sin el bauprés.

Manga 13,1 m

Puntal 8,68 m

Calado 7 m

Calado aéreo 48,7 m

Aparejo bric-barca

Armamento 2 cañones de 57 mm

Propulsión vela/ motor Diesel

Velocidad 16,5 nudos (32,41 km/h)

Autonomía 1.200 a 17 nudos

Tripulación 323 personas

Esmeralda

Acoderada en la Base Naval del Callao, fragata Esmeralda, Chile

Por la banda de babor

Por la banda de babor

Puente de mando

Puente de mando

Cubierta principal con dirección al alcázar de proa

Cubierta principal con dirección al alcázar de proa

Banda de babor, hacia el alcazar de popa

Banda de babor, hacia el alcázar de popa

Historia

El buque escuela Esmeralda es un buque de instrucción de la Armada de Chile. Es el sexto buque chileno bajo el nombre Esmeralda. Actualmente es el segundo velero más grande del Mundo (altura y longitud) junto con su gemelo perteneciente a la Armada Española, el Juan Sebastián Elcano.

Su nombre es en honor a la fragata Esmeralda (1ª), navío de la escuadra española capturado en El Callao la noche del 5 de noviembre de 1820, por el Almirante Lord Thomas Alexander Cochrane, y posteriormente, a la corbeta Esmeralda (2ª) comandada por el Comandante Arturo Prat Chacón, muerto gloriosamente en el Combate Naval de Iquique. Los Oficiales ingresados de la Escuela Naval Arturo Prat y las 70 primeras antigüedades del Personal de Mar ingresados de la Escuela de Grumetes Alejandro Navarrete Cisterna realizan el Crucero de Instrucción a bordo del Buque Escuela por el plazo de un año.

Construcción. En 1946, España ordenó a los astilleros Echavarrieta y Larrinaga de Cádiz, la construcción de una embarcación gemela del Buque Escuela Juan Sebastián Elcano, como reemplazo del segundo buque escuela de la Armada Española, el Galatea. Este nuevo barco llevaría el nombre de Buque Escuela Juan de Austria.

El 18 de agosto de 1947 los astilleros Echavarrieta y Larrinaga fueron destruidos tras la explosión de la Base de Defensas Submarinas de España. El Gobierno de España, en forma de ayuda se hizo cargo de las deudas acarreadas por la explosión y creó la Sociedad de Astilleros de Cádiz S.A. El trabajo sobre el barco quedó temporalmente detenido. En 1950 Chile y España entraron en negociaciones para saldar las deudas contraídas con Chile como consecuencia de la Guerra Civil Española. Chile aceptó el barco inacabado como parte del pago y, en 1951, los trabajos se reanudaron.

El 12 de mayo de 1953 se realizó el lanzamiento desde las gradas de la Sociedad de Astilleros de Cádiz S.A.

El buque fue entregado al gobierno chileno, el 15 de junio de 1954.

Buque escuela Juan Sebastián Elcano (España)

Datos técnicos:

Astillero Echavarrieta y Larrinaga – Cádiz

Clase Juan Sebastián Elcano

2 buques

Tipo Bergantín goleta

Autorizado 6 de abril de 1923

Botado 5 de marzo de 1927

Asignado 29 de febrero de 1928

Destino Activo

Características generales

Desplazamiento 3.700 t APC

2.900 t en rosca

Eslora 113,1 m

94,13 m sin el bauprés.

Manga 13,1 m

Puntal 8,68 m

Calado 7 m

Calado aéreo 48,7 m

Aparejo Bric-barca

Armamento 2 cañones de 47

Propulsión vela/ motor Diesel

Velocidad 16,5 nudos

Autonomía 1.200 a 17 nudos

Tripulación 257 personas

Historia

El Juan Sebastián de Elcano fue botado en Cádiz, España, el 5 de marzo de 1927.

El primer nombre que recibió el proyecto de este barco fue “Minerva”, diosa que aparece en el mascarón de proa, pero por un real decreto del 17 de abril de 1925 fue cambiado por el nombre con el que hoy tiene. El casco fue diseñado por la compañía Echevarrieta y Larrinaga de Cádiz. El mascarón de proa y otras tallas del barco fueron encargados al escultor bilbaíno Federico Sáenz Venturini. Para el diseño de las velas se eligió al proyectista inglés Nicholson. Su primer velamen era de lino y se encargó a la fábrica Ratsey Isapthone de Gosport, una de las importantes firmas inglesas del momento. Las velas de respeto fueron realizadas por la casa Echarne de Gijón. A su entrega, el buque escuela contaba con un motor diesel auxiliar de 800 caballos (unos 600 kW). El precio de coste del barco ascendió en aquella época a 7.569.794 pesetas.

 

Guasrdia del portalón de popa

Guardia del portalón de popa

Armas del portalón de popa

Armas de la guardia del portalón de popa

Fragata con masteleros del trinquete y cangrejas en su arboladura

Desde el muelle, fragata con masteleros en el trinquete y cangrejas en su arboladura

Al regreso de su primer viaje y tras los diagnósticos oportunos se supieron sus virtudes y defectos, y estos últimos fueron tenidos en cuenta para ser corregidos y mejorados en sucesivos cambios y obras de carena y recorrido. Hasta el comienzo de la Guerra Civil, estas reformas habían sido: el 15 de julio de 1930, por su escasa potencia el motor fue sustituido por otro Pressel Mancon grupo electrógeno; el 14 de agosto de 1933 se construyeron los pañoles en el sollado de proa; en julio de 1933 los tanques de agua se trasladan de la toldilla a proa; el 8 de mayo de 1934 se instala en babor el repetidor de la giroscópica en el puente y en el despacho del comandante; en 1933 y por orden del comandante Moreno Fernández se colocó en el mamparo de proa de la toldilla la placa con la inscripción latina “Tu Primus Circundedisti Me“, que rememora el escudo y lema que Carlos I otorgó a la familia de Elcano. También fueron bautizados los 4 palos con los nombres que recuerdan a los buques escuelas anteriores.

La primera travesía del barco fue de Cádiz a Málaga con S.M. Don Alfonso XIII a bordo. En su primer viaje visitó los puertos de Cádiz y Málaga (donde desembarcó S.M. dirigiéndose a continuación a Sevilla, sede en aquel momento de la Exposición Universal, donde permaneció hasta el 30 de abril). Puede decirse que este viaje fue el ensayo general antes de efectuar su primera navegación alrededor del mundo recalando en Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. Antes de llegar a Canarias permaneció 40 días en el Atlántico sin tocar puerto hasta el 6 de junio. El 4 de julio llegó a Pasajes en Guipúzcoa, donde recibió la bandera de combate de manos de la Infanta Beatriz de Borbón, hija del rey Alfonso XIII. Dicha bandera fue obsequio de la Diputación Provincial de Guipúzcoa. Del 18 de abril al 15 de julio de 1928 se recorrieron 5.769 millas repartidas en 57 singladuras y dando una velocidad media de 4,2 nudos.

Terminado este periodo de prueba, pasó a la Carraca para limpiar fondos y prepararse para su primer crucero de instrucción, que consistió en dar la vuelta al mundo en dirección opuesta a la que en su día hizo el ilustre navegante del que recibe su nombre, siendo su comandante el Capitán de Fragata Manuel de Mendvil, comenzando el 1 de agosto de 1928 y finalizándolo el 29 de mayo de 1929. Recorrió los siguientes puertos: Cádiz, San Vicente (islas de Cabo Verde), Montevideo, Buenos Aires, Ciudad del Cabo, Adelaida, Melbourne, Sidney, Suva, San Francisco, Balboa, La Habana, Nueva York y Cádiz.

25 años después se usaron los mismos planos para construir el barco escuela chileno Esmeralda en 1952-1954.

La embarcación cuenta con dos purificadores de agua y un depósito de gasóleo de 265.000 litros que alimenta tanto sus motores de propulsión como sus generadores eléctricos. Con una capacidad de carga de poco más de 600 toneladas puede estar en alta mar durante más de veinte días sin tener que ir a puerto a abastecerse.

En sus viajes de entrenamiento tarda unos 22 días en llegar hasta América, haciendo escalas en diferentes puertos en su recorrido. Da la vuelta al mundo en aproximadamente nueve meses; hasta el año 2008 lo había hecho diez veces. El resto de sus salidas ha viajado a América y regresado a España sólo navegando en el océano Atlántico.

Velero Europa (Holanda)

 Datos técnicos

Puerto: La Haya

Astilleros: Rederij Bark Europa by – 1911

Eslora 56 m

Manga 7,45 m

Calado 3,9 m

Casco Acero

Desplazamiento 575 t

Sup. Vélica 900 m2

Tripulación Total 62

Postal de la bric-barca Europa

Postal adquirida a bordo. bric-barca Europa con todo el velamen desplegado
Mastelero del trinquete, reparando amarras
Reparando amarres en el mastelero del trinquete
Bella tripumante en el mastelero de la gavía mayor
 Bella tripulante sobre el mastelero de la gavia mayor
Reparaciones en el mastelero
Reparaciones en el mastelero
Gloria, mascarón de proa; efigie de Europa y Zeus
Mascarón con la efigie de Europa y Zeus

Velero Guayas (Ecuador)

Eslora 78,4 m

Manga 10,7 m

Calado 4,5 m

Casco Acero

Desplazamiento 1.217,82 t

Sup. Vélica 1.611,27 m2

Tripulación Total 187

Historia

Velero construido al igual que el Cuauhtemoc, Simón Bolívar y Gloria en los Astilleros Celaya en Bilbao-España en 1977, tiene como función principal la formación y entrenamiento de los marinos ecuatorianos.

Velero Escuela Gloria Colombia

 

Columna de veleros-escuela. Encabeza el velero Gloria

Columna de veleros escuela con nutrida concurrencia, encabeza el velero Gloria

Datos técnicos

Eslora 76 m

Manga 10,06 m

Calado 4,87 m

Casco Acero

Desplazamiento 1.300 t

Sup. Vélica 1.400 m2

Tripulación Total 155

Historia

Con 42 años de vida en el mar. Construido en los astilleros de Celaya de Bilbao, España es un bergantín barca con un aparejo de tres palos: Trinquete, Mayor y Mesana, y en cuyas vergas se aferran 23 velas entre cuadras y latinas que incluyen foques, estays y en el Mesana: cangreja y escandalosa.

Simón Bolívar (Venezuela)

 

Gran pabellón en la driza de mezana

Gran pabellón en la driza de mesana

Historia

Construido en los Astilleros y Talleres Celaya en Erandio, Vizcaya. Fue botado el 21 de noviembre de 1979 y entregado a la Armada Venezolana el 12 de agosto de 1980, siendo adscrito al Comando de la Escuadra.

En su proa lleva el mascarón de La Libertad, diseñado por el artista venezolano Manuel Felipe Rincón. Desde su botadura, ha navegado aproximadamente 225.000 millas náuticas en un total de diecisiete Cruceros de Instrucción.

Bella tarde.

Fuentes navales de INTERNET

http://www.velasudamerica2010.com/

http://youtu.be/1necq4-u5ng

http://youtu.be/Ky-zrrkipzQ

Fotos del autor

Publicado por Luis Siabala Valer en 10:38

Etiquetas: 1810, bauprés, bicentenario, Callao, Elcano, escuela, esmeralda, mesana, regata, rendezvous, sebastián, vela, velero

7 comentarios:

Luis Adolfo Siabala dijo…

¡Qué hermosa crónica! Los que amamos la navegación a vela sentimos placer y emoción al ver este despliegue naval en cada foto, en cada detalle a bordo de estos prodigios de mar, a Dios gracias, conservados en el tiempo: la navegación a vela, una forma sabia y de buen gusto de preservar la enseñanza del dominio de los vientos para recorrer el mundo por los hombres de mar. ¡Cuántas historias, alrededor de estos viajes y travesías de extramares! ¡Cuántas evocaciones a Melville, a Defoe, a Conrad! Felicito al Dr. Siabala por las fotos que por sí solas describen -a manera de poema-un sentimiento y un reconocimiento al prodigio humano en tanto el colectivo del recuerdo lo permita.

14 de mayo de 2010, 7:12

Dame una buena idea dijo…

Amigo Siabala no hay mejor crónica y memoria descriptiva que haya leído de los veleros en todo el internet cómo este que has hecho tú. Cuanta alegría y color se vivieron esos días, cuanta história y sobre todo intercambio cultural. Yo también tuve la oportunidad de ir un día antes de la inauguración de los veleros y poder hacer un registro fotográfico de los veleros en todo su esplendor. Aquí te dejo

http://www.flickr.com/photos/mannover/sets/72157623848660319/

14 de mayo de 2010, 14:10

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO LUCHO

ME PARECE UNA FABULOSA RESEÑA…PERO, QUE TIENE QUE HACER EL ECUADOR POR AHI, SI SE SEPARO DE COLOMBIA O LA GRAN COLOMBIA EN 1829 o 30.

 UN ABRAZO

RAFAEL

14 de mayo de 2010, 20:32

José Huerto Rojo dijo…

Hola Lucho, gracias por el relato de los veleros que estuvieron en el primer puerto, yo no fui porque últimamente no me agrada la concentración de tanta gente, pero como alguna vez te dije yo soy marino de corazón. (…)

Saludos y un fuerte abrazo, Pepe.

15 de mayo de 2010, 21:32

Jamil dijo…

Impresionantes fotos Luchito, me hubiera encantado estar ahí contigo para que me ilustres como siempre.

Un beso

tu hijo

30 de junio de 2010, 2:49

Anónimo dijo…

Pretty cool stuff here thank you!!!!!!!

27 de agosto de 2010, 11:09

DORELLY dijo…

Luchín:

Es un lindo recuerdo para toda la vida la visita que realizamos aquel día soleado y de mucha alegría subiendo y bajando de estos veleros maravillosos. Gracias una vez más por estos lindos momentos.

DORELLY

10 de diciembre de 2010, 18:12

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Resistencia y asalto a Concepción

VIERNES, 25 DE ABRIL DE 2008

 El Brujo de los Andes, miniatura

A don Máximo Sánchez Arévalo

 Jefe guerrillero

Jefe guerrillero

Operaciones militares de la Guerra del Salitre

Domingo, 9 de julio, 1882

El Mariscal Cáceres tenía la imaginación como un arma secreta. Fue un soldado encendido por la pasión creadora, un imaginativo audaz. Por algo le decían El Brujo. Cuando nadie veía el camino, se desplazó certeramente hacia el Perú central y de la nada levantó un ejército. Donde no existía sino desaliento, desató energía. Cuando todo parecía hundirse, encontró una razón de combate. Fue el fundador y jefe de un nuevo ejército popular. Encarnó la conciencia nacional y la dignidad indeleble. El invasor vio en Cáceres al hombre más peligroso, porque era precisamente el más imaginativo, y trató muchas veces de matarlo. Pero El Brujo estaba bien protegido: no por la magia misteriosa sino por el poder popular

 ROMUALDO, Alejandro 1982; Comentario en: Reflexiones sobre la resistencia de La Breña, Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú. Ed. Lima: Ministerio de Guerra.

 Antecedentes importantes

Para el segundo año de ocupación de Lima, la presencia clara y cada vez más evidente de la resistencia en el centro del país traía preocupadas a las autoridades militares chilenas. En la sierra central columnas de campesinos se movían a la cabeza de jefes nombrados, sea por voluntad colectiva o como respuesta al llamado de un indiscutible jefe que se hacía más visible y que cobraba autoridad, el coronel Andrés Avelino Cáceres Dorregaray.

 

General Cáceres

 Después de permanecer oculto a salvo gracias a la diligencia de los padres jesuitas del convento de San Pedro, en Lima, en cuyo hospital curó de las heridas que recibió en Miraflores en la jornada del 15 de enero de 1881 y puesta su cabeza a precio por el enemigo, se había evadido y marchado al centro, al feraz valle del Mantaro. Allí prepararía la resistencia y a sus escasas tropas de línea se sumarían entonces columnas de montoneros armados con cualquier instrumento ofensivo, acicateado el ímpetu por el odio al invasor que tanto daño causaba en sus pueblos.

Su casa en Lima, de la calle San Ildefonso en los Barrios Altos, ocupada por su esposa y alguna familia, era materia de vigilancia constante. Pero allí bullía una quinta columna o inteligencia siempre dispuesta a prestar los socorros de ambulancia o los envíos furtivos de armas, al paso del ferrocarril que detenía en la cercana estación de Viterbo rumbo a la sierra central, que para entonces su punto más alto y final era la localidad de Chicla, en las altas punas de la cordillera.

Oriundo de Chupas, en Ayacucho, poblado en las pampas inmediatas al sur este de Huamanga, el coronel, veterano de todas las campañas del sur, hablaba con fluidez el quechua y por ello llegaba con facilidad al corazón de los pueblos por donde pasaba que a su voz se enrolaban, sumándose al pequeño ejército de regulares que le acompañaba, el batallón Zepita, que era el más conspicuo por haberlo comandado en toda la campaña del sur; de esta forma se asimilaban sencillos campesinos armados con rejones y antiguas armas coloniales de fuego dando lugar a una considerable fuerza.

Formaban parte de su Estado Mayor, selectos oficiales que se le reunieron y un grupo de entusiastas adscritos que respondía a la Ayudantina, como se le denominaba; eran estos señoritos hijos de los hacendados de la sierra central decididos a presentar al enemigo un frente móvil de sorpresa y desgaste en un terreno alto con una orografía agreste tal como lo presentan los contrafuertes del hermoso, extenso y fértil valle del Mantaro.

Destacamentos a la búsqueda de Cáceres

El comandante en jefe de las tropas de ocupación, con cuartel en Lima, por entonces contralmirante Patricio Lynch Solo Zaldívar, dispuso la salida de sendos regimientos con dirección al Mantaro, para poner fin a la amenaza que ya había sorprendido a las tropas regulares que incursionaron a la sierra en busca de botín y exacción. Pero la actividad de los guerrilleros era un constante obstáculo para atender estos propósitos.

En este aspecto es preciso apuntar que fueron montoneros peruanos los que en pampa Quinua, Ayacucho, afligieron el flanco derecho del valiente brigadier español Jerónimo Valdez, como que guerrilleros fueron los que encabezados por Juan Martín “el Empecinado” dieron cuenta de las tropas francesas en las jornadas anteriores a Bailén, en España. Es decir, aquellos eran cuerpos de irregulares animados por una suerte de venganza que apuntalaba fuertemente sobre su espíritu y por ello fueron capaces de conseguir triunfos insospechados.

Un regimiento chileno, en general, comprendía 1,200 plazas de infantería, asistido de artillería y caballería, es decir, un conjunto bien afiatado de combate y su componente adecuadamente armado, muy bien montado, avituallado por su intendencia y socorrido por sus bien dotadas ambulancias, con lo que le bastaba para penetrar con suficiente autonomía, como era el caso que nos ocupa, dentro de los breñales de la sierra peruana con la ventaja consecuente de la fuerza y la aplicación del cupo a los indefensos pueblos, cuyos padres e hijos habían acudido a formar la resistencia que Cáceres estaba convocando. Este era el caso del regimiento Chacabuco, o Sexto de Línea, cuyo jefe el coronel José Francisco Gana había dispuesto que una columna de esa cuerpo se adelantara y ocupase Concepción.

Plan de ataque y resistencia en simultáneo

Entre mediados de 1881 y mediados de 1882, la primera maniobra estratégica concebida por Cáceres, durante la llamada Campaña de la Breña, fue emprender una guerra de guerrillas para, en el entreacto, formar y adiestrar sus primeras tropas. Una vez que estas hubieron adquirido volumen y consistencia, adoptó un esquema defensivo y al abrigo de esa estrategia de guerra de desgaste alcanzó la fuerza suficiente para pasar a la contraofensiva.

Dentro de este contexto de resistencia y contraataque se dieron las continuas incursiones de las fuerzas peruanas en las localidades de Matucana, La Oroya, Tarma, Jauja, Chicla, San Mateo, con preferencia a muchas otras, con notable suceso.

Para fines de 1881, persuadido de la importancia de esta acción de iniciativa personal, el dictador supremo del Perú, don Nicolás de Piérola, ascendió a Cáceres, dueño ya de una respetable fuerza disciplinada y armada, al grado de general y lo nombró jefe superior político-militar del centro. Contaba con 3,000 hombres, ocho piezas de artillería y un regimiento de caballería, fuerza con la que daba sorpresivos golpes a los chilenos desde Chosica, pequeña e idílica localidad a diez leguas al este de Lima.

Tampoco dejó de lado el concurso de sus campesinos-guerrilleros de las diversas comunidades altas de los Andes, como lo eran las de Apata o las de Comas quienes operaban con la habilidad propia de su naturaleza frugal y resistente a la faena en altura, en especial la colocación de trampas o galgas al borde de los abismos en los desfiladeros y pasos obligados de los breñales, arte que dominaban a la perfección y otras tareas destinadas al apoyo táctico de las tropas regulares.

Era conocido y un motivo de apremio y temor para el enemigo, que necesariamente se aventuraba por los desfiladeros, el peligro que significaba para las tropas, acémilas y equipo, generalmente parque de artillería cuando en las alturas tronaba de pronto fatal, in cressendo, el horrísono alud de las galgas que dando tumbos empujaban a su paso rocas de mayor tamaño, mensajeras terribles de la muerte.

Consideraciones de paz y envió de fuerza punitiva

Consolidada la ocupación de las principales ciudades de la costa del Perú –excepto Arequipa, Cusco, Puno y vastos sectores de la sierra- el alto mando militar chileno tenía claro que la presencia de la fuerza hostil que operaba en los Andes, con el coronel Cáceres a la cabeza, haría imposible la tan ansiada paz que urgía, habida cuenta de los altos costos de la ocupación -que no lo era de todo el país- inmenso para tal propósito, la manifiesta hostilidad y el desaliento de las propias tropas por el abandono de la metrópoli, tal como lo señala el historiador chileno Jorge Hinostroza en su famoso Adiós al Séptimo de Línea, capítulo Los batallones olvidados y, sobre todo, el avance para concertar acuerdos de paz que negociaba con el presidente del gobierno provisorio, con sede en el pueblo de la Magdalena, don Francisco García Calderón.

Coronel Ambrosio LetelierSin otro recurso el jefe militar de ocupación, contralmirante Lynch, para evitar que la guerra se prolongase indefinidamente, por cuanto no se había dado la rendición oficial del Perú -hecho que jamás ocurrió- envió, en mayo de 1881, una fuerte expedición punitiva rumbo a Junín y Cerro de Pasco al mando del teniente coronel de caballería Ambrosio Letelier Salamanca con órdenes de destruir sin contemplaciones cualquier forma de resistencia por parte de los peruanos.

Letelier pasaría a la posteridad no sólo por su ineptitud como oficial, sino principalmente por la crueldad con que asumió su función en la sierra central peruana, imponiendo cupos, saqueando e incendiando sin el menor escrúpulo, indiscriminadamente, propiedades y exigiendo cuantiosos y absurdos rescates. En Huancayo había impuesto uno de 100,000 soles y 60 caballos a la población.

Su nefasta actitud, incluyendo el hurto de dinero propiedad de la caja del ejército chileno fue censurada por su propio comando, quién lo sometió a corte marcial por corrupción. Posteriormente el gobierno de La Moneda lo exculparía por considerar importantes sus servicios en la guerra.

La acción de este militar, que deshonra las armas chilenas, valdría de por sí crónica aparte, por la forma de exacción y depredación con la que cumplió su cometido, pero baste decir que su innoble conducta sirvió para endurecer la resistencia. Aquella misión resultó un fracaso y por el contrario originó un escándalo por los actos manifiestos de corrupción y abuso de autoridad que le fueron atribuidos a Letelier. Dueño de un cuantioso botín colectado de las casas de hacendados, campesinos y de ornamentos preciosos extraídos de los numerosos templos, huyó acosado por los guerrilleros sedientos de venganza.

Para proteger su retirada desde Cerro de Pasco, Letelier ordenó a un batallón del regimiento Buín desplazarse desde Casapalca hasta el caserío de Cuevas.

Una sección de dicha fuerza se dirigió luego hacia la hacienda de Sangrar (que los historiadores chilenos por desconocimiento denominan Sangra), donde fue atacada por un batallón peruano, que le causó muchas bajas y la pérdida de cincuenta estupendos rifles.

Alarmado por este suceso, escarmentado por la resistencia, Lynch llevó a Letelier a juicio militar, suspendió el envío de este tipo de expediciones y para asegurarse la conquista de la sierra central dispuso un ejército, fuerte de unos 3,220 hombres, al mando de competentes oficiales. El primero de enero de 1882, aquel ejército, dividido en dos columnas y al mando del coronel Juan Francisco Gana, emprendió su marcha hacia los altos breñales del Perú.

Este era el detalle de ese efectivo:

Batallón Lautaro, 750 hombres

Batallón Chacabuco, 800

Batallón Tacna, 820

Regimiento Carabineros de Yungay, 400

Regimiento Cazadores a Caballo, 50

Dos baterías de montaña (12 cañones) y 4 ametralladoras, 400 hombres.

Total del efectivo: 3.220 plazas.

Los animales de transporte de tropa, carga y tiro: 1,250 acémilas, de ellas 100 mulos y 600 caballos de la artillería que guarnecía la Capital.

Para la fecha, el general Cáceres, jefe político y militar del Centro, obraba sobre la base de la siguiente disposición y efectivo:

Coronel Francisco de P. Secada, comandante en jefe del ejército del Centro.

Batallón de línea Zepita

Batallón de línea Tarapacá

Batallón de cívicos América

Batallón de cívicos Huancayo

Escuadrón Cazadores del Perú

Cinco piezas de montaña. Para entonces Cáceres contaba con 4 cañones Krupp y 4 piezas de avancarga, ánima lisa, por toda artillería.

Total del efectivo: 1.000 hombres.

No tardarían en darse los primeros enfrentamientos entre las tropas regulares chilenas con las de Cáceres. En Huarochirí, la fuerza de Cáceres sufrió su primer revés por la defección traicionera, en pleno combate, de los batallones del coronel Manuel de la Encarnación Vento y de algunas tropas de caballería. Cáceres impidió la debacle y pese a las pérdidas logró replegarse sobre Tarma. Su ejército había quedado reducido a 1,000 hombres de infantería, 98 jinetes y 90 artilleros, pero aún constituía una importante unidad de combate.

Urgido de refuerzos, pues estos se encontraban en Ayacucho, a las órdenes del coronel de artillería Arnaldo Panizo, le adelantó un mensajero para notificarle tuviese disponible aquellas tropas a su llegada; pero Panizo, alegando obediencia a las órdenes del dictador supremo Piérola se mostró remiso a proporcionarle dichas fuerzas y en previsión, por el contrario, se hizo fuerte en las alturas del cerro Acuchimay que domina la ciudad.

Cáceres apareció en marcha envolvente, el 22 de febrero, por donde menos se le esperaba y emprendió el asalto cuesta arriba con sus disminuidas tropas y consiguió imponerse. Asimiló entonces el efectivo conquistado y ahora, formando una sola fuerza, reemprendió su marcha sobre los chilenos que ocupaban el valle del Mantaro.

El jefe del Destacamento Chacabuco

Integrando el componente del ejército de Gana, venía el Sexto de Línea o Chacabuco, al mando del comandante Marcial Pinto Agüero. Fuerte de seis compañías había tenido una destacada y decisiva participación en las batallas de San Juan y Miraflores y en la toma del Morro Solar, que no había sido fácil. Por ello se le consideraba un regimiento de élite.

Con referencia al regimiento Chacabuco la profusa historiografía chilena refiere que en los inicios de la campaña del Pacífico, desde el asalto de Pisagua, esta unidad formada por voluntarios de la clase obrera, al mando de oficiales profesionales, perteneciente en su mayoría a la burguesía -como también era costumbre dentro del ejército peruano-, apuntamos nosotros, no tenía enrolados los provenientes de las clases acomodadas, lo que ocasionaba la consecuente molestia por semejante privilegio y el desigual peso de la carga del conflicto.

Por esta razón muchos jóvenes de las clases media y alta concurrieron a sus filas. Entre ellos Ignacio Carrera Pinto, sobrino del presidente de Chile y descendiente de José Miguel Carrera y Verdugo, prócer de la independencia de su país, enrolándose en el ejército donde recibió el grado de sargento del Regimiento Cívico Movilizado No 7 de Infantería, Esmeralda, conocido como el Séptimo de Línea.

 Ocupada Lima, Carrera fue ascendido al rango de teniente. Poco más de un año después, fue promovido al rango de capitán y jefe de la cuarta compañía del regimiento Chacabuco, que en aquellos momentos formaba parte de la división que ocupaba la sierra central del Perú. Ascenso del cual no alcanzó a enterarse.

La fuerza chilena llegó a operar, en su mayor amplitud, un radio de trescientos kilómetros entre las localidades andinas de Chicla, Marcavalle y Cerro de Pasco, localidad minera esta última arriba de los 4.000 metros sobre el nivel del mar. El cuartel general fue la ciudad de Huancayo, capital del departamento de Junín, a orillas del río Mantaro, a 3.340 metros de altitud y a la vista de los nevados del Huaytapallana, conocida por su clima templado y saludable.

Para obtener mayor control el jefe de la división del centro, coronel Gana, había dispuesto guarnecer el valle con fracciones de tropas ubicadas en los pueblos y caseríos distanciados unos de otros entre 20 y 30 kilómetros. Era claro que esta forma fraccionada de estacionar tropas podría acarrear consecuencias de gravedad. Así lo intuyó Lynch y no se equivocó.

Los sucesos importantes inmediatos tienen lugar en febrero, cuando ausente el coronel Gana, que retornó a Lima, dejó el mando de las tropas del centro al coronel Estanislao del Canto, aGeneral Estanislao del Canto la sazón comandante del regimiento Buín, Segundo de Línea.

Sobre la base de estas consideraciones respecto a lo fraccionado de las guarniciones del valle del Mantaro, Lynch ordenó al jefe chileno abandonar Huancayo y replegarse a Jauja donde tendría mejor dominio del ferrocarril de la Oroya y en caso de emergencia el paso del ejército al otro lado de la cordillera de los Andes. La ofensiva podría reanudarse concluido el penetrante invierno andino.

Sin embargo, del Canto, apremiado por las circunstancias y el considerable número de enfermos retrasó el repliegue. Asolaba el tifus.

Pucará y Marcavalle

El 5 de febrero la fuerza chilena sostuvo un primer combate con las tropas de Cáceres en la localidad de Pucará al noreste de Huancayo. Las tropas enemigas, en franca desorganización, luego de sufrir muchas bajas, replegaron hacia Zapallanga donde buscaron refugio. Habían dejado abandonado considerable cantidad de armamento y munición.

Era el momento esperado por el general Cáceres. Decidió rodear las fraccionadas fuerzas chilenas, para impedir su retirada hacia Lima y batirlas al detalle, por partes. Marcharon en consecuencia y ajustados al plan tres columnas con un total de 1,300 soldados y 3,000 guerrilleros.

La primera columna el batallón Pucará número 4, las columnas guerrilleras de Comas y Libres (voluntarios) de Ayacucho y fracciones del batallón América, al mando del Coronel Juan Gastó; la segunda columna, un batallón de regulares y un destacamento de guerrillas, a órdenes del coronel Máximo Tafur y, la tercera con el resto del ejército, permaneció bajo el mando del propio Cáceres.

El coronel Gastó debía marchar por el sector derecho de las alturas del río Mantaro y, virando por la localidad de Comas, caer sobre el pueblo de Concepción y batir al destacamento que ocupaba ese lugar. La columna de Tafur debía avanzar hacia el oeste, pasar por Chongos y Chupaca, caer sobre la Oroya, atacar a la guarnición chilena y cortar el puente del mismo nombre para impedirle el escape hacia Lima. El general Cáceres se reservó batir a los destacamentos chilenos de Marcavalle y Concepción.

El 8 de julio Cáceres arribó a la localidad de Chongos y se desplazó por los pueblos de Pasos, Ascotambo, Acoria y otros sin ser avistado por el adversario; acampó finalmente en las alturas de Tayacaja, frente al poblado de Marcavalle, primer objetivo militar de la expedición.

Desde aquella posición los peruanos pudieron divisar claramente a las tropas chilenas del Regimiento Santiago. En la madrugada del 9 de julio, el general Cáceres ejecutó un ataque simultáneo con artillería e infantería. La sorpresa fue tal, que en no más de 30 minutos las fuerzas chilenas se vieron obligadas a retroceder hasta el pueblo de Pucará, ubicado a poco menos de un kilómetro y medio de Marcavalle, en dirección a Huancayo.

En este proceso los chilenos sufrieron 34 bajas. En Pucará se trabó un nuevo combate entre las tres compañías del Santiago y cuatro compañías de los batallones peruanos Tarapacá, Junín y la columna de guerrilleros de Izcuchaca. El ataque peruano alcanzó tal intensidad que la tropa chilena debió emprender otra apurada retirada. Las pérdidas sufridas por el enemigo invasor en las acciones de Marcavalle y Pucará fueron considerables. Tuvieron 200 bajas, entre muertos y heridos. Asimismo dejaron en el camino municiones y demás pertrechos de guerra. Sus muertos fueron enterrados por las tropas peruanas; entre ellos seis oficiales, para quienes el general Cáceres dispuso sepultura especial así como los honores militares correspondientes. Un auténtico soldado.

Concepción

Fundada el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, por el conquistador español Hernando Pizarro, el pueblo de Concepción se ubica a un poco más de cinco leguas al noroeste de Huancayo y a nueve de Pucará, por entonces con unos tres mil habitantes. De origen inca en territorio de los antiguos huancas había sido ocupada, como tenemos explicado al comienzo de este artículo, por una guarnición del ejército chileno, una de las fracciones diseminadas por orden del coronel del Canto a lo largo de diversos pueblos del espléndido valle.

Dicho jefe chileno, el 5 de julio, había dispuesto que la cuarta compañía del Chacabuco, a órdenes del capitán Ignacio Carrera Pinto relevara a la tercera compañía del mismo regimiento en el pueblo de Concepción. La compañía de Carrera consistía en 57 soldados, 1 sargento, 4 cabos y 1 segundo oficial. A ellos se sumaban 2 subtenientes de la quinta y de la sexta compañía del Chacabuco, convalecientes del tifus. Además 10 soldados, todos ellos excluidos del servicio por enfermedad; 9 pertenecientes a diversas compañías del Chacabuco y 1 a la primera compañía del regimiento Lautaro. En total, 77 hombres; 4 de los suboficiales estaban acompañados por sus mujeres, enroladas como cantineras, quienes convivían con ellos como también era lo usual entre las tropas peruanas y bolivianas.

La vida apacible en aquel pueblo, pese al natural rechazo de la población, hacía parecer que el destacamento recién llegado no sufriría mayores contratiempos y la posibilidad de un enfrentamiento inmediato con el ejército peruano se vislumbraba remota.

El cuartel de la guarnición, era la casa parroquial contigua a la iglesia y del otro extremo se levantaba otra de dos pisos que hacía de enfermería, predios ubicados en la plaza de armas del pintoresco pueblo de Concepción. En prevención Carrera Pinto había dispuesto defensas externas. La parte posterior del improvisado cuartel daba a las faldas del cerro. Para evitar sorpresas el teniente ordenó levantar barricadas en las bocacalles en los accesos a la plaza, conforme le previno un natural sentido de defensa…

El 9 de julio, a las 9 horas, se produjeron los ataques a las guarniciones chilenas de Marcavalle y Pucará que desde luego pasaron inadvertidas en Concepción. El enemigo retrocedió hacia Zapallanga. Las tropas del Santiago lograron hacerse fuertes en un lugar llamado La Punta, donde fueron reforzados por el destacamento acantonado en Zapallanga.

Advertidos del acontecimiento y pasada la sorpresa de los primeros momentos, la fuerte división central de Huancayo se movió para socorrer a sus camaradas; por esta razón y otras circunstancias contingentes, Cáceres suspendió el ataque a este sector, con el propósito de reemprender las hostilidades al día siguiente. Había logrado su objetivo principal y los chilenos habían sido desalojados de Marcavalle y de Pucará.

Del Canto recogió a los sobrevivientes del Santiago, y con el grueso de la división se replegó a Huancayo, y en vez de tomar rumbo a Concepción el comandante en jefe decidió permanecer en aquella ciudad y pasar ahí la noche. Había recibido noticias de Concepción, pero nadie podía imaginar los dramáticos sucesos que ahí se producirían con los del Chacabuco, uno de los regimientos que se había distinguido en las batallas del sur. Una sección de setenta hombres al mando del teniente Ignacio Carrera Pinto dos oficiales, cuatro clases y cuatro cantineras, habría de sufrir, víctima de sus hechos, la venganza de numerosos campesinos que armados de cualquier forma los aniquilaría.

Con arreglo al plan general de operaciones, el coronel peruano Juan Gastó, comandante general de la división de Vanguardia, avanzó sobre el destacamento de Concepción. Llevaba 300 soldados del ejército regular y 1,000 campesinos armados con lanzas, todas las armas de fuego que pudieron colectar y sus infaltables rejones, bajo las órdenes del comandante guerrillero Ambrosio Salazar Márquez quien debería ejecutar el asalto.

Concurrían también diligentes otros jefes guerrilleros, primer comandante de la columna Apata, Andrés Avelino Ponce Palacios y el alcalde Juan Manuel García, segundo jefe de Aquella columna; el Jefe apatino Emilio García Barreto; el alcalde Juan Manuel García; el jefe guerrillero Jerónimo Huaylillos de la columna Comas, teniente Juan Nicanor Castillo; teniente Santos Alzamora; el coronel Mariano Aragonés, primer Jefe de la columna Comas; el tercer jefe de la columna Apata Ambrosio Salazar Márquez; el teniente Antonio Cama Portugal; el segundo y tercer jefes de la columna Comas, José Manuel Mercado y Manuel Concepción Arroyo; los capitanes Arcadio Minaya y Mariano Villasante que mandaban a los guerrilleros de Concepción; el teniente Juan Nicanor Salas; el subteniente Julián Farje, además de otros jefes valientes y esforzados comuneros, de ellos Juan de la Mata Sanabria, Marcos Chamorro, Esteban Alzamora, Tomás Astucuri, Cipriano Camacachi, Paulino Monge, Gregorio Maldonado, Bonifacio Pando, Lino Huamán, José Quintanilla, José T. Martínez, Víctor Cuenca, Justo Ponce, Jerónimo Véliz, Mariano Jesús, Estanislao Pairiona; el capitán de caballería Venancio Martínez; José Rosa Martínez, Crisanto Ponce, Pablo Bellido, Pedro Medina, Baltazar Chávez, Jorge Carrera, Santiago Quispe, tenientes Felipe Muñoz, Antonio Cama Portugal y Juan Nicanor Castillo Salas; Santos Alzamora, Luis Salazar, Toribio Gamarra, Ricardo Cárdenas, Estanislao Vivar, Rufino Meza, Fernando Urrutia; el doctor Santiago Manrique Tello; Luciano Villasante, Esteban Alzamora, Melchor Moreno, Daniel Peña, Manuel Santos, Moreno, Manuel Alzamora, Marcos Chamorro, Adolfo Coca, Pedro León, Miguel Patiño, Ismael Carpio, Dámaso Peña, Ángel Véliz; los oficiales Francisco Carbajal, de Moquegua; el alcalde Nicolás Berrospi, de Cerro de Pasco; el coronel Andrés Bedoya, de Tacna; el alcalde Pablo Bellido, de Ayacucho, estos últimos sin mando efectivo pero que formaban el pequeño cuerpo de regulares del coronel Juan Gastó y muchos otros más cuyos nombres iremos incorporando.

El asalto

Montonero a caballo. Pancho Fierro

Aquel domingo 9 de julio, las campanas doblaron llamando al oficio religioso, pero fuera de costumbre el destacamento chileno no concurrió a la misa de las 9 horas conforme había acudido otros domingos, asunto que llamó la atención de los pobladores quienes no acostumbraban ingresar al templo cuando lo había hecho el destacamento. Era evidente que esperaban algún ataque.

A las 2 de la tarde las fuerzas peruanas aparecieron por los cerros que rodean Concepción, una abigarrada y nutrida poblada armada con rejones, machetes y algunas armas de fuego en compañía de soldados regulares de uniforme pero en menor número.

El sorprendido teniente Ignacio Carrera Pinto evaluó de inmediato cómo enfrentar la situación.

Cap. Ignacio Carrera Pinto, jede del destacamento Chacabuco

Emprender una retirada rápida pero ordenada aconsejaba el instinto, dado el crecido número de la hueste atacante o, de lo contrario, permanecer en el sitio. Pero era muy probable que en el intento de retirada los guerrilleros peruanos pudieran emboscarlos y batirlos en campo descubierto, eso era evidente.

Únicamente quedaba el recurso supremo de la resistencia. Se decidió mantener la posición, pues se esperaba contar con el apoyo del coronel del Canto, que luego de evacuar Huancayo, debía pasar por Concepción en el transcurso de las próximas horas. Tal cosa se esperaba, pues así estaba dispuesto.

Para coadyuvar este último plan de apresurada contingencia, el jefe chileno despachó a un cabo y dos soldados para que abriéndose paso de alguna forma llegaran al cuartel general de Huancayo para dar cuenta de la socorrida situación en que se encontraba el destacamento, a la par que dispuso sus hombres para la defensa.

Quedó entonces la guarnición fatalmente reducida a 74 soldados. Pero, como era de esperarse, los mensajeros fueron descubiertos en su intento y los comuneros dieron rápida cuenta de ellos y con este hecho desvanecida la búsqueda de socorro.

Hemos dicho que el coronel del Canto no marcharía aquel fatídico día sobre Concepción; había decidido permanecer con el grueso de sus fuerzas en Huancayo. Además, acababa de recibir una comunicación del propio teniente Carrera, a la a 1 y 30 de la tarde, por la que daba parte que la guarnición bajo su mando se encontraba sin novedad. Ironías del destino.

La fuerza peruana inició esporádicos y aislados disparos desde las colinas. La guarnición chilena, obligada a conservar municiones, no contestó el fuego. Estaba preparada para repeler un ataque frontal. Carrera dividió entonces su destacamento en principio para defender el perímetro de la plaza de armas, donde había anticipado barricadas, para lo cual distribuyó a sus hombres en los cuatro accesos a la plaza.

En poco tiempo ejército y guerrilleros peruanos bajaron las laderas; por el sendero de Lastay, los comasinos; al mismo tiempo los hombres del ejército regular aparecieron por el lado opuesto de la quebrada de Matinchara, por el camino que conduce a Quichuay; quedaba de esta forma cercado el pueblo. De inmediato emprendieron el asalto simultáneo a la plaza. Los chilenos parapetados respondieron con una descarga cerrada, causando muchas bajas en los asaltantes, pero el ánimo caldeado de éstos no se amilanó y continuaron en la brega. Fueron rechazados una y otra vez hasta llegar de a poco a las posiciones chilenas, primera fase del combate, que se prolongaría por una hora.

La disciplinada destreza de los defensores a cubierto, disparando sus fusiles Comblain de reglamento, producía tiro certero y causaba considerable baja. Las embestidas peruanas con sus armas de toda suerte y factura no podían romper las barricadas y se veían obligadas a retroceder para reintentar una y otra vez penetrar las defensas del adversario no sin antes causarle muertos y heridos. No había, pese a las bajas sufridas por los peruanos, intención alguna de suspender o concluir el ataque. Era evidente, sin embargo, que pronto los esfuerzos de resistencia serían acallados.

Los chilenos poco tiempo después fueron forzados a replegarse el centro de la plaza cargando a sus heridos y dejando los cadáveres de sus compañeros caídos en acción. Los guerrilleros, bajo la viva voz de su jefe, comandante Ambrosio Salazar Márquez, avanzaron resueltos. La nueva posición que tomaron los chilenos los había dejado más expuestos. El teniente Carrera ordenó entonces el inmediato repliegue hacia el cuartel y la plaza de armas quedó desierta, excepto los cadáveres de los primeros momentos.

Afirmadas con trancas las pesadas puertas conventuales y tapiadas las ventanas, los resueltos defensores buscaron troneras para disparar. Todos quienes pudieron tomar el fusil acudieron a las armas. Había llegado ese momento cuando los espíritus enardecidos se atacan y acometen con esa fuerza irrazonable, una paradoja desesperada por salvar la vida.

Había en el espíritu de los pacíficos y laboriosos trabajadores del campo, convertidos ahora en feroces guerreros, la indignación y sed de venganza por las tropelías, cupos y abusos cometidos por las fuerzas chilenas contra sus pueblos y familias y por ello no cejaron en su empeño y se lanzaron cada vez más osados y decididos para recibir fuego nutrido y compacto que los replegaba con las consecuentes bajas.

Suspendido por un momento el ataque, el coronel Gastó, consciente que tarde o temprano se tomaría el cuartel chileno y en consideración al posible exterminio del valiente destacamento enemigo, amén del profuso derramamiento de sangre, envió a uno de sus oficiales para que, bajo bandera de parlamento, planteara la rendición de los parapetados soldados con arreglo a los usos y costumbres de la guerra.

Aquí queremos consignar detalles del relato del corresponsal en campaña del diario chileno El Mercurio con relación al apremio de rendición dispuesto por Gastó, muy difundido por la prensa chilena más no consignada en los partes peruanos.

Rezaría el texto, en clara redacción militar:

Señor Jefe de las fuerzas chilenas de ocupación.- Considerando que nuestras fuerzas que rodean Concepción son numéricamente superiores a las de su mando y deseando evitar un enfrentamiento imposible de sostener por parte de ustedes, les intimó a deponer las armas en forma incondicional, prometiéndole el respeto a la vida de sus oficiales y soldados. En caso de negativa de parte de ustedes, las fuerzas bajo mi mando procederán con la mayor energía a cumplir con su deber.”

Ignacio Carrera Pinto, persuadido de su dramática situación frente al enemigo superior en número y consciente de su ligazón familiar con el mandatario de Chile, además de saberse descendiente de un prócer, respondió resuelto en el mismo papel de notificación:

En la capital de Chile y en uno de sus principales paseos públicos existe inmortalizada en bronce la estatua del prócer de nuestra independencia, el general José Miguel Carrera, cuya misma sangre corre por mis venas, por cuya razón comprenderá usted que ni como chileno ni como descendiente de aquel deben intimidarme ni el número de sus tropas ni las amenazas de rigor. Dios guarde a usted“.

Bien, continuamos, cumplidas las formalidades de la guerra y estando a la respuesta el mando peruano dispuso la reanudación del ataque que se produjo de inmediato, a pecho descubierto, por hombres en su mayoría armados con rejones, pero nuevamente fue rechazado con las feroces descargas de plomo.

El combate encontró a los adversarios, con el mismo ímpetu, hasta que la tarde alcanzó a la noche; el frío se acentuó, el silencio se apoderó de la plaza y cada bando se apresuró en asistir a sus heridos y a reponer fuerzas. En el ánimo de los chilenos estaba pendiente la esperanza de la llegada de Gana y la salvación. Era cuestión de tiempo, en tanto sólo quedaba continuar la lucha…

A eso de las 7 de la noche se reinició el combate, esta vez los atacantes continuaron disparando contra el cuartel pero avanzaron protegidos por la oscuridad. Finalmente alcanzaron las paredes del recinto. Los hombres del Chacabuco salieron en grupos a repeler a la bayoneta, con lo que lograron hacer retroceder a sus atacantes. Esta acción, repetida en varias oportunidades, pese a lograr alejar a los peruanos de su posición por un momento, les había hecho sufrir bajas en mayor proporción.

Dueños ahora de la posición de la plaza, los atacantes pudieron penetrar a las casas aledañas al cuartel que terminó rodeado. Trepados sobre los techos vecinos y desde distintos ángulos, continuaron disparando contra el objetivo y causando más mortandad entre sus agotados adversarios.

Ya el cuartel chileno estaba soportando sus últimos instantes. Los gritos intimando a la rendición se sucedían. Pero era evidente que aquellos soldados preferirían seguir la lucha, la alternativa de la vida era remota en manos de los guerrilleros. Sabían del rencor que les guardaban.

Para la media noche de aquél fatídico día la mitad de la compañía del Chacabuco había perecido. Los sobrevivientes seguían batiéndose. Entonces, una variante dramática surgió de momento. Fueron practicadas varias aberturas en las blandas pero gruesas paredes de adobe del viejo templo y algunos osados asaltantes que penetraron por ellos treparon sobre el techo de paja y le prendieron fuego; de inmediato el incendio se propagó. Se quería forzar la evacuación del enemigo a campo descubierto.

Lenguas de llamas, avivadas por los atacantes hicieron presa del cuartel y sus precarios ocupantes se agolparon donde mejor pudieron. Carrera Pinto decidió otra salida con objeto de limpiar el perímetro. Al frente de su grupo se abrió paso, avanzando por el frente y los costados del cuartel.

Asalto a los invasores de Concepción, 9 y 10 Jul. 1882

El resto que permaneció en el interior intentaba alejar a los heridos del fuego y detener a los peruanos que ya ingresaban. Fue en estas circunstancias, según versiones chilenas, que el decidido teniente y varios de sus hombres cayeron muertos en acción, el primero por una bala que le atravesó el pecho. No más de dos docenas de hombres combatían desesperados, ahora bajo el mando del subteniente Montt que también resultó muerto. La responsabilidad recayó entonces en el joven Pérez Canto.

Los emisarios enviados para pedir la nueva rendición fueron baleados en el fragor del combate y ello enfureció a los atacantes que consideraron tal reacción como un acto de traición. Los ataques se prolongaron durante toda la madrugada, sin mitigarse y sin que los chilenos se decidieran a presentar bandera de parlamento.

Amaneció finalmente y Pérez Canto se vio obligado a efectuar una nueva incursión fuera del cuartel y sucumbió en su propósito. Dentro del recinto sólo permanecía el joven subteniente Cruz con una docena de soldados y tres cantineras

Por su parte el comandante de guerrilleros, don Ambrosio Salazar Márquez, quien quedó como único responsable militar de las acciones para neutralizar al destacamento chileno, apreció la dilatación de la lucha sin ver nada positivo y decidió dar más ímpetu al ataque.

El coronel Gastó, ante semejante derramamiento de sangre, quiso salvar la vida de los sobrevivientes y exhortó a Cruz a deponer su actitud combativa. Fue inútil, el contagio de heroicidad era evidente. Entonces Cruz ordenó a los pocos hombres que le quedaba salir del recinto para abrirse paso a la fuerza hacia la plaza. En el acto subteniente y acompañantes sucumbieron.

La batalla había concluido.

 

Concepción

Los pocos soldados aún con vida no tuvieron más opción que soltar sus rifles entre el llanto desconsolado de las cantineras. Habían sostenido su lucha hasta el final. Se entregaron al comandante que ejercía el dominio del asalto. Pero el oficial peruano no era suficiente para contener la manifiesta y boceada ira de los guerrilleros.

El coronel Gastó y la mayoría de soldados y oficiales del ejército regular se habían retirado poco antes en cumplimiento de órdenes superiores, pues sabía que en la práctica el combate había concluido y era cuestión de poco tiempo rendir a los sobrevivientes enemigos.

Por ello, aproximadamente a las 8 de la noche dispuso que las tropas del ejército regular se dirigieran hacia al fundo Santibáñez, entre Quichuay e Ingenio. El mayor Juan Manuel García, que se esforzaba para que los guerrilleros los tomaran en calidad de prisioneros, impotente finalmente no pudo frenar a los enfurecidos campesinos. Pero los antecedentes eran elocuentes respecto del trato y la reciprocidad.

Todo guerrillero, en su condición de tal, capturado por los chilenos era pasado por las armas, se desconocía el carácter de beligerantes de esos improvisados guerreros, quemaban sus viviendas, saqueaban sus pueblos y ejecutaban a sus padres, hermanos e hijos. Esta vez, decenas de ellos yacían muertos en aquel combate de Concepción. Guerrilleros, muchos de ellos que únicamente hablaban el quechua pero que tenían el sentido de lo suyo y la fuerza determinante de la pelea.

Ajenos a toda voz persuasiva se lanzaron sobre los sobrevivientes y ante el horror del vecindario los ultimaron sin contemplación.

El 10 de julio el general Cáceres reanudo la marcha sobre Huancayo para continuar la lucha, pero del Canto ya había evacuado la población con dirección a Jauja, por la cual la capital de Junín fue recuperada por las fuerzas peruanas.

Represalia chilena

En su repliegue, el jefe chileno entró en Concepción y se dio con el dantesco cuadro. Acto seguido ordenó en venganza fusilar a cuanto montonero y residente, sin exclusión de edad o sexo estuviera a mano, incendiar las viviendas y arrasar con el pueblo.

Por iniciativa del comandante del regimiento Chacabuco dispuso que, por el cirujano de la división, los corazones de los cuatro valientes oficiales fueran retirados de sus cuerpos para ser transportados a Lima y posteriormente remitidos a Santiago, donde descansan en una columna de mármol ubicada a inmediaciones de la entrada por la puerta derecha de la Catedral.

El general Cáceres honra al comandante Ambrosio Salazar al citarlo en el parte de guerra sobre los combates de Marcavalle, Pucará, Concepción y San Juan Cruz, publicado en Tarma el 28 de julio de 1882.

Dice en el parte:

El 10 tuve conocimiento de la retirada emprendida de las fuerzas de Huancayo y la toma del cuartel de Concepción, donde pereció toda la guarnición chilena al brío de los guerrilleros de Comas mandada por el Teniente Coronel provisional, don Ambrosio Salazar”.

Y en cuanto a los vencedores de Concepción expresa:

Guerrilleros de Concepción, estoy orgulloso de vosotros, y el Perú entero debe estarlo también. Si mi nombre como lazo de unión patriótica ha merecido nuevo lustre por vuestros heroicos e insospechados hechos bélicos, ellos me obligan a proseguir como hasta hoy, en el futuro, por los senderos, a través de todas las dificultades y sacrificios, por sólo el bienestar y dignidad del Perú”.

Parte del comandante guerrillero don Ambrosio Salazar y Márquez:

Comandancia de la “Columna Cazadores de Comas”

Ingenio, julio 10 de 1882- 1p.m.

Señor coronel don Juan Gastó, Comandante General de la División Vanguardia del Ejército del Centro.

S.C.C.G.

Ayer á las diez a.m. dejamos el caserío de San Antonio, á donde arribamos en una sola jornada, habiendo salido de Comas el 8 del que rige, con objeto de atacar la fuerza chilena que guarnecía la ciudad de Concepción. A las 4 p. m. Llegamos á otro caserío nombrado Lastay, que está sobre la expresada ciudad á distancia de tres kilómetros; aquí hicimos alto para distribuir á la fuerza de mi mando, que constaba de 170 hombres con rifles desiguales, las municiones que á costa de muchas fatigas me arbitré en Comas, después del primer combate que libré en dicho pueblo contra una fracción del escuadrón chileno “Yungay”, que fue destrozado también por las fuerzas que me obedecían el dos de marzo del año en curso.

US. opinó que la hora era inoportuna para emprender el ataque y que además era necesario saber con fijeza sobre el paradero del señor General Cáceres y su ejército, o de algún movimiento que éste haga contra el grueso del ejército enemigo, que en la actualidad ocupa Huancayo; y que, en consecuencia, era más conveniente en concepto de US. ocupar las alturas de este pueblo, para estar atento á las evoluciones que lleve á cabo dicho señor general y operar en seguida de concierto con ellas.

Yo no quise cejar ni un punto de la resolución que traía desde que salí de Comas, de atacar al enemigo sin pérdida de instante. Viendo el sargento mayor don Luis Lazo, 2° jefe de la columna Ayacucho, que mi propósito era inquebrantable, se asoció á mi dictamen y dijo en voz alta, como á US. le consta, que él me acompañaría en mi empresa aunque sea solo.

Entonces US. me dio el alto y honroso de dirigir el ataque, alegando que no conocía la topografía de la ciudad que, media hora después, fue el teatro de la lucha sangrienta; acepté desde luego tan honrosa comisión inmediatamente me adelanté á tomar el camino que conduce sobre el Morro que sobre sale de la colina que domina Concepción por el este, distante mil metros de la plaza de la ciudad, con la columna de mi mando, el 2° jefe de ella sargento Mayo Uladislao Masías y don Crisanto Meza, quien espontáneamente, me ofreció sus servicios del día anterior en San Antonio.

Una vez que hube llegado al expresado Morro, abrí los fuegos contra los chilenos, que desplegaron en guerrillas en la plaza y en el patio del convento que hacía de cuartel, nos esperaban, á consecuencia sin duda de algún aviso que en ese instante tuvieron de nuestra aproximación por ese lado. Por espacio de una hora sostuve un nutrido fuego de fusilería en esa posición hasta que US., según convenimos de antemano, se introdujese á la ciudad sin ser visto por el enemigo, siguiendo el camino de Quichuay, para llevar á cabo un movimiento envolvente, es decir, para desembocar á retaguardia de los combatientes de la plaza, por la equina de la casa la Sra. Valladares; tomada la retaguardia por US. descendí de frente para tomar el flanco derecho de los adversarios, apareciendo por los portales.

El movimiento se ejecutó sin tropiezo ninguno, los chilenos de la plaza, luego que se apercibieron de ello, se replegaron al cuartel incontinenti; hasta esa hora mis fuerzas no sufrieron más bajas que dos caballos, uno de ellos de mi ayudante, capitán Cipriani (sic) Camacachi. Eran las 6 p.m.

Pocos minutos después, el ayudante de US, capitán Revilla, me comunicó que US. en su propósito de conservar intactas sus fuerzas, en obediencia á instrucciones superiores, se retiraba á las alturas á pernoctar y procurarle rancho á sus soldados. También me participó que el teniente coronel don Francisco Carvajal había sido herido.

A las 6 y 30 p.m. ordené á mis ayudantes Bellido y Camacachi que trajesen kerosene de la tienda de don Daniel Peña, quien minutos antes me dio dos rifles con 50 cápsulas de dotación cada uno, y ofreciome el aludido combustible si necesario fuera. Los ayudantes no se hicieron esperar mucho, trajeron de 12 á 15 latas de petróleo y procedimos á incendiar el convento, arrojándolo sobre sus techos; opté por esta medida para obligarlos á rendirse o salir de allí para batirse á cuerpo libre; no conseguí mi objeto: los enemigos no cesaron de dirigirnos sus proyectiles por las numerosas ventanas del edificio; Camacachi, que fue uno de los que con más intrepidez cebaba el fuego, perdió la mano derecha de un tiro que los enemigos le asestaron desde su encierro.

Algunos de Concepción, no arriba de once, se pusieron á mis inmediatas órdenes, con sus respectivos rifles, y tomaron parte activa en el combate, fueron los siguientes; Daniel Peña, don Ricardo Cadenas, doctor Santiago Manrique Tello, don Santos Moreno, don Dámaso Peña, Esteban Alzamora; Marcos Chamorro, Adolfo Coca, subteniente Juan A. Castillo, Ismael Carpio y Mariano Villavisante; de todos éstos murieron en la acción Chamorro y Alzamora. Los enemigos abandonaron el cuartel reducido á cenizas á las 12 de la noche y se refugiaron en el local contiguo, situado al costado izquierdo de la iglesia matriz, dejando en aquel más de 15 cadáveres.

Entonces los nuestros, con ese brío irresistible que desde el principio del ataque desplegaron, los estrecharon en un círculo más reducido; se apoderaron de las paredes de los flancos, de las torres de la Iglesia y de los techos de ésta.

A esta hora se hizo la lucha por de más encarnizada; los oficiales chilenos dentro del salón principal del último local, destacaban fracciones de 6 u 8 soldados, se batían con desesperación y de seguro después de 15 o 20 minutos de sostener con los nuestros nutrida fusilería en total fuera de combate, gravemente heridos o muertos. Los que ocupaban la torre próxima al á última trinchera del enemigo, son los que bajas han ocasionado á éste. Cesaban los fuegos de una y otra parte por intervalos más o menos cortos de tiempo; en esta situación nos mantuvimos toda la noche hasta las 7 Am. de hoy; á esta hora anhelamos llegar al epílogo del sangriento drama, ideamos hacer forados en las paredes que circundan al cuartel y dar el último asalto.

Concluida la operación de los forados por varias partes y viendo los enemigos que el peligro era inminente, izaron un pañuelo blanco, símbolo de paz; creyendo los nuestros que ya se redirían, avanzaron sin hacer fuego, hasta medio patio, donde fueron recibidos con una lluvia de balas, no sin causarnos numerosas bajas. Esta innoble acción produjo en la fila asaltante la más viva indignación, que arrancó juramentos de un modo unísono para no dar cuartel al resto de los que aún se resistían dentro de los espesos muros de su trinchera. En el acto se abalanzaron 50 hombres al recinto de los enemigos, como una jauría de tigres, y ultimaron á éstos después de una resistencia verdaderamente horrible.

El capitán Carrera Pinto, subteniente Cruz y 9 soldados sacados de trinchera, fueron fusilados en la plaza; los subtenientes Pérez Canto y Montt sucumbieron en el fragor de la lucha dentro de aquella.

A las 9 Am. de hoy, la función de armas tocó á su término, cuando ya no hubo enemigos con quienes combatir.

En resumen: toda la guarnición chilena de Concepción, de capitán á tambor, constaba de 79 hombres ha sido totalmente exterminada, después de 17 horas de combate casi incesante; además, fueron muertas también dos mujeres de los soldados, de tanto coraje, que en lo más recio del combate, animaban á los suyos en alta voz que continuasen peleando. Ha sido encontrada muerta entre los montones de cadáveres una criatura recién nacida y otra fue salvada viva por don Dámaso Peña; una de las mujeres había dado á luz días antes del combate dos criaturas gemelas. No necesitó recomendar la conducta de los que asaltaran Concepción, ella se recomienda por sí misma; fue su divisa vencer y vencieron. Cuentan con más de 40 bajas, entre muertos y heridos, siendo mayor el número de éstos; serán llevados para su curación al convento de Ocopa, donde los padres franciscanos, según carta que tengo á la vista, han improvisado un hospital de sangre.

Los caballos de los vencidos fueron tomados por algunos individuos del pueblo, muy al principio del combate, quedan en poder de mis fuerzas todo el despojos de éste: rifles, vestuario y peroles.

Pocos momentos antes de ingresó US. á la, plaza con la fuerzas de su mando y contuvo con energía los desbordes de los guerrilleros, que, procedentes de los pueblos vecinos, acudieron á última hora en masas considerables. Como US. ha visto personalmente, la mayor parte de los cadáveres están hacinados en el local que ocuparon á las 12 de la noche, en el que se refugiaron al principio del combate, esto es, el convento, hay más o menos 15: en la plaza quedan 13 inclusive lo de los oficiales y dos mujeres.

Elevo á US. este parte con los detalles que escribo, á fin de que por su órgano llegue á conocimiento del general Cáceres, jefe superior para que se entere sobre el espléndido triunfo alcanzado por la columna de mi mando contra una fracción del ejército de Chile que guarnecía Concepción: que aunque tenemos noticia segura sobre su paradero, hasta el momento, pero á juzgar por los días que lleva de camino desde su salida de Ayacucho, debe estar ya cerca del cuartel general del grueso del ejército enemigo (Huancayo) aprontándose para el ataque.

Dios güe á US.

(Firmado) Ambrosio Salazar

Tomado de: Memorias sobre la Resistencia de La Breña del Teniente Coronel AMBROSIO SALAZAR y MÁRQUEZ. Por: Juan P. Salazar / Huancayo 1918.

Cáceres y los oficiales de la resitencia

 Cáceres y parte de sus oficiales de la resistencia, la famosa Ayudantina

 Las derrotas sufridas por el enemigo dieron lugar para que el comando chileno apurara la retirada de la sierra central, que logró trasponer el puente de la Oroya, que no había podido ser destruido por el coronel peruano Máximo Tafur. De haberlo conseguido la suerte de aquella división chilena ya bastante maltratada se hubiera tornado apremiante.

Cáceres quedó dueño del valle del Mantaro. Estableció su cuartel general en Tarma y se dedicó a reorganizar su ejército. Su objetivo había sido parcialmente logrado. Para enero de 1883 ya contaba con 3,200 hombres instruidos, equipados y disciplinados.

Lo esperaba la jornada de Huamachuco.

Nota respecto a la resistencia de la Breña

Las enseñanzas de estas operaciones con guerrillas fueron aplicadas, más tarde, por el teniente coronel Julio César Guerrero, coordinador del Estado Mayor alemán en el África, en 1916 (Einen Schwarzen Adler)

 

Chalán

Créditos y Fuentes:

Bibliografía:

Historia Militar del Perú. Tomo II. Carlos Dellepiane, Teniente Coronel EP de Caballería. Lima, 1931.

El Asalto de Concepción, 9 de julio de 1882; Jesús R. Ponce Sánchez, Huancayo 1965. Segunda edición corregida y aumentada. Talleres Gráficos de La Voz de Huancayo S. A. Julio de 1965

Internet:

Archivo fotográfico peruano Courret

Fotos de libre disposición de fuente chilena

Silueta en miniatura del general Cáceres. Foto del autor.

Montonero a caballo, Acuarela de Pancho Fierro

Jefe Guerrillero. Nota: Este dibujo que pertenece al artista peruano Dionisio Torres con el nombre de Basilio Auqui, famoso guerrillero de la época de la Independencia del Perú, comprende la iconografía simbólica de cualquier guerrillero del Ande Peruano, en especial del Valle del Mantaro durante la Resistencia de la Breña.

Caballería toques de trompeta. Marchas militares belgas; René Gailly CD87 040 – 1993

Royal Marines. El cuerpo de los tambores. The Beat of Battle. Hallmark 303782. Inglaterra

Enlaces

http://util.peru.com/batallas_navales/concepcion/antecedentes.asp

https://es.wikipedia.org/wiki/Combate_de_Concepci%C3%B3n

http://www.laguerradelpacifico.cl/campana%20terrestre/Sierra/Concepcion.htm

http://www.ejercito.cl/combate-de-la-concepcion.php

http://www.academiahistoriamilitar.cl/?q=node/116

 

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 0:53:00

23 comentarios:

Jorge Bejar Aybar dijo…

Lucho: Tu vibrante relato ha tenido la virtud de revivir y enriquecer nuestra memoria de esta epopeya, que conocíamos solo a grandes rasgos desde la época escolar. Con tu permiso, voy a difundir entre mis conocidos tu valioso y patriótico aporte.

Un abrazo,

Jorge Bejar A

25 de abril de 2008, 14:27

Rafael Córdova Rivera dijo…

SINCERAMENTE, EXCELENTE, MI HERMANO

26 de abril de 2008, 0:35

Dorelly dijo…

Luchín:

Destacado relato de los acontecimientos históricos ocurridos en ese lugar maravilloso de nuestro querido Perú: Concepción y que gracias al mando castrense é inteligencia de Don Andrés Avelino Cáceres Dorregaray culminó en la victoria peruana sobre los Chilenos.

Luchín estoy muy orgullosa de tú. Continúa ilustrándonos.

Dorelly

Pando, 27 de abril del 2008

27 de abril de 2008, 12:58

Carlos Urquizo Bolaños dijo…

Mi muy estimado Lucho:

Quedo muy agradecido por anunciarme la adición de tu nuevo artículo sobre la batalla de Concepción.

La descripción que haces sobre la furia de las comunidades del Mantaro para rechazar al abusivo agresor y la decisión de los 74 soldados chilenos de luchar hasta la muerte en una pelea perdida de antemano, es un relato muy vívido.

En mis paseos por la foresta, de vez en cuando medito sobre algunas curiosidades, entre ellas están ciertas extrañas costumbres de nosotros los humanos. Por ejemplo ¿Por qué tantas personas, como los 74 chilenos de Concepción, llegan al extremo de sacrificar sus vidas en el afán de luchar por el objetivo de sus líderes, mientras que ellos (Los líderes) operan en la seguridad de sus oficinas o cuarteles?

Cuando entré a tu blog vi con agrado que hasta ese momento tenías 305 lectores de 18 países, durante la lectura me obsequiaste una marcial marcha militar, y ya apareció la bandera flameante del Perú. Muy pronto vas a hacer competencia a las grandes zagas, como la Guerra de las galaxias!

El año 1984 cuando estudiaba en el CAEM (Centro de Altos Estudios Militares) uno de mis compañeros de estudio apellidaba Cáceres, un Coronel del Ejército, quien decía ser nieto del Gral. Andrés Avelino Cáceres.

Lucho recibe merecidas felicitaciones.

Carlos

28 de abril de 2008, 0:10

José Huerto Rojo dijo…

Hola Lucho, gracias por hacerme conocer en detalle parte de nuestra historia, cuando recibí tu mensaje me encontraba en Bogotá por motivos de trabajo, en este viaje no lleve mi laptop solo tenía mi pocket PC y con eso no podía abrir tu pagina por lo grande que es, ahora ya de retorno he podido ingresar para disfrutar de esa valerosa acción, sobre todo de un relato tan minucioso, digno de hombres dedicados y estudiosos como tú, gracias nuevamente muchos saludos y un fuerte abrazo Pepe.

29 de abril de 2008, 4:49

Luis Adolfo Siabala Valer dijo…

Dr. Siabala

El estilo de la narrativa bélica en este relato, propio de las plumas versadas con los hechos reales y objetivos, describe la epopeya de Cáceres, junto a Gastó y Diego Ambrosio, y tantos otros héroes anónimos en medio de la parafernalia que implicó esta campaña descrita en una crónica objetiva, cual corresponsal de guerra. Los lectores podemos verlo todo: caballos y montoneros, fusileros y voluntarios en la escarpada geografía de la sierra central, donde el temple guerrero gravita tras una sola consigna: reivindicar el honor y reducir al invasor.

Felicito una vez más tu acertada incursión en las páginas de la historia no contada.

Con admiración y afecto,

Tu hijo Lucho

29 de abril de 2008, 22:22

César Coloma Porcari dijo…

22 May 2008

Muchas gracias por tu apoyo y felicitaciones por tus blogs.

César Coloma Porcari

27 de mayo de 2008, 12:31

Agustín Farje Núñez dijo…

Apreciado Señor Historiador

Dm Luis Siabala Valer

He leído conmovido el relato que hace de la batalla de Concepción y mi emoción tiene válidas razones, aparte de las patrióticas:

Mi padre era concepcionino.

La Familia Farje estaba afincada en la idílica ciudad de Concepción desde mediados del s. XIX. En la Batalla de Concepción peleó un antepasado mío: el Sub Teniente Julían Farje, quien también estuvo en San Juan y Miraflores integrando el Batallón Concepción.

Lo felicito porque destaca usted, vívidamente ésta y otras gestas heroicas en la Resistencia de la Breña, que salvaron el honor nacional. Le manifiesto mi reconocimiento más sincero y le reitero mi felicitación por su esforzado trabajo.

 Atentamente

 Agustín Farje Núñez.

 Ojalá la Historia del Perú oficial, y que se enseñó a lo largo de los años, hubiesen incluido enfáticamente el relato de estos esforzados hechos gloriosos, así como lo hiciera con otras acciones heroicas, pero, que llevaron la amargura de la derrota. Tal vez nuestra autoestima apuntase un poco más alto.

 10 de julio de 2009, 13:15

 Alejandro Reyes Flores dijo…

Siempre apreciado Lucho, te saluda Alejandro, he leído de “un tirón” tu artículo sobre Concepción desde las 6 a 7:15 a.m. Te felicito, hermano de mi alma. Ahora voy a lo que ya tú sabes lo que vengo haciendo. Hasta donde he visto mi archivo tengo información sobre Andrés Ponce Palacio y del mismo Salazar Tafur. Te adelanto que mi familia por abuela materna son de Mito: los Verástegui-Laura, ya encontré uno de ellos: Verástegui Zamudio que peleó en la campaña del Centro.

 Estimado Lucho, tu artículo me infunde energías para proseguir en el proyecto que tú conoces, sigue hermano que yo estaré a tu lado para hacer la Historia de los de “abajo”, de los que se les ha negado-hasta ahora-, “la voz”.

 Un abrazo, Alejandro

 11 de julio de 2009, 7:28

 Rafael Córdova Rivera dijo…

 ESTIMADO HERMANO:

ME ENORGULLECE CONTAR EN MI PROMOCION EMCH CON EL DISTINGUIDO TTE. CRL. HUMBERTO FARJE FARJE, DESCENDIENTE POR PARTIDA DOBLE DEL STT FARJE.

 UN ABRAZO,

RAFAEL

 12 de julio de 2009, 1:57

 Carlos Urquizo Bolaños dijo…

 Lucho hermano:

 Efectivamente, de vez en cuando un gesto, una palabra, alguna circunstancia toca dulcemente nuestras fibras más íntimas. Celebro que los lectores encuentren valor en tus interesantes artículos y que en sus comentarios dejen constancia de su aprecio. Algunos de ellos volverán y con el tiempo se convertirán en tus “clientes” o intercambiarán contigo importante información para expandir tus proyectos. Espero que poco a poco establezcas una red integrada por nuevos amigos quienes compartan un mutuo interés por los temas que te agradan.

 Mi hermano nuevamente felicitaciones por los gratos momentos que tu esfuerzo te está brindando, estoy seguro que vendrán otros más.

 Carlos

 12 de julio de 2009, 23:28

 Marco Ugarte dijo…

 Oye, Lucho, qué interesante. Justamente, Farje recibe el estandarte ensangrentado del Batallón de Concepción N° 27 de manos de mi abuelo Benjamín que cayó herido en San Juan de Miraflores. Ese estandarte fue enviado por mi mismo abuelo al ministro de Guerra y Marina hace 100 años y estuvo en el museo del Real Felipe, pero ahora anda refundido en alguna dependencia militar. Por otra parte, tengo entendido que los Farje son mis parientes, pero no he visto a ninguno de ellos hace varias décadas.

Un abrazo,

 Marco

 15 de julio de 2009, 9:57

 Marco Ugarte dijo…

 Hola Lucho:

 Un par de aspectos, ahora con un poco más de oportunidad. Yo soy descendiente del coronel Benjamín Ugarte y por él guardo parentesco con los Farje, ahora que no sé exactamente cómo se dio, a lo mejor la tanta valentía de la época en una ciudad pequeña se transformó en parentesco. También hubo un teniente Pedro León, al parecer hermano de mi abuela Carmen (esposa de Benjamín) y el diseñador de la ahora conocida como Casona Ugarte León.

 En tu artículo explicas la vacilante actuación de Gastó, entró brevemente a la batalla a exigencias de Salazar, como sujeta al plan previo de Cáceres y a sus órdenes, sin embargo, me parece que más ha quedado como una situación sin explicación precisa pero negativa sobre Gastó, quien luego de estar de observador de la batalla se acantona en Ingenio pasivamente, a escasos kilómetros, durante los días 10 y 11 de julio, días en que del Canto mata a unos 700 entre viejos, niños, mujeres, embarazadas, heridos y enfermos de la forma más desalmada, e incendia Concepción con sus ocupantes, si no habían sido muertos ya, adentro, y así continúa durante su ruta hacia Tarma. Jauja se salva de ser quemada y saqueada por el hostigamiento incesante a del Canto de los guerrilleros de Concepción.

 Algo menor. Mencionas a Cipriani, es Cipriano Camacachi, quien pierde la mano de un disparo al tratar de verter kerosene al interior del convento desde el techo y luego muere por la infección.

 […][…]

 Un abrazo,

 Marco

 Nota del autor del blog:

Queda pendiente la averiguación que debería hacerse, de ser el caso, para enmendar el parte oficial del comandante A. Salazar, en lo referente al apelativo del guerrillero Camacachi que aparece en el citado documento, tomado de INTERNET, como Cipriani.

19 de julio de 2009, 20:37

 Pablo Livia Robles dijo…

Mi dilecto amigo:

 Tu impecable narración nos hace decir:  – Es cierto, porque nosotros estuvimos allí.

 Fraternalmente:

Pablo Livia Robles

21 de julio de 2009, 10:37

 Marco Antonio dijo…

Estimado Lucho:

 Excelente narración, tan vívida que nos parece estar en medio de la acción bélica. Ya nos habías compartido el asalto a Concepción, pero esta vez nos has brindado tal cantidad y calidad de detalles que nos haces sentir la terrible realidad de la guerra. La mejor prueba de lo vívido del relato es la cantidad y calidad de los comentarios, varios de ellos provenientes de descendientes de aquellos héroes.

 Sigue escribiendo, por favor.

 Un abrazo con mis reiteradas y sinceras felicitaciones,

 Marco

21 de julio de 2009, 12:55

 Luis Adolfo Siabala dijo…

La diversidad de opiniones volcadas en este artículo describe la sincera reacción de los lectores, quienes a una voz alabamos no solo el estilo sino el contenido periodístico, cual corresponsal de guerra, que el Dr. Siabala recrea de manera profesional y acuciosa. Los detalles geográficos, las anécdotas y todas las crónicas de campaña nos sitúan en el marco vivencial de los hechos, (inevitable encarnar a un montonero) y voluntarios que se involucraron en la contraofensiva de Cáceres. Loable la reivindicación de personalidades dejadas de lado por las autoridades en la materia hasta la fecha. Un justo reconocimiento aplaudido por los descendientes de los protagonistas.

 De verdad, mis reiteradas felicitaciones.

Lucho

 10 de septiembre de 2009, 0:59

 Jorge Ortiz Porta dijo…

Estimado Luis:

He leído con mucho interés tu página titulada “Operaciones Militares de la Guerra del Salitre” te felicito por la forma clara y realista con que describes las hazañas de Andrés Avelino Cáceres, a mi criterio el grande de los héroes que ha tenido el Perú. Soy un Porta descendiente de Federico Porta capitán de la Ayudantina que tu mencionas. estoy haciendo un pequeño libro sobre estos personajes, por tal motivo te solicito respetuosamente me permitas extraer de tu artículo algunos párrafos. agradeciéndote por anticipado tu atenta respuesta.

Jorge Ortiz Porta.

 18 de noviembre de 2009, 18:10

Máximo Sánchez Arévalo dijo…

Como bisnieto del coronel Máximo Tafur, al leer tu crónica, he vibrado con mucha emoción, por el relato de las acciones de guerra de nuestros héroes que salvaron el honor de la patria.

 Te felicito por tu sapiencia, versación y espíritu patriótico y me siento muy orgulloso de ser tu compañero de promoción en secundaria.

 Por otra parte, te agradezco la dedicatoria de Resistencia y Asalto a Concepción.

 Máximo Sánchez Arévalo.

16 de marzo de 2010, 19:08

 Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO LUCHO

SIENTO MUCHO ORGULLO QUE UN PROMCIONAL MIO DE PRIMARIA Y SECUNDARIA, ´´CANTINERO´´ SEA UN DESCENDIENTE DE HEORES…MAXIMO SE CARACTERIZO POR UNA CLARA INTELIGENCIA, BONHOMIA…CON EL PASAMOS HORAS FELICES EN REUNIONES Y FIESTAS, CUANDO JOVENES…SALUD POR EL

 RAFAEL

19 de marzo de 2010, 10:04

 Marco Ugarte dijo…

Hola Lucho:

 Siempre es grato leer que compartimos el mismo sentimiento y que no son pocas las personas que no acompañan.

 Un abrazo,

 Marco

19 de marzo de 2010, 17:05

José Abad dijo…

 Es una veta de oro este blog. He leído con mucha emoción este episodio de la resistencia peruana en la sierra central. Cuando leo la lista de los que pelearon allí son tan comunes para mí sus nombres y apellidos, y es que pertenecen ahora a compañeros de trabajo, de estudios o a mis alumnos, quizás descendientes de estos buenos combatientes. Estremecedora también la situación de los chilenos que lucharon hasta morir.

29 de julio de 2010, 0:59

Anónimo dijo…

La Heroica Ciudad de Concepción-PERU, no es conocida por muchos peruanos, ni mencionada en textos de Historia del Perú. Los únicos que recuerdan y mencionan en sus textos a Concepción son los chilenos…..Para Concepción cada ¨9 de Julio¨, ES UNA FIESTA(ALEGRIA), por la gesta heroica del pueblo Concepcionino, Y para Chile, cada ¨9 de Julio¨, ES UNA TRISTEZA, ya que en ese país este día celebran el día de la Bandera.

VIVA LA CIUDAD HEROICA DE CONCEPCION

VIVA EL PERU

1 de abril de 2011, 0:06

Anónimo dijo…

CONCEPCION – PERU Ciudad Heroica, muchos textos de Historia del Perú no mencionan la gesta heroica del pueblo concepcionino, sin embargo los chilenos si nos recuerdan y mencionan en muchos textos…

Viva la CIUDAD HEROICA DE CONCEPCION

Viva el PERU

1 de abril de 2011, 0:17

Las campanas ya no doblan por Lima

MARTES, 17 DE OCTUBRE DE 2006

Catedral de Lima. S XIX.0

Esbeltos campanarios de la Catedral de Lima

Palma, al tratar sobre la ciudad de Lima de los SS. XVI al XIX, especialmente este último que le tocó vivir como testigo y cronista, nos remite, en más de una Tradición, a las campanas de las numerosas y venerables iglesias de la capital y a ese ordenamiento de la vida pía y citadina, siempre dispuesta en sus actividades a los golpes del badajo y el bronce.

Buena parte del tiempo de los habitantes del Rímac transcurría a los llamados de las torres -rezago en alguna forma de la costumbre musulmana del almuecín convocando a la oración desde los minaretes- la sonora actividad empezaba desde el amanecer con los maitines para atardecer con el ángelus y de vez en vez, durante la noche, broncos sones echaban al aire aisladas y sostenidas vibraciones del lúgubre toque de difuntos, señal de partida de algún morador que había entregado su alma a Dios después de recibir el Santísimo.

Cuando los juveniles ímpetus de Felipe Santiago Salaverry del Solar (1806-1836), deseoso del asiento de Pizarro, lanzaron a las tropas fuera de sus cuarteles, las campanas doblaron a rebato, esa especie de toque a generala que sirve para llamar a las armas entre la milicia.

Se conoce de viejas crónicas, que cuando la vieja ciudad tomada en revolución, como fue el caso de la entrada por la portada y barrio de Cocharcas del caudillo arequipeño Nicolás de Piérola Villena (1839-1913), aquellos 17, 18 y 19 de marzo del convulso año de 1895, resuelto a despojar por las armas al general ayacuchano Andrés Avelino Cáceres Dorregaray (1833 – 1923) del prolongado gobierno al que accedió después de correr de palacio, a su turno, al general cajamarquino Miguel Iglesias Pino (1830-1909) -cofirmante del tristemente célebre Tratado de Ancón (20 Oct.1883)-; decíamos que Lima, en completo cierrapuertas, convertida en campo de batalla, calle por calle, cuartel por cuartel, los limeños a salvo dentro de sus moradas pudieron seguir el victorioso avance de la revolución provinciana gracias al tañido de los campanarios de las iglesias de aquellos barrios o cuarteles que eran tomados a su paso.

Los bronces por sus peculiares notas, familiares desde muy temprano a los oídos de los vecinos, diferían unos de otros y no cabía duda que aquellos rápidos toques o repiques de una tiple era Cocharcas; las notas severas y broncas, Santa Ana; las pausadas y graves, San Camilo; así, Trinitarias, Santa Clara, Mercedarias, el Carmen hasta llegar a las céntricas y monumentales San Francisco, La Merced, Catedral, San Pedro y San Agustín, amén de Santo Domingo, cuya categoría de templos mayores alzaba la majestad de su alcurnia y sus dobles la soberbia musicalidad que movía al recogimiento y a los más recónditos ímpetus del alma, anunciaban la dirección del ataque.

Fue por aquellos días, cuando al abrigo de la hermosa San Agustín, en la Plazuela del Teatro, calle Teatro, donde Piérola había dispuesto su cuartel, que hacia allí fueron dirigidos los tiros de las baterías de Palacio y que uno de aquellos alcanzó de lleno en la torre que daba sobre la calle Lártiga y puso fin a la célebre Mónica, citada por don Ricardo Palma en su tradición Un virrey hereje y un campanero bellaco. No se ha reconstruido la torre de aquel campanario, ignoramos que exista el ánimo de hacerlo.

Lástima. No sabemos tampoco la razón del silencio de las campanas de Lima, otros ruidos y estridencias las han desplazado; probablemente lo avanzado de la edad de las torres y los sismos haya orientado tal ostracismo. Parte de la personalidad de la ciudad descansaba en el tañer de sus campanas, no sólo para llamar a la oración sino también en ocasión de las grandes festividades o para amanecer independientes cada 28 de julio; entonces, desde las alturas de la Catedral doblaba la mayor anunciando la fiesta nacional, o también por acontecimientos mundanos de alguna significación se echaban al vuelo en concierto campanas y esquilones de todas las torres al empezar un nuevo año.

Los señores del Patronato de Lima, y nuestros alcaldes en quienes ahora descansa la tradición, podrían explicar qué pasa, por qué ese silencio y por favor que ya no pendan ociosos los bronces en indolente inactividad, que regrese ese metálico vibrar, estímulo de la población; después de todo para eso fueron fundidos y elevados a esas atalayas que aún se yerguen severas y orgullosas de su activo pasado.

 

Torre sur de San Pedro

Torre sur de San Pedro de Lima

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 9:11:00

4 comentarios:

Luis Adolfo Siabala dijo…

Ambos artículos dignos de una pluma entusiasta de historia, de crónicas y pasión por los sucesos recreados. Por un lado las huestes napoleónicas en esa faena de sangre de intenso realismo, al limpio estilo de Perez Galdós y por el otro la añoranza por una ciudad colonial que desaparece, salvo en el recuerdo de los que la añoramos y visitamos. Felicitaciones!!

19 de enero de 2006 01:29 PM

7 de marzo de 2007, 13:17

Rafael Córdova Rivera dijo…

SI MI HERMANO…CUANDO ASISTIA AL CATECISMO EN LA PARROQUIA DE LOS HUERFANOS, DE 1946 AL 49, DEBIAMOS DOBLAR LAS CAMPANAS ENTRE VARIOS NIÑOS, NUESTRO PREMIO ERAN CARAMELOS DE NOGAL DULCEMENTE FABRICADOS POR LAS MONJITAS DE LOURDES O CANONESAS DEL CONVENTO VECINO AL COLEGIO NACIONAL ALFONSO UGARTE…SON RECUERDOS DE NIÑEZ EVOCADOS POR LAS CAMPANAS Y LOS DULCES

GRACIAS HERMANO

5 de junio de 2009, 23:11

Padre Enrique dijo…

En Octubre de 2006, en el blog Harun al Rashid, el señor Siabala reclamaba que en Lima ya no suenan las campanas. Pero hemos vuelto, en San Pedro, a dar las horas, a tocar el Angelus. Veremos cuánto tiempo tarda la Municipalidad en llamarnos la atención por hacer ruidos molestos. Mientras tanto, seguiremos alegrando a nuestro barrio comercial tan venido a menos, como decía el padre Antonio Capel, transmitiendo “llamadas y respuestas íntimas entre el cielo y la tierra”.

20 de junio de 2009, 12:08

W. Olaechea dijo…

Fotografías y blog

Luis:

Me he permitido visitar su blog y galería, por lo que aprovecho para felicitarlo por la valiosa fuente documental que enriquecen sus publicaciones, fotografías y escritos. Perú es maravilloso!

Un abrazo.

W. Olaechea

9 de septiembre de 2010, 22:41

Einen Schwarzen Adler

JUEVES, 7 DE ENERO DE 2010

 

 

A don Jorge Manco Zaconetti y al Coronel EP (r), don Rafael Córdoba Rivera.

 

Coronel César Guerrero 2

 Julio César Guerrero

(Cajamarca 1887-1982)

Teniente coronel del Ejército Peruano

Oberst (Coronel) del Ejército de Alemania

General del Ejército de Bolivia

Águila Negra (Schwarzen Adler) del ejército alemán

 

Majestuosa y legendaria se presenta la figura y carácter de este oficial peruano del arma de artillería, maestro en el arte de la guerra de guerrillas.

 Cuanto más grande resulta el olvido en que la historia nacional le tiene sumido, su fama, ocultada por cortinas de ingratitud, inopia y estulticia, se agiganta con los años dentro de los escasos círculos de quienes le tenemos presente y respetamos su memoria. Hay una deuda con él.

 Ni su estupenda preparación militar, la severa experiencia de combate adquirida en notables campañas internacionales, su dominio del idioma alemán y dotes didácticas le resultarían suficientes para que le fueran reconocidos méritos que jamás buscó; tampoco el hecho poco frecuente, sino único, que durante su estancia en Prusia como ayudante del ministro diplomático del Perú, general Andrés A. Cáceres, tan admirado por el Kaiser Guillermo II y a instancias de este emperador, tomase la dirección de la revista militar alemana De re bellica en tanto que, además, se desempañaba en calidad de coordinador del estado mayor alemán, bajo el mando del general Paul Emil von Lettow-Vorbecken, a quien habían confiado la defensa de las colonias de Alemania en el África central, Camerún y Tanganika, la Tanzania actual, en la Gran Guerra; estos hechos serían insuficientes o la causa, agregamos, para que la posteridad no quiera reconocerle su singular importancia.

 Su experiencia en el ataque y resistencia con guerrillas comprende un vasto escenario de campañas, que por lo apasionante, no hay espacio suficiente para hacerle homenaje; tampoco es necesario pretender hacer historia de todas ellas: Frente ruso de los Lagos Masurianos; su contacto con los generales Hindemburg y Ludendorff y la victoria de Tannenberg; su participación como asesor en la Guerra de Bolivia contra el Paraguay, llamada Guerra del Chaco; Maniobras del ejecito alemán en Europa, en las guerrillas de China; etc.; etc.

 Deseo concretarme a su valiosa actividad en Prusia durante la Gran Guerra.

 Primera Guerra Mundial, África central

El mayor Julio C. Guerrero se agrega a las tropas del Deutsche-Afrika Schutztruppe (Fuerza alemana de protección de África) que en 1914 ya se encontraban en el África oriental alemana a las órdenes del coronel, luego general Paul Emil von Lettow-Vorbeck, quien contaba únicamente con las escasas fuerzas de la zona, unos 3000 soldados apoyados por 12 compañías de nativos guerreros o askaris.

 Las fuerzas británicas coloniales de Rodesia, reforzadas por tropas expedicionarias fuertemente equipadas procedentes de la metrópoli eran una severa amenaza. Alemania se empeñaba en un largo frente en Europa y no era posible distraer elementos; por estas consideraciones y usando el sentido práctico de la economía y eficiencia germanas operaría von Lettow-Vorbecken.

La participación del militar peruano en su calidad de coordinador del estado mayor, resultaba importante entonces, pues llevaba aprendida la escuela adquirida en el Perú y enseñada por el general Andrés A. Cáceres en su resistencia de la Breña durante la Guerra del Salitre (1879-1883), una experiencia rica en organización, concepción logística y golpes de sorpresa que lo hizo célebre contra el invasor chileno en las serranías del Centro del Perú, muy útil por tanto al habilísimo von Lettow, penetrado de las audaces tácticas del general Andrés A. Cáceres, conforme se puede conocer en el siguiente enlace. (Resistencia y asalto a Concepción)

 Von Lettow-Vorbeck, al iniciarse la guerra en Europa, es sordo a los mandatos de Berlín de mantenerse a la defensiva, pues en el terreno de las operaciones militares tenía la convicción que la única posibilidad de victoria consistía en un certero ataque contra el  enemigo que rodeaba las posesiones alemanas, antes de que estuviese preparado para repelerlo, es decir una aplicación de conceptos decisivos de previsión, anticipación y rapidez.

 En noviembre de 1914, las tropas coloniales británicas iniciaron un ataque anfibio contra la ciudad de Tanga, a los pies del célebre Kilimanjaro, la montaña más alta del África, que se convertiría en la mayor batalla de la I Guerra Mundial en suelo africano pero fueron derrotadas por aquellas escasas tropas alemanas que victoriosas pasaron al ataque des las líneas del ferrocarril construido por los británicos.

 El 18 de enero de 1915 este cuerpo de ejército, notablemente eficaz, aunque escaso de hombres y pertrechos, volvió a derrotar a los británicos en la batalla de Jassin. Estas victorias iniciales le permitieron capturar nuevas armas y víveres al enemigo con los que pudo suministrarse mejor al pequeño ejército, pero a costa de considerables bajas.

 En la Batalla de Tanga, de 1914 -la mayor victoria de Paul von Lettow-Vorbeck en África- aquel cuerpo germano quedó seriamente disminuido en hombres y equipos lo que le forzó al cambio de estrategia, sustituyendo los combates directos por la guerra de guerrillas contra los británicos procedentes de sus colonias de Kenia y Rodesia. Aquí el mayor Julio Guerrero habría de recomendar, poner en práctica, colaborar con los planes y adquirir, por reciprocidad, mayor experiencia en la ciencia de la guerra de guerrillas conformada además por soldados nativos, tomada, qué duda cabe, de la gran experiencia peruana, escasamente 32 años antes contra el invasor chileno en los breñales de la sierra central.

 Con el claro propósito de dar alivio y facilitar la victoria alemana en el frente de Europa occidental, el exitoso general von Lettow, dispuso múltiples y sorpresivos ataques contra fortificaciones, líneas de ferrocarril y comunicaciones para forzar también a los británicos a enviar más hombres y armas al África a costa de retirarlos de Europa.

 En marzo de 1916, cuando los británicos lanzaron una nueva ofensiva con 45000 hombres, los alemanes nuevamente se aprovecharon de su conocimiento del terreno para emboscar al enemigo, infligiéndole grave derrota en Mahiwa, en octubre de 1917; allí los británicos perdieron 1600 hombres y los alemanes sólo 100, lo que prueba lo eficaz que resulta, pese a las contingencias, un puñado de soldados hábilmente dirigidos con un estupendo soporte de estado mayor.

 El 13 de noviembre de 1918, dos días después de producirse la rendición de Alemania, sin condiciones, vuelven estos veteranos soldados-guerrilleros a derrotar a los británicos en Kasama. Finalmente, enterado Paul Emil von Lettow-Vorbeck que la rendición alemana era un hecho sus tropas entregaron las armas en Abercorn, actualmente Zambia.

Corolario

Su ancianidad transcurrió en su modesto hogar en Cajamarca, rodeado de su familia y considerable biblioteca que comprendía, entre valiosos libros, más de sesenta obras editadas e inéditas, de ellas Guerra de Guerrillas y Belicología que las ofreció al Ejército en calidad de donación, gesto tratado con desdén por quienes en los años 70s tenían a su cargo los asuntos del Ejército, clara muestra de envidia y mezquindad, bajo pretextos intonsos de falta de dinero; finalmente el editor centroamericano Carlos Milla Batres compró los libros y derechos de autor de nuestro biografiado, sin resultado editorial conocido. Estupenda biblioteca que debería pertenecer a la nación.

El mismo sentimiento negativo hizo que al ilustre Guerrero,  autor entre otros obras: Memorias del General Andrés A. Cáceres y La Guerra de las Ocasiones Perdidas, y  celebrado conferencista en materia de resistencia y guerrilla, no se le reconocieran sus grados de coronel del ejército alemán y general del ejército boliviano.

Murió en la modestia de su hogar, dentro de la pobreza, a la edad de 95 años y hasta el último de sus días su pensión de general fue honrada por el Congreso de Bolivia.

Fue, qué duda cabe, un selecto Schwarzen Adler, (Águila Negra) del Kaiser.

Africa Alemana del Sudoeste

Tropas coloniales Alemanas en el África

Fuentes

Wikipedia

Memorias Del General A. A. Cáceres. Ed. Milla Batres, Lima, 1986

Foto, Ídem.

Tropa alemana en África. Tomado, sin confirmar, de Flickr

 

Publicadas por Luis Siabala Valer Hora 11:12:00

Etiquetas: Breña, Cáceres, Guerra, Hindemburg, Kaiser, Ludendorff, Resistencia, Salitre, Tannenberg

6 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

ESTIMADO HERMANO

LEI CON MUCHA SATISFACCION LO QUE TU MENCIONAS COMO ´´TIMIDO HOMENAJE´´JULIO C. GUERRERO FUE OLVIDADO EN SU EPOCA POR CELOS EN SU INTERVENCION EN LA GUERRA DEL CHACO, PUES BOLIVIA ERA DIRIGIDA POR UN OSTENTOSO Y LAMENTABLEMENTE MEDIOCRE GRAL KUNDT., VENCIDO POR EL ADMIRABLE ESTRATEGA PARAGUAYO, ESTIGARRIBIA. A GUERRERO LO ACUSARON DE HABER INTEGRADO EN UN COMPLOT APRISTA QUE PARTIA DESDE BOLIVIA CON EL SUPUESTO APOYO DE GUERRERO…CREO QUE FUE PROCESADO POR ELLO Y CONDENADO AL OLVIDO…DEBEMOS AGREGAR QUE ANTES DE LA IGM ASISTIO A VARIAS MANIOBRAS DEL EJERCITO ALEMAN, QUE LAS CONDENSO EN DOS LIBROS MUY VALIOSOS Y, HASTA CREO, QUE PERDIDOS O DESAPARECIDOS.

UN ABRAZO

RAFAEL

8 de enero de 2010, 1:12

Rafael Córdova Rivera dijo…

HERMANO

CREO QUE LA OBRA QUE MENCIONAS ES ´´LA GUERRA DE LAS OCASIONES PERDIDAS´´UNA DE LAS ACCIONES FUE HUAMACHUCO, PERDIDA POR LA IRRESPONSABILIDAD DE RECAVARREN.

RAFAEL

8 de enero de 2010, 1:20

Regis Bastian dijo…

Dr. Siabala, deixo-lhe um grande abraço! Seu blog é maravilhoso. Regis

9 de enero de 2010, 21:12

Luis Adolfo Siabala dijo…

Es un merecido homenaje a un ilustre y anónimo peruano -hasta este artículo-, soldado de la Nación al servicio de la Alemania del Kaiser, del que confieso desconocimiento pleno: don Julio César Guerrero.

Al comandante Von Lettow-Vorbeck se le atribuye las tácticas empleadas durante la II Guerra Mundial, los Brandenburgers, liderado por Theodore von Hippel, a quien, a su vez, se le atribuyen las tácticas de ataque sorpresivo contra las líneas enemigas (se dice que esta experiencia la aprendió de Lawrence de Arabia contra los turcos en Arabia). La historia, como se la ha registrado, ha querido reconocer atribuciones y logros en la iniciativa de personajes -con algunas intenciones entre bastidores- a costa de esfuerzos ajenos, como es el caso de Berner Von Braun- Pedro Paulet, para el caso de los cohetes de propulsión y Otto Mergenthaler – Arnaldo Márquez para la linotipia.

 La pluma de un historiador honesto reivindica y exhuma la verdad, tarde o temprano. Este homenaje así lo ilustra.

 17 de enero de 2010, 7:32

 José Abad dijo…

 Después de leer este artículo, es incomprensible para mí la clamorosa ingratitud de los peruanos que SI conocieron sus acciones militares. Una mezquindad. En especial sus valiosas memorias, traducciones y biblioteca que no fueron debidamente apreciadas por las autoridades.

 Mi felicitación por este homenaje a un peruano de verdad olvidado. Lo tendré presente desde ahora. Muchas gracias don Luis Siabala.

 14 de julio de 2010, 11:01

 Nelson dijo…

 Nelson – EL LEGADO DE CACERES |2010-02-23 05:47:12

 Un sentido homenaje a los verdaderos guerreros del Perú y a sus discípulos… Solo mencionare que la preparación y doctrina bélica de nuestro Ejercito después de la guerra con Chile, debió ser en los parámetros de la Doctrina militar alemana…pero la ineptitud aposto por la mediocridad francesa. Otra hubiera sido nuestra realidad militar (empezando por los uniformes)

 19 de julio de 2010, 1:26

El mulato retratista

A don Andrés Merino Espiñeira; Santiago de Chile

José Gil de Castro

(Lima 1785; Lima, 1850)
Entre la colonia y la república
Infante José Nepomucemo Figueroa Araoz
Infante José Raimundo Nepomuceno Figueroa Araoz

Profusa la historiografía de este maestro de singularísimo estilo en el óleo, retratista contemporáneo de personajes notables; engreído de las damas de la sociedad virreinal y republicana a orillas del Rímac y del Mapocho; creador de ese estilo hierático con que quiso mostrar a libertadores generalísimos, mariscales encumbrados, encopetadas damas y grandes señores; delicado pincel de madonas santas de conventos, monasterios e iglesias. El peruano del barrio santiaguino de Lastarria, pintor con establecimiento a inmediaciones del Cerro de Santa Lucía, el limeño don José Gil de Castro y Morales, también conocido en su época como el Mulato Gil.

Simón Bolívar, por José Gil de Castro

Difícil no reconocer de primera vista su Simón Bolívar, rostro de pardo de largas patillas y negro bigote, con esa levita de tieso y elevado cuello en color punzó sobre paño negro con dorados y charreteras bordadas a profusión del estilo en boga, de simétrica abotonadura, retrato que le tomó en directo en 1822; o su San Martín, con el corvo sable dorado, tahalí y correaje blancos investido de la banda con los colores isabelinos, conforme posaría para sus bastidores en 1818, antes de traer sus ejércitos al Perú.

San Martín por José Gil y Castro

Imposible pasar por alto los colores de su paleta en el rostro de mejillas ajamonadas del general Bernardo O’Higgins Riquelme, vencedor de Chacabuco, padre chileno de la Patria Nueva, posteriormente el asilado voluntario de Montalbán en Cañete, Perú; célebre vástago de Ño Ambrosio, el irlandés (Don Ambrosio O’Higgins, Marqués de Osorno, trigésimo sexto Virrey del Perú; (1796-1801)

Bernardo O'Higgins Riquelme

Es a este encumbrado militar que Gil de Castro debe la fama. Amigo del pintor, que le retrató con mucho acierto, O’Higgins le otorgó la condecoración Al Mérito, en el grado de legionario.

Y si de madonas santas se trata, aquí dos muestras de sus pinceles en la virgen de las Mercedes y de Santa Isabel, reina de Portugal:

  Virgen de las Mercedes, José Gil y Castro

NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES
Santa Isabel reyna de Portuga, José Gil de Castro
SANTA ISABEL, REINA DE PORTUGAL

Personajes coloniales como el que muestra el grabado;

 Cnel. Judas Tadeo de los Reyes y Borda

 CORONEL JUDAS TADEO DE LOS REYES Y BORDA

O también, en la baja escala social pero elevada del patriotismo, la modesta del pescador chorrillano don José Olaya Balandra, mensajero por antonomasia de la independencia del Perú.

José Olaya y Balandra

JOSÉ OLAYA BALANDRA

Iconografía toda esta muy familiar a nuestros ojos que la hemos visto en museos y reproducidas en libros de la infancia y juventud; sin embargo, carecemos de su efigie pues tampoco se conoce de algún autorretrato y nos contentamos con imaginarlo como se muestra el mulato, hijo de blanco con negra, mestizaje que lleva confundidos la vitalidad serena y la sensibilidad aguda de sus progenitores.

Datos biográficos

Las fechas de su estada en Chile, su retorno al Perú y deceso en Lima no son claras ni coincidentes, excepto la de su nacimiento que se conoce por su fe de bautismo que expresa que nació en Lima, el 1° de septiembre de 1785, que fue pardo libre, hijo legítimo de José Mariano Carvajal Castro y María Leocadia Morales.

Su formación artística la habría seguido en la escuela pública de dibujo y pintura, creada por José del Pozo y su maestro habría sido el español avecindado en Trujillo, Julián Payo.

En 1805 o 1810 se habría trasladado a Chile, radicándose en Santiago. Su presencia en Chile sería para cumplir con deberes castrenses. Encontró allí ambiente propicio para la pintura religiosa, los retratos militares y los personajes de las clases adineradas, de gran demanda en la naciente república.

Por su destacada labor como retratista y pintor recibe, en 1816, el nombramiento de Maestro Mayor del gremio de pintores por el Cabildo de Santiago.

Casó en Santiago en 1817 con doña María Concepción Martínez y aprovechando su experiencia militar y su alto conocimiento de dibujo, cartografía y cosmografía, obtuvo diversos nombramientos militares, entre ellos el de capitán de ingenieros de Chile y Perú, capitán de fusileros del batallón de Infantes de la Patria y la Orden al Mérito de Chile.

Mantuvo, como hemos dicho, gran amistad con el general Bernardo O’Higgins, debiéndose a él los más logrados retratos del prócer. Gil de Castro se convirtió en el gran retratista de las campañas de los ejércitos libertadores de Sudamérica y en consecuencia, su pintura representa el paso de la colonia al período de la república. En 1820 O’Higgins lo nombró segundo cosmógrafo, miembro de la mesa topográfica y proto-antigrafista del Supremo Director.

Instaló su taller en la actual calle Victoria Subercaseaux de Santiago, a inmediaciones del cerro Huelén (Voz mapuche) llamado Santa Lucía, donde recibía a numerosos clientes que posaban para él en largas sesiones.

Dicen los estudiosos del artista que de acuerdo a las fechas de sus cuadros, el pintor permaneció en Chile hasta 1825. A partir de ese año, solo se conocen obras firmadas en Lima que corresponden a retratos de las damas más importantes y elegantes de la sociedad peruana.

Se puede ver de sus pinturas al óleo las características imperantes del arte pictórico de la época colonial. Un estudiado dibujo y el paulatino uso de colores luminosos y simbólicos como el rojo. Demostró una particular sensibilidad para captar los rasgos fisonómicos de sus modelos incluyendo todo tipo de detalles y elementos escenográficos con realce de la alcurnia y dignidad de los retratados, ahora, muy de su estilo, algo acartonados dado el hieratismo de que solía revestirlos.

De esta forma sus pinturas adquieren no solo un valor artístico, sino también valioso testimonio histórico. Su presencia en Chile, resultó de mayor significación cuantitativa que en la del Perú, por la demanda de sus servicios que, además, le produjo las distinciones que le fueron concedidas y la memoria con que se le recuerda en el vecino país.

Nadie es profeta en su tierra. Veamos:

Premios y distinciones

1816 Es nombrado Maestro Mayor del Gremio de Pintores.
1820 O’Higgins lo nombró Segundo Cosmógrafo y miembro de la mesa topográfica y Proto-Antigrafista del Supremo Director.

Exposiciones individuales posteriores

1993 Retrato de Don José Raymundo Juan Nepomuseno de Figueroa y Araoz. Casa de Remates Jorge Carroza. Santiago, Chile.
1994 José Gil de Castro en Chile, Reactivando la Memoria. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.

Exposiciones colectivas

1940 Exposición de Arte Chileno, Buenos Aires, Argentina.
1942 Chilean Contemporary Art, The Toledo Museum of Art, Estados Unidos.
1962 Retratos Chilenos por Artistas Extranjeros, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1972 150 Años de Pintura Chilena, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina.
1974 Precursores Extranjeros de la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1975 El Eterno Femenino, Instituto Cultural de Providencia, Santiago, Chile.
1975 La Modelo y el Pintor, Sala Forestal, Santiago, Chile.
1976 Siglo y Medio de Pintura Chilena: Desde Gil de Castro al Presente, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1977 200 Años de Pintura Chilena: Primera Exposición Itinerante, Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación, Santiago, Chile.
1978 Colección Guzmán Ponce, Instituto Cultural de San Miguel, Santiago, Chile.
1980 El Arte y la Banca, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1981 La Historia de Chile en la Pintura. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.
1982 Recorriendo el pasado de la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1984 15 Elegidos en la Pintura Chilena: Exposición Retrospectiva, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1984 Pinacoteca de la Universidad de Concepción en Homenaje a Claudio Arrau, Centro Histórico de la I. Municipalidad de Chillán, Chillán, Chile.
1987 Panorama de la Pintura Chilena desde los Precursores hasta Montparnasse, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1991 Siglo y Medio de Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1994 Pinacoteca de la Universidad de Concepción, Corporación Cultural de Las Condes, Santiago, Chile.
1995 Retratos en la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Providencia, Santiago, Chile.
1998 La Región del Maule y sus Pintores, Museo O’Higginiano y Bellas Artes de Talca, Talca, Chile.
2004 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, El Museo del Barrio, New York, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, San Diego Museum of Art, California, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, Bass Museum of Art, Miami Beach, Florida, Estados Unidos.
2005 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, National Portrait Gallery at the S. Dillon Ripley Center, Smithsonian Institution, Washington D.C., Estados Unidos.
2006 Retratos: 2000 Years of Latin American Portraits, San Antonio Museum of Art, Texas, Estados Unidos.
2009 Chile Mestizo, Centro Cultural Palacio La Moneda, Santiago, Chile.

La plaza Mulato Gil de Castro en Santiago de Chile

Dice la nota que glosamos de INTERNET: Interesante y novedoso centro cultural, ubicado cerca del hermoso Parque Forestal. Motivados por la actividad artística y bohemia que ya se había ido instalando en el sector, los arquitectos Ignacio Cruz y Walter Biggeman diseñaron este armónico conjunto de casas con una plaza central, con el objeto de acoger talleres, cafés y salas de exposición que convocaran al público interesado. Pronto ese espacio se convirtió en lugar de visita obligado para todo el que quisiera pasar por bohemio o intelectual, lo que de algún modo también le dio cierta artificialidad.

En definitiva, la Plaza Mulato Gil de Castro es sin duda un lugar turístico y en su interior el visitante puede encontrar tiendas de artesanía y libros, un pequeño Museo Arqueológico y una amplia oferta de restaurantes y cafés de gran calidad.

Datos de investigación

Finalizamos esta reseña con una crónica que comprende las épocas de la colonia y de la república, en el Perú y Chile, que a nuestro bueno de Gil de Castro le tocó vivir, de 1785-1850, sus sesenta y cinco años.

Bajo los Borbones:

34. Virrey Teodoro de Croix; 1784-1790
35. Virrey Frei Francisco Gil de Taboada y Lemus; 1790-1796
36. Virrey Ambrosio O’Higgins; 1796-1801
37. Virrey Gabriel de Avilés; 1801-1806
38. Virrey Fernando de Abascal y Souza; 1806-1816
39. Virrey Joaquín de la Pezuela; 1816-1821
40. Virrey José de la Serna; 1821-1824

En la república:

1821-1822 José de San Martín Matorras
1823-1824; José Bernardo de Tagle y Portocarrero
1822-1823; 1827-1828; José de la Mar Cortázar
1823; 1838-1839; José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete
1823; José Antonio de Sucre de Alcalá
1824-1825; Simón Bolívar Palacios
1825-1826; Hipólito Unánue Pavón
1826/27; 1836-37; Andrés Santa Cruz Calahumana
1827; 1828-1829; 1834-1835; Manuel Salazar y Baquíjano
1829; 1839; 1829; 1830-1831; Antonio Gutiérrez de La Fuente
1829-1833; 1838-1840; 1840-1841; Agustín Gamarra Petrona
1831; Andrés Reyes y Buitrón
1832; Manuel Tellería Vicuña
1833; José Braulio del Campo-Redondo Cisneros
1834-1836; 1837-1838; Luis José de Orbegoso y Moncada
1834; Pedro Bermúdez Ascarta
1835; Felipe Santiago Salaverry del Solar
1835 Juan Bautista de Lavalle y Zugasti
1826-1827; 1836-1837; Andrés de Santa Cruz Calahumana
1837 Pío Tristán y Moscoso
1838 José; María Galdeano de Mendoza
1829-1833; 1838-1840; 1840-1841; Agustín Gamarra Petrona
1840-1841-1842; 1844-1845; Manuel Menéndez
1842; Juan Crisóstomo Torrico González
1842-1843; Francisco Vidal La Hoz
1843; Justo Figuerola de Estrada
1843; Manuel Ignacio Vivanco de Iturralde
1843-1844; Domingo Nieto Márquez
1843-1844; Domingo Elías Carbajo
1845-1851; Ramón Castilla Marquesado

Chile

Gobernantes y presidentes

1810-1811 Mateo de Toro y Zambrano
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 Fernando Márquez de la Plata
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 Juan Antonio Ovalle
1811-1811 Martín Calvo Encalada
1811-1811 Juan Martínez de Rozas
1811-1811 José Miguel Carrera Verdugo
1811-1812 José Santiago Portales
1812-1812 José Miguel Carrera Verdugo
1812 1812 Pedro José Prado Jaraquemada
1812 1813 José Miguel Carrera Verdugo
1813 1813 Francisco Antonio Pérez
1813 1814 José Miguel Infante
1814 1814 Agustín de Eyzaguirre
1814 1814 Antonio José de Irisarri Alonso
1814 1814 Francisco de la Lastra de la Sotta
1814 1814 José Miguel Carrera Verdugo
Mariano Osorio
Casimiro Marcó del Pont
Casimiro Marcó del Pont Ángel Díaz y Méndez
1817- 1823 Bernardo O’Higgins Riquelme
1823- 1823 Agustín Manuel de Eyzaguirre
1823-1823 Congreso de Plenipotenciarios
1823-1823 Ramón Freire Serrano
1823-1826 Ramón Freire Serrano
1823-1823 Diego José Benavente
1823-Ramón Freire Serrano
1826-1827 Agustín Eyzaguirre y Arechavala
1827-1827 Ramón Freire Serrano
1827-1827 Ramón Freire Serrano
1827-1829 Francisco Antonio Pinto Díaz
1829-1829 Francisco Ramón Vicuña
1829-1829 Francisco Antonio Pinto Díaz
1829-1929 Francisco Ramón Vicuña
1829-1830 José Tomás Ovalle Bezanilla
1830-1830 Francisco Ruiz-Tagle Portales
1830-1831 José Tomás Ovalle Bezanilla
1831-1831 Fernando Errázuriz Aldunate
1831-1831 Fernando Errázuriz Aldunate Vicepresidente
1831-1836 José Joaquín Prieto Vial
1831-1836 José Joaquín Prieto Vial
1841-1846 Manuel Bulnes Prieto
1846-1851 Manuel Bulnes Prieto

Fuentes

INTERNET

Pontificia Universidad Católica del Perú
http://www.uc.cl/faba/ARTE/AUTORES/GilObrasT.html

Wikipedia

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Gil_de_Castro

Portal de Arte
http://www.portaldearte.cl/autores/gildecastro.htm

Artistas plásticos chilenos
http://www.artistasplasticoschilenos.cl/biografia.aspx?itmid=300

mavCanal Cultural
http://www.mav.cl/expo/gil_de_castro

http://es.viajes.yahoo.com/p-guia_viaje-830472-plaza_mulato_gil_de_castro_santiago-i

Gobernantes y presidentes de Chile

http://www.arabe.cl/chile/presidentes.html

Museo del Banco Central de Reserva del Perú

http://museobcr.perucultural.org.pe/interior.htm

Publicado por Luis Siabala Valer en 21:39
Etiquetas: Gil, Huelén, Lastarria, Lucía, retratista, Santiago

5 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…
EXTRAORDINARIO, MI HERMANO, ME APRESURO A DIFUNDIRLO

UN ABRAZO

RAFAEL

14 de septiembre de 2009, 19:12

Marco Antonio dijo…
Una vez más, felicitaciones Lucho. Una excelente semblanza de este pintor, tan familiar para muchos, pues sus cuadros nos son conocidos. Pero, la verdad, ignorabamos su vida. Ahora, con tu aporte, disfrutaremos mas de “El Mulato Retratista”.
Muchas gracias,
Marco

18 de septiembre de 2009, 18:21

Regis Bastian dijo…
Caro Dr. Siabala Valer:
Visitei há pouco um de seus blogs — belíssimo. Além de muito bem elaborado, mostra seu talento, um pouco de sua vida. Gostei muito — minhas homenagens! Tenho-o em elevada estima e trato-o com distinta consideração.
Saludos!

19 de septiembre de 2009, 0:56

pedroencina@gmail.com dijo…
Maestro y amigo Luis, que bonito homenaje a este artista y actor del siglo de las luces. El retrato que nos muestras de Bernardo O’Higgins pintado en 1820 se ha convertido en el retrato oficial del procer para los chilenos. De el se han hecho cantidades de copias y replicas que nos transmiten la imagen del libertador. Reciba usted mis mas sinceros agradecimientos por compartir sus conocimientos y sentimientos por America. Desde Talca, Chile. Pedro

4 de septiembre de 2010, 21:33

José Abad dijo…
Ignoraba completamente la existencia de este gran artista peruano, hasta que ingresé a leer este artículo.

Muchas gracias don Luis Siabala, su estilo y las imágenes que cuidadosamente selecciona, le dan a su artículo un carácter ameno, histórico, que causa interés y asombro. Que ingratitud del Perú, ni una sola exposición en su tierra. Esto va a cambiar con su artículo, lo presiento.

Los retratos de Gil de Castro son conocidos, ¿quién no los ha visto alguna vez en un libro de historia o museo? La pintura de José Olaya es una prueba de su popularidad.

Gracias de nuevo, por presentarnos a un peruano de gran talento y de significación histórica.
16 de septiembre de 2010, 15:28

El polaco que venció los Andes

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Bronce de Malinowski  en el Hall de la Estación Central del FC de Lima

Ernest Malinowski, 110 aniversari9o de su fallecimiento

Afiche del 110 aniversario del ingeniero Ernest Malinowski (1818-1899)

Lunes 4 de abril; 2009. Salón de actos de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. 12 horas.

Con motivo del centésimo décimo año del fallecimiento del señor Ernest Malinowski, ingeniero polaco contratado por el gobierno del general Rufino Echenique para hacer posible el desarrollo ferroviario del Perú, tuvo lugar, al medio día de ayer, una concurrida ceremonia en el auditorio de la citada universidad, que contó con la presencia del embajador de Polonia.

El historiador, señor Elio Galessio, en apretada pero elocuente síntesis, disertó respecto a Malinowski lo suficiente para rememorar la obra del ingeniero polaco, una de las cuales fueron las defensas construidas en el Callao que pusieron fin a la aventura de su majestad Isabel II y su expedición científica a las costas del Pacífico que terminó el 2 de mayo de 1866, a fuego de cañón.

Además, sus proyectos, que incluyeron, de manera especial, los del ferrocarril Central formando parte del equipo de otro constructor ferroviario, don Enrique Meiggs, llegado de Chile en época de la administración gubernativa del coronel José Balta, quien trajo consigo otros ilustres ingenieros del ferrocarril; el que corre de Arequipa al Cusco; el de Ica-Pisco y todas aquellos que ya en construcción se paralizaron por falta de fondos para solventar la costosa obra ferrocarrilera mientras el presidente Balta se debatía entre una severa oposición y la dura crisis que agobiaba las arcas fiscales nacionales.

Este gobierno, anotamos, terminaría con los luctuosos hechos del 22 de julio de 1872, con la sublevación de los coroneles Gutiérrez Rojas, la muerte de José Balta y el linchamiento de los sublevados por acción del pueblo limeño.

Finalmente, como corolario al estado de cosas imperante, estalló la guerra de 1879 y la consecuente total paralización, por la destrucción de cuanta obra importante de FF CC poseía el Perú.

Destrucción, añadimos, de puentes y vías; secuestro de máquinas y equipo ferroviario, gracias a la singular habilidad del coronel chileno, Federico Stuvens, con estudios en ingeniería ferroviaria en Metz, Francia.

Incorporado al Ejército en 1879, al estallar la Guerra del Pacífico, sirvió como oficial de ingenieros a cargo de los ferrocarriles y máquinas resacadoras de agua, su depredadora y eficiente actuación se extendió desde la línea Ilo-Moquegua; Palo Seco -formidable y moderno trapiche del ingeniero Derteano en el Santa, Chimbote-; la suerte del ferrocarril particular de Pacasmayo; el del Callao, hasta donde obrara línea peruana alguna; toda obra férrea era inutilizada o sistemáticamente desmontada por acción de este invasor.

Del expositor y su tarea

Impulsado por esa especial y contagiosa pasión por los ferrocarriles, particularmente los del Perú, acudí a la invitación del señor Elio Galessio Castañeda, experto peruano quien ha dedicado gran parte de su vida al cultivo de la historia ferrocarrilera nacional, el pasado pionero sudamericano del Perú; su política financiera y el patético presente republicano; persona entusiasta y dinámica que ama y sufre al alimón la suerte que nuestras administraciones gubernativas han reservado a los caminos de hierro y sus locomotoras, pero siempre animado de la recuperación de este valioso medio de comunicación de carga y pasajeros, jamás está ausente en eventos de su dominio.

El distinguido expositor, autoridad seria y solvente en estos temas, es, además, dueño de las valiosas fotografías que exornan la muestra; generosas ampliaciones con impecables leyendas que evocan con la claridad de sus contenidos un pasado hermoso; inéditas la mayoría de ellas.

Es autor del magnífico libro Ferrocarriles del Perú: un viaje a través de su historia, obra singular por su contenido y alcance, indispensable en la biblioteca de todo peruano.

Durante el evento, diligente cicerone, nos informa e invita a contemplar locomotoras de las más varias que nos cupo poseer, de ellas destaca una preciosa máquina Roger, tipo Pony que servía a los constructores Meiggs y Malinowski para inspeccionar las líneas férreas y, para asombro, la máquina 206, que todavía corre y es pionera de la ruta del FF CC Central.

Las Garret, máquinas de gran porte y doble tender que fueron devueltas pues la dinámica del ferrocarril Central no permitía semejantes dimensiones; espectaculares vistas de puentes: el Infiernillo, obra de Meiggs (sobre la base de los planos efectuados por el ingeniero norteamericano Brooklyn, constructor del puente que lleva su nombre y salva las aguas del East River en Nueva York, consignamos nosotros); el viejo puente de Fierro, sobre el Chili aún existente, que entre admirado y atemorizado yo contemplaba en mi corta infancia en Arequipa; una vista de la estación de la Oroya, en los albores del siglo XX, ya que el FFCC recién alcanzó aquella ciudad en 1893.

Es oportuno referir aquí que la línea Central, al estallar la guerra de 1879 llegaba hasta Chicla. Allí se detuvo hasta que el gobierno de Cáceres (1890) lo entregó a The Peruvian Corporation, de administración inglesa, para terminar nacionalizada por el gobierno del General Juan Velasco Alvarado. Ahora está en lenta pero franca recuperación.

Gratísimo y evocador este evento, hecho efectivo sobre la base del patrimonio fotográfico particular y la erudición del señor Galessio.

Ernest Malinowski (1818 – 1899)

Vino al mundo el 5 de febrero de 1818 en la localidad de Seweryny, en época que no existía Polonia dado que, su actual territorio, era por entonces dominio ruso-germano, preponderantemente de la jurisdicción de San Petesburgo. Su independencia como tal la consigue en 1918.

Su familia, disidente nacionalista y patriota, tuvo que refugiarse en Francia, lugar donde arribó en 1831 cuando nuestro biografiado contaba con trece años de edad. Alumno, finalmente, de la Escuela de Puentes y Calzadas de París, impedido de graduarse por su condición de extranjero, asimiló exitosamente la técnica de ingeniero y catorce años después ingresó a trabajar al servicio del Cuerpo de Puentes y Calzadas, donde adquiere maestría, pero siempre dentro de limitaciones académicas, pues las ordinarias estaban únicamente reservadas para los profesionales franceses.

Es con el general Rufino Echenique Benavente (1851-54 /1854 – 55) y su política ferrocarrilera, anotamos, que se proyecta el FF CC de Islay a Arequipa; se construyen aduanas y mejoran muelles en algunos de los puertos más importantes; se elimina el pasaporte interior; se declara el libre tránsito por los puentes; se reforma el reglamento de comercio; se dota a Lima de nuevo mercado; se intenta una política de inmigración europea para reemplazar a la china iniciada en 1846, y se contratan ingenieros extranjeros, de ellos Malinowski junto con los franceses Emilio Chevalier y Carlos Farragut.

Malinowski arriba al Callao el 31 de octubre de 1852.

Podemos compendiar su obra de esta forma:

1. Su directa participación en el proyecto del ferrocarril Pisco-Ica.

2. Diseño y construcción de la línea de FF CC Pacasmayo-San Pedro de Lloc.

3. La continuación, San Pedro de Lloc-Guadalupe.

4. La formación en diciembre de 1852, de la Comisión Central de Ingenieros Civiles, más tarde Junta Central del Cuerpo de Ingenieros y Arquitectos del Estado, institución responsable de la mayor parte de las obras publicas diseñadas y ejecutadas en la segunda mitad del siglo XIX en el país.

5. Inicia el proyecto de una escuela de ingenieros que es culminada o puesta en ejecución en 1876 por otro polaco de grata recordación, don Eduardo J. de Habich, la Escuela de Construcciones Civiles y de Minas del Perú, hoy Universidad Nacional de Ingeniería.

6. Línea Calashique-Magdalena, considerada dentro de la línea del FF CC Pacasmayo-Cajamarca.

7. El ferrocarril Chimbote-Huaraz-Recuay, de vía angosta.

8. En 1859, presenta al gobierno de Castilla el proyecto del ferrocarril transandino. Ramón Castilla no dio prioridad a este proyecto; Malinowski no cejó en la idea y siguió presentando estudios al respecto en posteriores ocasiones.

9. En 1865, es encargado por el entonces ministro de guerra, José Gálvez, para dirigir las obras de defensa del Callao contra la escuadra española; comprendieron éstas una cadena de fortificaciones que sirvieron pare emplazar los cañones. Según relato de José Gálvez, acabados los trabajos de ingeniería, Malinowski se enroló en las filas peruanas pare luchar contra la escuadra española. El gobierno peruano lo incluye con sentido agradecimiento en la lista de los héroes “Vencedores del Dos de Mayo”; así consta del diario oficial El Peruano de 18 de mayo de 1866.

10. En 1869 trabaja nuevamente en la proyección del ferrocarril transandino que, partiendo del Callao, debía remontar los Andes y llegar hasta el valle de Jauja, como había propuesto Manuel Pardo en su Estudio sobre la provincia de Jauja, de 1859. Malinowski hizo el trazo preliminar, seleccionó la ruta por la quebrada del Rímac – descartando otras posibilidades- y preparó el presupuesto de las obras.

El estudio de Malinowski fue la base de la propuesta de construcción presentada por Enrique Meiggs, aprobada por el gobierno peruano en diciembre de ese año.

Nuestro biografiado resulta así ser el dueño del diseño que hizo posible la construcción del ferrocarril sin precedentes en el mundo, hasta bien entrado el siglo XX, por la altitud que alcanzó de 4758 msnm, amén de las severas e insospechadas dificultades geográficas que consigue sortear gracias a sus puentes y túneles en los primeros 141 Kms. de su recorrido hasta Chicla.

11. En 1889, ante una licencia concedida a Eduardo de Habich, director de la Escuela de Ingenieros, el gobierno le nombró director interino, de esta forma quedó la Escuela en sus manos por el tiempo que Habich cumpliera el restablecimiento de su salud en Europa. Malinowski ejerció el cargo hasta la vuelta del titular en 1890.

Durante la ocupación chilena se vio obligado a emigrar al Ecuador en 1880, y retornó en 1886. En 1888 es nombrado socio activo de la Sociedad Geográfica de Lima. En 1889 es elegido miembro activo de la Beneficencia Pública de Lima.

Don Ernest Malinowski, el Ingeniero de los Ferrocarriles, falleció en su casa de Lima el 2 de marzo de 1899.

Fuentes:

Internet:

http://quipu.uni.edu.pe/OtrosWWW/webproof/public/revistas/comunidad/25/5.htm

Afiche y fotografías: Señor Elio Galessio. Álbum, Perú Tren:

http://www.perutren.org/portal/

Fotografía de E. Malinowsky. Wikipedia

Enlace externo:

Crónica del primer ferrocarril de carga y pasajeros:

http://harumalraschid.blogspot.com/2008/07/crnica-del-primer-ferrocarril-de-carga_18.html

Publicada  inicialmente en Blogger el martes 5 dee mayo de 2009

8 comentarios:

Elio Galessio Castañeda dijo…

Amigos,

Continuando con el ciclo de conferencias por el 110 aniversario del fallecimiento de Ernesto Malinowski y bajo el auspicio de la embajada de Polonia en el Perú, se llevó a cabo ayer 4 de mayo, la segunda de las cuatro que se han programado. Esta vez en la facultad de derecho de la Universidad Garcilaso de la Vega. En el siguiente link pueden informarse más:

http://harumalraschid.blogspot.com/2009/05/el-polaco-que-vencio-los-andes.html

En junio habrá dos conferencias y muestras fotográficas más: una en el Congreso Nacional y la otra en el Colegio de Ingenieros del Perú.

Por otro lado les informo que este jueves 7 se inaugurará en Huancayo una muestra de 100 fotografías sobre la historia ferroviaria del Perú. Esto con motivo de la inauguración de la primera tienda Oeschle que reabrirá sus puertas. La tienda se halla ubicada frente a la estación del FC Central en la incontrastable ciudad.

En la segunda quincena de mayo la muestra fotográfica se exhibirá en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Saludos cordiales,

Elio Galessio

5 de mayo de 2009 16:04

Elio Galessio Castañeda dijo…

Estimado señor Siabala,

Muchas gracias por sus palabras y por haber incluido una semblanza bastante completa sobre Malinowski y su obra en el Perú en su blog. Hay una pequeña corrección que hacer. Se ha considerado a Meiggs como Ernesto cuando debe ser Enrique Meiggs. Seguiremos en contacto.

Saludos cordiales,

Elio Galessio

5 de mayo de 2009 16:08

Jaime Sandoval Espinoza dijo…

Por intermedio de un cercano y dilecto amigo, abogado, historiador y frustrado ingeniero, con quien de vez en cuando nos enfrascamos en prolongadas y entretenidas tertulias, me entero de la conferencia que dio el señor Elio Galessio en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega el 4 de abril pasado, sobre la vida y obra del ingeniero polaco Ernest Malinowski, no muy conocido por los peruanos; pero a quien mucho debemos por sus diversas contribuciones al desarrollo y a la defensa de nuestro país.

En el blog cuya dirección adjunto, se puede conocer los detalles de la vida y obra de este ingeniero, íntimamente ligadas al desarrollo de los ferrocarriles en el Perú, en particular al proyecto del ferrocarril trasandino construido por Meiggs, y a las obras de defensa tanto en la época del combate del 2 de Mayo como durante la aciaga Guerra del Pacífico.

En el blog se da cuenta que dos conferencias más se dictarán en junio en el Colegio de Ingenieros y en el Congreso de la República, a las que creo que es de obligación asistir; sobre todo porque al ingeniero Malinowski junto con Eduardo de Habich se les puede considerar como padres de la Escuela de Ingenieros, posterior Universidad de Ingeniería, nuestra alma mater.

En esta época, cuando la problemática del transporte ocupa la primera página de los diarios con todos los aspectos negativos que tiene, la alternativa del ferrocarril comienza nuevamente a tomarse en cuenta como solución a esos y otros problemas que nos aquejan. El señor Galessio es un experto en esos temas.

http://harumalraschid.blogspot.com/2009/05/el-polaco-que-vencio-los-andes.html

Saludos

Jaime

6 de mayo de 2009 15:02

Jaime Sandoval Espinoza dijo…

Hola Lucho:

He leído tu artículo con mucho interés y acudiré a las otras conferencias del señor Galessio en junio.

Por considerarlo de interés he comentado y difundido tu artículo entre mis amigos de la UNI con los cuales tengo comunicación permanente.

Saludos

Jaime

6 de mayo de 2009 15:04

Luis Ruiz Santa María dijo…

Apreciado Luis:

Lo primero que hay que hacer es felicitarte por seguir produciendo muy hermosas crónicas de nuestra historia y si no conocemos lo que hemos hecho menos vamos a apreciar lo que se tiene que hacer, por ejemplo los ferrocarriles que ahora con tecnología son los vehículos de servicio público más empleados en los países del primer mundo; imagínate si no hubieran levantado los durmientes cómo hubiéramos avanzado en la solución de transporte; pero esas lecciones no se aprenden sino las hacemos carne de nuestra carne y reconocemos los errores cometidos y hacer lo que sea necesario para trabajar en conjunto y armoniosamente en un trabajo de ganar y no, que uno gane y el otro pierda o en lo mejor de los casos ambos perdieran…

Por eso aprecio mucho tus escritos, saludos y sigue produciendo estas bonitas y amenas crónicas.

Un abrazo de tu hermano

Luis

7 de mayo de 2009 23:05

José Huerto Rojo dijo…

Gracias, muchas gracias Lucho por hacerme conocer algo más sobre los ferrocarriles en el Perú, había escuchado mucho de Habich pero nada de Malinowski, mira que yo soy de Ica donde el ferrocarril de Ica a Pisco tuvo su apogeo un buen tiempo, y tuve un tío abuelo que fue funcionario en esa empresa, que se llamó Daniel Donaire, claro que yo estaba bastante chico y el polaco ya había fallecido hacia 40 años cuando yo nací, pero nunca escuche siquiera que le hubieran hecho un homenaje.

Gracias nuevamente que la pases bien y estaremos en contacto, saludos Pepe. //

10 de mayo de 2009 01:08

JORGE dijo…

Hola,

¡Felices Fiestas Patrias!

Bendiciones

24 de julio de 2009 15:36

José Abad dijo…

Muchas gracias Don Luis Siabala por el homenaje a Ernest Malinowski. Después de leer este artículo queda mi admiración para este brillante ingeniero que trabajó para el progreso de nuestro país, sus obras hablan por él.

Un abrazo

3 de agosto de 2010 21:53

Las brigadas Arrate y Camús

 Junta de Iquique, 1891

Junta de Gobierno con sede en Iquique

Episodios de la guerra civil de 1891 en Chile y sus repercusiones en el Perú

La conflagración que azotó Chile, entre enero de 1891 y septiembre del mismo, provocada por la sublevación de la Armada al mando del capitán Jorge Montt y el Congreso Nacional en contra del presidente José Manuel Balmaceda Fernández, cuyas causas las hemos expresado en John North, el Rey del Salitre (Ver), tuvo dramáticas consecuencias por la severidad y encono con que los contendientes la pelearon, procurándose un mutuo exterminio. Tres de estas consecuencias o implicancias fueron internacionales.

Los extremos de crueldad, por ambas partes, hicieron que dos brigadas constitucionalistas, la una con un efectivo algo mayor a quinientos hombres, de las tres armas, al mando del coronel Miguel Arrate, jefe político-militar de la provincia peruana de Tacna bajo ocupación, buscara urgente socorro peruano cruzando la frontera de Sama, donde esta brigada se entregó. Desarmadas, las tropas chilenas fueron conducidas a la ciudad de Arequipa, allí quedaron internadas para ser devueltas a Chile finalizada la contienda, en octubre de 1891.

La otra, al mando del coronel Hermógenes Camus, jefe de los regimientos Buín, o primero de línea, Arica o cuarto de línea y los batallones Andes, Linares y Mulchén, bajo pena de exterminio después de la batalla de Pozo Almonte, se vio precisada también a salvar la vida internándose en las alturas del territorio boliviano por los salares de Uyuni y de allí ingresó en el argentino donde marchó, en franca violación territorial, con sus armas y banderas sin ser molestada por las estupefactas autoridades argentinas, desde Salta hasta San Juan y repasando la cordillera por San Francisco, antes de lo cual fue desarmada pero el coronel Camus se negó a ser internado; continuó su larga pero ordenada marcha, llegó a Santiago y se puso nuevamente a disposición del presidente Balmaceda.

Posteriormente el gobierno de Buenos Aires levantó una ruidosa protesta que terminó con la promesa de Balmaceda que el regimiento de Hermógenes Camus ya no participaría de la contienda civil. Pero este esforzado refuerzo militar, pese a todo, llegó en hora menguada para la suerte del infortunado mandatario quien, poco después y como resultado de las batallas de Concón y Placilla, tomó asilo en la legación argentina de Santiago y después de escribir su célebre Testamento Político, puso fin a sus días con un disparo en la cabeza, el 19 de septiembre de 1891, fecha que finalizaba también su mandato constitucional.

Las violaciones territoriales de las fronteras del Perú, Bolivia y Argentina, resultan hechos notables,  de alguna manera contempladas por el derecho internacional público, marcadas por un estado imperioso de necesidad, dada la naturaleza de la pugna, las naciones de soslayo involucradas y las condiciones vertiginosas de los acontecimientos; recrean también el sentimiento en boga por aquellos días.

Debido a la implicancia que tuvo con el Perú, la suerte de la brigada Arrate es la que historiamos de manera breve, no sin antes ilustrar sobre los motivos y algunos hechos de aquella guerra civil -en cierta forma corolario de la llamada Guerra del Pacífico cuyo apropiado nombre debe ser Guerra del Salitre- revolución institucional que tanto daño causó a la nación vecina.

Antecedentes premonitorios de la contienda

La calidad de nuevo rico que habría asumido Chile, inmediatamente de la captura del litoral boliviano de Antofagasta y consecuentemente la provincia litoral peruana de Tarapacá; el usufructo del salitre y las pingües ganancias por la venta del mineral, complemento básico para la fabricación de la pólvora y por aquellos tiempos muy demandado como eficaz abono para las empobrecidas tierras europeas, no necesariamente había enriquecido a Chile que empeñoso de poseer la riqueza de sus vecinos gastó en armas, derramó sangre propia y ajena y se apropió de un territorio en el norte con lo que hizo cambiar su propio mapa desde 1879, arrastrando un estado de permanente intranquilidad, pese a los tratados, que le impone la necesidad, hasta la fecha de esta crónica, de preservar aquellos territorios manteniendo tropa y costoso equipo militar.

Por entonces el gobierno del Perú lo ejercía el general Remigio Morales Bermúdez, quien había sucedido en el mando de la república al general Andrés A. Cáceres, el brillante soldado de la resistencia de la sierra. La nueva frontera con Chile, con arreglo a los ajustes, se ubicaba en el valle del río Sama, al norte de Tacna. El Perú se reconstituía paulatinamente, con serena firmeza.

Pero en Chile se confrontaba un estado de tensión política por el usufructo real del rico salitre llamado también oro blanco, pues con la guerra y como consecuencia de ella habían pasado las oficinas salitreras altamente productivas a manos del hábil especulador inglés John North, apodado por ello el Rey del Salitre no así para el novísimo y victorioso poseedor por conquista, mercantilmente hablando, para quien le quedaban únicamente las empobrecidas, caducas o nada importantes usinas dejadas abandonadas por el magnate inglés.

Esta situación sumada a la generada por la gran corruptela que sembró North, dentro de las autoridades y los políticos, llegó al extremo asombroso que en aquellas provincias capturadas, allí donde ejercía poder comercial el intruso inglés como detentador soberano, se había establecido un bien demarcado coto de caza privado. No se objetaba esta anómala situación y el astuto británico sabía recompensar con largueza tamaña tolerancia.

Nada, absolutamente nada, se podía hacer sin su aquiescencia. Las autoridades políticas y administrativas debían contar con la venia del gerente señor Dawnson, y la santificación del imprescindible abogado de North, Julio Zagers, importantísimos apoderados del magnate, por entonces cómodo residente en su mansión de Avery Hill, Eltham, Kent, cerca a Londres.

Para colocar un nuevo jefe de aduana, un supervisor, o simple jefe de ferrocarriles; etc, etc, así lo ha reconocido la propia historiografía chilena, debían ser consultados estos omnímodos mandatarios. Un interesante caso donde se conjugan derechos reales, tenencia privada, soberanía nacional y moral pública.

Refiriéndose a Dawnson, insertamos la cruda expresión de los hechos, de don Mario Barros van Buren, del servicio diplomático de Chile, tomada en glosa de su libro Historia Diplomática de Chile, que nos releva de mayores comentarios:

“Para mover un empleado público, para empedrar una calle, para decir un discurso, para dictar un reglamento de aduanas, había que consultarle. Los grandes magnates chilenos lo elevaron a su nivel sin la menor dificultad. North se siguió encumbrando por encima de esa aristocracia monetizada que tan humillada se le ofrecía. Su abogado en Santiago, don Julio Zagers, se convirtió en el árbitro de la política chilena. De su “carta blanca” salían los fondos para las elecciones, las coimas para los empleados difíciles, los regalos para los incorruptibles, los grandes bailes para la sociedad. Las listas de diputados y senadores solían pasar por sus manos, porque los partidarios requerían el “consejo y la colaboración” del gran hombre de la City. Los documentos han echado luz sobre la enorme corrupción que North sembró sobre una clase social que, cegada por el oro, torció una de las tradiciones más nobles de la historia chilena: Su austeridad. Si bien la profecía de don Manuel Montt de que el salitre pudriría las riquezas morales del pueblo chileno no se cumplió en toda su extensión, podemos decir que engendró a una capa social sobre la que descansaba, precisamente, la estabilidad institucional de un régimen y una tradición de mando.”

Balmaceda

Pero don José Manuel Balmaceda Fernández, miembro de la aristocracia del latifundio agrícola, había accedido al poder con las elecciones de 1886 y tenía muy claro y presente aquel poder que ejercía North en el norte salitrero que se toleraba por acción de la corruptela que había sembrado el inglés que ponía en entredicho las viejas y sobrias virtudes nacionales y enfrentaba la eclosión de una riqueza ganada por la fuerza de las armas, pero de cuyo usufructo resultaba una nula actividad, por decir lo menos, en favor de la arcas fiscales chilenas. Se empeñó entonces con energía en una campaña para revertir de alguna forma esta situación dándole frente al estado anómalo de cosas, sin apartarse de su política liberal, pero teniendo presente el espíritu portaliano que lo embargaba.

La campaña que asumió Balmaceda para restaurar la dignidad nacional con ejecución de importantes obras de elevado gasto público, jamás emprendidas en Chile, su marcada y recíproca oposición con la mayoría parlamentaria, sumada a la fría y cortante entrevista que concedió al magnate North quien había viajado exclusivamente para tal efecto desde Inglaterra, termina enemistándolo con el Congreso Nacional, en cuyo seno el abogado Zagers ejercía importante dominio.

Se produjo entonces el hecho histórico –sospechosamente coincidente por supuesto- que al retiro de North, después de su fracasada entrevista para no regresar jamás, el jefe de la Armada, comandante Jorge Montt Álvarez, embarcara a los miembros del Parlamento, zarpara a Iquique y en ese antiguo puerto peruano formara cabeza del gobierno revolucionario contra el presidente en ejercicio constitucional. El comunicado revolucionario se expresó de esta manera:

Acta suscrita por la mayoría de ambas cámaras del Congreso Nacional

Nosotros, los representantes del pueblo chileno en el Congreso Nacional, teniendo en consideración:

1. Que los numerosos delitos cometidos por las autoridades administrativas contra el poder electoral de la República, para falsear la espresión (sic) de la voluntad soberana del pueblo en las elecciones, han sido amparados y protejidos (sic) por el Presidente de la República y sus ministros, desoyendo las representaciones de la Comisión Conservadora y haciendo por lo tanto suya la responsabilidad de los funcionarios culpables, conforme al precepto contenido en el número 2.° del artículo 49 de la Constitución del Estado;

2. Que las policías de seguridad, confiadas al Presidente de la República para custodiar el orden y resguardar los derechos de los ciudadanos, han sido empleadas en organizar y dirijir (sic) turbas asalariadas del populacho, para promover los más vergonzosos y criminales atentados contra el orden público y para atropellar los más fundamentales derechos de los ciudadanos, llegando á ser dicha fuerza una constante amenaza para ellos y desapareciendo así el fin primordial del establecimiento de la autoridad; que el Presidente de la República y sus ministros se han hechos sordos á los gritos de la indignación pública y á las constantes reclamaciones del Congreso y la Comisión Conservadora por aquellos actos, que las autoridades han dejado impunes, asumiendo así su responsabilidad;

3. Que la única reparación de los últimos y dolorosos atentados contra la libertad de reunión ha sido la promulgación de la ordenanza de 20 de Diciembre último, que es una nueva y audaz violación de los derechos de reunión y petición, garantidos por el inciso 6.° del artículo 10.° y por el inciso 6.° del artículo 27 de la Constitución, incurriendo al mismo tiempo con ella el Presidente de la República y sus cómplices en una usurpación flagrante de una atribución esclusiva (sic) del Congreso, consignada en dicho inciso 6.° de artículo 27, y que es el único que puede dictar estas leyes escepcionales (sic) pero de duración transitoria, que no puede exceder de un año;

4. ° Que el Presidente de la República ha violado constantemente la fe pública, oficial y solemnemente empeñada varias veces ante el Congreso, por medio de sus ministros;

5.° Que el mismo funcionario ha dilapidado los caudales públicos, disponiendo de ellos fuera de presupuestos, creando empleos y comisiones remuneradas, con fondos nacionales, sin intervención del Congreso, y usurpando así una atribución esclusiva (sic) del Poder Lijislativo (sic), consignada en el inciso 10.° de artículo 28 de la Constitución; 6.° Que el mismo funcionario ha desconocido y violado las atribuciones fiscalizadoras del Congreso y de la Comisión Conservadora, haciendo caso omiso de ellas y burlándolas en lo absoluto con abierta infracción del inciso 1.° del Art. 49 y demás artículos de la Constitución que constituyen al Congreso fiscal y juez de los altos funcionarios administrativos;

7. ° Que por causa del desconocimiento de estas atribuciones, el Presidente de la República intentó, no mucho, cambiar la forma consagrada de nuestro Gobierno, manteniendo un gabinete censurado por las dos ramas del Congreso y á quien éste había negado las contribuciones y llegó hasta gobernar sin ellas, causando al fisco pérdidas injentes (sic) y á la Nación las perturbaciones más graves;

8. ° Que clausurando el Congreso, porque se oponía con varonil firmeza á la invasión de los derechos más preciados del pueblo, faltaban á su palabra empeñada para sancionar leyes pendientes y necesarias para garantir aquellos derechos;

9.° Que sin hacer mención de muchas otras violaciones de las leyes y garantía individuales, el Presidente de la República ha llevado últimamente este sistema de desgobierno y de ruina legal y social hasta el punto de disponer de los caudales públicos y mantener la fuerza de mar y tierra, sin autorización alguna del Congreso, usurpando abierta y escandalosamente las atribuciones esclusivas (sic) del Poder Lejislativo (sic) de la Nación, único á quien confieren estas facultades los inciso 2.° y 3.° del art. 28 de la Constitución, los cuales establecen “que solo en virtud de una ley se puede: fijar anualmente los gastos de la administración pública y fijar igualmente en cada año las fuerzas de mar y tierra que han de mantenerse en tiempo de paz y de guerra”;

10. Que todos estos actos han venido produciendo una alarma profunda en la sociedad, una completa desmoralización administrativa y una perturbación desastrosa en los negocios económicos, comprometiendo gravemente el honor de la Nación;

11.° Que todos estos actos y las declaraciones del Diario Oficial vienen comprobando de una manera evidente la maquinación fraguada y consumada por el Presidente de la República, contra las instituciones fundamentales del Estado; que estos actos revelan el plan proditorio (sic) de minar el edificio político levantado por los esfuerzos y sacrificios de varias jeneraciones (sic), para alzar sobre las ruinas de la soberanía del pueblo los caprichos de un señor absoluto; para desquiciar y anarquizar así una sociedad constituida, un pueblo sumiso y tranquilo, que solo reclama la paz y el orden legal, constituyen no un crimen cualquiera, sino el mayor de todos los crímenes que puede cometer un mandatario;

12. ° Que poniéndose con estos atentados en abierta rebelión con el orden constitucional, el Presidente de la República ha incurrido en el crimen de alta traición contra el Estado, y queda fuera de la ley, que ha jurado solemnemente guardar y hacer guardar;

13. ° Que si los majistrados (sic) violan abiertamente la majestad de las leyes, que constituyen la base necesaria del orden social, sus mandatos son nulos y de ningún valor, como espresamente (sic) lo establece el articulo 151 de la Constitución, y en tal caso no solamente existe el derecho, sino el deber de resistir, en defensa del orden público, deber que incumbe á todos los ciudadanos, y muy especialmente á los poderes constituidos;

14. ° Que es atribución esclusiva del Congreso establecido en el inciso 4. ° Del artículo 27 y en el artículo 65 de la Constitución, declarar cuándo por enfermedad, ausencia ú otro motivo grave, y cuándo por muerte renuncia ú otro clase de imposibilidad absoluta el Presidente de la República no pudiese ejercer su cargo;

15. ° Que los crímenes mencionados y de que se ha hecho reo el actual Presidente de la República no pueden constituir un motivo más grave, ni una imposibilidad más indigna é incapaz de continuar en el ejercicio de su cargo.

En mérito de las consideraciones precedentes, nosotros, miembros del Senado y de la Cámara de Diputados de Chile, invocando al Supremo Juez del Universo en testimonio de la rectitud de nuestras intenciones con el objeto de restablecer el régimen constitucional, asegurar la tranquilidad interior, atender á la común defensa y afirmar los beneficios de libertad y las leyes en nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, solemnemente declaramos:

1. Que el Presidente de la República, don José Manuel Balmaceda, está absolutamente imposibilitado para continuar en el ejercicio de su cargo, y en consecuencia que cesa en él desde este día.

2. Que están igualmente imposibilitados para reemplazarlo en su cargo sus Ministros del despacho y los Consejeros de Estado que han sido sus cómplices en los atentados contra orden constitucional.

Y en consecuencia designamos á don Jorge Montt para que coadyuve á la acción del Congreso, á fin de restablecer el imperio de la Constitución.

Santiago, Enero 1. ° De 1891.

(Siguen las firmas de la mayoría del Congreso)

Se desata la contienda civil

Veteranos de la guerra contra el Perú, los mismos que llegaron a Lima y quienes por entonces ocupaban Tacna en la integridad de esa provincia, divididos en dos bandos irreconciliables: el uno del lado de los intereses del Congreso, el otro del lado de la Constitución defendiendo al presidente, se habían de enfrentar con notable encono y destrucción. Para los primeros el comando estaba centrado en Iquique y para los rivales lo era Santiago. Cabe anotar que el ejército, en su gran mayoría estuvo del lado del presidente y que menudearon traiciones y aquellas otras desgracias propias de las guerras intestinas apremiadas de rencor, ambición material y política de momento, conforme la coyuntura.

Por ambas partes se movieron recursos considerables y con ello se produjeron algunos incidentes internacionales con relación a la adquisición de material de guerra. Tal el caso de la compra subrepticia de armas en California, hecha con dinero revolucionario, sobre el cual el gobierno de Balmaceda dio aviso y como consecuencia del cual dos naves de guerra estadounidenses persiguieron al fugado vapor Itata que las portaba y que fue dramáticamente hecho presa cuando ingresaba a la bahía de Iquique donde se le abordó por marinería estadounidense, violentando también de esta forma regulaciones internacionales. O los tres mil fusiles, transportados a bordo del buque chileno Maipo, denunciados por EEUU y que fueron decomisados por la aduana peruana, bajo cargo de contrabando de guerra, cuando llegaron de arribada al Callao.

 Vapor Itata

Vapor Itata

El gobierno de Iquique en poder como estaba del primer puerto salitrero y las fuentes inagotables por la saca y venta del salitre, dispuso la recluta de gente de la pampa para reforzar o formar nuevos contingentes militares, adquirir armas, equipos y naves. Contaba con el grueso de la Armada y el glorioso monitor Huáscar estaba entre las naves amotinadas.

De otro lado, el gobierno legítimo, carente de flota dada las circunstancias, adquiere el mercante Imperial y lo improvisa como buque de guerra dotándole de cañones y demás equipo a la par que ordena la construcción en Europa de blindados y rápidas torpederas, además del material de guerra necesario.

Vienen luego las batallas de Iquique, Pisagua, Zapiga, Dolores (en esta última había tenido lugar doce años atrás el inesperado desastre aliado de San Francisco) entonces, Arrate y sus tropas constitucionalistas quedan arrinconados en Tacna y en situación harto socorrida. No se sienten capaces de afrontar la pelea. Han quedado solos y aislados. La innecesaria matanza y los actos de repase y toda suerte de exceso experimentados en la reciente guerra con el Perú se repiten multiplicados, pero la pérdida de vidas en esta ocasión es cuantiosa.

Cruce de la frontera peruana

Es así, como decíamos, que aquel coronel chileno al mando de un efectivo de algo más de quinientos hombres hace su aparición por Sama, consigue luego de un precario descanso enrumbar a Mollendo, es decir dentro de territorio extranjero naturalmente hostil y se entrega a la autoridad militar peruana que desarma a la brigada.

Obtenido el internamiento oficial, el efectivo chileno fue conducido a la ciudad de Arequipa donde en la rica vega  se improvisó un campo de concentración en las inmediaciones al cuartel de Tingo, el bello y apacible distrito a las márgenes del Chili, y quedó internado en atención a su especial condición, bajo custodia y protección peruana.

El pueblo arequipeño, resentido y claramente molesto por la presencia en sus tierras de aquellos enemigos de la reciente pasada guerra, mostró de alguna forma su indignación pero sin llegar a mayor hostilidad.

Conviene recordar que en 1883, esto es ocho años antes, Arequipa había mantenido un fuerte contingente militar al mando del contralmirante Montero que esperaba ser movido contra el invasor que acababa de conseguir una apretada victoria contra las tropas de resistencia de Cáceres en Huamachuco; pero al revés de lo que ordena la razón y dispone la dignidad, con alegaciones y razones que la historia jamás aprobará Lizardo Montero las licenció quedando la orgullosa ciudad a merced del ejército chileno que entró, al mando del coronel José Velásquez [1], no sin sufrir algunos ataques aislados del pueblo arequipeño que de alguna forma se hizo fuerte, con la consecuente y  conocida represión del fusilamiento por quinteo [2].

El gobierno revolucionario exigió diplomáticamente la entrega de Arrate, equipo y hombres, pero el Perú se negó.

La suerte de este destacamento en tierras arequipeñas no habría de serle del todo mala, pues el insuperable clima y la abundancia del hermoso y fértil valle no le fueron ajenos ni negados.

Con los acontecimientos revolucionarios cada vez triunfantes, era claro que se avecinaba la victoria y con ello el fin de la guerra civil y sus cuantiosos daños. El coronel Arrate, envió una nota con fecha 16 de septiembre al representante de Chile, explicando su angustiosa situación y solicitando pasajes para regresar con la división. El 22 le fue notificado por el prefecto Salvador Cavero, que el gobierno peruano había dispuesto el traslado de las tropas chilenas a Mollendo para repatriarlas.

En las primeras horas del 24 llegaron al puerto, entre oficiales, clases y soldados 522 hombres, además de 23 mujeres (cantineras) que acompañaban a la pequeña fuerza divisionaria, para embarcar en el vapor Limarí, rumbo a Valparaíso. Estas tropas que habían sido fieles a Balmaceda, a su arribo hubieron de  sufrir los duros e inapelables dictados del vencedor.

 Batalla de Concón

Batalla de Concón

Fin de la guerra civil y la suerte de las tropas, buques y equipos chilenos en el exterior

Para fines de 1891, los restos de la fuerza armada balmacedista estaban en territorio peruano. El 2 de septiembre anclaron en el Callao, el transporte Imperial y la torpedera Condell, nave que en compañía de su gemela Lynch había consiguió hundir con un torpedo y  considerable pérdida material y humana, en el puerto de Calera, al blindado Blanco, una de las naves de la flota que libró combate con el solitario Huáscar en aguas de Angamos, el 8 de octubre de 1879.

Ambas naves quedaron a disposición del agente que debía nombrar el nuevo gobierno, Ángel Custodio Vicuña, ministro plenipotenciario en Lima, antes de dar por finalizada su misión, con el triunfo del movimiento revolucionario del Congreso.

En cuanto a las adquisiciones de naves de guerra por parte de Balmaceda se consiguieron algunos blindados que fueron ansiosamente esperados por el gobierno durante ocho meses pero, dada la victoria revolucionaria, continuaron éstos su navegación en aguas europeas.

El Presidente Pinto entró al puerto alemán de Kiel el 25 de agosto para embarcar el material de artillería que debía enviar la empresa Armstrong. El capitán Recaredo Amengual solicitó permiso para contratar operarios y embarcar provisiones, agua y carbón. La hostilidad del gobierno imperial fue manifiesta y las autoridades portuarias alemanas limitaron al mínimo la entrega de combustible y vituallas. El 17 de septiembre el crucero zarpó con destino al puerto francés de El Havre.

Por las circunstancias y los hechos analizados parecería que, históricamente, las potencias europeas estuvieron en favor de los revolucionarios, y los EEUU de Norteamérica, de lado del malogrado Balmaceda; esto último es una apreciación personal.

Batalla de Placilla, 1891

La Placilla

Notas

[1] Coronel José Velásquez Bórquez. Culminada la guerra civil, dentro de la dura e implacable represalia dirigida contra los balmacedistas, de todo orden y género, se registra, entre muchos otros, el de su ajusticiamiento por sentencia del tribunal que se hizo con este veterano en su grado de general, sin ser oído ni representado, a quien se le recordaba por su desempeño en la campaña y toma de Arequipa, en octubre de 1883.

Aquí la suerte de algunos otros  importantes protagonistas de la pasada guerra contra el Perú:

General Orozimbo Barbosa Puga, veterano de las jornadas de Tacna, Arica, Chorrillos y Miraflores; posteriormente general balmacedista, quien ordenó la matanza de 84 jóvenes rebeldes, hijos y familiares de la mayoría de miembros reaccionarios de la clase conservadora o pelucona, acto  que produjo indignación tanto en revolucionarios como en partidarios del gobierno; esa criminal acción se produjo en el fundo Lo Cañas, de propiedad de Carlos Walker Martínez. El citado general dirigió al ejército en la batalla de Concón el 21 de agosto de 1891, y el 28 de agosto de 1891 en la de Placilla. En esta última fue herido y viéndolo todo perdido trató de escapar, pero acorralado por un grupo de caballería en el camino a Valparaíso fue bárbaramente asesinado. Su cadáver atado por un lazo a los aperos de un caballo fue arrastrado por las calles de Santiago.

Personajes como el almirante Juan Williams Rebolledo, quien pese a su larga y experimentada carrera naval no pudo poner fin a la campaña del Huáscar por lo que tuvo que renunciar al mando de la escuadra; o la del contralmirante Juan José de la Torre, comandante de la flota que capturó al célebre monitor peruano en Angamos, por entonces ambos en misiones oficiales en el exterior al momento del zarpe de la escuadra revolucionaria rumbo a Iquique, no fueron llamados al servicio.

El general Manuel Baquedano González, presente desde Tacna hasta la batalla por Lima en calidad de general en jefe admirado y respetado,  convocado por Balmaceda, en hora fatal, para dimitir y hacerle entrega del gobierno ya  en franca derrota y con los revolucionarios a la puerta, nada pudo hacer: el vencedor de Chorrillos y Miraflores, indeciso y tibio, frente a una dura realidad  se vio compelido a entregar el gobierno a los triunfantes miembros  de la revolución, para luego retirarse rumbo al olvido y la maledicencia de sus enemigos políticos.

En el lado vencedor, la Junta de Gobierno tenía como  sus principales jefes al general Estanislao del Canto y al coronel Adolfo Holley, veteranos de la guerra contra el Perú.

El general prusiano Emil Körner, contratado por Balmaceda para reformar el ejército de Chile, le dio la espalda, se puso del lado de la revolución y participó en los grandes planes tácticos. Por sus servicios distinguidos sería condecorado por el Káiser.

En la revolución de 1891, Inglaterra, la Rubia Albión, la misma que armó a quienes asaltaron Bolivia y Perú, habría jugado un pérfido doble papel, uno de ellos dicotómico, el de Némesis, la diosa griega de la venganza, al participar con su espíritu mercantil y decidida influencia en una guerra internacional y alentar luego una revolución intestina que causó  severos daños a sus protagonistas.

300px-Soldados_chile_1891

 Tropa revolucionaria

 [2] Cada quinto hombre de una columna es pasado por las armas.

Concón

Masacre de La Placilla

 Balmaceda Película de educarchile que describe los dramáticos momentos del malogrado presidente

Fuentes

Historia Diplomática de Chile, 1541-1938, Mario Barros van Buren. Ediciones Ariel. Espulgues de Llobregat. Barcelona, España, 1970

Fotos diversas de Internet

Publicadas por Luis Siabala Valer originalmente en Blogger el viernes, 2 de octubre de 2009, Hora 17:07:00 

3 comentarios:

Rafael Córdova Rivera dijo…

HERMANO LUCHO

NUEVAMENTE NOS INFORMAS SOBRE ALGO NUEVO PARA LOS PERUANOS, QUIENES ESTUVIMOS DE NUEVO COMPLICADOS HISTORICAMENTE CON NUESTROS INVASORES Y SAQUEADORES

3 de octubre de 2009 12:57

Alberto Alcalá Prada dijo…

Estimado amigo:

Muy interesantes los episodios de la guerra civil ocurrida en Chile en el año 1891. Seguiré leyendo con mucha atención el material que me envías.

Con un fuerte abrazo.

Alberto.

4 de octubre de 2009 12:25

 Luis Adolfo Siabala dijo…

Estoy admirado por este estudio minucioso sobre un hecho poco divulgado en nuestro medio. Asistimos a un acontecimiento ocultado en el tiempo, cuyo origen fue el vergonzoso caso North y todas esas ambiciones británicas sobre el recurso preciado durante la llamada Guerra del Salitre: los detonantes para esta tragedia chilena que decantó en guerra civil. La presencia en territorio peruano del coronel Miguel Arrate y sus hombres ha pasado desapercibida por nosotros hasta la fecha, salvo por historiadores como el autor de este artículo y por algunos ilustres ciudadanos tacneños y chilenos que conservan quizás, en la memoria colectiva, los recuerdos de este episodio.

Felicito la agudeza de datos y análisis aquí presentados. La conclusión me parece acertada y la comparto: por aquellos años América del Sur estaba en la palestra de los intereses imperiales británicos en oposición a un sistema de economía política iniciado por Franklin, H. Carey y Hamilton en los Estados Unidos, que ya influían en un proyecto de desarrollo a partir de una red ferrocarrilera sudamericana: un sistema mercantilista enfrentado a otro de Economía Física pro – tecnología.

Para los iberoamericanos, estas lecciones de historia explican en muchos casos la razón de ser de ciertas políticas de Estado y múltiples tendencias que están a favor de la perpetua guerra, del terror, del caos, alejando del interés social el criterio constructivo del desarrollo y bienestar colectivo. ¡Felicitaciones por el estupendo artículo!

8 de octubre de 2009 23:50

John North, el Rey del Salitre

 John Thomas North

Chile y su fatal corolario de la Guerra del Salitre

Cuando la declaración de ir a la guerra con el Perú había sido tomada por el gobierno de Chile, esto es el cinco de abril de 1879, [1] trabajaba ya en las pampas del caliche en Tarapacá un aventurero inglés llegado a esas costas peruanas por el año de 1870. Más tarde, el modesto personaje habría de cosechar fama y fortuna sobre la base de la miseria y el despojo de los propietarios y trabajadores peruanos. Por entonces era inminente e inevitable la guerra.

Ayudado por un salitrero peruano en el conocimiento, extracción y explotación del salitre, John Thomas North se habituó pronto con el duro clima cuanto con los detalles del mineral, sustancia cuya riqueza, sustituto de otra, el guano, trocaría muy pronto protagonista de una dramática historia con el fondo trágico de tres naciones en desigual lucha.

Rotas las hostilidades y muerto ya Miguel Grau y los heroicos comandantes del Huáscar, se había de producir el desembarco en las mal guarnecidas, escasamente defendidas y peor avitualladas costas peruanas. Esto fue en Pisagua [2]. Después del bombardeo y posterior descalabro aliado en San Francisco, que dio lugar a la ocupación de la rica provincia litoral de Tarapacá, el jefe de las fuerzas expedicionarias Patricio Lynch [3] tuvo contacto y se percató de la presencia de este súbdito británico con el que conversó y buscó sacar partido. El servicial North, recibió entonces la comisión para equipamiento y suministro de los transportes de guerra, tarea por la que recibió en pago 40,000 quintales de guano peruano, que colocados a buen precio hubieron de reportarle la base de una inesperada y considerable fortuna inicial.

El sorpresivo y adverso resultado de la batalla de San Francisco [4], la inmediata victoria de Tarapacá –inútil sin emba